CAPITULO 8
(Pov Hakon)
-Quítate la ropa Xinia y ni se te ocurra hablarme -.
Ella obediente y sin decir nada, quito el resto de su ropa dejándola a su lado. La sujete del pelo con fuerza, ella quiso quejarse pero al mirarla serio ya no dijo más nada.
La lleve casi a rastras y me senté en un sofá de cuero negro que había en el sótano, y en el que a veces me sentaba a pensar para componer alguna canción, pero hoy su cometido seria otro.
La cogí de la cintura e hice que se tumbara sobre unas de mis rodillas con su rostro pegado al suelo. Levante mi mano, y la impacte sobre su trasero, mis dedos quedaron marcados en ella. Xinia no dijo nada, nuevamente la azote esta vez con más fuerza. Seguí azotando su trasero repetidamente aumentando la intensidad de los golpes. Pude escuchar como ella comenzó a llorar, su trasero cambio de color a un precioso color rojizo. Sabía que se sentía humillada.
Sonreí mirando su trasero mientras lo acariciaba.
-ahora veremos que tan rojo se puede poner su trasero -dije roncamente mientras pellizcaba su trasero.
La cogí de la cintura, y la lleve contra la mesa que había en el sótano. Hice que se tumbara haciendo que sus senos quedaran sobre la mesa, sabía que no se movería.
Fui hacia un rincón del asotano donde dejaba los instrumentos de castigo, y varias cosas. Volví y las deje sobre la mesa, cogí una pala de madera con agujeros y comencé a azotarla sin previo aviso. Golpeaba con fuerza, casi haciendo volar la pala sobre su trasero. Humillada y desnuda comenzaba a llorar con un poco mas de fuerza.
Sabía que le dolía, claro que sí, eso era lo que quería. Como sabía que no había nada más en el mundo que la humillación que sentía mientras la azotaba.
Golpee con fuerza y ella clavo las uñas en la mesa, sonreí y deje la pala a un lado llevando la mano a su sexo. Estaba humead, roce apenas las yemas de mis dedos en su clítoris y ella gimo.
-no se te ocurra correrte -le ordene.
Metí mis dedos en su sexo, los moví circularmente, retirándolos y introduciéndolos con fuerza. Xinia arqueaba su espalda y no dejaba de gemir. Acariciaba su clítoris mientras movía mis dedos en ella, Xinia se corrió y al hacerlo se tapo su boca con su manos y me miro rápidamente.
La mire seriamente y negué retirando mis dedos.
-lo siento mucho -dijo ella murmurando.
-callare -.
Desabroche mi cinturón enrollándolo en mi mano, levante mi brazo y lo impacte con fuerza sobre su trasero. Ella chillo con fuerza y apoyo sus manos en la mesa.
Xinia apenas se movía, azotaba con fuerza su trasero sin descanso. Las lágrimas caían sobre el rostro de Xinia, y me sentía orgulloso de solo ser yo el que la veía en esta situación. Su trasero iba cambiando a un rojo cada vez más intenso. Sabía que durante un buen tiempo no podría sentarse bien.
Una sonrisa nació en mi rostro comenzando a azotar sus piernas con la misma intensidad.
Deje a azotarla, y Xinia siguió llorando.
Su lindo trasero, ahora estaba totalmente azotado, se podían ver claro las marcas del castigo. Ella apenas se podía moverse. Y eso que había sido blando con ella.
-espero que hayas aprendido la lección -
-si -murmuro ella apenas -
-nunca más. NUNCA MÁS, te exhibas de esa manera -le ordene.
Ella asintió.
-tienes mi palabra -dijo de nuevo con un hilo de voz.
Mi miembro estaba a punto de explotar, desabroche mis pantalón y me introduje en su trasero con fuerza. Ella gimió con fuerza, y la sujete del cabello mientras embestía con fuerza sobre ella.
Gruñía roncamente sin dejar de embestir contra ella, Xinia gemía y arqueaba su espalda, sonreí para mis adentros corriéndome en ella lanzando un ronco gruñido.
Me retire de ella ante de que pudiera llegar al orgasmo.
-ahora quiero que te vayas al rincón con tus manos sobre la cabeza, arrodilla -le ordene -tu castigo no ha terminado, y todavía no te he perdonado, ni se te ocurra moverte porque comenzare todo de nuevo -abroche mis jean -y nada de hablar, te quiero quieta y obediente como una buena niña esperando tu perdón -.
Ella asintió levemente mientras se levantaba de la mesa, y caminaba al rincón con dificultad poniéndose en la posición en la que le había indicado.
Me senté sobre la mesa y deslice unos de mis cigarrillos en mis labios comenzando a fumar mientras la miraba fijamente.
