Buenas a todos mis queridos lectores y lectoras. Aquí me tienen con un nuevo capítulo de este pequeño bebe que me ha enamorado escribir. Espero perdonen mi tardanza, pero debido a la universidad y algunos problemas que tuve hasta ahora pude terminar, pero no solo eso, sino que también mi musa me había abandonado, regresando hasta ahora con una nueva y, a mi parecer, grandiosa idea.

No diré mas, solo que tengan paciencia. En el próximo capítulo viene la idea que les mencione. Al final les explico la razón, ¿vale? Ahora sí, es hora de leer. Espero lo disfruten tanto como yo lo hice al escribir. Nos vemos abajo.

Disclaimer:My Little Pony: Friendship is Magic no me pertenece, sino a Hasbro y a la gran Lauren Faust. Yo solo hago uso de sus personajes para mi propio entretenimiento y el de algún que otro lector.

Summary: Mi nombre es Big Macintosh, y aquí escribo como ocurrió mi primera gran aventura. Les contaré como fue que encontré la felicidad, los momentos felices y no tan felices. Aquí narro mis recuerdos, desde que la conocí… Hasta que alcancé la Luna.

Hasta que Alcancé la Luna

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Aspros

Memorias 2: Presentación familiar.

Big Macintosh caminaba hacia un árbol con buena sombra dispuesto a tener una bien merecida siesta después de un arduo día de trabajo y una abundante y deliciosa comida. Se acomodó en el suelo y recargó parte de su peso en el tronco dispuesto a descansar.

Sin saber el porqué, no pudo evitar pensar en la razón por la cual se encontraba solo en ese preciso lugar y momento, sin su hermosa esposa recostada a su lado, disfrutando de las tardes frescas de Sweet Apple Acres, a la sombra de un manzano, mientras compartían una fresca jarra de limonada y unos bocadillos. Y ahí fue cuando sonrió al recordar dicha razón… Luna a veces podía ser muy terca y obstinada.

Big Mac era un semental simple, con gustos nada fuera de los comunes, que disfrutaba de los pequeños placeres de la vida; una buena comida, una buena sesta después de trabajar, besar a su esposa y hacerle el amor hasta que esta no pudiera levantarse. Pero al parecer, su esposa se había enganchado férreamente a la idea de ser una Apple más, y eso significaba hacer muchas cosas que la realeza no tenía ni la más remota idea de cómo hacer. Él ya le había dicho que era perfecta tal cual era, pero también había descubierto que el uso de la Real Voz de Canterlot puede convencerte de cualquier cosa.

Así que era por esa razón, por la cual la princesa Luna, la co-gobernante de Equestria y reina de la noche, ahora se encontraba en la cocina de la vieja granja, intentando hacer una buena comida bajo las estrictas y conservadoras enseñanzas de la Abuela Smith.

Al parecer tendría mucho tiempo esperando a su amada esposa, por lo cual saco su pequeño cuaderno de la mochila que llevaba a su costado, ya que había descubierto que la inspiración podía llegar en el momento y lugar menos esperado, y si quería sorprender a su esposa con este pequeño regalo, debía escribir todos y cada uno de sus bellos recuerdos, para vivirlos de nuevo, y como en el siguiente caso, para reírse de ellos en un futuro cercano.

Hojeo entre las páginas que ya había llenado y comenzó a escribir, entre pequeñas risas y con los ojos con un brillo travieso… el siguiente recuerdo era de los mejores.

-Si no quieres hacerlo Luna, no te preocupes- dijo el por tercera ocasión al verla frente a la entrada de Sweet Apple acres.

Ambos habían acordado, siendo más un pedido obligatorio de Luna para presentarse ella misma a su familia, como lo dictaban las normas de etiqueta de Canterlot. Esto por poco y hace reír a Big Mac, pero lo que casi le causo dolor de estómago fue el hecho de saber que estas normas tenían en desuso más de mil años. Pero amaba a Luna, y mientras no fuera nada peligroso, haría lo que ella deseara.

Y por ende, ahora se encontraba frente a la granja, sin que Big Macintosh pudiera ocultar la sonrisa ante la indecisión de la princesa de la noche para atravesar el portal.

-Debo hacerlo, una yegua debe ser aceptada por la familia de su pareja- dijo ella con seriedad. –Además, tú te presentaras con mi hermana, ¿no es así Big Mac?-

El sólo se quedó callado, en verdad no se imaginaba frente a la princesa Celestia pidiendo permiso para cortejar a su hermana menor. No es que le temiera, sabía que la reina del sol era amable y bondadosa, pero el hecho de estar en el castillo, rodeado de guardias fuertemente armados lo hacían dudar acerca de su seguridad en dicho lugar.

-Ya está, voy a entrar-

Big Mac suspiró, era la tercera vez que decía esa frase. Así que para darle un poco más de valor a su hermosa novia, comenzó a caminar hacia la granja, ante la expectante mirada de Luna que lo veía alejarse sin hacer movimiento alguno.

-¿Vienes, amor?- dijo Big Mac volteando hacia ella, sonriéndole con confianza.

Luna correspondió el gesto envalentonado y comenzó a avanzar detrás de él. Big Mac en cambio estaba sudando la gota gorda. Jamás pensó que a Luna se le podría ocurrir querer presentarse personalmente a su familia, no lo aparentaba, pero estaba imaginando en su cerebro como podría reaccionar la abuela Smith y Applejack ante semejante noticia.

-¡Princesa Luna!-

Ambos voltearon para ver a una Applejack inclinando la cabeza en señal de respeto. Big Mac tragó fuerte.

-Puedes levantarte, portadora del elemento de la honestidad-

La yegua campirana miró extrañada a la princesa, volteando después para ver a un nervioso Big Mac, regresando la mirada a la princesa sin comprender la razón de su llegada.

-Puedo preguntar, ¿Qué hace aquí princesa?-

-Creo que sería mejor hablar dentro, Applejack- dijo Luna.

Y así lo hicieron. Haciendo espacio para dejarla pasar, entraron a la pequeña y humilde cocina donde una abuela Smith tarareaba una canción mientras se movía al son de la música. Al verse descubierta, los invitó a ocupar la mesa que no tardó mucho en ser ocupada por varias tazas de té y variados platillos con postres de manzana.

-Esto concierne a todos los Apple, así que agradecería que se quedara usted también, Abuela Smith-

No cabe decir que Big Mac estaba con la boca abierta, que Luna hubiera dicho eso querría decir que soltaría la bomba frente a todas, sin contar el hecho de que la había llamado abuela, ¡su abuela!

-Si quiere hablar con todos, princesa, debemos esperar a Apple Bloom- dijo la vieja Smith.

-¿Qué tendría que ver Apple Bloom en todo este asunto?- preguntó Applejack.

-Porque hay algo importante que debo decirles-

Big Macintosh, el gran semental carmesí, quien podía tirar un árbol de una patada estaba al borde del colapso nervioso. Luna estaba considerando en serio decírselos sin suavizar el terreno.

-¿Es sobre la relación que mantiene con mi nieto, princesa?-

Y todo sucedió en cámara lenta. Big Mac se atragantó con su cidra y por poco la escupe en la cara de su hermana si no hubiera logrado desviarse hacia donde no había nada. Applejack en cambio, se quedó callada, procesando lo dicho. Luna se sorprendió por la deducción de la anciana, pero ella sabía que los personajes más viejos eran los más sabios, así que solo sonrió y asintió en respuesta.

-¡¿Qué?!-

Big Mac miro a su hermana con serenidad, intentando calmarla más parecía que ella no haría caso, tenía la mirada perdida y la boca abierta y él no sabía el por qué esa reacción.

-Pero, ¿cómo sucedió? ¿Cuándo?-

-Hermana- dijo el semental en un susurro, mas fue ignorado por su alterada hermana.

-Big Mac, ¿Por qué no nos lo dijiste antes?- dijo ella con una mirada abatida.

Acto seguido se levantó y salió de la cabaña, alejándose de todos. Big Macintosh pudo observar consternado como ella había salido con lágrimas en los ojos, y sin pensarlo siquiera la siguió, no sin antes calamar a Luna y a su Abuela, el se encargaría de este problema, él era el hermano mayor después de todo.

Buscándola en los alrededores, avanzó hasta los lugares preferidos de su hermana: dentro y fuera del granero, troto hacia los manzanos, mirando a todos lados, preocupado por ella. Gracias a Celestia no tardó mucho en encontrarla, cerca de un riachuelo.

-Applejack- dijo el acercándose despacio.

-No quiero hablar contigo-

-Applejack, ¿qué sucede? ¿por qué te comportas así?- preguntó el preocupado, nunca había visto a su querida hermana actuar de esa forma.

-¿Cuándo te iras?- dijo ella en un susurro que Big Mac no supo si lo había escuchado o fue solo su imaginación.

-¿Qué?-

-¡Sí! ¿Cuándo te iras?- dijo ella volteándolo a ver con las mejillas mojadas por las lágrimas que aun escapaban de sus ojos enrojecidos.

Él no sabía que decir, "¿Irse? ¿A dónde? ¿Por qué?"

-Applejack, ¿de que estas hablando?-

-¡Te iras! ¡Te iras como nuestros padres! ¡Me dejaras sola!...-

Un golpe detuvo los gritos de la yegua dejándola sorprendida. Big Mac la miraba furioso y ella, aun con la grimas en los ojos no dejaba de observarlo, tan serio e imponente en toda su altura.

-¿Crees que me iría, dejándolas?-

La furia dejo paso a una mirada triste en su rostro. Sin decir más se acercó a su hermana para abrazarla y mantenerla cerca de su pecho. Allí, ella pudo llorar un poco más, sabiéndose protegida por los fuertes brazos de su hermano.

-Jamás las abandonaría- dijo el en un susurro. –Mi familia es lo más preciado que tengo en la vida-

Applejack lo miró a los ojos, viendo verdad en ellos. Agachó la cabeza sintiéndose avergonzada ante la idea que tenia de su hermano.

-Gracias Big Mac, de verdad muchas gracias- dijo ella devolviéndole el abrazo.

Ambos hermanos permanecieron abrazados durante unos minutos, asegurándose que jamás se separarían, que ambos cuidarían de su hermanita y de la Abuela Smith, de la granja y de toda la familia Apple.

-Vamos, es hora de regresar… No querrás hace esperar a tu novia, hermano- dijo ella, con una sonrisa en el rostro.

Big Mac sonrió en respuesta, comenzando a seguirla. Después de todo, tenía buenos ánimos, este día sería divertido.

Después de aquello, cuando regresaron a la granja, ambos se encontraron a una furiosa Abuela Smith regañando a la princesa Luna ya que, en sus propias palabras "Una yegua debe ser capaz de mantener a su pareja" por qué, aprovechando la ausencia de los hermanos, la anciana pudo interrogar (y torturar psicológicamente) a la princesa descubriendo que ella no tenía ni la más remota idea de cómo mantener a una familia. Tiempo después Luna le comentaría como había sido sometida en 10 minutos, al peor interrogatorio de su vida.

Durante muchos días Equestria se vio gobernada por Celestia únicamente, ya que la co-gobernante tenía clases de cocina y todo lo que pudiera enseñar la anciana matriarca de la familia. Debía admitir que para su amada Luna fue difícil, en un principio todo lo que cocinaba era material no comestible, pero el amor que le profesaba le hacía comerlo aun así, sin importar que terminara enfermo del estómago varios días, ni que decir de las demás tareas como la limpieza del granero o la cosecha de manzanas. Pero eso será otra historia.

Big Mac dio por terminada su tarea cuando escuchó el grito de las féminas para comer. Guardo su diario en la bolsa que tenía a su costado y emprendió el camino de regreso, viendo a lo lejos como su amada esposa agitaba su casco llamándolo. El levantó el suyo y le sonrió a la distancia, ansioso por probar su postre favorito, y no, no era algo que alguien pudiera hacer o preparar, porque el sabor de los labios de su princesa era el mejor, y nada, nunca jamás, lo superaría.

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Ya estaba atardeciendo cuando decidieron salir a pasear por el centro de Ponyville. Ambos caminaban al lado del otro, sin preocuparse de las pocas miradas que aun algunos habitantes mantenían sobre ellos. Después de tanto tiempo la mayoría se había acostumbrado a verlos pasear, sin embargo, había aun algunos sorprendidos de ver a la princesa de la noche, mas acompañada de alguien, sin embargo, él ya se había resignado a que Luna siempre llamaría la atención fuese a donde fuese, aunque eso no evitara que fuera un especialista en mandar miradas furtivas y de advertencia al macho que miraba a su esposa, sin que nadie más se diera cuenta.

Avanzaron hasta llegar a la vieja biblioteca de la villa, donde una impaciente Twilight los esperaba moviéndose de un lado a otro. Al verlos llegar esta sonrió y corrió hacia la princesa, saludándola efusivamente con un abrazo. El semental rojo solo asintió como único saludo, y no pudo evitar reír un poco ante la negativa de su esposa al saludar tan enérgicamente a todos de esa manera. Era algo que siempre le causaba gracia y que Luna jamás olvidaba reprocharle.

Los tres entraron al recinto lleno de estantes repletos de libros, unos tan antiguos que las pastas ya estaban gastadas y otros tan nuevos que no tenían ningún rasgo de desgaste. Ambas alicornios avanzaron hacia una estantería donde observaron viejos escritos, papiros repletos de polvo y uno que otro libro desgastado.

Big Mac se acercó a la pequeña mesa que hacía de sala de espera dentro de la librería y se dedicó a observar a ambas yeguas en su entretenida tarea. Con parsimonia y observando a su esposa que hojeaba muy concentrada las páginas de un viejo manuscrito, bebió el té que el pequeño dragón le había traído. Él no era muy ávido de la lectura pero sabía apreciar una buena novela antes de dormir, o una buena lectura en sus momentos de descanso, pero de ahí a la obsesión que tenía su esposa y la señorita Twilight era otra cosa. Aunque debía decir que amaba ver a Luna leer; ver sus cejas fruncirse al no comprender del todo una página o verla sonreír cual pequeña potrilla al poder leer un final feliz, las discusiones que ambos tenían por lo bueno que era el protagonista o lo malo que era el antagonista. Un sinfín de situaciones que amaba ver en su esposa cada día.

Y ahora, viéndola ahí, mientras levitaba un libro al lado de su rostro, y se estiraba lo más que podía para alcanzar otro en lo alto de la estantería, no podía evitar desearla como su hembra, porque eso era Luna para él, su esposa y su amante, y verla enseñar esos hermosos flancos delante de él, solo le alteraba el autocontrol que decía tener.

Big Mac se levantó del lugar de donde se encontraba y alcanzó el libro que su esposa con tanto afán quería obtener. Le dio un pequeño beso en sus labios antes de regresar a su lugar, para no interrumpirlas en su tarea. Se apoyó en la mesa y se dedicó a degustar su bebida con la mayor calma posible.

-Querido, ¿No quieres ayudarnos?- dijo su esposa.

Big Macintosh se levantó sonriente, pensando divertido cuanto tiempo se tardó su esposa en preguntárselo.

Acto seguido todos estaban realizando sus debidas tareas, Luna y Twilight leyendo los libros mientras el semental y el pequeño dragón se divertían buscando entre las altas estanterías. Entreteniéndose de cuando en cuando en las diferentes portadas y prefacios que cada libro recitaba. Hojeando cada obra, buscando su objetivo, o al menos algo de su agrado. Revisando cada tomo que hallaba, no se percató hasta que una dulce melodía llegó hasta sus oídos.

"Once did a pony who shone like the sun

Look out on her kingdom and sigh

She smiled and said, "Surely, there is no pony

So lovely and so well beloved as I"

El sin notarlo comenzó a cantar al unísono con su amada, rememorando la primera vez que la escucho interpretar tan bella melodía.

Y siguió cantando en voz baja, sonriendo. Ya sabía que escribiría en su diario la próxima vez.

Continuara

Ahora, aquí están mis razones del por qué lo corte así. En un principio quería poner la presentación de Big Mac con Celestia, algo cómico. Pero entonces vi y escuche algo. Una hermosa melodía, tan bella que me cautivo y me brindo una gran idea. Tomen este capítulo como una primera parte, ¿vale? Así el siguiente continuara, ya verán, es una sorpresa.

Por cierto, espero que en sus opiniones me brinden ideas. A valenor el erante 2 y Cain Bizarre, muchísimas gracias por comentar, son un gran apoyo y me motivan a esforzarme cada vez más. Y a hacerla más cursi ajajajaja. TVentusT, muchas gracias por tu opinión, así que espero me des ideas de las escenas que podríamos ver en un futuro. ¡Sorpréndeme compañero!

A aquellos que pusieron esta historia como favorita o que la están siguiendo, de verdad muchas gracias. Son los mejores lectores que un novato escritor puede tener.

Sin más que agregar. Me despido. Cuídense mucho.

Nos leeremos pronto, ¿vale?