Definitivamente no estaba lista todavía para ese encuentro, se mordía los labios imaginando ver de nuevo al hombre que no solo habia sido su verdugo durante su estancia escolar sino que también equivaldría a encontrarse con un mar de recuerdos que no estaba dispuesta a revivir. Su madre estaba impaciente, pues al parecer el chico se había enterado de su llegada ya sea por algun chisme que rondaba cerca de los de la boda.
Jane no encontraba las palabras exactas, conocía perfectamente al platinado y no se dio por enterada de las causas por las que su hija decidió dejarlo. Como parte de su vida, su misión era hacer que ella se sintiera cómoda, feliz y realizada a pesar de las decisiones que tomara. Tan solo suspiró un momento mirando de reojo al cuarto de baño donde Damon se estaba arreglando.
-Dile que estoy ocupada mamá, pero, no le digas que vine acompañada ¿Quedó claro?—Ella comentaba decidida mientras que su madre ladeaba la cabeza también mirando de reojo el piso de abajo donde un rubio impaciente esperaba.
-¿Por qué no bajas y se lo dices tu misma?—
-Porque, Porque… -No se atrevía a decir la verdad todavía, asi que tan solo cerraba los ojos. –Simplemente no quiero verle la cara mamá, no ahora, además Damon y yo tenemos cosas que hacer antes de llegar a la reunión de esta noche.
-Sabes hija—Se apresuraba a decir cuando en ese momento observó que el hombre pelinegro cruzaba la habitación con tan solo una toalla diminuta que enmarcaba sus caderas; gotas de agua se acomodaban estratégicamente en el pecho y torax de ese hombre haciéndolo lucir totalmente sensual a tal grado de desear tener diez años menos.
-¡Mama!—Susurraba la castaña.
-Oh perdón Hermione—Se acercaba a ella sonriendo. –Debo admitir que ese hombre es todo un manjar.
-Madre, no estamos aquí para discutir que tan comible esta Damon sino para ver que hacemos con el … otro bombon comible rubio que esta allá abajo.
-Ya lo se hija, pero dime una cosa—
-Nunca entendí que fue eso que Draco te hizo para que lo dejaras, tu… tu sabes a lo que me refiero—La madre de la chica intentaba por todos los medios no cometer una imprudencia pero era inevitable hacer regresiones del pasado desconociendo las causas de esa decisión tan abrupta.
-Simplemente, me cansé de él eso es todo—Se recargaba en el marco de la puerta y pudo observar la sombra de un hombre desesperado en la sala.
-Hija—Le sonreía su madre. –Tu no eres una mujer que se cansa de los hombres, tu sabes que nunca lo fuiste y de haberlo hecho creo que por lo menos le hubieras explicado a Draco tus razones.
Damon estaba sentado en la cama, tal vez esperaba que la madre de la chica se fuera del lugar para comenzar a vestirse, aunque bien pudo hacerlo en el cuarto de baño para dejarlas conversar como se debía. Pero en realidad aquel hombre estaba escuchando detenidamente la conversación contando que los vampiros podían escuchar sonidos a kilómetros de distancia como parte de sus cualidades sobrenaturales.
Tomó de su maleta su ropa interior de algodón, era ajustada, ahormaba a la perfección sus atributos masculinos acomodando "todo en su lugar". Caminó hasta el cuarto de baño para quitarse la toalla y comenzar a vestirse poniendo especial atención en la conversación de las dos mujeres haciendo un chiflido para despistar que estaba escuchando.
-Hay cosas que aun no conoces de mi mamá—Hacía una pausa. –Yo cambié mucho con la distancia—
-Pues por más distancia y tierra que quieras poner de por medio hija no creo que hayas dado un giro brutal de ciento ochenta grados. –Suspiraba tomando su rostro.
-Llámame madre anticuada pero para mi eres la niñita hermosa de la que siempre estuve orgullosa mi amor.—La castaña sonreía ante tal comentario tan tierno.
-Hace mucho que no me decías así—Sonreía – Supongo que hay hábitos que jamás cambiaran.
-También sé que Draco fue tu primer amor, el que más quisiste, ¿No crees que por lo menos deberías encararlo?
Hermione sintió de nuevo revivir sus recuerdos, sentía ganas de llorar pero estaba consciente que no era ni la cuarta parte de lo que solía ser en años anteriores y que el motivo real por el que se había ido a Norteamérica era precisamente para olvidar todo lo relacionado con su tortuoso amor, y sobre todo, con la firme esperanza de comenzar una nueva vida lejos de él.
-Ese fue mi error mamá—Desviaba la mirada.
-¿Enamorarte de él?—
-Claro que no.
-¿Entonces que és?
La chica miraba a su mamá con desición, con aquella entereza y gallardía que la caracterizaba en el colegio Hogwarts, con esa misma que le hizo enfrentar millares de peligros durante la segunda guerra en contra de Voldemort. Con esos ojos llenos de rabia y coraje que la hacían autonombrarse "Leona Gryffindor".
-Enamorarme—hacía una pausa. – De Draco, de quien sea, mi error fue ser una estúpida que se cree que la gente puede ser buena, que no traiciona, y que no lastima a nadie sin buscar un beneficio propio antes que el del otro.
-Hermione—Jane se quedaba estupefacta, pues jamás en toda su vida había escuchado a su propia hija hablar del amor como algo doloroso. -¿Qué es lo que te está pasando?
-Es solo que yo ta no creo en el amor mamá…
-Pero, ¿No se supone que estas locamente enamorada de Damon?—preguntaba la señora Granger haciendo que la castaña abriera los ojos con sorpresa pues en definitiva, estaba echando por la borda todos los planes de hacer creer incluso a sus padres que había encontrado a alguien más que había reemplazado a Draco.
-Pues si…- Se ponía solo un poco nerviosa pero recordaba que una madre puede ver a través de la coraza de sus propios hijos. – Estoy loca por él, ¿No viste ese cuerpo de adonis que tiene?, además sus ojos son tan, hermosos.—Sonreía algo sonrojada a la vez pero su madre solo le tocaba el hombro.
-No cometas el mismo error con el Hermione.
-¿A que te refieres mamá?—preguntaba la castaña desviando la mirada.
-¿Has visto cómo te mira?, cuando se expresa de ti lo hace como si fueras el centro de su universo, y de esos hombres no existen, es como si el pasado y el presente se mezclaran con ese muñeco—Le indicaba su madre haciendo énfasis en lo último mientras que la chica apretaba sus labios.
Era cierto, Damon Salvatore era todo un conquistador en potencia, guapo, demasiado sensual con esa voz que embrujaba a cualquiera con tan solo escucharla. Sentía curiosidad por saber quien era en realidad, pues bien era cierto que a pesar de verlo desnudo en la ducha no significaba desnudarlo totalmente, es decir, del alma misma. Por otro lado, estaba consciente que ese era parte de su trabajo, hacer creer a las clientas que en verdad estaban teniendo un amor a la medida de sus deseos.
Comparaba a aquel pelinegro con un caballero andante de armadura fuerte, de esos que tenían un rostro impecable y a la vez valientes esperando rescatar a una jovencita en apuros escalando la torre más alta devorando cuanta bestia nauseabunda se cruzara en su camino. Sin embargo, ya no creía en cuentos de hadas, y sabía a la perfección que todo aquello era tan solo una actuación bien elaborada.
-Todo puede pasar mamá, nadie tenemos la vida asegurada, ni la mia con él—Aclaraba la chica.
-¿Eso lo decides tu?
-En este caso si mamá, por ahora mi gran amor es mi trabajo, me he convertido en una publicista exitosa y dejaré un legado, al fin y al cabo esa es la meta de todo ser humano—hacía una pausa. –Ser recordados por nuestras acciones.
-¿Y que sigue despues de que llegues a esa cúspide Hermione?, ¿Con quien compartirás ese éxito?—Replicaba en susurro su madre mientras que ella se silenciaba, pues aunque se consideraba hábil con las palabras ella le había mostrado una gran lección de vida.
-Mama..
-No Hermione, en la vida necesitamos estar acompañados, alguien que nos espere en casa, alguien por quién vivir, un motor en nuestras vidas por que el ser humano a pesar de haber nacido sólo, necesita de otros para completarse—hacía una pausa. – Como yo lo hice con el hombre mas guapo sobre la tierra.
-Papá.
-Exacto.
-Mamá yo…- Jane la interrumpió.
-Asi como yo me casé con tu padre, y de quien estoy cada dia de mi vida enamorada, deseo que tu lo hagas con alguien que te llene, que te complete y con quien compartas ese éxito mi cielo—Acariciaba su mejilla como cuando era una niña.
-No desperdicies tu vida tratando de ganarla.
Hermione sintió que su madre le daba las palabras mas contundentes, sabias y directas que entraron en lo más profundo de su ser. Era evidente que sus padres eran el claro ejemplo del amor, la fidelidad y el compromiso, simplemente el matrimonio ejemplar del cual nació una hija llamada Hermione Granger quien se convertiría en la luz de sus vidas, y ahora, esa luz, se apagaba para llenarse de la mas oscura soledad.
La castaña ladeaba su cabello todavía observando que el platinado daba vueltas en la sala esperándola, no estaba lista para recibirlo, no todavía, pues había muchas heridas que debía sanar a su debido tiempo y a pesar de haber transcurrido algunos años éstas seguían frescas.
-Trataré de hacerlo, pero porfavor, dile a Draco que bajaré enseguida, y no se te olvide lo de Damon.
-Claro que no mi cielo—Jane le daba un beso en la frente para bajar por las escaleras mientras que su hija cerraba la puerta.
Damon estaba terminando de alistarse, llevaba un pantalón casual sin pliegues y una camisa negra desabotonada; se estaba abrochando los puños todavía con su cabello oscuro húmedo y rebelde. Hermione entraba mirándolo detenidamente, concluía que ese hombre era un angel caído del cielo que había llegado en el momento justo que necesitaba. Alcanzó a percibir el agua de colonia que se había puesto seguramente en zonas estratégicas como detrás de la oreja, las muñecas, el cuello y solo unas gotas en su pecho. Esa idea, tan solo imaginarla hacía que pasara saliva con dificultad desnudándolo de nuevo con la mirada, ésta ves despacio y sin prisa.
El pelinegro sintió esos ojos caramelo y apropósito sus movimientos eran lentos, la miraba a través del espejo sin hacer ningun gesto, tan solo se concentraba en que ella mirase su cuerpo, sus ojos y quizá parte de su alma oculta en esa ropa recién vestida. Cerraba un poco sus ojos para despues colocar sus manos en otro de los botones de la camisa para quitarla con suavidad, y al hacer esto la castaña volvía a pasar saliva con dificultad sin dejar de mirarlo, pues cada movimiento que hacía era espectacularmente sensual.
-Hace un poco de calor—Decía él en susurro pero ella se limitaba a asentir como una tonta, y de verdad lo estaba por la anatomía tan bien proporcionada de ese hombre.
-¿Me acomodas el cuello?—Preguntaba él en el mismo tono.
-Oh si, el cuello, claro—Se acercaba a el para colocarse frente a frente evitando esta vez tener contacto visual, pues sentía que en cualquier momento podía ceder y hacer algo indebido.
-¿Te duele?, es decir… estas tenso verdad?- Ella volvía a preguntar pero el hombre pelinegro rodaba los ojos tomando ambas muñecas.
-Hablo del cuello de la camisa—Damon Sonreía con satisfacción sin dejar el tono tan dulce que tenía.
-Oh si, la camisa, ¡Que tonta soy!, la camisa… si, las camisas tienen cuello, asi se le llama al doblez o también conocida como solapa—Ella se mostraba nerviosa.
-Lo estas haciendo de nuevo.
-¿Qué?
-Hablar de más—hacía una pausa mientras que ella acomodaba el doblez con cuidado sintiéndose nerviosa de casi rosar su piel. –Te pongo nerviosa, eso es normal, además estamos solos—El comentaba con naturalidad y al escuchar ese comentario la chica regresaba a la tierra, pues era evidente que había anotado un triunfo al engordado ego de ese hombre.
-Debemos bajar e ir por tu traje de bodas, recuerda que debe combinar con mi vestido—La castaña tomaba nerviosamente su bolso mientras que él tan solo caminaba a su dirección adelantándose a la puerta para recargarse en ella y mirarla con una sonrisa.
-¿Tantas ganas tienes de ver a tu novio Draco?
Hermione no encontraba la respuesta, se ruborizaba a tal grado de casi parecer un tomate recién cortado y maduro, volteaba de un lado a otro tratando de recuperarse pero era imposible con un hombre que era sumamente atractivo y además con otro que llevaba esperándola casi media hora en la sala. Dio un largo respiro para reponerse y a su vez miraba con determinación a su acompañante.
-He dicho que tenemos que ir a ver lo de tu traje, y lo sé, Draco está aquí y como primera parte de tu trabajo es mostrarte increíblemente cariñoso conmigo, ¿Si me explico?
-Oh si, la boda, lo sé—Rodaba los ojos para después volver a sonrier.
-Creo que debo mostrarme mas cariñoso, asi que creo conveniente hacer esto.-
En ese instante y sin pensarlo dos veces siquiera la tomaba de la cintura para recargarla en la puerta y mirarla a los ojos. Hermione sintió el agarre algo brusco pero no estaba siendo lastimada, al contrario, aquel pelinegro acariciaba su derrier con sutileza, sus manos se deslizaban despacio por esa zona en forma ascendente sobre su espalda haciendo que una descarga eléctrica la recorriera a la par de sus dedos habilidosos.
Su boca recorría sin tocar la piel de la castaña desde su cuello hasta sus labios para sonreir, pues tan solo el aliento mentolado de ese hombre hacía vibrar cada fibra de la chica como si se tratara de una gelatina a merced de un comensal hambriento. Ella entre tanto miraba sus ojos aguamarina exóticos, grandes y expresivos, dirigía la vista a la boca tan bien perfilada y carnosa a la vez que sin querer pasaba uno de sus dedos por su mejilla.
-Damon, debemos bajar…- Ella respondía en susurro pero tan solo sentía esa boca aproximándose a la suya centímetro a centímetro. Hermione seguía temblando esperando a ser besada por ese hombre pero se llevaba una sorpresa al notar que se desviaba a su oreja.
-Creo que con eso basta para que tu noviecito lo pille—
La soltaba con suavidad para acomodarse un poco la camisa y abrir la puerta dejando a la chica pasmada, sumida en sus sueños, deseando más de aquel hombre que había encendido la llama. Sus labios temblaban, su cuerpo era ahora un mar de hormonas corriendo sintiéndose traicionada por su propio instinto.
-Hijo de…- Perdía el control por un momento pero recordaba que debía hacer acto de presencia en la sala y por fin enfrentar a Draco.
Caminaba despacio, comenzaba a bajar peldaño a peldaño detrás de Damon y pensaba que sería mala idea quedarse más de la cuenta pero a su vez sabía que tendría que enfrentarlo algun dia. Sus manos seguían temblando y no precisamente por el toque sorpresivo de su escort, sino por ver de nueva cuenta a su ex novio con el que había quedado en malos términos.
Sentado en el sillón se encontraba un rubio platinado, se mordía constantemente el labio inferior a causa de la falta de paciencia, quizá también por los nervios de ver a la castaña despues de tanto tiempo. Se inclinaba hacia adelante, entrelazaba sus dedos, cambiaba de posición y observaba el reloj constantemente preguntándose quizá si era una mala idea en irla a buscar sin que por casualidad se encontraran.
-¡Oh mi cielo, que noche la de anoche!—Se apresuraba a decir despeinando su cabello oscuro bajando las escaleras.
Hermione tan solo se ruborizaba por aquella declaración pero era demasiado tarde para detenerlo puesto que llegaban por fin a la sala. No sabía exactamente como iba a reaccionar al verlo asi que desviaba la mirada y sonreía un poco para poder despistar la situación. Sintió de repente la mano de Damon entrelazándose a la suya y al mismo tiempo observaba que el rubio la estaba mirando algo sorprendido.
Draco no había cambiado mucho desde la última vez que se vieron, su cabello seguía igual de rubio platinado, sus ojos grises eran mas expresivos que nunca y actualmente su vestimenta que solía ser elegante ahora se tornaba relajada gracias a los jeans que lo hacían lucir mas jovial. Su camisa gris oscura de botones con la manga de tres cuartos le daba el aspecto mas atractivo que de costumbre. Hermione debía reconocer muy a su pesar que ese hombre que conoció desde niña era el mas hermoso que nunca había visto.
-Tu madre me dijo que llegaste hoy—Mencionaba el platinado fulminando con la mirada al pelinegro quien tenía una sonrisa triunfante aferrándose a la mano de Hermione.
-De hecho, llegamos ayer, pero hasta esta tarde llegamos a la casa de mi Pimpollito—
-Pimpollito?—Preguntaba en voz baja la castaña.
- ¿Y no nos vas a presentar?—Preguntaba Damon al instante sin dejar de sostener la mirada de triunfo ante el platinado. Este simplemente deseaba ahorcarlo y destriparlo a como diera lugar.
-Damon, él es Draco, compañero de la escuela—Hacía una pausa. –Draco , él es Damon mi..
-Prometido, novio, amante, amigo y "su gatito" en las noches, un gusto amigo—
- ¡Damon!—
-¿Qué?, solo digo la verdad mi amor—Le tendía la mano. –Damon Salvatore, un gusto conocer a los amigos de mi novia.
Draco tardó un momento en reaccionar, era una noticia sorpresiva e incluso parecía un baldazo de agua helada, asi que tan solo lo observaba deseando tener un minuto a solas con la castaña, sin embargo, era evidente que las cosas habían cambiado sobremanera durante cuatro años seguidos. Suspiró aguantándose las ganas de armar un escándalo, se tragó su orgullo y cedió por fin a saludarlo.
-Draco Malfoy—Le daba la mano y en ese instante apretaba la del pelinegro.
-Tienes mucha fuerza campeón, deberíamos jugar vencidas alguna vez, aunque te advierto—Se acercaba un poco. –Yo siempre gano, en el amor, y en el juego. –Damon miraba a Hermione con una sonrisa mientras que ella tan solo corría un mechon de su cabello cruzándose de brazos esperando irse a como diera lugar.
-¡Que casualidad!, amigo—Enfatizaba esa ultima palabra. –Yo también gano, no me gusta perder, simplemente no es lo mío.
Ambos chicos se miraban como si desearan matarse, Draco detestaba que alguien mas estuviera rondando a la castaña por lo que la presencia del pelinegro significaba un reto el cual tenia que declararse vencedor. Damon sostenía la mirada, pensaba que sería interesante ver hasta donde podía llegar ese hombre con tal de recuperar a su ex novia, aunque de algo estaba completamente seguro. No se dejaría vencer tan fácilmente, pues de todas sus clientas, Hermione era la que más le interesaba, no sabía la razón, pero sin embargo deseaba conocer mas de esa chica.
-Bien Draco, ahora si nos disculpas debemos irnos, además debo ver a Harry y a Ginny para decirles de mi llegada—La chica se adelantaba a la puerta pero sentía la mano del rubio en su muñeca. Esta acción hizo que el pelinegro se cruzara de brazos mirando con recelo esa escena pero debía estudiar perfectamente a su oponente antes de atacar. Se preguntaba quizá si era mejor desangrarlo, arrancarle el corazón o quebrarle el cuello, ya que cualquiera de las tres opciones resultaría sumamente placentera.
-Debemos hablar Hermione, te escribí una lechuza y no me la contestaste.
-No tenemos nada de que hablar Draco—Se acercaba a abrazarlo susurrándole al oído. –Lo nuestro se acabó , ¿Lo recuerdas?.
-Pero Hermione…
-Creo que esta más que claro que mi pimpollo y yo debemos irnos de compras—Tomaba del brazo a la chica acercándola a su pecho para enseguida mirarla a los ojos.
-Tiene que escogerme el traje adecuado para la boda, no quiero desentonar con esta belleza. –Suspiraba acariciando su mejilla con un dedo mientras que Draco empuñaba una mano deseando apartarlo y golperarlo.
Hermione estaba totalmente fuera de si misma, por un lado se encontraba con un hombre que podía derretir a cualquier mujer con tan solo una mirada y por el otro aquel ex novio atractivo del que siempre estuvo enamorada. Sintió los brazos fuertes de Damon en su cintura y por consiguiente enredaba sus brazos en su cuello para regalarle una amplia sonrisa, sabía perfectamente que la idea de la actuación e incluso la del contrato fue totalmente suya. Debía seguir sus propias reglas para lograr su objetivo principal.
-Amor, pueden llegar mis padres en cualquier momento.—Ella declaraba mientras que Draco se tragaba la ira pedazo a pedazo.
-Entonces volvamos al hotel mi gatita, que por cierto… me dejaste marcas, creo que te gusta morder—
-¿Morder?—Se exasperaba Draco.
-Y no has visto cuando me esposa a la cama y se pone algo ruda—El hombre pelinegro gruñía mientras que la castaña se sorprendia de esa declaración, simplemente no se imaginaba a si misma comportándose como toda una descendiente del marqués de Sade.
-Asi que ahora muerdes Hermione—El rubio reprochaba sarcástico observando a la castaña. –Bueno, es que nunca lo hiciste conmigo.
-Draco…
-¿De modo que él es fue tu novio?—le preguntaba Damon fingiendo que no lo conocía.
-¿Nunca te lo dijo?—Draco aminaba de un lado a otro totalmente tranquilo con una sonrisa en el rostro, era evidente que había dado el primer ataque. –Hermione y yo fuimos novios, nos conocimos en el colegio y digamos que tenemos una historia difícil de borrar Damon.
El vampiro abria los ojos, pues a pesar de saber que todo era parte de un juego sintió algo parecido a los celos, su corazón se aceleraba y por consiguiente cerraba sus puños apretando a su vez sus labios uno contra otro. No sabía la razón por la que una clienta debía significar algo mas que un negocio, una forma de obtener dinero fácil aprovechando su guapura , su porte, sus dotes masculinas y su habilidad en la cama.
-Pues dicen que el pasado, pasado es—El vampiro se acercaba volviendo a tomar a la castaña de la mano apartándola con suavidad del rubio.
-Además lo que no fue en tu año, no es en tu daño—Guiñaba el ojo.
Hermione sintió que estaba jugando con fuego, sin embargo conocía a la perfección las tácticas de Draco Malfoy para conseguir lo que deseaba, lo conocía más alla de lo que deseaba y simplemente el solo mirarlo, sentir su piel, oler su aroma y escuchar su voz hacía que su cuerpo no respondiera, pues éste mismo se transportaba a otro mundo como la primera vez que estuvieron juntos, como aquella ocasión en la que declaró su amor abiertamente despues de esa guerra contra Voldemort.
-Debemos irnos Damon—Daba un largo suspiro. –Draco, debes entender que ahora estoy feliz, mucho mejor sin ti, y si no te he corrido de mi casa es por que mis padres por desgracia todavía te estiman, asi que no me hagas contarles la verdadera razón por la que tu y yo terminamos.
La castaña tomaba a Damon de la mano experimentando otra vez la regresión de esa vez en la que se enteró que su novio era realmente una vil serpiente, un ser despreciable que se había aprovechado de ella. Evitó llorar para no demostrarle que seguía siendo aquella mujer débil y emocional que conoció en Hogwarts, solamente quería alejarse de él.
Draco se quedaba en la puerta esperando a hablar con la chica, pero era imposible debido a que en primer lugar no se encontraba en territorio propio, por lo tanto dada su educación decidió emprender retirada. Al menos por el momento. Salió por la puerta no sin antes dirigirles a ambos una mirada furtiva empuñando ambas manos dirigiéndose a deportivo plateado; cabe mencionar que el rubio había optado por comprar uno a raíz de la cercanía con el ministerio.
Hermione todavía sentía en el aire el aroma a encino dulce que emanaba del chico, su cercanía, sus ojos grises eran armas mortales utilizados en su contra para hacerla flaquear. Entre tanto Damon se colocaba junto a ella preguntándose si en verdad estaba enamorada de ese joven platinado, pues debía reconocer que aquel individuo era atractivo y se encontraba a la altura de competir en belleza y sagacidad con él.
Tomaron un taxi, pues era el único método para moverse en Londres, posteriormente Hermione pensaría en rentar un automóvil por esos días de la boda para evitar tener pertenencias que la ataran a Londres, deseaba regresar, continuar con su vida y su trabajo como hasta ahora lo había hecho, pues el simple encuentro con Draco Malfoy la hacía perder los estribos, ya que se encontraba en el frágil limite del amor y el odio.
Cuando porfin abordaron uno, la castaña decidió no hablar, por primera vez se quedaba completamente callada mirando hacia a la ventanilla haciendo viejas remembranzas de su vecindario, notando que nada había cambiado desde la última vez; incluso la casa de su amiga Harriet Warlock quien compartió con ella parte de su niñez ,estaba pintada del mismo color perla hueso. Daba un largo suspiro y sintió la mano del pelinegro entrelazarse a las de ella.
-Que crees que haces?—Amenazaba la chica haciendo que Damon se sobresaltara un poco, jamás le habia tocado una clienta tan testaruda como ella.
-Se supone que debemos fingir Hermione—
-Pero solo lo debemos hacer cuando nos estén viendo—Ella se soltaba para llevarse esa mano a su mentón, pues obviamente sentía una opresión en el pecho a causa de su encuentro con el pasado.
Damon quien la miraba con curiosidad solo se limitó a exhalar un poco y mostrarse como realmente era. Un gigoló, o mejor aún, un acompañante al que se le pagaba, y eso por alguna razón lograba crear una fisura en lo más profundo de su alma.
-No comprendo por que carajos contratas a alguien si puede ser tan fácil regresar con el hombre que amas—Espetaba él mientras que la chica lo miraba con ojos asesinos.
-Eso no te interesa, y porfavor deja de portarte condescendiente conmigo.
-¿Condescendiente?—Se exasperaba un poco. -¿Quién fue quien me contrató en primer lugar?, ¿Quién carajos estaba desesperada por hacer creer a su novio que tenias a otro?.—Damon bufaba molesto, y la castaña sabía que en el fondo tenía razón, pues si se hubiera armado de valor habría acudido sola a Londres para enfrentarse a su antiguo amor y encararlo como se debía, en cambio de eso solo optó por un camino fácil como reemplazar su figura.
-No debiste abrazarme de esa manera.
-No tengo que recordarte, y cito—Damon adoptaba la postura de la castaña imitándola a la perfección. –"Debes hacerle creer a todo el mundo que me adoras, que estas loco por mi"—El pelinegro la miraba a los ojos intensa y severamente hasta que la chica no tuvo más remedio que aceptar su derrota, pues cada una de las cosas que decía eran absoluta y crudamente ciertas.
-Satisfacción garantizada o la devolución de tu dinero—Hablaba más tranquilo pero a su vez tan contundente y frio como una daga directo al pecho. –Dinero que por cierto aun no me pagas.
-Asi que todo es por eso, muy bien, no hay problema te extenderé un cheque.—Replicaba ella.
-Solo acepto efectivo y ni se te ocurra pedirme a crédito.
-¡Entonces vamos a un jodido cajero!, ¡Señor diríjase al banco mas cercano!—Le imperaba al hombre que conducía el coche notando que aquellos dos tenían una charla marital bastante extraña. Sin embargo en su oficio le tocaba toparse con todo tipo de clientes tan bizarros y locos de los cuales sacaba anécdotas para contar con sus amigos del sindicato cada viernes por la noche.
-No, ¡Diríjase a la tienda de ropa!
-¡Que no!, porfavor vamos al cajero, es a la izquerda.—Replicaba ella.
-¡Que se dirija a la derecha!—Retaba Damon
-Izquierda.
-Derecha.
-Dije… izquierda—Hermione levantaba la voz.
-A la derecha!- El pelinegro se acercaba a la castaña mirándola a los ojos bastante furico.
-Yo soy la que pagare el taxi, asi que vamos a la maldita derecha—Volvía a retar la castaña.
-Yo lo pagaré asi que vamos a la derecha.
-No me retes Damon Salvatore.
-Tampoco me retes tu Hermione Testaruda y amargada Granger.
Hermione se sorprendía más de la cuenta y en ese momento su color se tornaba mas rojo de lo normal, era evidente que estaba molesta por la forma tan terca y petulante de ser de ese acompañante por catálogo. Damon se acercaba a su rostro mirando sus pómulos bastante molesto, recorría con la mirada sus labios, su nariz pero sobre todo sus ojos que a pesar de estar molesto sentía una tensión extraña que jamás tuvo con nadie. Incluso, con aquella mujer que había dejado atrás.
El coche se detenía y frenaba constantemente al ritmo de las peticiones de la pareja que podían hacerse pasar por un par de recién casados sujetos a su primera discusión. Volteaba a todos lados esperando a que ningún agente de transito estuviese cerca para infraccionarlo todo por seguir las indicaciones de una pareja disfuncional.
-A la izquierda—La castaña bajaba el tono de su voz cuando sintió la proximidad del chico, su nariz casi rozando la suya, el aroma almendrado y mentolado del agua de colonia que impregnaba su piel pero sobre todo esos ojos tan grandes y expresivos que lo hacían lucir como todo un dios de la oscuridad.
-He dicho, a la derecha—El también bajaba la intensidad de su voz.
La tensión se notaba en ese diminuto auto, dos cuerpos que se acercaban y una desición aun no tomada era lo que el conductor tenía que soportar colocándolo en una posición bastante incomoda y un tanto graciosa. Frenó el taxi por fin para mirar que ambos estaban casi a punto de besarse, pues se contemplaban como si encontraran fascinante discutir como perros y gatos. Pasó saliva con algo de nervios y se atrevió a hablar.
-¿Y si mejor los llevo a un hotel?—
-¿Qué?—Se sorprendían ambos sin dejar la proximidad.
Hermione desviaba la mirada, concluía que aquellos encantos naturales de ese hombre eran un arma de dos filos que de no cuidarse de ella podía salir perjudicada. Se sentía como una estúpida colegiala y a su vez como una porrista universitaria al casi sentir que follaría con el chico mas guapo de toda la escuela. Corría un mechon de su cabello y mientras tanto Damon solo torcía una sonrisa.
-Yo lo apoyo señor, llevenos al hotel, mi pimpollito y yo necesitamos seguir… discutiendo… izquierda, derecha… izquierda… derecha..
-Vamos a la tienda de ropa- La castaña se sentía avergonzada, pero sin embargo debía aceptar que ese hombre podía bajarle la guardia en cualquier momento con tan solo proponérselo.
Llegaron por fin a la tienda de ropa, pues la casaña necesitaba comprar lo ideal para el cocktail de esa tarde y acudir al restaurante Greek Meals donde Harry era ya conocido. Deseaba volver a ver a sus amigos ya que por la distancia no tenían el tiempo suficiente para escribir cartas, a pesar de hablar con el algunas ocasiones por celular sencillamente las ocupaciones los tenían a la orden del dia sin espacio suficiente para platicar.
Damon llegaba detrás suyo observando el tumulto de hormonas femeninas enloquecidas por un vestido, era lógico y normal que encontraran aquella tienda lo más parecido a un campo de batalla. Alzó los hombros conformándose con esperar por horas mientras que la chica comenzaba a ver los vestidos uno a uno para ver cual le gustaba.
Observaba uno en color lila que llegaba a medio muslo, era liso satinado y el escote podría levantar cualquier serpiente dormida, Damon se dirigía al departamento de lencería femenina tomando una prenda diminuta para observarla. Le gustaba tocar el encaje, la textura y su sonrisa pecaminosa se dejaba ver por todas las chicas que no le quitaban el ojo de encima.
-No creo que eso te quede Damon—Hermione se adelantaba para arrebatarle la prenda algo divertida colocándola en su lugar y contemplar el grupo de chicas que lo observaban con ganas de comérselo.
-Pero creo que te queda a ti, se ve que es—El pelinegro recorría con la mirada las curvas de la castaña deteniéndose en su derrier. – de tu talla.
-Ni loca usaría esa braga que bien puede parecer que no traiga nada puesto encima, en ese caso andaría desnuda por mi apartamento.
Damon la miraba enarcando las cejas recargándose en uno de los percheros que contenían mas prendas intimas a unos centímetros de donde había tomado la primera. Lanzaba sonrisas picaras a sus admiradoras para despues concentrarse en la chica quien estaba caminando hacia el otro lado buscando otro vestido en su talla.
-¿Por qué todas las mujeres tardan en decidir?—Rodaba los ojos cayendo a la cuenta que no obtendría respuesta. – No me digas que es parecido al misterio del por qué las mujeres van de dos en dos al baño.
Hermione pensaba contestar esa respuesta, pero a decir verdad tampoco lo sabía asi que solo lo miraba de soslayo para seguir buscando el vestido ideal para el coktail.
-Y también parecida al misterio de por que los hombres se acomodan los testículos sobre el pantalón, cada cinco segundos— La castaña respondía acertadamente mientras que Damon estaba a punto de refutarlo, pues era cierto, la mayoría de los hombres hacían eso con o sin presencia de mujeres.
-Buen punto, tu has ganado.—Sonreía de nueva cuenta para después observar un vestido en especial.
-Este…
-¿Cuál?—respondía ella un poco distraída pero al mirar que Damon le ponía especial atención decidió hacer lo mismo.
Un vestido en color azul cielo estaba colocado en uno de los maniquís interiores de la tienda adornado con un chal de seda del mismo tono. La luz se reflejaba en el permitiendo asi verlo mas atractivo ante los otros compañeros que tenía a los lados. El pelinegro se acercó para tocar la tela, sentía entre sus dedos la textura, admiraba el color, pues sus ojos aguamarina lo observaban con fascinación, como si en verdad aquella estatua de plástico tuviera rostro, piernas y personalidad alguna engalanada con esa prenda.
-El corte, la manera en la que podría entallarse en tu cintura—Hablaba en susurro dirigiéndose al maniquí mientras que las chicas que lo miraban se quedaban fascinadas con la forma en la que lo hacía.
-Si compraras este vestido, no dejaría de mirarte, de acercarte a mi cuerpo y tocarte de esta manera—
Damon deslizaba su mano caucásica hacia la espalda del maniquí aproximándolo a su pecho , pasaba su nariz por el hombro bajando lentamente por el busto mientras que su mano bajaba lentamente por el derrier hasta casi tocar el glúteo.
Las mujeres que lo observaban se mordían el labio apretando entre sus manos las prendas que llevaban de compras, se concentraban sobremanera en la forma en que Damon cerraba y abría sus ojos seduciendo a una estatua de plástico deseando fervientemente ser ellas mismas. Hermione quien observaba la escena sintió una punzada en el estómago; quizá por la atención puesta en su acompañante o probablemente por las mariposas ardientes que recorrían cada parte de su cuerpo al observar tal muestra de erotismo puro.
-Pero lo más interesante sería—Abría los ojos para hundir su mano en la cremallera del vestido y observar a las otras chicas quienes sentían combustión interna al mirarlo. –Quitártelo.
El pelinegro colocaba el maniquí en su lugar y posteriormente las mujeres se miraban unas a otras comprendiendo lo que debían hacer.
-¡Es mio!—una morena gritaba arrancando con esto otra batalla campal por el vestido.
-¡Claro que no!, ¡Yo lo vi primero!—Otra decía apartando a la morena para tratar de sacarlo del maniquí.
-¡Apartense zorras!—otra gritaba desde un extremo.
Las chicas se tiraban de los cabellos, casi se golpeaban por obtener el vestido mas perfecto que alguien podría mostrarles. Hermione estaba algo aturdida por la reacción tan abrupta que ellas tenían y decidió retroceder paso a paso para no resultar herida; conocía la forma en la que las mujeres se peleaban por una prenda por mas insignificante que esta fuera.
En ese instante el pelinegro dejaba que ellas tuvieran su revuelo para acercarse a la castaña y esbozar una sonrisa triunfante cruzándose de brazos para mostrarle lo que podía hacer un poco de persuasión.
-¿Qué rayos ha sido eso?—Preguntaba la castaña.
-Una distracción—El pelinegro vampiro tomaba la mano de la chica para conducirla a otro sitio apartado de ese tumulto agresivo y escuchar los gritos menos fuertes con cada paso.
-¿No se supone que ese vestido era mio?, ¿Por qué se los ofreciste?—Hermione preguntaba.
-Es el único vestido admirado por un hombre sin que haya un cuerpo de por medio, ¿Si me explico?—La castaña lo miraba ceñuda. - Es decir, aplico mi ley mas absoluta.
-¿No otorgar crédito a tus clientas?.
-Un amor a la medida-
Puntualizaba Damon dejando a la chica algo sorprendida, pues era cierto, si aquel hombre se dedicaba a la venta de cualquier cosa sencillamente sería uno de los más ricos del universo. Su capacidad de persuasión iba mas alla de los límites jamás imaginados, podría convertirse incluso en un excelente mercadólogo si se lo propusiera.
-Este lo reservé para ti.—El pelinegro tomaba un vestido bastante singular.
-Damon, es… bellísimo-
Un vestido de color tinto estaba exhibido no muy lejos de ahí, Hermione lo miraba y apreciaba a la perfeccion la forma en el que el claroscuro se manejaba desde el busto hasta la caída; comenzaba por uno fuerte en la parte superior difuminado en un rojo intenso de forma descendente. El escote no era voluptuoso aunque podría dejar ver el canalillo de los senos a la menor oportunidad, las mangas cortas no cubrían ni la mitad del brazo y simplemente era algo provocativo.
-Este es perfecto—La chica esbozaba una sonrisa y posteriormente la empleada del lugar acudía para ayudarles con su compra.
Entre tanto Damon había elegido un traje casual de pantalón oscuro y camisa gris, pues la adornaría con un motivo en color tinto para no desentonar con su acompañante. Ese era el vestuario de cocktail aunque todavía faltaba el de bodas, por lo que debían poner mucho mas empeño que ese para poder opacar a los demás en cuanto a coordinación y vestimenta.
Se habían acercado a las cajas a pagar su mercancía cuando en ese instante Hermione reconoció a una chica de cabello negro y piel trigueña. Se acercaba para también comprar algo de ropa reconociendo que algunas boutiques muggles podían tener algo de buen gusto. La castaña supo inmediatamente que se trataba nada más y nada menos que la mejor amiga de Draco, aquella que por consiguiente competía por su atención y no esperaba ningún minuto para degradarla.
-Lo que me faltaba—La castaña soltaba un bufido enfadada.
-¿Te refieres a la fila?, vaya que las mujeres son desesperadas para muchas cosas.
-No hablo de eso—hacía una pausa. –¡Oh por dios ya me vio!—Deseaba que la tierra se la tragara pues siempre que se confrontaba con ella las cosas nunca terminaban bien, sobretodo ahora que sabía sobre la separación con su mejor amigo.
La morena se acercaba con esa mirada despectiva que siempre la caracterizaba, contoneándose ligeramente sin perder el estilo y la clase de la alta sociedad a la que siempre estuvo acostumbrada. Miraba a las otras mujeres como simples pulgas deseando fervientemente que solo se le atendiera a ella como buena chica de elite. Sonreía con suficiencia, sacaba apropósito su tarjeta platino que seguramente era de su padre para presumir el poder que le otorgaba el dinero.
-Hermione, ¡Que sorpresa lindura!—Decía venenosamente aquella chica.
-Pansy Parkinson, ¡Mira lo que las compras y las rebajas nos han traido!—Hermione estaba en pose de batalla, misma que consistía en sus brazos cruzados y su ceja arqueada. Damon quien miraba a aquellas dos parecía estar mirando a un clon de dos amigas que había dejado en Norteamérica.
-Tantos años sin saber de ti, ¿Pero que te has hecho mujer?, por ahí me dijeron que vives en Estados Unidos, con… muggles.—Lanzaba el primer aguijonazo.
-Te recuerdo que soy hija de muggles, asi que prácticamente me siento como pez en el agua, y si es tu forma de preguntar que cómo estoy pues te dire que de maravilla—hacía una pausa para también sacar de su bolso una tarjeta platino sonriendo con descaro. Pansy se quedaba atónita al verle aquella llave que abría el mundo del materialismo.
-Por su puesto linda, ¿Cómo no iba a preguntar eso?, por cierto, yo también fui invitada a la boda de Potter, tu sabes que un acontecimiento tan importante no puede pasar desapercibido, incluso por mi- Puntualizaba la morena recargándose en la barra caminando un paso adelante para pagar su vestuario.
Damon solo las escuchaba, pues la palabra "muggles" no estaba dentro de su vocabulario; se imaginaba a un grupo o secta satánica que bien podrían parecer cazavampiros, aunque por otro lado lo asociaba con la palabra "menonitas". Pansy quien desde el principio se percató de la guapura de Damon se mostraba mas coqueta de lo normal lanzándole miradas picaras para darse a notar, mordía su labio y corría su cabello para dejar al descubierto su escote que dejaba apreciar por ese vestido en color beige que llevaba puesto.
-No seas maleducada, ¿No nos deberías presentar?.—Sugería Pansy.
-¡Oh si claro!, me olvidaba, Damon, ella es Pansy Parkinson, ex compañera del colegio y Pansy, el es Damon mi….
-Su prometido, nos casaremos en un par de meses, y toda amiga de Hermione es por ende amiga mia—Guiñaba el ojo y tomaba el dorso de la chica para besarlo y esbozar una sonrisa coqueta. Pansy enarcaba la mirada dándose cuenta que ese hombre estaba para comérselo entero con todo y zapatos caros, pues no le importaba cagar caucho despues de eso.
-Wow pero que rico estas, perdón la palabra—Coqueteaba la morena mordiendo su labio inferior imaginándose a ese hombre totalmente desnudo en su cama comportándose de la manera mas salvaje jamás imaginada. Hermione tan solo los miraba y no comprendió la razón por la que le molestaba aquel coqueteo.
-Debemos irnos, perdón que no nos quedemos a charlar pero como tu sabes debemos estar en el coktail de esta tarde—Hermione alejaba la mano del pelinegro haciendo que éste sonriera un poco mas de la cuenta, en el fondo le fascinaba sentirse el centro de atención entre dos mujeres.
Parkinson sabía la forma correcta de molestar a Hermione Granger, y no desperdiciaba ninguna oportunidad en hacerlo, mucho menos a sabiendas de su llegada a Londres, asi que optó por dar la ultima estocada antes de emprender retirada, pues la cajera de la tienda estaba deslizando su tarjeta para imprimir el Boucher de pago entregándole una pluma para que firmara.
-Por cierto, Damon- hacía una pausa para hablar mas despacio.
-Te llevas a la mejor bruja de nuestra generación, y créeme cuando te digo que nadie es tan habilidosa con una varita como lo es ella—Se retiraba contoneando un poco las caderas haciendo sonar el tacón de sus zapatos no sin antes voltear para esbozar otra sonrisa.
-Aunque por ahí dicen, que Draco desea reconquistarla, yo que tu, tendría mucho cuidado con él—dirigía una mirada triunfante a la castaña quien deseaba despellejarla viva, pero por otro lado estaba más pálida ya que se asustó por las explicaciones que tendría que dar. – Nos vemos Hermione, hasta la boda, dale mis saludos a Potter, pensé que tu amiga Ginny se quedaría para una subasta de mujeres desesperadas.
-Hija de …-
-Hermione, no…-Decía Damon en susurro mostrándose ahora condesecendiente con la morena al despedirla con una simple reverencia. Le recordaba a su viejo amor… Katherine Pierce, ya que esa manera tan descarada de ser era su mayor característica.
-Es una maldita perra—La castaña apretaba los dientes tomando la bolsa de compras con algo de rabia para dirigirse a la salida y tomar otro taxi que la llevaría a casa. Pero antes, Damon se adelantaba a ella frunciendo el ceño.
-¿Muggles?,- Se acercaba a la chica. -¿Por qué te llamó bruja?
-La maldita bruja es esa perra con zapatos Gucci—Hermione continuaba molesta.
-¿Por qué dijo que eras habilidosa con la varita?—Inquiría el pelinegro posando sus ojos aguamarina en los suyos hablando despacio.
-¿Qué es lo que quizo decir?—
Hermione no sabía qué contestar, era evidente que Pansy Parkinson deseaba meterla en dificultades, pues en caso dado de conocer a ese hombre sabría a la perfección que no se trataba de un mago, sino de un muggle común y corriente que estaba enganchado de la leona Gryffindor. Sin embargo, Damon también distaba mucho de ese concepto pues ahora ambos tenían un secreto que no revelarían ante el otro a menos que fuese necesario.
La pregunta aún estaba en el aire, ¿Hasta donde llegarían ambos para sostener esa mentira sin revelar su identidad?, ¿Qué pasaría de enterarse de su verdadera naturaleza?, no lo sabían, pero ahora la castaña estaba en serios aprietos ya que no sabría la manera de introducir a Damon Salvatore; su acompañante, a la boda de su mejor amigo.
