¡Hola!

Estoy de vuelta. Ahora sí planeo actualizar más seguido, la escuela me ha dado vacaciones y ahora soy libreee! Jajaja.

Espero que les guste el capítulo.

Responderé a sus comentarios por PM, no lo olviden, ¿vale?

¡Saludos!

Capítulo 10

Contigo y sin ti. Parte II

No podía dormir, estaba tratando de encontrar la mejor manera de cumplir con la apuesta de los gemelos y al mismo tiempo decirle a Ron que no era verdad, pero no hallaba la forma de hacerlo sin que se considerara trampa. Seguí mirando el techo de mi habitación en penumbras y cerré los ojos. Una mano en mi hombro me hizo abrirlos repentinamente y un chico de cabello azabache me sonrió de inmediato. La habitación estaba iluminada por los rayos del sol.

-¿No planeas levantarte? –preguntó mi amigo.

-¿Qué hora es?

-Las once y media.

Lo miré sorprendida, la verdad es que no me había dado cuenta en qué momento me había quedado dormida y sin duda alguna había sido por un buen rato.

Me levanté de la cama y caminé hacia la cocina yendo detrás de mi amigo. Él sirvió el desayuno en los platos y me los entregó, yo los llevé a la mesa y me senté, él hizo lo mismo.

-No sabía que despertabas tan tarde cuando no están tus padres –mencionó llevándose un bocado a la boca.

-Sólo me quedé dormida un poco más porque no escuché la alarma –bromeé –. Además ayer no llegamos muy temprano que digamos.

-Me alegra que no estuvieran tus padres, nos hubieran matado si supieran la hora a la que llegamos –sonrió.

-No exageres, Harry, mis padres no lo harían.

Conocía perfectamente a mis padres y estoy segura que si no estuvieran en su convención en Australia, no nos hubieran reprendido por haber llegado a las dos de la mañana, además ya estábamos bastante grandes como para poder hacernos responsables de cualquier cosa que sucediera.

Continué con mi desayuno estando ausente durante el mismo, aún tenía en la mente a mi pelirrojo. Y de la misma manera que recordé la apuesta, recordé que enviaba mensajes por la mañana, así que me levanté de la mesa con mucha rapidez para buscar el celular. Había tres mensajes de él.

"Hola, hermosa. ¿Qué tal les fue ayer? ¿Se divirtieron?

Te extraño mucho. Te mando un beso. Te amo. Ron"

Miré la hora, había llegado desde las ocho de la mañana. Abrí el siguiente.

"Mmm… me parece que les fue muy bien y seguramente sigues dormida, ¿verdad? ¿Estás soñando conmigo? Ron"

Sonreí al leerlo, no recuerdo lo que soñé, pero no dudo que hubiera estado él en mis sueños. La hora: nueve treinta. Abrí el siguiente mensaje.

"Comienzas a preocuparme. Contéstame, por favor. Ron"

Presioné contestar de inmediato, no quería que estuviera preocupado. Por suerte el mensaje había sido enviado media hora antes, así que escribí la respuesta lo más rápido que mis manos me permitieron.

"Hola, mi amor. Lamento no haberte contestado antes, en realidad acabo de despertar. La noche estuvo fantástica, pero creo que hubiera sido mejor si estuvieras aquí. Te extraño mucho.

Te mando muchos besos y abrazos. Te amo. Hermione."

Presioné enviar y suspiré sonoramente. Cuando decidí volver al comedor, me encontré con Harry y él me sonrió.

-Espero no verme así cuando me envíen mensajes amorosos. –dijo burlonamente.

Lo miré frunciendo el ceño, él desvió la mirada y comenzó a recoger los platos sucios caminando con rapidez hacia la cocina.

-¿A qué te refieres exactamente? –le pregunté alcanzándolo en la cocina. – ¿Harry?

Una pequeña esperanza había surgido con sus palabras y rogaba al mundo entero que lo que estaba pasando por mi mente fuera verdad. Quizá Harry sí le dijo algo a Ginny. Quizá estaba salvada. Quizá vería a Ron más pronto de lo que había pensado. Una sonrisa se apoderó de mi cara y la ansiedad le ganaba a la paciencia.

-Dime. –Insistí.

-Estoy saliendo con Ginny. –Informó con un rubor en las mejillas.

-¡Ahh! –Grité de emoción.

Me alegraba mucho saber que mi amigo al fin había dado ese paso importante en su vida, pero lo que más me emocionaba era que gracias a eso estaba completamente salvada de los gemelos.

Abracé a mi amigo por el cuello y de manera muy fuerte, él devolvió el abrazo, claro que pude sentir que lo abrazaba muy fuerte, pues él trataba de quitarme un poco. Aflojé mis brazos un poco y besé su mejilla.

-¡Te adoro, Harry!

Mi amigo me tomó de los hombros y me sonrió. Sabía que le extrañaba mi reacción, así que esperé a que preguntara.

-No creí que la noticia te pusiera tan contenta. – me dijo frunciendo el ceño.

-Me da mucho gusto que al fin se hayan decidido a comenzar. –Le dije encogiendo los hombros.

-Yo creo que hay algo más detrás de eso, ¿qué es, Hermione? –Inquirió con seriedad.

Sabía lo que se venía, Harry me regañaría por haber apostado con los hermanos de Ron en algo que ni siquiera estaba segura que pasaría. Sin embargo, a mí no me interesaba mucho eso, la felicidad que sentía en esos momentos era mucho mayor que cualquier otra cosa que pudieran decirme.

-Te enojarás… pero te lo diré. Aposté con Fred y George a que ustedes terminaban juntos al final de esta semana. –comencé poniendo la expresión más seria que pude conseguir. – ¡Gané!

-¿Por qué apostaste eso?

-Sonaba interesante –dije restándole importancia.

Le conté a mi amigo lo que los gemelos pensaban, de qué se trataba la apuesta y lo mal que me encontraba la noche anterior por saber que había perdido. Él sólo negó con la cabeza y me dio un pequeño discurso sobre que no debería arriesgarme demasiado en esas cosas. Me hizo ver lo que pudo haber pasado y lo mal que Ron se hubiera puesto. Entendí que era malo haberlo hecho, pero aún así estaba contenta porque vería de nuevo a mi amado Ron.

OoOoO

Un bosque tan verde y fresco apareció por la ventanilla del auto, el camino estaba despejado y el cielo estaba de un azul tan parecido a los ojos de Ron que no pude evitar sonreírle. Íbamos camino al hospital en el que Ron hacía su servicio social. Estaba completamente feliz, lo vería una semana antes de lo previsto y eso para mí era lo mejor. No le habíamos informado a nadie del viaje, puesto que sólo sería ir por la mañana y regresar por la noche, de igual manera eso no me quitaba la sonrisa en mi rostro.

Fred y George iban en el asiento delantero platicando como lo hacían siempre. Angelina y Alice, la novia de Fred, nos habían acompañado en el viaje y se veían contentas por salir con sus novios, además de que tenían muchas cosas de qué hablar. Yo por mi lado, me mantenía callada y pensativa, ni siquiera tenía idea de lo que le diría a Ron cuando llegáramos o de cuál sería mi reacción.

Llegamos a un pequeño poblado con casitas pintorescas y muy bellas, nada parecido a la ciudad. Fred condujo por un rato más, hasta que llegamos frente a un edificio ancho y de unos cuatro pisos de alto, pintado de blanco y rojo, ahí era en donde se encontraba mi Ron.

Al bajar de auto no pude evitar maravillarme con el lugar, sin duda era fantástico, la gente caminaba por la entrada del lugar, había enfermeras y médicos alrededor y por un momento me imaginé a mí misma trabajando en ese lugar, como si hubiese podido concluir mi sueño, como si nunca me hubiera pasado nada y la enfermedad nunca hubiese aparecido. Saqué esos pensamientos de mi mente, era obvio que eso jamás pasaría, yo ahora me dedicaba a escribir y estaba a punto de publicar mi primer libro, sin contar que si no hubiera sido por esa enfermedad, jamás hubiera conocido a Ron y, sin duda, creo que haberlo conocido era mucho mejor que cualquier otra cosa dadas mis condiciones.

Los pelirrojos tomaron la mano de su esposa y novia respectivamente y me llevaron en medio de las parejas. Al llegar a la entrada no pudimos pasar más allá de la sala de espera.

-¿Y bien? ¿Cuál es el plan? –Le pregunté a Fred al ver que no podríamos encontrar a Ron quedándonos parados en esa sala.

-Cuñadita, ya te trajimos, el que lo veas ya no es nuestro asunto. –Respondió con una sonrisa burlona, yo se la devolví planeando golpearlo, el caso no fue necesario, ya que Alice se encargó de aquello.

-Esta es la solución, pequeña castaña. –Dijo George mostrándome su celular.

Lo vi marcar el número y colocarse el móvil en la oreja, se volteó para hablar y yo no pude leer lo que le dijo. Cuando colgó volvió a mirarnos a todos.

-Vamos afuera, allá nos verá. –Informó tomando a Angelina de la mano y saliendo del lugar.

El ambiente en la explanada del hospital era muy tranquilo, me entretenía viendo a las pequeñas palomas que andaban por ahí siendo espantadas por algunos niños que las correteaban o simplemente por las personas que caminaban presurosas.

Ese curioso sentimiento de que alguien me miraba me hizo voltear la mirada hacia la entrada del hospital. Un chico pelirrojo de ojos azules vestido con su pulcra bata blanca (que lo hacía ver más guapo que siempre), caminaba hacia nosotros con una cara de asombro que hizo que sonriera, era obvio que no esperaba vernos ahí. Sus ojos encontraron los míos con rapidez, él apresuró el paso.

-¡Hermione! –Dijo antes de envolverme en un caluroso abrazo que yo le devolví de inmediato.

Aspiré su esencia, su perfume y me sentí completa de nuevo. Tomó mi nuca y me besó con mucha ternura. Sentí que el aire volvía a mis pulmones satisfaciéndolos al fin.

-¿Qué haces aquí? –Preguntó sonriente.

-¡Sorpresa! –contesté encogiendo los hombros.

Vi que Ron volteaba la mirada a mis espaldas, por lo que hice lo mismo.

-¿…a nosotros? –Alcancé a leer a Fred torciendo la boca fingiendo un beso.

Alice volvió a golpear su brazo, la verdad era que Alice, una chica alta, de cabello cobrizo largo hasta la cintura y novia de Fred desde hacía casi siete meses, sabía cómo reprenderlo… y lo hacía constantemente.

Mi Weasley saludó a sus hermanos e intercambiaron un par de palabras, después los gemelos se retiraron del lugar con un simple Volveremos por ti más tarde.

Ron me tomó de la mano y me llevó dentro del hospital, le pidió un gafete al guardia de seguridad y me lo puso, así podría estar dentro sin que nos regañaran. Subimos hasta el tercer piso y entramos a un pequeño cuarto con unas cuantas camas que se utilizaban para descansar en las noches de guardias que se tenían que hacer todos los días por diferentes médicos en el lugar, y nos sentamos frente a frente.

-Y bien, ¿cuál es tu trabajo el día de hoy? –pregunté poniendo mis manos en mis mejillas y mis codos en las rodillas.

-Disfrutar mirándote. ¿Estaré soñando? –preguntó con su sonrisa de lado, única en él–. Pellízcame, que aún no me lo creo.

Me acerqué a él y le di un casto beso en los labios.

-Sigue pareciendo un sueño –murmuró con los ojos cerrados.

-Pues no lo es –Contesté acariciando su mejilla–. No quiero que te regañen, así que dime, ¿qué es lo que hay que hacer hoy?

Tenía mucho tiempo que no me dedicaba a la medicina, pero ayudarle a algo ese día sonaba a un divertido día. Ron entendió de inmediato lo que quería hacer y me sonrió con complicidad, se acercó a uno de los casilleros y sacó de él una bata igual de blanca que la que tenía puesta.

-Toma. –Dijo entregándomela. –Quizá te quede enorme, pero si quieres ayudarme, tendrás que usarla.

Me la puse sin dificultad, comprobando que tenía razón, la ajusté lo mejor que pude, pero fue imposible que no me viera graciosa en ella. En ese momento una de sus compañeras entró en el lugar.

-Hola –saludó en cuanto me vio.

-Hola –respondí sonrojándome un poco.

-Katie, ella es Hermione, mi novia… - me presentó con ella.

Katie me miró y después me sonrió tendiendo su mano.

-Katherine Ivanovich, es un placer conocerte. Ron habla todo el tiempo de ti. –estreché su mano mientras sonreía tímidamente.

-El placer es mío.

-Katie, ¿recuerdas que te dije que estudiaba medicina? – la chica asintió–. Quiere ayudar un poco hoy, pero como podrás notar, le queda muy grande mi…

-No te preocupes, tengo una por aquí.

Katie se dirigió a su casillero y me entregó una bata con un tamaño más considerable.

-Suerte hoy –deseó antes de retirarse.

-Gracias –respondí muy agradecida por no haber siquiera puesto mala cara por lo que haríamos Ron y yo en el día.

-Te ves hermosa así vestida –alagó él acercándose a mí con la clara intención de besarme.

-Doctor, tenemos que trabajar –le dije cuando estaba a pocos centímetros de mis labios.

Sus labios apenas rozaron los míos y él se separó, tomó mi mano y caminamos a la salida, me miró y sonrió de nueva cuenta.

Caminamos por los pasillos del hospital y entramos a algunas de las habitaciones con los pacientes, hablamos con ellos, les dimos algunas instrucciones, me enseñó un par de cosas que se hacían con la papelería de cada uno de ellos y reímos con algunos otros pacientes que se mostraban muy contentos de tener a Ron como su médico.

Me sentía maravillada estando ahí, me sentí de nuevo como antes, cuando yo también me dedicaba a hacer algunas prácticas, cuando mi vida se basaba en estudiar para los pacientes, para ser mejor con ellos y darles la atención que se merecían. Ese día había sido como cumplir un sueño que creí imposible.

-Me encantaría que pudieras quedarte.

Como todo lo que empieza, tiene que terminar, debía irme de regreso a Londres. Estábamos fuera del auto de Fred, bajo el atardecer. Lo abracé con ternura y mucho amor. Ese día lo había pasado de lo mejor a su lado y me dolía saber que tenía que regresar.

-Te amo –Le dije en el oído.

-Yo también te amo. –Me dijo mirándome a los ojos. –Te voy a extrañar, pero nos veremos la próxima semana.

Asentí con la cabeza, luchando contra las ganas tan fuertes de llorar que se querían apoderar de mí y que nunca dejaba que me ganaran cuando estaba despidiéndome de él. Me besó tranquilamente y después me dejó ir.

Entré en el auto y nos despedimos con un movimiento de manos, pronto el auto se encontraba en la carretera de regreso a nuestro hogar. Limpié una pequeña lágrima que se me escapó y sonreí al recordar mi día.