Debió admitir que no fue su mejor tarde, y por mucho que hubiese deseado terminarla junto a sus amigos de la mejor manera sencillamente la presencia de Draco complicaba las cosas; aun sentía el ardor en los nudillos de la bofetada que le habia propinado junto al sabor amargo de la ira al comprobar que efectivamente ese rubio se hacía el desentendido acerca de lo pasado. Decidió no hablar del tema, simplemente, no le apetecía, pues era como si regresara de nueva cuenta la sensación de esa noche al ver claramente el producto del engaño, de la traición, esa angustia que se agujeraba en su estomago al dar fe de la infidelidad de su antiguo amor.
Se encontraban camino a casa, y aunque hubiesen muchos temas de conversación sobre la tardeada de golf definitivamente las palabras se habían evaporado como el agua en un camino árido. El pelinegro aún se sorprendía de su arrebato anterior, jamás en toda su vida habia peleado por nadie, la última vez que lo hizo fue por esa mujer traidora llamada Katherine Pierce quien se llevo sus ilusiones convirtiéndolas en rencor y odio puro. Conducía con precaución, afortunadamente el coche no habia sufrido ningun raspón a pesar de estar expuesto sobre la calle contigua del bar donde habían estado.
El ruido se aminoraba, el trafico disminuía, la gente seguía pasando como si nada, pues el ritmo en Londres estaba descendiendo considerablemente para dar paso a un atardecer luminoso que se esparcía por las calles de esa ciudad tan hermosa. Las farolas se encendian al igual que las ventanas, mientras tanto la castaña no quitaba la vista del cristal, aun tenia en la mente ese beso tan sorpresivo, tan cinico, tan aberrante que le producían ganas de vomitar. No era que consideraba repulsivo al rubio, sino que era irreal pensar que podría arreglarlo con tan solo unir sus labios.
Damon no hablaba, no decía ninguna palabra por temor a ser reprendido por la chica, recordaba que las muestras excesivas de celos no estaban en el tratado de compra venta, se habia extralimitado, no estaba cumpliendo con el deber que se habia propuesto esa mañana. Si hubiese respetado sus propios preceptos se daría cuenta que no estaba cooperando en absoluto para ayudar a su clienta a recuperar al amor de su vida; después de todo a eso se dedicaba.
Hacía memoria sobre todas y cada una de las clientas que llegaban a su vida; recordó a una en especial, una señora de mediana edad rondando los cuarenta años quien habia contraído matrimonio cuando era mas joven, vente o veintiuno aproximadamente. No era tan popular en ese entonces pues su "negocio propio" estaba comenzando. Aquella mujer lo habia contactado ya que su marido habia caído en la monotonía, le habia contado que a raíz de adquirir una firma importante en un prestigioso bufet de abogados su trabajo comenzaba a consumirlo, y junto a el, su deber como hombre. Cada noche cuando llegaba del trabajo ella se colocaba su mejor lencería, la más provocativa, se ungía con paloma Picasso en zonas estratégicas para despertar sus bajas pasiones nocturnas y preparaba una cena especial cada que recibia una buena noticia sobre su nuevo trabajo. Aquel hombre estaba tan atiborrado de deberes, de citas, de reuniones laborales que habia ignorado completamente que tenía una esposa esperándolo en casa; cosa que siempre pasa hasta en las mejores familias.
Mientras el pelinegro observaba al frente dando un largo suspiro recordaba que ella le habia especificado sus requerimientos, deseaba que aquel esposo tan apático se diera cuenta que podría conseguir a otro hombre a falta de la atención de su marido. Damon habia aceptado, recordó que la suma acordada eran cinco mil quinientos dólares, sin sexo, pero los besos estaban permitidos hasta cierto punto. Cuando comenzaba las citas, aquella señora dejaba pistas a su esposo para que se diera cuenta que salía por la noche a visitar a unas "amigas", aunque despues de la llamada telefónica que le hacía antes de su hora de llegada dejaba un anónimo donde le indicaba el lugar, la hora, e incluso la descripción del hombre con el que salia. "Tu esposa te engaña", al menos eso leyó antes de mostrárselo.
Esa mujer no lo amaba, no le guardaba sentimientos que no fueran de negocios, incluso cada cita que tenía con él se dedicaba a hablar maravillas de su esposo, comentaba todos y cada uno de los periodos romanticos que tuvo para conquistarla, para acaparar su atención, sin embargo el tiempo lo habia cambiado. Daba un largo suspiro al recordar la noche que tuvo que actuar para seducirla en un departamento, se habían despojado de sus ropas calculando el momento que aquel hombre iracundo llegara para reclamarle lo infiel y lo adultera que habia resultado; sin embargo, todo era una farsa. Esa mujer no dejaba de amar al hombre con el que se habia casado.
Damon Salvatore era eso; un momento, un instante, una actuación, un hombre hecho a la medida para cualquier mujer saciando sus exigencias mas altas, pues no solo se deleitaban con sus ojos, con sus fuertes manos, con su voz tan seductora y la forma en que atentamente las trataba, pues por alguna razón ese espécimen exótico les resultaba tan atrayente que causaba la envida y la ira de los hombres a tal grado de valorarlas, reclamarlas y volverlas a tomar demostrando que eran mucho mejor que él.
Un hombre como él que se vendía, que comerciaba con su compañía, que podría enloquecerlas con tan solo una mirada, era tan capaz de hacerlas llegar al cielo pero con el karma de no tener algo para si mismo. Algo que realmente fuera suyo, pues bien dicen que la belleza tiene un precio, y ese mismo quizá era la soledad. Damon se sentía solo, demasiado solo.
No quería mirar a Hermione, pensaba que el producto de su enamoramiento era precisamente por caer rotundamente en esa etapa de aceptación a su soledad, mas no aprendía a lidiar con ella a pesar de tener mas de una centuria. Respiraba hondo, bailoteaba sus dedos sobre el volante impacientándose por la señal roja en el semáforo que indicaba el alto.
La castaña escuchaba el golpeteo en el auto, debía admitir que aquel gesto de celos en lugar de molestarle le habia encantado, se sintió protegida, amada, como si ese hombre lograra ser su escudo a muchos sentimientos de culpa. Sin embargo, al mirarlo de reojo, al apreciar su hermoso perfil griego se daba cuenta que jamás sería para ella, pues un hombre tan atractivo no debía ser solo de una mujer, no obtener la exclusividad de una sola. Concluí que Damon habia hecho su trabajo al actuar demasiado perfecto.
-Detén el coche—Mencionaba la chica señalando un libramiento que conducía al malecón del canal principal de Londres.
Damon volvía a la realidad al escucharla siguiendo su petición desviándose lo suficiente para aparcarse cuidadosamente, despues de todo, el automóvil seguía siendo rentado. Daba un largo suspiro, no sabía si mirarla, continuar con su vista fija al frente sin poner atención a ninguna cosa, continuaba bailoteando sus dedos en el volante apreciando claramente su anillo de lapislázuli que adornaba uno de sus dedos; aquel que le permitía salir al sol sin quemarse. Hermione recargaba su espalda en el asiento, entrelazaba sus dedos sobre su abdomen apretándolos con algo de fuerza, sus ojos divagaban a algo que parecía ser un recuerdo.
-Draco no siempre me amó—Apretaba sus labios mientras que la atención del pelinegro vampiro era acaparada completamente por esa declaración.
-Hermione no tienes que contarme—Daba un largo suspiro esbozando una sonrisa. –Se que parte del paquete que alquilaste es que sepa escucharte pero no debes estar forzada a decírmelo.—
-Dejame… Terminar- Imperaba con suavidad la castaña. Se cruzaba de brazos mirando la cubierta de automóvil para comenzar a relatar una historia tan feliz y dolorosa digna de ser contada.
-Nos conocimos desde niños… Draco fue siempre aquel que por su posición, su dinero, su prestigio mostraba elitismo ante todos los alumnos del colegio.
-¿Rugrats?—
-Hogwarts—Corregía. –Yo fui una niña muy fea, incluso muchos se burlaban de mi por mi cabello enmarañado, tenia gran volumen y debo darle razón a mi mama por desistir de peinarme al comprobar que cada cepillo terminaba huyendo de mi presencia.—Reía de si misma mientras que el pelinegro le colocaba suma atención, pues no consideraba que esa chica tan bella hubiese sido lo contrario en sus épocas infantes. – Me sentí muy acomplejada por eso antes de entrar a la escuela de magia.
Damon seguía con sus ojos aguamarina puestos en ella, siempre que relataba alguna cosa atrapaba a su interlocutor no importando el tema, pues el solo escucharla, desenvolverse en cada conversación era delicioso, único, como esas personas que nacieron para ser lideres, encaminar personas, hacer el bien común e incluso para vender. Hermione era una gran publicista y la mayoría de su éxito se debía a su elocuencia y seducción con las palabras.
Deseaba sonreír, mas no lo consideraba prudente a causa de la expresión tan seria y taciturna de la chica, solo se colocaba las manos en las bolsas sintiendo el aire algo frio de la noche que envolvía a la ciudad. Hermione pasaba saliva, ya que volver a recordar no era sencillo, era como volver a reencarnar esos pasajes tan destructivos.
-Cuando entre al colegio justamente me conduje a un vagon sola—Hacia una pausa corta. –Bueno, de hecho no me encontraba tan sola, un chico de cabello negro algo atolondrado y con los incisivos mas grandes que un castor habia perdido su rana—Proseguia— Ahí fue cuando conocía Harry y a Ron.
-El pelirrojo que devoraba los canapés en la fiesta—Afirmaba Damon y la castaña asentía.
-Yo no tenia amigos mas que ellos dos, siempre estaba sola y desahogaba esa frustración leyendo, instruyéndome, ser la mejor bruja que esa generación haya conocido—Suspiraba. –Y lo fui.
Damon estaba procesando la información, era evidente que conocía rasgos minúsculos de aquella chica como hechicera y no obstante tenía un millar de dudas sobre aquel mundo tan extraño. No la interrumpió, solo carraspeaba un poco para indicarle que prosiguiera con la declaración.
-Draco era un imbecil, y uno muy bueno—Suspiraba. –Me llamaba Sangre Sucia.
El pelinegro la escuchaba enarcando una ceja. -¿Sangre sucia?,¿Pero que sobre nombre tan poco original es ese?
-Significa hijo de padres no magos.
Aquel termino era tan extraño como ese universo en el que se encontraba, no podía creer que alguien catalogara la sangre como "sucia"; debido a su condición vampirica podía distinguir la calidad, el sabor de la misma, pero definitivamente no concebía la idea de que el liquido escarlata pudiese estar asi. Le ponía mas atención, le interesaba conocer mas de ella y sobre todo los motivos por los que decidió dejar a Draco Malfoy en su momento; pues debía aceptar que ese chico estaba perdido y loco todavía por ella.
-Pues no parecía que le desagradaras, al contrario, te mira como si deseara arrancarte la ropa. – La castaña solo reía.
-Draco no era muy expresivo en ese entonces, se dedicaba a humillarme encontrando cualquier oportunidad de recalcar mi origen, mi estirpe, las mil razones por las que una persona como yo no debía pisar el colegio—Desviaba la mirada observando una farola que titilaba y sobre ella una polilla que revoloteaba deseando tal vez introducirse en la quimera que la cubria.
-Debiste golpear a ese cabrón
-Lo hice.- El pelinegro se sorprendía abriendo los ojos mas de la cuenta. –No me mires así, le di un puñetazo tan fuerte que tuvo que usar un hechizo reparador de huesos—Suspiró—Me lo conto mucho después.
Hermione tenia una fugaz expresión de felicidad, era como si ese pasaje en especial la hiciera sonreír sobremanera; sin embargo, el pelinegro debía ser paciente y escuchar, no podía creer que esos dos que alguna vez fueron como el agua y el aceite estuviesen enganchados.
-Cuando tuvimos una batalla terrible en donde yo podría resultar muerta, solo mis amigos me hacían compañía- Daba un largo suspiro de nuevo mirando las estrellas haciendo ese recuento. – Hubo demasiada destrucción, dolor, pérdidas, pero estaba tan concentrada en ayudar a Harry a buscar Horrocruxes que nada mas importaba.
-Horrocruxes?—Volvia a preguntar Damon. –Son algo asi como cartas de Yu-Gi-Oh seguramente—
-Claro que no—Aclaraba. –Eran fragmentos donde un mago tenebroso; quien buscaba a Harry en ese entonces para matarlo guardaba su alma para conservarse inmortal.
El vampiro pelinegro abría los ojos realmente sintiendo que esa chica castaña le estaba tomando el pelo, sin embargo, habia visto personalmente que todas esas historias llegaban a ser del todo ciertas por el hecho de conocer a los futuros esposos y a sus familias. Recordaba en especial a una chica rubia con un vestido lleno de mariposas llamada Luna; lo que le orillaba a pensar que esa historia era del todo cierta.
-Nos capturaron una manada de hombres lobo—Proseguía—Aun puedo sentir el asqueroso aliento del líder quien intentaba encontrar algo por debajo de mi ropa
-Hijo de puta—Damon comenzaba a apretar sus puños, recordaba que en alguna ocasión estaba a punto de perder la vida por una mordida de licántropo.
-Si, lo se, sin embargo no nos hizo nada ya que necesitaban a Harry vivo—Lo miraba con atención—Nos llevaron a la mansión Malfoy y ahí Draco tuvo la oportunidad de delatarnos, sin embargo no lo hizo—Daba un largo suspiro- No lo hizo.
-Supongo que estaba entonces enamorado de ti.
-No lo se, tan solo puedo decirte que nuestro romance comenzó despues de esa guerra—Mencionaba con mucho tacto jugueteando con sus dedos, recordando el ayer, recreando el feliz momento que tuvo al reconocer un lado gentil de su exnovio, razón por la cual se habia enamorado como una loca.
-Lo que no me explico es ¿Cómo te enamoraste de el si tanto te molestaba?, tengo entendido que cuando la gente esta enojada no se habla, no se si me explique—Cuestionaba el vampiro pelinegro, pues consideraba inaudita aquella relacion basada en el odio, en el rencor, incluso en las diferencias de la sangre dada la explicación tan clara de Hermione. Ella en cambio lo volvía a mirar recargándose en la puerta del coche para continuar su relato.
-Después de que terminó la guerra, los Malfoy cayeron en desgracia—hacia una pausa dando un paso al frente para colocar las manos en sus bolsas y sentir el aire helado en su rostro.—El , se sentía solo, incluso intentó suicidarse mas de una vez, y esas ocasiones yo se lo impedí—Proseguía. – Comenzamos desde cero, siendo amigos, incluso lo fuimos a escondidas por el temor de una reprimenda de Harry y Ron quien en ese entonces aún lo detestaban.
Hermione caminaba mas al frente haciendo que el pelinegro la siguiera quedando a una distancia considerable, recargaba cuidadosamente las palmas de sus manos en el concreto del borde mirando su propio reflejo en el agua del canal. –No se te explicar el momento exacto en el que sucedió, tan solo recuerdo que fue un… Viernes.—Apretaba sus labios. -Llego herido a causa de una pelea que tuvo con unos alumnos de Gryffindor, y para ese tiempo lo habia perdido todo, o mejor dicho, se hizo añicos el poco respeto que conservaba de los de su misma casa.
Damon se acercaba lentamente, hacía zonar sus zapatos deportivos colocándose en la misma posición que la castaña, la miraba por el rabillo del ojo y al mismo tiempo en el reflejo del agua iluminada. Tenía ganas de tocar su hombro, pero desistía de la idea al ver la actitud renuente de la chica.
-No muchas recuerdan el dia, creo que eres como una versión humana de Wikipedia.
-Algo asi, supongo—La castaña soltaba una risita, para despues continuar con el relato.
-Curé sus heridas, el muy testarudo decía que habia sido golpe de suerte que aquellos se hubiesen salvado de unas cuantas maldiciones imperdonables, y ahí estaba—Daba un largo suspiro—Goleado, herido, con el ego mas pulverizado que un maní pisoteado, asi que le curé sus heridas y… bueno, no necesito contar los detalles que sucedieron despues.
-¿Follaron?
-¡Damon!- Se ruborizaba la castaña.
-Yo lo haría, si alguien cura mis heridas estando semidesnudo, ¿Alguna vez has sentido unas manos extrañas que acarician tu piel? ¡Wow, el solo recordar me pone cachondo!-
-¡Basta Damon!, esto es en serio—Reclamaba Hermione intentando no reir.
El pelinegro solo rodaba los ojos mientras que la castaña soltaba ahora su risotada, comprendía que esa parte habia sido descabellada y sin embargo negaba con la cabeza.
-No hicimos nada, simplemente me besó—Se ponía cada vez mas seria. –Y de ahí, fueron mas besos, mas caricias, hasta que públicamente acepto que me amaba—Desviaba la mirada hacia otro punto. – Soy una idiota por haberle creido.
El pelinegro solo la observaba, anteriormente conocía la decepción amorosa como un karma del destino mismo que se ensañaba de generación en generación con aquellos que entregaban el corazón de manera limpia. Observaba a la castaña, en verdad era hermosa, su cabello, su piel, sus dedos, la forma en que entrecerraba los ojos al hablar era algo que un hombre no debía pasar por alto, y si éste era lo suficientemente inteligente se daría cuenta de todos y cada uno de ellos.
-Duramos dos años, salimos de Hogwarts y decidimos ir a estudiar la especialización en medimagia—Reia irónicamente. – lo se, es un cambio drástico a ser ahora publicista, pero en ese tiempo me interesaba hacer algo bueno por los demás, curar, ser útil—Resoplaba un poco—Yo y mis ganas de ser la buena samaritana, como siempre. – Proseguia sin observar a Damon. –A Draco nunca le interesó esa carrera, incluso te puedo decir que sentía nauseas al ver un cuerpo desmembrado. Cuando decidimos vivir juntos nos habíamos prometido terminar la carrera, incluso, me propuso matrimonio.
-Lo se, me lo contaste antes de contratarme.—Acotaba Damon.
-Una semana después salí con Luna a elegir el ajuar de novia, aunque conociéndola sabia que me recomendaría algo con pájaros, plumas o cualquier insecto tan luminoso como esas farolas—Sonreia.
-Tambien lo se, creo que esas mariposas podrían ser un grito en la moda para Donatella Versace.
-¡Damon!
-Perdon, perdón, me cayó muy bien la chica—El pelinegro se silenciaba para dejarla continuar.
-Fuimos de tienda en tienda y aunque no lo creas ella habia elegido uno bastante hermoso—Suspiraba. –Uno hecho con seda egipcia y elaborado por las hadas de la región.
-¿Existen las hadas?—Preguntaba el pelinegro con suma atención pues se imaginaba a un millar de mujercitas aladas confeccionando esa prenda parecido a los ratones de cenicienta.
-No son muy sociales, incluso no hablan mucho, son caprichosas y cuando ves su verdadero rostro descubres que son tan feas como un árbol en medio de un pantano—Negaba con la cabeza, pues para ella aquellos seres mágicos eran tan comunes como los mismos coches que transitaban por Nueva York. El vampiro pelinegro se preguntaba a su vez si la sangre de hada era tan deliciosa como se la contaban, pero decidió formular esa pregunta para otro dia ya que ahora la castaña estaba sincerándose.
-Recuerdo que llegué emocionada, ya que Luna me decía que encontró el vestido perfecto para la pareja perfecta—Bufaba irónica. – Pero estaba equivocada. –Hacía una pausa mas larga apretando con mucha fuerza el concreto. En ese instante el vampiro pelinegro posicionaba sus ojos aguamarina en los de ella mirándola con suma atención, hablaba suave, en susurro, y ella sentía que estaba a punto de explotar.
-¿Qué sucedió Hermione?—La castaña apretaba sus labios con mucha fuerza, pues al volver a recrear la escena en su mente se abría sin pensarlo esa vieja herida que consideraba cauterizada con los años. Pasaba saliva con dificultad dando un largo respiro para reponerse y continuar con el relato.
-Abri la puerta del departamento, y por loco que parezca estaba abierta, lo que me pareció extraño claro está—Proseguía—Decidi no llamarlo, pues el espacio era tan reducido que hablar estaba de más, asi que me dirigi a la recamara ya que en ningun lugar de la casa estaba—Suspiraba cerrando los ojos.
-Draco estaba teniendo sexo con otra.
El pelinegro ya se lo esperaba, pues era la misma historia que se repetía una y otra vez entre sus clientas, los maridos infieles, las amantes ocultas, las cajas de chocolates escondidos en los cajones, las tarjetas de flores que a los muy idiotas se les olvidaban como parte de su instinto. Hermione estaba lastimada, herida, su orgullo y su dignidad pisoteadas se derretían en esas lagrimas que derramaba sin pensarlo; tomaba una de ellas con su dedo pulgar y le sonreía.
-Si te duele, no me lo cuentes.
-No—Espetaba con suavidad. –Debo hacerlo o de lo contrario creo que explotaré.
La castaña decidió proseguir. - Solo lo vi sudando, sus cabellos rubios se pegaban a su frente y … oh por dios ese rostro, ese … ¡Ese maldito rostro!.
-Hermione debes detenerte—Sugería Damon pero la chica se empecinaba en continuar.
-No me di cuenta de la persona con la que me engañaba—Decia tratando de serenarse. – La puerta de la habitación estaba entre abierta y solo alcance a distinguir unas bragas.
-¿Cómo es posible? , debiste haberla identificado.
-No, no lo hice—Hacía una pausa—Me concentré mas en el maldito traidor que en la zorra. -Echaba su cabello castaño hacia su espalda respirando lentamente.
-Era de un bonito color rosa, y claramente decía…. VIERNES.—Suspiraba. –Asi que el dia oficial en el que Draco decidió romper mi corazón fue… Un viernes.
Damon comprendió en ese momento que la chica no deseaba regresar con ese rubio que la habia engañado, pues en sus ojos color miel descifraba la cantidad de odio, resentimiento e ira que emanaba con cada palabra. Se acercaba un poco a ella, volvía a mirarla con demasiada ternura, recorría con su mirada su rostro, su bello rostro de niña que relucía como un diamante detrás de esa mascara de mujer independiente, de una chica fuerte que se amarraba el dolor para convertirlo en un escudo, ¿Habia sido por eso que no volvió a enamorarse?. Creia fervientemente que una decepción claramente se removía gracias al dicho tan famoso "un clavo saca a otro clavo", sin embargo quizá ese mismo no habia concido a una linda chica como Hermione Granger. Daba un largo respiro, su cercanía era mas próxima aun tocando el rostro de la castaña para poder consolarla a su manera, debía hacer algo o de lo contrario continuaría enamorándose cada vez mas de esa clienta tan especial.
-Lo único que quiero, es que vea que soy capaz de conseguir a otro hombre—Proseguia—De despertar en uno la llama de la maldita pasión, de ser una verdadera mujer con sangre en las venas—Desviaba la mirada. – Tengo ganas que sienta lo mismo que yo cuando lo vi con esa….
-Hermione—Le tomaba del rostro para observarla, consideraba que en toda si vida se habia topado con una mujer tan fuerte, tan vivaz, tan energica y decidida como la castaña. -Fue estúpido contratarme ¿Sabes eso?, -Hermione se olvidó por un momento de su propio dolor para poner atención a esas palabras tan extrañas del pelinegro. Enarcaba una ceja no comprendiendo el contexto.
-Eres hermosa, tan solo mirate—La señalaba con la mirada en forma descendente. –Tienes una cintura que muchas quisieran, tienes unas piernas que enloquecerían a cualquier imbecil deseando enredarse en ellas—Acarciaba su rostro—Tu linda cara, tus ojos, tus labios—
No se dio cuenta el momento exacto en el que sus labios se acercaban cada vez más, mientras tanto la chica solo sintió el aliento de su acompañante invadiendo su espacio, abrazando su intimidad, su soledad, sus recuerdos tortuosos para evaporarlos. Damon sonreía, sentía que su corazón latía con mucha fuerza, como si una revolución comenzara a sucitarse en su propio cuerpo y esta a su vez reclamara los labios carnosos de Hermione Granger. Su clienta, sí, su clienta, pues a pesar de cualquier cosa que su deseos anhelaran seguiría siendo para ella un simple acompañante, un escort, un simple accesorio para presumir con las otras mujeres.
-No comprendo por que me elegiste a mi, ni siquiera estaba en la pagina de clasificados.—Resoplaba el pelinegro aun con sus ojos cerrados, pues si habia de perderla, atesoraría ese recuerdo por toda la eternidad a pesar de no verla más.
Hermione lo colocaba en el filo del concreto, acercaba su boca a milímetros de la suya, cerraba también sus ojos caramelo para que sus otros sentidos le revelaran el gran misterio que significaba Damon Salvatore. Su aliento se mezclaba con el suyo, sus bocas se entreabrían para culminar con un beso apasionado la tensión que comenzaba a acomularse con su cercanía de cuerpos. La castaña tomaba por primera vez la iniciativa, se sentía extasiada, mas mujer, como si sus instintos afloraran para convertirla en otra persona, una que llevaba oculta durante mucho tiempo y que la estirpe del decoro le impedía presentar.
Enredaba sus delicados dedos por la cabellera azabache y abundante del caucásico y atractivo manjar de ojos aguamarina, entreabría sus orbes para prestar toda la atención en su boca, se deleitaba con cada detalle, recorría con su mirada el contorno, la forma, la saliva que se escondía por detrás deseando degustarlo.
El tan solo cerraba sus ojos echando su cabeza hacia atrás mostrándole su apetitosa manzana de Adán cubierta con unos cuantos vellos uniformes que conformaban su barba rasurada. Hermione sentía sus manos temblar, pero no se detenía, introducía su mano izquierda por debajo de su camisa para tocar su tibia piel topándose con unos musculos definidos, un camino de vellos ligeramente crecidos que separaban su ombligo hasta llegar traviesamente hasta sus pectorales.
Se detenía en sus pezones, los apretaba ligeramente manteniendo su boca en dirección a la suya sin besarlo, su imaginación ahora volaba, ¿Quién diría que una mujer que toda su vida se dedico a los libros ahora estuviera viviendo una novela erotica?. Nadie, al menos no quien la habia conocido en ese entonces.
Relamía sus labios para despues morder el inferior para calmar un poco la ansiedad, pegaba su cuerpo al suyo sintiendo ese mounstro entre sus piernas que difícilmente contenía la mezclilla del pantalón. El pelinegro sintió la cercanía, la proximidad de ese vientre ansiando de una vez por todas continuar con la labor desgarrando esas prendas que le impedían el poseerla.
Damon estaba enloquecido, deseaba dejar de lado el decoro de la sociedad para tomarla ahí sin importar mas que saciar su apetito de carne, de piel, de la miel que emanaban sus ojos, su cabello, morder a pausas esos labios en forma de corazón que la chica se mordía, lamer su cuello, degustarlo, tocar su derrier bajando en forma lenta hasta llegar a sus glúteos untados por una minifalda de deportiva y emprender la búsqueda desesperada de sus bragas.
Su boca se daría un deleite con el par de montañas delanteras que la castaña tenia como atributo primordial, mordisquear sus pezones, dibujar una línea hasta su vientre para excitar ese cuenco delicioso que tanto se imaginaba en sueños. Era extraño, bastante inaudito pensar que siendo asediado por las mujeres esperando la menor oportunidad de recaudar lo suficiente para compartir una noche ahora rezaba, imploraba por que fuese ella quien se lo pidiera. Y en cualquier caso, de forma desesperada lo aceptaría, no importando que ella no tuviera un centavo para pagarle.
-Deseo ser apetecible para cualquier hombre—Susurraba, jadeaba, rosaba sus labios en las mejillas de ese hombre al que ahora estaba enloqueciendo, mientras que éste la tomaba de la cintura alzando su pierna derecha hacia su cintura.
-Aprendi… todo lo que se en el colegio—Se dirigía a su lóbulo izquierdo para darle una leve mordida. –Supere muchos de los promedios mas altos… ayudé a mis mejores amigos de una muerte segura...—Continuaba susurrando pegándose y frotándose mas a la entrepierna erecta y rigida de ese vampiro. -Pero lo único que no aprendi… Es a ser una zorra.
Damon sintió que la sangre le hervía, sus sentidos se unían para formar a la tan aclamada bestia de la que tanto se enorgullecía y que ahora se avergonzaba, ¿Por qué le apenaba tanto a estas alturas su condición vampirica?, ¿Por qué deseaba por primera vez en su vida ser normal?, común, corriente, tan inclusive como todos aquellos tipos promedio. No lo sabia, y no se molestaría en averiguarlo, pues tan solo el momento, el instante que tuviera con la castaña de ojos miel y rostro de niña le impulsaba a sentirse mas vivo que nunca. Ahora comprendía a su hermano Stefan, su concepto de la humanidad cambiaba, pues algo que consideraba tan cursi se estaba convirtiendo para el en una conducta irracional que lo regía como a un títere.
-Hermione… -El estaba a punto de besarla, tomar con sus manos su blusa y despedazarla para pasar su lengua por sus pezones a su libre albedrío, tomar lo que deseaba y despues largarse. Deseaba no conservar el rostro de Hermione Granger, no quería entregarse, no podía arriesgarse ya que se dedicaba a venderse, a comerciar consigo mismo. –Debemos parar… esto es….—Se sorprendía de sus propias palabras, pues de haber sido otro vampiro desalmado le hincaría los colmillos bebiéndola hasta jactarse y dejarla como una pasa.
-Eso se puede…- En ese instante la castaña dirigía lentamente su mano desde su torax marcado hasta su ombligo. - Arreglar- Bajaba mas hasta toparse con el botón de su pantalon para desabrocharlo, sentía en ese instante el cintillo de su ropa interior esbozando una sonrisa triunfante, mientras que por otro lado aquel pelinegro sentía sus venas marcar sus pómulos, sus ojos aguamarina se oscurecían como si de ellos brotara sangre acumulada en sus pupilas. Le dolían sus encías, los perfilados colmillos se retraían mostrando al vampiro sanguinario que realmente era. Su instinto, le imperaba devorarla, beber de ella y follarla como nunca.
-Hermione… en serio debes parar- Intentaba sugerir el pelinegro pero su instinto era mucho mas fuerte que su voluntad, asi que solo tomaba a la castaña con algo de fuerza para alejarla de si mismo.
Pensaba en separarse, pero su fuerza ahora era mucho mas aguda, mas bruta, podría romperla como a un mondadientes y eso significaría delatarse. Sus ojos aun estaban negros, estaba excitado hasta la medula, su sed de sangre no conocía limite alguno y no diferenciaba lo bueno de lo malo e incluso, de lo peor, asi que deseaba respirar, relajarse, pero con la provocación de la castaña era imposible, la deseaba tanto, anhelaba tener su cuerpo de manera salvaje, bruta y sin contemplaciones que ahora su naturaleza se encontraba jugándole una mala pasada
Hermione no entendía de razones, su cuerpo reclamaba a ese hombre tan suculento, tan deseado, tan anhelado por muchas mujeres que anteriormente lo habían comprado; la sola idea de tenerlo en su cama, bajo sus sabanas, entre sus piernas, incluso dentro de ella hacía que su sangre hirviera de deseo, que su misma humedad femenina emanara como un geyser recién despierto desbordándose copiosamente. Lo escuchaba, por dentro estaba segura que esas ultimas palabras se debían a que tendría que pagarle mas por ese instante, por ese inmenso placer que pudiera proporcionarle. Sus oídos se cerraban dando paso libre a sus fantasias mas retorcidas.
"Debo parar, no quiero hacerte daño, no a ti, no a ti"—Pensaba aquel vampiro sediento de sangre, despiadado, loco, insano, cada adversidad ahora se afloraba mas al contacto tan cercano con la castaña, su aroma, su piel, toda ella lo volvía un depredador imparable; sin embargo, su corazón deseaba protegerla, cuidarla. Sintió las ganas de tomarla a la fuerza y apartarla a como diera lugar, pero estaba al limite de sus capacidades, al limite de si mismo.
-Hermione no..
En ese instante algo milagroso habia ocurrido, pues un coche que iba a velocidad impresionante transitaba por esa misma calle para mojarlos con el chorro de agua que levantaba al pasar por un charco. Aquella bañada caía regresándolos completamente a la tierra. La castaña abría los ojos para descubrirse a si misma hundiendo su mano en las partes mas intimas y erectas del caballero de compañía. Damon por su parte milagrosamente apartó su bestialidad, por fin volvía a ser como siempre dando gracias a ese conductor presuroso el haberle dado una oportunidad de calmarse.
-Lo… lo siento—Se apartaba la chica de manera rápida incorporándose, observaba su ropa mojada, la blusa se pegaba a su cintura y sus cabellos ahora estaban escurridos. El pelinegro no recibió daño alguno, pues todo el impacto del agua había caído en la espalda de la castaña.
Damon respiraba hondo, pues parecía que si nadie lo apartaba, lo mataba o lo degollara, continuaría con aquella lucha interna evitando desgarrar la garganta de la chica. Frotaba las palmas de sus manos lentamente simulando algo de frio sonriendo como nunca, observaba a la chica para dirigirse al coche y volver a mostrar su dentadura perfecta.
-De la que te salvaste Hermione—Torcia los labios un poco agrandando sus ojos aguamarina.
-Lo se, me salve de hacer algo que…
-Me refiero a que te salvaste de deberme dos mil dólares mas, ¿Recuerdas la clausula?
La castaña se quedaba estatica, no sabia que responder en ese instante, asi que dio un resoplido para introducirse de manera brusca al automóvil para continuar con su camino, despues de todo, el dia siguiente tendría cosas que hacer, y entre ella se encontraba la despedida de soltera de su amiga Ginny. Era una obligación social asistir o de lo contrario la llamarían aguafiestas.
