Malfoy no dejaba de mirar de reojo a la castaña; a ese amor que habia perdido por haberse metido en un terreno peligroso que no se debía tocar, pues haciendo memoria de su antigua relación con ella se daba cuenta no solo de lo que perdió en su momento, sino de lo mucho que la extrañaba todos esos años de no saber de ella. Sintió una delicada mano enredándose en su brazo izquierdo, justamente donde aún conservaba la marca de mortifago creada hace muchos años. Daba un largo suspiro para reponerse y volver a la tierra. Miraba a su nueva acompañante esbozándole una sonrisa.
La morena de cabellos chocolate se acercaba para poder acariciarle el mentón, le regalaba una sonrisa acurrucando la cabeza en su hombro. Deseaba que Hermione lo viera, que se diera cuenta que no era la única en su vida que podía entrar tan fácil como cuchillo en la mantequilla, demostrar simplemente que el seguiría siendo el príncipe que muchas deseaban.
Los ojos de plata liquida eran lo mas fascinante que una mujer tan antigua como Katherine Pierce había visto, jamás en toda su vida contempló orbes tan hermosos y exóticos como esos, pero más alla, estaban los ceros a la derecha que disponía en cada una de sus cuentas. Draco Malfoy significaba para ella quizá una excelente oportunidad para tenerlo todo en la vida; dinero, prestigio, ser de nuevo la reina dentro de un castillo para sentirse la soberana sobre todos los demás. Aunque conociendo los antecedente de Katherine Pierce, era imposible saber cual era su verdadero objetivo.
Hermione no la conocía, era evidente; sin embargo, algo en ella no le gustaba totalmente, pues la foma en que caminaba, exhibía sus caderas al caminar, sus largas y morenas piernas, su cabellera ondulada callendo sobre sus hombros como azúcar moscabada liquida, su sonrisa retorcida y cinica que constantemente les lanzaba a ellas era un sinónimo de territorialidad. La pelirroja quien la miraba solo rodaba los ojos, por algun motivo también le incomodaba sobremanera, y lo mejor en ese caso era tratar de ignorarla.
-¿Crees que Draco esté enamorado de ella Ginny?—Preguntaba la castaña caminando junto a su amiga para apartar el espacio donde iban a tirar, pues era su turno de jugar. Mientras tanto la pelirroja se sobresaltó un poco mirando con interés a ese par de recién llegados. -¡Ginny te estoy hablando!
-Oh , si, perdón, es que estaba pensando en la despedida de soltera—
-Piensas en tu despedida cuando una extraña acaba de llegar?—
-Bueno, tan solo mírala, se enreda a Draco como si fuese la versión femenina del lazo del diablo.
-Ginny, el lazo del diablo es una planta, por lo tanto es asexual.
-Pero te aprieta igual siendo macho o hembra Hermione— Resoplaba un poco tomando uno de los palos de golf para dar su primer tiro.
La castaña no dejaba de mirarlos, podía apreciar que el platinado la tomaba de la cintura bailoteando un poco a la par de las caricias tan empalagosas que la mujer exótica le propiciaba. Podía verlo sonreir, jactarse de tener a una mas en su lista negra que de seguro estaba repleta de conquistas; pensó por unos instantes el numero exacto en que ella se encontró en su momento. Quizá el saberse la numero treinta y dos en la vida de Draco Malfoy era un triunfo que muchas querían.
-Tienes razón Ginny, además lo mio con Draco es agua pasada—En ese momento la pelirroja la tomaba del hombro para hacer que mirara a otro sitio, probablemente consideraba que todo aquello era tan inadecuado que podía estar abriendo heridas no suturadas en su totalidad todavía.
-Perdón que me entrometa Hermione, pero nunca entendí la razón por la que lo abandonaste—Suspiraba lentamente al recordar aquellos días en el que su mejor amiga se encontraba tan feliz y plena que pensaba sería la primera en cruzar el altar con el tan afamado ramo de novia. -Simplemente lo dejaste, te fuiste de Londres y no volvimos a saber de ti en mucho tiempo.
Hermione dudaba en contestar, estaba conciente que ese sería un tema que se guardaría para si misma, sin embargo, estaba conciente que no evadiría el tema por más tiempo, tenía que enfrentarlo tarde o temprano antes de que se creara una especulación tan amarillista como los de Rita Skeeter. Habían transcurrido los años suficientes para cauterizar sus heridas y proponerse a si misma dedicarse a su trabajo, a sus metas, a los sueños que tenía de independencia.
Lo habia logrado; pues el cambio de vida, de aires y de mundo le sirvieron para poner tierra de por medio para sacudirse el polvo de las rodillas y continuar mirando al frente sin importar lo que dejaba atrás. Se convirtió en una de las mejores publicistas de Norteamerica, y no era precisamente una carrera de primera elección pero sencillamente le daría un giro contundente a su nuevo ciclo. Muchos que la habían visto egresar del colegio de magia pensaban que tenía dotes para la medimagia o las ciencias humanas, pero se llevarían la sorpresa de su vida al verla tan familiarizada con los números y la carnicería del consumismo.
Se antepuso la idea de no enamorarse de nadie, no después de lo pasado, ya que esas heridas a pesar de estar abiertas tenían que servir también de escudo para evitar caer en manos de otro hombre que fácilmente la cambiaría como un tazón de colección pasado de moda. Hermione Granger habia adquirido una nueva personalidad, una mas fuerte, mas decidida, mas sagaz, incluso mas fría y calculadora para poder abrirse paso en un mundo que imperaba comer o ser comido, para así adentrarse a esa selva cosmopolita llamada Nueva York.
Tomaba uno de los palos de golf no importando la longitud, tan solo quería distraerse y no seguir viendo la serie de arrumacos que aquellos dos estaban sosteniendo; se alisaba la falda y el sueter para usarlos de distracción y evitar mirar las sonrisas intercambiadas de aquellos dos exhibiéndose de tal manera para ser tomados bajo el lente morboso de las revistas de sociales. Pasaba saliva con dificultad, sus manos comenzaban a temblar al hacer recordatorio de aquella noche en la que sus sueños se vieron truncados, opacados y pisoteados.
-Draco es y seguirá siendo un imbecil Ginny, solo puedo decirte eso—Daba un largo suspiro para despues encaminarse al hoyo y colocar la pelota en el clavo disponiéndose a tirar.
Ginny quien la estaba mirando se acercaba con lentitud observando los ojos de su amiga fijándose especialmente en el delgado hilo de agua que escurría en uno de ellos. Su corazón también estaba afligido, comenzo a tomar una de las pelotas de golf para colocarlo en el otro clavo y dar el primer golpe. Sostenía el palo con ambas manos abanicando ligeramente, asi que cuando el momento llegaba no dudaba un instante en lanzar la bola hasta lo mas lejos que sus fuerzas se lo permitían.
-Pues.. sigo sin comprender por qué lo botaste, aunque mirando como la zorra esa lo está mirando no es para menos—Ginny continuaba mirándolos, pudiendo observar claramente a esa morena enredando sus manos en el cuello de Draco, también apreciaba la forma tan claridosa en la que su pierna se introducía en los pantalones del chico seguramente para buscar algo que pudiese crecer.
-Ya no los mires tanto Ginny, eso es lo que quiere—Suspiraba. –Que lo vea con su nueva conquista—Tomaba uno de los palos de golf dando gracias a esa distracción evadirla del tema principal. Colocaba la pelota dando el primer ataque lanzándola por los aires a una altura considerable.
Harry y Ron quienes aún decidían quien sería el ganador observaban el gran tiro de su amiga para colocar su pulgar arriba, definitivamente concluían que la castaña era tan buena en muchas cosas que siempre terminaba opacándolos. Hermione tan solo sonreía en agradecimiento colocando otra pelota en el clavo para disponerse a dar otro tiro; empuñaba el mango con fuerza para poder sonreir todavía escuchando los besos, las risas y los comentarios de esa pareja que estaba a solo unos metros de distancia.
-Draco es un malnacido—Daba el golpe tan fuerte que lanzaba la pelota por los aires casi llegando a la estratósfera. Los demás se quedaban mirando la grandiosa jugada que incluso Draco colocaba su atención en ella sorprendiéndose sobremanera en la forma de jugar de su exnovia. Ginny en ese instante concluía que su mejor amiga estaba realmente molesta por el espectáculo que le habían ofrecido.
-No puedes confiar en los hombres por que simplemente piensan con la maldita cabeza del pene – Tomaba otra pelota, y sin importar siquiera en meter un hoyo en uno soltaba el golpe acarreando tierra del césped ensuciándose las medias pulcramente blancas un poco. Ginny en verdad estaba aterrada, quizá no habia sido buena idea adentrarse en la relación que aquellos dos habían tenido.
Hermione estaba molesta, iracunda, tan solo deseaba terminar con ese dia y regresar a su casa, incluso, ansiaba la ceremonia para no tener que lidiar con ese cuadro tan desagradable que le recordaba ciertos pasajes tan dolorosos y aberrantes. Se alisaba la falda de nuevo, se alzaba las medias y caminaba a zancadas por el pasto no importando arruinar su calzado en lo absoluto. Harry y Ron se miraban uno a otro comprendiendo que habia sido una pésima idea invitarlos a converger en una misma parte sin matarse.
El platinado tenía un nudo en la garganta, pues tuvo razón en todas sus conjeturas; aquella castaña aun sentía algo escondido por el y esa motivo lo hacía sonreír aunque no con los resultados esperados. Tenía que tomar al toro por los cuernos, apartaba despacio las empalagosas manos de la morena y amablemente retirarse. Debía hablar con Hermione y afortunadamente el pelinegro no estaba cerca para impedirlo.
-Katherine—hacia una pausa dando un suspiro para reponerse, pues esas caricias se habían subido tanto de tono que casi podían alquilar una habitación por mas barata, incomoda y mal oliente que esta fuera todo con tal de satisfacer los deseos próximos de la carne. – Hay cosas que debo hablar con ella, asi que…
-Shh—La morena le colocaba un dedo en los labios con una sonrisa coqueta para despues enredar su otra mano en su cabellera platinada. –Se que fue tu ex novia, ya me lo contaste, y si fuera ella también me sentiría algo molesta, digamos que no es bueno mirar a la actual dándole cariños a quien fue tuyo alguna vez cielo. – Katherine se mostraba condescendiente, vivaz, debía comprobar a que grado aquel chico rubio seguía endiosado con esa castaña, tenía que descubrir que hacía tan especial a esa chica para despues sacar el mayor partido de todo eso.
Draco suspiraba un poco, quizá esa chica no merecía presenciar una platica con su exnovia; sin embargo, habia cosas que quedaron al aire desde la ultima vez que conversaron. Le sonreía cortésmente para despues encaminarse por el campo de golf tras la castaña; se topaba con Ginny quien aun lo miraba con profundo odio, incluso podía notar cierto desprecio en sus ojos, sin embargo, ese era uno de sus menores problemas. Si deseaba saber la razón de la abrupta desaparición de Hermione estaría dispuesto a jugarse el todo por el todo.
-Buen tiro Ginny.
-¡Callate imbecil!, y será mejor que no la lastimes o seré yo quien te golpee ahí con este palo de golf—La pelirroja señalaba la entrepierna del platinado y éste tan solo soltaba una risotada.
-Mira quien habla de lastimar Ginevra—
-Mejor no hables o te mataré.
-Como quieras—Hacía una mueca de indiferencia. –Ahora si me disculpas tengo asuntos que atender.
Ginny se quedaba resoplando anhelando en verdad soltarle una sarta de golpes a ese hombre por el solo hecho de mostrarse como un imbecil, su amiga tenía razón, debía aceptar que de haber estado en su lugar no dudaría en un segundo en abandonar Londres para encontrarse con una nueva oportunidad de ser feliz. No era de las que se quedaban calladas, tenía que regresarle la grosería a como diera lugar, asi que utilizó las circunstancias y su mismo entorno para hacerle ver que no todo en la vida giraba a su alrededor. Se encaminó unos cuantos pasos para tomar al rubio del hombro y obligarlo a mirarla.
-Que quieres Ginevra, ¿Acaso Harry no esta de aquel lado?—Señalaba al par de chicos que no prestaban atención a lo que estaba sucediendo, quizá la competencia entre ellos dos respecto al golf estaba más que reñida. La pelirroja esbozaba una sonrisa, se cruzaba de brazos señalando a la castaña quien ahora se encontraba un poco más lejos de lo normal con el pretexto de recuperar las pelotas que había lanzado.
-¿Te duele verla con Damon cierto?—Soltaba una risita. – Bueno, la verdad es que hasta yo la envidio, no cabe duda que es un bombón que cualquier mujer se comería a un hombre como él hasta saciarse, ¿has visto sus ojos?
-No digas estupideces, y .. coincido en que la envidies Ginevra—Draco sonreía lascivamente.
-Pues estupideces o no, creo que eso te esta afectando y por eso dejas que esa…- Miraba con una sonrisa a la morena quien estaba escuchando todas y cada una de las palabras gracias a su condición vampirica. –Que ella te de una muestra tan pública de su afecto.
Draco deseaba soltar una risotada, pero no habia tiempo para eso si deseaba hablar con la castaña, tan solo volvía a mirar a la pelirroja fijando sus ojos grises en ella para dejarle en claro cada uno de los puntos que tenía en duda.
-El que me afecte o no, es cosa que solo a mi me concierne, en cambio tu deberías estar planeando tu boda perfecta, ¿No es asi?—Hacía una pausa apretando sus dientes casi haciéndolos rechinar. – Ese imbecil no es competencia para mi, y seguramente esta jugando con Hermione aprovechándose de su gran éxito en norteamerica como publicista.
-¿A si?, y ¿Cómo sabes tanto de la vida de Hermione?, tengo entendido que has estado intentando comunicarte con ella pero te batea como a esas pelotas de golf que acaba de lanzar—Sonreía en forma amenazante. –Gran tiro, ¿No crees?
-No tengo tiempo para tus sermones Weasley.
-¿Ahora soy Weasley?, ¿Qué paso con tu supuesto arrepentimiento "Malfoy"?
-No comencemos a indagar en cosas, creeme que no te convendría un escándalo con tu futuro marido, asi que mejor me marcho antes de que Harry llegue y se de cuenta que estas en todos lados menos donde deberías—Hacía una reverencia. – Con permiso.
El platinado se retiraba del lugar dando grandes pasos para poder alcanzar a Hermione, entre tanto Ginny resoplaba de ira, estaba también molesta por la actitud que habia tomado hacia a ella. Miraba a su prometido, lo observaba riendo, jugando con su hermano como aquellos días en los que iba de visita a la madriguera para pasar tiempo de calidad con las personas que lo querían, y entre ellas, estaba ella. La pelirroja siempre lo habia esperado desde que era una niña, y le parecía imposible, grandioso y casi un milagro que estuviera apunto de casarse con su sueño vuelto realidad.
-No pretenderé ser condescendiente, mucho menos amable—Una voz femenina se habia aproximado a su lado. La pelirroja la miraba y se daba cuenta que a la que consideraba zorra estaba haciéndole compañía.
-¿Disculpa?
-Cariño, ahorra el falso sarcasmo y usalo para comprarte otro atuendo que ese parece tan de los cincuentas que tu tatarabuela se escondería al verte—La morena enredaba uno de sus dedos traviesamente por la punta de su cabello rizado como si se tratara de un cable de teléfono, la miraba con una sonrisa sintiéndose ganadora ante ese comentario. Ginny tenia ganas de lanzarle una maldición imperdonable pero no lo consideraba prudente al verse en un lugar demasiado publico, asi que decidió esperar para ver a que grado llegaba esa advenediza mujer
-Al menos no me visto como una zorra de burdel… cariño.
-¿Burdel?, Oh, ¡Vaya!, tenía años sin escuchar esa palabra, aunque dejame decirte que los burdeles en aquellos años se distinguían por tener a las mejores chicas para los clientes mas exigentes—Daba un largo suspiro.—Supongo que me debo sentir halagada por la comparación.
-Halagada, usada, y despues botada sería un mejor calificativo querida—La pelirroja cruzaba sus brazos inclinando su cadera del lado izquierdo en clara postura femenina de batalla.
-¿Qué mas da?, eran muy bien pagadas por ello—Volvia a sonreir con sorna para depues acercarse lo suficiente a su oído.
-Solo te diré que si intentas alejar a Draco de mi, sería devastador—Miraba a Harry, sonreía para si misma colocándose su dedo meñique en la boca mirándolo de arriba abajo.
-Tu novio tiene muy buen trasero, y esos ojos son tan…
-En este momento es cuando te callas o te parto la cara, bien dicen que no es bueno hacer enfadar a la novia, ¿Nunca has visto a Uma Thurman en Kill Bill cierto?—
Retaba Ginny a su manera sosteniendo la muñeca de la contraria con algo de fuerza, y en mucha parte, se sorprendia por su piel algo helada a pesar de estar haciendo algo de calor. Katherine sentía ganas de desgarrarle la garganta de un solo tajo, quizá sacarle el corazón o romperle la espalda sin que nadie se diera cuenta, asi silenciaría a esa pelirroja por aquella afrenta, pues en definitiva , no le gustaban las piedras en el camino.
-Yo que tu, no haría eso cariño, lamentaría mucho que no pudieras llegar al altar con ese mango de hombre con lentes—Suspiraba mirando a Harry de arriba abajo apreciándolo. El pelinegro con cicatriz en forma de rayo a pesar de no ser agraciado físicamente tenía su propio encanto, una piel blanca, bíceps marcados y un rostro sumamente apuesto. – Creo que si se quedara viudo yo lo consolaría sin duda alguna.
-Pues yo lamentaría que no pudieras seguir enredándote como sanguijuela en el cuello de Draco, aunque ¿Sabes qué?, creo que se merecen el uno al otro—Se alejaba un poco sin dejar su actitud amenazante. –Si lastiman a Hermione seré yo quien tome represalias, nadie se mete con mi dama de honor.
Katherine comprendió que no debía adentrarse a esa conversación que estaba tornándose mas agresiva, pues si deseaba continuar con sus planes tendría que jugar muy bien sus cartas y esta vez salir victoriosa a toda costa. Le dedico una sonrisa condescendiente para después retirarse del lugar contoneando sus caderas al caminar. Ron; quien estaba distraído, miraba la forma en la que esa chica se alejaba dándole un espectáculo visual tan grandioso como el que habia presenciado en el gran comedor; justo en el momento exacto que las estudiantes de la academia Beaubatonx arribaban para la competencia de los tres magos.
Hermione se pudo calmar un poco de la escena que presenció con anterioridad a unos metros de distancia, consideraba inaudito sentirse incomoda al apreciar claramente la forma en que para su ex novio era tan fácil estar con otra mujer exhibiéndose para una portada de revista. Pensaba que había logrado superar esa etapa pasando página y dedicándose al trabajo como lo hacían las personas normales, pero sencillamente las regresiones de Londres estaban esperándola junto a sus equipajes, junto a su niñez, junto a su vida entera gastada en la magia.
No deseaba llorar, no quería darle el gusto a nadie de los ahí presentes de verla derrotada, si bien tuvo que contratar a un hombre para fingirse feliz debía comportarse como la extraordinaria actriz Emma Thompson; aquella oriunda de su país que lograba interpretar diferentes roles en la vida que podía creerse vivía en cada una de ellas sin ningun problema. Debía actuar, fingir, mostrar una cara que quizá no tenía, esa misma que desapareció con la decepción amorosa.
Escuchaba unos pasos aproximarse, seguramente era Damon quien se habia perdido por alguna extraña razón, pensaba que se habia retirado al sanitario o comprado alguna bebida para refrescarse. Sin querer aquella idea, el solo pensar en ese hombre tan atractivo la distraía de la escena tan desagradable de unos minutos atrás. Daba un largo suspiro sosteniendo entre sus manos una de las pelotas que había lanzado; lo hacía con mucha ternura, pues aquellos orbes aguamarina de nueva cuenta aparecían en su mente, esa boca, ese aroma, ese cuerpo tan duro como una roca.
-Damon…- Volteaba sutilmente para encontrarse con la sorpresa en la que un platinado se posicionaba justo detrás de ella.
-Draco, ¿Qué haces aquí?—Su tono cambiaba para ponerse a la defensiva.
-No puedes huir de mi siempre Hermione—caminaba despacio hasta colocarse a unos centímetros de su presencia. –Alguna vez tenemos que hablar de lo ocurrido, ¿Qué tal si comenzamos con las cartas que no me has respondido?
La castaña apretaba la pelota con mas fuerza, ejercía presión en sus labios dirigiendo su mirada llena de resentimiento, odio, furia hacia ese ser que la habia traicionado cruelmente años atrás. Respiraba hondo, no deseaba gritar, quería mostrarse calmada y serena para no evidenciar lo mucho que ahora lo despreciaba.
-¿Es necesaria la respuesta Draco?, simplemente no quiero verte—Volvía a respirar hondo para bajar su tono de voz. - ¿Qué no fui clara la última vez que hablamos?
-No, no lo fuiste, creo que fuiste todo menos clara—Draco colocaba sus manos en los hombros de la chica para hablar mas despacio. –Aún no comprenderé por qué tomaste la decisión de dejarme, solo te fuiste.
-Me fui por razones que tu ya conoces Draco, me sorprende que te sigas desentendiendo de algo en lo que ya te descubrí—Respondía ella al instante.
-Sigo sin comprender, asi como tampoco comprendo que me hayas dejado de amar y cambiarme por ese—Se detenía un poco buscando las palabras adecuadas para calificarlo. –Gigoló por accidente.
-¿Gigoló?—Hermione se sorprendía, quizá ahora estaba mas que descubierta, por lo que inmediatamente cambiaba de actitud para desviar la conclusión a la que probablemente el rubio habia llegado. – Claro que no lo es, no sé de donde sacas eso.
-Hablo en sentido figurado Hermione, lo que quiero decir es que no entiendo lo mucho que decias quererme—Daba un largo suspiro para desviar la mirada y ofrecerle una de las tantas sonrisas encantadoras que lograban posicionarla a sus pies cayendo rendida cual fiel enamorada. – Me decias que fui el hombre que marcó tu vida, cambió tu mundo, te hizo sentir mujer, ¿Acaso no recuerdas esos días?—El platinado se acercaba un poco para casi aproximarse a su boca.
La castaña sentía un ligero hormigueo en los labios, no podía evitar sentir que su cuerpo reaccionaba todavía a sus deseos a costa de sus decisiones, podía aspirar el aroma a encino dulce que le fascinaba, de nueva cuenta sentir tan cerca su piel tan blanca como la nieve y envolverse en su voz tan grave, tan varonil, tan apacible. Sentía el impulso loco de enredar sus brazos en su cuello y demostrarle a esa advenediza morena quién mandaba en el corazón de Draco Malfoy; para con eso anotarse un triunfo personal, pero desistía de la idea conteniéndose de manera abrupta.
Respiraba un poco, exhalaba cuidadosamente el aire por su boca logrando reponerse de esas sensaciones tan contradictorias como su misma mente, no debía flaquear si deseaba continuar con el plan original de mostrarse fuerte, asi que se repuso y lo retiraba lentamente de su presencia guardando la distancia considerable para ambos marcando el limite.
-Fuiste—Hacía una breve pausa—Tu lo acabas de decir, fuiste grandioso, fuiste el hombre del que me enamore como una loca a pesar de todo lo que nos hiciste en el pasado—Desviaba su mirada por unos instantes regresándola con mayor fuerza. –Fuiste el primero en mi vida, y bien sabes a lo que me refiero Draco, pues con tigo conoci este lado que no creía tener despues de la guerra, después de lo que los seguidores de… Voldemort nos hicieron.
La castaña estaba decidida a dejarle en claro cada uno de los puntos por los cuales estaba enamorada en su momento, esas razones de peso por los que tanto reñía con sus amigos al hacerse pareja de su ex enemigo jurado. Tomaba la pelota de golf con menos fuerza, pues ahora hacía recuento de muchas cosas que venían junto al mar de recuerdos tortuosos, pues debía enfrentarlos, encararlos y asi mismo superarlos de la mejor manera.
-¿Tu crees que tampoco fue especial para mi?—Respondia inmediatamente el platinado tratándose de acercar un poco, pero notaba que la chica retrocedía conservando la distancia que habia interpuesto. –Hermione, yo nunca he amado a nadie como a ti, y aun te sigo amando, aun cuando me rechazas, aun cuando me abandonaste he estado aquí—Elevaba un poco su voz. – Esperando, aguardando tu llegada y junto a ella una maldita explicación de tu partida—Suspiraba un poco apretando sus labios.
-No puedo creer que no tengas corazón Hermione Granger, y no quiero llegar a pensar que para ti solo signifiqué un reto—La miraba con intensidad. -Un juguete, una forma de marcar tu territorio al conquitarme.
La castaña no daba crédito a sus palabras, de nueva cuenta regresaba aquella noche en la que todo habia terminado, o mejor dicho, todas sus ilusiones de una vida junto a el se hicieron añicos por una simple y momentánea imagen que de solo permanecer un rato mas terminaría por extinguirla como una rosa marchitándose. Lo miraba esta vez con furia, el odio y resentimientos regresaban para tomar su respectivo lugar y mostrar su verdadero valor, acortaba su distancia para esta ocasión mirarlo con determinación.
-¿Mi territorio?, ¿Es en serio lo que estoy escuchando?, no, no, no, no—Se repetía a si misma. -¿Piensas que significaste un maldito juego para mi?—Lo miraba fijamente, colocaba sus ojos en los suyos para apreciar lo bien parecido, lo hermoso, lo galán e irresistible que por difícil que le pareciera aún le resultaba. Apretaba sus dientes, deseaba golpearlo o asfixiarlo en ese momento, pero debía guardar la compostura.
-¿Quién jugó con quién Draco?, ¿Quieres que te recuerde lo que paso hace cuatro años?—Se acercaba a el para casi rosar su boca, sentir su aliento mentolado en cada uno de sus poros, para volver a hacer memoria de las tantas razones por las que aún ese hombre la enloquecía sobremanera. Bajaba el tono de su voz, pues ante esa presencia tan imponente y ególatra se sentía débil, pues de nueva cuenta los encantos de Draco Malfoy hablaban por el antes que sus acciones.
-Pues quiero que me lo expliques Hermione por que aun no lo comprendo del todo—El platinado elevaba la voz para despues tomarla de la cintura y en ese instante robarle un beso.
La castaña sintió sus labios tan urgentes, tan deseosos de otro encuentro mas, tan impacientes a tal grado de abrirse paso a su boca para introducir su dulce lengua entre cada recoveco. Intentaba resistirse, pelear, luchar contra ese impulso de corresponderle que ya era demasiado tarde; debía admitir muy en contra de si misma que ese beso tan inesperado le recordaba aquellos ayeres donde aprovechaba cada momento para apoderarse de ese rubio tan sensual y testarudo. Sentia su aliento mentolado, su perfume a encino dulce emanando de su piel, sus manos apretando ligeramente su cintura y experimentando la presión de sus senos contra el torax endurecido de Draco Malfoy.
Sabía que estaba mal, era incorrecto, algo en ella decía que debía parar, detenerse, recobrar todos sus sentidos a como diera lugar continuando así el plan que tenía desde un principio, pero el solo hecho de degustar su boca la hacía traicionarse sobremanera dejándose llevar por el arrebato de emociones que se debatían entre lo que sentía y lo que debía ser por simple lógica y sentido común.
-Vuelve conmigo Hermione, olvidemos todo, solo quiero que vuelvas, regresa a casa, regresa a mi lado amor mio—El chico entrecortadamente le suplicaba en cada beso, en cada caricia, mientras tanto la castaña aun tenia ese debate y conflicto de intereses tan interno que era imposible diferenciarlo.
Recordaba lo mucho que lo amaba, lo bien que se sentían esos labios mezclados con los suyos, lo hermoso de estar al filo entre la maldad y la benevolencia, pero habia que ser realista, tenia que encarar aquel engaño del que habia sido victima. En ese instante se separaba abruptamente para volver a observarlo, le daban ganas de llorar, de golpearlo, de maldecirlo, pero tan solo concentraba sus ojos acaramelados para poder llevar todo eso a la practica. En ese preciso instante, el platinado sintió una bofetada en su rostro tan fuerte que una lagrima escapaba de sus ojos grises. No se sorprendía, quizá lo esperaba, pues tan solo acariciaba su mejilla sintiendo el enrojecimiento que ahora se producía.
-¡Como te atreves a besarme!—Respondia fúrica. -¿Crees que con solo un beso puedes arreglarlo todo?, ¡Arreglarlo y ya!—Reprochaba.
-Hermione…
-No, tu no tienes idea de lo difícil para mi que ha sido para mi borrarte, obligar a mi alma a olvidarte y sacarte de mi corazón aun cuando la maldita vida se me fuera en ello Draco Malfoy—Su voz comenzaba a quebrarse, sentía la necesida de llorar, de gritar, y sobre todo de maldecir. – Aquella noche en la que termine contigo te encontré con otra mujer.
-¿Qué dices?.
-Si Draco, te encontré revolcándote con otra en la misma cama donde soliamos pasar ese tiempo tan hermoso del que hablas—Hacía una pausa.
-Hermione, yo…
-No digas nada Draco, solo he venido para cumplir con el compromiso de Harry, pero en lo que a mi respecta estas mas enterrado que un tesoro de pirata; tan profundo que nadie en su sano juicio se atrevería a buscarlo—la castaña daba por terminada esa conversación dándose la vuelta para acudir con Harry y decirle que estaba indispuesta para seguir jugando, sin embargo alguien mas hacía acto de presencia en ese lugar.
Damon daba grandes zancadas con sus ojos aguamarina mas abiertos de lo normal, la castaña pudo distinguir que cierta negrura abordaba en ellos pero no le tomaba importancia debido a la intensidad del sol que comenzaba a cernirse en los campos de Golf. La mirada del pelinegro era de ira, de rabia, en verdad estaba molesto, como si no fuera el mismo en esos instantes, podía apreciar sus manos empuñadas, sus pasos marcados y sentía por extraño que pareciera su respiración determinada.
-Damon, no, no lo hagas—Hermione deseaba indicarle que no lo tocara, pues estaba correcto que se comportara como un perfecto actor y fingirle tanta devoción como le era posible, pero consideraba inverosímil que se extralimitara con ese comportamiento.
El pelinegro no la escuchaba, sus oídos se cerraban a cualquier comentario que la chica pudiera hacer en defensa de ese hombre que acababa de besar a su prometida, pues ningun hombre; si en verdad se decía hombre podía permitir que otro mancillara lo que por derecho era suyo. Se acercó lo suficiente para poder esbozar una sonrisa socarrona, malévola, con un deje de amabilidad solamente.
En ese instante le propinaba un puñetazo directo al rostro, el platinado caía de nuevo al suelo ensuciando su atuendo caro que habia adquirido aquella mañana para impresionar a su ex novia, rodaba un poco por el piso sintiendo el dolor en sus pomulos asi como también una gran cantidad de sangre que emanaba de ese chico. Damon no podía contenerse, estaba furioso, iracundo, nada de lo que alguien pudiera decir en ese momento serviría para que se calmara.
Media hora antes habia visto la cercanía que Draco tenía con Hermione, pudo escucharlos platicar para indagar al respecto de sus problemas y asi poder elegir el mejor camino para reconciliarlos; despues de todo, eso se habia propuesto. Dejar a Hermione de nueva cuenta en brazos de su antiguo amor para que fuera feliz, pero al ver la manera en que la besaba, en que la tocaba le hacía hervir la sangre, perder los estribos, comportarse como un animal sediento de venganza en esos instantes.
Por detrás de un árbol su bestialidad salía a la luz como muestra de sus delatados sentimientos, las venas en sus pómulos, sus ojos ennegrecidos, sus colmillos perfilados y sus manos dispuestas a desgarrar cualquier cosa viva eran la muestra del coraje que corría por cada poro de su piel. Respiró hondo en esos instantes clavándose solo un mondadientes en el pecho y evitar que la condición vampirica lo traicionara, no deseaba que nadie se enterara de lo que en realidad era.
El poder de la madera en el cuerpo de los vampiros lograba incluso neutralizar los efectos primarios, asi que decidió enterrarse un palillo de dientes para de esa forma debilitarse y mostrar tan solo un poco de fuerza humana.
Draco seguía tirado en el piso sosteniendo su quijada, sus cabellos platinados estaban despeinados y sus ojos grises mostraban odio hacia ese hombre que le quitaba al amor de su vida. En cambio Damon se acuclillaba para sonreir con sorna tomandolo del cuello de la camisa y poder aclararle unos puntos importantes.
-Si vuelves a besar a mi novia, usare tu piel como trapo de limpiar y tu cabello como estropajo, eso sin contar que te sacaré el corazón para dárselo a los perros, aunque podría mezclarlo con Dog Chaw—Rodaba los ojos sosteniendo la sonrisa-Así no sabrá tan malo ¿No te parece?
-¡Basta Damon!—Suplicaba la castaña y sin embargo el la miraba con furia.
-Asi que tu aprovechas que me fui a comprarte una bebida y te encuentro besuqueándote con este payaso, ¿No es asi?
-Yo no soy ningun payaso imbecil—Replicaba el platinado, pero antes que intentara levantarse, aquel vampiro lo tomaba del cuello apretándolo un poco.
-Calladito, te ves mas bonito, recuerda eso antes de abrir el hocico.
-Damon… me estas asustando, ¡Sueltalo porfavor!—Suplicaba la castaña y en ese instante el pelinegro comprendía que no debía sobrepasarse. Soltaba a Draco con suavidad para levantarse y mirar a Hermione quien aun estaba contrariada por lo que acababa de ver, simplemente, debía regresar a la realidad y darse cuenta que ella desconocía totalmente su condición vampirica.
-Lo siento, es solo que no me gustó que lo besaras—Hacía una pausa para hacer un leve puchero, pues en realidad estaba avergonzado por ese acto.
Hermione sintió su corazón acelerado, su ritmo cardiaco se exaltó por unos instantes tan rítmico que pudo pensar que en cualquier minuto le daría un paro. Exhalaba grandes bocanadas de aire para despues volver a mirarlo, no sabia si todo aquello era parte de una actuación, y en caso de serlo tenía que ser clara sobre su comportamiento con sus amigos. El pelinegro empuñaba sus manos observando el rostro de la chica, pues ahora lo que le preocupaba era que en verdad comenzara a tenerle miedo, comenzaba a suavizar su tono y se acercaba unos pasos para comprobar que sus suposiciones eran del todo incorrectas.
-Perdoname Hermione, soy un… no importa.
-Damon—Se apresuraba ella a su lado para tocarle el hombro, mientras tanto aquel hombre pelinegro solo sentía demasiada culpa considerando y comprendiendo lo que su hermano Stefan sentía alguna vez por las consecuencias de sus actos. – No debi… actuar como un perro animal.
Draco todavía estaba en el suelo observando la forma en que su ex novia miraba a ese hombre, deseando a su vez cobrarse aquella afrenta de la mejor manera que solo un Malfoy podría hacerlo, y eso era marcarlo. Entre tanto la castaña se acercaba suavemente para tocar el otro hombro y sonreir con dulzura.
-Perdoname tu a mi—Susurraba. –No debi dejarme llevar por esto.
Aquellas palabras comenzaban a hacerle ruido, pues el corazón que consideraba muerto, enterrado y despedazado emitia unos latidos resucitando de las cenizas para dedicarse a lo que mejor sabía. Amar.
Observaba a lo lejos a una coqueta Katherine Pierce quien fingia ser una neófita en el Golf, recordaba la primera vez que la habia conocido, la primera vez que por su culpa tuvo la gran enemistad con su hermano compitiendo por sus atenciones, por su falso amor. Apretaba sus ojos al recordar la bala en su pecho, aquella que lo privó de la vida en 1864, fecha en la que comenzó sus andanzas como vampiro. No habia amado tanto como a aquella mujer morena, no habia entregado antes el corazón por nadie, ni siquiera por Elena Gilbert, la doppelganger Petrova que era el vivo retrato de esa vivaracha mujer que ahora competía por las atenciones de Harry y Ron.
Escuchaba las palabras de Hermione, se preguntaba el por qué no la habia conocido antes, o mejor dicho, deseaba haber nacido en el mismo año que ella, y de esa forma conquistarla, cortejarla, conocerla y enamorarla. Eso definitivamente le habría agradado demasiado. Volteaba para hacerle frente y acariciar sus mejillas, pues a pesar de estar tan feliz por aquellas palabras tan suaves provenientes de sus labios también sabia que habia un trato que habia que cumplir al pie de la letra. Después de eso, se alejaría para siempre.
Entre tanto, la disfrutaría, se crearía una vida por solo cuatro días restantes, y a pesar de haber vagado por ciento cuarenta y cinco años, su vida comenzaría justamente en ese momento para terminar en ese lapso. Le sonreía, posaba un dedo en sus labios y le hablaba con suavidad.
-Hermione, ¿Quieres ir a un lugar conmigo?
-¿Un lugar?, No comprendo Damon—Respondía ella como una colegiala, no comprendía aquel acto, sin embargo, le encantaba— ¿A donde quieres llevarme?
-Al fin del mundo.- Respondía el mientras que la castaña asentía con seguridad
El pelinegro de ojos aguamarina se tomaba la completa libertad de abordar la mano de la castaña y encaminarse a la salida de ese campo de Golf, no importaba Katherine, Harry o los demás, incluso un humillado y sucio Draco Malfoy pasaba a segundo plano con ese contacto de miradas que se sostenían mutuamente. Hermione sintió su corazón latir en forma pausada, tranquila, como si nada en el mundo importara mas que pasar tiempo de calidad con ese hombre.
Ella estaba conciente que no duraría, pues un hombre como Damon jamás se dedicaría a una sola mujer, mucho menos con alguien tan confundida y llena de problemas como lo era ella. Tan solo deseaba disfrutar ese instante, atraparlo y atesorarlo para resguardarlo en el baul de recuerdos entrañables.
