No recordó lo que había soñado, poco le importaba, su cuerpo se desvaneció por completo después de tener el elixirl caliente dentro de su cuerpo, se sintió descansada, sus musculos relajados se expandían a lo largo de la cama palpando la suavidad de las sabanas frescas que tenían el aroma impregnado de ese hombre maravilloso con el que no solo tuvo una noche de lujuria, sino algo mucho mas fuerte que recordaría por siempre.
Aún con los ojos cerrados sonreía, se daba la vuelta con lentitud dando la bienvenida a ese maravilloso día que se colaba por la ventana del cuarto de hotel. Movía sus dedos despacio esperando tocar de nuevo el torso desnudo y caucásico de Damon Salvatore; su escort, pero se daba cuenta que no se encontraba en la misma habitación.
Al percatarse de su ausencia por fin abría sus párpados, con dificultad enfocaba la ventana sintiendo un calar ligero en ellos. Dio un largo suspiro para recomponerse deslizando sus piernas hacia atrás y sentarse sobre la cama cubriendo su busto con la sabana blanca, volteaba a ambos lados de la habitación dándose cuenta que Damon no estaba presente. Flexionaba su rodilla para abrazarla recargando su mentón en ella, tomaba despacio una bocanada de aire soltándolo de prisa. Intentaba recordar lo de la noche pasada, recrear esa escena tan salvaje, erótica y frenética que tuvo con él; sin embargo, era demasiado bueno para volver a imaginarse lo mismo en su cerebro.
Sintió la necesidad de tomar una ducha; no por sentirse sucia, sino como una forma de comenzar el día para disponerlo todo antes de tomar el expreso de Hogwarts. La reunión prenupcial, las despedidas de soltero estaban cubiertas, sin embargo faltaba la cena de ensayo y los importantes detalles antes del gran dia. La boda de Harry y Ginny, se llevaría a cabo en el colegio. Se daba cuenta que su tiempo con Damon se estaba terminando, -Todo lo que bien empieza, bien acaba—Pensaba para si misma.
Algo en su corazón anhelaba retener a ese hombre por más tiempo, inventarse cualquier estúpido pretexto para alargar la compraventa y seguir disfrutando de su compañía. Sabía que Damon era un hombre dedicado a su negocio, no tomaría a ninguna mujer en serio, quizá por profesionalismo, pero estaba completamente segura que no tendría una oportunidad de tener algo mucho mas fuerte. Apretó sus labios por unos instantes, cerraba sus ojos negándose a pensar en lo inevitable, se levantaba de la cama aún con su cuerpo desnudo acompañado de la sabana.
Por fin abría el grifo del agua dejando impregnarse por las primeras gotas sintiendo que se evaporaban un poco, su cuerpo estaba de nuevo encendido sin lugar a dudas con el solo recuerdo de esa noche tan pasional que jamás volvería a tener. Una especie de nostalgia mezclada con deseo emergía desde lo mas profundo de su corazón apoderándose completamente de todos sus sentidos. Con los ojos cerrados deslizaba sus manos por sus caderas esparciendo la humedad de la regadera apretando un poco su piel al recordar las mordidas cariñosas, la lengua de Damon Salvatore paseando deliberadamente por su cuerpo, la forma en que la tomaba sin contemplación alguna obligándola a sentir el placer de estar con un hombre de verdad.
No pudo evitar hacer la comparación con Draco, era imposible igualarlos en ese terreno, pues el platinado por su parte llegaba a ser cariñoso, sutil, sabía exactamente los puntos que hacían feliz a una mujer conduciéndose por ese patrón hasta hacerla sentir el afamado orgasmo. Malfoy tenía su manera peculiar de hacerle el amor, podía incluso volver a recrear sus manos apretando sus senos y al mismo tiempo llevándose uno a la boca; sencillamente, era un maestro del placer.
Damon en cambio era arrebatado, pasional, algo rudo en la manera de tocarla, pudo sentirlo claramente al momento de orillarla al tocador abriendo sus piernas con algo de fuerza. Recordó halar su cabello negro y a decir verdad le asustaba un poco saber que podía ser tan agresiva como una leona de verdad; sin embargo, no debía negar que todo aquello comenzaba a fascinarle. ¿Cómo evitar despertar sus instintos con ese hombre tan atractivo?, Concluía que ninguna mujer se resistía a tan suculento manjar caucásico y desnudo.
Continuó con la ducha enjabonándose lentamente tomando un tiempo para si misma, recreaba una fantasía donde Damon entraba sorpresivamente al cuarto de baño para tomarla de nueva cuenta y hacerle recordar los motivos por los que se consideraba un experto en hacer felices a las mujeres. Recordarle lo bien invertido que su dinero estaba.
La puerta de la habitación se abría, el pelinegro vampiro canturreaba una canción sin conocer la letra siquiera, probablemente alguna melodía que escuchó afuera se le había adherido al cerebro para alegrarlo un poco. Estaba sonriente, no recordó la última vez que su sonrisa se dibujaba en su rostro desde tiempo atrás, sin embargo aquella sensación le gustaba. Tenía un par de bolsas de papel en las manos, las colocaba en el buró observando que la castaña no estaba en la cama, pero pudo percatar que seguía en la habitación al escuchar el correr del agua en la regadera.
Pensaba en hacerle compañía, la sola idea de entrar sin invitación a invadir su espacio personal lo ponía duro. ¿Qué estaba pasando con el?, tenía un sinnúmero de clientas dispuestas a ofrecerle mucho mas que una semana de compañía y pagarle cuantiosas sumas de dinero, pero se conformaba con un cuarto de hotel y los ojos caramelo de una chica que tan solo conoció hace casi una semana. Sabía la respuesta, pero no la diría en voz alta para evitar admitir que alguien de nuevo había robado su corazón, y más si ese alguien seguía enamorado de otra persona.
De la bolsa de papel sacó un par de hamburguesas medianas con doble carne, queso y lechuga que salían de los bollos, colocaba en uno de los platos los sobres de cátsup, mostaza y picante por un lado y lo adornaba con algunas papas a la francesa. Sabía que no era un desayuno nutritivo, pero al menos tendrían algo en el estomago antes de comenzar el dia. Cabe mencionar que Damon Salvatore no necesitaba comida humana, la ingería para mantener un poco cálido su cuerpo, sin embargo su verdadero alimento era la sangre.
Esperó lo suficiente con ambos platos sobre el buró desabotonando su camisa debido al calor que se cernía en la habitación quizá producto del vapor de agua que se escapaba por los espacios abiertos de la puerta. Acercaba la almohada a su rostro, la misma donde Hermione durmió tan apaciblemente, sintió la suavidad y la textura de la funda llevándosela a la nariz para oler su perfume de fresas. Mordió su labio inferior, cerraba sus ojos recreando de nuevo su sonrisa, sus pestañas, su rostro de niña… Su niña.
-¿Qué me has dado Hermione?—Daba un largo suspiro observando su anillo de lapizlazuli engarzado en el dedo. –Eres una clienta mas… mi deber es hacer que Malfoy te suplique regresar, pero…
Fijaba su mirada en el espejo, de repente se imagino a si mismo lanzando a la castaña a los brazos de su ex novio Draco, pudo experimentar la ira que aquello le provocaba. Empuñaba sus manos deseando lanzar contra el espejo cualquier cosa para que no le siguiera mostrando aquello que se negaba a aceptar.
-No soportaría verte con otro hombre… -
Sus pómulos mostraban unas latentes venas que ansiaban aniquilar a su oponente, no obstante sabía que en cualquier momento la castaña estaría a punto de salir y descubrir todo sobre su naturaleza. Desvió la mirada a otro sitio para tomar grandes bocanadas de aire y recomponerse, no deseaba mostrar su bestialidad a sabiendas que Hermione tenía la sospecha de vampiros en la zona.
La puerta del baño por fin se abría, una gran cortina de vapor blanco se colaba a la habitación despidiendo el aroma a limpio, floral con el que la castaña se había duchado. Damon se sentaba en la cama para brindarle una cálida sonrisa y observó claramente una igual en el rostro de la chica. Hermione se secaba el cabello castaño con otra toalla que encontró en los anaqueles teniendo otra enredada en su cuerpo delineando su escultural figura –Que aunque no era voluptuosa—Mostraba sus senos redondos, su cintura menudita y unas pantorrillas que se tensaban al ritmo que daba un paso.
El rostro de Hermione era limpio, aún sin maquillaje conservaba sus facciones de niña inocente que siempre la acompañaron durante toda su vida. El vampiro relamía lentamente sus labios al volvérsela a imaginar en su cama, desnuda, expuesta, caliente, tan suave como la seda al mezclarse con las sábanas. Se imaginaba demasiadas cosas a tal grado que su entrepierna volvía a abultarse enmarcando su miembro rígido sobre el pantalón oscuro.
La castaña soltaba una risita recargándose en el marco de la puerta.
-Creo que aún tienes energía Damon—Señalaba esa área.
-Em… bueno, tu sabes que a cualquier hombre en mi lugar le pasaría lo mismo, no me culpes por eso señorita ronquidos.—Respondía el con una sonrisa un tanto burlona.
-¡Yo no ronco en las noches Damon!
-Es que no te has escuchado—Aseguraba.
-¡Claro que no!, y si fuera el caso al menos sería algo que yo misma sabría sin contarle a nadie—Caminaba despacio para sentarse en la cama aún con la toalla enredada en su cuerpo. –A diferencia de ustedes nosotras no tenemos un circo montado en la entrepierna cuando nos excitamos.
La sonrisa triunfal del vampiro desaparecía con esa declaración, claramente había acertado con el comparativo. Esto provocaba que Hermione soltara otra risotada.
-Si fuera un circo, definitivamente el mio sería uno de tres pistas—Damon rodaba los ojos haciendo un gesto gracioso y ganador. Hermione se rascaba el cuello mirando a otro sitio, pues aunque eso fuera del todo verdad, detestaba la ostentación en todas sus presentaciones. La vanidad y orgullo de los hombres siempre radicaba en el tamaño del pene definitivamente.
-Los triglicéridos no son un buen desayuno—Señalaba las hamburguesas con papas que Damon había traído.
-Linda, estamos en medio de la nada, en un motel donde el Queen Salads, Starbucks y cualquier cosa a la que estés acostumbrada en Nueva York radica en una cafetería donde cocinan todo en una misma plancha—Damon se recargaba en la cabecera de la cama. – Molly me dijo que eran orgánicas, ya lo sabes… fácil entran… fácil se van.
-¿Molly?—Hermione enarcaba una ceja cruzando sus brazos y una pierna.
-Es la camarera del lugar, se mostró amable, ¿Qué quieres que haga?, soy irresistible—Guiñaba el ojo con otra sonrisa.
-Casi vendes tus talentos por un par de hamburguesas con papas—Hermione contenía las ganas de reír a carcajadas, le parecía graciosa aquella mujer de tan solo imaginarla.
-Tenía hambre—Cruzaba los brazos detrás de su nuca.
El pelinegro recordó haber despertado ese dia muy temprano, a decir verdad no pegó los ojos en toda la noche no por la falta de sueño, sino por apreciar a Hermione mientras dormía. Después de haber hecho el amor por mas de cuatro horas seguidas la observó desvanecerse entre las sabanas, se acurrucaba en su pecho para descansar y solamente se limitaba a mirarla. No se cansaba de ver su rostro, sus labios moviéndose al compas de los sueños hermosos que seguramente tuvo esa noche, miró con detenimiento sus manos posarse en su torso pareciéndoles fascinantes, hermosos. Sintió su cabello esparcirse por su cuello, su hombro, se dio un banquete de dioses al descubrir el aroma de fresas mezclado con su perfume de almendras; una combinación que en definitiva comenzaba a gustarle sobremanera. La sedujo con la mirada, a pesar de verla dormida no pudo evitar hacerle el amor, pero ésta vez recorriendo centímetro a centímetro cada rincón de su piel con sus ojos aguamarina.
Se sintió afligido, feliz, pero a la vez triste que tan solo dos días restaban para que aquel trato de compra venta finalizara, dos días en los que tendría que regresar a Nueva York preparado para su nueva clienta, otra postora que estaría dispuesta a pagar lo necesario con tal de tener su cuerpo, su compañía. Deseaba cerrar sus ojos, pero no lo hizo, por mucho que la tristeza llegara a su corazón al tener que decir adiós a Hermione Granger le gustaba admirarla, observarla, grabarla en su memoria para de esa forma llevarse un gratificante y hermoso recuerdo de esa semana que significó para él lo más invaluable del universo.
Tocaba con las yemas de sus dedos el contorno de sus brazos desnudos, la escuchaba respirar a pausas mientras dormía, una lágrima corría por su mejilla, esa misma caía en el busto de Hermione desvaneciéndose, como si ésta fuera absorbida por su piel. Continuaba deslizándose hasta su cintura, ésta vez sin una pizca de libido o deseo oculto, tan solo le gustaba admirarla.
Sonreía como un loco, le gustaba imaginarse caminando por las calles de Nueva York de su lado, yendo de la mano por los caminos atestados de hojas secas en Central Park. Pero todo era producto de su imaginación, su mente se burlaba de él, pues era un vampiro, un chupasangre, jamás tendría una vida normal como cualquier otra persona. Estaba condenado de por vida a la soledad, y la eternidad para él significaba el mismo infierno a menos que decidiera atravesar su propio corazón para terminar de una vez por todas con su efímera existencia.
Mientras sus dedos seguían recorriendo el cuerpo de Hermione sin despertarla, su mirada se dirigía a un punto sin concentrarse en él completamente, como si su mente divagara a otro sitio donde estuvo alguna vez. Recordó uno de sus tantos viajes que por placer realizaba, uno de ellos era México. Le encantaba ese lugar, no comprendía el por qué pero le fascinaba mirar la arquitectura, las montañas, los desiertos, las playas, las selvas, sitios que siempre atesoró considerándolos lo mas hermosos que en su vida había visto.
Se aventuró a las tierras mexicanas durante la mitad de los años noventa, en ese tiempo aún amaba a Katherine no sabiendo que ella estaría a kilómetros de su presencia aún burlándose por ese ingenuo amor y devoción que siempre le guardó desde 1864. En aquel entonces, toda la población estaba fascinado con una cantante fronteriza que logró cosechar éxitos tan buenos que lograba atrapar la atención de todos.
Selena Quintanilla, ese era su nombre. Una revista claramente mostraba sus atributos, una mujer escultural, con la piel trigueña, unos labios carnosos que podrían devorar a cualquier presa llevándola hasta la locura, unas caderas prominentes, piernas largas y estilizadas untadas en aquellos leggins brillosos con los que se presentaba en shows especiales. Como todo buen vampiro fue cautivado por su belleza, debía buscarla para beber de ella hasta saciarse, pues le gustaban en especial las latinas. Las consideraba deliciosas, una mezcla de azúcar con una pizca de canela.
Le siguió la pista hasta que pudo dar con ella en uno de sus conciertos, logró colocarse en los primeros lugares para poder apreciar mas de cerca a ese manjar denominada "la reina del tex- mex". Observó su soltura, su contoneo de caderas, sus giros impresionantes sin perder el equilibrio, su sonrisa, definitivamente era mas deliciosa de lo que pensaba. Relamía sus labios imaginándola desnuda, a su merced, con su cuello expuesto y dispuesto a alimentarlo.
En ese instante, ella cantaba una canción tranquila, diferente a las que había escuchado tan bailables y pegajosas. Esa misma estaba en su idioma, corroboraba que Selena Quintanilla hablaba perfectamente el idioma inglés e incluso afirmaba que la chica había nacido de su mismo lado del planeta tierra. Sus oídos se concentraban hasta que sus sentidos fueron atrapados.
I could lose my heart tonight,
If you don't turn and walk away
Cause the way I feel I might
Lose control and let you stay
Cause I could take you in my arms,
And never let go
I could fall in love with you
I could fall in love with you, baby
Ahora que se encontraba tocando la piel de la castaña, aquella melodía llegaba a sus oídos recreando exactamente la misma sensación en el concierto de esa cantante. Quizá era una mala pasada del destino, probablemente sus recuerdos también se burlaban de su estado tan deplorable de amor no correspondido; sin embargo, cada frase comenzaba a hacerle mella en sus sentidos.
Observó a Hermione, se sentía exactamente igual que la letra de la canción, se identificaba con la interprete a tal grado de derramar otra lágrima de sus ojos aguamarina, sus manos ahora temblaban.- "Podría perder mi corazón esta noche, si tu no te das vuelta y huyes de mi"—La primera frase entraba en su corazón, en su cerebro, en todo su ser.
-"Porque la manera en que me haces sentir, pudiera perder el control y dejar que te quedes"-Cantaba al unísono junto a la voz imaginaria de esa mujer trigueña. –"Porque podría tomarte entre mis brazos, y nunca dejarte ir"
Era cierto, pues al repetir esa parte de la canción se imaginaba huyendo con ella a otro sitio apartado, alejado del mundo para que su sola presencia lo colmara de felicidad. No compartirla con nadie, considerarla suya por toda la eternidad; eso al menos, era el deseo mas grande de su corazón al estar tocando su piel desnuda.
-"Podría enamorarme de ti"—
Se mantuvo despierto, seguía observándola, grabando cada detalle para no perder el más mínimo y llevarse consigo lo mejor que había conocido durante toda su vida. La colocó cuidadosamente en la almohada levantándose para ponerse el pantalón, decidió dejar su torso desnudo para que su temperatura descendiera un poco. Se acercó una silla de madera que quedaba junto a la cama y se sentó para contemplar la hermosa luna llena que había sido testigo de esa noche de pasión que ambos tuvieron.
El astro brillante mostraba su fulgor, su brillo, su magnificencia, Damon le sonreía como si se tratara de una vieja amiga que lo acompañaba siempre, pues aún en sus fallos y errores tendría su luz caminando junto a él sin juzgarlo. Solo abrió la cortina, decidió no hacer lo mismo con las ventanas para evitar que el sereno de la noche se colara y resfriara a Hermione. No deseaba que pizcara alguna enfermedad precisamente dos días antes de la boda.
I could only wonder how
Touching you would make me feel
But if I take that chance right now,
Tomorrow will you want me still?
Volvía a cantar fundiendo su voz tenue, queda, y apacible con la de esa cantante que su cabeza recreaba. Parecía que Selena Quintanilla estuviese ofreciendo un concierto desde aquella luna para hacerlo sentir tranquilo, sus labios se movían, concentraba su atención en el astro por unos instantes mirando el rostro de esa cantante; a su vez, también echaba un vistazo al cuerpo semidesnudo de Hermione Granger. Se concentraba en cada frase, la atesoraba y la hacía suya identificando plenamente su sentir, pues sin darse cuenta se había enamorado. De nuevo.
-"Y si tomo esa oportunidad…¿Me amarás por la mañana?"—Continuaba cantando despacio, tan lento como le era posible.
And I know it's not right,
And I guess I should try
To do what I should do
But I could fall in love,
Fall in love, with you
Otra lágrima corría por su mejilla caucásica, como si un diamante diminuto brotara desde el cuenco de su ojo resbalando hasta a su mentón. Apretaba sus labios sintiendo el sabor amargo de la nostalgia, el terror y el miedo de perderla en tan pocos días deseando por primera vez en la vida ser normal, como cualquier otro.
-"Se que no esta bien, supongo que debería intentar hacer lo que debería hacer… Pero podría enamorarme de ti."—Sabía que no era correcto amarla, no deseaba caer en el mismo error que con Elena Gilbert; la novia de su hermano solo por el parecido con Katherine. Esta vez era diferente, tenía miedo, miedo de sí mismo, miedo de no atreverse a dejarla ir.
Siempre estoy soñando en ti
Besando mis labios, acariciando mi piel
Abrazándome, con ansias locas
Imaginando que me amas
Como yo podría amarte
Susurraba en español, no era bueno en el idioma, pero parecía que un ángel desde esa luna le decía exactamente las palabras que su corazón sentía. Su deseo mas íntimo, traducido en un lenguaje tan apasionado, tan intenso y tan erótico como ese.
So I should keep this to myself,
And never let you know
Deseaba gritarle que la amaba, que no lo abandonara, que se quedara con él para siempre, pues toda su vida y eternidad se dedicaría a hacerla feliz, a cumplir esa promesa que estipuló en la reunión prenupcial acaparando el micrófono; pero había una realidad, una lo bastante oscura que no aceptaría. Era un vampiro sanguinario, y tal vez aquel sentimiento emergido desde su corazón muerto debía mantenerse al margen, callar lo que sentía por ella a toda costa y guardarse eso para si mismo. Definitivamente, tendría que dejarla ir.
No se percató que el sol hacía acto de presencia a través del crepúsculo, los rayos escapaban del horizonte indicando el comienzo de un nuevo dia –Ahora solo faltaban dos—Esos mismos tendría que vivirlos intensamente.
Se levantó para tomar una ducha rápida, deseaba ser silencioso para no despertarla, pues contemplaba el mismo rostro de un ángel reparando energías. No tardó mucho en el baño, se colocó de nuevo el pantalón y la camisa aún con su cabello oscuro húmedo y alborotado. Estaban lejos de la ciudad por lo que decidió caminar un poco más hasta la cafetería más cercana; a esas horas, no habría mucha gente pidiendo el respectivo desayuno.
Bajó las escaleras del motel observando un letrero luminoso que indicaba la cafetería, se encaminó lo más rápido que pudo observando que un hombre de mediana edad estaba despertando para fumar un cigarro matutino. Cuando entró al establecimiento, una mujer regordeta rubia se encontraba colocando los recipientes de cátsup, mostaza y sal en el centro de las mesas. Llevaba uniforme color rosa a rayas y una maya en el cabello; Damon estaba hambriento, tenía que idear una manera de convencer a esa mujer de brindarle un poco de su sangre, o por lo menos evitar alimentarse de ella públicamente.
Todo eso recordaba al instante de ver a la castaña engullir el primer bocado de hamburguesa, debía admitir que adoraba la forma en que comía, la manera en que sus mejillas se abultaban eran un tanto graciosas. Damon volvía a sonreír llevándose una papa frita a su boca.
-Hamburguesas, son definitivamente un terrible desayuno ¿Cierto?—Se burlaba Damon contemplando a una Hermione ansiosa por alimentarse.
-Perdí muchas energías anoche—
-No deberías hablar con la boca llena, ¿Dónde quedó tu educación señorita?—Tomaba sus mejillas con ambas manos brindándole una tierna sonrisa. La castaña se ruborizaba sintiéndose avergonzada de comer como una condenada a muerte.
-El hambre no conoce de etiquetas Damon, más cuando se está en medio de la nada—Ella sonreía.
-Cállate y come—El vampiro tomaba una papa frita colocándola en su boca, misma que ella acaparó al instante sintiéndose como una chiquilla mimada.
La castaña se sentía feliz, plena, no deseaba regresar a la ciudad y darse cuenta que solo faltaban dos días para que todo terminara. Ella había definido sus sentimientos, pues esa semana que al inicio consideraba como un infierno se transformaba con el paso de los días, las horas, los minutos en algo tan hermoso que no esperó conocer. Su subconsciente le indicaba que todavía estaba enamorada de Draco, y que la única razón de haber contratado a un escort, era por la necesidad de mostrarle que podía continuar con su vida, pero con la esperanza de un perdón o una reconciliación entre ambos.
Todo había cambiado, ahora le importaba poco si Draco estuviese con otra mujer, incluso con la misma que en su momento la había engañado, ¿Dejó de amarlo?—Sí—
No deseaba que esos días terminaran, quería aletargar el momento e inventarse cualquier cosa para retenerlo, pues la sola idea de verlo de lado de otras estrafalarias y ostentosas mujeres adineradas le provocaba náuseas. Sabía su oficio, su modus vivendi, sin embargo, algo en sus entrañas se contraía al siquiera pensar que esos labios que pasearon por su cuerpo la noche anterior de manera exquisita y desesperada se ofrecieran a otra mujer con un fajo de billetes verdes para impresionarlo.
Le encantaba sentirse mimada, protegida, acariciada por esas manos caucásicas que se posaban en su rostro ofreciéndole a su vez una patata. Sonreía como una niña, no quería asistir a la boda y mirar de nuevo rostros que le recordaran tener que fingir que amaba a ese hombre. Esta vez no estaba actuando, en realidad amaba a Damon Salvatore sin necesidad de máscaras, su corazón no tenía que actuar delante de nadie, pues cada mirada era sincera, llena de bondad, preocupación, incluso devoción hacia a él.
Pero había una realidad, una terrible verdad que sabía desde un principio, todo en la vida tenía un precio, y Damon lo tenía, las cláusulas fueron claras en su momento y tendría que cubrir el costo de esa noche. Cambió su expresión de un de repente, tomaba las manos del vampiro para colocarlas encima de las sabanas.
-¿Sucede algo?, ¿Te sientes mal?, si quieres nos quedamos un rato más, podremos ir a ese Rugrats mañana temprano, las cenas de ensayo son tediosas, se pierde la emotividad de las bodas—Damon volvía a sonreir, sin embargo notaba que la chica se ponía de pie dirigiéndose a su bolso.
Hermione sacaba de él su billetera, pues antes de visitar esa habitación de hotel pasaron por un cajero automático donde obtuvo algo mas de efectivo. Al abrirla, aquel hombre pelinegro enarcaba una ceja, pensaba que ella estaba tratando de cubrir los gastos de la habitación o el costo de las hamburguesas, se levantó y tomaba las manos de la chica mirándola con una sonrisa.
-El hotel esta pagado y Molly se mostro linda con estos regalos grasosos—
-Damon… -Hacía una pausa, debía respetar sus reglas. Sacó la cantidad que extrajo del cajero. Exactamente 1000 dolares extra.
El pelinegro se quedaba estupefacto, de haber estado vivo sentiría que su sangre abandonaba su cuerpo y su corazón se aceleraba al observar los billetes verdes salir de esa cartera color chocolate. Hermione lo miraba sin expresión alguna, pero esbozaba una sonrisa entregándole esa cantidad en sus manos.
-Se que considere la idea de pagar por sexo como algo repugnante, pero… Es tu negocio, a esto te dedicas—Hacía una pausa. –Espero que sea suficiente, nunca me hablaste de una cantidad en específico.
Hermione desviaba la mirada tomando su billetera volviéndola a guardar en su bolso, en cambio Damon sostenía el efectivo mirando y sintiendo la textura del dinero que ahora comenzaba a quemarle la piel. Su sangre hervía de ira, pasó la noche en vela apreciando a una mujer que solo lo miraba como mercancía, como un accesorio que se dedicaba a provocar los mas exquisitos y desenfrenados orgasmos. ¿Acaso no era eso?, claro que lo era, sin embargo esta vez deseaba sentirse diferente. Estúpidamente creyó que esa chica castaña sería diferente a las demás, pero se equivocaba. Ella seguía amando a Draco Malfoy.
-Hay una estación, se llama King Cross, pasaremos por el andén nueve y tres cuartos—Se comportaba nerviosa, desesperada, se sentía sucia por haber pagado por sexo, se sentía culpable por disfrutar a plenitud de ese hombre contra todos los principios que sus padres le inculcaron. Sin embargo, consideraba que ese hombre valía cada centavo.
-Lo sé, te preguntarás ¿Cómo es posible que haya un andén con ese nombre?, pero… Harry desea sentirse como en el colegio, encontrarás muchas cosas algo extrañas pero te las iré explicando en el viaje- Se quitaba la toalla esta vez no importando mostrarse desnuda, después de todo su cuerpo ya no era un secreto para él. Damon apretaba los billetes con tanta fuerza, se daba la vuelta mostrando su bestialidad de vampiro sintiendo que su sangre se concentraba en los ojos, mismos que estaban oscuros como la noche.
-Entonces… ¿No significó nada verdad?—Preguntaba lo mas paciente que podía. Hermione volteaba extrañada mirándolo de espaldas.
-¿Disculpa?
-No te hagas la tonta Hermione, ¿Acaso eres lo suficientemente estúpida para no darte cuenta?, ¡Vaya!, tus amigos te conocen como una chica inteligente—Damon elevaba la voz. - Eres como todas las demás.
Hermione sintió un cierto cambio en su tono de voz, pues aquella que solía ser un tanto melodiosa, bastante varonil y atrayente se mostraba gutural, mas grave de lo normal.
-No te entiendo Damon…
El vampiro sentía ganas de tomarla de la cintura y beber su sangre sin contemplaciones, a fin y al cabo hacía lo mismo con sus demás clientas y esa chica castaña no sería la excepción a esa regla. Apretaba el dinero con tanta fuerza que podía hacerlo trizas y utilizarlo como confeti, sin embargo, no deseaba mostrarse tal cual era. No quería hacerle daño, aún cuando se sentía usado. Pues esa noche con ella, fue el paraíso para él, pero al parecer no era recíproco.
No quería darle la satisfacción de verlo derrotado, si bien Katherine Pierce había convertido su corazón en polvo, en cenizas, no permitiría que una simple bruja terminara de pisotearlo. El costo por entregar su corazón era alto y debía fingir hasta las ultimas consecuencias, dejar que los días restantes pasaran y continuar vendiendo su cuerpo para no conservar rostros que después se esfumaban como el vapor de agua en el cuarto de baño.
-¿Pensaste que eras lo suficientemente especial para mi para cobrarte tan barata una noche con migo?
Hermione lo miraba incrédula, por un momento pensaba que esa noche había sido una de las mas reales que había tenido; se equivocaba, pues Damon Salvatore cobraría mucho mas por un arrebato de pasión como ese. No pudo evitar sentirse sucia, como una mujer que había comprado un pedazo de carne rebajando de esa manera su dignidad, su orgullo, estaba siendo humillada por aquel individuo.
-Nunca… me hablaste de una cantidad en especifico, te acabo de decir eso, ahora toma tu dinero y gástalo como quieras—Lo miraba fijamente conteniendo las lágrimas que estaban a punto de brotar de sus acaramelados ojos, sin embargo era una leona Gryffindor, había luchado mano a mano con seres tenebrosos para permitir quebrarse por un simple escort.
-Ahora, debes cambiarte para largarnos a la estación y recuerda que debe aun me amas—se acercaba más. –Pero no se te ocurra volver a ser espontaneo.
Damon deseaba besarla, hacerle el amor de nueva cuenta mucho mas salvaje, la observaba aún desnuda provocándole una erección, pero estaba tan cabreado que pasaba por alto aquel instinto. Se limitó a observarla, pudo contemplar sus fosas nasales ensancharse al ritmo de la respiración, ella estaba molesta.
-Pensé que deseabas un amor a la medida, eso fue lo que ofrecí y eso tendrás, pues solo dos días nos quedan juntos—Damon se acercaba a sus labios sin tocarlos, en cambio la castaña contenía las ganas de propinarle una bofetada. – Me debes quinientos dólares por lo de anoche.
-Los tendrás mañana junto a una maldita carta de recomendación, ahora si me disculpas debo vestirme- Se dirigía a zancadas a su falda para colocársela.
-Te alcanzaré en la maldita estación, se breve—Damon cerraba su camisa como podía mientras que la castaña no se atrevía a mirarlo, era evidente que sería incomodo estar juntos en la mismo coche estando molestos.
-No conoces estos lugares, pide un taxi o lo que te plazca, lo pago yo.
-No te preocupes, el taxi va por mi maldita cuenta Hermione, me acabas de pagar ¿Recuerdas?—Damon creaba un abanico con los billetes agitándolos un poco esbozando su típica sonrisa. Estaba molesto, furico, sentía que podría destrozar cualquier cosa y necesitaba relajarse, a fin de cuentas solo restaban un par de días para finalizar ese tratado de compra venta y después de eso no la volvería a ver por mucho que lo deseara. Consideraba que era la forma mas fácil de olvidarla, pues aquel amor que había surgido debía ser enterrado y quemado.
-Hasta entonces… Mi amor—
Hermione sentía ganas de decirle lo que pensaba, mandarlo por un tubo y golpearlo hasta desahogarse, pero si algo distinguía a tan singular castaña era la prudencia, la paciencia y sobre todo la sabiduría incluso en su vida misma. No se atrevió a mirarlo, se concentraba fervientemente en vestirse su falda, su blusa y secarse el cabello lo mas rápido posible. Tan solo escuchó un portazo estruendoso decidiendo esperar lo necesario para poder llenar sus ojos de agua.
-Jodete… Damon…- La castaña decía en susurro aprovechando su ausencia, deseaba desahogar toda aquella humillación.
El vampiro pelinegro estaba a medio camino, pero lo bastante cerca para poder escuchar esas palabras de la castaña. Decidió regresar a la misma velocidad con que se había alejado, escuchaba sollozos, algunos lamentos, le gustaba pensar que ella estaba arrepentida por tratarlo como basura, estaba a punto de abrir la puerta para abrazarla, besarla y decirle lo mucho que la amaba, pero desistía al comprender que la castaña jamás habia pagado por sexo en toda su vida y quizá su orgullo era el que estaba herido.
Cerró sus ojos, tomó los mil dólares que Hermione le había pagado colocándolos en la puerta de la habitación acuclillándose sigilosamente. Damon lloraba, sus lágrimas le impedían la visibilidad, una nube de agua se formaba en sus orbes sintiéndose destrozado, derrotado, como un completo estúpido al pensar que una chica podría amarlo tal y como era. Su destino era siempre estar solo.
Decidió caminar por la carretera, hundía sus manos en las bolsas del pantalón sintiendo la humedad en sus ojos, detestaba llorar, mostrar y aflorar sus sentimientos comprobando lo débil que había sido. Permitió que una mujer llegara a ese corazón que consideraba sellado a cal y canto, ingenuamente creyó que Hermione Granger lo vería como algo mas que una simple compañía. Emprendía el paso mas rápido, tendría que desahogarse lo suficiente hasta llegar a Londres y volver a pretender ser el prometido modelo que todas deseaban, fingir a tal extremo de mostrarse esos dos días restantes más enamorado.
El viento movía su cabello negro, se llevaba consigo las lágrimas que caían copiosamente de sus ojos, ahora era su único compañero y confidente, a pesar de haber succionado gran cantidad de sangre de la camarera llamada Molly el hambre regresaba con más intensidad. Estaba molesto, no deseaba que ningun ser vivo se cruzara en su camino o sería fatal.
-Aggghh!—
Sintió un trozo de madera hundirse en su muslo derecho, volteaba al instante para identificar a su atacante y se daba cuenta que alguien lo había seguido hasta ese punto del camino solitario. Otra estaca se clavaba en su estomago atravesándolo completamente, sus fuerzas se desvanecían poco a poco deseando luchar con todas sus fuerzas pero tan solo cayó de bruces tratando de sacar ese madero que lo estaba torturando.
-Quien…
Una ultima estaca se atravesaba cerca de su corazón, afortunadamente no pudo perforarlo o de lo contrario su existencia terminaría en mitad de la carretera. Levantaba su mirada contrayendo sus párpados para observar claramente que una mujer provocativa vestida con unos jeans ajustados, tacones caros y cabello chocolate rizado lo miraba con satisfacción cruzando sus brazos. Katherine Pierce lo había seguido hasta ese punto.
-¿Por … qué?—Preguntaba Damon con dificultad, y mientas tanto la atacante se acuclillaba para tomar el saliente del madero para hundirlo mas en su carne. La expresión de esa mujer era tan sicodélica como hermosa, pues sonreía acariciando la punta de la vara rustica como si se tratara de otra extremidad de su cuerpo.
-Shhh.—Katherine ponía su dedo índice en los labios del pelinegro. -Simple instinto de preservación Damon, ahora, tu y yo tenemos que ponernos al día.
-¡Jódete Perra!, Te … juro que te mataré y ofreceré tu… putrefacto y mentiroso … corazón al banquete… de bodas…
Katherine soltaba una risotada sonora considerando aquella declaración como pataleos de insecto a punto de morir. Tomaba el madero hundiéndolo mas en la carne de Damon provocándole un dolor incalculable, mientras tanto aquel hombre apretaba sus dientes mostrando su bestialidad para tratar de liberarse pero era inútil, la madera lo había debilitado sobremanera.
-¿No querrás que me desayune a tu … nueva novia?
-¡No te atrevas a tocarla maldita!—
-Ese es tu problema Damon—Susurraba. –Eres mas bueno y confiado que Stefan, pero no te preocupes, no me interesa que se entere que soy una vampira, pero por ahora, tu vendrás conmigo.
Katherine sin pensarlo lo tomaba de las muñecas para arrastrarlo por la mitad del bosque, Damon sentía que sus fuerzas se desvanecían a causa de la madera, comprendía que todo se dificultaba, probablemente no podría concluir aquellos dos días junto a ella.
