¡Hola!
Bueno pensé que regresaría antes, pero ¡el tiempo vuela! Jaja.
Les dejo el nuevo capitulo, espero que les guste mucho… aayy es tan hermoso, especialmente el final.
Debo comunicar que ya estamos a pocos capítulos de terminar con esta historia (cuatro capítulos más)
Saludos a todos y gracias por leer y comentar.
Love-Dreamer-HP
Capítulo 12
Inseguridad, mi peor enemigo
Me miré en el espejo por tercera vez para acomodar mi cabello, debía reconocer que se había aplacado mucho más de lo que hacía siempre, pero a mí no terminaba de gustarme. Solté un suspiro inclinando mi cabeza hacia un lado y aplaqué mi vestido con las manos, vi a mi madre a través del espejo y leí en sus manos cómo pedía que me apresurara. Salimos de nuestra casa de inmediato y entramos al auto en el que mi padre ya nos esperaba. Ese día nos dirigiríamos de nueva cuenta a La Madriguera, esta vez para celebrar la graduación de Ron. La señora Weasley estaba muy emocionada, pues él era el último de sus hijos en graduarse. Había organizado una comida en la que lo acompañaran todos sus amigos, hermanos, familia y algunos de los médicos que habían ayudado a su formación. Se trataba de la última celebración en la Madriguera antes de que se celebrara la boda de Ginny y Harry, así que de alguna manera, según Molly, sería como un ensayo y así la boda saldría de maravilla, claro que yo sabía de inmediato que ella podría hacer cualquier clase de reunión sin la necesidad de ensayos y esas cosas.
Después de una hora en la carretera, llegamos a nuestro destino. Bajamos del auto y de inmediato los gemelos nos recibieron y se llevaron a mis padres al jardín trasero, mientras que yo era llevada por Charlie hacia donde estaba Ron. Subimos por las escaleras hasta la habitación de mi pelirrojo, su hermano tocó la puerta, me guiñó un ojo y se fue por donde llegamos. Me quedé parada esperando y de pronto apareció mi pelirrojo murmurando distraídamente algunas palabras que por supuesto, calló cuando me vio.
—Hola —dijo con una sonrisa en el rostro que yo le correspondí al instante.
—Hola, doctor —contesté sin moverme del lugar.
Ron estaba usando ropa algo formal para la ocasión, en realidad toda la familia lo hacía, y yo no pude dejar de mirar lo guapo que se veía.
—Creí que llegarías más tarde —comentó desde el marco de la puerta entrecerrada sin dejarme pasar aún.
—Sí, yo también. Pero la carretera estaba prácticamente libre, así que… —lo miré con atención tratando de entender la razón por la cual no me dejaba pasar, él me miró embobado y después, con un movimiento de mano, supongo que entendiendo un poco mi mirada, me dejó pasar a su habitación.
En cuanto entré no pude evitar voltear a ver todo el lugar. Estaba prácticamente tapizado de posters de un equipo de fútbol, su equipo favorito, los Chudley Cannons.
—Vaya, me siento atrapada por el naranja —bromeé al notar que prácticamente todo el cuarto estaba de ese color.
—Sabes que es…
—Tu equipo favorito. Sí, lo sé.
Me senté en la cama mientras él se terminaba de arreglar el cabello frente al espejo, yo lo miraba embelesada. Sus facciones, su cuerpo, su cabello pelirrojo, todo era hipnotizante para mí y mirarlo era el mejor espectáculo que podría presenciar y por el que ni siquiera tenía que pagar. Dio media vuelta y quedó mirando hacia mí.
— ¿Te gusta? —preguntó con inocencia.
Lo miré de arriba abajo y me levanté de la cama, en dos pasos estaba frente a él y comencé a acomodar su corbata tratando de dejarla lo mejor posible, después pasé mis manos a su cabello y también traté de acomodar uno que otro pelo necio que no se aplacaba, sospechaba que esa manía la había adquirido al conocer cómo era en realidad mi cabello y no tanto por el de él, además de que disfrutaba mucho el pasear mis manos por ese fuego intenso.
—Listo —informé un minuto después, justo cuando mis manos se habían quedado estacionadas en su cuello y mi rostro estaba muy cerca del suyo.
Ron se acercó a una velocidad lentamente torturante a mis labios y los besó con la ternura que lo caracterizaba. Nuestros labios se movían en un lento compás mientras sentía cómo sus manos se aferraban a mi cintura y nuestros cuerpos se fusionaban de tan cerca que nos encontrábamos. Podía sentir el latido de su corazón golpeando en mi pecho y un cosquilleo de emoción me invadía al saber que era yo quien provocaba todo aquello.
Nos separamos lentamente después de unos minutos y nos quedamos abrazados.
—Me enloqueces —dijo sobre mi piel, utilizando nuestra propia manera de comunicarnos, una manera única y especial que habíamos adquirido y perfeccionado en todo el tiempo que llevábamos juntos.
Solté una pequeña risita y lo miré a los ojos.
— ¿En serio? —pregunté con una ceja levantada.
—Como no te imaginas —afirmó con su maravillosa sonrisa y besando tranquilamente mis labios de nueva cuenta.
—Será mejor que nos vayamos —dijo Ron cuando se separó de mí—. No quiero que tus padres me maten.
—Ron, no van a matarte.
—Prefiero no arriesgarme.
Bajamos tomados de las manos hacia el jardín de La Madriguera, en la que ya se encontraba casi toda la gente que había sido invitada. Pude reconocer a algunos amigos de Ron y algunos de los doctores que estaban en el hospital en el que había hecho su servicio social. También pude ver que a lo lejos, Ginny y Harry platicaban muy juntitos y se besaban castamente cada cierto tiempo.
Ron me paseó por todo el lugar y me presentó como su novia a todas las personas que ahí se encontraban. Cada que lo hacía yo no podía dejar de sonreír y sentirme muy contenta por el orgullo con el cual decía que era la mujer que más amaba en el mundo.
Un poco más tarde, por la noche, Charlie, ayudado por Fred y George, se encargó de poner un poco de música para bailar. Su plan funcionó de inmediato, ya que la mayoría de las personas se levantaron de sus asientos y bailaron lo mejor que podían. Compartí alguna pieza con Ron, descubriendo que era más sencillo seguirle el paso que cuando había bailado con Charlie alguna vez. Nos divertíamos y reíamos como locos enamorados, besándonos a cada oportunidad y siendo objeto de burla de sus hermanos… bueno, nosotros y la comprometida pareja de mi mejor amigo y mi cuñada.
Cuando noté que era una hora prudente para escapar, saqué a mi pelirrojo del lugar, arrastrándolo discretamente hacia el bosquecillo que se hallaba detrás de La Madriguera.
— ¿A dónde vamos? —preguntó un rato después de que estuviéramos caminando.
—Es una sorpresa —contesté jalando su mano para que me siguiera.
Solo siendo iluminados por la luz de la luna, el paisaje se veía hermoso cuando comenzamos a subir una colina cercana. Al llegar a la cima, noté que Ron apenas podía con su alma al subir.
— ¡Estas algo viejo, eh! —le grité desde arriba.
Vi cómo él me miraba desafiante y después subía corriendo, al segundo ya me encontraba entre sus brazos girando y siendo atacada por besos en toda la cara. Cuando me depositó de nueva cuenta en el suelo, yo no podía parar de reír.
— ¿Por qué me trajiste aquí? ¿Cuál es el plan? —preguntó seductoramente.
—Sencillo —contesté tratando de guardar la compostura—. Tengo que darte tu regalo de graduación.
— ¿Ah sí?
—Sí… no me mires así, Weasley, esto es serio.
Del pequeño suéter que había decidido usar ese día, saqué un pequeño sobre blanco y se lo entregué. Ron me miró dubitativo y comenzó a abrir mi entrega.
—Tardará un poco en llegar —dije, él se detuvo por un momento y fijó su mirada en mí—. Esto es sólo un adelanto.
Ron abrió el sobre con las manos temblorosas, sacó el papel de dentro y lo leyó con rapidez.
—Tu libro —afirmó con un suspiro.
—Lo aceptaron y comenzará a hacerse el trámite para su publicación—le dije con orgullo—. ¿Qué creías que era? —pregunté inocentemente. Sabía las intenciones de mi broma y, para mi sorpresa, sentí una pequeña punzada de dolor al ver la cara de angustia y preocupación que Ron había puesto.
—Lo sabes mejor que nadie.
Sonreí un poco tratando así de ocultar la tristeza que de pronto se había apoderado de mí. Pero Ron me conocía tan bien que no pude engañarlo.
—Mi amor —dijo tomando mi rostro entre sus manos—, te juro que lo que más deseo es tener una familia junto a ti. Pero ahora mismo me parece precipitado y algo disparatado hacerlo. Quiero ofrecerte el mundo, tener seguro un buen futuro… además, creo que primero me gustaría que fueras mi esposa.
Reí un poco al tiempo que una lágrima necia salía de mis ojos y era limpiada casi al instante por el pulgar de mi novio.
— ¿Eso es una proposición? —pregunté sin dejar de sonreír.
—Creo que debo esforzarme un poco más, ¿cierto?
Asentí con la cabeza.
—Entonces no, no lo es.
Mi ojiazul se acercó a mí y me besó, yo correspondí de inmediato y con el corazón a trote. Eso se había acercado mucho a una propuesta y me sentí inmensamente feliz de saber que al menos esa idea cruzaba por su cabeza.
OoOoO
Cabezas mayoritariamente pelirrojas caminaban por el jardín llevando cosas entre sus manos, la señora Weasley los dirigía con una destreza que había adquirido después de su inmensa práctica en el asunto. Cada miembro de la familia Weasley se preparaba para dar inicio a la ceremonia que se celebraría ese día.
Yo me encontraba en una de las habitaciones observando desde la ventana lo que ocurría afuera. Volteé la mirada por quinta ocasión hacia la puerta del baño y al fin vi a mi querida cuñada pelirroja saliendo de ahí. Usaba un enorme albornoz que cubría todo su cuerpo, se sentó en la silla frente al espejo y me miró tratando de esbozar una sonrisa. Yo sólo podía ver que el nerviosismo le recorría.
—Bien, es hora de comenzar —le dije acercándome a ella.
Ese día me encargaría de hacerle el maquillaje y peinado y era por ello que nos encontrábamos solas en la habitación. Mi trabajo también sería tratar de tranquilizarla, pues se notaba a kilómetros que los nervios no la dejaban en paz.
—Deja de temblar o no podré hacer bien esto —le pedí mientras la maquillaba.
—Lo siento, Herms, pero los nervios me matan.
Me alejé de ella y la miré con seriedad.
—Tranquila, es tu boda. Debes estar contenta… rebosante de felicidad. ¿Por qué dejas que los nervios de invadan? —si debía trabajar en tranquilizarla, lo mejor era que comenzara de inmediato, para que de esa manera, a la hora de la ceremonia estuviera relajada.
—Quiero verte cuando estés en tu boda —refutó divertidamente.
Reí.
— ¿Qué ocurre? ¿Tienes dudas o algo así? —continué con mi "terapia".
—No, por supuesto que no. Amo a Harry y estoy muy segura que quiero casarme con él. Sí, sé que es muy pronto… o muchos lo consideran "muy pronto", pero te aseguro que no tengo ninguna duda de que quiero vivir mi vida al lado de ese hombre —afirmó con un brillo en los ojos que confirmaba todo aquello—. Pero estoy nerviosa. No estoy muy acostumbrada a ser el centro de atención y si algo sale mal creo que va a dar un ataque o algo así.
Sin poder evitarlo comencé a reír a carcajadas. ¿Qué ella no estaba acostumbrada a ser el centro de atención? ¡Já!, que eso me lo deje a mí, ella jugaba fútbol todas las tardes de los sábados o domingos, así que no era una excusa muy válida a mi parecer.
—Deja de reírte —pidió mirándome con seriedad una vez que pude concentrarme en sus labios y logré leerla.
—Ginny, sé que no tengo experiencia en estas cosas, pero mi madre alguna vez le dijo a una de mis primas que el nerviosismo se pasa en algún momento, que en cuanto veas a tu amado parado en el altar, lo único que te preocupará será llegar hasta él para que los declaren marido y mujer. Confía en eso y verás que todo saldrá bien, ¿de acuerdo?
Ella asintió y así continué con su maquillaje.
Después de sumergirnos en una plática trivial y tratando de olvidarnos de lo que era sentirse nerviosa por el evento, terminé de arreglarla. El reloj informaba que faltaba media hora para que la ceremonia comenzara, claro que Ginny ya estaba más que lista para eso. Se veía muy bonita con su largo y sencillo vestido blanco, el recogido que le hice y el maquillaje que hacía resaltar sus ojos cafés.
—Lista. Te ves muy linda, serás una novia muy, muy bonita —halagué mirándola a lo lejos.
Ella sonrió.
—Y, ¿Ya lo tengo todo? —preguntó.
—Tienes algo nuevo —señalé el vestido—, algo usado —le mostré la pequeña diadema que le había dado una de sus tías para que usara—, necesitas algo prestado y algo azul —en cuanto terminé de enumerar lo último ella abrió sus ojos como platos y comenzó a mirar a su alrededor, como tratando de encontrar las piezas faltantes escondidas en la habitación—. Tranquila –la tomé de los hombros. Llevé mis manos a mis orejas y me quité los aretes que las adornaban… al final de cuentas para eso era para lo que servían, como adornos—. Toma, son azules y son prestados. Dos en uno —completé poniéndoselos.
Cuando terminé con mi labor, vi que ella me miraba con los ojos cristalinos.
—Muchas gracias, Herms. Eres la mejor cuñada que pude haber tenido, mi hermano es verdaderamente afortunado de haberte encontrado.
Noté como sus ojos se tornaban cristalinos. Eso no era bueno ni para ella ni para mí.
—No quiero que llores —reproché—. En primera, porque se arruinará mi trabajo y en segunda, porque no quiero que me hagas llorar.
Ella sonrió ampliamente y me envolvió en un sincero abrazo. En esa calidez me sentía parte de la familia, la sentía como la hermana que nunca tuve, yo también supe en ese momento que lo mejor que podría haberle pasado a Harry era haberla conocido.
Con mi mayor esfuerzo, logré que ninguna lágrima saliera de mis ojos. Ginny no tuvo la misma suerte, así que le arreglé un poco el maquillaje, justo cuando por la puerta apareció su madre.
— ¡Mi hija! —exclamó al verla—. ¡Te ves hermosa! —pronto la tenía entre sus brazos dándole un asfixiante abrazo.
Decidí salir de la habitación para darles un poco de privacidad, a sabiendas de que tendría que regresar pronto para acomodar de nueva cuenta el maquillaje de mi cuñada.
Caminé por el pasillo y me quedé parada en el umbral de las escaleras. Comencé a pesar en cómo me sentiría yo si tuviera que vivir ese momento justo ahora; un sentimiento de felicidad me recorrió al imaginarme en un vestido blanco, caminando hacia el altar para encontrarme con mi pelirrojo. Puse una sonrisa boba y cuando me di cuenta, ya tenía parada frente a mí a una rubia arrogante de largos rizos y enfundada en un corto vestido rosa chillón.
—Hola, Hermione.
—Hola, Lavender.
—Vaya fiesta la que se organiza hoy, ¿no lo crees? —dijo poniendo la sonrisa más falsa que se pudo conseguir.
—Sí, es la boda de mi mejor amigo… y mi cuñada —informé satisfecha con mi última aportación.
—Bueno, tu cuñada teóricamente. Aún no estás casada, nena —dijo con arrogancia—. Por cierto, ¿cuándo planean dar ese paso en su vida? Harry y Ginny tienen muy poco juntos y ya están a unos minutos de ser marido y mujer; ustedes tienen ya bastante tiempo y no se les ven ni las intenciones de seguir sus pasos. ¿O será acaso que Ronnie no quiere? —agregó con fingida sorpresa.
La miré seriamente. Sus intenciones eran obvias y detestaba que quisiera ponerme en duda a cada momento que me veía, pero era imposible que no lo lograra, tenía que reconocer que Lavender Brown era una chica muy guapa y no poseía más defecto que su arrogancia, que al final de cuentas para mí no era demasiado si se comparaba con mi enorme defecto de falta de uno de los cinco sentidos. A veces, ella me recordaba a todas las personas que se dedicaban a molestarme en mis años escolares y quizá esa era la principal razón por la que sus palabras lograban encontrar el lado vulnerable de mi corazón y lo destrozaban al más mínimo contacto.
—No quiero alarmarte, querida —continuó hablando—, pero, ya sabes lo que se dice "La novia del estudiante nunca es la esposa del profesionista" y no veo que sea mentira… al menos no hasta ahora.
Habla, Hermione. ¡Contéstale algo! ¡Dile que se equivoca! Gritaba una voz en mi mente. Pero mis labios no podían pronunciar palabra alguna, parecía que no tuviera un argumento lo suficientemente fuerte para ganar, por lo tanto, permanecí callada.
—Bueno, te lo dejo de tarea, nena. Tengo que irme. Los veo en un rato —dijo y salió disparada por las escaleras.
Me quedé mirando hacia el sitio en el cual había desaparecido, pensaba en lo que me había dicho.
Se equivoca, no le creas. Me decía esa extraña voz.
No quería creerle, no quería que supiera que sus palabras me hacían daño, que encontrarme con ella era sacar las inseguridades a flote, demostrarme que yo aún tenía ciertos miedos que creía olvidados y me dolía saber que sus palabras hirientes me hacían dudar de todo aquello que había vivido, que había sentido y que mi propio novio me había dicho.
Una presencia me sacó de mis pensamientos. Volteé la mirada hacia mi derecha y una radiante sonrisa me recibió.
—Hola —dijo Ron
—Hola —respondí con cierta alegría.
— ¿Lograste controlar a la novia? —preguntó mi pelirrojo.
—No fue difícil en realidad —resté importancia encogiendo los hombros—. ¿Qué tal te fue a ti con el novio?
—Nada mal. Ya sabes, tengo algo de práctica… todos mis hermanos dando este alocado paso, tiene que servir de algo, ¿no crees? —lo miré atentamente, con todo lo que me había dicho Lavender, eso de "alocado paso" sonó muy mal… bueno, no fue muy bien recibido por mi vista— ¿Estás bien? —preguntó analizándome con la mirada.
—Sí, eh… bien, bien. ¿Dejaste a Harry solo? —intenté cambiar el tema.
—Sí, la verdad es que me gustaría que hablaras tú con él. Yo y mis hermanos era fácil, pero ahora creo que tú conoces mejor a Harry que yo. ¿Tú dejaste sola a mi hermana?
—No. Se quedó con tu mamá y no quise molestarlas. No es como si el hecho de que no las mirara hiciera que me enterara de algo, ¿verdad? Pero pensé que sería lo mejor —bromeé un poco, haciendo que Ron soltara una pequeña risa—. Voy con Harry, debo hacer el papel de amiga tranquilizadora antes de que suba James a verlo —dije haciendo ademán de retirarme. Ron evitó lo último tomando mi mano y jalándome hacia él, atrapando mis labios al instante.
—Te amo. Lo sabes, ¿verdad? —dijo él con mi rostro entre sus manos y mirándome con sus intensos ojos azules, después de su dulce beso.
—Lo sé —respondí.
Me acerqué a él y volvimos a sumirnos en nuestro amor entregado en un apasionado beso.
—En serio tengo que ver a Harry —le dije en un pequeño momento en el que nos separamos para tomar aire y seguir explorando la boca del otro.
—De acuerdo —accedió Ron unos minutos después.
—Dile a Ginny que espere a que regrese y que no toque nada, ¿sí?
Mi pelirrojo asintió con la cabeza.
—Te veré en el altar —dijo con una enorme sonrisa y liberándome del abrazo en el que me tenía acorralada y del cual no tenía ganas de escapar.
Deposité un casto beso en sus labios y di un paso hacia la habitación en la que estaría mi amigo. La mano de Ron no soltaba la mía, lo miré divertida y di un paso más. Ron seguía sin soltarme. Di dos pasos más, pero esta vez en dirección hacia él y volví a besarlo, él correspondió a mi beso, sabía que yo caería en su juego, así que estuvimos repitiéndolo un par de veces más, hasta que por fin fui corriendo en auxilio de mi amigo con una sonrisa en el rostro y, por un momento, olvidando todo lo que la rubia había intentado sembrar en mí.
Llamé a la puerta un par de veces y por ella mi querido amigo, con su negro y muy pulcro traje, me recibió.
—Hola, novio —le dije cuando entré en la habitación en la que estaba resguardado.
—Hola, ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con Ginny?
—Venía a informarte que la novia ha decidido cancelar todo e irse a México —bromeé con la mayor seriedad que pude.
Mi pelinegro amigo perdió el color en su rostro y me miró atentamente a través de sus redondas gafas.
— ¡Es broma! —le dije riendo al ver su reacción—. Ahora sabes que tu peor temor ya "ocurrió" y no hay de qué preocuparse.
—Tú lo que quieres es dejar viuda a la novia antes de que se case, ¿verdad?
Harry se acercó a mí y comenzó a hacerme cosquillas, haciendo que riera hasta el cansancio. Después de eso nos quedamos sentados en la cama mirándonos atentamente.
— ¿Nervioso? —pregunté
—Después de tu bromita, debo aceptar que mis nervios disminuyeron considerablemente.
—Esa era la idea —comenté sonriéndole.
— ¿Crees que es buena idea… casarme hoy? —preguntó mirándome atentamente.
—Aunque no fuera buena idea, estás a minutos de hacerlo y no puedes retractarte —. Harry me miró con los ojos entrecerrados —Harry, ella te ama, tú la amas, ¿qué más quieres?
—Pasar el resto de mi vida con ella —respondió sin dudar.
—Entonces es buena idea.
Me acerqué a él y le di un caluroso abrazo, justo como el que él necesitaba y justo como el que yo necesitaba.
— ¿Estás bien? —preguntó cuando nos separamos. Esta vez no pude evitar que algunas lágrimas salieran de mis ojos.
—Es que estoy muy feliz por ustedes —me excusé.
Sabía que no podría engañar a mi mejor amigo, él me conocía mejor que nadie y me haría hablar a como diera lugar, así que me sequé las lágrimas y lo miré atentamente.
— ¿Qué pasa? —preguntó.
—Tengo miedo, Harry —expresé ante él. Su mirada me incitó que continuara—. Es que, los veo a ustedes tan contentos y seguros de querer pasar la vida entera juntos, que tengo tanto miedo de lo que pueda pasar. Ron es una persona increíble, lo amo demasiado, pero no puedo evitar pensar que en cualquier momento se puede dar cuenta de lo poco que puedo ser para él. Tengo una maldita discapacidad y él… él… él podría buscar a alguien más que no tenga nada, ¡nada de nada!, y tendría derecho a irse con ese alguien, él es exitoso y sé que su futuro será brillante, pero ¿yo qué soy para él? Solo su novia y ya. Pero eso no es lo que me preocupa, lo que me duele es pensar que todo esto ha sido una ilusión, una parte en mi vida que tengo que disfrutar porque no sé que pueda pasar después, quizá tengo que sufrir de nuevo, ¡y no quiero que eso suceda!
Ya estaba, lo había dicho, había expresado mis mayores miedos a la persona en la que más confiaba y estaba totalmente segura que él sabría qué decir o qué hacer.
—No tienes por qué pensar eso. Ron te ama, se le ve en la mirada, no sólo la que pone cuando te ve, sino también la que pone cuando habla de ti, cuando está pesando en ti. Ven aquí —pidió acercándose y abrazándome con ternura de hermano—. ¿Quién te hizo pensar en todo esto, eh? Tú no te ponías tan mal desde hace mucho —me dijo cuando volví a mirarlo—. Sea quien sea, quiero que tengas en la mente que eres una persona extraordinaria. No necesitas escuchar con los oídos, si sabes escuchar con el corazón, y Ron lo sabe mejor que nadie —limpió mis lágrimas con sus manos y me levantó de la cama—. Ahora, arriba el ánimo que la boda está por comenzar y mi padre está llamando a la puerta.
Asentí con la cabeza y le di un último abrazo, le deseé suerte y fui directo a la habitación de la novia, tendría que arreglar dos maquillajes en menos de cinco minutos.
La ceremonia de la boda dio inicio a la hora y lugar determinados, la familia Weasley y Potter se hallaba reunida en el lugar a la espera de la novia. En cuanto ella hizo aparición, todas las miradas se concentraron en ella, excepto dos, la mía y la de Ron. Nosotros sólo nos preocupábamos por mirarnos a nosotros, como si no existiera nadie más. Mi corazón latía contento cuando mi mente se imaginó que la novia no era la pequeña pelirroja, sino yo, y era yo la que celebraría ese acontecimiento.
Le sonreí a mi pelirrojo y él me devolvió la sonrisa de inmediato. Nos quedamos parados frente a frente y al lado de los novios, para así "escuchar" la ceremonia que el padre daría esa tarde.
Cuando la ceremonia terminó y el sacerdote anunció ante todo el mundo que Harry y Ginny ahora eran marido y mujer todos rompimos en aplausos. Los novios se acercaron poco a poco y con una radiante sonrisa de oreja a oreja, se besaron, demostrándose así su amor y devoción. Fue un beso largo y tranquilo, que a mí me hizo sonreír, sabía que mi amigo la amaba y el verlo feliz era también mi mayor felicidad.
Durante la recepción (que se hizo prácticamente a un lado de donde había sido la misa), felicitamos a los novios y estuvimos paseando por el lugar. De vez en cuando veía a Lavender que me miraba con cierto recelo al estar paseándome con mi novio, sus palabras aún estaban en mi mente, pero trataba de ignorarlas cubriéndolas con las que Harry me había dicho.
Cuando el sol comenzaba a ocultarse, decidí alejarme de todo el alboroto de la fiesta, necesitaba un tiempo a solas para pensar en todo lo que había pasado en el día. Después de la charla con Lavender, caminar un poco por los jardines me hacía relajarme un poco, ella lo había logrado de nuevo, sabía donde darme y yo detestaba eso.
Una mano tomó la mía y la mirada azul de mi pelirrojo intentaba averiguar lo que pasaba.
— ¿Estás bien?
Asentí con la cabeza tratando de sonreír un poco, pero después decidí que hablar era lo mejor que podía hacer para olvidarme de las inseguridades de una vez por todas, porque por más que Harry, mis padres o alguien más me dijeran que todo estaba bien, lo que yo necesitaba era escuchar esas palabras de él, de la persona que más amaba.
—Necesito… decirte algo.
—Dime —pidió después de dar un visible trago.
—Ron, ¿tú crees…? —pero no pude terminar mi pregunta, puesto que vi como Ginny corría hacia nosotros y nos llamaba con las manos.
— ¡Vamos! ¡Es hora de que lance el ramo! Tienes que atraparlo tú, Hermione —dijo tomando mi mano y jalándome de vuelta a la carpa en la que se celebraba la boda.
En el centro de la pista ya se encontraban reunidas todas las mujeres solteras que había en el lugar. Ginny se subió al escenario y miraba a todas con una sonrisa maléfica. Decidí ponerme lo más atrás que pude, principalmente porque no quería ser golpeada por ninguna de las locas chicas que ansiaban ganar el ramo y también porque después de las escasas bodas a las que había asistido, me había dado cuenta que la chica que se encontraba más atrás era quien ganaba regularmente el ramo… y yo quería ganar ese ramo.
Analicé el lugar con detenimiento, todas las personas que no estaban en el centro, estaban sonrientes esperando que la novia hiciera su lanzamiento, vi que Ron me miraba divertido con los brazos cruzados. A lo lejos, Lavender también le lanzó una sonrisa que él ignoró. Me concentré en Ginny, se preparaba para hacer lo que debía, primero, y como toda novia, engañó a todas, pero al segundo "engaño" en realidad sí lanzó el ramo. Como sospeché, éste fue directo a mis brazos sin impedimento alguno. La señora Weasley me dio un fuerte abrazo y un par de besos. Cuando volteé la mirada hacia donde estaba Ron, no pude encontrarlo, por un momento pensé que estaba huyendo de eso, como si el hecho de atrapar el ramo fuera la razón para comprometernos y mi mente trabajó muy rápido en mi contra, haciéndome creer que él no quería nada conmigo. Sentí que me dolía el pecho. Mis sospechas hechas realidad.
Molly me miró sonriente, pero yo lo único que quería era desaparecer.
— ¡Mira! —leí en sus labios y vi que señalaba hacia el lugar en el que estaba Ginny segundos antes.
Volteé a ver lo que ella me decía y me llevé una enorme sorpresa al encontrarme a Ginny, Harry y Ron parados con el micrófono en las manos.
—Bueno, hoy les tenía una oferta especial —dijo Ginny tomando a su hermano del brazo. Por fortuna la distancia era corta y podía leer los labios de todos ahí—. Sólo que olvidé mencionarla antes de lazar el ramo —Harry le sonrió a su esposa y negó con la cabeza—. La chica que atrapara el ramito se quedaría con el hermano que tengo a mi lado. Me quiero deshacer de él ¡ya! —bromeó y rió.
Ron me miró sonriente y tomó el micrófono.
—No es que quiera agradecerle a mi hermana el que me haya puesto en oferta —dijo—. Pero lo cierto es que por primera vez me agrada su idea —comenzó a bajar por las escalerillas del escenario y se puso frente a mí—. Hermione, ya que fuiste tú quien atrapó el ramo y tienes la obligación de quedarte conmigo, sólo hay algo que quisiera pedirte hoy —mi corazón bombeaba rápidamente, de la misma manera en la que descubrí que me había quedado muda. Ron se puso de rodillas frente a mí, sacó de su bolsillo una cajita azul eléctrico y la puso frente a mí—. Mi amor, ¿quieres pasar el resto de tu vida a mi lado? ¿Te casas conmigo? —abrió la cajita revelando un delicado anillo de zirconias con un corazón al centro.
Comencé a hiperventilar, llevé una mano a mis labios que ya curvaban una sonrisa y asentí con la cabeza.
— ¡SÍ! ¡SÍ QUIERO CASARME CONTIGO! —grité a los cuatro vientos.
Ron se levantó, colocó el anillo en mi dedo y me besó con entusiasmo y felicidad.
Lo único que ahora pasaba por mi mente era que me convertiría en la señora Weasley y mi corazón no cabía de felicidad al saberse amado.
