CAPITULO 9

(Pov Xinia)

Las piernas me temblaban, no sabía cuánto tiempo llevaba allí de pie, adolorida por el castigo que mi marido me había dado.

Cerré los ojos e intenté serenarme un poco.

Las manos de Hakon recorrieron mis caderas y abrí los ojos, estaba cansada, a punto de caerme pero no le suplicaría o aumentaría el castigo.

Como si de una muñeca liviana se tratase, me levantó del suelo cogiéndome en brazos, mis piernas flaquearon nuevamente, él me llevó fuera, era de día... seguramente las dos de la tarde por el sol...

Cerré los ojos e intenté escudarme en su hombro el cual besé muy despacio, después de un castigo así, necesitaba suavidad y él lo sabía. Mis ojos luchaban por mantenerse despiertos pero me había pasado una noche de pie frente a la pared.

Escuché como se abrió una puerta...

"La del baño"-.

Hakon me sentó en el lavamanos y mojó una toalla con agua en la ducha, la escurrió y la pasó por mi cuerpo, despacio, lavándome con ella, el agua estaba caliente cosa que agradecí, intenté mantenme recta pero no pude, mi cabeza estaba apoyada en su hombro y mis brazos prácticamente muertos.

La toalla recorrió cada rincón de mi cuerpo, incluso entre mis muslos donde estaba esa parte tan suya, lo que había dejado después del sexo.

Gemí un poco cuando lo sentí ahí.

-¿Te duele?- dijo con la voz ronca-.

Negué un poco.

"Solo estoy cansada"-.

Me levantó y me llevó a nuestra habitación, las sábanas estaban frescas y me tumbó sobre la cama, gemí sin poder abrir la boca y noté como me tapó con la fina sábana de satén azul oscuro.

Cerré los ojos pero los abrí un poco al ver que no se tumbaba conmigo.

Escuché la ducha y minutos después se acostó a mi lado, desnudo, me abrazó y me miró fijamente.

-Espero que hayas aprendido la lección-.

Asentí quedándome dormida.

(Pov Hakon)

Le di un beso en la frente y se removió en mis brazos.

Respiré hondo y miré al techo satisfecho por mi trabajo, lo mejor del castigo no era el castigo, era el tenerla después así conmigo, un castigo vacío, solo implicaba sexo de igual modo, algo que acabó para mi, si no fuese porque ella estaba cansada habría tenido sexo lento pero intenso con mi esposa, pero anteponía sus necesidades a las mías, eso significaba que la quería, mucho.

-No te engañes- miré a mi lado, la mistress de Hannival me miraba con ese cabello rojo intenso- no la amas... cuando te canses de su cuerpo, desharás otro, tendrás necesidad de castigar a otros-.

-Eso no va a pasar- dije en voz baja- vuelve a tu infierno zorra...-.

La mistress se rió y se fue caminando con esos tacones altos de cuero negro, atravesó la puerta.

Cerré los ojos y sostuve a Xinia conmigo más cerca, ella me abrazó más fuerte, mi sitio favorito en el mundo.