Sentia el ardor arribar a sus mejillas conforme pasaban las horas, no supo por cuanto tiempo había permanecido callada, sólo contemplaba con emoción que llegaba a su casa para mirar algun rostro mas familiar como el de sus padres. Recordaba que aquella noche mientras regresaban a la casa le ardía la cara de vergüenza al comportarse tan jocosa y atrevida con Damon, definitivamente ese hombre la desubicaba en todos los aspectos. No sabía como interpretar ese sentimiento que comenzaba a nacer dentro de ella y sin embargo, cualquiera que fuese el caso deseaba detenerlo a como diera lugar.
Esa noche al regresar no cruzaron palabra alguna, quizá los dos estaban tan extrañados por diferentes cosas pero enfocados a una misma. Definir lo que ahora tenían.
Hermione sin lugar a dudas era una mujer hecha y derecha forjada en el calor de la magia y adaptada al medio neoyorkino donde se encontraba, no podía evitar comparar a la chica timida con uniforme de colegio con la mujer independiente en que se había convertido. La diferencia, era abismal, algo tan grande que ella misma se sorprendía por ese cambio, probablemente se debía a encontrarse con su antiguo amor deseando que la encontrara tan feliz y tan plena que no se detuvo a pensar en las situaciones o en este caso, personas que se encontraría a su paso para lograrlo.
Estaba ansiosa, por unos momentos deseaba ser una fumadora compulsiva pero tenía tanto asco al tabaco como las babosas de jardín, asi que cualquier cosa que intentara sería inútil para mitigar el nerviosismo que le provocaba ese hombre tan sexy, tan guapo y exótico que había contratado.
Habían llegado a la casa donde sus padres los recibían calurosamente, Damon se extrañaba que por primera vez unas personas se comportaran tan amables con el sin intenciones de clavarle una estaca al corazón. Cenaron algo de comida china que la madre de la castaña habia llevado a falta de tiempo para la cocina, mientras tanto, el pelinegro vampiro sentía ese calor de hogar que le habia faltado durante mucho tiempo aún tratándose de cena comprada.
Miraba a Hermione con una sonrisa, aún tenía que demostrar a los señores Granger que estaba pedida y locamente enamorado de su hija, sin embargo, un abismo los separaba a causa de la furtiva noche que tuvieron con algo de ropa puesta. La castaña se limitaba a sonreír un poco engullendo bocado tras bocado, tenía prisa por llegar a la cama y dormir lo mas que fuera o en su determinado caso fingirlo. No deseaba ver los ojos aguamarina de su escort, no después de casi tirárselo en medio del puente donde un millar de personas podían dar fe de lo mucho que había crecido Hermione Granger.
-¿Cómo estuvo el partido de Golf cariño?—preguntaba Jane pasando un par de guarniciones a los caballeros mirando a su hija.
-Divertido mamá, Harry como siempre resultó ser el mejor mientras que Ron es todo un desastre.
-Ya lo creo, Molly me ha contado sobre su falta de coordinación-Respondía la mujer. - ¿Y que tal tú Damon?—Se dirigía a él. -¿Pudiste meter un hoyo en uno?
-Claro Jane, mas de alguno que incluso se sorprendían por mi puntería, no es por presumir pero soy algo así como la ley del viejo oeste. –Esbozaba una sonrisa agrandando sus ojos aguamarina, mientras tanto los señores Granger lo miraban con cejo fruncido.
-Donde pongo el ojo, pongo la bala—Sostenía la sonrisa. –Me pasó lo mismo con tu hija, pero ella era como uno de esos hoyos que cambiaban de lugar—Suspiraba- -Siempre se hizo la difícil conmigo.
-¡Damon!—lo fulminaba con la mirada. –No soy ningún "hoyo"
-Bueno entonces serías la pelotita, una dulce, y tierna pelotita.
-¿Me estas llamando gorda?—Espetaba ella sintiéndose algo irritada al escuchar las risas de sus padres, eso definitivamente la descolocaba.
-¿Y asi empezará mi vida de casado verdad?—Volteaba con Jack Granger sonriendo descaradamente al parecer gustando de hacer enojar a la castaña haciendo que aquel hombre le concediera razón asintiendo con la cabeza.
-No lo tomes tan apecho linda, pero debo reconocer que eres un poquito… difícil de carácter—Concretaba el padre de la chica.
Hermione se sorprendía de lo bien confabulados que se encontraban su padre y Damon en su contra, al parecer veían graciosa aquella comparación con el partido de golf con sus amigos, entre tanto miraba a su madre quien ahora volteaba levemente a otro lado para contener la risa.
-Vaya, supongo que es en este momento que comparten opiniones sobre mi y ustedes le muestran el viejo álbum de fotos donde me vistieron de la reina de las flores para jardín de niños—Se levantaba algo molesta, miraba que todos estaban tan sonrientes y acoplados que se comenzaba a sentir fuera de lugar en aquella mesa. Jack y Jane la volvían a mirar dándose cuenta de que algo pasaba con su hija, sin embargo quizá se trataba de los nervios de la boda que compartía con su amiga Ginny.
-¿En serio tiene fotos como princesa de las flores?, quiero verlas, definitivamente lo deseo—Damon respondía sosteniendo la sonrisa, en cambio la chica estaba mas roja que un tomate maduro.
-Nuestra hija era la mas hermosa, parecía toda una princesa—Acotaba Jack. –Pero le daba miedo salir a escena usando los frenillos.
-¡Papá!—Hermione se mordía los labios para evitar enfurecerse, mientras tanto el vampiro pelinegro la observaba con ceño fruncido.
-Debiste verte hermosa con tus metalicos dientes mi amor.
-¡Ya basta!—La castaña marcaba su propio limite alejándose de la mesa. –Mamá, creo que no te has dado cuenta pero ya soy una mujer, no es para que divulgues mi niñez con cualquiera.
-Cielo, pero Damon no es cualquiera, es tu novio.
-Claro que…-Se silenciaba en ese instante mientras que Damon se limitaba a rodar los ojos lentamente esperando el momento exacto en el que ella se delatara.
-Es mi novio, pero hay cosas que incluso no debe saber ¿Quedó claro?, ahora si me disculpan estoy cansada y deseo tomar un baño, además, deseo prepararme un té—La chica tenía intenciones de dirigirse a la cocina, pero en ese instante el pelinegro de ojos aguamarina intervenía.
- Pero aquí hay mucho té helado, no comprendo amor.
-No me gusta, prefiero el que tengo en la alacena, ¿Es mucho pedir que me dejes elegir eso amor?—Comentaba de manera sarcástica haciendo que Damon desistiera de mostrarse gracioso, sabía que no era bueno hacerla enojar, pero no deseaba contradecirla. Los señores Granger solo esperaban que no ocurriera la tercera guerra mundial en su comedor silenciándose engullendo grandes bocados de tallarines chinos para no dar ningun comentario.
-Buenas noches a todos.—Hermione se retiraba a la cocina.
-Hermione—Escuchaba la voz de Damon llamándola, volteaba bruscamente esperando otro comentario gracioso a su persona pero en lugar de eso se topaba con un par de hermosos ojos aguamarina, una sonrisa tan tierna que lograba desarmarla poco a poco al limite de dar un ultimo resoplido.
-Que… quieres Damon.
-Te amo—
Los padres de la castaña se quedaron helados con esa declaración, sin pensarlo ambos se miraban emocionados al presenciar las palabras mas peligrosas y contundentes que podían cambiar la vida de una persona, en este caso, de su hija. Se tomaban de las manos mirando a la castaña para esperar su respuesta, y tan solo veían a una chica que se ruborizaba, pues estaba hecha un manojo de nervios, sus manos comenzaban a temblar, su corazón se aceleraba y sus labios se entreabrían.
-Yo también Damon—Se limitaba a decir para después prepararse un té caliente que seguramente le calmaría algo más que la ansiedad.
Daba grandes zancadas hasta la cocina, no sabia si la ansiedad era producto de ver a un arrepentido Draco Malfoy rogando su atención en el campo de golf o por el agitado momento que habia tenido cerca del puente con el pelinegro. Daba un largo suspiro, recargaba sus manos en la cubierta del fregador mirando la alacena donde una cajita de té estaría esperándola. Recordaba que habia una hierba especial que siempre tomaba para poder relajarse en sus épocas escolares, tenía mucho sin beberla y por alguna extraña razón la encontraba apropiada.
Abría el cajón para después calentar agua y esperar el tiempo considerable para aplicar la infusión, y mientras lo hacía no dejaba de pensar en esa ultima frase que Damon había dicho, aquella misma que le hacía temblar, pues fue exactamente de la que se encontraba huyendo, corriendo incluso a otro continente para no tener que volverla a recordar en toda su vida.
¿Por qué?
Era la pregunta del millón, la interrogante de todo su repertorio de conocimientos que no tenía respuesta alguna, sin embargo, su corazón y sus sentidos dictaminaban otra cosa bastante diferente. Volvía a recrear la escena erotica que tuvo con Damon, cerraba sus ojos mordiendo su labio inferior y sin desearlo pasaba uno de sus dedos por su mentón dejándose llevar por ese recuerdo. ¿Acaso ese hombre estaba mas incrustado que antes?, no lo sabia, no quería averiguarlo, debía huir de eso antes de que otra cosa mas peligrosa sucediera.
El agua de la tetera comenzaba a burbujear y el vapor mezclado con la esencia de las hierbas inundaba los sentidos de la castaña para provocarle aunque fuera unos cuantos segundos de paz en todo ese mar de confusión que su mente tenía. Abría los ojos para tomar una taza y verter el contenido en ella para llevársela a su recamara, deseaba estar sola para disfrutarlo, pero definitivamente su cercanía con aquel hombre no facilitaba las cosas y no lograría aclarar su mente.
Esperó un tiempo para que sus padres fueran a dormir y a su vez no tener que preocuparse por enfrentar a Damon, no estaba preparada para sostener una conversación aunque fuera por lo ocurrido en el puente. Caminaba despacio subiendo escalón por escalón como si el tiempo no existiera y mientras lo hacía daba un sorbo a su bebida sintiendo que el calor de la infusión penetraba tranquilizando cada poro de su cuerpo. Eso era una buena señal para comenzar a relajarse.
Daba un largo suspiro antes de abrir la puerta y para su fortuna el hombre pelinegro estaba en la cama listo para dormir, aun estaba despierto, lo observaba mirar el techo boca arriba con sus manos entrelazadas sobre su pecho desnudo, caucásico, marcado y sensual que por un momento le daban ganas de lanzarse a el como una leona hambrienta para consumir a su presa. Desviaba la mirada para erradicar esa loca idea y sin decir nada mas se conducía al cuarto de baño donde por lo menos tendría ese espacio de privacidad que tanto deseaba.
-¿Tomaras una ducha?—Preguntaba él en susurro.
-Si, eso haré—Contestaba secamente introduciéndose al baño para no tener que ver el rostro de Damon.
Se racargaba en el azulejo sin abrir el grifo del agua, en realidad no deseaba bañarse ya que temprano lo haría para comenzar el dia; aún con la taza de té en las manos se deslizaba para sentarse adecuadamente en la tina y mirar hacia la nada con su cabeza llena de confusiones. Daba el primer sorbo , el segundo, el tercero, el cuarto y aún la tranquilidad no llegaba a sus sentidos, pues sus dedos temblaban ligeramente haciendo chocar la taza con el plato.
En ese instante la puerta se abría, la castaña se sobresaltó un poco observando que el pelinegro vampiro llegaba con el rostro firme, sus ojos aguamarina estaban fijados en ella aún sosteniendo el picaporte.
-Algo te molesta, y por eso es que estas haciendo una orquesta con la taza, ¿No es asi?—
-No se de que hablas Damon, ya te dije que deseaba bañarme y no deberías estar aquí—Acotaba Hermione levantándose rápidamente dejando la taza en la cubierta del retrete, el pelinegro ponía atención en ella aspirando el aroma no pareciéndole una simple bebida.
-Nunca te bañas de noche Hermione, siempre lo haces temprano o a media tarde, ¿Cambio de hábito tal vez?—
-No me conoces lo suficiente, asi que deja de comportarte como si todo fuera perfección entre nosotros—Hermione intentaba salir del cuarto de baño pero el vampiro la detenía de la muñeca impidiéndoselo.
-¿Qué es lo que tanto te molesta?, me gustaría saberlo por que se acerca el dia de la boda de tus amigos y no debemos tener una pelea ¿No crees?.
-Deja de comportarte asi Damon.
-Asi ¿Cómo?
-Pues—La castaña señalaba su cuerpo, lo miraba de arriba abajo tratando de buscar el calificativo adecuado pero las palabras no lograban salir de su boca. -Pues así, como el hombre perfecto, como si no tuvieras un maldito error Damon, ¿Acaso no ves lo que has hecho?
-¿Ah si?, y ¿Qué es lo que he hecho según la publicista?—Damon la miraba a los ojos aun sosteniendo su muñeca con cierta fuerza sin lastimarla. -¿Acaso no es lo que tu deseabas?
-Ya lo se—hacía una pausa. –Pero no necesitas ganarte demasiado a las personas, que al parecer te adoran con tan solo conocerte.
-No me cambies el tema Hermione,
Hermione desviaba la mirada, tuvo el impulso de llorar, de gritar o golpearlo a la menor oportunidad, pero sabia a la perfección que carecía de cualquier fundamento, apretaba sus labios con tanta fuerza que no sabía con exactitud por dónde comenzar.
-Eres atento—Lo miraba cálidamente. –Tierno—Con su mano libre acariciaba lentamente su mejilla, y en ese instante el pelinegro ablandaba su agarre, cerraba sus ojos disfrutando esa caricia.
-Te has ganado a mis padres con tan solo unas palabras, solo basta con ver como te miran, y ¿Sabes algo?—Hacía una pausa. - A Draco no lo querían, creo que aun no lo hacen—Apretaba sus labios.
-He aprendido mas de ti que de muchas personas que conozco en tan solo unos cuantos días, y es inaudito pensar que conozcas tan bien a las mujeres que me de miedo—Lo miraba. –Me molesta que…. Me conozcas más de lo que yo me conozco a mi misma Damon.
-Entonces, ¿Hago mal con amarte?—Damon la acercaba a su cuerpo tomándola de la cintura, sentía el latir de su propio corazón acelerado a causa de esas hermosas palabras que la castaña le había dicho, acariciaba su rostro con la yema de sus dedos tan suavemente deteniéndose en sus pómulos, su boca, su mentón. -¿Es malo que alguien te ame Hermione?
-Ese es el punto Damon—Ella sonreía, deseaba besarlo, miraba aquellos labios rosados, carnosos, esos ojos de agua de mar que tanto le encantaban, sentía el anhelo ferviente de tomarlo, hacerlo suyo, prolongar el momento no importándole nada mas, sin embargo, habia una realidad. Tomó su rostro de nueva cuenta ahora con ambas manos y colocaba su frente contra la suya.
-Mientes tan bien, que llego a creerme todo lo que dices—Esa declaración le caía como balde de agua helada a Damon. –Solo faltan tres días, y despues de eso no volveremos a vernos.
-Hermione yo…- El pelinegro estaba a punto de revelar una verdad, esa que llevaba guardad desde el momento exacto en que la había conocido, la punta de su lengua ansiaba por derramar cada frase, cada declaración emanada de su propio corazón.
Deseaba decirle que todo era verdad, estaba realmente locamente enamorado de ella, ansiaba pedirle que no se fuera de su lado, que caminara con el al sendero de la felicidad. Pero no, el era un vampiro, una bestia chupasangre, un demonio de la oscuridad, un depredador compulsivo y sangriento que no merecía nada mas que el fantasma de su soledad haciéndole compañía por la eternidad. Agachó la mirada sin atreverse a decir nada.
-Debemos ir a dormir, mañana tienes que ir a la despedida de soltero de Harry y yo a la de Ginny—Sonreía separándose lentamente de su presencia para dirigirse a la cama.
Damon la observó dormir de lado cerrando cualquier posibilidad de comunicación, empuñó sus manos para dirigir su mirada a la taza de té que la castaña habia dejado por encima del contenedor del retrete. Había una lagrima en sus ojos, ¿Estaba llorando?, si, la respuesta era una rotunda afirmación, pues su corazón estaba destrozado, deshecho, como aquella vez en 1864, totalmente idéntica al presente al enamorarse de la novia de su hermano.
Se sentó en el retrete con sus manos entrelazadas mirando el azulejo del piso, concluía que ese era su destino, un hombre extremadamente hermoso dedicado a hacer felices a todas las mujeres por instantes, por ratos, tal vez de ahora en adelante cargaría con esa maldición que se habia adjudicado por si mismo.
Miró la taza todavía humeante tomandola con las manos, sin pensar en nada mas la llevaba a sus labios para sentir el sabor calido que esa bebida le brindaría.
Estaba equivocado, pues abría sus ojos mas de la cuenta sintiendo que su garganta le quemaba, el liquido comenzaba a traspasar sus órganos al limite de perforarlos parecido a la sensación de tener ácido sulfúrico penetrar sus entrañas. Tosió con fuerza cayéndose al piso y retorciéndose a causa del ardor que estaba experimentando.
-Ver…bena—Eso le preocupaba, ¿Acaso Hermione sabía de su naturaleza?, no lo sabía, de lo contrario lo habría delatado en ese instante.
Se levantó para enjugarse la boca con agua fría secándose el sudor que poco a poco emanaba de su piel para recomponerse, esperaba que la castaña acudiera para verificar lo que sucedia y sin embargo ella tal vez estaría dormida. Agradecía aquel hecho para despues trastabillar hasta la cama y mirarla recostada completamente con los ojos cerrados, en verdad aquella chica estaba exhausta.
Se acostó en la cama en posición contraria a la suya para despues cerrar sus ojos y tranqulizarse, debía tener mas precaución de ahora en adelante con todo lo que ingiriera dentro de la casa. Quiza alguien sospechaba de el y le habia dado a la castaña esa infusión de verbena.
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Hermione se despertaba poco a poco sintiendo los rayos de sol calar en sus párpados, no se dio cuenta de la hora y a decir verdad no le interesaba, se desplazaba a lo largo de su cama para levantarse y se dio cuenta que Damon no se encontraba en ella. Abrió los ojos volteando a ambos lados esperando encontrarlo pero al parecer no estaba en la recamara, el cuarto de baño estaba abierto por lo que descarto cualquier posibilidad de que se encontrara en ese sitio.
Dio un largo suspiro para sentarse sobre el colchón mirando el esplendoroso dia que le esperaba, no sabía con exactitud donde comenzar, no tenía todavía planes definidos antes de la despedida de soltera, asi que decidió pasear un rato por la ciudad en compañía de si misma. Agradecía que el pelinegro estuviera fuera de la casa y no tener que verlo despues de los momentos tan cercanos e intensos que tuvieron en tan pocos días; simplemente, no deseaba confundirse más de la cuenta.
Cuando salió de la casa se dio cuenta que el automóvil seguía estacionado, seguramente Damon estaría caminando para despejarse un poco de la tensión de la boda, asi que aprovechó ese momento para tomarlo y arrancarlo casi al limite de dejarlo sin gasolina. Deseaba correr, y ese era su momento propicio para hacerlo, sin ex novios, sin tratados, sin presión alguna de causar una buena impresión entre quienes la conocían, tan solo una chica que paseaba por la ciudad en la espera de detenerse en cualquier cafetería para disfrutar de un buen capuccino caliente cargado de espuma y algo de canela; quizá darse una vuelta por la rueda de la fortuna, estacionar el automóvil y tomar el metro hasta otro punto de la ciudad para perderse y apreciar su hermosa ciudad por si sola.
Envió mensaje de texto a Damon indicándole que estaba bien y que decidia estar sola, le hacía hincapié en que no la llamara, apagaba su teléfono para desconectarse un rato del mundo y disfrutar lo que Londres podía ofrecerle, pues para ella su intimidad y privacidad eran lo único que importaba.
No pensaba en el tiempo, de cualquier manera llegaría a su casa para cambiarse de ropa y esperar al filo de la noche para dirigirse a un club que Ginny habia alquilado para su despedida de soltera. No deseaba ver a Damon en todo ese día.
Cuando llegó a su casa eran aproximadamente las ocho de la noche, no se dio cuenta de las horas, de los minutos, de los segundos en que estuvo fuera, parecía que tan solo habían pasado pocos despues de su momento en Londres. Sus padres no estaban, se habían ido a un recital de opera al teatro que acostumbraban acudir todos los sábados por la noche. No le sorprendía, sus padres eran así desde que tenía uso de memoria.
Se dirigió prontamente a su recamara para darse cuenta que Damon tampoco estaba, lo buscaba en el cuarto de baño y en todo lugar pero no se encontraba. Se sentó por un rato en el sillón cercano al tocador experimentando por primera vez los celos. ¿Damon estaba con otra mujer?, se preguntaba a su misma sintiendo que su piel se ponía de gallina, sin embargo daba un largo suspiro para calmarse.
Encendía su celular esperando algun mensaje de texto como respuesta pero los que había recibido eran de su amiga Ginny para darle la ubicación exacta de la fiesta. Tenía el impulso de llamarlo, saber donde estaba, tomaba el teléfono para buscar el numero y antes de hacer la llamada lo volvía a colocar rápidamente en la cómoda del tocador.
-Seguramente se fue a la fiesta de Harry—Se contestaba a si misma.
Debía arreglarse, asi que se dirigió a la regadera para tomar una ducha rápida y disponerse a salir lo mas pronto posible a la despedida de soltera de Ginny.
Pasó una hora y media desde que la castaña habia salido de su casa para ir al club nocturno que su amiga le envió por mensaje de texto, debió reconocer que el GPS era una herramienta fundamental para todo conductor y evitar perderse o preguntar como una turista la ubicación de las calles. Aparcó el automóvil debidamente y se dirigió a la entrada donde un hombre pelirrojo le daba el acceso con su invitación en la mano.
Hermione iba vestida con una falda de color negro, una blusa de tirantes y una chaqueta del mismo color a la cintura, llevaba unas botas medianas de tacón que se habia comprado en Nueva York haciendo juego con toda la joyería y accesorios que llevaba consigo. Su cabello lo llevaba moldeado y suelto, no le gustaban los peinados ostentosos ya que consideraba que llevaban mas tiempo del requerido.
Al entrar observó que sus amigas se encontraban ahí, todas y cada una, desde Parvati, Katie Bell, Luna Lovegood, unas cuantas chicas de su generación pertenecientes a Ravenclaw y otras de Hufflepuff que no ubicaba todavía. No pudo evitar sentirse nostálgica al verlas a todas reunidas en ese lugar.
Se acercó a ellas para saludarlas debidamente, Parvati no habia cambiado mucho, tan solo habia engordado una libra mas a causa de su embarazo, en cambio Katie se miraba tan deportista como siempre, pues ahora era capitana de las Arpias de Londres; el equipo de Quidditch femenil nacional. Ginny estaba muy animada, a decir verdad mucho mas de la cuenta, pues por su finta, el ligero enrojecimiento en sus mejillas indicaba una clara embriaguez.
-Debes ir mas despacio Ginny o tendremos que usar una grua para poder moverte—Indicaba la castaña pidiéndole al barman una margarita; su bebida favorita.
La pelirroja le daba un gran abrazo, casi le quebraba los huesos de la forma tan intensa que lo hacía. Hermione la separaba poco a poco con una sonrisa.
-Me alegro que vinieras Hermione—hacia una pausa para beber de su ruso blanco. – No tardan en llegar los bombones a bailar un rato para nosotras, espero que McLaggen se uno de los bailarines, aunque tu ya conoces de lo que está hecho o no?—Se reía la pelirroja.
-Ginny!—
-¿Qué?, fue tu novio ¿O no?
-Pues si, pero solo llegamos a primera base—Hermione bebía de su margarita.
-¿Primera base?, ¿Les gustaba ese deporte muggle que se juega con un madero?
-No—Aclaraba la casaña- Primera base significa, solo besos—hacía una pausa. –Es una frase de Nueva York que también tarde un poco en comprender—Guiñaba el ojo.
En ese momento todas se acercaban con la castaña, se aglomeraban de tal manera que casi la asfixiaban, gritaban, se mostraban eufóricas para averiguar algo que les hacía ruido durante días, y a decir verdad, desde el momento que la vieron acompañada de un hombre extremadamente guapo en la reunión prenupcial.
-¿Dónde lo conociste?—Preguntaba Patil
-¿Desde cuando salen juntos?—Otra chica de Hufflepuff se agregaba.
-¿Cuándo se van a casar?—Lavender se apuntaba.
-Dime que tiene un hermano gemelo—Katie hablaba desde lejos
La castaña se reía a carcajadas y al ritmo de la música se dirigía al centro para poder responderles, era evidente que su acompañante habia causado furor, misterio y sobre todo curiosidad. Las miraba a todas y a cada una con una gran sonrisa, debía admitir que le provocaba cierto triunfo sobre las demás que su pareja fuera tan codiciada por la mayoría, eso pasa siempre entre chicas.
-Lo conoci en Nueva York, salimos desde hace un par de meses, y sobre lo de casarnos… decidimos esperar un poco mas—Suspiraba para despues colocar una sonrisa en su rostro. –Tiene un hermano, pero no es su gemelo, al menos no me lo ha dicho asi.
-Pero te ofreció matrimonio en la recepción pasada Hermione—Preguntaba de nuevo Katie haciendo que todas asintieran al mismo tiempo.
-Lo sé, y tenemos planes para casarnos—Hacía una pausa—Pero hemos decidió esperar a que ….
-Hermione, si yo tuviera a un hombre como el no me lo pensaba dos veces—Parvati tomaba la palabra.
-Hombres como esos no se dan en los arboles cariño, yo no lo dejaría salir de mi cama-
-Lavender!—Mencionaba Ginny sorprendida.
-No te preocupes, amo a mi Ro- Ro, pero admito que le lanzaría un Obliviate despues de acostarme y tener sexo loco con un hombre como Damon, es que… Uff… es tan alto, sus ojos, su boca, y sus manos—La chica rizada se adelantaba con todas para bailotear un rato y alzar su copa.
-No me digan que no desearían que unas manos como las de Damon las apretara y las hiciera suyas—Lavender tocaba sus senos apretando uno de ellos con fuerza haciendo reir a las demás, la pelirroja también lo hacía conociendo los antecedentes de su cuñada.
-Yo me dejaría apretar, hacer un crucio, lo que sea con un hombre como Damon
-Chicas!—Espetaba Hermione conteniendo la risa. – ¿Se dan cuenta que es de mi novio de quien están hablando?
-Lo sabemos, por eso te sugerimos…-Una chica de Ravenclaw se acercaba a ella. –Que te lo tires esta noche, y cuando lo hagas, nos cuentas los detalles.
Todas reían al mismo tiempo, estaban animadas, por una noche podían ser ellas mismas sin la restricción de los hombres, sin la prohibición de sus padres, ahora eran unas mujeres completas y no adolescentes soñadoras que leían corazón de bruja recortando la imagen del hombre mas guapo según las estadísticas. Podían experimentar, caer en sus propios errores, disfrutar de sus vidas, beber de vez en cuando y contar esas historias a sus amigas mas cercanas.
Hermione comenzaba a sentir el calor de la bebida entrar por su garganta, sus sentidos comenzaban a adormecerse, se movía al compás de la música, bailaba en la pista acompañada de su mejor amiga, sus caderas se contoneaban lentamente y las demás gritaban que ya era tiempo de un espectáculo. Luna Lovegood llevaba esa noche un vestido un tanto provocativo que cambiaba de color constantemente con los cambios de música parecido a un ecualizador viviente.
La rubia les mostraba un grupo de muñecos de arcilla que habia creado, todas las demás la miraban algo incrédulas, sabían que las locuras de la chica sobrepasaba cualquier cosa, sin embargo ahora se sorprendían un poco.
-¿Qué eso luna?
-Son hombres, ¿Hacen falta que no?
-Ok, pero no creo que unos de barro puedan cumplir las expectativas.—Respondía Ginny
-Pues eso lo veremos—En ese instanate vertía una gota de poción en cada uno de los muñecos de arcilla uniformemente.
Todas se miraban unas a otras en la espera de lo que podría suceder, esperaron unos segundos y se daban cuenta que las figurillas temblaban un poco, comenzaban a crecer de manera rápida para adoptar cuerpos de hombres de verdad. Los musculos comenzaban a definirse, sus rostros eran tan bien parecidos que podían ser sacados de las revistas de Calvin Klain, conforme pasaban los segundos las chicas admiraban que aquellos muñecos ahora eran unos streapers que inclian ropa interior bastante ajustada a sus cuerpos.
-Increible Luna, te vas directo a la facultad de Salem con mencion honorifica mamacita. –Lavender la tomaba de las mejillas para darle un beso en una de ellas y despues dedicar toda su atención a lo creado por la rubia.
Las chicas observaban a esos hombres que se acercaban a ellas bailando al ritmo de la música, la castaña tan solo observaba que todas se volvían locas siguiéndolos como abejas a la miel. Lavander; que era la mas acalorada se frotaba contra ellos gritando como nunca, a decir verdad no conocía ese lado de la novia de su amigo Ron, sin embargo, era una despedida de soltera, y era de solo chicas, por lo que debía mantenerse precisamente ahí.
La pelirroja estaba un poco mas ebria de lo normal, se colocaba en la barra para ordenar otro ruso blanco y continuar con el vodka antes de cruzarse con alguna otra; estaba seria, como si de repente su felicidad se viera apagada. Hermione, quien la miraba desde la pista decidió dejar la euforia de los muñecos perfectos y semidesnudos para hacerle compañía, se dirigió hasta su encuentro sentándose a su lado colocando su copa en la barra para mirarla.
-¿A ti que te pasa?, se supone que debes estar desnudando al sexy bombon moreno de aquel lado antes de que Lavender lo haga garras, ¡Es tu despedida de soltera!—Animaba Hermione sacudiéndola del brazo un poco, pero la expresión de Ginny no cambiaba en lo absoluto, quizá por el alcohol o la nostalgia del matrimonio pero sabia perfectamente que algo pasaba.
-Eres mi mejor amiga Hermione—La pelirroja la tocaba en el hombro con una lagrima en los ojos.
-Lo se Ginny, nos conocemos desde primero, bueno, prácticamente desde segundo asi que…
-Ya no puedo mas, no puedo mas con esto Hermione—hacia una pausa—No puedo, Harry no se lo merece.
-¿De que estas hablando Ginny?—Se sorprendía la castaña mirándola totalmente incrédula, respiraba profundo para despues hablar de manera calmada y observarla. –No comprendo, estas a unos días de casarte y ¿Ahora decides tener esas dudas?
-No, no es eso—Apretaba sus labios. –Amo a Harry mas que a mi vida pero..
-¿Pero qué?
La pelirroja se sentía frustrada, como si llevara un secreto a cuestas, como si una carga comenzara a hacerse presente sobre su espalda y esta no fuera producto del alcohol, de la fiesta o siquiera la nostalgia de dejar su soltería. Respiraba hondo, miraba a su mejor amiga sintiendo algo de culpa, algo que deseaba decirle desde hace mucho tiempo pero no se atrevía, sin embargo las palabras de nueva cuenta no salían.
Hermione se acercaba a ella sonriéndole como nunca, deseaba tranquilizarla, lo adjudicaba a los nervios de la boda o a los efectos secundarios de la bebida, asi que tocaba su hombro para despues abrazarla, tenia que infundarle seguridad antes de dar el gran paso de su vida, antes de entregar su corazón y fidelidad a su mejor amigo. Ginny le correspondía el abrazo, cambiaba su actitud a una mas alegre, debía estar muy bien para ese especial momento de cruzar el umbral y jurar amor eterno a Harry Potter.
-No me hagas caso amiga—Suspiraba. – Ahora espero que tu también logres ser feliz con Damon, te mereces eso y mas Hermione, además se ve que está loco por ti.
-No es momento de hablar de mi, tenemos que divertirnos—La castaña ordenaba otro par de bebidas para continuar la fiesta
Todas las chicas se divertían como nunca, bailaban, gritaban, vitoreaban, hacían rondas de chupitos hasta quedar totalmente inconcientes, los muñecos de arcilla hechos hombres seguían bailando, hasta que en ese momento Parvati decidia derramar algo de vodka en los pectorales marcados de uno de ellos encontrando que se deshacían tan rápidamente como sal. Las risas se hicieron sonar despues de escucharla decir, "Se derrite por mi".
Hermione no iba tan alcoholizada, pero llamo a varios taxis para que pudiesen llevarse a las demás que todavía cantaban al ritmo de la música abrazadas unas con otras. Ella en cambio tomaba su automóvil para dirigirse por fin a su casa, no pensaba en otra cosa mas que en lo bien que se habia pasado la noche, recordó varias cosas, historias, anécdotas del colegio que creyó olvidadas, cosa que le agradó a pesar de tener una confusión mental mas grande que las islas Malvinas.
Al ponerse en marcha, su cuerpo volvía a recordar a Damon, no sabia la razón por la que los ojos azules aguamarina de nuevo se hacían presentes, esas manos rodeando su cintura, sus labios sobre los suyos, las manos caucásicas y gruesas apretando su espalda eran algo que la encendía completamente como mujer. Mordía sus labios, deseaba llegar a su hogar para encontrarlo y no tener ninguna duda de tomarlo sin contemplaciones, de hacer suyo ese cuerpo tan suculento y exótico que habia adquirido.
No deseaba pensar en el contrato, no quería hacerse a la idea de que ahora restarían tan solo dos días para que el tratado terminara, sin embargo, recordaba las palabras de Ginny, "se feliz Hermione", incluso, tomaría sin lugar a dudas esa frase de Lavender sobre no dejarlo salir de la cama. ¿Por qué esperar?, se preguntaba a si misma.
-Al diablo, es ahora o nunca—Se detenía en un cajero automatico estacionando el coche incorrectamente y abriendo la puerta como si se tratara de una emergencia.
Corrió con prontitud al cajero tecleando los digitos de su tarjeta con mucha prisa, no importaba la cantidad, solo desear tener ese efectivo en sus manos, lo deseaba, lo anhelaba, pues Hermione Granger no estaba actuando por cuenta propia en esos momentos.
Cuando terminó de sacar lo necesario lo guardó en su cartera, puso en marcha el automóvil no sin antes tomar su teléfono celular, cerraba sus ojos para realizar un hechizo de localización a la persona que deseaba tener en esos instantes. Damon Salvatore.
El pelinegro vampiro no habia bebido suficiente, aquella noche acudió a la fiesta d soltero d Harry, fue en un bar cerca del big ben donde Ronald Weasley planeaba llevar a un sinumero de chicas para que le quitaran la virginidad a su amigo de la cicatriz. Demasiado tarde, aquella ya no existía, pues habia sido destruida como uno de los Horrocruxes que tanto buscaba, solo que ésta vez, la pelirroja fue quien acabó con ella. Damon tenía sus manos en las bolsas, habia pasado antes a un hospital a surtirse de algo de sangre, pues con todo lo acontecido con los vampiros no deseaba tener un perfil alto en Londres; más ahora que sabia que Katherine estaba cerca.
La despedida de solteros fue algo aburrida, al menos así la consideró, pues todos comenzaban a hablar sobre el colegio de magia, anécdotas, sobre un deporte del cual no sabía como pronunciar el nombre, sólo escuchó que se jugaba con escobas voladoras. Tuvo una cercanía especial con Harry, por algun momento llego a considerarlo como un amigo, pues era uno de los que apoyaban su "relación" con Hermione, habían hablado de muchas cosas, tenían tanto en común como su afición a los zoológicos, los animales, el golf, sería una pena tener que matarlo al enterarse que era un vampiro.
Caminaba solo, las calles estaban desérticas y tan solo algunos coches transitaban tranquilamente por ellas, no le preocupaba nada mas, a fin de cuentas un vampiro no temía mas que de los suyos, y al menos no sabía de la existencia de otro por los alrededores a no ser que la morena estuviese cazando y seduciendo por diversión como parte de un "sábado alocado por la noche".
Escuchaba claramente que un coche se detenía, volteaba instintivamente dándose cuenta que era exactamente al que Hermione había rentado. Detuvo su paso observando que la castaña salía del automóvil con una varita en su mano. Eso era mala señal, probablemente se habia enterado de su condición vampirica y estaría dispuesta a entregarlo.
-Hermione… ¿Qué haces aquí?—
-Vine por ti, eso es obvio—Sonreía con suavidad, en ese momento Damon se daba cuenta que estaba algo pasada de copas, sin embargo estaba alerta todavía.
-No deberías estar aquí.
-Yo creo que si—Colocaba su varita en ristre.
Damon tuvo el instinto de correr, de volar si era preciso, estaba a punto de mostrar su bestialidad para acorralar a Hermione y hacerle una hipnosis para que olvidara todo lo relacionado con sus sospechas. Sus ojos se tornaba negros, sus colmillos comenzaban a retraerse pero con la oscuridad de la calle la castaña no alcanzaba a distinguirlo.
-Incarcelus—Una serie de lianas salian disparadas de la varita para enredarse en el cuerpo del pelinegro, mientras tanto éste forcejeaba aun con sus insitintos vampiricos salidos a flor de piel.
-Que te pasa Hermione—Exclamaba Damon.
-Esto… es oficialmente un secuestro—Reia un poco acuclillándose. –No iremos a dormir a la casa…Wingardium Leviosa..—El vampiro levitaba.
Hermione guardaba su varita en el bolso para dirigirse coquetamente al automóvil donde ahora el pelinegro estaba amordazado y sentado, la miraba acercarse, asi que lentamente se relajaba para dejar su bestialidad de lado, de cualquier manera buscaría la forma de liberarse y hacerla olvidar todo aquello lo más pronto posible.
-¿A dónde me llevas?, ¿Me entregaras a la policía por ir caminando por la calle?.—Sonreía el pelinegro de ojos aguamarina.
-No—Se acercaba lentamente a el para tomarlo del rostro y darle un beso tierno en los labios.
Ese beso tomo por sorpresa a Damon, no se lo esperaba, tan solo sentía los labios envinados, con sabor a margarita de la castaña, cerraba sus ojos pues consideraba que ese arrebato era de lo más delicioso y único. Comenzó a tranquilizarse, pues si ella supiera sobre su condición vampirica no estuviera haciéndole esa clase de cariños en el auto. Ella lo miraba, lo contemplaba dándole una caricia en las mejillas.
-Sabes… - Hermione desviaba la mirada. –Hoy aprendí que debo disfrutar lo que tengo, y eso es lo que haré.—Suspiraba contra su boca para lentamente incorporarse al volante y poner en marcha al automóvil.
-Por lo menos debo saber a donde me llevarás, ¿Qué tal si deseo ser rescatado?
-No pasará eso.
Damon sintió su corazón salir, sus manos temblaban, era uno de los momentos mas eroticos de toda su vida, se sentía dominado, usado, puesto en su lugar despues de ser siempre quien tenía la rienda de cualquier relación; ahora con esta chica castaña las cosas cambiaban considerablemente, y eso le encantaba, comenzaba a sentir una presión en su entrepierna imaginándose todas las locuras que la chica tenía en mente.
-¿Confias en mi Damon?—ella le preguntaba, mientras tanto aquel vampiro admiraba la falda corta de la castaña, su blusa, la longitud de las botas como si fuera un fetiche que le fascinaba.
-Completamente… Llévame a donde quieras.
-No haré nada que tu no quieras.—Hermione colocaba su mano en el muslo del pelinegro subiendo ascendentement hasta la entrepierna del chico. Damon sentía que su erección crecía, su instinto de hombre reclamaba ser liberado para cobrarse esa afrenta, sin embargo, debía respetar ese juego, relamía sus labios con tanta intensidad cerrando sus ojos, deseaba que la castaña continuara y satisfacerlo, pero ella en ese instante se detenía.
-Te aprovechas por que estoy atado—Mordia sus labios—Liberame y veras que se me vengar.
-Uhh que miedo—En ese momento, la castaña sonreía arrancando el coche para poder desfogar sus propios instintos.
Esa noche, dormirían juntos, pero no en su casa.
