No había tiempo de decidir entre lo correcto y lo fácil, ni si quiera comprendió el motivo que la orillara a buscar ayuda de aquel que precisamente en su momento fue capaz de romper su corazón en añicos. Salía de su casa aún a oscuras topándose con los ojos socarrones y triunfantes de ese rubio platinado que todavía buscaba la manera de regresar el idilio.

Aún con las manos en las bolsas, Draco Malfoy no dejaba de tener una actitud petulante y engreída sosteniendo el argumento "Ella todavía me necesita". Todo aquello era absurdo, lo sabía, tan irracional que se orillaba a pensar que en algún momento de aquel dia comenzaba a perder la razón y la ecuanimidad que la caracterizaba. No le importaba, pues a casos desesperados las medidas debían tomarse de la misma manera.

Dio un gran respiro sin abandonar todavía el umbral de su vivienda, observó de manera tranquila a su ex novio quien sostenía entre su boca un cigarrillo. Desviaba levemente la mirada y aunque no estuvieran juntos, todavía le parecía tan hermoso y sensual cuando se comportaba de esa manera tan socarrona. Draco Malfoy vestía unos vaqueros azul petróleo, una camisa del mismo color más tenue de manga corta y unos zapatos deportivos blancos. Aquel hombre platinado había cambiado las ropas formales con las que calcaba la imagen de su padre por algo más convencional y cómodo como la vestimenta muggle.

-Debo decir que me extraña que me hayas llamado Hermione—Daba una calada a su cigarro. Soltaba el humo despacio sosteniendo su típica y ganadora sonrisa.

-De acuerdo a nuestro ultimo encuentro me diste a entender que no querías saber nada de mí—La observaba. -¡Que cambiante eres!

Hermione no decía nada, sabía perfectamente que el haber recurrido al rubio significaría una sarta de reclamaciones discretas y burlonas de su parte. Mordía su labio inferior deseando dirigir sus manos al cuello del chico; estrangularlo lentamente hasta hacerlo callar, sin embargo lo necesitaba para poder encontrar a Damon. Para eso lo había llamado.

-¿Puedo pasar?—Preguntaba Draco con suficiencia.

-No

-Siempre soy bienvenido aquí, ¿Acaso no recuerdas la primera vez?

-Lo recuerdo, pero da la casualidad que es parte de mi pasado.

-¿Segura?—Arqueaba el rubio una ceja

-Completamente

-No lo creo—Draco tiraba la colilla del cigarro a lo lejos colocándose frente a frente de la castaña.

Hermione deseaba retroceder y estrellarle la puerta en la cara ante tanto cinismo de su parte, buscar otra manera de encontrar a Damon y olvidarse de una vez por todas que alguna vez estuvo enamorada de ese rubio engreído. Podía haber mejorado algunas cosas de su persona, pero indudablemente la esencia arrogante seguía permaneciendo intacta dentro de él como el tatuaje de mortifago que lo acompañaría hasta la hora de su muerte.

Con la palma de su mano detuvo el andar del platinado, se colocaba a mitad de la puerta ladeando su cabeza para mirarlo con determinación, con tranquilidad, sin un deje de preocupación o alarma de su parte. Draco no dejaba su actitud triunfadora, aún no se quitaba el agradable sabor de boca que le produjo la llamada realizada por la chica hace unas horas. Colocó su mano en el marco de la entrada acercando su rostro a ella deteniéndose como era su costumbre en esos ojos acaramelados, la palidez de sus mejillas a causa de la preocupación y unos labios carnosos que mataría por volver a besar.

-Se que no me has olvidado Hermione—Tocaba su mentón con suavidad, acercaba su rostro con la completa intención de besarla, sin embargo, la castaña evadía el arrebato adelantándose un par de pasos a las afueras de su casa.

-Te he olvidado aunque no lo creas Draco.

-Yo no te engañé Hermione, ¿Cuántas veces debo explicar que yo no te engañé?

-No necesitas explicarlo

-¿Entonces que carajos debo hacer para congraciarme contigo de nuevo?

La castaña se giraba rápidamente. Por un lado parecía que la búsqueda de Damon se retrasaría considerablemente a causa de esa discusión post noviazgo que estaban llevando; cada minuto que desperdiciaban hablando de argumentos, acusaciones, rumores, era equivalente a la ventaja que la secuestradora tenía consigo.

-Ya dije que no necesitas… congraciarte Draco.

-¡Entonces por que me has llamado!

-¡Te he llamado por que te necesito!-

-¿Estás usándome acaso?—El recriminaba entre dientes cruzando por fin la entrada de la casa para llegar a la sala.

-Dije que necesito de tu ayuda, no pongas palabras en mi boca Draco Malfoy— Respondía automáticamente la castaña tomando su bolso extensible para continuar con la búsqueda.

Draco todavía se encontraba confundido; pues por un lado, le había sorprendido la llamada sorpresiva de Hermione a su teléfono después de casi cuatro años de no ver su nombre en el identificador. Pensaba a su vez que aquel beso en el campo de golf había sido más que suficiente para que ella recapacitara, que recordara su antigua, amorosa y pasional relación dejando de lado cualquier obstáculo y desavenencia. Sin embargo, no eran así las cosas. Empuñaba sus manos conteniendo las ganas de seguir discutiendo al notar claramente que esa chica no continuaba.

-¿Por qué no llamaste a Potter?—El rubio caminaba detrás

-Está a punto de casarse y no necesita que lo distraiga con algo que puedo resolver sola.

-¿Sola?, claro, y es por eso que me has llamado ¿Cierto?—Draco arqueaba las cejas por unos segundos deteniéndose en la puerta de su coche antes de proseguir con esa descabellada petición.

Hermione estaba al límite de su paciencia, daba un largo y profundo respiro para calmar todos sus sentidos alterados. Se recargaba en el coche mirando al cielo preguntándose de nueva cuenta la manera de rescatar a Damon sin involucrar a cuartas personas; no deseaba que la boda de su mejor amigo se retrasara abruptamente por una búsqueda. Miró por fin al rubio quien todavía la observaba con recelo; preguntándose el verdadero motivo de esa llamada nocturna. Apretando los labios contenía las ganas de llorar a causa de la desesperación; el saber que el pelinegro de ojos aguamarina podría estar debatiéndose entre la vida y la muerte seguramente por una clienta cabreada y loca la descolocaba, le enfurecía, pero sobre todo. Estaba molesta consigo misma.

-Damon ha desaparecido—Soltó por fin

-¿Qué has dicho?—El rubio soltaba una risotada. -¿Es por eso que me has llamado?

-Sí, es por eso Draco—La castaña se esforzaba para no desesperarse, sin embargo, Draco Malfoy tenía la facilidad nata de provocar eso.

-¿No crees que estás exagerando y tu noviecito ande ahí colgado con otra mujer?

-No creo que…

Se silenciaba, en parte consideraba cierto que Damon Salvatore podría estar en otro lugar disfrutando lo que su vida rentable podía proporcionarle. No deseaba revelar el motivo por el cual recurrió a un gigoló para aparentar una relación que no tenía, un amor que jamás llegó a ella y sobre todo. Una vida plena que distaba tener en la gran manzana. Decidió calmarse; no obtendría nada con los nervios destrozados, la incertidumbre a flor de piel y las ganas de asesinar a esa secuestradora. Cambió su expresión a una más relajada, tuvo que fingir tranquilidad hasta la médula para mostrarse creíble.

Nadie debía saber que Hermione Granger tenía una relación rentada, mucho menos revelarlo a aquel a quien deseaba engañar hábilmente; el motivo por el cual tuvo que formarse una vida plena para evitar caer como una chiquilla colegial ante sus ojos, su mirada, sus labios, la forma tan adictiva que tenía ese hombre de controlarla.

-Ayer en la madrugada tuvimos una discusión fuerte, y si me lo preguntas… creo que yo fui la que cometió el error—

El rubio notaba algo distinto en esa chica; por su expresión preocupada y afligida, pudo deducir que en verdad aquel hombre detestable significaba algo para ella. No supo definir lo que sentía en esos momentos, pues una mezcla de rabia, celos, tristeza comenzaba a formarse en su subconsciente para mostrarle que Hermione Granger no era una chica que se podría recuperar tan fácilmente.

-Probablemente necesite algo de tiempo y solo se haya ido a beber algo al bar—El rubio se calmaba un poco más contemplando junto a Hermione el cielo estrellado que se cernía en el vecindario. La temperatura del viento bajaba provocando que su piel se erizara, y al mismo tiempo, la nostalgia lo acompañaba.

-Hubiera respondido mis llamadas, mis mensajes, pero no…

La castaña sacaba de su bolso extensible su teléfono celular para mostrarle la cantidad de intentos fallidos que realizó para comunicarse. Deslizaba su dedo por la pantalla táctil para seleccionar el mensaje de voz que por única ocasión en el dia le había dejado. Draco escuchaba el sonido de las cadenas, madera crujir y romperse tan fácil como un mondadientes, y al paso de unos segundos el sonido gutural y desesperado del pelinegro quien tuvo la fortuna de dar la pista de su paradero.

Draco conocía a la perfección esos sonidos, lo habían acompañado cada noche en sus peores pesadillas desde la segunda guerra como parte de su penitencia que jamás terminaría de cumplir a causa de sus atroces actos. Su mirada se perdía en la nada descifrando los sonidos, imaginándose el escenario espeluznante donde aquel hombre se encontraba cautivo. Al abrir los ojos se daba cuenta de la verdadera razón por la que Hermione solicitó su ayuda. Concluyó que era la única persona que podría hacer algo al respecto.

-Esta secuestrado—

-Lo sé

-Hermione…

-Sé que es descabellado y egoísta de mi parte pedirte esto Draco pero…

-No hay nadie más que pueda hacerlo… -El rubio pasaba saliva con dificultad. –No conoces a otro Mortifago capaz de hacer un hábil rastreo.

-Draco no quise decir eso.. tu sabes que…

-No necesitas explicarte gracias— Los ojos grises de Draco comenzaban a llenarse lentamente de agua con esa conclusión. Había decidido dejar su pasado atrás y junto a él todas las pesadillas que durante cada noche lo carcomían como pirañas, sin embargo, lo que le dolía más, era que la castaña… Precisamente ella, pensara que seguía en ese camino tan oscuro.

-Solo es una búsqueda Draco, yo se que nunca mataste a nadie, me consta, y sobre todo se—Ella se colocaba frente a el sosteniendo su rostro afligido con ambas manos. –Sólo sé que no eres un asesino.

El rubio platinado correspondía la caricia pasando los dedos por su mejilla, la miraba con tanto fervor, devoción, pues nunca pudo olvidarla después de su abrupta partida de Londres. Desde que ella se había marchado, no dejaba de preguntarse el motivo por el cual su relación no fue suficiente; pensaba que el amor que se profesaban serviría para luchar contra todos los obstáculos en sus mundos tan contradictorios y prohibidos.

Hermione y Draco, siempre fueron la pareja prohibida, el amor condenado a cenizas por el solo hecho de pertenecer a clases sociales diferentes. Sus padres, sus amigos, todo un mundo que solo los conocía como "el sangre limpia" y "la sangre sucia", jamás lograron entender la forma en la que alguna vez se compaginaron. Pues en su momento, no solo enfrentaron la estirpe de su abolengo, sino también la cantidad de reproches que recibieron una vez que anunciaron su tan… extraña y descabellada relación.

-¿Por qué me dejaste de amar Hermione?—La voz del rubio se quebraba, cada poro de su piel se tensaba con el temor a la respuesta que ella le daría.

Hermione desviaba la mirada, por primera vez en la vida no sabía qué responder, qué contestar, qué refutar ante tal argumento tan confuso para si misma. Unas manos ligeramente tostadas no se despegaban de las mejillas blancas como la nieve; pudo sentir la humedad de las lagrimas desvanecerse entre sus dedos provocándole un leve temblor, una corriente eléctrica que creyó olvidar hace un poco más de cuatro años.

-No te dejé de amar Draco, nunca…. Nunca lo hice—Ella apretaba sus párpados dejando escapar un poco de agua de ellos. También le dolía, le lastimaba, esos ojos grises que llegaron a cautivarla alguna vez le quemaban a la par de los reproches no revelados.

-Entonces si me amas… ¿Por qué estas con otro hijo de puta?, ¿Por qué me haces esto Hermione?—Le preguntaba en forma apremiante, desesperada, como un niño pequeño que no se explica el motivo por el que es castigado ante una travesura.

-Por que tu me engañaste Draco, tu… me traicionaste—

-No se de lo que hablas— El aseguraba mirándola a los ojos

-No hagas por favor que te pierda el poco respeto que aun te tengo…

-¿Poco respeto?—Miraba él extrañado.

-Sí –Hermione decidía mostrar un poco de firmeza en sus palabras, pero no gritaba. El recuerdo de aquella noche en que lo encontró con otra mujer le ardía en el alma.

-Yo no hice nada Hermione, no me dejaste explicarte

-Vi lo suficiente, y una maldita imagen vale más que mil palabras—Apretaba sus labios, desviaba la mirada para contener la ira, el enojo que producía ese doloroso recuerdo y por el cual, decidió desaparecer de Londres sin dar explicación alguna.

Alejaba sus manos, retrocedía unos cuantos pasos abrazándose a si misma para volver a enterrar ese tortuoso recuerdo que llegaba a ella en una serie de fotografías lentas. Pasaba saliva con dificultad al tener nuevamente presente la manera en que las manos que antes la tocaban, acariciaban, apretaban, estrujaban a otra mujer que no era ella. Volvía a probar el sabor amargo de la hiel y el temblor progresivo de sus manos sintiendo otra vez la manera en que apretaba el picaporte de ese apartamento al abrir la puerta. Esa misma, que no debía abrir.

Si tan solo se hubiese tardado en elegir el vestido de novia que llevaría el día de su boda, nada de eso habría pasado. Seguiría pensando que sería la única e irremplazable chica en la vida de Draco Malfoy, sin embargo, el destino les cambió la jugada creando un abismo profundo entre ambos, y esta vez, no había culpables. Solo ellos.

-Nunca te engañé Hermione… No te traicioné.

-¿Entonces quien era ella?—Lo miraba con firmeza. Una lagrima traicionera resbalaba de sus mejillas enrojecidas por la ira, por la desilusión, por el abandono de ese hombre que alguna vez prometió jamás hacerle daño.

El rubio apretaba sus labios, se negaba a revelar la identidad de esa chica con la que había estado aquella noche en la que su ex prometida llegaba sin avisar. Se cruzaba de brazos, pasaba saliva con dificultad aun saboreando la sal de sus propias lágrimas derramadas.

-No vale la pena

-¡Claro que si lo vale Draco!—Se volvía a acercar sin tocarlo deseando propinarle una bofetada por burlarse de su inteligencia. –He pasado cuatro años de mi vida pensando en esa mujerzuela que estuvo en tu recamara, en su maldito cuerpo perfecto, en su cabello que por idiota… no distinguí a la media luz donde evidentemente enredabas tus dedos

-Hermione yo no hice nada…

-¿Y estar desnudos no es nada?, ¡Le vi las malditas bragas!

-¡Eso no significa que me haya acostado con ella Hermione!

-Pero estabas a punto de tirártela—Lo miraba con firmeza, con rabia, experimentando otra vez esa horrible sensación que creyó olvidada.

Se produjo un silencio incomodo, ambos estaban alterados para seguir discutiendo sin llegar a un acuerdo mutuo. Hermione respiraba profundamente para calmarse, lo necesitaba, quería sentirse fuerte, pretender que nada en su vida la lastimaba. Pero no era de metal, no estaba hecha de hierro como muchos pensaban; detrás de aquella chica que fungió un papel importante en la guerra mágica, había una temerosa niña asustada escondida detrás del armario que lloraba cada noche con tan solo la luna de compañera.

-Debes ayudarme a rastrear a Damon, no hay tiempo que perder

Se limpiaba las lágrimas bruscamente, se reponía obligándose a si misma a continuar con lo que había pensado. El rubio chasqueaba la lengua en señal de fastidio, abría la puerta de su coche tomando su lugar aferrándose al volante como si fuera el cuello de ese pelinegro en el que tanto se interesaba la castaña. Ella se limitaba a mirar el retrovisor, no podía quitarse de la cabeza que Damon estuviera perdido, secuestrado, quizá a punto de ser masacrado de manera salvaje por esa secuestradora.

-¿Qué te hace pensar que te ayudaré?, ¡Por mi que se pudra el hijo de puta!

-¡Me lo debes Draco!—Ella le respondía mirándole con firmeza. –Si no me dirás el nombre de aquella zorra por lo menos me debes esto

-Yo creo que no

-Yo creo que sí—Refutaba la castaña.

-¿Tanto te importa aquel imbecil que bien se pudo haber largado con otra?

-Si, me importa, y si se largará como tu dices… No sería la primera vez que me pasara

Draco sintió una daga clavarse en lo más profundo de su pecho, sin embargo sabía que en el fondo tenía razón sobre todo aquello. Decidió emprender la marcha pisando el acelerador para arrancar con velocidad, mientras tanto Hermione pensaba en los sitios posibles de su desaparición.

No hablaron durante media hora consecutiva, se escuchaba el sonido amortiguado de las llantas, el rechinido de los asientos mientras se acomodaban de un sitio a otro; todo aquel silencio perforaba sus sentidos agudizando los ruidos antes mencionados. La castaña sostenía su celular con mucha fuerza esperando recibir otro indicio de vida por parte de Damon; miraba constantemente su pantalla deseando leer, escuchar o sentir la vibración pero era inútil. El teléfono había cooperado con aquel hielo que se producía dentro del coche.

Draco no apartaba la vista del frente, observaba las defensas de algunos coches obstruyendo su camino rebasándolos con facilidad y evitar contratiempos. Sea lo que fuere que esperaba encontrar Hermione, no le apetecía averiguarlo. Pisaba un poco más el acelerador afianzando sus dedos sobre el volante para no perder el equilibrio ni el control del automóvil.

Oo**oo**oO

Se había quedado dormido por tiempo indefinido, sus párpados estaban tan pesados que le dificultaba abrirlos y darse cuenta de la oscuridad que lo rodeaba. Sus manos atadas mostraban las quemaduras severas donde se podía apreciar su propia piel desprenderse de los amarres como si se tratara de goma de mascar derretida. Su cabello estaba alborotado, sucio, sin recordar la última vez que tocó el agua para bañarse y poco le importaba.

Había tratado de liberarse un centenar de veces, las pocas fuerzas que su cuerpo adolorido producía no eran suficientes para escapar de ese terrible suplicio; sin embargo, no perdía la esperanza. Deseaba encontrar la forma de distraer a Katherine y poder enterrar por fin una estaca en ese corazón de piedra que tenía en las entrañas. Nada lo haría sentir mejor que cobrarse aquella afrenta tan baja y mezquina de su parte.

-Her… mione…

Pensaba en ella, su mente la recreaba como si fuera una fotografía que le infundía el valor necesario para continuar con vida. Sabía que aquella vampira no lo mataría, pues lo habría hecho hace tiempo atrás cuando lo consideraba un estorbo para estar con el amor de su vida. Su hermano Stefan. No sabía a ciencia cierta los planes que tenía la morena, sin embargo no le daría la satisfacción de manejarlo como un muñeco de trapo para su propio beneficio.

-Perdoname… mi brujita…

Intenaba moverse, liberarse, correr como un desesperado para encontrarla; sin embargo, sabía que sería una mala idea. Su garganta estaba seca, áspera, el hambre le quemaba lo más profundo de sus entrañas restregando cada órgano contra otro como si fuera lija. Sus venas comenzaban a contraerse severamente a causa de la abstinencia de ese vital liquido que le servía para subsistir.

La sangre.

Damon estaba sediento. El más mínimo olor óxido de ese liquido escarlata podría provocarle exponer su bestialidad retrayendo así sus colmillos, hincarlos en cualquier superficie carnosa, blanda y suave para succionar hasta saciar su necesidad primaria. Pero no… Debía ser fuerte, tendría que soportar y no traicionarse a si mismo cometiendo una atrocidad que podría costarle su libertad . Estaba rodeado de magos y brujas que lo detectarían con facilidad y no dudando en clavarle una estaca de madera hasta acabar con su efímera vida.

-Debo escapar… debo decirle la verdad… se que me entenderás… se que tu… tu comprenderás… tu eres buena… gentil…

De nueva cuenta tensaba sus músculos para tratar de liberarse, se arremolinaba contra la silla en espera que las amarras se aflojaran y cortarlas; sin embargo, aquellas estaban impregnadas de verbena, cada que se friccionaba contra ellas le producían un intenso ardor que trataba de soportar frunciendo el ceño y apretando sus parpados. Por instinto, sus colmillos salían a causa del terrible ardor que lo abrazaban.

Ejercía demasiada presión en sus muñecas soportando el suplicio de las amarras cubiertas de verbena, debía ser fuerte a pesar de no haber probado una gota de sangre en mas de un día; que para un vampiro, era equivalente a la perdición. Estaba a punto de conseguirlo pero en ese instante su corazón se rosó con una puntiaguda estaca; aquella estaba enterrada hasta lo más profundo de su cuerpo sin llegar todavía a aniquilarlo.

No debía moverse, cualquier cosa hecha por impulso sería fatal.

-Me alegro que hayas despertado—Se escuchaban unos tacones en aquella casa vieja y polvorienta; aquellos pasos femeninos solo podían pertenecer a una persona que conocía a la perfección de mucho tiempo atrás.

Levantó su rostro con dificultad mostrando sus ojos aguamarina cristalizados, emanaban demasiada furia contra esa mujer que lo tenía cautivo. Pudo apreciar su silueta, tan hermosa y letal que desarmaría a cualquiera con su belleza; pero a él no. Conocía muy bien los pasos de Katherine Pierce aunque estos estuviesen sonando a kilómetros a la redonda. No deseaba darle la satisfacción de verlo sufrir, curvaba sus labios mostrándose tranquilo, tosía solo un poco para dejar escapar algo de su dolor aunque fuese despacio.

-¿El… desayuno está servido?, ¿Dónde quedaron tus … modales Katherine?

-Lamento decepcionarte pero no hice las compras esta tarde, nunca me gustaron los supermercados

Damon tosía con algo de fuerza alejando lo más posible esa estaca puntiaguda de su corazón. Desistiendo de la lucha no satisfactoria, recargaba su espalda en la silla para tener una conversación civilizada con su antiguo amor.

-No te imagino a ti en un Wall Mart comprando cebollas… - Volvía a toser –Aunque sería divertido verte reñir por las ofertas de la semana

-Tu sabes que no es mi estilo querido Damon—La morena alzaba los hombros torciendo levemente su boca. –Para eso suelo tener lacayos que hagan ese trabajo por mi

-La vieja Katherine Pierce, siempre buscando tarados que te limpien el culo

-Que sucio eres— La vampira gruñía mordiéndose el labio. –Creo que reafirmo mi gusto por Stefan.

La morena caminaba unos cuantos pasos hasta llegar a una mesa polvosa, roída por las ratas que alguna vez pasaron por ese lugar en busca de mendrugos. Ahí colocada, se encontraba una botella de Weaskey junto a un tarro repleto de cubos de hielo. Con delicadeza y soltura, tomaba el vaso colocando dos de ellos sirviéndose tres cuartos de la bebida llevándola inmediatamente a sus labios. Damon moría por probar aunque fuese un poco de licor, y aunque no saciara su hambre por completo, por lo menos sería suficiente para tranquilizar el ansia de sangre humana. Aquella mujer lo provocaba de la manera más dolorosa.

La observaba sentarse sobre la cubierta del mueble cruzando las piernas, movía el vaso con demasiada gracilidad, estética, los cubos de hielo chocaban contra el cristal y al mismo tiempo distinguió el sonido de su garganta al tomar el liquido en pequeños sorbos. Aquella mujer se relamía los labios lentamente ladeando su cabello ondulado como si fueran borbotones de chocolate esparcidos por su hombro. Todos aquellos años de vampira le habían servido para pulir sus tácticas de seducción como toda buena mujer chupasangre.

-Siempre preferí a Stefan—Ella suspiraba. –Tenía una clase, un estilo únicos que obviamente mi querido amigo… te faltan. –Contemplaba su bebida un rato. -Era un destripador de mundo, letrado, siempre preocupado por el conocimiento de su entorno hambriento de cultura… Mientras que tú, solo tienes tu hermoso rostro.

-No… solo mi rostro Kat—Damon gruñía fingiendo una sonrisa. –Yo era mejor que Stefy en muchas cosas, ¡Que si no lo sabras tu!... ¡Joder!—Sintió de nuevo la punta del madero tocar el hemisferio sur de su corazón.

-Pues él siempre ha sido el primero en todo… mientras que tu, mi querido guapo, sexy y encantador Damon… Eres y serás siempre la segunda opción—Soltaba una risita cubriendo sus labios un poco.

-Y si soy tu segunda opción… No comprendo que carajos haces… en Londres—

El vampiro sufría penurias en esa silla de madera, las amarras se incrustaban en su piel debilitándolo sobremanera a causa de la verbena esparcida en ellas, su fuerza se reducía al mínimo por la falta de alimento primario. Se sentía débil, patético, ridículo por esa postura donde Katherine Pierce era la triunfadora; sin embargo, debía esperar la menor oportunidad de escapar y regresarle las que se merecía. La morena se levantaba abruptamente acercándose con lentitud a su presencia. Lo observaba, sonreía descaradamente marcando su triunfo, otorgándose la presea dorada por ser quien infringía mas daño. Lo tomaba del mentón para obligarlo darle la cara, Damon sentía las uñas de aquella letal mujer clavarse en su rostro temiendo que en cualquier momento su piel facial se rompiera a causa de la momificación que se llevaba a cabo en su cuerpo por falta de sangre.

No debía moverse, tendría que permanecer en ese lugar hasta encontrar dicha oportunidad, o al menos, hacer tiempo suficiente para buscar el punto ciego en todo ese plan que al parecer, maquinó tan habilidosamente.

-Tengo planes para ti mi querido Damon

-¿Cuáles, si se puede saber?—Respondía el pelinegro con dificultad

-Pienso que ya es momento de sentar cabeza—

El vampiro fijaba su mirada en ella no dando crédito a esas palabras, le parecía extraño que de repente sintiera la necesidad de establecerse en un territorio sin divertirse como era su costumbre. La morena ladeaba su cabeza sonriendo con leve inocencia.

-No me mires así, hasta yo puedo tener ganas de una familia

-No… no te creo Katherine… Como te dije antes, ese no es… tu estilo—Hacía un esfuerzo sobre vampírico para articular las palabras; la madera le quitaba energía con cada segundo que se esforzaba. -Y cual es ese plan… maravilloso del que hablas…

Katherine lo soltaba con brusquedad tomando otra estaca en el piso para clavársela en el muslo derecho. Damon gruñía de dolor, deseaba retorcerse, sin embargo era impedido por aquella que casi atravesaba su corazón. Esa mujer tenía la sangre más fría que una serpiente.

Se volvía a acercar a la altura de sus labios para lanzar su ultima mordida venenosa.

-Quiero exponerte ante ella

Oo**oo**oO

No habían hablado mucho durante el camino, a decir verdad ni siquiera trataban de tocar un tema diferente para distraerse y romper el glacial ambiente que se formaba entre ambos. Hermione frotaba sus manos con mucha fuerza mirando por la ventanilla en busca de algun indicio que le llevara al encuentro de Damon; al carecer de cualquier pista, debía valerse de las habilidades de Draco Malfoy para conseguirlo, aún tragándose el orgullo de solicitar su apoyo.

El rubio conducía por inercia, sus manos afianzadas al volante solo giraban de vez en cuando para virar a otro camino distinto del que llevaban tomado. No comprendía tampoco el sitio donde debía iniciar la búsqueda, sin embargo, sus habilidades de mortífago podrían servir para rastrear su aroma, sus huellas, cualquier cosa que el secuestrador haya dejado como un cabo suelto.

De vez en cuando la observaba por el rabillo del ojo, contemplaba su preocupación, la manera en la que frotaba sus manos tratando de serenarse, el insistente chequeo al celular esperando seguramente una llamada por parte del pelinegro; o al menos, de la persona que lo tenía encerrado. Por dentro estaba furioso, se sentía utilizado cual objeto que luego se desecharía, como si en verdad aquella castaña olvidara por completo lo arrepentido que estaba por ese pasado que marcó su vida. La traición.

Por fin detenía el automóvil, estaba cansado de conducir en todas direcciones sin seguir un patrón específico para llegar a un destino, daba un largo respiro para tranquilizarse recargando su espalda en el asiento frotando sus manos contra su rostro. Estaba frustrado, impotente, enojado, celoso. Todas y cada una de esas emociones se licuaban en su interior para dar como resultado uno de los mas intensos cabreos que nunca en su vida había tenido.

-¿Por qué te detienes?—Espetaba ella

-Porque no tenemos una pista inicial sobre tu noviecito

-Pues debemos encontrar la manera de…

-¡Si tienes alguna idea de donde está me gustaría saberla!—La interrumpía con desesperación propinándole un golpe al volante.

-No.. no lo sé.. –Ella respondía despacio tratando de equilibrar la tensión entre ambos

Ninguno de los dos tenía la idea de donde comenzar, y a pesar de que el rubio había sido entrenado en sus días oscuros para rastrear y perseguir a sus víctimas carecía de alguna primicia o punto de partida. La castaña se sentía frustrada, miraba a ambos lados de la calle con la esperanza de verlo pasar; le gustaba pensar que le había hecho una broma para que escarmentara sobre la discusión matutina que habían tenido. Sin embargo, todo era producto de su desesperada imaginación, su deseo ferviente de volverlo a ver y asegurarse que estuviera con vida.

Draco respiraba hondo para calmarse, aún no aceptaba la idea de ser quien encontrara a su rival de amores; aquel que le arrebataba a su tan adorada castaña. Pasaba saliva tragándose el orgullo y tratar de comprender la situación.

-¿Dónde fue la última vez que lo viste?

Hermione no sabía que responder, el motor del automóvil se escuchaba con más intensidad a causa del silencio espectral que se formaba a raíz de esa pregunta tan reveladora. No sabía si contarle lo sucedido en el cuarto de hotel, la discusión que habían tenido después de pasar una noche tan apasionada, loca y llena de lujuria; en el fondo, se sentía culpable por lo acontecido, pues a pesar de haber disfrutado su cuerpo como toda mujer, consideraba fuera de lugar relatarle aquello. Respiró profundamente, debía pensar con la cabeza fría y sobre todo agotar cualquier recurso que lo llevara al paradero de Damon.

El rubio esperaba una respuesta, cualquiera que fuese para iniciar la búsqueda, pues tenía las habilidades y el conocimiento necesario para llevarlo a cabo; sin embargo, no lograría nada sin saber las causas de la desaparición.

-Sigo esperando Hermione… ¿Dónde lo viste por ultima vez?

La castaña tomaba una gran bocanada de aire antes de comenzar, apretaba sus nudillos contra sus palmas sufriendo por lo que revelaría. Tendría que hacerlo, debía hablar o de lo contrario estarían perdiendo más tiempo, cada segundo que transcurría equivaldría a una ventaja mayor para la secuestradora.

-Muy bien… - Respiraba

-Soy todo oídos—Acotaba él

Con todos los nervios de punta, el deseo apremiante de ocultar su rostro, decidía revelar el lugar donde había estado con Damon. Jamás pensó tener que hacerlo precisamente con él.

-Anoche después de la despedida de soltera de Ginny…

-No me digas que el idiota les bailó en tanga

-¡No!

-¿Entonces?

-Salí de la fiesta, llevaba unas cuantas copas encima, tu sabes que nunca he bebido, no al menos a tal extremo de ponerme como Hagrid con el hidromiel que le regalaba Dumbledore, ¿Recuerdas como se ponía?, si… se ponía muy mal

-Te recuerdo que el guarda bosques no me ve con buenos ojos despues de lo de Bultrick

-Buckbeak

-¡Como sea!, ¿Entonces?

-Bueno… Ya sabes que Hagrid se pone muy loco, de hecho una vez lo pille bebiendo con Harry y…

-¡Ve… al grano!

Hermione se detenía, estaba sumamente nerviosa y preocupada por la reacción que tendría el rubio una vez de enterarse sobre la noche que pasó con Damon Salvatore. Sus manos temblaban; y al hacerlo, el latir de su corazón se incrementaba a velocidad considerable. No deseaba ver a Draco a la cara; pues bien sabía que no tomaría a bien aquella noticia que estaba a punto de declarar.

-¡Damon y yo hicimos el amor en un motel de paso!- Gritaba a todo pulmón como si su misma conciencia le obligara a hacerlo.

El rubio se quedaba pasmado tratando de discernir aquello último; aunque tenía por bien sentada la relación que sostenía con el pelinegro, no deseaba imaginárselos en la misma cama compartiendo caricias, besos, aquellos que alguna vez fueron suyos. No concebía la idea de tener que competir con otro hombre por su cariño, por su atención. Se sentía celoso, lleno de rabia, deseaba arrancar el coche y beber una copa de licor para encontrarse con otra mujer, una que le quitara beso a beso las huellas que Hermione Granger dejó en su vida y que lo marcaban como suyo.

-No puedo… no puedo…

-¿Creerlo?, pues créelo Draco, por que así sucedió— Tragaba saliva. –Era normal que lo hiciéramos, después de todo es mi novio…

-¿Lo amas?

-¿Qué?—Ella se extrañaba por esa pregunta

-¡Que si lo amas con un carajo!

-No hay necesidad de gritar Draco, además lo nuestro se acabó hace mucho tiempo como para que vengas a hacerme este tipo de escenitas ¿No crees?

-No, no lo creo, tú me traicionaste

-¡Cielos!—Hermione soltaba una carcajada sarcástica mirándolo con furia. -¡Mira quién habla de traición ahora!, precisamente el hombre con el que estaba a punto de casarme y compartir mi vida… el mismo que se revolcó un … Viernes.

Draco se quedaba extrañado, enarcaba una ceja aún conteniendo el enojo de lo que se había enterado. Se incorporaba frente a ella aún dentro del vehiculo detenido encendiendo otro cigarrillo para calmarse; necesitaba bajar la intensidad de la discusión si no deseaba que otra guerra campal se sucitara en las calles de Londres.

-¿Por qué piensas que fue un viernes?

-Fácil Draco—Aseguraba ella. –Una mujer es mucho mas observadora que un hombre, y no estoy comportándome feminista, te aclaro—Hacía una pausa guardando el teléfono celular en su bolso. –El día que los soprendí la maldita zorra tenía unos pantis con esa leyenda.

-¿Qué?

-¡Ay Draco por favor!, no me salgas con tonterías de hombre "Amnésico", pues no te vi drogado o maldecido—Hermione hablaba de algun hechizo que pudieron utilizar en su contra.

Recordaba aquella ocasión cuando subió a su departamento emocionada por haber escogido el vestido ideal que llevaría ese día tan especial para ambos. Subía las escaleras tan contenta que deseaba brincar de felicidad tocando todas las puertas para que todos se enterasen de su completa dicha. Abrió la chapa del mismo para llevarse la sorpresa que cambiaría su vida por completo. Draco estaba enredando sus manos sobre la espalda de una mujer que no podía distinguir con claridad por la media luz; sin embago, la ropa interior de aquella intrusa, claramente decía la palabra VIERNES en ella.

-Así que si tuve sexo con Damon, o con cualquier hombre es solo mi problema, es mi cuerpo y yo decido a quien se lo regalo—Daba un largo suspiro para responderle con la misma sonrisa. – La soltería tiene sus beneficios.

Draco no deseaba discutir, si deseaba recuperar a Hermione debía mostrarse mas flexible de lo normal comprendiendo aquella situación a pesar de estarlo matando poco a poco. Le encantaría encontrar a Damon por su cuenta, le provocaba cierto placer la sola idea de golpearlo hasta el cansancio por haber tocado algo que le pertenecía, haber besado unos labios que eran suyos, mancillando un cuerpo del que solo él, era amo y señor absoluto.

El rubio consideraba a Hermione como suya, de nadie más. Aún no perdía la esperanza de hacerla volver y que recordara esos momentos especiales que pasaron juntos; la intensidad del amor prohibido y condenado que lo hacía sentir vivo, importante y amado.

-Dame algo que haya pertenecido a ese…. Bueno a él—Sugería al platinado tragándose duramente el orgullo.

-No tengo nada

-¿No tienes nada de el?, ¡Me extraña!, te lo tiraste en un hotel y no tienes nada.. ¡Vaya!

-Pues aunque no lo creas, no me ha dado nada significativo

-Entonces lo suyo no es real

La castaña estaba a punto de espetar aquel punto, levantaba su dedo índice para comenzar una nueva discusión pero recordaba la verdadera relación que tenía con Damon; no eran más que una de compra venta de "servicios", un escort, un.. Amor de alquiler.

-Eso no te incumbe Draco—Pasaba saliva. –Lo que se me ocurre es que tenemos que ir a buscar algo que haya dejado por la carretera, o quizá…

-¿Quizá qué?—Insistía el rubio

-Damon fue por un par de hamburguesas al merendero cercano al motel

-¡Que pésimo gusto debo decir!, Yo te llevaba a mejores lugares que ese patético cuchirtril de dudosa procedencia.

-¡Ya basta Draco!—Ella le imperaba deseando propinarle una bofetada, sin embargo contenía sus ganas para concentrarse en la búsqueda.

-No sé si las bolsas, el dinero con el que pagó, o alguna cosa podría servir para rastrearlo

-Tu sabes que el dinero no es rastreable, lo sabes mejor que nadie, de hecho me sorprende que tu capacidad deductiva se haya reducido Hermione—El rubio se acercaba poco a poco a ella sonriendo con suficiencia. –El dinero, el papel moneda siempre pasa de mano en mano, además no es una propiedad, solo un documento de transacción.

La castaña se sorprendía por aquel comentario, tenía toda la razón en ese punto. El dinero no era una propiedad sino un activo circulante.

-Entonces estoy perdida

-Vamos Gryffindor, ¿Tuviste el valor para darme un puñetazo en tercer año y no lo tienes para esto?—El rubio hacía una pausa. –Vamos, no hay tiempo que perder.

Hermione se sorprendía demasiado por la actitud tan positiva de Draco, no obstante, aún seguía pensando que sería inútil encontrar alguna cosa que le perteneciera. Probablemente era buena idea regresar a su casa para tomar una de sus camisas y comenzar la búsqueda desde aquel punto; sin embargo, se retrasaría considerablemente contando con que su tiempo estaba contado, las manecillas del reloj no se detendrían en absoluto.

Pisaba el acelerador con mucha fuerza; jamás había visto a su exnovio ser un experto en conducir un automóvil, notaba que ahora que estaba adaptándose a la vida de los muggles le servía para encontrarse consigo mismo y enmendar los errores del pasado. Por un momento sonreía de satisfacción de ser la causante de ese cambio tan favorecedor en su vida.

Tomaban la carretera que conducía a la ciudad de Nottinham; el sitio arquitectónico que tanto les gustaba para visitar, vacacionar y apreciar. La oscuridad se comenzaba a cernir en todo el camino llenándolo todo de penumbra. Draco sin pensarlo dos veces, encendía las luces altas para alumbrarse y evitar así un accidente que les costaría la vida; se abrochaba el cinturón indicándole a su acompañante hacer lo mismo. Necesitaba observar el entorno, conocer el sitio para imaginar la escena donde Damon podría haber caminado.

-Ve más despacio—Ella le imperaba con suavidad y al instante el rubio accedía.

Cuando por fin el vehículo pudo conducirse a una velocidad moderada , la castaña volteaba analítica a todos los rincones de aquel camino; el hotel donde habían pasado la noche no quedaba lejos de ese punto. Continuaba frotando sus manos, apretaba su bolso extensible con la esperanza de recibir otra llamada de su parte; sin embargo, el celular continuaba aletargado.

En ese instante algo captó su completa atención.

A lo lejos, podía distinguir claramente el reflejo de una luz brillante, diminuta, tan pequeña que cualquier ojo podría pasar por alto y continuar en carretera; pero la castaña era tan intuitiva que cualquier tipo de sonido, vestigio y señal podría darle una de las mejores pistas sobre cualquier cosa.

-Detente ahí—

-¿Dónde?—Preguntaba el rubio concentrándose en el volante.

-Ahí—

Draco no tuvo mas remedio que orillar el auto en el sitio que la chica le indicaba; al detenerlo, se quitaba el cinturón de seguridad sacando las llaves de la ranura y salir para observar lo que Hermione había encontrado. La castaña sin tardarse otro segundo más, abría su portezuela sin dejar de mirar ese punto que captó su atención desde varios kilómetros atrás. Le parecía extraño poder distinguir algo tan pequeño y a la vez tan brillante que llegaba a pensar que podría tratarse de su imaginación proyectando cualquier cosa.

-¿Y bien?—Comenzaba él sacando su cigarrera para introducir un tabaco en su boca. -¿Qué es lo que se supone que buscamos Hermione?

-Eso—Señalaba el punto brillante que parecía una diminuta estrella caída en las inmediaciones de ese bosque de coníferas. Se acercaba para tomarlo entre sus dedos sacudiendo la tierra que lo cubría.

-¿Y de que se trata?—Preguntaba Draco dudoso.

Hermione observaba la pieza diminuta; no era la primera vez que la veía, pues esa misma adornaba una mano en especial que conocía a la perfección, aquella que tenía un valor sentimental para ese hombre que llevaba conociendo casi una semana completa. Observó el grabado en plata, el escudo en alto relieve acuñado sobre una piedra azul celeste. Sonría satisfecha, pues no solo tenía entre sus manos algo que le ayudara a buscar a Damon sin equivocaciones; sino algo demasiado unido a él que le garantizaría el éxito de encontrarlo.

-Su anillo – La castaña curvaba sus labios intensamente, volteaba a la dirección del rubio para acercarse y mostrárselo. –Su anillo de lapislázuli.

-¿Qué tiene eso de especial?

-Nunca se lo quitaba— Lo mostraba con demasiada seguridad. –Qué mejor que esto para encontrarlo—

Draco notaba una sonrisa en sus labios, sus ojos emitían un brillo especial indescriptible, único, exactamente el mismo que alguna vez le dedicó hace mucho tiempo cuando aún su amor era intenso; sin embargo, esa mirada, ese entusiasmo, esa energía pertenecía ahora a otro hombre. Sintió ganas de desaparecer, pues palmo a palmo perdía cualquier posibilidad con ella como si se tratara de agua desvaneciéndose entre sus dedos. Tragó saliva, daba una calada profunda a su cigarrillo para evitar llorar como un crío, aunque sus ojos grises contemplaban claramente a una chica… que no estaba enamorada de él.

-Comencemos entonces… No queremos que … sufra ¿Verdad?

Hermione no sabía que responder, desviaba la mirada ocultando lo evidente. El amor que sentía por Draco Malfoy se había esfumado. No se dio cuenta el momento exacto en que eso sucedió, que su vida cambió, sus sentimientos dieron un giro tan precipitado que no lo asimilaba del todo. Sin embargo, no podía seguir mintiendo, no deseaba continuar negando lo que era tan evidente.

Su amor por Damon Salvatore.

-Te lo suplico Draco… en nombre de lo que alguna vez sentiste por mi…

-Aun lo siento Hermione—El se acercaba a su presencia, tocaba su mejilla con demasiada ternura. La castaña podía escuchar a su corazón romperse en añicos, y por ende, un par de lágrimas se hacían presentes.

-Y no, no me cansaré, no me detendré hasta recuperarte, no me importa tener que competir contra él, ¡Lucharé por ti!, no puedes… olvidar nuestro amor Hermione… no puedes…

-Draco…-Ella desviaba la mirada, evitaba tener cualquier contacto visual martirizándose sobremanera.

-Tenemos que encontrarlo, y más le vale seguir con vida por que de esa manera… Podré romperle la maldita cara… por robarme tu corazón.

Hermione de nuevo sintió el rubor en sus mejillas, el calor que su cuerpo emitía por el solo tacto de ese rubio que sin querer, también le robaba el aliento. Sabía que sus sentimientos habían cambiado, y ahora que tenía por bien sentado sus sentimientos por Damon, sabía que no se daría por vencido como todo buen Slytherin.

Ella decidió caminar, mientras tanto, aquel rubio la seguía con la varita en ristre en espera de más pistas. En ese instante, algo acaparó su atención; un camino de sangre se encontraba coagulado en dirección al profundo bosque de enormes pinos. La castaña por inercia sacaba su varita para convocar un lumus e iluminarse; su corazón comenzaba a palpitar de manera impresionante al pensar la suerte que el pelinegro estaría corriendo en ese lugar.

Se abrían paso hasta la profundidad, y a pesar que ambas luces podrían detectar la presencia de ramas, hojas, e incluso a unos pumas que atravesaran por el sitio, su visibilidad era bastante limitada. Hermione se detenía de repente al escuchar claro y fuerte los gritos de una mujer.

-¿Escuchaste eso?

-Si, viene de ahí—Draco señalaba el lugar

Aquel sonido se agudizaba a medida que se adentraban al bosque. La castaña pasaba saliva con dificultad al darse cuenta que ahora era un grito masculino lo que se escuchaba en el entorno. Ambos se miraron contrariados decidiendo prepararse para todo, tendrían que indagar mas al respecto ya que pensaban que por fin habían encontrado algo que el ministerio de magia buscaba con tanto esmero.

El vampiro causante de varios asesinatos.

-Detrás de mi Hermione—Le indicaba el rubio adelantando su paso para ponerse al frente y no permitir que nada le pasara.

La castaña no le tomó importancia a esa petición tan misógina; ahora lo más importante era saber el destino de ese camino de sangre que continuaba esparcido por el suelo. Concluía que se encontraban bastante cerca de su objetivo y solo faltaban algunos metros para llegar a ese lugar donde la secuestradora lo tuviera cautivo.

-¡Oh por Salazar!—Draco se alarmaba al ver claramente algo que lo dejaba petrificado

-¿Qué pasa Draco?, ¿Por qué te detienes?

-Mira esto… no va a ser bonito lo que encontraremos

Sin detenerse en más explicaciones, la castaña se adelantaba unos pasos para observar lo mismo que el rubio. Se llevaba una mano a la boca, abría sus ojos como platos centrando la luz de la varita en lo que parecía ser un cuerpo sin vida, arrojado a ese bosque de manera brutal que costaría el trabajo del forense localizarlo. El cadáver pertenecía a una mujer de aproximadamente treinta años; los arañazos en la espalda y la falda corta rasgada daban la clara señal de un intento de defensa fallido. Ponía especial cuidado en su cuello, la sangre que se cuajaba en esa area mostraba una mordida amplia junto a dos orificios.

-El vampiro

-Lo sé –El platinado sin pensarlo dos veces tomaba una de las ramas partiéndola a la mitad con la ayuda de su rodilla. Le entregaba un extremo a la castaña y imperándole con señas que no bajara su varita. –Debemos estar alerta

Continuando con el camino se encontraban con otro cuerpo; esta vez, era de un hombre afroeuropeo que vestía una camisa a cuadros de franela y un pantalón de mezclilla azul pálido. Volvieron a mirarse entre si comprendiendo que ese chupasangre estaría tan cerca de ellos que bien podría sorprenderlos a la menor oportunidad.

-Creo que Potter tendrá que retrasar su boda

-Eso ni lo sueñes Draco—Acotaba –Si nos hemos de encontrar con ese vampiro, nosotros mismos lo capturaremos y lo llevaremos a Azkaban—Aseguraba ejerciendo fuerza al empuñar su varita al frente.

-No te confíes Hermione, los bastardos son rápidos, ágiles, podrían desarmarte si no estás preparada.

-Hablas como si los conocieras

-Los conozco—Respondía al instante. –Recuerda que Voldemort hizo una alianza con ellos.

Sin detenerse, proseguían con su andar esta vez apresurado, no se percataron que alrededor de ellos había algunos cuerpos tirados, sin una gota de sangre. La castaña pensaba lo peor, pues se imaginaba que Damon había sido atacado por ese malnacido que ahora les daba problemas. A decir verdad, prefería a la secuestradora anónima que a ese mounstro.

-Ahí esta— La castaña observaba que Draco elevaba su varita a la altura del otro extremo del bosque. No lo distinguía a la perfección, por lo que tuvo que acercarse considerablemente para reconocerlo.

-¡Sal de ahí maldito engendro del demonio!—

A cierta distancia podría observar la figura de un hombre que devoraba deliberadamente a su presa; se encontraba en cuclillas sosteniéndola con ambas manos como si se tratara de una fruta que exprimía hasta dejarla seca. Ambos pudieron escuchar el sonido de su garganta saciándose de esa mujer que ahora con los ojos desorbitados, pensaba seguramente que sería su último soplo de vida. Aquella figura, no les prestaba atención; solo se concentraba única y exclusivamente en alimentarse en forma desesperada.

-¡Lumus Solem!—Un rayo amarillento se desprendía de la punta del madero de Hermione al instante.

Aquel encantamiento golpeó la piel de ese hombre siniestro que drenaba a su victima provocándole un ardor en su cuerpo. Gritaba, lo podía escuchar claramente desde donde estaba, se alejaba de la infortunada mujer para retorcerse de dolor mientras que la castaña decidía acercarse para infringir más daño. Deseaba dejarlo sin fuerza alguna par poder llevarlo al ministerio y que los aurores se encargaran del resto.

Hermione acercaba su varita al rostro de ese hombre para reconocerlo, deseaba ver el rostro que tenía el tan afamado vampiro suelto. Y cuando lo hizo, unos ojos negros la miraban con intensidad a través de las quemaduras graves que se llevaba a raíz del encantamiento de luz solar.

-No… No puede …

La castaña dejaba caer su varita; el sonido de la madera chocaba contra una piedra que se encontraba a solo unos centímetros de donde estaba. Por fin pudo distinguir claramente al responsable de esos asesinatos, a aquel que el ministerio estaba buscando por días enteros con la frustración de no encontrarlo. Draco a su vez también miraba sorprendido la verdadera identidad de ese vampiro, tomaba su varita para hacerle frente.

Había llegado su oportunidad, y al saber la verdad, no dudaría en matarlo.

-No… Tu no puedes… Damon—

La piel del vampiro comenzaba a regenerarse. Cada fisura provocada por el encantamiento del sol sanaba considerablemente y en cuestión de segundos; aunque sus ropas todavía seguían desgarradas, polvorientas, aquel cabello oscuro se encontraba despeinado y sucio. Se levantaba de manera robótica, como si fuese producto de la maldición imperius, y al ponerse completamente de pie se colocaba de espaldas.

Hermione tenía sus manos temblorosas, unas lagrimas copiosas salían de sus ojos encaminándose a su varita para terminar con el trabajo.. Sabía lo que tenía que hacer, era su deber mantener el equilibrio y entregar a ese vampiro a las autoridades competentes.

-Esto se pone cada vez mas divertido—De repente el rubio sostenía su propio madero entre sus manos, se acercaba firmemente sin bajarlo un centímetro apuntando la espalda de ese vampiro.

-Ahora que se… que eres un vampiro, tu muerte será mas fácil… Damon Salvatore.

La identidad del pelinegro había sido descubierta, aquello que se empeñaba ocultar con tanto esmero por fin salía a la luz para mostrarse a si mismo sin máscara alguna; era su destino, su estampa, su karma, algo con lo que debía aprender a cargar durante toda su efímera vida. Ahora, el amor que sentía por Hermione no importaba, debía hacer algo, tendría que evitarse ese dolor, esa pena, esa maldita carga que lo seguiría por siempre.

Se giró por fin lentamente para darles la cara. La castaña no deseaba mirarlo, sus emociones producían un choque magnetico donde la posicionaban en un punto estático donde difícilmente podría tomar alguna decisión al respecto. Permanecía hincada cerrando sus ojos deseando que todo aquello fuera un mal sueño; una pesadilla.

El rostro de Damon era poético, su mentón estaba cubierto de sangre, sus labios ahora rojo carmesí mostraban a la verdadera bestia, la razón por la cual no tenía derecho a nada mas que a la muerte, al infierno mismo. Sus ojos negros se desvanecían para dar lugar a los intensos y hermosos aguamarina que Hermione conoció la primera vez.

La miraba, una lagrima cruzaba su mejilla mezclándose con la sangre de sus labios. Damon estaba resignado, preparado… mas no derrotado.

-¡Lumus Solem!—Draco lanzaba el hechizo lanzándose a su vez con la estaca de madera al pecho del pelinegro

Mientras tanto los ojos del vampiro volvían a tornarse negros, sus colmillos retraídos se encontraban filosos y dispuestos a asesinar, a matar, a destrozar como era su costumbre.

-Mala idea oxigenado de mierda… Mala idea—Damon se lanzaba sobre Draco a gran velocidad dispuesto a acabar con su vida.

-¡No!—

Hermione solo podía observar a dos hombres que se lanzaban el uno al otro disupestos a matarse.