La guarida de los Akatsukis se encontraba escondida en un pantano oculto en lo más profundo del bosque que limitaba las fronteras entre el país de fuego y el país del viento. Todo alrededor del pantano era una densa niebla que impedía la visión y obligaba a la gente a buscar otros caminos por los cuales atravesar el bosque, las aldeas del lugar ni siquiera se atrevían a pasar por allí pues contaba la leyenda que aquel pantano había sido el escenario de numerosas batallas donde guerreros y soldados habían perecido y que sus fantasmas merodeaban aquel lugar embrujado. El extraño grupo se interno en el interior de aquella niebla siguiendo el camino imaginario que les conduciría hasta la guarida. Deidara ya se había recuperado y era él quien cargaba con su compañero mientras que la joven kunoichi les abría el camino a través de la densa niebla. Un quejido de Sasori obligo a parar de inmediato a Deidara quien le recostó contra un árbol mientras la chica se perdía en el interior de aquella espesura. Al rato regreso bastante irritada por aquella pausa no planeada.
Acaso te he dado la orden de parar – le pregunto con la rabia resplandeciendo en sus ojos verdes y agarrándolo por el cuello de la capa.
No puede seguir – dijo señalando al moribundo-. Necesita descansar o es que no te das cuenta – le contesto conteniendo sus ganas de gritarle. Estaba demasiado cansado para discutir en esos momentos con la mano izquierda de Pain.
Te crees que me importa – dijo simplemente la chica empujándole contra el tronco del árbol-. Multiplicación de cuerpos – susurro a la vez que hacia una serie de símbolos con la mano. Miro al moribundo e indico a sus copias que le cogieran, sabía que si no llegaban cuanto antes el marionetista moriría y aquella parada solo había aumentado las posibilidades, pero eran problemas que no quería compartir con nadie. Ella era la líder y debía asumir su cargo con todo lo que eso llevara. Miro a Deidara todavía con la rabia reflejada en sus ojos por no darse cuenta de la situación – ¡vamos! – le ordeno. Deidara que todavía se encontraba tirado contra el árbol la miro con desprecio mientras veía como desaparecía entre los arboles por delante de él.
Será zorra – murmuro el rubio mientras se levantaba con dificultad.
Sin la lentitud de Deidara llegaron rápidamente hasta la puerta de la entrada. Realmente la guarida no tenía ninguna puerta, la zona donde supuestamente se hallaba no era más que una pequeña isla rodeada por aquel pantano y muchas hierbas y flores venenosas. En el centro se situaba un gran árbol viejo de ramas retorcidas con aspecto amenazante. Dejo a Sasori al cargo de sus copias y se acerco hasta el árbol. Se hizo un corte profundo en la mano y la puso sobre el tronco, al momento el suelo debajo de ella comenzó a temblar y un gran agujero lleno de escalones se abrió bajo sus pies. Hizo un gesto a sus copias y al rubio que seguía sin dirigirla la palabra y descendió hacia la oscuridad de aquel lugar.
Descendieron un par de metros antes de encontrarse una sala prácticamente vacía, solo tenía una puerta al otro lado de la sala y era tenuemente iluminada por las antorchas que colgaban de las paredes. Caminaron deprisa hasta la otra puerta, las trampas que protegían el lugar estaban momentáneamente desactivadas debido a la sangre que había dado aviso al mecanismo que las controlaba, pero aquello no solía durar mucho. En cuanto alcanzaron la puerta oyeron el pequeño click que hacia la máquina al volver a conectar las trampas – por los pelos – suspiro Deidara, la muchacha le ignoro y se fijo por un momento en Sasori, no le podía ver con la marioneta y tampoco había podido quitársela, pues un solo corte y podría quedar envenenada, pero sabía que cada vez estaba peor, no paraba de lanzar pequeños quejidos – si no le salvo Pain me lo hará pagar caro – pensó sintiendo un pequeño escalofrío por la espalda. Todavía recordaba los duros entrenamientos que la dejaban al borde de la muerte.
Volvió su mirada al frente y abrió la siguiente puerta, al otro lado se abría un gran pasillo que no parecía tener fin con infinidad de puertas a ambos lados. Junto sus manos para deshacer la técnica ilusoria y el gran pasillo sin fin se acorto hasta acabar en una gran puerta de madera maciza decorada con dragones dorados. Miro a sus copias y las indico con un gesto que fueran hasta la enfermería mientras ella y Deidara se dirigían al despacho de Pain.
Caminaron en silencio por el siniestro pasillo iluminado por pequeñas antorchas hasta llegar a la puerta de roble, llamo dos veces como era la costumbre y entro sin esperar la invitación, era la única de los Akatsukis que lo hacia, ni siquiera Konan se atrevía a importunar al hombre de pelo naranja cuando estaba irritable. Tras la gran puerta se encontraba un despacho ricamente adornado con alfombras rojas y doradas, la lámpara que pendía de techo era de cristal y sobre las alfombras se encontraba una mesa enorme de roble con multitud de papeles por encima. El hombre que era el líder de todo el grupo se encontraba al otro lado de la mesa mirándola con aquellos ojos que tanto conseguían intimidar a sus subalternos, todos excepto a ella. Demasiadas veces había visto la muerte por su culpa, tantas que había logrado perder todo significado por lo que una mirada asesina no significaba nada para ella. El hombre de pelo naranja con la cara llena de piercings la dirigió una mirada burlona al ver como en ella no impactaba nada – la entrene bien. A lo mejor demasiado – pensó.
Y bien. Lo tenéis – dijo dirigiéndose a la joven. Está solo negó con la cabeza mientras que Deidara desviaba la mirada – ya veo. Deidara – dijo dirigiéndose al joven sin apartar la vista de la chica – retírate – el joven se marcho sin demorarse. No quería se el blanco de la ira del jefe-. Bien, sígueme – le dijo a la joven levantándose de su asiento y dirigiéndose a una puerta semioculta dentro del despacho.
La kunoichi miro por un instante la puerta por la que había venido y suspiro resignada. Le siguió al interior del cuarto de Pain donde solía dormir con Konan. La mujer al verla entrar desapareció rápidamente en una pequeña nube de humo – seguro que se dedicara a espiarnos – pensó cansadamente. Pain le indico con la mano que se sentara en uno de los sofás que decoraban la sala mientras el se servía una copa de sake. Aprovecho para fijarse más detenidamente en los detalles de la habitación, era una sala cuadrada con una gran cama con sabanas de sedas y un armario bastante grande. Al otro lado, donde estaba ella, había dos pequeños sofás y una mesita – no sabía que le gustara tanto el lujo – pensó. Algo en su mirada tubo que delatarla pues el hombre se rio, solo era capaz de reírse con ella, ninguno de los otros miembros le había visto jamás ni siquiera sonreír de verdad.
Es cosa de Konan. Las mujeres sois así de extravagantes – la mirada incrédula que le dirigió la muchacha le hizo sonreír-. Bueno no todas si así te sientes más a gusto – dijo al fin bebiendo un sorbo de sake y tendiéndole una copa a ella.
No gracias – dijo la muchacha sin ni siquiera tocar el vaso y sin apartar la vista de él.
Vaya. Fracasas una misión, cuestionas mi mobiliario y ahora me rechazas una copa. Desde luego Kitsune me provocas más que ninguno de los otros miembros.
Si, pero soy la que más misiones te ha cumplido. Ahora ve al grano, Pain. Deseas algo de mi – dijo de forma tajante mirando con ojos opacos a su jefe.
¿Qué ha pasado con mi libro? – dijo de forma seria el hombre acabando con cualquier rastro de la amabilidad de antes.
Lo tienen los de Konoha y por lo visto bastante asegurado pues enviaron un escuadrón a la ciudad para cazarnos. Además Sasori está malherido así que voy a ver que puedo hacer por él – dijo levantándose del sofá con intención de marcharse antes de que Pain le cogiera de la muñeca.
Espero por tu bien que vayas a ver a Sasori y no ha ya sabes quien – dijo mirándola con el fuego resplandeciendo en sus extraños ojos en espiral.
¡Suéltame! – Kitsune se deshizo del agarre y se marcho hacia la puerta. Antes de salir se volvió un instante hacia él-. Lo que yo haga con mi vida no es de tu incumbencia Pain. No te confundas conmigo – le dijo antes de cerrar la puerta con un portazo. Pain chasqueo la lengua irritado, aquella chica le sacaba de sus casillas y muchas veces no sabia si matarla o desearla todavía más.
Te cuidado cariño. Esa chica ha llegado a superarte y lo sabes, su barrera de sangre no es cualquier tontería. No te interesa que se te escape una asesina tan valiosa – le dijo la voz de Konan abrazándole por la espalda.
Lo sé – la contesto distraído tirándola hacia él para luego besarla apasionadamente. Aunque en su mente a quien estaba besando era a la pelirroja que se acababa de marchar.
Kitsune salió directamente del despacho de Pain y se dirigió hacia la enfermería. Por el pasillo se encontró con la primera pareja de asesinos que volvía de su misión. Kisame, un hombre de piel azulada más parecido a un tiburón que a un hombre, la miro y la saludo con un gesto de la cabeza. La persona que le seguía era a la que menos le apetecía ver en aquel momento, Itachi. El joven de cabello negro azabache con grandes ojeras bajo sus oscuros ojos se paro en seco mientras que la joven pasaba por su lado en dirección a la enfermería – tenemos que hablar – la susurro. Ella fingió no haberle escuchado y se encamino directamente hacia donde estaban sus copias, no tenía más tiempo que perder si quería tener alguna posibilidad de salvar a su compañero.
Al entrar en la gran estancia que componía la enfermería se encontró con que sus copias ya habían estado buscando todas las plantas necesarias para curar al ninja renegado, más todavía ninguna de ellas había abierto la marioneta donde se ocultaba el marionetista. Miro a su alrededor en buscar de cualquier cosa afilada y se encontró con uno de los kunais de Deidara – ya ha venido a verle – pensó sin darle mayor importancia, no era capaz de entender la emociones humanas, no había sido entrenada para ello. La imagen de Itachi le vino de repente a la cabeza. – Deja de pensar en esas cosas – se regaño a si misma. Una de sus copias la miro con curiosidad y eso la molesto-. Desaparece – le dijo irritada mientras le lanzaba un kunai haciendo que la copia estallase en una pequeña explosión de humo – ahora todas a trabajar – dijo dirigiéndose al resto. Aquello era lo que más le molestaba de la técnica de multiplicación, que cada una de sus copias tenia pensamientos e ideas propias. Se volvió hacia donde se había clavado el kunai y tiro de él con fuerza para desclavarlo de la pared. Con el kunai en la mano se acerco hasta la marioneta inmensa que cubría toda la camilla y comenzó con cuidado a quitarle los seguros, se encontró varias veces con jutsus de protección y con un par de gestos indico a sus copias que los quitaran. Siguió quitando poco a poco la marioneta hasta que por fin se deshizo del último mecanismo de seguridad. Miro con curiosidad el kunai, el liquido morado que recorría la hoja era producto de la manía de Sasori por tener al maldito muñeco lleno de veneno, tanto la carcasa como las armas – así pasa que mueren asesinados o envenenados. No es mala técnica – susurro en voz alta. En ese preciso instante el pelirrojo abrió los ojos y la miro, por un momento sintió un extraño temor al verse al descubierto sin su marioneta y con aquella chica que había llegado a ser un verdadero peligro con un kunai chorreando veneno encima de él.
Saliste malherido de la pelea con los de Konoha ¿te acuerdas? – le dijo la chica haciendo caso omiso del miedo que por un momento se había reflejado en el rostro del chico. Tiro el cuchillo en el fregadero que se encontraba en el otro lado de la sala mientras se lavaba las manos. Sasori intento responder, pero apenas se oyó un gemido-. Ni siquiera puedes hablar ¿eh? Bueno, mejor así. No hay anestesia ya que las plantas las use con Konan la última vez así que tendrás que aguantar o te tendré que dejar inconsciente. Tú decides.
Sasori apenas tubo tiempo de pensar en nada, un instante después caía desmayado sobre la camilla. Kitsune solo le había distraído lo suficiente como para que una de sus copias le bloqueara desde atrás. Tras varias horas arreglando costillas, huesos y órganos internos, además de hacer que el chakra volviera a fluir con normalidad Sasori parecía estar fuera de peligro. Se estaba lavando las manos cuando la voz del muchacho la sorprendió.
No me dijiste que podía elegir – dijo sonriendo de lado, aunque ese simple gesto le hizo que le doliera todo el cuerpo.
¿Desde cuando dejo que elija nadie nada? – contesto la chica sin ni siquiera volverse. Sasori se toco el cuerpo y vio que las heridas habían sido muy graves, no por algo él había sido el médico de los Akatsukis antes de que empezara a enseñarle a ella cuando era tan solo una cría de 4 años.
Has mejorado – dijo al cabo de un rato después de inspeccionarse a conciencia – incluso ha usado nuevos medicamentos que ni yo mismo sé hacer – pensó por un momento orgulloso de su alumna, pero al ver el rostro de ella, con aquella mirada tan fría y sin rastro de emoción.
Seguía siendo la muchacha más bonita que había conocido, pero extrañaba la sonrisa sincera y radiante que le dedico aquel día en el que solo tenia 5 años cuando curo su primera herida, pero aquella sonrisa acabo muriendo, al igual que sus sentimientos si es que alguna vez los tubo, debido a los duros entrenamientos y asesinatos que la obligaron hacer desde pequeña.
Flash back
Un hombre desconocido, Pain y la pequeña Kitsune se encontraban enfrente de una pequeña casa blanca. Había una anciana cosiendo al lado de la ventana, mientras cantaba una dulce nana. Los hombres hablaban ó más bien discutían.
De verdad tiene que hacerlo. No es demasiado pequeña todavía – le insistía Pain al hombre desconocido.
No – dijo simplemente este. Se dirigió a la niña y le entrego un kunai-. Hazlo o sino serás tú quien morirás.
Durante quince días la niña se estuvo negando. No quería matar a la mujer que la había cuidado y querido como si fuera una hija. Cada día que se negaba aquel hombre la pegaba, la cortaba, le hacia jutsus donde una y otra vez se sentía morir. Durante quince largos días lo pudo soportar, pero llego un momento en el que no pudo y acabo matando a la anciana. Entro en la casa sola armada con el kunai y tras susurrarle un perdón a la anciana la mato. La mujer intento decir algo, pero no pudo. La sangre manaba de su boca de una forma grotesca, aunque en los ojos se la veía una tranquilidad absoluta como si aquello ya se lo imaginaba.
Cuando volvieron a la guarida Pain y la cría, está era totalmente diferente. Ya no sonreía, apenas hablaba y su mirada era tan fría como el hielo. Tras aquel primer asesinato vinieron muchos, tal vez cientos después. Consiguieron hacer de ella la asesina perfecta matando todo sentimiento desde la infancia.
Fin flas back
Sasori había estado distraído con sus recuerdos hasta que la voz de la chica le hizo volver a la realidad.
Estarás sin moverte más o menos una semana. Y sobre la marioneta te recomiendo que no te la pongas durante ese tiempo – le dijo. Caminaba de un lado para otro de la habitación recogiendo todo el material usado-. Deidara seguro que se pasara a verte en un rato.
Sin dar ninguna explicación más salió por la puerta dejando a Sasori tumbado en la camilla, se encontraba agotada y había consumido demasiado chakra como para moverlo ella sola. Salió en dirección a su cuarto, pero antes de llegar, al doblar la esquina, una mano le tapo la boca y la metió en otra habitación. Al segundo se encontraba en frente de Itachi intentando clavarle el puñal envenenado con el que había salvado al marionetista. Itachi que vio venir el golpe a tiempo con ayuda de sus ojos lo paro con otro kunai manteniendo la distancia para que el veneno no llegara a serle peligroso.
Deberías tener más cuidado, no todos somos inmunes al veneno – le dijo Itachi con una sonrisa cínica dibujada en el rostro. Kitsune solo se irrito más e intento clavarle de nuevo el kunai. Era cierto que era prácticamente inmune, pero eso se debía a que desde pequeña Sasori le fue metiendo pequeña cantidades para que formara anticuerpos, lo mismo que había hecho consigo mismo, eso no significaba que fuera totalmente inmune. Cuando caía envenenada solía tener dolores muy fuertes y se ponía enferma.
¿Qué quieres? – dijo al cabo de un rato retirando el kunai que no había podido clavar en el cuello del Uchija.
Tenemos que hablar…
