Capítulo 3
Encuentros
Si existe algo que adoro en el mundo, eso sin duda es la inspiración. Me encanta cuando mis manos no pueden dejar de escribir, me fascina ver que tengo que hacerlo cada vez más rápido porque mi mente está imaginando todo tan sorprendentemente bien que su manera de decírselo a mis manos es tan rápida que ellas apenas pueden con el trabajo.
Así era como me encontraba ese día, con la imaginación a tope y la inspiración en la cima. No había nada que pudiera distraerme, los autos pasaban tranquilamente por las calles, los niños corrían y jugaban en los columpios, el sube y baja y la resbaladilla, otros jugaban con sus mascotas y unos más platicaban animadamente; bueno, eso es lo que al menos siempre pasaba en el parque en el que me encontraba, yo por mi parte no sabía exactamente lo que ocurría a mi alrededor, estaba consciente de que había gente por aquí y por allá, sin embargo nadie podía romper mi inspiración, ningún ruido, ni uno… y curiosamente eso fue lo que me detuvo, no había ruido, hace mucho que no escuchaba la voz de mi madre, hace mucho que no podía responder el teléfono, hace mucho que no escuchaba la ruidosa y molesta alarma del despertador, hace mucho que no escuchaba el ronroneo de un gato o el ladrido de un perro, el canto de los pájaros, el relajante sonido del agua en una fuente, las divertidas risas de unos niños, la rítmica música. Me quedé mirando al frente sin mirar en sí a nada cuando una presencia me saco de mis pensamientos, volteé la mirada hacia aquella persona que estaba cerca y me sorprendí al notar que se trataba del chico que me había encontrado el sábado e iba tras su perro.
Su azul mirada se posó en mí y su boca curvó una sonrisa.
-Hola, me recuerdas, ¿verdad?- leí en sus labios.
-Hola, claro que te recuerdo- contesté sonriendo también.
-Creí que no, te llamé un par de veces y no respondías, ¿En dónde estabas?- preguntó sentándose a mi lado.
Me sonrojé un poco al saber que me había estado llamando y que no respondía. Seguro en circunstancias "normales" tampoco hubiera respondido ya que estaba muy sumida en mis pensamientos, pero claro en circunstancias normales no estaría pensando en aquello.
-Un poco pensativa, solo eso- me limité a contestar –Así que pasas por aquí todos los días, ¿eh?
-Sí, bueno, ayer fui a otro lado con mis padres y no pasamos por aquí. Pero prácticamente ando por estos rumbos todos los días- explicó el chico rápidamente –Claro que tú no estuviste aquí el domingo- refutó con diversión.
-Salí con mis padres- dije poniendo mi mejor sonrisa al decir casi lo mismo que él a mí.
-Creí que esa había sido mi excusa.
-La mía no es excusa.
-Tampoco la mía.
-De acuerdo, ni tuya ni mía- concluí sin dejar de sonreír.
-¿Y qué haces aquí todos los días? - preguntó Ronald mirando mi iPad -¿Sentarte hasta que suena la alarma de salida?- ¡Rayos! Notó la alarma.
-Muy gracioso- dije con seriedad –Me siento aquí a escribir.
-¿Escribir? ¿Eres escritora?
-Lo intento- me reí de mi misma –Espero publicar mi primer libro tan pronto como lo termine- la verdad esperaba que fuera así, era mi, ahora, mayor sueño.
-Wow, eso es genial. ¿Entonces no estudias ni trabajas?- me sentía en una entrevista con tantas preguntas del chico que por alguna razón no me molestaban.
-No, ya no- contesté secamente al recordar la razón por la cual no lo hago
-Entonces eres graduada- afirmó
-Ni estudiante ni graduada, solo escritora y ya. ¿Tú a qué te dedicas?- me tocaba a mí preguntar.
-Estudio- no pude evitar alzar las cejas al escu… enterarme –Sí, lo sé, estoy algo viejo para eso, pero fue difícil encontrar una carrera que de verdad me gustara. Intenté con dos antes de esta, pero creo que al fin estoy en donde quiero estar.- pude notar un brillo en sus ojos que indicaba que hablaba en serio.
-¿Qué estudias?- quise saber de inmediato.
-Medicina- sentí una punzada en el estómago
–Fantástico, ¿en qué semestre estás?- pregunté para desviar mi mente.
-Cuarto y es de verdad muy entretenida- dijo Ronald con orgullo.
-Lo sé… bueno, me lo imagino- en realidad lo sabía, yo había llegado hasta el séptimo antes de que decidiera salir de la facultad.
Miré sus labios que se movían nuevamente. ¡Demonios! Dijo algo y no puse atención.
-¿Disculpa?
-Preguntaba que si de verdad te concentras estando aquí.
-Sí. ¿Por qué lo dices?-pregunté confundida.
-Bueno, es que todos los niños jugando…- volteó el rostro evitando que pudiera saber qué más decía, pero vi que señalaba a los niños, las mascotas, un payaso que daba su espectáculo. Volvió su rostro hacia mí y pude saber que decía otra vez -… ¡tienda! allá ponen música a todo volumen y todo el día además.- lo último me sorprendió, nunca lo hubiera sabido de no ser porque me lo dijo –He escuchado de escritores que comienzan sus historias en cafeterías, trenes, incluso en el baño, pero un parque tan ruidoso, es… wow, tienes que enseñarme a hacerlo- terminó riendo.
-No es tan difícil- dije irónicamente.
-Pues espero que me enseñes a hacerlo, sinceramente lo necesito, me distraigo con cualquier cosa- informó con una sonrisa.
-Lo intentaré- prometí.
Ronald comenzó a mirar mi iPad con curiosidad y cuando me di cuenta el reloj comenzaba a parpadear. Rápidamente apagué la alarma prometiéndome ponerla en silencio la próxima vez y le sonreí al pelirrojo frente a mí.
-… a de que te vayas, ¿cierto?- alcancé a leer en sus labios
-Sí, tengo que irme antes de que mis padres me regañen- dije burlonamente
-Estaba bromeando la otra vez- se defendió el chico
-Yo también bromeo- contesté levantándome del lugar.
-Un gusto verte, Hermione- se despidió
-Igualmente, Ronald.
-Llámame Ron- pidió
-De acuerdo, Ron. Te veo después.
Caminé tranquilamente a mi casa, dos pares de calles y estaba en la puerta. Al abrir una luz roja iluminó la sala, esa era la señal que habían puesto mis padres para que me enterara de que alguien había llegado o en todo caso, había pasado por esa puerta.
Comencé a acomodar la mesa, pues sabía que mis padres llegarían en cualquier momento, cuando terminé me senté en uno de los sillones de la sala y encendí el televisor. Mil imágenes y los subtítulos debajo no eran un buen método de distracción, cambiaba y cambiaba los canales sin encontrar algo realmente interesante. Sin darme cuenta comencé a recordar a Ron y su manera de hablar conmigo. Tenía bastante tiempo sin hablar con una persona diferente a mi familia, claro eso sin contar a mi mejor amigo, Harry Potter, con el que no había hablado en casi seis meses debido a que la carrera lo tenía demasiado ocupado.
La luz roja encendió la sala y cuando me di cuenta mi madre estaba delante de mí.
-Hola linda, ¿Qué tal tu día hoy?- dijo mi madre usando lenguaje de señas.
-Bien, gracias- respondí con mi voz –Sabes que no me gusta utilizar el lenguaje de señas, ¿verdad?- dije usando el dichoso lenguaje.
-Si no lo practico lo voy a olvidar- mi madre volvió a utilizar ese lenguaje.
-No lo olvidarás y de todas maneras no es necesario, se como comunicarme- comenté recordando mi chala con Ron.
-¿Por qué nos comunicamos así?- preguntó mi padre moviendo divertidamente las manos al utilizar el lenguaje que siempre odié –Creí que no te gustaba este lenguaje, Hermione.
-Mamá, ya sabes cómo es ella- respondí riendo.
-Bueno, ya es hora de comer- anunció mi madre utilizando su voz, al fin.
A partir de nuestra llegada a esa casa yo me había dedicado a tratar de ser la Hermione que era antes… bueno, en cierto modo, y trataba de siempre verle el lado positivo y divertido a las cosas que me pasaban. Estar con mis padres era entretenido, me dejaban vivir con ellos y lo agradecía, en más de una ocasión intenté decirles que quería vivir sola, pero jamás me lo permitieron y aunque ahora lo aceptaba antes me parecía realmente molesto que me sobreprotegieran.
Estaba haciendo unos nuevos apuntes para mi libro, por alguna razón tenía ganas de incluir a un chico pelirrojo en él y estaba tratando de darle un papel cuando la razón de ese personaje se sentó junto a mí. Volteé la mirada con disimulo y vi que miraba mi iPad con curiosidad, llevé mi dedo al botón de bloqueo y la pantalla se puso negra.
-Eso es trampa- dijo Ron después de mi movimiento.
-Un escritor no puede mostrar nada hasta que esté listo.- me defendí
-Pero puedo darte mi opinión- murmuró sonriéndome
-Mmm, lo consideraré- también sonreí.
-Sabor de helado favorito- leí en sus labios y lo miré confundida, ¿de qué rayos me había perdido? -¿Cuál es tu sabor de helado favorito?- preguntó
-Vainilla, ¿por qué?- Ron se levantó y me ofreció su mano, dudé un momento en tomarla pero un segundo después lo hice.
Caminamos de la mano hasta la heladería en la que estaba su hermana el día que nos conocimos, lo vi pedir y después de un momento me entregó un cono de helado de vainilla.
-No soy un amante loco de estas cosas,- comenzó a hablar mientras caminábamos a una de las bancas del lugar, me era difícil hacerlo pues no podía perder contacto visual con él –pero mi hermana me hizo saber que eran buenos helados.
-La verdad son buenos- admití. –Mis padres no me dejaban comer estas cosas muy a menudo cuando era niña. Es difícil cuando tus padres son dentistas… ¡cero dulces!- informé a mi acompañante recordando mi infancia.
-Demasiada glucosa.
-Sin duda alguna- reí.
-¿Cuál es tu libro favorito?- preguntó Ron después de un rato en el cual por suerte estaba mirándolo.
-¿Me comprarás un libro?- dije alzado una ceja.
-Sólo quiero saberlo- se justificó.
-No tengo un libro favorito, leo demasiados como para decidirme por uno solo- expliqué con rapidez.
-¿Deporte favorito?- otra vez en la entrevista.
Medité un poco mi respuesta no muy segura de cómo terminaría la conversación.
-Natación- susurré.
-Genial, ¿eres buena?
-Lo era. Tiene mucho que no lo practico.- contesté secamente
-Apuesto que tu deportista favorito es Michael Phelps con todas esas medallas… muchos decían que sus orejas eran las que lo hacían tener esa habilidad- bromeó, sin embargo a mí no me estaba pareciendo divertido –Enormes orejas que podrían escuchar hasta la caída de un alfiler. ¡Imagina eso! Justo como los aparatos que venden en televisión, ya me lo…- volteé la mirada sintiendo una presión en el pecho y unas incontenibles ganas de llorar. Miré el reloj y me di cuenta que la alarma había pasado hace más de media hora, por lo que me levanté rápidamente tratando de contener las lágrimas que amenazaban con salir.
-Tengo que irme, es muy tarde. Te veo luego, Ron- me despedí con rapidez y salí casi corriendo del lugar.
¡Hola a todos!
Bueno, hoy dejo un nuevo capítulo que espero que les haya gustado.
Muchas gracias por leer y seguirme
Saludos
