Aun se encontraba preocupado por aquella joven rubia de la camilla de ambulancia; no era que le interesara su estado de salud o que siquiera deseara saber su paradero, sino que significaba un cabo suelto que podría delatarlo en la menor oportunidad. Estaba seguro que la habia glamurizado para que lo desconociera en su totalidad en caso dado de verse atrapado. La pregunta era, ¿A dónde habia ido?, estaba seguro que la chica no se habia retirado de la ambulancia cuando Hermione y el pelinegro se encontraban a solo unos metros de distancia.

De ser el caso; hubiera hecho ruido al alejarse aunque deseara hacerlo a hurtadillas, sin embargo la chica habia desaparecido como si la misma ambulancia la engullera cual pedazo de carne. Debía reconocer que ese hecho era producido por su buena estampa o lo adjudicaba a un poder divino. Dio un largo suspiro mientras casi llegaban al campo de Golf donde los demás estarían esperando para poder jugar unas cuantas partidas.

Harry aún tenía sus dudas, estaba seguro que la jovencita rubia tenia dos orificios hechos por un chupasangre, por lo que tendría mucho trabajo en los días venideros. No se habia puesto a pensar que su nuevo cargo le absorbería sobremanera a tal grado de no tener planes para una luna de miel; sencillamente Ginny se enfadaría a dimensiones colosales de solo saberlo.

La castaña aún pensaba en los sucesos ocurridos en Nueva York, había escuchado de los casos sucitados en Central Park, el ataque a su vecina, y ahora este debían ser provocados por el mismo chupasangre. Si Harry llevaba esas evidencias a laboratorio encontrarían seguramente que las marcas dentales coincidirían con el mismo patrón. Es decir, el mismo vampiro.

Estacionaron el coche en el aparcamiento para después bajarse y tomar las cosas. La castaña habia llevado una mochila con su atuendo deportivo, Damon en cambio solo tenia unos pantaloncillos comodos con los que claramente sus atributos se marcaban de manera discreta, constaba de una camisa tipo polo con un lagarto bordado de marca reconocida, una gorra en color hueso y un par de guantes blancos que le prestaba Harry en el trayecto al campo de Golf. Hermione lo encontraba sumamente atractivo, pues podía jurar que cierto brillo en los ojos de aquel hombre junto a ese atuendo relajado lo hacían lucir mas sensual de lo esperado.

-Voy a cambiarme, en seguida los alcanzo—Indicaba la chica cargando su mochila y disponerse a ir a los vestidores.

-Estaremos en el lado Oeste, me lo acaba de confirmar Ron—Respondía Harry.

-¿Quieres que te acompañe cielo?—El pelinegro de ojos aguamarina esbozaba una sonrisa haciendo que Harry arqueara una ceja.

-Pueden tardarse el tiempo que quieran—Guiñaba el ojo.

-¡Harry Potter!

-Hermione Granger—El chico de cicatriz en forma de rayo la arremedaba con los ademanes respectivos. Definitivamente a Damon comenzaba a caerle muy bien. Entre tanto la castaña negaba lentamente con la cabeza indicándole a su acompañante que se adelantara con Harry, ya que no se tardaría mucho en mudar de ropa.

Damon no tuvo mas remedio que aceptar, y a regañadientes se dirigió al campo de golf tomando los palos que colocaron previamente en la cajuela. Hermione se encaminaba a los vestidores aun pensado en el descabellado comentario emitido por su amigo, no podía creer que ambos comenzaran a sentir cierta complicidad. Pensaba que no era correcto hacer que tuvieran algun tipo de amistad o cercanía; después de todo, aquello no iba a durar mas que solo una semana para después inventarse un buen pretexto sobre el rompimiento.

Llegaba a los vestidores introduciéndose a uno de los cubiculos cerrando la puerta, posicionaba la mochila para sacar el atuendo que usaría esa tarde. Debía reconocer que su lado deportivo estaba mas dormido que el perro de tres cabezas que alguna vez burló para llegar al sitio donde se resguardaba la piedra filosofal; sin embargo, haría el acto de presencia respectivo para poder ver a sus amigos tan felices.

Comenzaba a quitarse sus jeans deslavados dejando apreciar perfectamente unas bragas de color magenta, no eran precisamente sus favoritas, sin embargo no habia tiempo de elegir ropa interior dada la prisa por llegar a tiempo por el coche aparcado en el bar; además, con la resaca matutina que golpeteaba cada uno de sus sentidos era complicado tener la mente concentrada en encontrar algo siquiera a su gusto.

Apreciaba su cuerpo, era imposible evitar mirarse en el espejo, podía contemplar lo mucho que habia cambiado atraves de los años y sencillamente distaba mucho de la jovencita escolar que solía ser con todo ese uniforme que escondia sus atributos femeninos. Sus caderas se habían ensanchado un poco mas, sus piernas torneadas terminaban en unas delineadas pantorrillas; eran largas, hermosas, desembocaban en unos pies menuditos que traviesamente se movían al compas de su sonrisa.

Lo que mas llamaba su atención era la cintura que tenía, jamás hubiera pensado en usar algun tipo de blusa corta mostrando el ombligo travieso que bien podía haber sido adornado con una arracada para resaltar un poco de rebeldía. Sencillamente sus padres la matarían si llegaba a usar algo asi en el colegio, y a decir verdad, a ella no le gustaban esas cosas.

Ponía especial atención a sus senos, por un momento, se preguntaba si a Damon le gustaba su cuerpo, ¿A Damon?, ¿Qué le pasaba en esos instantes?. No podía creer que estuviera apreciando su anatomía para considerarse apetecible para ese hombre que solo vería por unos cuantos días más. Aquel pensamiento la hizo regresar a la tierra, no deseaba escudriñar sobre esos sentimientos que comenzaban a despertar por ese pelinegro de sonrisa encantadora y ojos hermosos.

Comenzaba a sentirse culpable, traicionada por sus propios instintos sintiéndose patética al imaginarse siquiera una vida con Damon Salvatore. Apretaba sus labios y cerraba sus ojos para poder colocar una barrera mas fuerte e impenetrable para que ningun pensamiento, idea, sentimiento o intención mas alla de una simple compra-venta llegara a penetrar en sus sentidos creándole asi un conflicto interno.

Resoplaba con fuerza para concentrarse en el atuendo que llevaría esa tarde, asi que sacaba una falda de color azul cielo para meterse en ella y abrocharla; echaba su cabello lacio por detrás de su espalda ajustándose el sostén para evitar que se soltara en cualquier momento del juego. Tomaba la camisa del mismo color para introducir su cabeza en el orificio del cuello, metía sus brazos en las mangas y se alizaba el resto para darse cuenta de que la prenda era ajustada ahormándose en su cintura.

El conjunto casi estaba completo, tan solo faltaban las calcetas de algodón con grabados de cuadros en contrastes azules, las zapatillas de tacon ligero y el sueter en un tono mas fuerte; lo enredaba en cuello como si se tratara de una corbata dando una ultima sonrisa comprobando que estaba lista. No cabia duda que el conjunto que le eligió su madre algunos días antes estaba hecho a su medida.

-¡Alejate de mi!—Escuchaba a otra chica que seguramente estaba cambiándose a unos cubiculos del que se encontraba.

Hermione se sobresaltaba un poco al sentir que las paredes se movían como si alguien estuviera estrellando algo contra ella. Notaba que el espejo frontal vibraba parecido a un terremoto; pero no se trataba de eso, pues claramente un cuerpo era azotado contra la pared provocando que se movieran por algunos instantes. La castaña abría inmediatamente la portezuela de madera sacando su cabeza mirando a ambos lados del pasillo del vestidor.

-¿Quién anda ahí?—Preguntaba la chica pero no obtenía respuesta alguna, sin embargo, algunos golpeteos se escuchaban a cinco puertas de donde se encontraba. Dio un largo respiro para despues sacar de su bolsa personal su varita, nunca salía sin ella estando en Londres, bien podría necesitarla. Sin ella, un mago o bruja estaba desnudo.

Ponía el madero en ristre caminando con extremo sigilo al cubiculo , los nervios comenzaban a abordar su cuerpo, sus sentidos estaban alerta a cualquier suceso inesperado, su atención estaba completamente concentrada en esa puerta de donde provenía todo el escándalo.

No habia nadie mas en el pasillo de vestidores afortunadamente, daba gracias a la feliz pareja por elegir un dia no concurrido para hacer el juego, sin embargo no era buena idea que otra persona llegara a cambiarse o de lo contrario tendría que hacerla olvidar enfrentando una investigación por parte del ministerio de magia. Consideraba tedioso aquello ultimo por lo que rogaba que nadie mas entrarara a esa zona.

Estaba a unos pocos centímetros de la puerta donde escuchaba claramente a dos personas, probablemente su paranoica mente le orillaba a pensar que la chica encerrada estaba siendo atacada por alguien más pero deseaba creer que estaría con otra persona haciendo cosas indecorosas. Ese en el ultimo de los casos sería un alivio, ya que no habría que lamentar ninguna pérdida y tener que evitar una declaración por parte de la policía.

En ese instante algo inesperado ocurrió, pues la puerta se abría en forma abrupta haciendo que la castaña fuera arrojada a otro extremo del pasillo; afortunadamente solo logró caerse y no pudo ver de quien se trataba, pues esa sombra se movía a velocidad impresionante como para identificarlo. Volteaba hacia a la salida esperando que al menos se detuviera a hacerle daño pero nada ocurría, ese ente estaba ahora lejos de su presencia quizá buscando el momento propicio para escapar.

-Hijo de…- No terminó la frase y decidió levantarse para poder alisar su falda esperando no haberse hecho una contusión o un rasguño; pensaba que sus amigos preguntarían al respecto y no le apetecía tener que dar explicaciones sobre el extraño suceso en esa parte del campo de Golf.

Echaba su cabello por detrás de su espalda dirigiéndose prontamente a la puerta por donde ese extraño ser habia escapado. Contuvo la respiración por unos instantes y despues exhalaba con gran fuerza para calmarse, se encaminó al vestidor dándose cuenta que la chica que seguramente habia gritado pidiendo ayuda estaba yaciendo en el fondo.

-Oh por dios, ¿Cómo es esto posible?—Se llevaba la mano a la boca y se guradaba la varita en la calceta para poder acuclillarse y verificar el estado en el que la joven se encontraba.

Se trataba de una mujer de entre veinticinco a treinta años, su cabello era oscuro y rizado, casi parecido al de Romilda Vane; una antigua compañera de su misma casa Gryffindor quien en su momento le habia regalado unos chocolates a su amigo Harry con la intención de obtener algo mas que una cita. Claro que con medidas forzadas a causa de un potente filtro de amor en todos ellos.

La pelinegra estaba inconsciente, vestida con tan solo un pantalón de algodón untado a sus piernas y una camiseta con motivos de golf. Se daba cuenta que su cuello tenía marcas de mordida, ¿Se trataba del mismo vampiro?, no lo sabia. La tomaba de los hombros para comprobar que aun respirara y afortunadamente lo hizo, mientras tanto Hermione daba un largo suspiro de alivio al saberla viva.

-Debo llamar a una ambulancia—Pensaba para si misma y despues tomaba su celular para poder marcar el numero adecuado, sin embargo en ese instante alguien mas estaba en la escena.

La castaña tomaba su varita de nuevo para poder colocarse frente a la chica y evitar que ese vampiro terminara el trabajo que habia dejado inconcluso. Debía reconocer que estaba muerta de miedo, pues hacía mucho tiempo que no sostenía una lucha contra nadie, sin embargo era eso o enfrentar una averiguación tediosa por parte del ministerio. Daba un largo respiro empuñando el madero.

Unos pasos se hacían sonar por el pasillo de los vestidores; no eran pisadas femeninas, pues estas se escucharían con menor eco. Se trataba de un hombre, claramente pudo notar que algo no encajaba, tan solo escuchaba que ese extraño abría cada una de las puertas de los vestidores con un poco de fuerza, lo que provocaba cierta alarma en sus sentidos.

Decidió no hablar, no emitir ninguna palabra para que ese atacante no la identificara, tenía que actuar rápido, sabia que no estaba permitida la entrada a los caballeros en una zona de damas; asi que debía ser el agresor sin duda alguna. Empuñaba su varita con tanta fuerza haciendo memoria y repasando la lista de hechizos defensivos para poder darle batalle; pensaba llamar a Harry o a Ron, pero consideraba que no era necesario importunar su diversión pudiéndose hacer cargo ella misma.

-¡Petrificus Totalus!- Un rayo de color blanco salía de la punta de la varita de Hermione impactando de lleno en el pecho del hombre que habia llegado no solo congelando su cuerpo por completo, sino para apartarlo unos cuantos metros hasta la entrada al vestidor.

El individuo tenia los ojos abiertos, definitivamente aquel ataque sorpresa lo había alertado sin darle cuartel a defenderse. La castaña se llevaba una mano a la boca dándose cuenta que no se trataba de ningun atacante, asi que corrió para poder auxiliarlo sintiendo que se habia pasado de la raya al actuar por impulso. Se acuclilló colocando su varita en el pecho del recién llegado.

-¡Damon Perdoname, no sabia!—El pelinegro vampiro habia llegado al vestidor con la intención de sorprender a Hermione, sin embargo lo que recibió no fue precisamente un beso de bienvenida. Inmediatamente posicionaba la punta de la varita de nueva cuenta en su pecho. –Finite Incantatem.- Ahora el vampiro se encontraba en su estado natural.

Damon Respiraba como si necesitara grandes cantidades de aire para poder reponerse, miraba a ambos lados y después a la castaña quien todavía se encontraba mirando el vestidor donde la chica había sido atacada. El pelinegro se levantaba sacudiéndose el pantalon de algodón mirando a la chica como si deseara darle una reprimienda.

-Sabía que eras una bruja, pero acabas de congelarme con esa cosa—Señalaba la varita. –¿No hubiera sido mas fácil sacar un conejo de tu bolsa y hacer que me mordiera?

La castaña contenía las ganas de reir por ese comentario, sin embargo todavía había un asunto no resuelto en el vestidor, asi que decidió no meter a Damon en aquel caso puesto que consideraba no tenía nada que ver en todo aquello; ya tenía suficiente con saber su naturaleza como para poder mencionarle que habia amenaza de vampiros en Londres. Le sonreía de manera gentil acariciando su mejilla, se acercaba con sutileza para despues darle un beso en ella.

El pelinegro sintió que su corazón de nuevo latía fuerte, pues ahora que nadie los veía podía notar que ese acto habia sido espontaneo, sin necesidad de fingir ante nadie. Eso lo ponía feliz, asi que acarició la mano de la chica para devolverle la sonrisa y mirarla con los mismos ojos.

-Estaba preocupado por ti, Harry me dijo que te avisara que se habían cambiado de lugar—Sonreía de manera galante y compasiva para después observar que la castaña tenía su mente ocupada en otra cosa.

-¿Ocurre algo Hermione?—Preguntaba con suma curiosidad, mientras tanto la chica no sabia que hacer con la joven que se encontraba en el vestidor.

-No, no ocurre nada Damon, por favor espera por mi afuera, no tardare solo ire por mis cosas y nos iremos para alla—Mencionaba para poder ocultar las cosas.

El pelinegro notaba que algo la preocupaba sobremanera, pudo notar que su ritmo cardiaco estaba acelerado y que un leve temblor sacudía su piel; no era buena señal, algo habia ocurrido y deseaba saberlo. Tomaba a la castaña con ambas manos su rostro para mirarla fijamente, le sonreía, no cabía duda que en ese atuendo deportivo de Golf se miraba hermosa, incluso mas de lo que se la había imaginado. Observaba sus piernas desnudas y untadas en esas calcetas cuadradas, la faldita azul cielo que bien podía contrastar con sus ojos aguamarina. Le gustaba pensar, que se habia colocado ese atuendo para poder combinar perfectamente con él.

-Hermione, dime lo que pasa—Los ojos aguamarina del pelinegro dilataban sus pupilas colocando especial atención a penetrar la mente de la castaña, mientras tanto, ella se sintió en un estado de trance. Damon la estaba glamurizando.

-Una mujer fue atacada y se encuentra en ese vestidor.

-¿Cómo sabes que fue atacada?

-Tiene marcas de colmillos de vampiro en el cuello y esta sangrando, debo llevarla rápido al hospital y decirle a Harry lo que pasa, no quiero que siga habiendo mas ataques.

Damon se quedaba atónito, pues estaba completamente seguro de que habia otro vampiro en los alrededores, desviaba un poco la mirada tratando de saber la identidad del otro que estaba haciendo acto de presencia y al parecer dejando su huella de manera evidente. Daba un largo suspiro para despues volver a mirar a la chica y sonreir.

-¿Crees que haya sido el mismo vampiro que atacaba en Nueva York?

-No lo se, tendría que comprobar las marcas dentales.

-¿Puedes diferenciar mordidas de vampiro Hermione?—Volvia a preguntar el acariciando ambas mejillas.

-No, tendría que mostrárselas a Harry para que comience a averiguar.

El pelinegro observaba el vestidor donde la joven estaba casi moribunda, tomaba de la mano a la castaña para dirigirse a ese sitio. En ese momento otra mujer intentaba entrar para cambiarse, por lo que el hombre pelinegro se adelantaba para poder mirarla a los ojos y con una sonrisa, ojos concentrados y mente clara la ahuyentaba.

-Vete de aquí, no quieres cambiarte de ropa, de hecho, te gusta la que llevas puesta.—La mujer que llegaba a mudarse de atuendo solo asentía con lentitud regresando satisfecha por donde había venido. Damon daba un largo suspiro de alivio regresando al cubiculo donde la pelinegra estaba yaciendo.

Volvía a tomar la mano de Hermione, la observaba por unos instantes concluyendo que si de él dependiera permanecería asi para poder estar a su lado el mayor tiempo posible; sin embargo, deseaba en el fondo que todo fuera real, sin glamur, sin vampirismo, sin magia. Daba un largo respiro para acuclillarse en frente de la mujer atacada, tomaba su cuello para observarlo lentamente y darse cuenta de que las marcas de mordida eran mas angostas que las suyas propias.

-No es posible, ¡Hija de Puta!—Damon daba un golpe estruendoso en la pared del vestidor para darse cuenta de algo que se negaba a creer, probablemente conocía la identidad del atacante.

Tomaba su muñeca para hacerse una herida saliendo de ella un par de hilos de sangre, se lo ofrecía a la pelinegra en los labios haciendo que lo bebiera para recuperarse. El hombre de ojos aguamarina cerraba sus párpados negando lentamente con la cabeza, pues al descubrir que no se trataba de un vampiro cualquiera complicaba las cosas, su corazón comenzaba a latir como clara señal de preocupación y de miedo.

Se levantaba del suelo y a su vez incorporaba a la joven en la pared para poder asegurar que sus heridas de mordida cerraran adecuadamente, tenía que borrar esa huella ajena, o al menos, la que Hermione Granger había presenciado. Tomaba la cabeza de la chica atacada para fijar su mirada aguamarina y comenzar el proceso de hipnosis.

-Nada te atacó, solo te cambiaste y tardaste mucho por que no te gustaba la ropa deportiva que elegiste—Hacía una pausa—Sentiste un leve terremoto lo que te provocó una caída y un moretón, quizá te indiquen que no hubo ninguno, asi que argumentaras que te dio un desmayo, y sobre todo- Volvía a fijar su mirada. - Nunca nos has visto.

La joven pelinegra asentía lentamente tomando sus cosas para alejarse de los vestidores; afortunadamente las heridas en el cuello habían sanado evitando asi las preguntas de sus familiares. Damon regresaba con la castaña para volver a tomar su mano y besar su dorso, estaba aliviado de haber sido el quien habia acudido a ese lugar en su busca; pues de haberse tratado de Harry tendrían una tarde de Golf llena de policías y de magos tratando de localizar el rastro del vampiro que atacaba a las chicas en Londres.

La colocaba con cuidado en la pared acariciando su cabello castaño, deslizaba sus dedos cuidadosamente por ellos llevándose un mechón a su nariz y oler a profundidad aquella magnificencia que emanaba lavanda; el aroma predilecto de la chica. Observaba sus facciones, su rostro, aquel que conservaba de niña, tan tierno e inocente y a la vez tan sensual que podía conquistar a cualquier hombre. No comprendía la razón por la que una chica como ella se veía en la necesidad de contratar a alguien para hacerle compañía, pues al apreciarla se daba cuenta que era lo que todo hombre deseaba; una mujer inteligente, bella y enigmática.

Daba un largo suspiro para volver a posar sus ojos aguamarina en los color miel que ahora lo miraban con suma paciencia. No pudo evitar acercarse un poco mas para poder disfrutarla, consideraba que era un momento que atesoraría toda su vida a pesar de haber concluido el trato que habían hecho unos días atrás.

-Hermione, olvidarás lo que viste, te tardaste por que decidiste llamar por teléfono a tu trabajo en Nueva York para reportarte, vine por ti para ir con Harry—Despacio se dirigía a ella besando su mejilla, su frente y poder sincerarse por fin. Tenía que sacar aquello que llevaba guardando durante ese tiempo.

-Me siento feliz de haberte conocido Hermione, pero no aceptarías mi condición, soy un mounstro, soy de lo peor, y tu eres para mi una luz—Desviaba la mirada apretando sus labios—Sabes que jamás te haría daño, no a ti, pero despues de esta semana dejaremos de vernos, haré que olvides que me conociste, te dedicaras a tu vida, y sobre todo hare que regreses con Draco Malfoy, tu único y verdadero amor.

La castaña solo sonreía, por ende acariciaba su mejilla, cosa que comenzaba a gustarle a Damon sobremanera, pues ansiaba esa muestra de cariño más que otra cosa. Abría su boca para poder introducir uno de sus dedos delicados y besar la punta, su instinto de vampiro volvía a salir a la luz a causa de la excitación, asi que tuvo que respirar hondo para evitar hundirle los colmillos y succionar como un desesperado. Muy a su pesar, deseaba beber de ella como si se tratara del maná mismo.

-¿No volveré a verte Damon?

-No, no lo haras—Concluía el pelinegro para despues volverla a mirar y hacer una pausa; sabía que tenia que formular la pregunta, aquella que llevaba algunos días rondando por su cabeza y sin embargo tenía en cuenta que de no estar hipnotizada no la contestaría.

-¿Te gusto como hombre Hermione?—Volvia a acercarse. –¿Soy mas guapo que Draco?

-Me gustas Damon—La castaña lo miraba sincerándose por primera vez, y aunque se expresara de forma automática las palabras fluían como el agua de una fuente. – Eres guapo, también Draco lo es, me es difícil diferenciar eso, pero me gustas Damon, y tengo mucho miedo.

-¿Miedo a que Hermione?—El se angustiaba un poco.

-A enamorarme de ti.

El vampiro pelinegro se daba cuenta de la realidad, cerraba sus ojos, aún no terminaba la hipnosis pero aquellas palabras lograron lastimarlo sobremanera. Tenía razón en todas y cada una de sus dudas, aquella castaña tenía un serio problema con la confianza, con entregar el corazón, con hacer a un lado todos los miedos y aventurarse a conocer algo nuevo y diferente como lo era él.

Por otro lado le concedía razón, ya que despues de todo, ¿Qué podría ofrecerle?, ¿Aceptaría su condición vampirica?, ¿Podria vivir con el lastre de saber que su relación no duraría?. Todo se complicaba, absolutamente ahora el miedo comenzaba a invadir también sus sentidos llenándolos de aquellos temores e inseguridades de los que los seres humanos son propensos cuando se aventuran a algo distinto. Debía encarar la verdad, enfrentarla como era debido y darse cuenta que solo podría ofrecer compañía a ratos cortos, recolectar rostros que llegaran a su vida para despues irse y ser sustituidos por otros. Ofrecer el amor a la medida de cada mujer pero jamás tener uno para si mismo.

-No lo haras Hermione, no te enamorarás de mi nunca, por mucho que lo desees—Suspiraba y le daba un beso corto, inocente y puro en los labios.

Deseaba prolongar ese momento, pues jamás habia sentido algo igual con ninguna otra mujer, incluso con la novia de su hermano pudo experimentar tal plenitud y pureza en ese beso. Colocaba su frente contra la de la castaña aun con los ojos aguamarina clavados en los suyos sonriendo.

-Haré que recuperes a Draco, para eso me contrataste, tendrás una vida Hermione, por que te la mereces, tendras hijos, te casaras, y tendras sexo con ese albino como una loca, y en cuanto a mi—Acariciaba de nueva cuenta su mejilla para poderle susurrar. – Me olvidaras por completo, ¿Quedó claro?

La castaña asentía por inercia, como si cada una de las palabras del pelinegro fueran una orden absoluta; no habia alternativa, estaba siendo hipnotizada por un vampiro y no estaba preparada para contrarrestar los efectos. En ese momento Damon colocaba en orden la mochila para poder llevársela en su hombro y sacarla cuanto antes de los vestidores, estaba conciente de que no tendrían suficiente tiempo para estar solos, alguien mas podría venir y descubrir que algo raro estaba ocurriendo en ese sitio.

La hipnosis había terminado y en ese momento la castaña regresaba en si para poder mirar a Damon a su lado quien cargaba su maleta, arqueaba un poco la ceja para poder mirar a su alrededor y darse cuenta que ahora estaba en los vestidores. No se habia percatado del momento que salió del auto para cambiarse; se acercaba a el para poder preguntarle al respecto.

-¿Cómo llegue aquí?—

-Querías cambiarte y ponerte muy guapa para Draco, que por cierto—Se acercaba a ella rodeando su cintura con sus brazos, se sorprendia que ella no se retirara de su presencia. – Acaba de llegar.

-¿Guapa para Draco?, Tu estas demente Damon—Ella volvía a su misma mirada escéptica, cosa que aliviaba al vampiro. –Además no me interesa si esta aquí o no, pude hacer lo que le plazca, incluso si mete su cabeza a un hoyo no me importaría.

-Pues estuvo preguntando por ti—El declaraba mientras la tomaba de la mano.

-Ya te dije que no me interesa Damon, no quiero dejarte en claro el por qué te contrate—

-Lo se—Rodaba los ojos. –Para demostrar que eres una yegua independiente que no necesita a un jinete.—Guiñaba el ojo y mientras tanto la castaña le daba un golpe en el hombro.

-Auch!- Hacía una mueca. -¿Y eso por que fue?

-Por compararme con un caballo—Daban grandes zancadas al lugar para despues caminar un rato hacia el campo donde los demás se encontraban.

La castaña no tenía idea de lo que había ocurrido en los vestidores, aun estaba distraída tratando de averiguar la manera en la que habia llegado, pues sencillamente no recordaba lo que hizo desde el auto. No era buena señal, no podía tratarse de un simple episodio de amesia, sin embargo, el encuentro con Damon en ese lugar la hacía tener sus dudas. Caminaron por un rato mas para apreciar que todos los demás ya estaban congregados en el punto exacto donde comenzaría la partida de Golf.

Hermione volvió a sonreir y aferrándose más a la mano de Damon se dirigía saludando a todos los ahí presentes; entre ellos, se encontraba Ron acompañado de su novia Lavender quien vestía una falda del mismo corte que ella pero en color rosa chicle. La castaña tuvo ganas de reir pero considero imprudente aquel acto, tan solo se silenció para poder saludar a los demás. Tambien estaba neville con un pantalón de color tan pulcramente blanco que de estar a oscuras podría iluminar todo el panorama, llevaba puesto una gorra del mismo tono y un chaleco a cuadros.

Harry se habia cambiado de ropa colocándose un sueter en colores marron y borgoña que seguramente Ginny le habia escogido para la ocasión. La pelirroja estaba vestida con una faldita en color rojo que acentuaba tanto su cabello y sus ojos; Hermione debía reconocer que la belleza de su amiga era tan exótica que sentía un poco de envidia al apreciarla. A lo lejos miraba a alguien quien llegaba acompañado.

La castaña arqueaba un poco la ceja comprobando que se trataba de nada mas y nada menos que de Draco Malfoy; quien llevaba un atuendo que constaba de un pantalón en color negro, una camisa tipo polo en tono gris y una gorra del mismo color a juego, tenía un logotipo de marca de diseñador que tanto Ginny y los demás conocían. Aquel rubio platinado de ojos grises no iba solo, pues del brazo tenía a una chica bastante hermosa, exótica, su piel morena contrastaba a la perfeccion con el conjunto en color negro que untaba sus caderas, su blusa deportiva era tan llamativa que bien podría pasar por una modelo reconocida anunciando que el Golf podía verse de manera sensual.

Todos se sorprendieron al encontrar al ahora magnate en brazos de otra chica que no fuera Hermione, constantemente miraban de un lado a otro para comprobar que su amiga castaña no se sintiera incomoda, pero descubrían que su amiga estaba observándolo de manera indiferente. El que más se sorprendió de todos fue Damon.

Los ojos aguamarina del pelinegro se fijaban furtivamente en la chica que ahora acompañaba a Draco, no podía creer que lo hubiera seguido hasta ese punto. ¿Cómo se habia enterado de su estadía en Londres?, no lo sabia; sin embargo, debía averiguar las causas o todo se vendría abajo. Daba un largo suspiro asintiendo lentamente con la cabeza para comprobar una cosa. Ahora la mujer que tenia enfrente podía arruinarle no solo el momento, sino la vida con el poco tiempo que le quedaba junto a Hermione.

-Hola a todos—Draco miraba a Harry para saludarlo. –Me tarde un poco por que nos dijeron que su area estaba de aquel lado—Señalaba el lugar y por un instante colcaba sus ojos en Hermione, le sonreía, alzaba las cejas como era su costumbre y se encaminó con su acompañante a ellos.

-Hola Hermione, me da gusto que hayas venido—Declaraba el y la morena que la acompañaba tan solo fijaba su mirada en Damon.

-Ya lo teníamos planeado, ¿Lo recuerdas?, ahora si me disculpas debo ir con Ginny y los demás—La castaña miraba a Damon. - ¿Me acompañas amor?.

-Por supuesto Pimpollo—La castaña sintió una incomodidad por esa palabra; sin embargo no habia tiempo de corregirlo siquiera, pues no deseaba ver al platinado ningun segundo mas ,sobre todo acompañado por otra persona. No podía fingir que no le molestaba ya que en realidad si lo hacía.

El rubio platinado le sonreía a su acompañante para después tomarla de la mano y darle un beso en los labios. Los demás al ver ese acto concluyeron que se trataba de su nueva conquista, quizá la novia en turno pero en definitva nada serio. Ginny los observaba inquisitiva, sin embargo, su deber era estar con su marido para poder ayudarlo a poder meter un hoyo en uno, notaba el acercamiento entre aquellos dos y por algun motivo se llenaba de rabia también contemplando el rostro de su amiga. Sabia perfectamente que Draco habia llevado a esa joven morena para molestarla.

El pelinegro de ojos aguamarina aun observaba inquisitivamente a la acompañante del exnovio de su clienta, esperaba la minima oportunidad para poder estar a solas y decirle algunas verdades que se merecía desde mucho tiempo atrás. No le daría el gusto de verlo decaído, no despues de lo que le habia lastimado en el pasado causando heridas difíciles de sanar.

-Y no me vas a presentar cariño?, podría pensar que no tienes modales y que el apellido Malfoy lo llevas de adorno—La morena de cabello rizado esbozaba una sonrisa colocando especial atención en la castaña acercándose lentamente a ella.

Hermione no deseaba en lo mas minimo entablar una conversación con ellos, estaba junto a Ginny preparando algunos palos y disponerse a jugar unas cuantas partidas eligiendo a los equipos. Habian planeado aquella tarde que lo harían en parejas; como era de suponer, la pelirroja quedaría con Harry, Hermione con Damon, Ron con Lavender y ahora se sorpendian que Draco tuviese una integrante para completar el torneo.

La morena se hacía notar ante ellos enredando sus brazos como una remora por el cuello del rubio mientras que este no despegaba la vista de la castaña. Daba un largo suspiro quizá imaginándose que se pondría sumamente celosa haciéndole un escándalo de grandes dimensiones; sin embargo, se equivocaba, pues aquella castaña no se inmutaba en lo absoluto platicando amenamente con la pelirroja.

Escucharon en ese momento carraspear a la morena y ambas la miraron como si acabara de hacer acto de presencia, Hermione sabía la clase de juego que Draco estaba jugando, sin embargo no le daría el gusto de verla decaída o rogándole un perdón que jamás llegaría. Se ladeaba el cabello por un lado de su hombro y les sonreía en forma condescendiente, mientras tanto, el pelinegro vampiro se acercaba a grandes zancadas para rodear la cintura de la castaña y depositar un beso sensual en su mejilla esbozando una sonrisa.

-Se ve que estas feliz Hermione—Declaraba el platinado alzando las cejas por unos instantes como era su costumbre.

-A lo que veo tu también Draco y me da mucho gusto, ahora si me disculpas tengo un par de palos que necesito ajustar para obtener el gran juego—

-Yo también soy buena jugadora—Por fin la morena, a pesar de no ser presentada todavía hablaba para darse a notar. – Anda mi cielo, no les has contado de mi aún ¿Cierto?

El platinado observaba a su nueva acompañante, definitivamente todo encajaba con el perfil que tanto le gustaba al ex príncipe de las serpientes; chicas altas, delineadas, sensuales y sobre todo acertivas. Hermione considero que era lo mas parecido a una versión de Pansy Parkinson sin algunas libras de cadera que seguramente su exnovio había recorrido antes; no le sorprendía, pues ahora podía esperar todo de ese rubio del que alguna vez estuvo enamorada como una loca.

-Pues les advertimos que seremos los mejores—Damon contestaba al instante haciendo que el platinado sintiera ganas de matarlo con tan solo escuchar una palabra salida de su boca; sin embargo, debía reconocer y aceptar que el juego estaba comenzando, tenía que ser paciente si deseaba obtener de nueva cuenta lo que le pertenecía.

-No estes tan seguro, ¿Damien?, perdón—Sonreía el rubio de ojos grises fingiendo desconocimiento. – Es que no recuerdo bien tu nombre, prometo que si me lo dices me lo aprenda la próxima vez.—El pelinegro vampiro abrazaba a la castaña con mas claridad mostrándose mas meloso que de costumbre.

-Tendras que aprendértelo Draco, si no, habrá mucho tiempo para que lo hagas ya que te hare llegar primero que nadie la noticia de nuestra boda, asi que—Esbozaba una sonrisa.- Haz tu tarea.

El platinado deseaba lanzarlo por los aires, aquel comentario de la supuesta boda de su exnovia no le habia caído de las mil maravillas, no obstante, conservaba la calma considerando que no era propio de un aristócrata hacer escándalos como un barbaján. Tomaba de la mano a su acompañante para poder presentarla adecuadamente a los demás quienes ahora se congregaban para ponerse deacuerdo en los equipos que harían.

-Les presento a mi novia—Les indicaba a todos, y entre tanto la morena se colocaba al frente aun con la mano de Draco entrelazada a la suya para sonreir claridosamente; en especial a Damon Salvatore quien aun se preguntaba el motivo de su llegada.

-Mi nombre es Katherine, Katherine Pierce—Ladeaba su cabeza, mientras tanto la pelirroja y lavender se mostraban algo celosas e incomodas por su presencia puesto que Ron y Harry la miraban observándola detenidamente haciendo paradas continuas entre sus muslos, su cintura, sus pechos y su cabellera larga y rizada. Definitivamente un monumento de mujer que habia llegado para darles un espectáculo a la vista.

-Un placer Katherine—La castaña le restaba importancia para despues soltarse suavemente de los brazos de Damon dedicándole una sonrisa.

Hermione no podía seguir fingiendo otro minuto más, pues el aire comenzaba a hacerse pesado a pesar de encontrarse a campo abierto con todo el oxigeno a su disposición y estar en el mismo sitio que su exnovio no aydaba en lo más minimo. Se encamino lo suficiente con Ginny quien por alguna extraña razón aun miraba a ese par de recién llegados preguntándose tal vez la forma en que se habían conocido. Harry se adelantaba con Ron para poder decidir el punto de partida para iniciar el juego por lo que se habían alejado mas de la cuenta que las chicas.

Era el momento ideal para poder aclarar algunas viejas cosas, no comprendía la razón por la que Katherine estuviera en Londres, seguramente era para terminar el trabajo haciéndole la vida mas miserable de la que le había hecho en 1864, sin embargo, no se amedrentaría en absoluto y decidió tomar al toro por los cuernos antes de que otra cosa sucediera.

Se encamino unos pasos para poder estar bastante cerca de la morena; aprovechaba el momento en que el platinado decidió seguir a sus amigos o quizá a la castaña misma para observar su expresión de celos, asi que no tendrían otro segundo a solas para poder conversar a su manera peculiar sobre su reciente encuentro. Katherine jugueteaba su cabello con sus dedos observando la manera en la que su ahora "novio" se alejaba; sonreía con claridez mostrando un triunfo anotado a su lista, mientras tanto Damon pensaba que había otro motivo por el que la chica estuviera por esas tierras.

-Katherine—Susurraba. –Katherine, Katherine, ¿Acaso la cloaca para ratas no era lo suficientemente acogedora para ti?—Comentaba el pelinegro vampiro y observaba claramente que la morena lo observaba despectivamente. Se volteaba por unos instantes mientras que en una de sus manos sostenía un pasador de madera puntiagudo.

-Damon, ¿Acaso tu nuevo empleo de Acompañante para damas no te hace ampliar tus horizontes?—En ese instante enterraba el madero diminuto en uno de los brazos del pelinegro.

Sintió un dolor agudo, despues de todo el contacto con la madera en carne viva era debilitarlo, sus ojos se tornaban negros, sus venas se marcaban por sus pomulos mostrando claramente la bestialidad vampirica. Comenzaba a sentir un vagiudo en las extremidades, podía mirarse en el piso hincado tratando de reponerse pero no debía despertar sospechas entre los presentes de su naturaleza. Miraba a Katherine con un profundo odio y ganas de torcerle el cuello, lo habia tomado desprevenido por lo que apretaba sus labios para no mostrar sus colmillos.

La morena estaba esbozando una sonrisa sadica, triunfante, como si tuviera el control de toda la situación habiendo observado previamente cada detalle sobre la nueva vida de Damon Salvatore. Daba un largo suspiro, posaba sus ojos marron oscuro en el rostro de aquel hombre para despues tomar su barbilla y sonreírle.

-¿Has sabido que hay ataques de vampiros en la región no es asi?—Enterraba con mas furia el pasador en la carne del hombre pelinegro haciendo que este contuviera las ganas de gritar. –Pues los planes que yo tenga con ese mangazo rubio con quien vengo acompañada son solo mios, solo te advierto que si te entrometes en mi camino no dudare en matar a tu nueva amiguita.

-No te .. atrevas a tocarla maldita perra—Damon arrastraba las palabras sintiéndose débil por ese ataque, mientras tanto la morena todavía sostenía el madero adentrándolo a profundidad.

-No me gustaría contarle a los demás que esa chica tuvo que contratar los servicios de un prostituto por catálogo, pero lo mas importante—Ella se acercaba letalmente a su oído casi rosando sus labios. -¿Qué pensaría ella al enterarse que contrató a un vampiro?, OH, si, lo puedo imaginar, sus amigos te enterrarían una estaca en el corazón o te quemarían vivo- Katherine reía un poco.

-No me busques problemas Damon, o te advierto que no dudaré en tirarte el teatrito que acabas de montar—Sacaba de manera salvaje el madero para despues colocarlo en su bolso y sonreir con todo el descaro jamás conocido. – Nos vemos Damon, tengo que ir con mi futuro esposo, o al menos, yo me encargaré de que así sea.

La morena se adelantaba contoneando sus caderas y claramente los rizos definidos de su cabellera se ondeaban al viento al compas de ese caminar tan felino y provocativo. El vampiro pelinegro se recuperaba al instante pero sus sentidos se colocaban más en alerta, pues estaba seguro que Katherine Pierce estaba en Londres por alguna razón que no era del todo buena.

Solo podían haber dos motivos por los que su antiguo amor se interesara tanto en alguien desconocido. Uno de ellos era el poder, y el otro, la seguridad, y en cualquiera de los dos casos estaría dispuesto a descubrirlo llegando al fondo. No permitiría, por otro lado, que su identidad fuera descubierta, antes que eso… la mataría.