¡Hola!
Sé que prometí estar por acá más seguido, pero he estado muy ocupada, mi madre se ha encargado de tenerme de elfina doméstica y apenas ayer tuve un descanso para esto.
En fin, espero que les guste este capítulo. Esta es la última parte, por fin regresará Ron y muchas cosas aún están por pasar, ni se lo imaginan, ya verán.
Bueno, los dejo leer, muchas gracias por leerme, comentar, agregar a favoritos y seguir. Recuerden que contesto los reviews por PM ;)
Saludos, Love-Dreamer-HP
Capítulo 11
Contigo y sin ti parte III
Lo admito, no me gusta cumplir años, nunca me ha gustado en realidad, pero es un acontecimiento que tiene que pasar cada año, y debo reconocer que los últimos años habían sido bastante buenos al lado de Ron.
Para este año mis padres habían organizado junto con los Weasley, una pequeña reunión en la casa de campo que tenían los últimos, ellos le llamaban "La Madriguera" y ahí era en donde solían pasar alguna parte de sus vacaciones o hacían fiestas familiares debido a lo amplia que era. Según sabía, ahí era en donde se habían llevado a cabo las bodas de los hermanos de Ron.
Habían adornado el lugar de manera muy peculiar con algunas mesas en el jardín y una pequeña carpa. La verdad era que yo ni siquiera sabía por qué tanto alboroto, solo cumpliría 25 años, no era para tanto, pero con la insistencia de la Señora Weasley no se puede.
—Todo listo, querida —dijo la Señora Weasley en cuanto me vio llegar—. ¡Muchas felicidades! —me dio un enorme abrazo y me sonrió maternalmente.
Le devolví la sonrisa sabiendo que sus palabras siempre eran sinceras al igual que sus abrazos y cariños, creo que ella es muy amorosa con todos sus hijos y le gusta querer a sus nueras y yerno… ah sí, porque también adoraba a Harry.
—Gracias, Molly.
Seguí paseándome por el lugar, vi a la pequeña Victorie, hija de Bill y Fleur, correr por el jardín mientras sus padres la vigilaban de cerca, a George platicando con su esposa y su hermano, a Audrey charlar animadamente con Alice sobre su embarazo, el Señor Weasley hablaba con mi padre, el padre de Harry y Percy, y mi madre estaba en la cocina terminando con la comida, al lado de Lily y Molly. Me senté a un lado del árbol en el que habíamos enterrado a Errol y seguí mirando todo. Una vez más me imaginaba el ruido que pudiera estar sonando en el lugar, las risas, tanto de los adultos como de la pequeña Weasley, el sonido del viento, el vidrio chocando contra los cubiertos, la música sonando a lo lejos.
—Esta fiesta es genial, ¿No lo crees, Errol? —murmuré sin quitar la vista de las personas frente a mí—. Pero creo que la presencia de una sola persona haría de este día el mejor de todos.
Mi pelirrojo no había podido asistir a la magnífica fiesta que su familia había organizado, de hecho algo me hacía pensar que esa era la razón principal por la que ellos lo habían hecho, querían animarme, pero claro, yo no podía olvidarme ni un solo minuto de mi amado Ron por más empeño que los demás pusieran con ello. Me recosté en el pasto y cerré los ojos por un instante. Un minuto después alguien tocó mi hombro.
—Hola —saludó Charlie cuando abrí los ojos.
—Hola —respondí sonriendo.
—Ven, acompáñame dentro de la casa, los Weasley te hemos preparado un regalo.
Me tomó de la mano y comenzó a caminar hacia la entrada del lugar, nadie se había movido, lo que me pareció más sospechoso. Sólo hacían falta Fred, George, Harry y Ginny, pero los últimos habían salido mucho antes diciendo que irían por el pastel, así que dejé pasar el asunto y continuar el camino hacia la sala de la casa.
Cuando llegamos ahí, Charlie me mostró un pañuelo de tela y me insinuó que me vendaría los ojos.
—Oh no, me desconectas del mundo si haces eso —advertí poniendo mi mano entre el objeto y mis ojos.
—Tranquila, cuñada. Prometo que nada te pasará y cuando ponga una mano en tu hombro puedes quitarte esta cosa, ¿Aceptas? —me miró con súplica y supe que no podría negarme, así que asentí con resignación y me dejé colocar la cosa esa.
Desconectada del mundo, sin saber lo que había a mi alrededor, valiéndome sólo por el tacto, no podía saber nada de lo que ocurría y eso me ponía nerviosa, era como estar a la expectativa esperando a que salga alguna clase de monstruo que te comerá al primer movimiento. Comencé a sentir angustia y mucho miedo, cuando alguien tocó mi hombro me sobresalté pero al mismo tiempo me alivié y me descubrí los ojos.
Cuando pude enfocar la vista sonreí de inmediato, pues el Weasley que más quería ver estaba frente a mí con un enorme moño rojo pegado en el pecho y una enorme sonrisa adornando su rostro.
— ¡Sorpresa! —leí en sus labios antes de que me lazara hacia él envolviéndolo en un abrazo.
Ese había sido mi deseo de cumpleaños y se estaba volviendo realidad.
Cuando terminamos con el abrazo, él me miró, metió su mano en una de sus bolsas del pantalón, sacó de ella una pequeña cajita con un moño plateado y la puso frente a mí.
— ¡Feliz cumpleaños! —dijo al tiempo que daba un paso al frente como entregándose él como regalo junto con la cajita.
—Gracias —murmuré tomando la cajita y abriéndola con emoción.
Dentro había una cadena junto con un dije de un búho con algunas piedritas de colores que formaban parte de sus ojos y alas. El detalle me pareció muy hermoso, pero fruncí el ceño tratando de comprender el porqué la especial forma de ese animal y no de otro.
—Es representación de inteligencia, lo que hizo que comenzáramos nuestra amistad, ¿recuerdas? —contestó Ron a mi pregunta no formulada.
Asentí con la cabeza y le pedí que me lo pusiera.
Inteligencia, estudio, así era como nos habíamos comenzado a hablar y a ver más seguido en el parque, quizá sin esas tardes de estudio no estaríamos justo en ese lugar en la situación en la que nos encontrábamos, por lo que entendí de inmediato el significado y me sentí inmensamente feliz.
Caminamos de la mano hacia el árbol en el que me encontraba momentos antes y comenzamos a platicar y ponernos al día con los acontecimientos más importantes que habíamos vivido en el tiempo que no nos habíamos visto. Noté de inmediato que mi novio no se había quitado el moño del pecho y cuando le pregunté el por qué, él se limitó a contestar que era mi regalo y que yo era quien tenía que quitárselo, me reí mucho por su respuesta, pero igual decidí no quitárselo, le hacía verse bien.
A pesar de las expectativas que tenía para ese día, todo había salido mucho mejor de lo que esperaba.
OoOoO
Las paredes eran blancas, algunas personas caminaban a mí alrededor y colocaban una lámpara sobre mí que me cegó por un momento. Volteé la mirada a mi derecha y pude ver el suero que caía a gotas directo a mis venas. Uno de los médicos me miró y murmuró algo que no pude entender, el dolor que sentía no dejaba que me concentrara. El sueño se apoderó de mí poco a poco y entonces todo se volvió negro.
Abrí los ojos de nuevo, las paredes aún eran blancas, los médicos habían desaparecido, el suero seguía conectado a mí y mi madre descansaba en un sillón cercano. Miré hacia abajo y vi algunas tarjetas, globos y flores descansando en la pequeña mesa que ahí se encontraba. La cirugía había terminado.
Me sentía cansada y aún sentía muchas ganas de dormir, pero la sed que tenía era mucho mayor a lo demás. Busqué entre el cuarto algo que pudiera tomar, encontré una jarra y un vaso en una de las mesitas a un lado de mí, traté de incorporarme para así no molestar a nadie, sin embargo un dolor en el abdomen me lo impidió. Me recosté de nuevo maldiciendo a la tonta y dolorosa herida. Cuando me di cuenta, mi madre ya estaba a mi lado.
— ¿Cómo te sientes? —preguntó cuando la miré.
—Mejor, mucho mejor —respondí recargándome en la almohada.
Mi madre me sirvió un poco de agua, me ayudó a tomarla y dejó que me volviera a sumir en el mundo de los sueños.
OoOoO
Había un enorme prado con rosas de todos colores alrededor, el cielo estaba azul y podía oír el canto de los pájaros en los árboles. El viento silbaba y me daba de lleno en la cara, una sonrisa se dibujó en mi rostro. Caminaba descalza sintiendo la hierba tocar mi piel y relajarme a cada paso.
— ¡Hermione! —gritaron a mis espaldas.
No podía reconocer la voz de aquella persona, así que volteé la mirada y vi a un pelirrojo caminando hacia a mí con una sonrisa tan grande como la mía. En cuanto llegó a mí, me abrazó con fuerza.
— ¡Te amo, Hermione! —dijo en mi oído.
Sentí que mil mariposas invadían mi estómago. Ron se separó de mí, tomó mi mano y la besó con delicadeza conectando su mirada con la mía, después besó mi mejilla y me dijo:
—Despierta, linda. Por favor.
Fruncí el ceño y sentí como se alejaba, comencé a correr tras él, pero por más que trataba no lograba alcanzarlo.
Abrí los ojos de golpe y traté de enfocar el lugar en el que me encontraba. Ron descansaba a mi lado. Parecía agotado y dormía profundamente con su mano entrelazada con la mía. Con la mano libre acaricié su cabeza y él despertó de inmediato.
—Les dije que no te llamaran —comenté cuando me miró.
Ron rió un poco.
— ¿Y vas a decirme por qué no querías que lo supiera?
—No quería preocuparte y sacarte de tus actividades —respondí
Mi pelirrojo me miró fingiendo enojo y luego sonrió negando con la cabeza.
—Creo que tengo derecho a saberlo —mencionó llevando mi mano a sus labios.
—Lo siento —me disculpé sintiendo que me sonrojaba.
— ¿Cómo te sientes? —preguntó para cambiar el tema.
—Mejor que hace unas horas—dije con el tono más divertido que pude.
Ron rió. Me encantaba ver su sonrisa, era lo más hipnotizante que pudiera existir para mí.
—Estuve preocupado —expresó mirándome atentamente—. Te amo, Hermione —dijo unos minutos después de que dejáramos nuestras miradas conectadas sin decir palabra alguna.
Por un momento imaginé que la voz que había escuchado entre sueños pertenecía a él y podía escucharlo decirme aquellas palabras.
—Yo también te amo, Ron.
OoOoO
Un mes, sólo faltaba un mes para tener de nuevo a Ron a mi lado y no se alejaría más, solo un mes más y se cumpliría el año predicho.
Estaba de nueva cuenta en La Madriguera, celebrando esta vez el cumpleaños del Señor Weasley. Y bueno, además de eso, Harry me había dicho que se daría un anuncio más grande que el aumento de edad de nuestro suegro. Me imaginaba un poco de lo que se trataba, él y Ginny se veían muy contentos y sospechosos, pero esperar a escucharlo de ellos era lo mejor.
Caminaba por los alrededores después de hablar un poco con Fleur y cargar a la pequeña Dominique que había nacido algunos días después de Fred II, hijo de George, y antes que Molly II, hija de Percy. En uno de los pasillos me encontré con una rubia que en cuanto me vio me miró de arriba a abajo y sonrió.
—Me enteré de lo de tu enfermedad —dijo después de su mirada juzgona. No se refería a lo que había pasado recientemente, estaba segura que de lo que hablaba era de mi sordera.
—Bueno, no muchos lo notan y de todas formas a muchos ni siquiera les interesa —le respondí de inmediato, detestaba a la gente como ella y no tenía idea de lo que hacía en el lugar, esperaba que se fuera pronto, no quería tenerla frente a mí ni un momento más.
— ¿Y no has pensado que hay gente que está contigo por lástima?
Sentí como se me paralizaba el corazón de golpe, todas las inseguridades que creí en el pasado, amenazaban con regresar.
— ¿Cuánto hace que no ves a Ron? ¿Un año? ¿De verdad crees que seguirá contigo después de todo este tiempo en el que seguro se dio cuenta de las limitaciones que tienes? —continuó hablando.
Tenía razón, ¿cómo podía estar conmigo después de todos los obstáculos que nos alejaban?
—Hay muchas personas que podrían darle mucho más, ¿sabes?
Eres mi vida recordé a Ron.
Eres mi motor
Tú eres quien me mantiene de pie
Te extraño
Te amo
—Sí, lo sé —dije recomponiéndome—. Pero él me ama así como soy y eso nadie lo puede cambiar —dije con seguridad.
Lavender me sonrió burlonamente.
—Ya lo veremos —dijo antes de irse.
Me quedé estática, no quería creer sus palabras, pero había logrado sembrar la duda en mí, el miedo y todo aquello que no podría quitar de mi mente hasta que lo comprobara por mí misma.
OoOoO
—Buenas tardes, Doctor Weasley.
El aludido volteó la mirada hacia mí y pude notar un brillo en sus ojos al tiempo que sus labios se curvaban.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó acercándose a mi lado.
—Tenía ganas de verte —respondí restándole importancia.
—Te besaría, pero…
—Pero eso no se puede, lo sé —concluí por él.
— ¿Cómo entraste?
Su mirada no dejaba la mía por un segundo, yo por mi parte tenía ganas de abrazarlo y besarlo para no dejarlo ir jamás, pero tenía que resistir, estábamos frente a los pacientes, en el hospital.
—Te dije que era buena idea ser amiga del vigilante —señalé sonriendo—. ¿Tienes mucho que hacer?
—En realidad ya casi termino. Sabes que hoy es oficialmente el último día, ¿verdad?
Asentí con la cabeza.
Ese día era el último que Ron pasaría en su servicio social, pero había una única razón por la cual estaba ahí ese preciso día.
— ¡Feliz cumpleaños! —lo abracé con ternura. Después de ese anuncio, creo que era permitido hacer aquello—. No podía esperar ni un momento más.
Sentí que él besó mi mejilla mientras me devolvía el abrazo, mi pulso aumentó en automático, ese era el efecto Weasley.
—Supongo que tienes planeada una enorme fiesta —afirmé sonriéndole.
—Decidí rechazar todo aquello, lo único que quería era dormir para mañana poder partir directo a tu casa —me dijo acariciando mis nudillos con el pulgar, pues había tomado mi mano cuando terminamos el abrazo.
—Creo que mis padres pueden esperar un poco a verte —bromeé
—Es un alivio, no quiero morir aún —alcé una ceja al no entender a lo que se refería—. Apuesto que no saben que estás aquí.
Asentí riendo.
—No te preocupes, ellos creen que estoy con Ginny planeando la boda y todo eso.
Ron comprendió al instante, su hermana sería nuestra tapadera del día. Además, no estaba mintiendo del todo, sí estábamos planeando la boda de ella con Harry, una boda que, como lo había sospechado, habían anunciado el día del cumpleaños del patriarca Weasley.
—Es un alivio —dijo Ron pasando la mano por su frente exageradamente.
Lo ayudé con lo poco que le faltaba para terminar, no solo con su día en el hospital, sino con su estancia ahí. Se despidió de los doctores encargados, de los pacientes y amigos, y juntos fuimos hacia el pequeño departamento que compartía con uno de sus compañeros.
—Hogar, dulce hogar —dijo sonriendo—. Por última vez —añadió.
Vi que mi pelirrojo entró a una de las habitaciones y regresó sin las maletas que llevaba segundos antes.
—Dormirás en mi cama, hoy mi compañero tiene guardia, así que me quedaré en su cama —asentí—. Iré a preparar algo para comer —asentí de nueva cuenta.
Me senté en uno de los sillones mientras recorría con la mirada el lugar. Era un departamento pequeño, no tenía más que un pequeño sillón en lo que figuraba como la sala de estar, una cocina a un lado de éste y un pasillo que aparentaba llevar a las habitaciones y el baño. Se notaba desde la primera vista que estaba habitada por hombres, no estaba del todo acomodada, pero parecía decente.
Me levanté del lugar y caminé sigilosamente hacia la cocina, donde Ron ya cocinaba algo de carne y cortaba algunas verduras. Pasé mis manos por su espalda y rodeé su cintura, sentí que él se tensó por un momento y después se relajó. Lo apreté un poco contra mí, él se dio la vuelta y atrapó mis labios al instante.
Comenzamos a besarnos apasionadamente, explorando la boca del otro como su nuestra vida dependiese de ello. Coloqué mis manos en su cuello y comencé a jugar con su pelirrojo cabello. Él me abrazó contra él, al tiempo que recorría mi espalda con sus manos. El oxígeno se hizo indispensable de un momento a otro y me separé tranquilamente de él, sabiendo que si no lo hacía en ese momento, era probable que no lo hiciera nunca.
—Es tu cumpleaños, cocinaré yo —le dije tomando el lugar que él tenía minutos antes.
—Solo si prometes no quemar la cocina.
—Ya te vas, así que no le veo el problema.
Nos miramos con seriedad y segundos después comenzamos a reír como dos locos.
Cuando terminé de cocinar, comimos y después decidimos ir a dormir.
Ron me guió a la habitación que le pertenecía, estaba casi todo listo para que se fuera, ya que no había más que la cama con las maletas tanto mías como las de él a un lado. Mi Weasley acomodó la cama y sentó en ella, yo hice lo mismo.
—Es una cama cómoda, espero que puedas dormir bien —yo asentí con una sonrisa.
Sin saber cómo, comenzamos a platicar mientras el tiempo pasaba y pasaba. Ambos sentados en la cama, hablando como viejos amigos, era un panorama que nadie podría imaginarse. Cuando me cansé de estar sentada, me tiré en el colchón y continué hablando con mi pelirrojo. Unos minutos después, él estaba acostado a mi lado. Seguimos hablando por un rato más, Ron dijo un chiste muy malo que sin embargo, me hizo reír mucho y entre carcajadas quedamos a pocos centímetros.
Comencé a mirar sus ojos azules que me devolvían la mirada atentamente a la expectativa de lo que pasaría después; acortamos la distancia existente y fundimos nuestros labios en un beso lleno de amor. Nuestro beso comenzó a hacerse más y más necesitado de algo más con el paso de los minutos, esta vez no nos importaba que nuestros exigentes pulmones pidieran un poco de oxígeno y sólo los llenábamos de cuando en cuando apenas separándonos por unos segundos. Cuando pude darme cuenta, Ron se hallaba sobre mí besándome y acariciando mi cintura con delicadeza y al mismo tiempo con fervor, continué besándolo y acariciando su espalda de la misma manera que él lo hacía conmigo. Para mí no había dudas, amaba a ese hombre y estaba dispuesta a entregarme por completo a él, porque en ese momento supe que él me amaba a mí y lo que más ansiábamos era consumar ese fuego que, sin darnos cuenta, habíamos encendido desde la primera vez que habíamos dejado de vernos y que ahora era demasiado alto como para apagarlo de otra manera. Ese día mis dudas se consumaron, así como el amor que nos teníamos los dos.
