La azafata daba la indicación que era momento de aterrizar, los pasajeros se preparaban para poder alistar lo necesario para tocar tierra y hacer lo menos tiempo posible. Londres; a pesar de no ser una ciudad tan ruidosa como lo era Nueva York también tenía dificultades a ciertas horas en el tráfico. En ese momento el vampiro pelinegro solo observaba a su nueva clienta mientras dormía.
Miraba sus parpados cerrados, su boca moviéndose lentamente asi como también las mejillas que se estiraban en una sonrisa como consecuencia de haber tenido un placido sueño. Sonrió para si mismo preguntándose sobre la última vez que habia visto a una chica con su verdadera cara por las mañanas, pues en definitiva, todas siempre estaban arregladas y procesadas para impresionarlo.
-Buenos días Jefa- Anunciaba con suavidad el vampiro.
La castaña abría los párpados lentamente teniendo como primera imagen la cara del pelinegro. Sin querer, se detuvo en sus grandes, expresivos y exóticos ojos azules y en su boca tan perfectamente delinieada, carnosa, hacía juego a la perfección con su piel pálida, como si rara vez fuera tocada por el sol.
Abrió los ojos mientras que los demás se le quedaban mirando con ceño fruncido, por lo que inmediatamente miraba al chico preguntándole sobre el motivo. Sin embargo Damon tomaba un espejo para colocarlo frente a ella sosteniendo todavía esa sonrisa triunfante que lo caracterizaba.
-¡Mierda!—Soltaba la chica fijándose en su cabello enmarañado, abultado, parecía que un par de gatos habían estado bailando encima suyo destruyendo y enredando todo a su paso.
-¡Mi cabello!—Miraba a todos quienes escondían las miradas disimulando atención en sus tabletas electrónicas. Miraba al pelinegro y se sentía ruborizada, expuesta, asi que no tuvo mas remedio que dirigirse al tocador de mujeres para retocarse lo más posible a pesar de la ligera turbulencia del aterrizaje.
Damon miraba a los demás y les sonreía descaradamente señalándola.
-¿No es un amor?, Estoy loco por ella—Se recargaba en el respaldo enarcando una ceja mostrando sus dientes blancos.
Bajaron por fin del avión esperando ser recibidos por la tan ya rutinaria fila interminable de la aduana. Los tramites como en todo lugar eran excesivamente tardados y las personas ansiaban que se acortara para acabar con todo eso para descansar. Hermione tenía sus maletas listas; en total, eran cinco repletas de lo necesario para estar en los terrenos que tan bién conocía. En cambio Damon solo llevaba uno con un par de cambios necesarios considerando comprarse un guardaropa nuevo totalmente europeo y contemporáneo pensando asi impresionar a sus nuevas clientas después de Hermione.
-¿Tienes todo?—Preguntaba ella
-Si
-Pasaporte?
-Si
-Documentos de la aduana.
-Si
-Tu traje para la boda.
-Si… pero ¿No me preguntarás por mi gato?
Ella se detenía, ya que estaba a punto de preguntárselo, tan solo suspiraba un poco mirando alrededor esperando no encontrarse con nadie en especial. Si bien habia notificado su llegada a sus padres no deseaba que acudieran por ella, pues todavía tenía mucho que hacer respecto a su nuevo "prometido".
-¿Te puedo hacer una pregunta Hermione?
-Claro, la que gustes, pero ahora debemos abordar un taxi, de seguro mis padres nos están esperando aunque te advierto que son conservadores por lo que te buscaremos un lugar para que te instales—Decía revisando el bolso para sacar su celular a toda prisa.
Damon la seguía a pasos agigantados, no tenía tiempo de ver siquiera los souvenirs que se vendían en los pequeños establecimientos donde se miraba claramente el big ben o la rueda de la fortuna. Agrandaba sus ojos negando un poco con la cabeza para adelantarse a su paso y tomarla de la muñeca.
-Damon por favor no hay tiempo.
-Mirame—Imperaba con suavidad.
-Ahora no Damon, nadie nos esta viendo.
-Que me mires he dicho—Hablaba con mas fuerza para ponerla frente a frente y respirar hondo, definitivamente necesitaba un descanso de tan solo verla mover, bajar, hacer fila y comportarse como si estuviese condenada a muerte.
La castaña bufaba un poco pero decidió verlo a los ojos.
-Necesitas un adelanto lo se, si quieres ahora mismo vamos al cajero automático y te entrego la primera parte como quedamos, lo pensaba hacer pero..
-¡Quieres dejar de parlotear como una maldita guacamaya y escucharme!-
Esas palabras la sorprendían sobremanera, era evidente que tenía un perfil impulsivo pero no pensaba que exasperaba a las personas con su modus vivendi. Se cruzó de brazos sintiendo todavía la ansiedad de llegar a tiempo a su casa, no sabia la razón, pero debía hacerlo. Damon en cambio no le quitaba las manos de los hombros, suspiraba hondamente y volvía a mirarla.
-¿Por qué insistes en vivir de esta manera?
-¿A que manera te refieres?
-No me contestes con otra pregunta Hermione—hacía una pausa para soltarla con suavidad mirando a ambos lados de la salida del aeropuerto.
-¿Por qué vives como si todo tuviera que seguir un maldito itinerario?, te recuerdo que no estamos en tu oficina, aquí no eres Hermione la publicista.
-Me gusta el orden, y que todo se siga al pie de la letra Damon, asi que no te pido que lo entiendas o que lo razones, solo que asi suelo ser yo—Daba un respiro, reacomodando sus brazos. – Tu debes adaptarte a eso.
-¿Debo adaptarme?—La retaba con la mirada.
-Si, si debes, ahora en lugar de estar cuestionando mi vida deberíamos estar camino a mi casa ya que hay mucho que explicar a mi madre sobre cómo nos conocimos.
-Oh cierto, lo olvidé, aquí soy tu prometido de quien estar terriblemente coladita—Alzaba los hombros y respondía. –Puedes decirles que me viste en un bar, me encontraste atractivo, te invite un par de tragos, tuvimos sexo como un par de gatos salvajes y quedaste loca por obtener mi exclusividad—Hacía una mueca triunfante enarcando una ceja mientras que la castaña lo encontraba sumamente irritante. Eso ni en sus mejores momentos lo habría hecho con una persona normal.
-No conoces a mis padres, mejor vámonos, ya se nos ocurrirá algo en el camino—Ella le decía algo fastidiada y en ese instante el vampiro empuñaba una mano. Jamás en toda su vida lo habían rechazado de esa manera, o quizá si, Elena Gilbert, la novia de su hermano Stefan. No deseaba recordar esos pasajes pues cada vez que lo hacía tendría que olvidar de la peor manera y eso no le gustaba.
Caminaron lo suficiente para detenerse en la calle principal esperando a un taxi. Las maletas yacían en el piso y la castaña ni siquiera miraba al hombre pelinegro para admirarlo como todas lo hacían, definitivamente esta cliente tenía bastante en claro el concepto de "renta", mientras tanto, el vampiro pelinegro hacía un recuento de toda su vida. Comenzando por el verdadero motivo de haberse mudado a nueva York para iniciar un nuevo ciclo, una diferente faceta que nadie conocería lejos de todo lo que le aquejaba en su natal pueblo llamado Mystic Falls.
Observaba de reojo a la castaña, la encontraba demasiado cerrada en si misma, como si no permitiera que nadie atravezara esa dura coraza que se habia creado. Esa misma era a causa de un hombre que le había traicionado en el pasado, el mismo que envió una nota días anteriores para pedirle otra oportunidad de arreglar las cosas, pero con su carácter, pensaba que no haría un trabajo excelente por la manera tan reacia de dirigirse a el como si se tratara precisamente de eso. Una adquisición.
-Nuestros atuendos para la boda deben combinar, deseo que piensen..
-Que estamos conectados, sin pretenderlo—Rodaba los ojos con una sonrisa y ella lo miraba ceñuda.
-Si, acertaste—Daba un largo suspiro. –Debemos pensar en tu profesión, no creo que Gigoló sea lo más adecuado.
-¿Qué estas diciendo?, si se trata del oficio mas antiguo del mundo, incluso el mismo Anacreonte, el filosofo griego rentaba un escort .
-Para fines artísticos—Aclaraba la castaña.
-Eso crees tu—Volvía a sonreir. –También los grandes pensadores tenían sus perversiones, ¿Alguna vez has leído cincuenta sombras de grey?
La castaña fruncía el ceño rodando también los ojos para concentrarse en el taxi que ahora llegaba entregándole las maletas al conductor para dirigirse a su casa.
-No me gusta la lectura popular, prefiero un clásico—Lo miraba. –Y si a ese género nos vamos prefiero otros como "pídeme lo que quieras" o el padre del masoquismo—Hacía una pausa. –El marqués de Sade.
Damon se acercaba un poco a la castaña observándola con fascinación, pues además de la evidente belleza que resaltaba ese hermoso rostro de niña, era autosuficiente, asertiva, cruda, realista y sobre todo culta. No cabía duda que en todos los ciento cuarenta y cinco años que llevaba de vida jamás se habia topado con alguien como ella. Aunque haciendo remembranzas del pasado, dedujo que sería una versión pulida de Katherine Pierce, su antiguo amor.
-Eres un hueso duro de roer Hermione, y vaya que lo he intentado todo para impresionarte—Alzaba los hombros esbozando una sonrisa.
-No se cómo hayan sido tus clientas Damon, pero yo no soy igual—Lo volvía a observar fijándose en sus hermosos ojos azules, no cabía duda que ese hombre podía hacer suspirar a cualquiera de sus clientas y causar envidias para los hombres contra los que compitiera.
-Ve pensando en cómo nos conocimos y recuerda—Volvia a mirarlo con mas énfasis. –Estas locamente enamorado de mi.
-Una pregunta.
-Adelante—Respondía ella.
-¿Dormiremos en la misma habitación?
-Mi padre te despellejaría vivo antes de que tuvieras un momento a solas conmigo.—Llegaba el taxi y el hombre conductor subía las maletas.
-¿Y si m escabullo a media noche y toco tu puerta?—El sonreía con picardia.
-El te esperaría con una escopeta para dispararte y preguntarte después.
-Creo que da miedo tu padre.
-Vaya que si—Concluía ella metiendo las maletas, aunque todavía le preocupaba una cosa.
Hermione desviaba la mirada, tenía que hacer todo el cuento creible para sus padres pero con la actitud de ese hombre era evidente que las cosas pudieran salirse de control. Daba un largo suspiro para deslizarse al automóvil y seguido a ella Damon cerraba la puerta esbozando una sonrisa para tomarla de la mano entrelazando sus dedos con los suyos. Esta acción la sorprendió bastante.
-Tranquila Hermione, todo estará bien, te garanticé una buena actuación y es lo que haré—Le guiñaba el ojo sin soltarla. La castaña tan solo se ruborizaba y por alguna razón tampoco rehuía de su contacto.
Hicieron buen periodo de camino ya que el trafico afortunadamente no estaba cargado, también era proeza del conductor que por los atajos que tomaba debía conocer perfectamente la ciudad de Londres. Cuando arribaron al vecindario donde vivía Hermione en su niñez el vampiro se quedaba mirando el lugar. Las casitas uniformes eran pintorescas, las calles pavimentadas sin un gramo de basura daba a notar el estricto orden de los ingleses, que a diferencia de los norteamericanos obtenían el premio a la ciudad mas limpia de todo el mundo.
Bajaron el equipaje y Damon se ofreció para cargar las maletas, en seguida le dio al taxista la cantidad que marcaba el contador y asi mismo una propina considerable que sacó una sonrisa al conductor. Hermione se dio cuenta de eso y frunció el ceño.
-Yo lo iba a pagar, recuerda que es parte de los viáticos.—Se detenía para hacerle la aclaración.
-Lo siento pero te tardaste en bajar todo tu guardarropa y por cierto, ¿Qué cargas aquí?,¿Piedras?, ¿Un dinosaurio?, ¿El cuerpo de tu exnovio recién castrado?
-¡Damon!
-Bromeo—reia un poco. –Pero no me negaras que las mujeres cargan hasta con el perro por el remordimiento de dejarlo solo sin pensar que ellos desean hacer una fiesta privada estando sin su dueño.
-Como sea—Señalaba la entrada. –Creo que debemos ensayar algo aquí antes de pasar.
-Oh si, esta bien, ¿Pero no tengo que cantar ni nada de eso verdad?
-No, no tienes—ella explicaba exasperándose un poco.
-Lastima, canto mejor que Robbie Williams.—Mencionaba en broma haciendo que la castaña se riera un poco para romper el hielo.
Timbraron por fin no sin antes aspirar una gran bocanada de aire para contenerlo y calmarse. Hermione no había visto a sus padres desde la ultima navidad, contando con que eso fue hacía mas de dos años, asi que volverlos a ver removía recuerdos, solo los mejores claro está. Esperaron lo suficiente y una señora de mediana edad les abría agrandando sus ojos para observar a su hija acompañada no solo de un hombre apuesto, sino del "hombre apuesto".
-Mi cielo, bienvenida a casa—La señora Granger se lanzaba a los brazos de su hija cerrando sus ojos para sentir su cercanía, evidentemente y como toda madre sentía el síndrome del nido vacío "cuando los hijos se van". –Eres tan cruel Hermione Jane Granger—
-¿Jane?, ¿Cómo la novia de tarzán?—Comentaba con voz seductora el hombre pelinegro haciendo que la castaña casi lo deseara aniquilar con la mirada. En cambio solo regaló la mejor sonrisa y observo que su madre lo miraba de arriba abajo con fascinación.
-Hija, debo felicitarte por tu gusto tan, tan…- Ella decía casi desnudando al hombre con la mirada y en ese momento Damon le tomaba la mano para besar el dorso.
-Enchantée Madmoiselle, Mi nombre es Damon—Hablaba en susurro. –Damon Salvatore.—La señora Granger se quedaba sin palabras ante la forma seductora y cordial de aquel hombre de ojos aguamarina.
-Yo, yo me llamo.. –Se detenía la madre de Hermione sin articular una sola palabra hasta que ella decidía por fin intervenir.
-Su nombre es Jane Granger, y no, no es la novia de tarzán—Contestaba la castaña para adelantarse a su casa mientras que la señora todavía estaba fascinada. Damon en cambio se ruborizó por completo, no sabía que su pequeña broma norteamericana hubiera resultado todo un fiasco.
-Hija , no seas aguafiestas—Decía la señora entre risas y el hombre pelinegro le susurraba al oído. –Esta celosa Jane.
-Oh si, asi suele ser mi hija—Se adelantaba a la casa y en ese instante Damon se quedaba atónito.
Su condición vampirica le impedía pasar a su arbitrio a los lugares privados como viviendas, esa era parte de las limitantes que tenían, asi que no podía poner un pie adentro de la casa sin que antes lo invitaran a entrar. La señora Granger observaba que el hombre se quedaba en la puerta mirando el marco como si estuviese preocupado, jamás nadie se había quedado en la entrada sin que la siguieran.
-¿No me invitas a entrar Jane?—preguntaba el vampiro.
-Claro Damon, pudes entrar—En ese instante daba un paso sin restricción alguna respirando aliviado.
Hermione se sentaba en el sofá donde su padre se encontraba, como siempre leyendo el diario que a pesar de haberlo visto en la mañana le gustaba hacer un recuento de las más recientes noticias que ocurrían en el mundo entero. La chica le daba un beso en la mejilla acompañada de un fuerte abrazo para después señalar a la puerta donde el hombre pelinegro hacía acto de presencia.
-Papá, te presento a Damon, mi…
-Encantado de conocerte por fin Jack—El hombre de ojos aguamarina le daba la mano al padre de la castaña y éste se la tomaba por inercia estrechándolo. –Hermione me ha contado maravillas de ti y debo decir que no te hace justicia.—Sonreía con tanta familiaridad que a la castaña le costaba creer que comenzara a hacer un excelente trabajo fingiendo ser efectivamente su prometido.
-Un placer Damon, entonces tu eres…
-El segundo hombre en su vida despues de ti claro está—Sonreía con cordialidad mirando con complicidad a la señora Granger.
-De modo que tu y Hermione están…
-De novios—Indicaba La castaña.
-¿Y cuándo nos lo pensabas decir Hermione?—preguntaba la señora Granger al mismo tiempo que Jack dejaba el periódico en la mesa para levantarse y recibir correctamente al invitado.
-Probablemente se me pasó mamá, ahorita estoy trabajando en la nueva línea de Zimma Logistics y me trae totalmente atareada—Sonreía.
En ese instante la madre de la chica se acercaba, debía reconocer que su hija era bastante hermosa, se había vuelto independiente, segura de si misma que a comparación con su niñez se desarrolló como un hermoso cisne. Pero la intuición de una madre no se puede engañar, evadir siquiera, asi que la miró ceñuda y tomaba los hombros de su hija para volver a sonreír y recalcar algo importante.
-A nadie se le pasa decir que se está enamorada Hermione, asi que no te lo creo—En ese instante la chica se ruborizaba, era evidente que sus padres no le creían, quizá si hubiese mostrado mas afecto con el chico las cosas hubiesen cambiado contando con la suspicacia que tenían.
En ese momento Damon le tocaba el hombro a Jane con tanta familiaridad dejando sorpendida a la castaña. Suspiraba hondo deseando que no echara perder aquel plan que le costó construir de emergencia, sabía a la perfección que sus padres detestaban las mentiras y por ende los reproches estaban acercándose ahora tocando las puertas de su casa listos para amenazar.
-Comprende a tu hija un poco, creo que la conoces tan bien como yo para darte cuenta que se reserva cosas para ella misma.
Hermione solo abría los ojos, quizá aquel hombre había aprendido a leer a través de su mente, husmear en su diario personal o incluso tratar de hackear su cuenta directamente de una red social. No comprendía como pretendía que la conocía tanto; pues era cierto, aquella chica se reservaba las mejores cosas e incluso sin compartirlas con nadie más.
-Traeré algunos refrigerios, no tardo—La señora Granger se dirigía a la cocina mientras dejaba a los tres en la sala.
-Que amable eres Jane muchas gracias—Se sentaba el pelinegro mirando al padre de Hermione quien analíticamente lo observaba.
-Hermione me contó que eres dentista al igual que Jane.
-Si , efectivamente Damon, nos conocimos en la universidad y…
- No me lo digas, te pasó exactamente lo mismo que a mi. –El hombre de mediana edad miraba ceñudo sin comprender y en ese instante Damon hacía la aclaración.
-Los ojos castaños y claros también te robaron el corazón ¿No es cierto?.
Hermione no pudo dejar de sentir un ligero rubor en las mejillas como si eso exactamente hubiese pasado, tan solo se frotaba las manos para mitigar el nerviosismo, debía admitir que aquel hombre era bastante bueno. Suspiraba un poco esperando que su madre trajera la charola para colocarla en la mesa; necesitaba distraerse en algo.
-Pero admítelo Damon, Hermione es mas bonita que su madre.
-Si me dieran a elegir, creo que si, ya que la otra mujer es tu esposa—Guiñaba el ojo y el padre de la chica se quedaba algo pasmado.
-Bromeo Jack, es una forma de elogiar a mi futura suegra. – El hombre de mediana edad se tranquilizaba riendo ligeramente.
-Bueno Damon y dime , ¿A que te dedicas?
-Tengo un aserradero, ha pasado de generación en generación—Mencionaba con naturalidad sorprendiendo cada vez mas a Hermione, pues parecía una declaración no ensayada, salía tan natural que todo estaba saliendo a la perfección.
-Entonces eres un empresario Damon.
-Asi es y.. – En ese instante miraba con fascinación a la castaña quien al acaparar esos ojos color aguamarina se perdió por completo como seguramente todas sus clientas lo hacían.
-La conoci cuando vine a Londres, de eso ya hace casi un año Jack—Decía en susurro, tan suave que se notaba no solo el gusto, sino la devoción que tenía por ella.
El padre de la castaña solo los miraba, debía admitir que aquel chico era bastante atento, caballeroso, preocupado hasta por los más mínimos detalles que no todos los hombres tenían como una forma de cortejar a una mujer. Aquel chico era distinto, incluso más de lo que el ex novio de su hija era; pues se notaba la educación, incluso podría escuchar frases anticuadas.
-Pero ¿Cómo es que se conocieron?—Llegaba Jane con una bandeja repleta de sándwiches de queso con jamón y algo de refresco de manzana que tenía en la heladera. A Damon le parecía la clásica ama de casa que deseaba impresionar a sus invitados con sus proezas culinarias obtenidas con los simples productos de un supermercado expres.
El pelinegro tomaba un sándwich no sin antes regalarle una sonrisa a la cocinera para comenzar a relatar la historia, daba un mordisco sin perder ese estilo, galanura y porte. Adoptó una posición más relajada y se recargó en el respaldo del sofá mirando a Hermione directamente a los ojos, masticaba lento, despacio, como si no hubiese prisa alguna por hablar mas que observarla.
Miraba sus facciones de niña, a pesar de sus veintitantos años aquella inocencia se negaba a abandonar su rostro, asi mismo observaba sus manos, la forma tan delgada y delicada de sus dedos, la blancura de su piel, su cabello castaño y ese ligero rubor que emanaba con tan solo sentirse admirada.
-Viajé a Londres con la idea de conocer Europa, siempre la había visto en fotografías, las calles, la arquitectura es fascinante, asi que me decidí y dejé los negocios por unos días. – Suspiraba mientras que los demás se ponían más comodos para seguirlo escuchando.
-Me hablaron de una agencia de publicidad—Miraba a la castaña quien estaba absorta de la facilidad con la que manejaba la situación.
-D y D—Especificaba las siglas. –Ahí una recepcionista me hizo esperar horas, pero valió la pena—Volvía a dirigir sus ojos aguamarina exóticos a la castaña. –Entró la mujer mas hermosa sobre la tierra—la señalaba.
-Esos ojos de caramelo me hicieron quedarme.
-Wow—Exclamaba la madre de la castaña mirando a su hija quien tenía la mirada concentrada en sus manos.
-Si, lo se, y precisamente ella manejaría mi cuenta—Bebía un poco de refresco de manzana – No necesito explicar la razón por la que acepté encantado ¿Verdad?—
-Yo pensé que era por dar mayor prestigio y ganancias a tu producto… mi cielo—Ella enmarcaba esa frase como si deseara que parara de hablar.
-Por su puesto amor, pero también era la manera perfecta de invitarte a salir, y que conocieras mas de mí—Miraba a los padres de la chica quienes sonreían, quizá conocían a su hija lo suficiente para sorprenderse que tuviera a un hombre que compaginara tan bien con ella pero sobre todo que le tuviera paciencia. Hermione Granger no era precisamente una mujer fácil de manejar.
-No saben todo lo que le tuve que rogar para que me concediera nuestra primera cita.
Hermione no podía encontrar aquello más perfecto de lo que ya estaba, pues al parecer el poder de aquel hombre era precisamente la habilidad que tenía con las palabra. Cada enunciado, frase y forma de hablar era como una especie de telaraña donde atrapaba a sus victimas dejándolas a su completa merced. Sus padres lo miraban completamente absortos deseando escuchar más sobre la atrayente historia, tomaban a bien que su única hija volviera a enamorarse después de la ruptura tan abrupta que tuvo con su ex novio Draco Malfoy y de lo cual hasta la fecha se negaba a hablar.
Cualquier escenario que se hubiese presentado no se lo cuestionaban, sin embargo deseaban que siguiera con su vida de la mejor manera respetando esa desición no dejándose caer por la depresión. Jane Granger le ofrecía más bocadillos y Damon aceptaba con una sonrisa sintiéndose totalmente con la confianza de hacerlo, Jack tan solo lo analizaba, deseaba encontrar algun defecto pues también era de la fiel creencia de que no habia nadie absolutamente perfecto en esta vida.
-Yo estuve presente cuando le llegó la invitación de la boda, lo extraño del asunto es que un ave trajo la carta, ¿Qué original no creen?, muchos envían las invitaciones con el cartero pues hasta la personalidad e interacción directa se ha ido perdiendo—Alzaba los hombros. –Llámenme anticuado pero cuando se casaron mis padres, mi madre fue quien se pasó dos días completos invitando a sus conocidos para asistir.
-Lo se Damon, hay tradiciones que no deben romperse, y no, no eres anticuado –Reafirmaba Jack quien se levantaba para acudir a la cava que tenía con algo de licor para ocasiones especiales. Eso hizo que la castaña se le quedara mirando sorprendida, pues su padre rara vez tocaba la bebida.
-Weskey, Ron o Brandy—Preguntaba el hombre.
-Weaskey, creo que empiezas a caerme bien Jack—Se acercaba a la cava para ofrecerle una copa a la mitad con algo de hielo que su esposa le había llevado.
-Yo también quisiera un poco. –Solicitaba la castaña con un rostro un tanto infantil, aquel que siempre tenía cada que le pedía algo a su padre.
-Está bien, pero solo una copa para ti. –
-Papá, ¿No te parece que es algo misógino de tu parte?—
-No lo es cuando se trata de tu única hija. – Espetaba Jack acercándole la copa mientras ella rodaba los ojos, no cabía duda que ese hombre la seguía viendo como una chiquilla de dos años de edad.
-Bueno, está bien, solo una—Aceptaba por fin.
Damon se quedaba contemplando las facciones de la chica, el comportamiento con sus padres, la manera en la que se dirigía a ellos con tanta franqueza sin temor a ser juzgada. Y ellos no parecían ser sus carceleros, al contrario, tenían una muy buena relación con su hija y por ende tenía esa personalidad tan fuerte. Definitivamente era todo lo contrario a lo ya conocido.
Observaba que el padre de la castaña se volvía a sentar y mientras tanto platicaban amenamente de muchas cosas; entre ellas, los negocios, deportes, algo de política y Hermione quedaba totalmente sorprendida de lo bien que manejaba esos temas a la perfección sin titubear o equivocarse. Cabe mencionar que Jack Granger era un hombre pacífico pero a la vez interesado en lo referente a su entorno, su país, su economía y sobre todo su familia. De ahí que la castaña sacó el lado culto y social con el que contaba.
Jane miraba con fascinación al hombre quien tenía una sonrisa encantadora, un porte excelente y se preguntaba si en verdad su hija estaba interesada en él como para casarse. Tenía en consideración lo ocurrido con Draco y sabía que ese hecho la devastó por completo en su momento, sin embargo, también la alentaba para que rehiciera su vida con alguien mas molestándole sobremanera la actitud tan reacia que tenía ante cualquier posibilidad de enamorarse.
Miraba a su hija, volvía a mirar a Damon, esperando que por fin un poco de luz entrara en su vida colándose aunque fuese por la grieta no cauterizada del corazón que había roto el ex novio de Hermione. Suspiraba y volvía a escuchar la amena conversación que estaban teniendo él y su esposo con mucha atención también riéndose de sus ocurrencias, pues debía admitir que ese hombre tenía un espectacular sentido del humor.
-Mi abuelo fue un gran hombre—decía el pelinegro. –Se robó a mi abuela de la casa de sus padres cuando ella iba a lavar ropa al río.
-En serio paso eso?—preguntaba la castaña.
-Si, de hecho su hermana le pegó con la canasta de ropa mojada, pero él la corrió a balazos, montó a mi abuela al caballo y se la llevó.—Suspiraba.
-Que días!—Exclamaba.
-Damon, si un hombre intenta hacer eso se puede enfrentar a una averiguación.—Respondía la castaña de inmediato.
-Pero que divertida es la aventura mi cielo, de hecho, si tus padres no estuviesen deacuerdo con lo nuestro—Susurraba. –Te raptaba.
-Damon!—Espetaba la castaña escuchando las carcajadas del pelinegro que por extraño que pareciera, eran seguidas por las de su padre.
-Papá!—
-Yo hubiera hecho lo mismo con tu madre cuando tu abuelo me odiaba.
-Jack!—Se ruborizaba la señora Granger.
Hermione no podía creer que por primera vez su padre mostrara un claridoso sentido del humor, jamás con ninguno de sus amigos tenía esas conversaciones tan divertidas. La mayoría de las reuniones ya sea con ex compañeros de la universidad, primos de su misma edad o amigos cercanos se limitaba solamente a hablar de temas de relevancia o de cualquier otra nueva proeza en el ámbito odontólogo. Pero ahora, las cosas eran diferentes con aquellas risas que se hacían escuchar en cada rincón de la sala; en realidad, desconocía un poco a su padre. Pero no le desagradaba.
-Bueno, me imagino que tuvieron un viaje cansado y lo más justo es que vayan a dormir.—Se adelantaba Jane a decir levantándose de su lugar y al mismo tiempo su esposo la seguía.
-Su casa es preciosa.
-Gracias Damon –Agradecía la madre de la castaña comenzando a subir las escaleras.
El pelinegro tomaba dos maletas mientras que Jack hacía lo mismo con la que quedaba; debía reconocer que su hija cargaba incluso con su departamento neoyorkino pues estaban demasiado pesadas. Le recordaba el equipaje que cada año transportaban a Hogwarts que consistía en varios cambios de ropa, los libros del curso, la varita, los calderos e incluso algunos otros manuscritos que a su hija le gustaba adquirir en las librerías del callejón Diagon como si fueran parte de los reglamentarios de texto.
El hombre pelinegro observaba las fotografías colocadas en la pared de las escaleras, muchas de ellas eran sobre la castaña desde su niñez, adolescencia y edad adulta. No cabía duda que sus padres la tenían en el mejor de los conceptos. Se concentraba en una en especial que le pareció por un momento que se movía, estaba con otros dos chicos, uno pelirrojo y otro con una cicatriz en forma de rayo.
-Un segundo, esa foto…- La señalaba y en ese momento la castaña captó el mensaje, pues sin darse cuenta sus padres la habían colocado por error a la vista de los curiosos.
-Inmovilus—Susurraba la chica concentrándose en la fotografía y en ese instante dejaba de moverse.
-De que hablas?—
-De esa foto, yo la vi, se estaba moviendo—Damon fruncía el ceño.
-¡Oh!, nada de eso Damon, tal vez el viaje te tiene cansado—El padre de la castaña le daba unas palmadas en la espalda tratando de ocultar ese detalle que había pasado por alto. Mientras tanto Jane la tomaba a discreción para cambiarla a otro lugar en la menor oportunidad.
Cuando subieron por fin se quedaron los tres en el arrellano para observar las habitaciones, la de sus padres quedaba al otro extremo y el de la castaña en el que casi estaba cercano a las escaleras; una distancia considerable para una niña que tal vez le tenía miedo a la oscuridad.
-Bueno, mamá ¿Dónde se quedará Damon?—Ella lo observaba. –Mis padres tienen la idea de que una pareja no debe intimar hasta que lleguen al altar no se si me comprendas.
-¡Ay Hermione!—La señora Granger rodaba los ojos. –Cariño ya no se usa eso, además tu ya eres una mujer adulta y me imagino que has estado con Damon en Nueva York—Guiñaba el ojo dejándola totalmente estupefacta.
-Pero mamá tu dijiste…
-Nada, nada—Intervenía Jack. –Ya es momento de dejar que vivas tu vida pequeña, además es cierto lo que tu madre dice, asi que – Susurraba a ambos.
-Procuren no hacer ruido ¿Vale?
-¡Papá!
-Hermione—Decían al unísono sus progenitores mientras que Damon trataba de contener la risa. La castaña deseaba lanzarle una mirada asesina pero debía aguantarse para no levantar sospechas de que esa relación era totalmente falsa, asi que sin mas ni mas abrazó por la cintura al pelinegro observándolos.
-En ese caso—Le daba un beso en la mejilla coquetamente a su "prometido". –No prometemos nada, ¿Verdad mi cielo?—Susurraba.
-Compórtate mi leoncita, estamos aquí con tus padres—Decía el pelinegro en susurro.
-Bueno, ahora deben instalarse, debemos vernos mañana para ir a la reunión pre nupcial, tus amigos desean verte pero ya conoces a Harry, esta muy ocupado con los aur… - La castaña la silenciaba con una mirada.
-Los aumentos … de trabajo, y a eso auméntale los preparativos—Corregía la madre de la chica.
Hermione suspiraba pensando que Jane por poco diría una palabra de la cual tendría que dar muchas explicaciones que no se sentía preparada para contestar, ya que llegado el momento se lo haría saber para despues lanzarle un hechizo de amnesia. Se introducían a la habitación donde la castaña solía estar todos los días despues de su llegada de Hogwarts, pues ese mismo era su confidente, su amigo, su espacio y sobre todo aquel lugar donde siempre se sentiría segura a pesar de la cercanía de sus amigos.
Damon caminaba lentamente recorriendo con la mirada el espacio, observó que habia un poster del grupo norteamericano Nickelback. Arqueó la mirada y se acercó para sonreir y tocarlo con las yemas de los dedos.
-Asi que te gusta la música extremadamente cursi—En ese instante ella volteaba.
-Oh, no, eso no es mio, de hecho una prima vino de intercambio a Londres y adoraba a ese grupo—Se sonrojaba.
Damon se sentaba en una de las sillas observando que la chica sacaba las cosas desempacando con mas rapidez que una normal. Por alguna razón no lo miraba, le parecía extraño que todo aquello resultara para ella como una transacción o un negocio, pues la mayoría de sus clientas llegaban a prometerle muchas mas cosas con tal de tener la exclusividad mientras que esa castaña solo lo deseaba para un momento.
-Debo ir a bañarme, asi que no mires—le sentenciaba quitándose la gabardina de viaje colocándola en el perchero. Decidió desnudarse en el cuarto de baño pero antes el hombre se levantaba para quitarse los zapatos y la camisa de una manera lenta.
Hermione sin querer observaba la musculatura del hombre; era definida, ligeramente velluda como terciopelo en un lienzo blanco, era tan fuerte y gallardo que esos pezones rosados lo declaraban todo. Su abdomen era plano, cuadriculado, donde un camino ligero de vello seguía desde su ombligo hasta la zona intima donde de seguro debía haber mas. No se detenía a averiguarlo, asi que tan solo se volteó sonrojada hacia a otro lado para evitar mirarlo.
-Puedes verme, viene dentro del paquete que rentaste—Con una mirada burlona continuaba desvistiéndose desabrochando su pantalón.
El sonido del botón, el sierre, la hebilla del cinturón desprendiéndose de su cintura eran cosas que hacían alterar y desordenar un poco los nervios de la chica. Sin embargo, de algo estaba totalmente segura, ese hombre era lo más sexy que Norteamérica había dado y bien hacían las clientas que pagaban grandes cantidades para observar esa tentadora anatomía.
Se sintió ligeramente intimidada desviando la mirada para dirigirla a una revista donde claramente venía el anuncio plasmado. Esa misma fue desempacada por Damon junto con las otras prendas que acomodaba en paños menores.
-¿Desde cuando iniciaste con este negocio?—Preguntaba ella para romper el hielo todavía evitando mirar al hombre escultural que caminaba de un lado a otro colgando sus camisas y pantalones en el armario.
-No hace mucho, tan solo llevo cuatro años, pero debo decir que es rentable—hacía una pausa. –Tengo mi propio horario, y no tengo que soportar jefes insufribles diciéndome que hacer y como carajos debo comportarme—Rodaba los ojos junto con una sonrisa.
La castaña estaba a punto de interrumpir cuando aquel hombre se despojaba de sus calcetines acercándose a centímetros de ella para estudiar su cuerpo. Era menudito, como una muñeca de porcelana, le recordaba un poco al de una mujer del pasado pero hacer esa similitud sería totalmente absurdo. Era todo lo contrario en cuanto a temperamento con Katherine Pierce.
-No me digas—Hablaba en susurro. –Tu siempre fuiste una hija de familia amoroso a quien sus padres inscribieron al ballet, jugabas con tus amigas a casarte, tener hijos y eras una de las tantas amigas intimas de Barbie Malibu—
-Barbie Malibu?
-Si, si, la muñeca esa rubia que toda niña…-La volvia a observar pero la chica parecía desconocer ese nombre.
-No te preocupes, olvídalo—Se sentaba en el sillón mostrando su ropa interior y un evidente paquete abultado en medio de las piernas. Hermione no pudo evitar dirigir su mirada a esa area sintiéndose avergonzada.
-¿Nunca has visto a un hombre desnudo en tu vida verdad?—Preguntaba con cierta intención oculta.
-No, no es eso, es solo que…-Hacía otra pausa para dirigirse al baño y cepillar sus dientes, evidentemente necesitaba distraerse.
-No me digas, no puedo creerlo—
-¿Creer qué?
En ese instante se levantaba para acercarse por detrás de ella mirándola por el espejo notando rápidamente el rubor en las mejillas que emanaba traviesamente. En definitiva, la chica había admitido que no era una experta en cuanto a hombres se refería.
-¿Nunca tuviste sexo con ese tal Draco cierto?—En ese momento Hermione lo miró de frente topándose con sus ojos exóticos, hermosos, casi rosando sus labios y oliendo su perfume masculino que embriagaba hasta la mas incauta de las mujeres. Damon en cambio solo se quedó mirándola sonriendo con incredulidad.
-Eso no es de tu incumbencia Damon—Se escabullía debajo de su brazo para caminar de nuevo a la habitación. –Y no, nunca practiqué ballet, siempre fui una niña extraña—Ella volvía a tomar la revista mirando claramente la fotografía.
-Aquí dice que le garantizas a cualquier chica la mejor compañía de sus vidas—Lo miraba. -¿Tienes sexo con tus clientas?
El hombre tan solo volteaba arqueando una ceja para volverse a acercar a ella y señalar el apartado donde solo especificaba "escort", que significaba acompañante.
-No me niego a ninguna posibilidad, pero su tu estuvieras interesada en tener un revolcón contigo en esta habitación—Se acercaba demasiado para mirarla a los ojos junto con una sonrisa traviesa.
-Hay una cantidad extra para eso.—Sonreía de oreja a oreja observando el rubor de la castaña que por alguna razón le parecía atractivo. Mientras tanto ella se levantaba para dirigirse a otro sitio, pues evidentemente su cercanía descontrolaba sus nervios convirtiéndolos en un mar de hormonas que desde su adolescencia no había sentido.
-No te preocupes, no recurro a esas cosas—Se levantaba de nueva cuenta para dirigirse al baño otra vez.
-La idea de pagar por sexo es moralmente repugnante.—
Damon abría los ojos, sentía la necesidad de refutar aquello pero observaba que Hermione Granger; su nueva clienta, era nada mas y nada menos que una escéptica en el amor, inexperta y totalmente contraria a todas con las que anteriormente se había topado. Se dirigía al bajo para quitarse descaradamente el bóxer de algodón ajustado.
-Hoy en la tarde conoceras a mis… ¡Oh por dios!—Se giró por accidente y pudo observar el trasero tan bien formado del hombre pelinegro que se acercaba a la bañera. Abrió la cortinilla y la cerró dándole la espalda.
Escuchaba que comenzaba a entonar "I'd come for you" precisamente del grupo Nickelback que le gustaba a "una prima de intercambio". Se sentó en la silla cercana a la bañera para volver a leer el anuncio de la revista.
-¿Me pasas el champú porfavor?—Preguntaba él.
-Oh si claro—Lo tomaba del gabinete detrás del espejo y se lo daba aún cerrando los ojos.
-¿Siempre eres así?
-Asi ¿Cómo?
-Olvidalo.
Ella sabía perfectamente a lo que se refería pero sencillamente no deseaba ahondar en el tema. Se volvió a sentar para poder romper el hielo que se había creado con la cercanía.
-¿Tu eres de Nueva York Damon?.
-No—Hacía una pausa escuchando que el grifo se cerraba seguramente para enjabonarse. –Soy de Virginia, un pueblo llamado Mystic Falls, no creo que lo conozcas, casi nunca aparece en los mapas.
-¿Y por que decidiste mudarte?—Esperaba respuesta pero al cabo de dos minutos de silencio volvía a retractarse. –Perdon, tal vez estoy metiéndome en terreno fangoso.
Escuchó al cabo de unos minutos que la cortinilla se corría sintiendo los pasos descalzos de Damon al acercarse. El hombre la miraba, debía aceptar que tenía una hermosura que jamás había visto en una mujer, incluso hacía un esfuerzo descomunal por no lanzarse a su cuello y beber de ella cuanto gustase.
-Quería cambiar de vida, eso es todo, además no me gustaban las hamburguesas, no llevan azafrán como las de la gran manzana.
-Disto mucho en eso, las he probado y creeme que las franquicias como McDonalds han invadido cada esquina en... - La chica hacía una pausa para llevarse la sorpresa de tenerlo al frente.
Hermione volteó por accidente para toparse con un hombre esculturalmente apuesto, las gotas de agua resbalaban por su cincelado pecho. Esas mismas corrían hacia abajo para desembocar en un miembro bien proporcionado, no cabía duda que las mujeres tendrían serios problemas de adicción por tan solo probar ese enorme atributo que tenía entre las piernas y que ahora la castaña miraba.
-No me digas que tampoco habías visto uno Hermione.
-Em…- ella no podía responder cubriendo su cara con sus manos.
-Dije que puedes mirar, es parte del—Se miraba la entrepierna. –Paquete.
-Debo ir a… -Indicaba con cierta vergüenza levantándose de la silla para apresurarse a su habitación.
Damon sonreía de satisfacción, tomó una toalla y la enredaba en su cintura para mirarse al espejo y darse cuenta que no lo había hecho en mucho tiempo. Aquella mujer tenía algo de lo que muchas carecían, algo enigmático que le interesaba conocer, pero sobre todo necesitaba saber qué era lo que aquel hombre llamado Draco Malfoy le había hecho. Colocaba sus manos en la porcelana del lavabo y se volvía a mirar a si mismo esbozando una sonrisa, recordando el verdadero motivo por el que se dedicaba al negocio de venderse, de rentar su compañía a personas excéntricas que no lo miraban con otros ojos salvo como una maquina de placer.
-Hermione… eres tan parecida a Elena—hacía una pausa. –Pero a la vez tienes el temperamento de Katherine.
La castaña se encontraba ahora recobrando el ritmo cardiaco tratando de borrar de su mente lo que había visto en el cuarto de baño. El calor había comenzando a inundar su cuerpo con tan perfecto hombre que había rentado, pensaba a su vez que Damon Salvatore comenzaba a despertar en ella instintos desconocidos de los cuales tenía miedo, pues eran los mismos que solo un hombre despertó en ella.
-Creo que es Jane—Decía Damon saliendo del baño con la toalla enredada escuchando los golpes de la puerta.
Hermione camino hasta ese sitio evitando ver al pelinegro cambiarse de ropa, asi que apresurando el paso la abría para ver a una preocupada mujer detrás de ella quien evidentemente estaba nerviosa. La castaña frunció el ceño y suspiró.
-¿Qué pasa mamá?, en unos minutos mas estaremos listos, le he enviado una lechuza a Harry de que acabo de llegar.
-Hermione, alguien ha venido a verte.
-¿Quién?—respondía inmediatamente mientras que su madre la miraba a los ojos.
.—Es Draco.
