El tiempo ha transcurrido y ya han pasado 16 largos años desde que los Akatsukis secuestraran a aquel bebe y masacraran la aldea que lo intento ocultar. Han ocurrido demasiadas cosas, entre ellas la partida de Orochimaru llevándose el anillo que le pertenecía al nuevo integrante.
Era una noche sin estrellas solo se veían las oscuras nubes que tapaban de vez en cuando la luna llena, todo lo demás estaba sumido en la más profunda oscuridad. Soplaba un viento frio que movía las copas altas de los arboles y olía a lluvia. Unas figuras encapuchadas se ocultaban en la espesura de la noche, se encontraban apoyadas junto a uno de los arboles situados en lo alto de la colina que dominaba el lugar, el viento soplaba cada vez con más intensidad y unas cuantas gotas comenzaron a caer. Abajo se encontraba la ciudad más rica del país del fuego sumida en una calma aparente pues ante sus enormes puertas de roble macizo, se encontraban más de sesenta centinelas custodiándolas ante el posible ataque de intrusos.
En el interior de la gran ciudad amurallada se encontraban casi todas las luces apagadas, la única que todavía seguía encendida era la que iluminaba la biblioteca real situada en el centro de la ciudad. Para llegar a ella se podía ir desde cualquiera de las puertas situadas en cada una de las murallas, el recorrido era muy sencillo sino se tenía en cuenta la cantidad de centinelas que protegían aquel lugar.
La biblioteca era un edificio circular sin ventanas coronado por una cúpula que dejaba entrever una gran ventana desde donde se podía observar las estrellas. Era una de las bibliotecas más famosas del mundo no solo por lo que tenia entre sus paredes sino por lo que tenia debajo de ella. En el subsuelo había una serie de cámaras secretas que contenían los pergaminos más poderosos y prohibidos que cualquier ninja deseara tener, se decía que la mayoría de las villas ocultaban sus mejores técnicas en aquella biblioteca, pero nadie estaba seguro de si aquello era verdad. Aquella noche un grupo de Akatsukis estaba dispuesto a averiguarlo.
A medida que iba pasando el tiempo se iba oscureciendo más la noche, la lluvia que empezó como una simple llovizna ahora era más fuerte y violenta haciendo que los dos encapuchados comenzaran a impacientarse.
Donde demonios se ha metido – decía uno, el más alto de ellos, que se entretenía jugando con sus manos haciendo pequeñas arañas de arcilla, tan pequeñas y precisas que parecían de verdad.
Todavía es pronto para que llegue o… puede que no – le contestaba la otra figura mucho más baja y ancha de lo habitual. Lanzo un kunai hacia uno de los matorrales y este se lo devolvió obligando a los dos encapuchados a saltar fuera del alcance del kunai.
De un salto se alejaron del árbol que hasta hace un momento les había resguardado de la lluvia y ahora se encontraba lleno de kunais clavados en su tronco – no os da pena hacer tanto daño a la naturaleza – se reía el encapuchado que había estado haciendo arañitas con la arcilla. Nadie le contesto solo se oía la lluvia caer y leves movimientos que podían se causados fácilmente por el aire – salid – susurro simplemente el otro encapuchado mirando directamente hacia las sombras. De ellas comenzaron a salir ninjas con el emblema de la villa oculta de la hoja en su frente, varios de ellos estaban ya preparados para atacar con kunais en las manos.
Vaya – se quejo el que había lanzado el kunai – pensé que la noche seria tranquilita. Me molesta mucho tener que improvisar y esto no estaba preparado – dijo tirando su sombrero dejando ver al enemigo la mitad de su rostro cubierto por una tela.
No te quejes Sasori, al menos nos podremos divertir hasta que llegue – dijo el otro que estaba haciendo arañitas de arcilla. De pronto de la nada salió otra figura mucho más rápida. Iba vestida con una larga capa negra y solo se podían ver unos ojos verdes que no mostraban ningún sentimiento, ninguna expresión. Se situó entre la extraña pareja esperando a que el enemigo atacase.
Se supone que no os tenían que ver Deidara – le contesto mordazmente la figura negra que miraba con atención a los ninjas pensando en cual de ellos seria el primero en atreverse en atacar.
Si hubieras venido antes – se quejo este a modo de respuesta colocándose en situación de pelea.
Bueno. Ya estoy aquí y será mejor hacerlo rápido. Jutsu de tierra "arenas rojas de sangre" – dijo poniendo sus manos en el suelo.
Sin dar tiempo a ninguno de los presentes a reaccionar todo el suelo bajo sus pies se empezó a mover tragándose a casi todos los ninja de la hoja. Sasori y Deidara se encargaron de matar al resto que intento escapar saltando de la trampa. Les lanzaron kunais envenenados y arañas explosivas al grito del "arte es una explosión", para cuando acabaron se fueron a reunir con el encapuchado.
Donde te habías metido – le grito Deidara cuando por fin acabaron con todos los ninjas.
A ti no te importa – le contesto simplemente este centrando toda su atención en el objetivo-. ¿Cuántos hombres hay? – dijo al cabo de un rato.
Unos sesenta fuera, pero dentro… no lo sabemos – contesto Sasori acercándose hasta él arrastrando su gran cola metálica detrás.
Y tus informantes. No te han dicho nada – le pregunto con la duda reflejada en sus ojos.
Los mataron – dijo zarandeando la cola de una lado para otro para quitarse la sangre. El encapuchado le miro por un momento la larga cola envenenada que solía usar el marionetista y volvió su atención hacia la ciudad que tenían debajo. Sasori tenia siempre un par de infiltrados en cada una de las ciudades y villas más influyentes y casi siempre poseía información valiosa, pero en ocasiones como está era cuando más necesaria era.
No nos queda otra que improvisar – dijo al final poniéndose de pie dispuesto a seguir con la misión. Los Akatsukis solo asintieron con la cabeza-. Deidara tu iras por la puerta norte y tu Sasori por la del oeste. Son las que más cerca están de Konoha y no quiero que nadie escape para avisarles.
De acuerdo – asintió Deidara marchándose inmediatamente después de haber recibido las órdenes. Sasori se quedo un rato más en silencio, al final le miro con ojos preocupados – ¿y tú por donde iras? – sabia lo que le iba a responder y no le gustaba.
Yo me encargo de la puerta principal – dijo desapareciendo de la vista del ninja renegado en una nube de humo. El hombre dio un largo suspiro y se encamino despacio hacia la puerta que le tocaba, en ciertas ocasiones como aquella le molestaba usar su marioneta tan pesada.
Toda la ciudad estaba rodeada de un frondoso bosque pero que no llegaba a tocar sus murallas, estas se habían construido por orden de Shogun hacía más de una década para proteger la ciudad. Estaban echas de piedra maciza con más de 20 metros de alto y con un grosor que pocos ninjas podrían romper de un solo golpe. A lo largo de la muralla se encontraban los vigías que se mantenían alerta ante los posibles ataques del exterior.
La ciudad amurallada contaba con 4 puertas en cada uno de sus puntos cardinales, el encapuchado se dirigía a paso tranquilo hacia la puerta principal, iba sin ocultarse ya que tarde o temprano los vigías acabarían viéndole. Incluso antes de llegar a la puerta se encontró con los primeros guardias de la noche, eran cuatro hombres vestidos con armaduras pesadas. Al ver a la figura acercarse desenfundaron sus espadas dispuestos a atacar – ¿quien va? – grito uno de los guardias. – Descúbrase – gritaba otro cada vez más nervioso ante el silencio del encapuchado. Cuando la única separación que tenían eran apenas uno pocos metros los cuatro se lanzaron a la vez dispuestos a matar al intruso. El encapuchado se quedo quieto por un momento murmurando unas palabras y con un gesto de la mano abrió el suelo que había delante de él. Los guardias se vieron sorprendidos ante el temblor de tierra y no pudieron parar la embestida a tiempo cayendo por el agujero que se iba cerrando sobre ellos – ilusos – murmuro el encapuchado mientras seguía avanzando hacia la ciudad.
Llego ante la puerta de madera maciza donde tendría que estar el resto de los guardias pero no quedaba nadie, miro hacia arriba y se encontró con que los vigías con arcos en las manos apuntaban directamente hacia él, se encogió de hombros y saco un kunai del bolsillo. Con el kunai en la mano siguió caminando, varias flechas pasaron por su lado y alguna estuvo a punto de darle, pero fue desviándolas con ayuda del arma. Por fin llego hasta la puerta y poso la palma de su mano encima de ella, segundos más tarde la puerta que hasta entonces parecía irrompible se iba haciendo añicos.
Dentro de la ciudad los soldados que custodiaban la puerta se lanzaron contra el intruso, todo parecía ir en cámara lenta, de un momento a otro los primeros soldados caían muertos al suelo y el intruso parecía no haberse movido del sitio – como es posible – murmuraban aterrorizados los que todavía quedaban en pie. El intruso comenzó a caminar de nuevo y como si fuera un acto reflejo más soldados se lanzaron contra él – no tengo tiempo para mataros a todos – susurro con desprecio en voz baja. Junto sus manos haciendo una serie de sellos y pronto todos los soldados que aun seguían de pie cayeron al suelo con un ruido sordo quedándose dormidos en un profundo sueño. Continuo caminando en dirección a la gran biblioteca, el silencio era tranquilizador pero una fuerte explosión acabo con toda posibilidad de salir de allí sin hacer más ruido. Acelero el paso y se encontró con que Sasori ya estaba esperando delante de la puerta abierta.
La has abierto tú – pregunto cuando estuvo lo bastante cerca. Sasori solo asintió-. Pues vamos – dijo adelantándose.
No esperamos a Deidara – pregunto.
Ya es mayorcito para cuidarse solo – dijo – además ya le avisamos de que no hiciera ruido. Ahora vamos. – Entraron en la gran biblioteca dejando atrás el ruido de las bombas de Deidara y la risa maniática de este resonando por toda la ciudad.
En el interior de la biblioteca estaban encendidas pequeñas lámparas que iluminaban toda la estancia. En el centro se encontraban unas cuantas mesas y sillas ordenadas en filas, mientras que alrededor se encontraban todos los libros colocados en estrechas estanterías, en la parte derecha había unas escaleras que conducían al piso de arriba, pero nada en aquella sala indicaba que hubiese una entrada para entrar en los pasadizos del subsuelo.
¿Dónde estará la entrada al subsuelo? – pregunto Sasori dando una vuelta por la biblioteca. Cogió un libro gastado sobre linajes lleno de polvo, se notaba que hacia años que nadie lo usaba, y lo miro con curiosidad. Se fijo más detenidamente en la portada y leyó en voz baja – "Linajes poderosos de todas las aldeas". Esto puede ser interesante – pensó guardándose ese libro y otros más sobre medicinas y venenos.
No te entretengas. No estamos aquí para aumentar nuestra colección personal. Ayúdame a buscar – le regaño el encapuchado buscando por todas partes la entrada al subsuelo. Al final encontró una argolla que levantaba una pesada losa del suelo. Con ayuda de Sasori consiguió levantarla y la ataron a la pared.
Sasori cogió una de las lámparas y bajaron despacio tanteando la pared. Abajo el aire húmedo y el olor a moho era insoportable. Las galerías del subsuelo era un montón de caminos enrevesados que no parecían conducir a ninguna parte. Caminaron despacio siguiendo las indicaciones que les había dado Pain para la misión y llegaron a una cámara acorazada que parecía impenetrable.
Y ahora que – le pregunto Sasori. El encapuchado solo miraba las bisagras y sonrió, aunque con la capucha Sasori no se dio cuenta.
Tu solo observa – se echo para atrás dejando entrever un poco la boca y comenzó a hacer una serie de signos con sus manos concentrando todo su chakra en el estomago – "Katon. Bola de fuego" – susurro antes de dejar salir de su boca una gran bola de fuego que comenzó a derretir la cerradura. Antes de que se enfriara Sasori la rompió con su cola.
Desde cuando sabes esa técnica – le pregunto sorprendido mientras le seguía al interior de la cámara.
Me la enseño Itachi ayer. Antes de venir hacia aquí – dijo sin darle más importancia-. Ahora busquemos el pergamino.
Miraron por toda la sala y solo encontraban pergaminos carcomidos por la humedad y sin ningún valor por lo menos para ellos, la mayoría eran sellos y técnicas que muchos ninjas conocían ya. Sasori seguía buscando el pergamino hasta que encontró el libro de registro de aquella sala.
Oye como se llamaba el pergamino – le pregunto al encapuchado que seguía buscando entre un montón de libros y pergaminos.
El último biju – le contesto sin apartarse de la búsqueda.
El último biju – repitió Sasori buscando con el dedo si el nombre estaba en el libro de registro. Iba leyendo los nombres hasta que su dedo se topo con el pergamino que necesitaban. Chasqueo la lengua enfadado.
Que ocurre – dijo el encapuchado al oír el chasquido de su compañero.
El pergamino….
Las palabras de Sasori quedaron en el aire pues la explosión había llegado hasta ellos. Las paredes de la galería comenzaron a ceder cayendo una tras o otra como fichas de domino. Sasori le decía al encapuchado que debían marcharse, pero este se negaba a abandonar la búsqueda. Le cogió justo a tiempo tirando de él antes de que una piedra le cayera encima, resignándose al final corrió tras el marionetista en busca de una salida. Encontraron el camino entre aquel caos de piedras y subieron rápidamente a la biblioteca, allí se encontraron con la sorpresa de que los guardias a los que antes había puesto a dormir con un jutsu se habían despertado – pensé que te habías desecho de ellos – le recriminó Sasori al encapuchado – no quería perder el tiempo, pero nunca es tarde – le respondió este lanzándose contra los guardias y acabando con todos en un momento usando solamente su kunai. Sasori le veía asesinar a sangre fría y un sudor le recorrió toda la espalda – que hemos creado – pensó mientras comenzaba a seguirle hacia fuera después de haber asesinado a los guardias. Corrieron por toda la calle principal en dirección a una de las salidas, se encontraban ya cerca de una cuando el rubio se les unió – pensabais iros sin mí – le reprochaba a la vez que corría junto a ellos-. Es tu culpa Deidara. Te deje bien claro que nada de ruidos y eso iba también por tus explosivos – el encapuchado apenas se paraba a hablar, su objetivo ahora era salir con vida de aquella maldita ciudad donde había fracasado.
Salieron de la ciudad y se internaron en el interior del bosque – a los árboles – grito sin dejar de correr – entre los árboles no nos encontraran si es que acaso se atreven a seguirnos – pensó mientras saltaba hacia la primera rama que veía y continuaba corriendo. Avanzaron a paso rápido hasta llegar a un pequeño río que descendía colina abajo. El día comenzaba a clarear y estaban demasiado agotados para seguir corriendo, Deidara fue el primero en tumbarse junto a un árbol a descansar.
No te acomodes, debemos continuar – le dijo Sasori.
Déjame en paz. Estoy demasiado cansado para seguir – se quejo el rubio ignorando las palabras de su compañero-. Además para que a servido todo esto, acaso hemos conseguido el maldito pergamino – Sasori fue a contestarle pero quien hablo primero fue el encapuchado.
No y eso es preocupante. Pain necesita ese maldito pergamino para controlar al decimo biju y no sabemos donde está – dijo quitándose la capucha y la mascara dejando ver su rostro por primera vez en toda la noche. Cuando se quito la capucha ambos Akatsukis se quedaron contemplándola, era una de las dos chicas que pertenecía a Akatsuki. La chica era preciosa con el pelo color rojo con las puntas negras que le llegaban hasta la cadera y hacían graciosos bucles en cada una de sus puntas. Sus ojos verdes demostraban preocupación y su boca pequeña y delicada hacia una pequeña mueca de enfado tan gracioso que ninguno de los dos apartaba la vista de ella. Chasqueo la lengua irritada.
Lo tienen los de Konoha – dijo Sasori acordándose del libro de registro.
Como lo sabes – le cuestiono la chica mirándole molesta por no decirlo antes.
Por esto – dijo lanzándole el libro. Ella lo miro con atención y lo abrió por la página que le había dicho el pelirrojo. Una mueca de sonrisa se dibujo en su cara.
Con que Konoha. Al menos tu fascinación por los libros vale de algo – sonrió de medio lado lanzándole de vuelta el libro – bien. Nos vamos a la guarida – dijo sin esperar respuesta de sus compañeros.
Será… es que acaso no se cansa – se quejo Deidara poniéndose de nuevo de pie. Sasori no dijo nada y se limito a volver a esconder el libro, ya conocía el genio de la muchacha y su forma de ser por lo que nada en ella parecía sorprenderle, lo que si le intrigaba era el clan al que pertenecía – la técnica de la bola de fuego era claramente de los Uchija y la había dominado a la perfección en menos de un día. Su pelo si se parece al de Itachi, al menos el color, pero sus ojos son verdes – pensó mientras seguía a Deidara de rama en rama.
La muchacha llevaba un buen rato sola saltando de árbol en árbol cuando sintió la presencia de más ninjas a su alrededor. Disminuyo su chakra al mínimo y volvió a colocarse la mascara que le tapaba toda la cara a excepción de los ojos. Se escondió tras unos árboles y observo al extraño grupo que se dirigía velozmente hacia la ciudad de la que venían. No parecían tener nada en particular, era tres ninjas y una kunoichi. Su líder, el más alto de ellos no parecía tener prisa por llegar, mientras que uno de los muchacho de pelo rubio y la chica pelirosa no paraban de discutir bajo la mirada atenta del tercero que tomaba notas en un libro. Se fijo más detenidamente en la banda que portaban como símbolo ninja, tenia el dibujo de una hoja. – Con que son de la villa oculta de la hoja – murmuro más para si. Cuando los vio desaparecer se volvió a quitar la marcara y continúo su marcha hacia la guarida de Akatsuki. Al poco rato sintió los chakras de sus compañeros siguiéndola, pero tenían algo diferente, no sentía la misma intensidad que cuando salieron de la ciudad y apenas habían gastado chakra allí. Se paro en seco a la espera de que la dieran alcance. Cuando los vio a lo lejos venían bastante malheridos, Sasori se iba apoyando en Deidara y en un clon de arcilla de este.
Que os ha pasado – les pregunto con indiferencia cuando estuvieron a su altura. En su mirada no había preocupación, ni frialdad, ni nada. No sentía nada por aquellos a los que llamaba compañeros, así la habían criado, pero su obligación era cumplir la misión y llevar al grupo de vuelta al ser posible vivos.
Han sido los de Konoha. Nos pillaron por sorpresa mientras veníamos – dijo Deidara colocando a Sasori en el suelo. Deidara le miraba con preocupación, después de todo era su compañero y llevaban demasiado tiempo juntos como para no considerarle un amigo.
Aparta – suspiro la kunoichi acercándose más al marionetista que todavía seguía dentro de su marioneta. Puso una mano encima de él y el chakra verde comenzó a fluir, al cabo de unos minutos ya tenía un diagnostico bastante preocupante. Le hizo unas curas de urgencias, pero necesitaba llegar a la guarida cuanto antes. Después se dirigió a Deidara y le hizo exactamente lo mismo aunque en esta ocasión apenas eran magulladuras que curo enseguida. Al acabar se puso de pie sacudiéndose el polvo de la capa – vámonos no tengo tiempo que perder por vosotros.
¿Y Sasori? Apenas puede respirar ya no te digo eso de moverse – el rubio se levanto preocupado al ver como la chica tenía intención de seguir con el viaje.
Sasori necesita cuidados intensivos que aquí no puedo darle. Tenemos que llegar a la guarida cuanto antes si quieres que sobreviva – dijo haciendo una serie de signos con las manos, al instante había hecho una técnica de multiplicación de cuerpos y cogía Sasori entre dos.
Con Sasori bien sujeto y otra de ellas agarrando a Deidara comenzaron a correr a toda velocidad hacia la guarida de Akatsuki, aunque iban a buen ritmo el lugar quedaba bastante lejos y cada cierto tiempo paraban para que la muchacha pudiera realizar algunas curas al marionetista. Deidara se mantenía en silencio observándola, pensaba constantemente en la forma en que los trataba y llegó a la conclusión de que aquella chica no tenía sentimientos, ni buenos ni malos, solo sentía una gran indiferencia. Eso le preocupaba pues hacia de ella la asesina perfecta. La joven miro como el sol empezaba a descender y comprendió que a ese ritmo llegarían a la guarida al anochecer, miro por unos instantes al marionetista todavía cubierto por su marioneta preferida – espero que aguante lo suficiente – susurro mientras le aplicaba otra cura.
