No cabe duda que los deseos mas escondidos de las personas siempre son mas fuertes aprovechando lo vulnerable de un cuerpo lleno de alcohol en sus venas; este mismo caso pasaba con Hermione Granger, que sin pensarlo dos veces hacía caso omiso a la razón para entregarse plenamente a eso que consideraba mas fuerte que ella. Había conducido por algunos minutos, tomaba la avenida principal que conectaba la gran ciudad con las venas principales de acceso a otra de las ciudades cercanas.
Decidió no hablar durante el camino, tan solo mordía su labio inferior para mantener esa loca idea que le habia inducido su amiga pelirroja junto a todas las demás que seguramente continuaban en la fiesta seduciendo a los restos de arcilla convertidos antes en hombres suculentos. El pelinegro de ojos aguamarina seguía atado con sus brazos pegados al cuerpo sin moverse un centímetro, y esa noche sonreía como un loco.
¿Quién iba a pensar que ahora el máximo Casanova estaría emocionado por ese arrebato tan ardiente?. Se concentraba en la música, y curiosamente por azares del destino mismo la canción de "All day long" del cantante JC Chazes se hacía sonar para ambientar los animos, y conforme el paso de los segundos se conjuntaban un sinumero de ideas locas alusivas al sexo.
-Deberías pedir rescate, probablemente una de mis clientas me este buscando desesperada y tu estas ebria—Mencionaba el vampiro con una sonrisa. -¿Siempre secuestras a los que contratas?
-No, por que nunca he contratado a nadie salvo a ti, asi que deja de hablar y déjame disfrutar esto—Sonreía para si misma sin mirarlo, deseaba atesorar el momento que vendría a continuación, no importaba si lo perdía o jamás lo volviera a ver en toda su vida.
Un motel se miraba aproximándose, la castaña decidió por fin llegar al aparcamiento para después poner el freno de mano y salir todavía canturreando la canción transmitida por la radio del automóvil. Damon no se movía, miraba de un lado a otro esperando que todo aquello no fuese una trampa y se viera sorprendido por una estaca en su pecho con intención clara de asesinarlo, sin embargo, no era así. Hermione se dirigía al asiento del copiloto para observarlo de nueva cuenta y fijar su mirada en esos ojos tan exóticos llenos de agua que tanto le fascinaban.
Damon no se movía, solo se limitaba a mirarla, ¿Cómo podría no sentir lo que estaba sintiendo?, ¿Cómo evitar ir en contra de sus impulsos?, concluía que de ser uno de los pocos días que le faltaban para el culmen del tratado debía también tener un momento con ella, disfrutarla, hacerla suya, y la sola idea lo excitaba a niveles inimaginables.
La castaña todavía vestida en esa falda corta, mostrando algo de piel en su abdomen se dirigía a el acariciando su rostro para sonreírle con delicadeza, su mirada era inocente, pura, sin deje de maldad o trasfondo oculto. Recorría con sus manos la piel caucásica del pelinegro, se adentraba en sus cabellos oscuros para dirigir su boca a su oído y comenzar a susurrar unas palabras tan certeras y contundentes que dejarían petrificado a ese hombre.
-No digas nada, no sabemos cuanto tiempo nos quede de vida, y esos momentos debemos disfrutarlos—Se alejaba un poco sin perder el contacto visual que mantenía. –Quiero disfrutarlo.—En ese instante no lo pensó más y se apoderó de sus labios sosteniendo su nuca, abría sus labios para degustar el néctar con sabor a uva de viñedo que ese hombre llevaba consigo.
Damon no se petrificaba, no se sorprendía, pues en gran medida lo deseaba, anhelaba tener contacto con los labios de su clienta que no le importaba perder hasta la poca dignidad que le quedaba en cosas del amor. Sutilmente, la castaña posicionaba sus manos en su cintura rodeándola con suavidad y dirigirlas hacia su entrepierna. El pelinegro solo soltaba un gemido deseando por todos los medios mostrar su bestialidad, pero tendría que ser prudente y no delatarse.
Ella sintió un mounstro entre sus piernas, un miembro duro como roca que ansiaba por salir del cautiverio para abrirse paso a su verdadero hábitat, pudo tocarlo, sentirlo, saborearlo, ya no era una insignificante chiquilla inexperta que solo apreciaba del sexo lo que leía en los libros de biología, o escuchando los comentarios morbosos de aquellos de su edad mas neófitos que ella en lo que eso respectaba; ahora era una mujer, una mujer que deseaba ser poseída, una mujer que anhelaba tener a un verdadero hombre en su cama para hacerla sentir el cielo y mas alla todavía.
El pelinegro rodeaba su cintura, deliberadamente se dirigía hasta su derrier casi a la altura de sus glúteos untados por esa diminuta falda de color negro; tocaba su piel desnuda a la altura de su cintura para recorrer lenta y desesperadamente su espalda hasta tocar sus rizos que colgaban detrás de ella. Sintió el arrebato de cargarla, la tomaba de nuevo de las piernas y la llevaba a zancadas hasta la recepción donde un hombre de mediana edad estaba leyendo un periódico.
Hermione se reía, no se le ocurría otra cosa al encontrarse en una situación que de ser la misma de siempre no se la creería. Llegaban con el hombre para solicitar una habitación; Damon sin soltarla dirigía una mirada penetrante a ese individuo para indicarle que subirían a la que quedaba a la orilla en la derecha. Aquel tipo ahora hipnotizado por el vampiro solo asentía en señal de acuerdo.
La castaña no se dio cuenta de esa acción pues su cerebro, su cuerpo y su corazón se concentraban en una sola cosa aquella noche. Hacer suyo a como diera lugar a Damon Salvatore. Subieron lentamente al compas y candor de los besos, ella le tomaba el rostro como una desesperada hundiendo suavemente su lengua en esos labios que tanto ansiaba por morder, por degustar, por lamer. El pelinegro sonreía entre ellos, estaba feliz, excitado, pues pensaba que esa debía ser su noche de suerte.
El pelinegro la ponía de pie en el piso pero ella seguía enredada en su cuello bastante animada, enredaba sus dedos en su cabello oscuro sin despegar los labios de los suyos mientras que él tomaba la llave que el hombre le habia dado para hundirla en la chapa. Esbozaba de nuevo otra sonrisa, incluso Hermione pudo escuchar una leve carcajada de su parte, algo que parecía bastante extraño en ese hombre quien no estaba acostumbrado a reír sonoramente.
-Deberias liberarme para abrir la puerta, no me iré a ningun lado.
-Lo siento, suelo ser muy desconfiada Damon—Ella sonreía contra sus labios continuando con el arrebato de pasión.
Cuando por fin pudieron abrir la puerta de la habitación no se fijaron en lo mas minimo en los detalles de la misma, encendieron la luz a tientas para dirigir sus cuerpos al sitio que en verdad los reclamaba con locura. La cama.
Damon no lo pensó un minuto mas y la tiró al colchón posicionándose encima para abarcarla completamente con sus brazos y enredar sus dedos en su cabello castaño. Hermione entreabría los ojos para admirar los orbes del pelinegro recorriendo con su lengua ahora lentamente sus labios, su mentón, sus mejillas, pues llevaba días deseando aquel encuentro que no le bastaría una noche para satisfacer esa necesidad.
Comenzaba a quitarle la camisa de manera violenta, arrebatada, como si el tiempo fuese su enemigo indicándole que en algun momento todo terminaría, mientras lo besaba se mostraba ansiosa, sus manos temblaban, sin embargo el pelinegro le detenía las manos para colocarlas en la almohada y mirarla con dulzura. Hermione comprendió en ese momento que probablemente estaba haciendo las cosas de la peor manera como toda una inexperta o desesperada por perder su virginidad, aunque esa ultima la hubiese perdido con Draco Malfoy en su momento.
El la miraba, la contemplaba, sus ojos aguamarina se dirigían a cada rincón de esa castaña tan escultural que tenía en frente. Había dormido con varias mujeres en su vida, o incluso ni eso, pues después de tener aquellos actos se vestía y se retiraba para continuar con la siguiente. Pero ahora todo era distinto, pues sentía esa necesidad de tocarla, sentirla, hacerla suya y por la mañana seguir contemplando su belleza hasta morir junto a ella.
-Dilo—Hermione desviaba su mirada—Soy una estúpida que no sabe hacer estas cosas ¿Verdad?
-Si lo eres.
-¡Damon!
-Eres una estúpida por pensar que eres estúpida—Acercaba su boca a sus labios sin besarlos. –Permiteme disfrutarte, dejame… tocarte
Hermione sentía su corazón acelerado, sus piernas flaqueaban conforme a las palabras emitidas por ese hombre tan atractivo. ¿Acaso podía ver algo mas hermoso en su vida?, no, definitivamente no habia quien le ganara a ese hombre de lo bien parecido que era. No deseaba pensar en los días que le faltaban, pero sin querer la nostalgia de nueva cuenta se hacía presente al contemplar sus ojos, temía jamás volver a verlos, la sola idea de no saber nada de Damon Salvatore después de la boda le aterraba. Un miedo profundo emanaba desde su corazón haciendo sus manos temblar.
-Entonces, tócame Damon—Ella se levantaba lentamente y se dirigía a su oído para morderlo cariñosamente. –Quiero ser tuya, quiero ser una mas… en tu lista.
-Hermione yo…
-Shhh—Lo callaba con un dedo en sus labios. –No digas nada, solo quiero disfrutar este momento Damon o ¿Acaso no soy atractiva?—mencionaba con suavidad y a la vez cierta preocupación. En ese momento el pelinegro besaba su frente, dibujaba un camino con sus labios hasta llegar a los suyos y hundir lentamente su lengua mordiendo un poco hasta su mentón. Sus manos se conducían en forma descendente hasta su espalda para tomar su blusa y subirla a la altura de sus senos mostrando su ombligo, el inicio de la lencería color borgoña que se habia vestido para la despedida de soltera.
-Eres deliciosa Hermione Granger, como un postre de fresas, asi que te comeré lentamente, y haré que desees mas de mi, solo no… no dejes de mirarme, pues tus ojos son el publico que ovacionara mi trabajo.—Sonreía ampliamente para despues continuar con la labor esta vez tomando el camino por su cuello.
Hermione sintió que aquella lengua le quemaba conforme descendía, arqueaba su espalda para poder ofrecerse como una ternera sacrificada a su depredador, mientras que éste la disfrutaba sin contemplación alguna adormeciendo y estimulando sus sentidos en espera de poseerla completamente, pues su miembro, su virilidad dura era la muestra de lo mucho que llevaba deseando ese momento. El pelinegro movía su lengua diestramente por el cuello hasta encontrar el busto prominente de esa chica; se topaba con el sostén lamiendo por encima uno de sus pezones.
-Ahh!—Exclamaba la castaña cerrando sus ojos.
-No… no dejes de mirarme…
Suplicaba el pelinegro en susurro, con una voz tan suave que penetraba en sus sentidos convirtiéndola en una esclava de cada palabra que le sugería. Por algunos instantes Hermione Granger sintió de verdad que en cualquier momento podría correrse, pues como toda inexperta en el arte de amar temía que en cualquier segundo acabara con el furor de la pasión que acababa de comenzar.
Damon aprisionaba el broche que unía las dos copas del sostén con sus dientes, habilidosamente lograba despojarla de esa prenda para exponer su desnudez ante el como si se tratara de un par de montañas recién descubiertas por el hombre. Hermione no dejo de sentir un poco de vergüenza al estar siendo observada tan cerca por ese hombre, sin embargo él la tomaba de las manos para deslizar su lengua entre ellos y rodear lentamente sus pezones logrando así que su piel se erizara.
La castaña mordía su labio inferior, una ligera humedad emanaba de su vientre y una descarga eléctrica era apuntada hacia sus senos danzando al ritmo de la lengua habilidosa de Damon Salvatore. Ella ansiaba tocarlo, morderlo, clavarle las uñas en la espalda y desahogar ese deseo reprimido que a cada segundo se hacía mas bestial, sus manos se prendían de la sabana como si en verdad deseara desgarrarla, pues de alguna forma tendría que desquitar ese fuego interno que crecía en ella.
No se dio cuenta en que momento se encontraba arriba de él, quizá su imaginación le estaba jugando una mala pasada, sin embargo Damon la habia posicionado con velocidad vampirica. Ella admiraba su pecho, su dorso, su figura marcada y caucásica que solo mostraba un par de pezones rosado oscuros erectos, sin contenerse otro segundo más se inclinaba a su barbilla para acariciarla con la lengua.
-Ahh- Damon sentía un hormigueo en su rostro. –Me estas poniendo cachondo Hermione.
-De eso se trata esto—Respondía la castaña con picardía y suavidad.
-Extasis y ansiedad por saber… Tengo esas dos sensaciones—Damon relamía su labio acomodándose al centro de la cama intentando sostener la cintura de la chica pero ella lo apartaba bruscamente mirándolo con severidad.
-Hey..
-Hay reglas—Le apuntaba con el dedo índice a los labios, se acercaba lentamente a la altura de ellos para comenzar a hablar suavemente. -¿Cuánto tiempo ha pasado sin que te permitas disfrutar?—
-Siempre disfruto Hermione, todo hombre lo hace—Sonreía agrandando los ojos- ¿Sacarás de tu sombrero mágico un látigo, una capucha y me vestiras en traje de cuero?—Gruñía sensualmente—Un poco de dolor no me vendría mal, aunque eso ya lo he probado, aunque si deseas experimentar dominar a tu pareja en cuestión—Se señalaba a si mismo acariciando lentamente su pecho. –No tengo problema con eso… he sido un niño muy malo, merezco un castigo.
Hermione contenía las ganas de reír, se imaginaba las interminables ocasiones en las que ciertas clientas adictas al dolor le pedían ser quien las dominara, sin embargo, a ella no le iban ese tipo de cosas a pesar de haber leído por mera curiosidad el manuscrito del Marqués de Sade. Colocaba un dedo en su boca tomando convocando un hechizo que ataba a ese vampiro sensual a los brazos de la cama. Damon se sorprendía de aquel hecho volteando a ambos lados para comprobar la mordaza de las mismas.
-Yo y mi lengua—Chasqueaba la boca—Sera mi perdición definitivamente.
-No Damon – Hermione se inclinaba a sus labios, sus cabellos castaños y ondulados caian en el tórax del vampiro, mismo que pudo aspirar su aroma tan delicioso proveniente del elixirl de sus venas.
-Será mi lengua quien será tu perdición—
Sin darle cuartel a una respuesta, Hermione pasaba su lengua sus mejillas encontrándose con lo aspero de su vello facial que recientemente habia sido rasurada, descendía lentamente por su cuello hasta toparse con la manzana de Adán que se contraía y extraía al ritmo de la saliva que tragaba con dificultad aquel chico. Damon sentía que sus sentidos se alertaban y a su vez se aletargaban, pues con cada movimiento su piel se erizaba como si en verdad fuera un simple humano común y corriente.
La lengua deseosa de la castaña ahora se aventuraba por sus hombros, claros, caucásicos y definidos como roca, su nariz se extasiaba con el aroma a bosque, a viñedo, por un momento pensó que estaba aspirando una caja de recuerdos donde se guarda una escencia especial a través del tiempo; la clase de aromas que se descubren cuando esos mismos se abren. De nueva cuenta la humedad interna de la castaña emanaba ligeramente, y mientras lo hacía su vientre comenzaba a encontrarse con ese mounstro tan duro que intentaba salir de su prisión y tomar lo que era suyo.
Ahora se encontraba con sus pezones, abría su boca abarcando uno lo suficiente para lamerlo, hacía círculos con su lengua ofreciéndole una mirada al pelinegro quien no le correspondía con otra, pues sus ojos estaban cerrados aferrando sus dientes a su labio inferior disfrutando ese arrebato. Mordió uno de ellos y un claro sonido gutural salía de la garganta de Damon. –Ahh!... Soy sensible—Decía éste, pero ella no contestaba.
Aferrandose a su propia mordaza, los brazos de Damon intentaban liberarse pero era inútil, el encantamiento había funcionado a la perfección impidiendo cualquier posibilidad de hacerlo, mientras tanto, la castaña desendia aún mas hasta toparse con sus musculos abdominales, paseaba su lengua a lo largo de ese pecho tan marcado sintiendo unos vellos que conllevaban al camino de la virilidad que seguramente estaría ahí para atraparla. El pelinegro abría un poco sus piernas haciendo caso omiso a la razón, ahora, estaba disfrutando, estaba permitiendo disfrutarse tal como ella le habia sugerido.
Despacio, las manos de Hermione se condujeron hasta el cinturón que aseguraba los jeans de ese hombre, el sonido de la hebilla contra el pasador le indicaba al pelinegro ser despojado de sus ropas sin darse cuenta. No le importaba, deseaba mas, quería de nuevo esa dulce lengua recorrer su cuerpo, ese perfume de fresas impregnado su piel como si se tratara de una segunda esencia.
Desabrochaba su pantalón bajando la cremallera con lentitud, mientras tanto, aquel vampiro tan experto en el sexo estaba tan sorprendido, quisquilloso, y a la expectativa del próximo movimiento de la castaña. Le gustaba pensar que esa chica lo estaba ultrajando, violando, por primera vez estaría en el lugar de la presa que tanto le gustaba cazar. Su erección iba en crecimiento, la castaña pudo notar ese bulto que sobresalía de su pantalón indicando que era tiempo de liberarlo.
Hermione no habia tenido intimidad con otro hombre después de Draco, y a pesar de vivir ahora en la gran manzana seguía siendo la misma chica reservada del colegio Hogwarts que no permitía que otro hombre tocara su cama a menos que éste fuera especial, bastante especial. No sabía como definir los sentimientos que ahora tenía por Damon; o mejor dicho, trataba de mentirse a si misma sobre ellos. Cerraba sus ojos ejerciendo presión con sus párpados para evitar pensar en ese hecho, solo deseaba disfrutar el momento, el instante… El presente.
-Siempre quise… Tocarte—Hermione deslizaba su manos por debajo del pantalon para encontrarse por fin con esa espada que tanto ansiaba conocer, apretaba sus parpados con tanta fuerza al sentir el grosor, la textura, la suavidad de sus testículos que se encontraban todavía atrapados en el algodón de la ropa interior ajustada. - Quise siempre explorarte… saber como era—Suspiraba entrecortadamente, su corazón latía a mil por hora y sus sentidos no respondían a la razón. - ¿Soy… una depravada por desearlo Damon?... ¿Esto me hace… me hace una… una puta?
Damon reaccionó al instante, comprendía aun en el candor de la pasión que Hermione se sentía culpable consigo misma, comprobaba de esa manera que esa chica no había tenido otra experiencia con un hombre distinto a Draco Malfoy. Abría sus ojos hablando con suavidad, con ternura, y con frases entrecortadas lograba responder.
-Despacio Hermione- Susurraba- Siéntelo… conócelo… explóralo—Abría un poco mas sus piernas permitiéndole a ella mancillarlo. - Me siento honrado, nadie me habia tocado asi… en años.. Ahhh…- Gemía un poco.
-¿Te… te lastimé?
-No… continua… por favor… no dejes de hacerlo… ¡Ahhh joder que delicia!
Hermione sonreía como una chiquilla, estaba experimentando su lado mas salvaje, oscuro, pervertido, sublime, cada una de esas sensaciones mezcladas le fascinaba. Su mano masajeaba lentamente sus testículos, eran grandes, redondos, suaves, su miembro estaba tan rigido que podía partir incluso el gran peñón de Gibraltar con tan solo proponérselo.
-Liberame Hermione… No me prives de esto, no me prohíbas tocarte, por que en este momento, conocerás a un hombre de verdad—El hablaba entrecortado, sus ojos ahora estaban cerrados, sus venas reclamaban sangre, el apetito se hacía presente al combinarse con esas emociones. Debía frenarse, tenía que tomar el control por primera vez en su vida y permitirse disfrutar de esa noche que quizá nunca se repetiría.
La castaña conjuraba las ataduras para que Damon se liberara, y al instante aquel vampiro sin arrebato alguno la tomaba de la cintura apoderándose completamente de su cuerpo y conducirla hasta el tocador con gran velocidad.
-¿Cómo hiciste…
-Olvidaras lo que acabo de hacer Hermione, tu solo debes disfrutar esto—No tenía mas remedio que usar la hipnosis para erradicar el vampirismo, sin embargo los instintos eran mucho mas fuertes que otra cosa, por lo que era el único recurso para hacerla olvidar.
Damon pegaba sus labios a su boca, disfrutaba su aliento, contemplaba sus ojos de tal manera de tenerlos grabados para siempre, por primera vez haría algo que jamás en su vida había hecho. El amor. La chica no lo pensó mas y le bajo completamente los pantalones dejándolo desnudo, éste a su vez se liberaba de esa prenda arrojándola a una esquina de la recamara para que le hiciera compañía a la falda y al resto de la ropa tirada.
Antes de comenzar el vaivén, el pelinegro acariciaba los muslos torneados y suaves, ascendía lentamente sintiendo que su piel se erizaba con aquel contacto, ella levantaba su cabeza con los ojos cerrados concentrándose lo mas posible en las manos de ese hombre que la estaba seduciendo. Sin miramiento alguno, los dedos habilidosos de Damon deseaba explorar la intimidad de esa mujer que al ritmo de gemidos claros indicaba el éxtasis que experimentaba.
Se introdujo por fin abriéndose paso entre las bragas color borgoña apoderándose de ellas y arrancarlas de su lugar como si ahora estorbaran. Con movimientos circulares penetró esa cavidad hundiéndose lenta y profundamente provocando un grito que llevaba contenido algunos minutos esperando salir a flote. Hermione no se molestaba en saber si todo aquello iba en contra de sus principios, dejaba de lado el decoro, la decencia para hora mostrarse como una mujer hambrienta de un hombre, de un macho que llegara despedazar esos estereotipos que siempre llevaba consigo como una clase de lastre que ahora detestaba.
Ella separaba sus piernas, le daba libre acceso a Damon para explorar esa cueva que se reservaba siempre para el mejor intrépido que se atreviera a conocer esas tierras peligrosas. El pelinegro mordía uno de sus senos, lo introducía en su boca moviendo circularmente su lengua y desembocar en sus pezones; para él, eso era una filia que le fascinaba y lo encendía mas, pues su miembro duro rosaba los muslos de la chica exigiendo su entrada triunfal.
-Hazme… hazme tuya Damon—Ella exigía al ritmo de su respiración cortada.
La miraba, la apreciaba, pues aun en el clímax y en el deseo ferviente por poseerla le gustaba extasiarse con su belleza, con su rostro de niña, con sus facciones tan finas como las de una muñeca. En toda su vida conoció mujeres exuberantes, finas, de clase alta, de clase baja, toda clase y tipo de féminas con las que al ritmo de las sabanas pensaba agrandar su lista de conquistas; sin embargo, la había conocido a ella. Una mujer preocupada por todo menos por si misma, una chica desesperada por demostrar a otros que podía sobrevivir a un viejo amor y no estancarse en el pasado, una mujer fuerte, pero a la vez tan temerosa que creaba una barrera impenetrable para cualquiera que desease conocerla.
No pudo evitarlo, por mas que trataba de ocultar su bestialidad sus ojos comenzaron a tornarse negros, como si toda la sangre abandonara su cuerpo para concentrarse solo en ellos colocándolos en la penumbra de la oscuridad. Sus venas sobresalían de sus pómulos exigiendo ser calmados a la brevedad, esos colmillos afilados ahora se retraían reclamando el liquido escarlata de Hermione Granger. Era inevitable, estaba sucediendo, estaba pasando, otra vez no podía contenerse. Tenía hambre.
-Ahhh!—Hermione exclamaba sintiendo un agarre mas fuerte en su muslo, los dedos de Damon ahora entraban bruscamente por su cavidad haciendo que apretara los ojos mas de la cuenta. –Damon!-
Tenía que hacer algo, debía idear una forma de no lastimarla, no deseaba hacerle daño a pesar de ser un vampiro que reclamaba alimento, abrazaba completamente a Hermione para evitar revelarse ante ella, sin embargo, habia alguien que no mentía y le mostraba esa terrible realidad de la que estaba huyendo. El espejo del tocador ahora le enseñaba su verdadera cara. Damon Salvatore, el vampiro mas temido y sanguinario de Mystic Falls.
-Hermione… - Sus colmillos afilados estaban tan cerca del cuello de la chica, por un lado se miraba a si mismo en el espejo repudiando lo que veía, y por el otro se concentraba sin desearlo en su vena carótida que parecía brincar de su piel para mostrarle el camino de la verdadera felicidad vampirica.
Relamía sus labios, sus colmillos rosaban la piel suave y vulnerable de Hermione, su respiración se volvía pesada, dura, una opresión se hacía presente en sus pulmones acompañada de unas gotas de sudor que emanaban de su frente. ¿Sudor?, ¿Podía hacer eso un vampiro?, no lo sabía, y no era el momento propicio para averiguarlo. Sus manos comenzaban a temblar deseando disminuir la fuerza de su agarre pero era demasiado tarde, sus instintos comenzaban a dominarlo y forzarlo a alimentarse.
Ella ladeaba su cuello aún con los ojos cerrados, su deseo por ese hombre ahora era implacable y no bastaba con ese toque habilidoso que Damon estaba realizando, deseaba tenerlo dentro, carne con carne, cuerpo con cuerpo, y no se detendría ante nada para lograrlo. Damon aun estaba duro, sus muslos y su abdomen se tensaban, ahora toda la furia estaba concentrándose en dos puntos en especifico; su miembro y sus colmillos.
Con su lengua recorría el cuello de la castaña imaginándose el delicioso y dulce sabor de su sangre, su lado animal le permitía imaginarse el calido cuerpo y buqué introduciéndose a lo mas profundo de su garganta mejor que un vino costoso. Un sonido gutural salía de su interior pero Hermione estaba tan encendida que ignoraba cualquier cosa que no fuese su cuerpo reclamando el deseo. En ese momento Damon abría su boca para mostrar sus colmillos, lograba observarse por el espejo debatiéndose entre lo correcto y lo fácil, alimentarse o abstenerse, mentir o revelarse.
En ese momento aquella suplica que llevaba pidiendo fue escuchada, pues un mondadientes se encontraba colocado en la cómoda del tocador, lo tomaba dando gracias a la persona que lo había dejado tan oportunamente, probablemente estaría usado, pero poco le importaba. La madera era el mejor elemento natural para controlarlo, debía debilitarse solo un poco para no perder esa llama que le gustaba conservar con la chica.
Tomaba con fuerza el palillo y sin pensarlo lo hundió a la mitad en su pierna para evitar que se introdujera completamente. Soltaba un grito desesperado, pues si un objeto es enterrado en carne humana provocando un dolor agudo, la madera para un vampiro era un dolor indescriptible, una forma de la naturaleza misma de poner en su lugar a los chupasangre.
-Eres tan… hermosa—Declaraba él en susurro observando a Hermione morder su labio inferior con demasiada fuerza.
La sostuvo de la cintura para llevarla de nuevo a la cama, procuraba que el mondadientes se mantuviera en su lugar y un hilo de sangre brotaba por la herida manchando la sábana blanca. Ella estaba encima suyo, observaba sus pechos, el cabello ondulado y largo cayendo sobre ellos, contemplaba la forma en que disfrutaba moviendo su cabeza en círculos lentos. La sostenía de las piernas, acariciaba su abdomen suave, plano, se conducía a su cuello para detener el movimiento y seguido a esto se colocaba en cima para volverla a ver.
-Hazlo Damon… te lo suplico.
-No tienes que pedírmelo linda… por que de mi cuenta… te haría el amor las veinticuatro horas como un cabron semental-
Hermione abrió por fin los ojos, tensaba sus musculos y arqueaba su espalda, pues en su interior sentía que un falo de carne atravesaba sus entrañas hasta el fondo. Era doloroso, no había conocido a otro hombre que le hiciera sentir aquello, no después de Draco, asi que su sorpresa fue tan inesperada como lastimosa. Aferraba sus manos a la espalda del pelinegro casi clavando sus uñas en la carne, Damon solo soltaba un gruñido al sentirlas al mismo tiempo que esa cueva tan calida y húmeda.
Ahora estaba dentro de ella, sonreía como un loco, como si fuera un recién desvirgado, un estudiante que había tenido su primera vez con una chica, pues comprobaba que la castaña era estrecha, inexperta, casi una virgen. Siempre consideraba que ese tema en las mujeres era tan trillado para compararlo, pero se consideraba honrado de ser el segundo en su vida, y por primera vez deseaba ser el último, el definitivo.
La tomaba de la espalda sin dejar de mirarla, las penetraciones se volvían mas progresivas pero lentas, quería hacerla disfrutar, gozarla, extasiarse con ese perfume de fresas y frutas del bosque, relamía sus labios constantemente deseando tallar sus ojos para comprobar que no fuera un sueño pero ahí estaba. Hermione Granger se estaba entregando a él.
Continuaban con el vaivén sincronizado, dos cuerpos ahora entrenados para amarse, para satisfacerse a plenitud no importando el presente, el pasado o siquiera su futuro. Hermione mordía su hombro, lo besaba, acariciaba su espalda deseando que aquel hombre la hiciera sentir tan mujer como ninguna otra, consideraba que su vida no era tan especial pero en ese momento se volvía tan emocionante no importando que el mundo terminara para ellos, no le interesaba que sus días como pareja ficticia estuvieran contados. Lo estaba disfrutando, la hacía mujer, su mujer.
Ella se sentía plena, completa en toda la extensión de la palabra, ese hombre era tan delicioso y tan adictivo que su cuerpo le exigía cada segundo mas de sus embestidas, su corazón latía a ritmo creciente y sus emociones se mezclaban desembocando en una sola. Damon Salvatore se habia convertido en el hombre de su vida, en el único desplazando a Draco Malfoy completamente, ¿Estaba bien?, ¿Estaba mal?, no lo sabía, probablemente la respuesta vendría con el tiempo y aunque ya no volviera a ver a ese pelinegro de ojos hermosos, a ese semental tan salvaje y tierno que la estaba haciendo vibrar poco le importaba. Quería vivir su presente y atesorarlo para siempre.
-Damon…. –Ella le acariciaba el rostro observándolo sonreír.
-Dime preciosa… ¿Te estoy… lastimando?
-No—Le daba un beso en los labios. -No me sueltes… no me dejes ir…
El pelinegro le sonreía, pasaba saliva con dificultad dando algunas embestidas mas suaves, besaba los labios de la chica, tensaba su cuerpo al ritmo de la pasión deseando aguantar mucho tiempo hasta que estuviera satisfecha, no le importaba quedar excitado con tal de que disfrutara completamente. Acariciaba sus muslos, apretaba sus nalgas con mucha fuerza sin apartar los labios de la castaña. Estaba evadiendo la respuesta, no quería hablar mas que seguir con ese pasión arrebatada, sin embargo su corazón ya tenia dueña.
De todas sus clientas, de todas las mujeres que habían pasado por la vida del vampiro sensual y hermoso de Damon Salvatore solo una habia logrado aprisionarlo, solo una que sin esperarlo, sin desearlo ganó su corazón.
Esa mujer era Hermione Granger
