Las calles de Londres estaban sumamente tranquilas, pues a cierta hora de la noche los automóviles comenzaban a guardarse en los garaje para volver a funcionar hasta el día siguiente. Aunque en este caso, lo harían hasta el Lunes por la mañana, ya que en Londres solo se acostumbraba a trabajar semana inglesa. Conducieron sin inconvenientes mientras que la chica miraba la dirección guiando a su acompañante al lugar donde todos estarían reunidos.

El restaurante Le Noir, era el favorito para la ocasión, recordó que alguna vez despues de la guerra contra Voldemort muchos de los profesores y sobre todo alumnos de ultimo grado acostumbraban degustar un buen platillo muggle en las inmediaciones de la ciudad celebrando su libertad. Harry amaba ese sitio en especial, pues según comentó alguna vez, sus padres James y Lily tuvieron su primer cita romántica formal en ese restaurante.

El sitio era clásico, las paredes en color beige eran alumbradas por lámparas en forma descendente que daban amplitud para apreciar toda la construcción incitando a los clientes a consumir. La puerta estaba custodiada por la hostess que les indicaba a los comensales las mesas libres para evitar aglomeraciones. Observaban que algunos coches estaban estacionados pero la castaña pensaba que ninguno de ellos pertenecía a los invitados; pues todos ellos eran magos y brujas.

-Creo que conozco el truco—Hermione concluía al instante.

-A que te refieres preciosa—Damon observaba a su alrededor tratando de buscar un tumulto de personas enloquecidas con una celebración pero lo único que miraba eran comensales departiendo alegremente en aquel restaurante.

-Hermione un insecto!—El pelinegro detenía con sus manos una especie de escarabajo que se aproximaba a centímetros de su acompañante, por lo que su reflejo vampirico lo incitaba a atraparlo. -¿Es de Metal?—Preguntaba.

-Metal, creo que ahora entiendo—La castaña tomaba la mano de Damon para darse cuenta que lo que sobrevolaba su cabeza no era un escarabajo. Era un objeto redondo en color dorado que desplegaba sus alas al momento de no tener contacto con la piel del vampiro.

-La snitch dorada, clásico de Harry—Hermione reía un poco dejando en libertad al objeto dejándolo volar libremente; sin embargo, este se detenía en espera de que ellos lo siguieran. Damon lo seguía observando maravillado esbozando una sonrisa, pues no creía que cosas como esa existieran.

-Quiere que lo sigamos, ven—La chica lo tomaba de la mano para encaminarse al sitio que la snitch dorada les indicara, justamente era hacia una de las puertas que conducía a la cocina.

-Tu amigo y su prometida tendrán una reunión entre cebollas y papas?

-Claro que no, tu tan solo sígueme y no hagas preguntas hasta el final—Replicaba la castaña doblando por la derecha siguiendo todavía al objeto.

La pelotita alada no tardó en detenerse, pues lo hacía en el almacen de alimentos donde se guardaban los ingredientes para cocinar. Damon miraba a todos lados en la espera de que nadie se diera cuenta de su presencia, pero al parecer, todos los cocineros, ayudantes y asistentes estaban ocupados en los fogones colocando salsas, vinos, cortando a gran velocidad verduras para poder surtir mas de cien platillos al dia. Todos y cada uno diferentes a otros dependiendo las exigencias de los clientes.

-Espero que esto no se trate de una broma, no quiero lidiar con el capitán de meseros, que por cierto, necesita un bronceado.

Hermione omitió ese comentario de su parte abriendo la puerta del almacén, mientras tanto el vampiro pelinegro esperaba encontrarse con un sinumero de verduras y cajas guardadas para utilizarse en la cocina; sin embargo, se quedaba pasmado al contemplar claramente que aquel no era un almacén común y corriente, sino que se trataba de un gran pasillo perfectamente adornado con decoraciones un tanto extrañas.

Las banderas de color dorado con rojo engalanaban cada rincón del recibidor, mientras tanto una serie de charolas se paseaban constantemente por cada espacio del lugar llenándose de copas de Shampagne, vino y otros canapés.

-Her.. Hermione, ¿Las charolas están volando?

-Si—Contestaba secamente la chica pero su mirada se transportaba a cinco años atrás donde todo aquello tan raro y extraño era parte del mundo que tan bién conocía y del cual en algun momento estuvo orgullosa. Dio un largo respiro alisando su vestido para después caminar al encuentro de sus amigos.

-Que clase de brujería es esta—Damon volteaba a los lados esperando ver a varias personas congregadas con las que tuvo el placer de toparse hace algunos años, en especial, aquellos descendientes de los Bennet; los brujos de Mystic Falls provenientes de Salem quienes se encargaban de regular y equilibrar lo relacionado con los sobrenaturales.

Pudo observar a varias personas que reían, departían y convivían como si se conocieran toda la vida, entre ellas, hombres y mujeres que vestían túnicas largas, sombreros puntiagudos acompañados de motivos dorados. Decidió caminar junto con la chica poniendo especial cuidado en las señoras, ya que ellas no escatimaban en lo mas minimo en trajes para ese tipo de eventos sociales. Algunas de ellas soltaban grandes y estruendosas carcajadas, mientras que las otras se limitaban a observarse con la esperanza de obtener un buen material seguramente para la próxima sesión de señoras.

-Esto es…

-Magia Damon, esto es algo que no sabes de mi y tendre que contártelo, pero ahora, necesito que dejes de mirar como si estuvieras observando el Cirque De Soleil y te concentres en ser mi prometido.—Ella imperaba volviendo a entrelazar la mano con la suya para enfrentarse al millar de preguntas que los demás les harían.

-¿Eres una bruja y se te olvidó contarme este "insignificante" detalle?

-Damon, no es momento para hacer dramas, cualquier pregunta que tengas al respecto con gusto yo misma la responderé pero ahora, solo finge que estas locamente enamorado de mi, esto es parte del contrato asi que no me vengas que ahora correras asustado—Ella afirmaba sosteniendo una fingida sonrisa para despistar a los ahí presentes, pero al parecer todos estaban revoloteando y riendo animados como para fijarse en aquella pareja.

El vampiro pelinegro todavía se encontraba contrariado por la escenografía, pues las cortinas, las charolas volátiles, las chispas de color rosa que salían disparadas de las varitas no era precisamente un cuadro que estuviese acostumbrado a ver. Se acomodó la camisa de manga larga y la desabotonó para dar ese aire provocativo y sensual que lo caracterizaba.

Hermione por su parte se disponía a caminar haciendo sonar los tacones sobre el vitropiso perfectamente cuidado y pulcro que conducía a la recepción. En ese instante, todas las miradas que estaban concentradas en la pareja apunto de casarse se desviaban para prestar toda la atención a los recién llegados, los ojos se agrandaban, los gritos ahogados se hacían sonar y todos los invitados se dirigieron hacia a ellos.

-¡Hermione Granger!— Una bruja de edad avanzada junto al que debía ser su marido le daban la cordial bienvenida mientras que los demás se quedaban expectantes con su acompañante. Observaban claramente el porte y galanura de aquel hombre que emanaba testosterona despertando las hormonas femeninas de mas de una chica soltera invitada a la reunión.

-Hola Señora Weasley, señor Weasley, tanto tiempo sin verlos, me imagino que están mas que felices por la boda—Hacía una pausa. -El es el señor Damon Salvatore.

-Salvatore—Se adelantaba Arthur. -Conocí a unos Salvatore que llegaron en los años ochenta, ¿No seras tu el hijo de Mavarick Salvatore?

-¡Arthur!, no comiences—Replicaba la mujer pelirroja dándole un codazo a su marido.

-Bueno, no esta de mas preguntar Flancito—El respondía con suma naturalidad y una sonrisa en los labios.

-En realidad, no lo soy, mi familia es proveniente de Virginia Estados unidos, pero estoy encantado de estar aquí acompañando a mi prometida—En ese instante, aquella declaración contrarió demasiado a la pareja madura a tal grado de voltear a verse entre sí.

-Quieres decir que…

-Efectivamente—El pelinegro rodeaba el hombro de su acompañante castaña para depositar un suave beso, tan lento como si se estuviera apreciando una película romántica. -Esta preciosidad aceptó por fin hacerme el hombre mas feliz sobre la tierra y debo decir, que me siento afortunado en compartir con ella este maravilloso mundo, aunque yo tenia mis dudas, no por ustedes claro está, sino por ella, aunque creo que la conocen mejor que yo.

-Damon no exageres, ¿Qué van a pensar los padres de Ron?—Respondía la castaña algo ruborizada a pesar de que todo aquello fuese una actuación elaborada y ensayada.

-Que me tienes loco, que cada segundo que paso sin ver tus ojos son una eternidad que me tortura—Acotaba el hombre de ojos aguamarina mientras que Arthur y Molly esbozaban una gran sonrisa; al parecer, aquella noticia lograba concretar la inmensa felicidad que los embriagaba. No solo ahora por el compromiso de su hija.

-Oh Hermione, nosotros pensamos que…-Se silenciaba la señora esperando no cometer una imprudencia al mencionar el nombre del exnovio con el que estuvo involucrada.

-Muchas cosas han cambiado desde que me mude a Nueva York señora Weasley, la vida siempre continua—Aceptaba la chica intentando mantenerse fuerte para no dar explicaciones sobre su ruptura con Draco Malfoy; sin embargo, aún las dudas entre todas aquellas personas en la fiesta seguía en el aire.

¿Qué habia pasado entre ellos dos?, eso… nadie lo sabia.

-Y bien, ¿Dónde esta la feliz pareja que me debe muchas explicaciones?—La castaña cambiaba de tema radicalmente y en ese momento les indicaban el lugar donde se encontraban.

Cuando por fin los miraron decidieron acercarse a ellos. Damon seguía contemplado algo contrariado la actitud de los invitados ante su presencia sintiéndose lo más parecido a una rata de laboratorio o quizá un desnudista del cual esperaban el mejor espectáculo en la despedida de soltera de Ginny. Sin embargo, el no estaba en horas de trabajo, ni siquiera en libertad de liarse con otra clienta.

Hermione en cambio observaba a lo lejos a diferentes personas que habia conocido, por ejemplo la longeva profesora McGonagall que sin aquella túnica de terlenca gruesa se notaba incluso cincuenta años mas joven. La castaña le dedicaba un saludo efusivo para adelantarse rápidamente a los prometidos de boda.

Harry no habia cambiado nada desde entonces, su semblante ahora era mas parecido al de su padre James y los ojos verdes combinaban a la perfección con aquel traje sastre que seguramente su prometida le escogió para la ocasión. Ginny en cambio tenia facciones mas maduras que la ultima vez, pues cada que sonreía los hoyuelos de Molly Weasley se acentuaban cada vez mas asi como también la dentadura blanca perfectamente pulcra y blanca.

El cabello lo llevaba suelto moldeado en algunos rulos vistiendo un conjunto en color rojo tenue que se intensificaba en la caída. La castaña reconocía inmediatamente que la figura escultural de su vieja amiga no habia cambiado mucho desde la última vez que estuvo en Londres.

Cuando la pareja la vió no pudieron creer que la chica que estaba frente a ellos fuese la misma de hace algunos años. El rostro de Hermione Granger se negaba a abandonar la niñez causando cierta envidia en la pelirroja por ese cutis tan terso que evitaba a toda costa el uso de un maquillaje llamativo y chillante.

-Hermione- Harry Potter era el primero en acudir a saludarla con un fuerte abrazo que casi le molía los huesos. En cambio Damon tan solo se concentraba en esa singular cicatriz en forma de rayo que llevaba en la frente. Se preguntaba cómo se la habia creado.

-¿Por qué no avisaste de tu llegada?, hubiéramos ido por ti al aeropuerto- El chico de ojos verdes continuaba abrazandola y entre tanto la pelirroja ponía especial cuidado en el acompañante de su amiga. Debia admitir que ese joven pelinegro de piel caucásica era lo más parecido a un actor de cine o un modelo sacado de una revista para damas.

-No te la acabes Harry, ella también es mi amiga, que por cierto—La pelirroja se acercaba apartando a su prometido mirando fijamente a la castaña

—Gracias por las miles de lechuzas que recibi de tu parte, tuve que llamar a Parvati para que me ayudara con la selección del vestido—

Reprochaba la chica haciendo que Hermione se avergonzara un poco, pues era evidente que no habia tenido contacto con sus amigos desde hacía mucho tiempo.

-Lo se Ginny, es que…-

En ese instante el vampiro pelinegro se apresuraba a presentarse.

-Asi que ellos son tus amigos de los que tanto me has hablado amor mio—

-¿Amor mio?—Harry fruncía el ceño un poco contrariado.

-Hermione el es..

-Damon Salvatore, de Virginia, es un placer conocer por fin a los casi hermanos de mi … ¿Lo puedo decir?—El pelinegro sonreía de oreja a oreja esperando la aprobación de la castaña para terminar la frase.

-Damon..

-Soy el novio de su querida amiga aquí presente, simplemente la mujer de mis sueños.

-No exageres Damon—La castaña sonreía un poco colocándose un mechon detrás de la oreja observando de reojo a Harry quien aun estaba contrariado por aquella noticia.

-Y muy guapo que por cierto—

-Ginny!- Harry intervenía algo incomodo con los comentarios ligeramente imprudentes de su prometida, pero en ese momento la chica pelirroja solo soltaba una risotada dándole un beso en los labios para poder calmarlo.

-Sabes que es broma amor, no por nada pase seis años de mi vida adorándote en secreto, y ahora que por fin logré atraparte con artimañas bajas, ruines y mezquinas no desaprovecharé la oportunidad ¿Verdad?

-Eso me consta—Contestaba Hermione quien estaba siendo abrazada por el hombre alto pelinegro que desde lejos robaba el aliento de muchas de las invitadas a la celebración.

Harry no encontraba donde meter la cabeza, pues sabía que cuando su amiga y prometida se reunían les encantaba tener su momento de chicas mofándose de los defectos de los caballeros; ellos incluídos obviamente. Por otro lado seguía observando a Damon; pues obviamente la sorpresa de que su mejor amiga estaba saliendo con alguien nuevo le habia caído como baldazo de agua helada.

-¿Y ya te olvidaste de mi?—Una voz grave pero graciosa se hacía sonar a lo lejos, misma que la castaña reconocía a la perfección y por ende volteaba para ver lo mucho que había cambiado a través de los años.

-Ronald Weasley, en persona, y si no tuvieras la charola de canapés que seguramente hurtaste de la cocina juraría que eres otra persona—La castaña soltaba a Damon para correr a abrazar a su viejo amigo pelirrojo. En cambio el vampiro se sorprendía sobremanera por la forma en la que había pasado a segundo plano, pues sin querer sintió algo en su corazón parecido a la incomodidad.

-Te extrañe tanto sabelotodo Granger—Ron se tomaba la liberta de dar un beso apretado en la mejilla de la chica mientras que ésta reía como una loca al ver la forma en la que su amugo de antaño se seguía comportando. Debía admitir que también lo había extrañado a pesar de haber tenido algo que ver en el pasado; no duradero, eso era claro.

En ese instante el hombre alto que acompañaba a la castaña lo miraba con cierto recelo, fijaba sus ojos aguamarina grandes y expresivos en el rostro del pelirrojo extraño para extenderle la meno con firmeza. Ronald volteaba por instinto dirigiéndole la misma mirada.

-Si quieres más canapés buscate los tuyos, me costo mucho trabajo quitárselos al mesero—El pelirrojo engullía uno de ellos masticando con fuerza emitiendo palabras mientras lo hacía. Aquello a Hermione le seguía pareciendo asqueroso y de mal gusto, sin embargo era su amigo por lo que no le quedaba otra cosa que aceptar su manera rara de ser.

-No, no estoy aquí por el caviar, sino por mi novia, misma que ha olvidado sus modales y no me ha presentado ¿Verdad?—Damon reprochaba a la chica.

-Oh, es verdad, perdóname—Se disculpaba. -Ron, el es Damon Salvatore.

-Que hay. -Respondía el pelirrojo estrechando su mano.

-Si, un gusto conocerte, soy Damon, el novio de Hermione.

En el momento exacto que el pelinegro terminaba aquella frase, el pelirrojo tuvo problemas para deglutir el bocado, pues tosía como un loco buscando desesperadamente un trago de agua para poder respirar un poco. Se golpeaba el pecho y al observar que no habia ninguna charola de Champagne disponible, se dispuso a tomar su varita para poder atraer una a lo lejos.

La charola de Champagne se tambaleaba al ser atraída a las manos del chico logrando mojar algunos atuendos, peinados y manicura de los invitados mismos que lo miraban con fastidio al ver al autor de aquella broma de mal gusto.

-Weasley ten mas cuidado tonto!—Seamus Finnegan, quien estaba conviviendo con otros camaradas excompañeros del colegio y ahora miembros del ministerio mismo tenían sus solapas empapadas.

-Callense idiotas—Respondía el pelirrojo tomando una copa de burbujeante bebida para lograr pasarse el bocado.

Hermione contenía las ganas de reírse apretando con su dedo índice su labio inferior mientras que Damon comenzaba a sentir algo de simpatía por ese chico. No a cualquier persona le salían a la perfección las arcadas hechas por alimentos.

-Hermione—Ronald regresaba la mirada a Hermione. -Nunca me dijiste que tenías novio, ¿Una lechuza minimo era una buena idea no crees?—Cuestionaba el pelirrojo en un hilo de voz y con lagrimas en los ojos de casi morir ahogado.

-¿Pero que pasó con Draco?, pensé que hoy se verían aquí—

-¡Ron no seas tonto!—Respondía Ginny quien llegaba hacia a ellos para quitarle la charola de canapés junto con las copas medio vacías de Champagne mirándolo con furia.

-No te preocupes Ginny, es normal que lo pregunte, casi no se enteró de lo que pasó.—Hermione trataba de mediar las cosas y evitarle una vergüenza mayor a su amigo pelirrojo. -Además recuerda que Ron tiene el tacto fino de un elefante y la prudencia de una gárgola parlante.

Ronald Weasley estaba avergonzado por aquel comentario, sin embargo observaba al pelinegro quien no se incomodaba con ese nombre, puesto que cualquiera que hubiese estado en su lugar haría un mar de preguntas al respecto. Harry, Ron y Ginny contemplaban al chico preguntándose la forma en la que lo habia conocido.

-Propongo un brindis por la feliz pareja—Una mujer a lo lejos se escuchaba sonar una copa y todos los ahí presentes le prestaban atención. Se trataba de Katie Bell, quien fuese en su momento capitana del equipo de Quidditch antes de que Harry tomara su lugar en Septimo curso.

Katie iba vestida con un conjunto color beige ataviada de joyas de pedrería que eran su delirio, su cabello lacio y obscuro estaba atado en una cola de caballo que rizado lograba tapar el ligero escote que llevaba en la espalda. Era acompañada de su marido Oliver Wood; también entrenador y capitán en su momento del equipo de los leones en Hogwarts.

-Por nuestros amigos Harry Potter y Ginny Weasley, que la felicidad los embriague sobremanera y los golpee como una bludger endemoniada, son los deseos de todos sus amigos—Alzaba la copa mientras que los demás hacían lo mismo.

-Por Harry y Ginny—Respondían al unísono.

Aquella ceremonia prenupcial fue de lo mejor, se observaban diferentes compañeros de trabajo de Harry departiendo, bebiendo y riendo de los chistes relacionados con el ministerio, otros en cambio estaban criticando los atuendos de los invitados pero sobre todo preguntándose la procedencia de aquel hombre que habia llevado Hermione Granger ya que era bien sabido que era demasiado especial en cuanto a relaciones se refería. Muchas otras deseaban estar en su lugar al ver a ese hombre gallardo, alto y atractivo que hacía mojar a mas de alguna con tan solo tener un contacto por algunos segundos con sus ojos aguamarina. Debían admitir que si bien la castaña tenia a un hombre que se consideraba excelente partido para cualquiera como Draco Malfoy tenia la suerte de toparse con un modelo salido de revista.

Hermione saludo a la mayoría de los comensales; muchos de ellos bastante conocidos e incluso miembros del antiguo ED, puesto que ahora estaba compartiendo opiniones con Neville quien iba de la mano de Hanna Abbot, otra exalumna de Hogwarts quien le anunciaba que estarían de viaje próximamente por el trabajo en botánica mágica de su novio.

Damon se sentía como un pez fuera del agua, y a pesar de ser muy buen actor fingiendo ser el novio enloquecido de amor por Hermione Granger no dejaba de alarmarse por la manera peculiar de ser de esos magos y brujas. Observaba constantemente algunos artilugios un tanto graciosos que llevaba otro chico pelirrojo vestido un poco mas empresarial que los demás.

-El es hermano de Ron y Ginny, su nombre es George, es gemelo—Le respondía la castaña al oído al momento también de saludarlo.

-¿Gemelo?, ¿Y donde esta su hermano?—preguntaba de nueva cuenta Damon con el ceño fruncido.

-Muerto.

-¿Qué?

-Larga historia que también te contaré en su momento.

-¿En su momento?, Hermione, a este paso duraremos mas de una semana y te recuerdo que trabajo bajo tiempo definido, ¿Me pagaras tiempo extra verdad?, creo que me quejare con el sindicato.—Bromeaba el vampiro abrazando por la cintura a la castaña, y aunque ella intentaba disimuladamente alejarse éste la acercaba mas a su cuerpo.

-Recuerda que estas loca por mi, yo también necesito que me ayudes—Replicaba el pelinegro haciendo que ella no tuviera mas remedio que ceder ante tal actuación.

-No te iba a decir que era bruja cuando hicimos el trato Damon, además se supone que tienes una diversidad amplia de clientas.

En ese instante el pelinegro de ojos aguamarina abrazaba por la cintura a Hermione para acercarse a centímetros de sus labios. Las chicas solteras que se encontraban sentadas en las mesas observaban a ese hombre con ganas de tomar el lugar de la castaña, o esperar la menor oportunidad que estuviera distraída para preguntarle aunque fuese la hora.

-Una mujer afroamericana es una diversidad, una mujer sin una extremidad, también es una diversidad, una mujer ciega, es otra diversidad, pero una mujer bruja … es digno de crónicas de lo paranormal Hermione- Damon le hablaba al oído mientras ella fingía estar acariciando su mejilla esprando que nadie se diera cuenta que en lugar de darse cariños mutuos estuviesen discutiendo los términos de un contrato.

-Estaba desesperada ¿Ok?, asi que no me juzgues, esto terminara pronto y tendrás tu dinero, incluso podre hacerte una carta de recomendación para otra de tus clientas—La chica fingia una sonrisa mientras que se separaba ligeramente de sus manos para acudir a saludar a otro de los invitados.

Damon estaba ahora rodeado de desconocidos a quien solo les saludaba asintiendo con la cabeza sin dejar la sonrisa encantadora que lo caracterizaba. Tomaba una copa de Champagne de las charolas voladoras y al ver que su "clienta" estaba en buenas manos decidía ir a caminar un rato para tomar aire fresco. Daba largas zancadas hasta uno de los balcones que devisaba a unos metros para poder tener contacto con el aire.

Colocaba sus manos en el hierro del barandal y cerraba sus ojos para concentrarse en la paz que le brindaba el viento, sin embargo, se sentía intranquilo, incomodo, se preguntaba si se debía a la falta de alimento en días ,pero decidía no pensar en eso ya que drenar a una invitada de la fiesta sería equivalente a tener enemigos brujos. No le apetecía otra pelea epica como las que acostumbraba tener en Mystic Falls.

-Es solo una clienta joder, en una semana volveré a ser libre—El pelinegro se pasaba una de sus manos por su cabellera oscura mirando al horizonte.

-Magnifico lugar para ver linfosinus—La voz de una chica se hacia sonar cerca de su espalda. Esta no era la de Hermione, sino de otra persona recién llegada a la terraza.

Damon escuchaba claramente las palabras, eran tan dulces, apacibles, inocentes y puras, por lo que volteaba inmediatamente para darse cuenta que una joven rubia de cabello a la cintura se encontraba haciéndole compañía. Aquella chica tenia los ojos azul cielo y una sonrisa que iluminaba incluso todo el recibidor, sin embargo su vestido desentonaba un poco al portar mariposas doradas que movían sus alas. El color rosa chillante hacia juego con la el moño en forma del precioso insecto alado.

-¿Qué son Linfosinus?- Preguntaba el pelinegro intentando no prestar atención o soltar una risotada al observar el atuendo de la jovencita.

-No se dejan ver mucho—La chica se acercaba al barandal apreciando junto a el ese panorama, suspiraba un poco y volvía a mirarlo—Pero los veo claramente ahora que estas aquí.

-¿Y como son?—Damon preguntaba para dar por su lado a esa chica. -No me digas que son parecido a libélulas que escupen fuego, creeme que ese dibujo animado ya lo vi y me pareció de mal gusto—Daba un trago generoso de su bebida.

-No precisamente, aunque he de reconocer que no he visto lugumitos estos días, pero si ves alguno no los veas a los ojos, pueden hacerte cometer locuras—Respondía la joven con suma naturalidad mientras el vampiro contenía aún mas las ganas de reírse. Encontraba totalmente gracioso que hablara con tanta naturalidad de seres no existentes como si se trataran de pavos y gallinas afuera de la terraza.

-Mi nombre es Luna—ella le extendía la mano con una sonrisa educada, incluso mas inocente que otras chicas que lo miraban como un trozo de carne suculento. -Luna Lovegood, soy amiga de los novios.

-Mucho gusto, soy Damon Salvatore—El le estrechaba la mano intentando no ser rudo.

-Eres muy popular en la fiesta, muchas de las chicas desean verte sin ropa, aunque no comprendo la razón—Ella retiraba su mano. -Adan y Eva vinieron al mundo de esa manera y aun consideran que el no llevar algo encima es algo indecoroso.

Damon miraba expectante a la chica de mariposas doradas, dejaba de la do el aleteo de las mismas para concentrarse en el comentario tan perfectamente estructurado, la forma en la que miraba al mundo era tan único, tan poetico y a la vez tan realista que parecía una realidad poco vista por los ojos normales. Sin embargo, Luna no lo miraba con deseo, o con ganas de ser la cena nocturna, sino como un invitado más común y corriente que se habia acercado a el para entablar una conversación.

-Tienes razón Luna, la desnudez es algo tan normal y a tal grado que con ella nacimos—Respondía con una sonrisa.

Luna caminaba un poco observándolo, estudiándolo tal vez pues sus ojos se posaban en sus facciones, en su piel, en sus manos, en su cabello. Damon en cambio se sintió un poco incomodo por lo que se pegó un poco más al barandal no importando irse de espaldas al otro lado. Ella sonreía ampliamente y señalaba con el dedo algo detrás de la oreja de ese hombre.

-Ahí esta uno.

-¿Un qué?

-Un Linfosinus—

Damon volteaba pero no miraba absolutamente nada, pensaba a su vez que aquella chica le habia jugado una trastada pero al ver los ojos azules seguros de si mismos se daba cuenta de que en verdad creía que aquellas cosas existían.

-Quizá se fue volando, no lo se, tal vez sean alejados por el calor—Intentaba responder Damon.

-No, de hecho sigue ahí—suspiraba un poco y volvía a sonreir. -Ellos revuelan en la cabeza de los vampiros.

Al escuchar esa palabra Damon se sobresaltó un poco, ¿Acaso esa chica habia descubierto su verdadera personalidad?, no lo sabía, pero debía averiguar si no se trataba de un don especial de magos. Tenía por entendido que las brujas podían sentir la presencia de sobrenaturales, pero descartaba la idea al pensar sobre su llegada a la recepción prenupcial, ya que en el caso dado de ser descubierto ellos lo habrían delatado. Miraba a la chica y se daba cuenta de que quizá la locura o el limite entre la fantasía y la realidad la estaba haciendo ver cosas que no existían.

-Pero no hay un…

-Se que eres un vampiro Damon, no cualquiera porta el lapislázuli para protegerse, sin embargo, no puedes quitártelo o seria fatal—Ella mencionaba señalándolo con suma inocencia y naturalidad.

-Yo…

-No te preocupes, tu secreto esta a salvo conmigo, por que se que te importa Hermione, y ella es mi amiga.—En ese instante Damon no encontraba la manera de alejarse, pero debía esperar a que todos se fueran para poder acabar con todo esto. Pues ahora el verse delatado complicaba mas las cosas.

-¿Por qué nadie de ellos se dio cuenta?—El vampiro pelinegro le preguntaba.

-Por que ellos solo ven… lo que desean ver en la vida, no importa si son magos o muggles.—Ella suspiraba y le devolvía la misma sonrisa inocente, eso mismo hizo que Damon se tranquilizara pues estaba seguro que aquella chica no lo delataría con los invitados.

-Tendrás que decirle la verdad tarde o temprano Damon—Luna le sugería antes de retirarse de la terraza, mientras tanto él tomaba otro sorbo de Shampagne deseando por primera vez algo mas fuerte.

-No es tan fácil, además, no creo que esta relación dure mucho, y no se por que estoy contándote todo esto si te acabo de conocer.

-Tal vez por que soy la única persona que sabe quien es en realidad Hermione Granger, y veo en tus ojos, que en realidad te importa lo que ella opine, ¿Me equivoco?—Luna continuaba con su sonrisa inocente mientras que Damon aferraba su vista al piso para distraerse de contestar.

-Si, me importa mas de lo que debería Luna.

La chica rubia se despedía con una gran sonrisa mientras que decidían quedarse un rato mas para pensar en el encuentro, pero sobre todo en las palabras tan directas y sutiles que recibía. Damon Salvatore jamás se caracterizó por ser una persona o mejor dicho, un vampiro que reconociese sus errores actuando como siempre impetuosamente; guiado por sus deseos, sus arrebatos, sus pasiones e incluso sus vicios arraigados. Ahora se sorprendía sobremanera que otra persona le recalcara cada uno de ellos sin conocerlo.

-Solo será una semana, juro que después de esto me ire de vacaciones a Hawai, ¡Oh la mejor sangre!, creo que siento nostalgia por los años treinta.

Recordaba el pelinegro sonriendo para si mismo bebiendo a su vez un trago generoso de champagne.

A lo lejos sus orbes azul aguamarina ponían especial atención en un hombre rubio recién llegado, no se trataba de Draco Malfoy, sino otro de cabello rizado con fuertes pectorales y mirada seductora. Muchos de los ahí presentes se le acercaban para darle una especie de felicitación llenos de alegría reconociéndolo al instante.

Damon no deseaba quedarse con la duda por lo que se apresuro lentamente para quitarse la curiosidad; ya que observaba su estrecha cercanía con su clienta. Sin querer, comenzaba a sentirse nervioso, incluso inseguro de si mismo al verse desplazado de forma sutil por ese hombre.

Daba el ultimo trago a su copa de bebida burbujeante para mirar claramente la manera en la que el chico rizado sonreía constantemente a la castaña con el afán de comportarse galante. Esas miradas, no le gustaban en lo más minimo.

-Claro que no Cormac, estoy igual de enana, casi parezco un hada doxy—Respondia la castaña entre risas a lo que al parecer era un comentario gracioso proveniente del muchacho rubio.

-Pues yo te veo un poco más alta, y debo decir que super sexy y hermosa.

-Basta Cormac, en serio—Hermione se sentía adulada mordiéndose sin pensarlo el labio inferior. Esa acción hizo que la sangre vampirica de Damon comenzara a hervir un poco, pues desde que se habían conocido pocas veces habia una sonrisa igual o mejor dedicada a el.

-Hola mi cielo, no nos vas a presentar?—El vampiro pelinegro agrandaba sus ojos azules derribando con ellos la presencia de Cormac McLaggen; quien hace mucho tiempo fuese el novio de la castaña por un tiempo breve. Hermione regresaba a la tierra para recordar que tenia un acompañante, y de repente, sintió algo de culpa por haberlo desatendido un poco para departir con sus amigos.

-Cierto, Cormac, el es Damon Salvatore..

-Su novio, te faltó decir hermosa—Damon le tomaba el mentón sinriendo con galanura mientras que el otro chico tan solo arqueaba una ceja para dar veracidad a esa declaración.

-¿Es cierto eso Hermione?—Preguntaba Cormac

-Si, es verdad—Suspiraba.- Vida nueva en un país nuevo.

El rubio rizado se sentía un poco fuera de lugar, sin embargo, no se intimidaba con la galantería y porte de ese pelinegro alto; al contrario, por alguna razón esbozaba una gran sonrisa extendiendo su mano para ofrecerle un saludo. Damon Salvatore se tranquilizaba al pensar que ese chico no era mas que un admirador mas de su clienta, y daba por bien sentado que sería él y solo él quien tuviese sus atenciones al por mayor.

-¿Sabías que Hermione y yo eramos novios en Hogwarts?—Cormac lanzaba el primer aguijonazo mismo que fue inyectado sutilmente en la yugular de Damon.

-¿Sabias que te llevaras una sorpresa esta noche?—Respondía el pelinegro sosteniendo la sonrisa.

-No comprendo

-Tu solo siéntate McCormick

-¡Cormac!, mi nombre es Cormac

-No debo fingir que me interesa ¿Verdad?—Fulminaba el vampiro encaminándose al frente donde una banda de músicos se encontraba amenizando la celebración. Tomaba el micrófono para dar un anuncio importante.

Hermione se sintió avergonzada por la actitud de su acompañante, sin embargo comenzaba a agradarle la forma en que dramatizaba los celos sin ningun problema; consideraba que sería un cuento creíble al final del dia dejando en claro a todos los ahí presentes su cambio de vida, de personalidad y sobre todo de novio.

-¡Atencion a todo el mundo!—El pelinegro ahora se apoderaba del aparato de sonido para dar unos cuantos pasos al frente y señalar a la pareja que se habia prometido en matrimonio.

-Quiero agradecer haber sido "Invitado directamente" a esta boda, y aprovechar para felicitar a los chefs, definitivamente los mejores canapés de esta fiesta- Los señalaba con el dedo guiñándoles un ojo. -Se lucieron chicos, ¿O no es verdad Ron?—El pelirrojo quien aun engullía otro más de la charola tan solo astenía en señal de acuerdo causando las risas de todos los invitados ahí presentes. El único que no lo hacía era McLaggen por obvias razones.

Las chicas estaban maravilladas con la soltura, el estilo y el sentido del humor que tenía el hombre pelinegro que se adueñaba del micrófono como todo un experto; a tal grado, que los músicos realizaban sonatinas de tambor cada vez que terminaba un comentario sobre lo relacionado a la fiesta.

-Harry y Ginny, se que no nos conocemos y las únicas palabras que les he brindado han sido las mismas que la hermosa dama les ha dicho—Miraba a Hermione con demasiada intensidad apretando el aparato de sonido.

-Quiero sentirme afortunado como ustedes, pues bien dicen que lo bueno no espera, simplemente se queda por unos instantes y se va—Hacía una pausa. -Como si fuese un contrato… por un amor.

Hermione sintió una daga en el pecho, algo parecido a la culpa mezclado con nostalgia, ya que recordaba las condiciones en las que lo habia conocido, creado aquel tratado para aparentar una vida que distaba mucho de tener, y fue por esa razón, que por uno de sus orbes acaramelados comenzaban a brotar un par de lagrimas. Damon pasaba saliva haciendo una pausa mas larga todavía dejando en suspenso a los demás acompañados de un nudo en la garganta.

-Solo dicelo Damon.—una voz femenina se escuchaba a lo lejos, y todos la reconocieron al instante, pues esas mariposas doradas que movían sus alas sobre ese vestido eran mas que peculiares.

-Gracias Luna, por cierto, adoro tu vestido, despues me pasas el teléfono de tu diseñador personal—Le lanzaba un beso haciendo con esto que las otras chicas sintieran algo de celos por nada mas y nada menos que la Lunatica del colegio. Hermione encontró aquello demasiado tierno de su parte.

Salvatore volvió a posar sus ojos azules en los de la castaña hablando mas despacio, lento, pero a tan claro para que todos escucharan aquellas palabras que estaban apunto de salir de sus labios. Hermione todavía estaba expectante pasando saliva como si se tragara un canapé entero sin ningun liquido para amortiguarlo, tan solo apretaba sus manos a la altura de su cintura en espera que no cometiera alguna barbaridad.

-Hermione Granger, ¿Te quieres casar conmigo?—

Los gritos ahogados de las chicas, mujeres e incluso de la misma Molly Weasley se producían al unísono volteando robóticamente a Hermione en espera de la respuesta. Luna, quien miraba a todas le parecía de lo más normal y solo se cruzaba de brazos llena de curiosidad. Esa celebración habia cambiado de giro radicalmente al atraer toda la atención a los recién llegados, sobre todo a Damon Salvatore quien ahora se estaba declarando públicamente en espera de una desición por parte de su novia.

-¡Contestale Hermione!—Ginny se aferraba al brazo de su prometido y éste a su vez tomaba un poco mas de Weaskey de fuego como si fuera a el quien le estuvieran haciendo aquella propuesta.

-Yo…- La castaña no encontraba las palabras, pues era complicado para ella aceptar, rechazar o incluso correr en ese instante ante el tumulto de gente congregada. Sin embargo, todas las miradas estaban dirigidas a ella como una especie de condenada a punto de ser enjuiciada y llevada a Azkaban por un millar de crímenes.