¡Hola mis queridos lectores y lectoras! De veras, muchisisisisisimas gracias por todo su apoyo. Lamento en verdad la temible espera, pero en verdad mi trabajo me ha absorbido a niveles críticos. Pero tengan fe, confíen en mí y les prometo esforzarme mucho para que se diviertan y sientan toda una diferente gama de sentimientos, ¿vale? Sé que están esperando ver la escena de Celestia y Big Macintosh, pero tendrán que ser pacientes, ya que si muestro la mejor (o de las mejores) partes de la historia, perdería a grandes lectores y aun no quiero eso jajajaja.
Así que espero disfruten esta historia que en lo personal me pareció muy tierno y algo triste, así que sigan mi recomendación. Cuando conozcan al personaje nuevo, pongan algo triste y déjense llevar. ¡Lloren señores y señoritas! Jajajaja
Disclaimer: My Little Pony: Friendship is Magic no me pertenece, sino a Hasbro y a la gran Lauren Faust; yo solo hago uso de sus personajes para mi propio entretenimiento y el de algún que otro lector.
Summary: Mi nombre es Big Macintosh, y aquí escribo como ocurrió mi primera gran aventura. Les contaré como fue que encontré la felicidad, los momentos felices y no tan felices. Aquí narro mis recuerdos, desde que la conocí… Hasta que alcancé la Luna.
Hasta que Alcancé la Luna
By
Aspros
Memorias 4: Un simple Deseo Parte 1
El sol se alzaba sobre las lejanas colinas que aun pertenecían a Sweet Apple Acres. La luz del astro rey penetró por las cortinas y alcanzó los ojos del semental rojo haciendo que este girara sobre su cuerpo para evitar despertar.
-Mac- susurró una voz a su lado.
Big Macintosh abrió los ojos y pudo observar a su lado a la dueña de sus sueños. Recostada en su brazo se encontraba Luna, durmiendo cual bebe después de un largo día de juegos. Le encantaba verla así, en paz, sin preocuparse por tontas reuniones o diplomacia.
"Si de mi dependiera, ya habría mandado a volar a todos esos dignatarios hasta la semana pasada"
Besó su frente haciendo que esta sonriera en sueños y se levantó con sumo cuidado de no despertarla. Estiró sus extremidades para desentumirlas como si fuera un gato e hizo tronar algunas de sus articulaciones. Le encantaba la sensación que eso le producía.
Miró hacia su escritorio y buscó entre las gavetas su diario. Hoy no escribiría mucho en verdad. No tenía tanto tiempo antes de que Luna despertara. Abrió el cuaderno y busco la ultima página, una hoja de papel llena de letras, tachones y rayones. Incluso se podía leer en una esquina de la hoja un "esfuérzate" autoescrito para darse ánimos.
Vamos, sean comprensibles. No muchas veces tu esposa cumple años.
Había comenzado desde hace dos días. Anotaba los mejores regalos que se le ocurrían pero nada le parecía, siempre hallaba una razón para tirar por la borda el obsequio pensado. Así había sucedido con uno y otro, desde un libro ("no porque ella tiene una biblioteca personal") hasta un abrigo de piel de una osa mayor ("nota mental: pedirle ayuda a Twilight").
Volvió a rayar una idea y golpeó con su cabeza la madera del escritorio tan fuerte que despertó a una perezosa Luna. Ella abrió los ojos extrañada por el fuerte golpe y vio a su esposo con la cabeza apoyada en la orilla del escritorio.
-¿Qué puedo regalarle?- se pregunto a si mismo.
Luna supo de inmediato a que se refería. Siempre era lo mismo cada año, y como cada vez, ella le repetía que no importaba que era lo que compraba o hacia, siempre seria valioso para ella si venia de él. Pero si había algo característico de los Apple, eso era su terquedad.
Luna hizo un poco de ruido para alertar a su esposo de su despertar y el volteó a verla sorprendido.
-Lo siento amor, ¿te desperté?-
Ella negó con la cabeza. Con sumo cuidado y pasos elegantes se acercó a Big Mac y le dio un corto beso en los labios. El no pudo dejar de notar que su corazón dio un vuelco de 360° ante la muestra de afecto de Luna. Un pequeño sonrojo inundó las ya de por si rojas mejillas del semental ganándose una pequeña sonrisa de la alicornio.
Siempre era lo mismo, ella le besaba y todo lo demás desaparecía. Todos sus problemas y preocupaciones, todo lo demás se volvía a segundo plano cuando ella le besaba.
-Amor, ya te dije que no tienes que regalarme nada, con que estés a mi lado, nada mas me falta-
Él sonrió ante esa respuesta; fue la misma que le dijo hace ya cuatro años en su primer cumpleaños juntos. Y aun así le sorprendía el poder de esa frase. No es que el pensara que exageraba, el en verdad sentía que con ella, no hacia falta nada mas; el mundo giraba en armonía. Que cuando la veía a los ojos, sentía algo tan profundo que no sabia como explicar con palabras, algo que le atrapaba como si fuera un niño frente a algo nuevo, frente a un hermoso tesoro que a pesar de verlo día a día, no se hacia común… se hacia mas brillante.
-Lo se- contesto simplemente. –Pero no puedo evitar demostrar cuanto te amo, de todas las formas posibles-
Ella sonrió siendo esta vez su turno para sonrojarse. –Parece que no podre convencerte- dijo ella y el negó con la cabeza, feliz. –Ustedes y su terquedad marca Apple-
Big Mac la vio negando y dejando escapar un suspiro de resignación, pero sin dejar de notar la alegría y diversión que había en su voz. La puerta de la habitación se cerró y el volteó de nuevo a su escritorio, dispuesto a aumentar la lista de sus posibles regalos.
Quince minutos de rayones y palabras mal sonadas después, se encontraba viendo a la ventana, mirando los incontables manzanos que se extendían a los largo de sus tierras sin ninguna idea de que regalarle a su esposa por su cumpleaños. ¿Qué le regalarías a alguien que lo tiene todo? Ni con todo el dinero que ahorrara en su vida lograría comprar algo como los tesoros que ella guardaba en su castillo. ¿Cuántas joyas, obras de arte y regalos magníficos guardaban ella y su hermana?
Bajó la vista resignado y logró ver su diario sobresaliendo en su pequeña mochila. Lo tomó y comenzó a hojear sus páginas. ¿Hace cuanto que no había escrito nada?
Una vez alguien le dijo "Nunca jamás habrá un regalo que le guste al 100% a una mujer, siempre le encontrara un defecto, tal vez no en el momento, pero después lo hará, esa es una ley universal. Sin embargo, eso no importa, por que somos machos, y es nuestro deber dar todo de nosotros para que, aunque le encuentren defectos, ese pequeño e insignificante presente, les saque una sonrisa"
"Mi cuñado y sus estúpidos momentos filosóficos… recuerdo que estaba ebrio en ese momento"
Pero en algo tenia razón el muy tonto; por mucho que costara, por mucho que se sacrificara, la sonrisa de la mujer siempre valdría toda la pena del mundo.
-¡Rage!- gritó Big Mac a lo lejos.
El pegaso de pelaje oscuro volteó a verlo deteniendo su paso hasta que el semental rojo le dio alcance. Se veía agitado, nervioso a decir verdad.
-¿Si?-
-¿Qué.. que le regalaste a Applejack en su cumpleaños?-
El pegaso lo miro con una ceja levemente alzada. Big Mac lo miraba esperando ansioso la respuesta. Pronto seria el cumpleaños de Luna y no tenia idea de que regalarle. Era un princesa después de todo, nada de lo que el pudiera comprar o hacer podría superar lo que ella ya poseía.
-¿Acaso tienes miedo de que tu regalo no le vaya a gustar a tu novia, Big Mac?-
-Si, si, lo que sea. Ahora dime-
-Pues, si insistes… le hice una cena romántica a la luz de las estrellas-
El semental rojo lo observó intrigado por la respuesta; después de todo, cualquiera que conociera a ese pegaso diría que tiene el romanticismo de una roca.
-¿Qué?-
-…Nada, es que una cena no le agradara a Luna. Ella come manjares en su castillo todos los días, ni con años de práctica yo podría hacer algo así-
-Se supone que la intención es lo que cuenta Mac-
-No estas ayudando Rage-
El pegaso dejó escapar un suspiro ante la insistencia y mal infundado pensamiento de su cuñado.
-¿Qué le gusta a la princesa Luna?- pregunto Rage.
-A ella le gusta la tranquilidad, ver el cielo estrellado y la música clásica; le encantan los libros, se puede pasar horas leyendo una buena novela. También sé que le gusta escribir, creo que tiene planeada una novela-
-¿Le gustan las joyas?-
-No tengo el dinero para comprar una y lo sabes-
-Nunca dije la palabra comprar… y ni se te ocurra decir que pienso en robar, eh-
-Mmmhh, de igual manera, ella debe tener cientos de joyas-
-Eso es obvio Mac, pero se de buena fuente que en el antiguo castillo de Nightmare Moon, existe una joya capaz de colorear el cielo nocturno. ¿No crees que vale la pena buscarlo?-
-Cuando dices "buena fuente" te refieres a los libros de fantasías de Spike, ¿no es así?-
-….-
-Acerté-
-¡Ah, cállate!-
"Y así comenzó mi travesía por la tan afamada joya de la que yo nunca había escuchado. Y por si se lo preguntaban, si existía tal joya; claro que lo que Rage no me contó, es que existía una manticora enojada (vaya Celestia a saber porque) que tuve que enfrentar, una hidra con un pésimo sentido de la belleza y que necesitaba urgentemente un espejo, y por si fuera poco, a tres alocadas pegasos que parecían ansiosas de poner sus cascos en cualquier cosa que fuera calificada como "masculino".
-Estúpido Rage y su información incompleta-
Después de cruzar un puente de madera muy inestable me adentré al castillo. Debo decir que para ser la morada de Nightmare Moon aquí en la tierra daba mucho que desear. No por la atmosfera macabra y tenebrosa, sino por lo vacía y descuidada que se encontraba, aunque si consideramos los años que se ha encontrado abandonada y la gran cantidad de perros saqueadores, eso no es raro.
Los pasillos de roca eran fríos y mis cascos resonaban en la estancia como ecos en un abismo. Durante el trayecto a la sola del trono donde se suponía debía estar el tesoro siempre tuve la sensación de que algo me observaba, algo siniestro y malvado me veía desde las oscuras esquinas en cada rellano.
Cuando por fin vi la sala del trono corrí hacia donde se encontraban los restos de la estatua de Nightmare Moon, quería tomar lo que fuera que era el tesoro e irme de ese lugar que tan mala espina me daba. Barrí con mis ojos la estancia, no había nada más que polvo y rocas destruidas a mi alrededor. Cada segundo que pasaba mas me desesperaba, sentía como mi piel se erizaba con el frio viento que entraba por los grandes ventanales rotos.
Y entonces, lo más inesperado sucedió.
Un viento congelado se arremolino frente a mis ojos. Creí que moriría de un infarto si la soberana de la noche se aparecía frente a mí. Mis pies se paralizaron por el miedo y sin ser capaz de mover algún musculo de mi cuerpo me quede observando ese torbellino de viento y hojas.
-¡¿Quien hoza invadir el castillo de la Reina de la Oscuridad?!-
"Perdón Abuela, sé que nunca debí vender tu gallina que siempre me despertaba en la madrugada y decirte que se había escapado. Perdón hermanita por decir que tu novio no es mas que un mocoso aunque lo sea, y también perdón por lo mismo a ti Rage, aunque aun me caes mal. Perdón Luna, no podre asistir a tu cumpleaños"
-¡Responde intruso!-
-So…soy Big…Macintosh, su majestad-
-¡¿Qué es lo que haces aquí, intruso Big Macintosh?!-
Y mientras buscaba que contestar el remolino de aire no se detenía. Seguía frente a mí, ocultando la terrible imagen que me acabaría esa misma noche. El tiempo se agotaba y debía contestar algo, así que solo dije la verdad.
-Estaba buscando un regalo para mi esposa-
-¿Y por qué buscas un regalo en este lugar?-
De súbito, el remolino de viento y hojas se disipó y donde debía encontrarse la terrible e imponente imagen de Nightmare Moon se hallaba una pequeña potrilla alicornio que adornaba su cabeza con un sombrero de papel y cuyo pelaje azul resplandecía con la luz de la luna.
-¿Qué?-
No cabía en la sorpresa. Y aunque muy seguramente lo que se presentaba frente a mi no era mas que un fantasma, su minúsculo tamaño y su carita sonriente me reblandecían el corazón.
-Si, ¿Por qué buscas aquí un regalo, intruso Big Macintosh?- pregunto con curiosidad.
-Bueno, un amigo me dijo que aquí se encontraba un tesoro-
-En el castillo de Woona no hay tesoros, intruso Big Macintosh- dijo orgullosa. –Solo esta Woona-
A pesar de querer mostrarse valiente pude notar un dejo de tristeza en su voz y su mirada. Esa niña se encontraba sola en este desolado lugar y eso, en verdad, me destruía el corazón.
-Te llamas Woona- dije yo intentando parecer amigable. –Yo soy Big Mac-
-Intruso Big Mac-
-No, solo Big Mac-
-Pero un intruso es quien entra a la casa de otro, ¿no?-
Debo admitir que jamás pensé en tener una hija hasta ese entonces. Ver la inocente mirada de la pequeña, así como esa ingenuidad para con los extraños. Esa curiosidad que era parte de cada uno desde pequeño, así como Woona, así como Applebloom y sus amigas. Esa curiosidad que te obliga a contestar cualquier cosa con una sonrisa.
-Así es, pero también esta es mi casa, ¿no lo sabias?-
-¡Pero esta es la casa de Woona!- unas lagrimillas comenzaron a salir de sus ojos; tenia miedo de irse.
Coloqué mi casco sobre la pequeña cabeza de la potrilla revolviendo sus cabellos así como mi padre me hacia.
-Pero también es casa de la princesa Luna, ¿verdad?-
-¡Si! ¡Luna, la hermana mayor de Woona!- dijo ella brincando alegremente. Un momento después ella se detuvo y le lanzó una mirada que parecía todo menos suspicaz. –Pero… ¿Quién eres tú, intruso Big Macintosh?-
Al parecer jamás me dejaría de decir así, pero estaba bien, mientras ella se divirtiera.
-Bueno, yo soy el novio de Luna-
-¡¿Qué?!- grito ella sorprendida. -¿De veras?-
-Eeyupp-
-¿De veritas de veritas?-
-Eeyupp-
-¿De veritas, de veritas de las buenas?-
-Eeyupp-
-¡Siiiiii!- grito ella feliz lanzándose a darme un fuerte abrazo de oso que, a pesar de que su cuerpo era algo intangible, se sintió increíblemente cálido.
-¡Luna tiene novio! ¡Luna tiene novio!- bailó ella después de terminar nuestro abrazo.
-¿Y que haces aquí pequeña?- pregunté yo.
-Yo soy Woona! La guardiana de este castillo… ¡la pirata mas grande que ha conocido Equestria!-
No supe por que ni como, pero en ese momento me di cuenta que estaba hablando con una parte de Luna, tal vez un fragmento de su corazón o su alma, tal vez solo una muestra de su poder que cobró personalidad, no lo sabia en verdad pero, además de la alegría que ella mostraba, no pude dejar de notar la soledad que había en su mirada. Para cualquier pony, pegaso o unicornio, la soledad era terriblemente destructiva, pero para una pequeña potrilla, debía ser un infierno.
-Woona, ¿no quieres acompañarme a ver a Luna?-
-¡Si!- sin darme tiempo a responder, ella subió a mi lomo con alegría y desde allí, cual capitana, comandó la dirección. –¡Vamos, intruso Big Macintosh!-
Alguna vez escuche de alguien que el corazón podía explotar más de una vez, creo que fue de Spike, no estoy seguro. Había pensado que era completamente ridículo, pero ahora, en este momento, me doy cuenta que el corazón puede explotar dos veces, saltarse latidos y crear futuros. Y en este preciso instante mi corazón soñaba con una familia.
-¡Si capitana Woona!-
Después de ese corto intercambio de palabras, nos dispusimos a salir del castillo para ver a Luna. Para ese momento, mis preocupaciones sobre el dichoso regalo habían desaparecido, mostrarle a Luna un fragmento de su propia alma seria increíble, seguramente le gustaría volver a reunirse con su potrilla interior; quiero creer que ese será el mejor regalo.
Al momento de atravesar el portal del castillo escuche con sorpresa como ella se estrellaba contra una barrera invisible. Voltee a verla y me encontré con unos orbes verdes que me miraban con profunda tristeza. Alzó su casco y tocó lo que parecía ser un muro de cristal que le impedía pasar.
-¿Qué sucede?-
-No puedo salir de aquí Big Macintosh… olvide que estoy encerrada para siempre-
Esto no podía ser. Esa pequeña potrilla no podía quedarse en ese lugar para siempre. ¡Era sencillamente injusto! ¿Cómo un alma tan pura e inocente podría sufrir tan cruel destino? No importaba que fuera un fantasma, una ilusión o lo que fuese; sus ojos vidriosos eran de verdad, las pequeñas lágrimas que corrían por sus mejillas eran reales, y aunque yo no pudiera tocarlas, mi corazón también lloraba con ella.
-Vas a salir Woona, ambos iremos a la fiesta de cumpleaños de Luna-
Con todas mis fuerza lance un golpe al muro invisible y fui espectador de lo que ya me esperaba. Nada detuvo mi golpe, yo podía atravesar libremente esa barrera, no había nada que romper, no existía nada que pudiera hacer.
-No pasa nada Big Macintosh-
No hice caso, volvía mi vista a todos lados, intentando encontrar algo que me señalara el punto a romper, algo que me diera una pista.
-Big Macintosh-
Escarbaba en la tierra, movía las rocas, golpeaba el aire. Simplemente nada funcionaba.
-¡Big Macintosh!-
El grito de ella llamó mi atención. Allí estaba, tan tranquila e inocente; dirigiéndome una sonrisa tranquilizadora mientras las lágrimas se negaban a dejar de salir. Allí estaba ella, tan fuerte ante el hecho que yo no quería aceptar.
Me había equivocado, Woona no representaba la parte infantil de Luna. Representaba la fuerza de sus sueños.
-Vamos Big Macintosh, te mostrare el regalo que le encantara a Luna-
Sin poder mirarla a los ojos por lo inútil que me sentía, la seguí. Entramos de nuevo al castillo y esta vez nos dirigimos sin miramientos a la sala del trono donde por primera vez me encontré con ella.
Al llegar, esta vez se veía diferente. Ya no la veía con miedo o con pena. La veía con tristeza, como una prisión para una pobre e inocente criatura.
-¡Mira Big Macintosh!-
Al parecer había recuperado un poco de su sonrisa. Con alegría corrió hasta detrás del trono indicándome con su patita que la siguiera. Al dar la vuelta pude verla sonriéndome, sin embargo, mis ojos no la estaban observando a ella, sino al espectáculo que detrás de su figura se pintaba.
Una gama de colores jamás vistos se mostraba ante mí, todas las tonalidades se encontraban brillando en una sola estancia. Miré hacia abajo y pude ver como la luz de la luna se reflejaba en cientos de fragmentos de vitrales acomodados todos contra todos, haciendo que la luz formara el arcoíris más espectacular que había visto, y que pintaba la noche con su color.
Había amarillo, rojo, azul, ver, morado, todos los colores habidos y por haber. Color sonrisa, color alegría, color dicha, color inocencia y ternura, color te amo…
Y fue en ese momento que decide dos cosas. Primero, sacaría a Woona de ese lugar, costase lo que costase y segundo, le daría a Luna un regalo que pintaría todas las noches de color.
Continuara
¿Y bien? ¿Qué les pareció?
Gracias a Guest, Dark Fu, otra vez Guest, Seren Avro Tsukino, Cain Bizarre y valantil. Gracias chicos, son los mejores. Espero este capítulo les haya gustado y cumpla sus expectativas.
Y si, pronto veremos a Celestia, sean pacientes, quiero hacerlo lo mejor posible, ya que es lo que están esperando y no quiero defraudarlos.
Nos leeremos pronto, ¿vale?
