¡Hola!
Ay lo sé, seguro que ustedes me odian por lo que hice. Yo sé que no estuvo bien... pero no me arrepiento, yo sé que el final de esta historia (que será en el próximo capítulo) les gustará.
Gracias a todas por sus comentarios, sí, sé que es sorprendente y que cosas feas se vienen... pero mejor los dejo leer para que ustedes descubran lo que sucederá.
Los quiero.
Gracias por leerme
Love-Dreamer-HP
Capítulo 15
La enfermedad que cambió nuestra vida
Abrí la puerta con tranquilidad y el mayor silencio posible, como si de verdad alguien pudiera escuchar cómo me adentraba en esa blanca habitación. Trataba de guardar la compostura y demostrar que era fuerte, especialmente porque tenía que demostrar esa fortaleza con la persona que descansaba tranquilamente en la cama de ese solitario lugar. La vi contemplar su brazo y su mano como si fuera lo más interesante que había visto en toda su vida, como si jamás hubiese tenido conectadas esas cosas a su cuerpo, la vi subir su mirada hacia la solución que caía a gotas y entonces me vio.
Su mirada demostraba dolor, tristeza y arrepentimiento al mismo tiempo que suplicaba por un perdón.
— ¿Cómo te sientes? —pregunté esperando demostrar que no estaba molesto.
—Bien —susurró—, definitivamente mucho mejor.
Acerqué una de las sillas que estaban en el lugar y me senté a su lado, tomé su mano y la llevé a mis labios, sentí que se formaba un gran nudo en mi garganta, pero me resistí a dejar que me ganara, ya había llorado lo suficiente antes de entrar a verla.
— ¿Por qué no me lo habías dicho? —pregunté con la mayor calma que pude conseguir.
—Me enteré apenas hace un par de semanas, no sabía cómo decírtelo, te he visto tan ocupado y estresado que no quería preocuparte más y…
— ¡¿No querías preocuparme más?! ¡Hermione, estas cosas no se ocultan! ¿Olvidaste la parte de "En cualquier circunstancia" que dijimos en nuestros votos cuando nos casamos? —le grité desesperado. Llevé mi mano libre a mi cabeza y jalé de mi cabello, no quería gritarle, pero eso era exactamente lo que estaba haciendo.
—Lo siento —logró articular con voz temblorosa. Cuando dirigí mi mirada hacia ella pude ver que comenzaba a llorar—. Estaba asustada, no sabía qué hacer y cuando me di cuenta, tenía que ir a la primera sesión de quimioterapia. ¡Perdóname! —pidió llorando fuertemente, no pude hacer más que abrazarla y dejar que ella llorara en mi pecho mientras seguía pidiendo perdón cada cierto tiempo, yo sólo podía asentir con la cabeza dejando que el llanto también se apoderara de mí. ¿Cómo podía ser que nos ocurriera esto? ¿Cómo es que a ella que ya había pasado por demasiado le pasara algo así? Era injusto.
Después de varios minutos la tomé del rostro y la obligué a mirarme, aún llorábamos.
—Te prometo que saldremos adelante, vamos a vencer esto. Te lo prometo —ella asintió enérgicamente al tiempo que yo unía sus labios con los míos sellando así nuestra difícil promesa.
OoOoO
Llegué del trabajo y entré sigilosamente a la habitación en la que supuse que encontraría a Hermione, no fue difícil verla, ya que dormía tranquilamente en nuestra cama con su iPad a un lado. Me acerqué con lentitud y coloqué un delicado beso en sus labios con la esperanza de que despertara, ella se removió un poco pero continuó durmiendo por lo que hice lo mismo un par de ocasiones más, hasta que ella me respondió y sonreía sobre mis labios.
—Hola —dijo minutos después.
—Hola, dormilona —contesté sonriendo y recostándome a su lado.
—Llegaste temprano, ¿a qué debo el honor de su presencia a estas horas de la tarde, señor Weasley?
—Mi hermana llamó y nos invitó a cenar. Qué dice, señora Weasley, ¿acepta ir conmigo?
—Por supuesto que sí, tiene un buen rato que no salimos —comentó pensativa—. Iré a arreglarme —dijo y se levantó de inmediato yendo directo al baño.
Habían pasado algunos meses desde que nos habíamos enterado de su enfermedad, trabajábamos muy duro para salir adelante y toda la familia se empeñaba en darnos el apoyo que algunas veces necesitábamos. Al principio había sido muy duro para todos enterarse, especialmente para los padres de Hermione, pero contrario a lo que todos pensarían, ella siempre mostraba una sonrisa a cada lugar que iba, irradiaba felicidad y le daba luz a cada pensamiento oscuro que solía apoderarse de mi mente. Ella sabía tratar con eso y he llegado a creer que el haber pasado por otra situación tan difícil como esta en el pasado, era lo que le hacía ver las cosas de la manera más positiva que se podía.
En cuanto a mí… bueno, en realidad para mí era un poco más complicado asimilar lo que estaba pasando, mi cabeza era un lío y trataba de evitar el tema a toda costa, no me apetecía ver cualquier cosa relacionada con la enfermedad de Hermione, me causaba escalofríos y un miedo irremediable el hecho de leer cifras acerca de probabilidades y sobrevivencia de los pacientes. Todo lo relacionado a ella lo dejaba en manos del mejor especialista que había logrado encontrar, el doctor Jefferson, quien era amigo de un médico con el que trabajaba, él era la persona encargada de todo. Yo no quería ni echar un vistazo a algún papel, temía enterarme de algo indeseable. Además, no podía dejar de reclamarme a mí mismo el que no me hubiese dado cuenta de lo que tenía mi esposa, todos los síntomas estaban claros frente a mis ojos y eso me hacía sentirme el peor médico en el mundo, preocupándome por mis pacientes, pero olvidando a mi familia. Todas las noches, mientras intentaba dormir recostado en el pecho de Hermione (el lugar en el que había dormido desde que nos habíamos casado), no podía evitar recriminarme mi error, tenía el cansancio excesivo, la pérdida de peso, el poco apetito y el antecedente más visible impreso como una cicatriz en el abdomen de mi mujer, y aún así, no pude darme cuenta. Estaba decepcionado de mí.
—Tú también deberías ducharte —sugirió Hermione al salir del baño, sacándome de mis pensamientos—. No es que crea que hueles mal —completó sonriendo.
—Ah, entonces crees que huelo mal —afirmé levantándome de la cama y asechándola —. Cuando te alcance tendrás que tomar otro baño, porque estrás junto al chico que huele mal —advertí.
Ella dio un par de pasos atrás y entonces comencé a corretearla por la habitación, ella parecía querer ser atrapada, puesto que un segundo después ya la tenía entre mis brazos.
—Te amo, Ron —susurró al tiempo que unía sus labios con los míos en un beso cargado de amor y pasión.
—Yo también te amo, Hermione.
Pronto mi ropa y la sencilla bata de baño que cubría el cuerpo de mi esposa desaparecieron y nuestra cama fue testigo una vez más del amor que nos profesábamos.
OoOoO
La puerta de la habitación se cerró abruptamente.
— ¡Entonces perdóname por no ser la mujer que esperabas! —gritó Hermione aventando su bolso a uno de los sillones que adornaban el lugar.
— No me refería a eso, Hermione —traté de tranquilizarla.
— ¿Ah no? A mí me sonó que era exactamente de lo que hablabas. Pero, ¿sabes qué, Ron? creí que ya te había quedado clara nuestra situación. Las cosas estaban escritas desde hace mucho, esa fue la razón principal por la que no quería casarme contigo, ¿lo recuerdas? ¡Era un cincuenta-cincuenta! ¿Y qué crees? Decidiste que aún así querías casarte conmigo y lamento mucho que la balanza se inclinara por el lado malo de la situación. Ahora ¡afronta las consecuencias! —con su reclamo terminado, se dio la vuelta evitando cualquier contacto visual conmigo.
Estaba molesto, aún no podía creer que nuestra tarde terminara así de mal. Sabía que tenía que estar consciente que en cualquier matrimonio había días malos y días buenos, éste era un día de los malos, en el cual un pequeño comentario había sido como la chispa que encendió el fuego. Todo había comenzado con una insignificante mención del embarazo en una de mis compañeras de trabajo, después de eso, desconozco el cómo habíamos llegado hasta aquí. Por un lado me sentía culpable, ese tema parecía intocable por nosotros, pero por el otro estaba molesto, no quería creer que no se podía hacer mención de eso en un charla normal.
Decidí acostarme y comenzar a dormir lo antes posible, quizá podríamos arreglar las cosas al día siguiente. Sin embargo, no podía dormir, alcanzaba a escuchar sus pasos caminando por la casa, la luz continuaba encendida, pero ella no se veía con intenciones de acostarse a mi lado. Por un momento temí que ella durmiera en la sala o me mandara a ella en cualquier minuto, pero eso no pasó.
Media hora después, se acostó en la orilla más alejada de mí en nuestra cama. Permanecí quieto un rato, pero después de notar que no podía estar tan cerca y a la vez tan lejos de mi esposa, me di la vuelta y comencé a acercarme sigilosamente hasta estar lo suficientemente cerca como para rodear su cintura con mi brazo y besar su mejilla. Hermione intentó poner resistencia al principio, pero poco a poco logré convencerla hasta que se dio la vuelta y me miró.
—Perdóname, no quería hacerte enojar.
—Eres un tonto, Ronald Weasley —por su tono de voz y sus ojos hinchados, pude darme cuenta que había estado llorando, por lo que besé su frente y la abracé aún más.
—Lo sé —susurré sobre su cabello, aún sabiendo que no me escucharía.
— ¿Te digo un secreto? —dijo sin dejar de abrazarme y comenzando a sollozar nuevamente—. Cuando te conté que Ginny estaba embarazada de Albus, yo también pensé que estaba embarazada. ¡Dios! Tenía tantas ganas de comenzar a agrandar nuestra familia —la abracé aún más fuerte y la dejé llorar sobre mi pecho.
Sabía que Hermione tenía muchos deseos de ser madre, podía darme cuenta cada momento que veíamos a James y a Albus, ella siempre los cuidaba y se hacía cargo de ellos con el mayor amor que les podía dar. La veía jugar con ellos, enseñarles todo a su alrededor, disfrutar de ellos como si fueran sus hijos.
En ese momento sentí que el mundo se me venía encima. Yo queriendo esperar a que el tiempo nos diera un mejor panorama de las circunstancias y el maldito tiempo diciéndome que no tenía que estar esperando, que tenía que disfrutar de las cosas que tenía porque no todo puede ser tan bueno siempre.
OoOoO
Esperábamos sentados en la sala de espera de aquel consultorio médico en el cual le daban seguimiento al expediente de mi esposa. Ese día estaba mucho más nervioso de lo que había estado en cualquier otro, mi corazón palpitaba ansioso y mis manos no podían parar de moverse. Sentí la cálida mano de Hermione posarse sobre la mía y dirigirme una sonrisa tranquilizante.
—Tranquilízate —susurró, le devolví la sonrisa, pero no pude quitar la ansiedad de mí.
Estábamos a pocos momentos de conocer el progreso que se había tenido en el tiempo en que ella había estado tratamiento. Debo reconocerlo, cuando estudiaba me parecía que el someter a las personas a un tratamiento tan agresivo como lo era la quimioterapia no valía de nada, pues muchas personas no lograban salir adelante, sin embargo, cuando estuve del otro lado, comprendí que lo que más quieres es que la persona que amas salga adelante y si ese tratamiento es la luz de la esperanza, vale la pena aferrarse a ello.
—Señores Weasley —llamó la asistente del médico. Hermione y yo nos levantamos y caminamos hacia el consultorio en el que nos atenderían.
Tomé con fuerza la mano de mi castaña y me aferré a ella dándole de esa manera todo mi apoyo y tratando de encontrar así la tranquilidad que necesitaba.
—Buenas tardes, señores Weasley —saludó el doctor Jefferson.
—Buenas tardes —contestamos al unísono.
Nos sentamos en las sillas frente al escritorio y esperamos a que el médico encontrara los resultados de los análisis que se le habían realizado días previos.
Mi mano no dejaba de acariciar la de Hermione.
—Bueno, pues aquí están ya los resultados —comenzó, haciendo que mis latidos se aceleraran aún más—, deben comprender que todo esto es un proceso largo y difícil, sobre todo lo último —Hermione asintió—. La enfermedad no está cediendo, por el contrario, parece que avanza de manera muy rápida —y entonces todas las fuerzas desaparecieron, ¿avanzar de manera rápida? Ni siquiera quería recordar lo que eso significaba—. Lo que podríamos hacer es comenzar a…
— ¿Puedo? —preguntó Hermione de repente, estirando la mano hacia el doctor Jefferson, él la miró sorprendido y después le tendió el papel.
Observé detenidamente cómo ella analizaba lo que decían esos resultados. No estaba del todo seguro de qué tan bueno sería aquello, ella sabía del tema y conocer las verdaderas condiciones de su enfermedad no me parecía una buena idea.
—Metástasis —soltó en un susurro. Mi corazón se paralizó de inmediato. No, eso no, por favor—. No quiero más tratamientos —anunció al doctor mirándolo atentamente.
—Señora Weasley, debe entender que no es la mejor solución, las cosas pueden mejorar…
—No cuando existe metástasis —contestó ella tranquilamente
—Es algo que puede controlarse. Con el tratamiento adecuado podemos tener un avance y entonces la enfermedad puede ceder, salvarse —Jefferson trataba de convencerla y yo, bueno me había quedado sin habla, trataba de procesar todo lo que estaba pasando. Me sentía como un espectador incapaz de intervenir, era como si estuviese viendo una película de terror.
—Oh créame doctor, he escuchado esas palabras antes y adivine qué, nada, ¡ni un solo tratamiento pudo salvarme de la sordera! —casi le gritó—. ¿Y sabe qué? No tengo ganas de someterme a tratamientos inútiles que al final llegarán al mismo lugar que me llevará el no hacer nada. Sólo quiero tratamiento sintomático, esa es mi decisión.
Y entonces mi voz regresó. Apreté un poco la mano de mi esposa y la miré suplicante.
—Hermione… —ella volteó la mirada hacia mí, analizándome detenidamente. Mis manos temblaban—. No podemos darnos por vencidos tan fácilmente —la mano que sostenía los resultados dejó el papel en el escritorio, justo a mi lado. Comencé a leerlo y comprendí a lo que se refería.
—Señor Weasley, ¿usted está de acuerdo con su esposa? —ante la interrogante llevé mis ojos hasta los de ella y los mantuve ahí.
Me sentía entre la espada y la pared, por un lado quería seguir intentando, tratar hasta que supiéramos que todo estaría bien y por el otro sabía que eso era demasiado cruel para ella, doloroso y, quizá, hasta inservible.
—Sólo tratamiento sintomático, doctor Jefferson —dije con la vista en los ojos marrones que me habían enamorado desde el primer momento que los había visto—. Esa es nuestra decisión.
Durante el camino de vuelta a casa permanecimos callados, de vez en cuando volteaba a ver a Hermione, ella miraba la ventana como si fuese lo más interesante del mundo, hasta que noté que llevaba una de sus manos a sus ojos, estaba llorado. Coloqué una de mis manos en su rodilla y le sonreí débilmente, quería darle seguridad y hacerle saber que todo estaba bien. Mi esposa tomó mi mano y la apretó al tiempo que devolvía la sonrisa y limpiaba sus lágrimas.
Al llegar, bajamos en silencio del auto y nos dirigimos adentro, Hermione iba delante de mí y justo al entrar se sentó en el sillón y rompió en llanto. No podía verla así, detestaba verla llorar, me mataba el simple hecho de escucharla, así que corrí hasta ella, la abracé con fuerza y traté de ser fuerte aunque sabía que era imposible, me estaba derrumbando, mi Hermione, mi esposa, la mujer que más amaba en todo el mundo se me estaba escapando lentamente.
