Capítulo 8

Conociendo a los Weasley

-¿Estas lista?

-Sinceramente, no –respondí mirando al chico frente a mí.

-Tranquila, todo va a salir bien –me tranquilizo.

-Me alegra que puedas venir conmigo, no sé qué haría sin ti.

El día por fin había llegado, el partido de Ginny era justo ese día y en vista de que Harry estaba de visita en mi casa, me acompañaría a conocer a la familia de Ron. Me había costado trabajo hacerlo, Harry no era de los que le gustaba ir con toda la gente y esas cosas, pero estaba dispuesto a apoyarme... y bueno, no lo negaré, insistí demasiado y no le quedo de otra.

-Me voy a sentir demasiado extraño con ellos- expreso antes de salir de casa.

-Ron dice que son muy amables, no veo por qué no puedas ir –dije para que no comenzara a poner peros.

Cuando llegamos al parque pude ver a mi querido pelirrojo caminar hacia nosotros con una enorme sonrisa en el rostro y los ojos fijos en mí.

-Hola, hermosa- me saludo en cuanto estuve frente a él y me dio un casto beso en los labios.
-Hola- respondí sonriéndole.

-Hola, Harry- leí que se dirigía a mi amigo que estaba detrás de mí, supongo que él le contesto pero no pude verlo. -Vamos, el partido está a punto de comenzar. -anunció mi novio y comenzamos a caminar hacia donde se encontraba la cancha de fútbol.

Una vez ahí, pude ver a los dos equipos preparándose para el partido del día. En una mesa con un mantel color café oscuro, descansaba la copa que entregarían al equipo ganador y algunas medallas para cada integrante del mismo.

Caminamos un poco más a uno de los lados de la cancha y nos encontramos con Fred, George y Ginny, quien ya estaba vestida y parecía que acababa de calentar para el partido.

-¡Hola!- saludaron los tres hermanos en cuanto nos vieron.

-¡Que gusto verte, Hermione!- dijo uno de los gemelos... Aún no aprendía a diferenciarlos.

-Lo mismo digo- respondí mientras él besaba mi mano, justo como la primera vez.

-Es genial que hayas podido venir- menciono el otro gemelo sonriendo al notar mi otra mano unida a la de Ron.

–Debiste ver a mi hermano –dijo Ginny en cuanto estuvo frente a mi –Toda la semana se la paso recordando a todo el mundo que vendrías –voltee a ver a mi pelirrojo y note que su rostro era más rojo que su cabello.

Le dirigí una sonrisa y pude ver que Harry también reía, en ese momento recordé que tenía que presentar a mi amigo con los hermanos de Ron.

–Chicos, quiero presentarles a Harry, mi mejor amigo –anuncié tomándolo de la mano para llevarlo frente a los hermanos. –Harry, ellos son Fred, George y...

–¿Tú qué haces aquí? –leí en los labios de la Weasley menor. Al ver su rostro note de inmediato que estaba enojada.

Voltee a ver a mi amigo extrañada por la reacción de la joven pelirroja y vi que él tenía los ojos como platos.

–Es mi amigo, ¿Se conocen? –pregunté tan extrañada como el resto de los que nos acompañaban.
–Voy a calentar –la hermana de Ron se fue sin decir más hacia donde ya se encontraba el resto de su equipo.

-¿¡Puedes explicarme lo que sucede!? –le dije a Harry en lenguaje de señas.
A veces, cuando queríamos tener una charla privada, hablábamos con ese lenguaje... bueno, con una versión mejorada que él y yo habíamos hecho, y de esa manera no todos nos entendieran.

–Es una larga historia –me contestó.

–Pues creo que tengo derecho a conocerla. ¡Es la hermana de Ron! – le dije desesperadamente.
Si puedo ser sincera, estaba muy nerviosa y angustiada por el hecho de que mi mejor amigo y la hermana de mi novio no se llevarán bien, y lo peor venía cuando empecé a sospechar de lo que se trataba.

–Harry, te juro que sí le hiciste algo te voy a...

–Tranquila –levantó las cejas asustado.

Inspeccioné mi alrededor rápidamente y señalé un árbol que estaba lo suficientemente lejos como para que no nos escucharan o para que no nos vieran tan raro al hablar con señas.
Harry caminó hacia el lugar. Solté un enorme suspiro y miré a Ron, acaba de recordar que estaba junto a mí y de alguna manera sentí que lo excluía un poco.

–Necesito hablar con Harry – le di un pequeño beso en los labios y fui con mi amigo.

–¿Y bien? –pregunte en cuanto llegue a su lado.

–¿Recuerdas a Cho? –asentí con la cabeza.

Cho Chang, oriental desde el nombre hasta la punta del cabello. Había sido la novia de Harry apenas hace un par de años. Harry solía contarme mucho sobre ella. Desconozco las razones por las que se separaron, pero su mención en el contexto en el que nos encontrábamos, sólo hizo que me asustara más.

–No es nada malo –repuso al ver mi expresión. –Cho y Ginevra jugaron alguna vez en contra... -asentí esperando continuara –y bueno, no jugaron muy limpio que digamos, terminaron enojadas y expulsadas del partido. La razón por la que no le agradó verme fue simplemente que trate de ayudar y que dejaran de pelear. –Suspiró –Sólo conseguí que ambas se enojaran conmigo.

–Pues tendrás que llevarte bien con ella. –Determiné con seriedad –Ahora es como mi hermana –Lo miré seriamente y un momento después comencé a reír, el pensar en ello me pareció gracioso, pero al final de cuentas era la verdad. Mi amigo rió junto a mí.

–Todo estará bien. Lo prometo.

Regresamos al juego que ya comenzaba. El equipo rojo frente al equipo verde en la final. Las jugadoras iban tras el balón y peleaban por él de la mejor manera que podían hacerlo. Ginny estaba demostrando porqué era la capitana del equipo, la verdad era que era muy buena, en menos de diez minutos ya había anotado un gol que fue ovacionado por todos nosotros. En varias ocasiones pude ver que los gemelos gritaban rimas divertidas y levantaban letreros que ellos mismos habían hecho. Para cuando terminó el primer tiempo, los equipos estaban empatados.

–Lo estás haciendo increíble –reconocí cuando llegó a nuestro lado.

–Mamá predijo que ganaríamos y no veo cómo lo creyó –comentó.

–Aún queda el segundo tiempo. Ganarán, ya verás.

–Claro que ganarán. Tienen a la mejor jugadora. –ovacionó Ron con una sonrisa. –Además nunca se equivoca. –le guiño el ojo y me dijo en lo que se veía como un susurro "Es como una bruja". Sólo pude reír al leerlo.

Y evidentemente parecía que era una bruja, ya que al término del segundo tiempo la copa del torneo se la había llevado el equipo rojo. Todos los que apoyábamos a ese equipo comenzamos a celebrar, gritar y felicitar a la capitana y su equipo y, después de la entrega del trofeo y las medallas, nos dirigimos a la casa Weasley, en donde su celebraría la verdadera fiesta.

Antes de que nos dirigiéramos allí, Ginny me presentó al equipo. Primero a la entrenadora: Rolanda Hooch, una mujer que se veía a de un carácter algo fuerte pero que al final parecía que le funcionaba, su equipo había ganado las últimas tres finales de fútbol; después me presentó a las miembros del equipo: las gemelas Patil, Alicia Spinnet, Katie Bell, Demelza Robins, Hannah Abbott, Susan Bones, Daphne Greengrass, Angelina Jonhson (la cual noté de inmediato que tenía una relación con George, y bueno es que el que se besaran para celebrar lo hacía obvio, ¿no?), y Lavender Brown, la cual, por alguna razón desconocida para mí, me miró con algo de odio cuando Ginny mencionó que era la novia de Ron.

Cuando llegamos a la casa de Ron, todo el equipo entro detrás de Ginny, Harry entró junto con Fred, con quien estuvo hablando todo el camino, George, naturalmente, entro con Angelina, y Ron se detuvo para hablar conmigo antes de seguirlos.

–¿De qué hablaste con Harry? –preguntó al detenernos.

–Quería que me explicara porque conoce a tu hermana –contesté.

–¿Y...?

–No se llevan bien –reí.

Él sonrió, pero pude notar que no era una sonrisa divertida, más bien parecía una sonrisa triste.

–¿Pasa algo? –le pregunté de inmediato.

–No es nada...

Arqueé una ceja esperando que hablara.

–Es que... por un momento me sentí excluido. Hablas con tanta naturalidad con él, como si nada te importara, ustedes tienen...

–Una maravillosa amistad –interrumpí poniendo mis dedos en su boca para evitar que continuara. Me sentí muy mal al saber cómo se había sentido y me regañé internamente por no haber dado una explicación antes, puesto que sí había notado que lo había excluido. –Harry conoce la historia desde el principio. Te lo he contado, ¿lo recuerdas? –él asintió con la cabeza. Dirigí mi mano a su mejilla y continué –Él siempre me ha ayudado a que no me sienta mal con lo que me pasó, ideó métodos para que nadie lo notara, me dio ánimos para seguir adelante y me apoyó como nadie antes lo había hecho. –Me detuve un momento y le sonreí –Pero contigo... No lo notaste, no te importó cuando te enteraste y creo que hemos llevado a cabo un mejor método que sólo nosotros entendemos... Ron, a pesar de todo lo que Harry es para mí, tú fuiste quien iluminó mi mundo, tú eres quien me dio una nueva esperanza, tú eres mi mayor felicidad... –sentía mi corazón a trote y mi alma gritaba que había algo más que decir: –Te amo, Ron.

Mi pelirrojo se acercó a mí y me besó con una dulzura increíble como respuesta, me abrazo y me acercó aún más a él y yo hice lo mismo. Unos minutos después nos separamos y me miró con una enorme sonrisa.

–Te amo, Hermione, y te aseguro que no tienes idea de lo feliz que me haces –volvió a besarme.

Me besaba tan lentamente que me sentía desvanecer, pero de un momento a otro se separó rápidamente de mí. Lo miré con extrañeza, noté que estaba un poco sonrojado y vi que miraba a alguien detrás de mí. Volteé para enterarme que era lo que veía y me encontré con un pelirrojo que reía.

–...así que es mejor que vayan– alcancé a leer.

Sentí que me sonrojaba enormemente, incluso más de Ron. Estábamos en la casa de él y yo me había olvidado de aquello, pero eso no era lo peor, lo peor era que uno de sus familiares (su hermano, supongo), nos había visto.

El aparente hermano de Ron desapareció por la puerta y yo enterré mi cara en el pecho de mi novio.

–¡Qué vergüenza! –dije.

Ron tomó mi rostro e hizo que lo mirara.

–Tranquila, Charlie no dirá nada –me dio un pequeño beso y me tomó de la mano –Ven, tienes a muchos Weasley que conocer.

Caminamos por la casa hasta llegar al patio trasero, ahí ya estaban todos reunidos, al parecer esperándonos sólo a nosotros. El lugar tenía una enorme mesa llena de comida y sillas por todos lados, en los que ya platicaban por grupos algunas personas. Ron me dirigió a un pequeño grupo en el que Fred estaba, sin embargo no reconocí a nadie además de él, pero eso no evitó que me sintiera nerviosa, los únicos adultos en el lugar estaban ahí. Cuando llegamos hasta ellos, detuvieron su charla.

Mire a Ron y lo comencé a leer.

–Mamá, papá, les presento a Hermione. Linda, ellos son mis padres, Molly y Arthur Weasley.

–Es un placer conocerlos –dije mirando a cada uno.

La señora Weasley me miró con una enorme sonrisa y se levantó de su asiento para darme un enorme abrazo, el hecho me tomó por sorpresa. Un segundo después colocó sus manos en mis hombros.

–Me da tanto gusto conocerte, Ron nos ha hablado mucho sobre ti- comentó sin dejar de sonreír.

–Espero que hayan sido cosas buenas –bromeé sin saber cómo era que se me había ocurrido hacerlo. De alguna manera, ella me había dado una confianza extraordinaria desde que la vi.

El señor Weasley también se levantó y me dio la mano.

–Bienvenida a la familia, Hermione –dijo y me hizo sonrojar.

–Gracias –contesté con una tímida sonrisa.

Posteriormente, Ron me presentó al resto de la familia. Primero a Charlie, el hermano que nos había visto besándonos, me dio la bienvenida a la familia y mencionó algo así como "Ya era hora" a su hermano.

–Se ve que son felices –mencionó con una pícara sonrisa.

Después fuimos con otro pelirrojo que estaba con una mujer de cabello castaño, los cuales presentó como Percy y Audrey Weasley, quienes recién se habían casado. Por último conocí a Bill Weasley y su rubia esposa, Fleur, quienes ya esperaban a su primer hijo.
Durante la comida estuve charlando con Fred, Ginny, Harry y Ron. Aparentemente Ginny y Harry habían decidido no llevarse tan mal e incluso hablaban como si nada.

Un par de horas más tarde, el equipo entero se comenzó a despedir, excepto Angelina, ella seguía muy feliz al lado de George.

–Me da mucho gusto por ustedes –dijo Lavender cuando se despedía.

Discretamente se acercó a mí y me dio un abrazo, sentí que respiraba en mi oído, como si quisiera susurrarme algo, después me miró con una sonrisa triunfante y se fue. El que hubiera hecho eso me dejo extrañada y confundida, quizá intentaba amenazarme o decirme algo importante, pero un momento después comencé a reír como una loca, si quería amenazarme al decirme algo al oído, obviamente su plan no había funcionado.

– ¿Estás bien? –preguntó Ron cuando pude calmar mi risa.

–Sí, no te preocupes. –Contesté, pero al segundo una idea apareció en mi mente – ¿Tuviste algo que ver con Lavender? –pregunté antes de pensar sí era una buena idea preguntar.

Ron amplió sus ojos.

– ¿Te dijo algo?

Bien, esa no era la respuesta que esperaba porque eso significaba "Sí".

– ¿Tendría que? –dije con seriedad.

–No, es sólo que... –se detuvo y me miró a los ojos como tratando de evaluar sí era una buena idea decirme, yo asentí –Nos besamos un par de ocasiones hace mucho tiempo, ella pensó que podría haber algo, pero yo me di cuenta que no quería estar con ella. Ha intentado, pero no pasó nada más.

Respiré tratando de calmarme y entendí que eso era parte de su pasado, él ahora estaba conmigo y la inseguridad no era algo con lo que me gustaba estar así que asentí con la cabeza y volteé la mirada. Me sentía extraña sin saber por qué, era algo como enojo, decepción y tristeza entremezcladas. Vi que Charlie hacia una seña con la mano para que nos dirigiéramos hacia donde estaba.

–Creo que nos llama tu hermano –comenté sin mirar a Ron.

Él tomo mi barbilla con el índice y el pulgar.

–Es parte del pasado, lo sabes ¿verdad?

–Sí, lo sé.

–No significa nada. Tú eres mi presente, mi felicidad y con quien quiero estar, que no te quepa la menor duda. –sonreí y coloqué un sencillo beso en sus labios. –Te amo.

–Y yo a ti.

OoOoO

Una vez que estábamos junto a Charlie, quien también había llamado al resto de la familia, decidieron que jugarían un pequeño partido. Armaron los equipos y me invitaron a ser parte de ellos, claro que yo me negué, especialmente porque no era muy buena en el deporte. Afortunadamente los Weasley aceptaron de inmediato que sólo estuviera dándoles ánimos.

–¿Segura que no quieres jugar? –preguntó Ron antes de comenzar.

–Muy segura, a menos que quieras perder –bromeé

–Ron, te aseguro que no quieres que juegue, es la peor– mencionó Harry al aproximarse por detrás de mi novio.

–Tiene razón, ve y diviértanse.

Comenzaron su partido primero jugando "profesionalmente" después haciendo trampa, tomado el balón con las manos y riendo de todo lo que podían. El equipo de Ron, conformado por Harry, Ginny y Charlie, juagaba muy bien y por ahora les daban una paliza al equipo de Fred, George, Angelina y Bill, quienes no esperaban que ganaran y mucho menos dejarían que lo hicieran así que les quitaban el balón de la manera más divertida que podían. Yo los observaba fascinada, hasta que la señora Weasley se puso a mi lado.

–¿Te gustaría ayudarme, querida? –preguntó en cuanto la miré

–Por supuesto –acepte de inmediato.

Entramos directamente a la cocina del lugar, la cual por increíble que parezca, estaba limpia y sin el menor indicio de que en ese lugar se hubiera celebrado una comida con una extensa cantidad de gente.

La señora Weasley sacó del horno un pequeño pastel y platos. De inmediato supe a lo que quería que le ayudara.

–Mi hijo se ve muy contento –pude leer pues estaba muy atenta a ella para no perderme de nada de lo que me pudiera decir. –Desde que te conoció, ha cambiado mucho y no sabes cómo me alegra eso.

–Yo también estoy muy contenta de haberlo conocido –expresé.

Ella me sonrió.

–Ron nos contó sobre tu enfermedad – no me sorprendió leerlo, Ron ya me lo había dicho. –Mi esposo y yo quedamos impresionados al enterarnos – todos lo hacen pensé –Pero el conocerte fue muy distinto a lo que pensé, actúas como sí nada e incluso olvidé en algunos momentos que...

–Sí, que no oigo nada –completé al ver que se detenía. –Señora Weasley...

–Molly, dime Molly.

–Molly, yo no era muy segura e mi misma, de hecho creo que era todo lo contrario. Yo misma me había condenado a pasar el resto de mi vida encerrada en mi habitación. Cuando decidí cambiar jamás me pasó por la mente conocer a alguien y enamorarme, sólo había decidido a aprender a vivir con mi enfermedad. Y luego, dos días después de que quisiera hacer algo diferente con mi vida apareció Ron. Le aseguro que es lo mejor que me ha pasado. Amo a su hijo y soy muy feliz con él. –me sentía con la necesidad de expresar todo aquello y que mejor que hacerlo con la madre de mi novio.

–Lo sé, querida, se ve desde lejos que están muy enamorados. –Dijo sonriendo maternalmente –Mi hijo no era muy expresivo, pero tú has hecho un cambio muy significativo en su vida, parece que ahora quiere superarse y ser feliz. Sólo debo decirte que me alegra que estés con él, muchas gracias por amarlo, se que siempre estará bien gracias a ti.

Se acerco y me envolvió con sus brazos, yo correspondí al abrazo de inmediato sintiéndome querida por esa mujer que me aceptaba en su familia como un miembro más. En ese momento pensé que sería extraordinario convertirme algún día en una Weasley.

OoOoO

El tiempo siguió su curso y rápidamente habían pasado dos años. En ese preciso momento nos encontrábamos fuera de una clínica, una clínica veterinaria, Errol estaba dentro y todos los Weasley esperaban ansiosos conocer lo que le ocurría. Días antes había estado muy enfermo y hasta ese día lo habían llevado a examinar, el médico entró junto con Ron y no habían salido en casi media hora.

Me encontraba dando vueltas por la sala de espera, desesperada por no saber nada de ellos. Veía a la familia preocupada por el can, quizá no estaban todos, pero con sólo ser Ginny, Fred, George, Angelina, los señores Weasley, Harry y yo, ya nos veíamos demasiada gente.

El plan para el día por supuesto no incluía ir a ese lugar, Ron nos había invitado a Harry y a mí a un partido familiar y una comida para celebrar el excelente examen profesional que Ginny había presentado. No todos los Weasley habían podido ir, pero la pelirroja estaba muy contenta con quienes estábamos. Sin embargo, a medio partido la mamá de Ron detuvo todo y dijo que Errol estaba muy mal y de inmediato nos dirigimos a la clínica en la que estábamos.

Cuando alcé la mirada, vi que mi pelirrojo salía por una de las puertas con una mirada triste, me acerqué a él y lo abracé de inmediato, me temía lo peor.

–Está muy mal –informó cuando nos separamos. Todos los Weasley y compañía estaban alrededor de nosotros. –El médico dice que no hay nada que hacer. –Vi que la señora Weasley se llevaba una mano a la boca –Le pondrán un sedante... –frunció el ceño y miró a todos –Dijo que podía acompañarlo alguno de nosotros, pero yo... –cerró los ojos y de inmediato entendí lo que le pasaba, no se sentía con fuerzas para estar él. Lo volví a abrazar y sentí como comenzaba a llorar en mi hombro y a mojarlo con lágrimas.

–No tienes que hacerlo –le dije apretándolo un poco más.

Se separó un poco de mi, se limpió la cara rápidamente y miró al resto, yo lo imité y pude ver que todos lloraban.

–Yo lo acompaño –anuncié.

Con el simple hecho de mirar a todos, supe que nadie podría hacerlo, Ron parecía ser el más fuerte de todos y no quería verlo mal.

–¿Estás segura? –preguntó Harry.

–Sí, si ustedes me lo permiten, claro. –miré a los demás.

Ron me miró y asintió, todos los demás hicieron lo mismo.

OoOoO

Entré al pequeño cubículo en el que estaba Errol, tenía puesto un suero y respiraba con dificultad, el médico había ido por el sedante y me había dejado sola con el enfermito.

–Hola, Errol -saludé cuando estuve a su lado, me senté en un pequeño banco que estaba ahí y me puse a la altura de su cara.

Él respondió moviendo ligeramente su cola.

–Quizá no esperabas verme a mí, ¿cierto? –Comencé a acariciar su cabeza –Pero todos están afuera, están preocupados por ti y quieren que estés bien. –Suspiré –Y creo que ya estarás bien, dormirás e irás al paraíso canino en donde seguro hay muchos huesos que podrás comer y muchas palomas que podrás perseguir –sollocé un poco y una lágrima salió de mi ojo, la limpié de inmediato –Gracias, Errol. Si no hubiera sido por ti, jamás hubiera conocido a Ron y no sería tan feliz como lo soy ahora. –Me levanté de mi asiento y besé su cabeza. Él aún respiraba dificultosamente.

El médico entró y me miró con tristeza.

–¿Está lista? –preguntó.

–Sí.

Se acercó al suero de Errol, sacó la jeringa que le pondría y comenzó a aplicarla en él. Comencé a llorar silenciosamente al ver que Errol respiraba cada vez menos, hasta que el médico terminó y no había más movimiento.

–Está hecho – anunció –Vuelvo en un momento.

Acaricié a Errol y dejaba que las lágrimas corrieran por mis mejillas. El Errol con su hiperactividad de siempre a pesar de estar viejo, se había ido y me dejaba muy buenos recuerdos, como el día que persiguiendo una paloma me hizo conocer a Ron; cuando se comió el pastel que Ron había preparado para nuestro primer aniversario en el que se lo habían encargado y tuvo que llevarlo a nuestra cita; cuando saltó sobre Harry porque al querer grabarlo para un comercial casero, le había querido dar un hueso; como el día que interrumpió el partido de Ginny por ir tras el balón. Tantos recuerdos y ahora él se había ido.

Al día siguiente enterramos a Errol en el jardín trasero de la casa Weasley. Ron y yo nos quedamos solos después de las palabras que habían dado todos al dejarlo ahí.

–Se que era viejo y algo molesto, pero igual me duele que ya no esté -dijo Ron con la mirada fija en el pequeño bulto de tierra que había debajo de uno de los árboles del jardín.
–Creo que te encariñaste demasiado, más que la mascota de tu hermano, era tu mascota.

Ron sonrió.

–Las partidas son dolorosas.

–Uno aprende a superarlas.

Mi pelirrojo me tomó de la mano y comenzó a caminar alrededor del jardín, se detuvo debajo de otro de los árboles que lo adornaban y me miró.

–¿Recuerdas que tengo que hacer el servicio social? –preguntó sin dejar de mirarme.

Asentí al mismo tiempo que sentía un escalofrío recorrerme.

El servicio social eran las palabras que más temía cuando estudiaba, significaba ir a un hospital a hacer las prácticas correspondientes antes de graduarte. En ocasiones significaba ir a un lugar algo lejos de casa y no ver a tu familia por un largo tiempo, un año para ser exactos.

–Me voy el próximo mes.

–¿Conseguiste un lugar cerca? –pregunté con algo de esperanza.

–No, lo intente todo, pero no. –tomó mi rostro con su manos. –Sólo será un año.

–Lo sé.

–Vendré en cada ocasión que tenga, lo prometo. –recargó su frente en la mía.

–Aquí estaré. Esperándote siempre. –coloqué mis brazos alrededor de su cuello y lo besé.

Él respondió de inmediato, me besó con ternura, con delicadeza, pero sobretodo con amor.

Se iría, tal vez no para siempre, pero se iría y eso me ponía triste, era entonces cuando recordaba que volvería y estaríamos juntos, porque era por su bien, porque era un paso más para llegar al triunfo, porque Ron, mi Ron sería el mejor médico en la historia y yo estaría con él, apoyándolo y amándolo, amándolo como siempre lo he hecho, incondicionalmente y para siempre.