Aún se encontraba ligeramente nervioso por la reciente llamada recibida, sin embargo decidió serenarse para mostrar su mejor cara y no despertar sospechas ante su clienta. Mientras caminaban al interior del castillo notó que el hombre de estatura considerable les sonreía para alejarse de su presencia y continuar con cualquier cosa que estuviera haciendo antes de recibirlos en la estación respectiva. Guardó sigilosamente su celular acercándose a Hermione ofreciéndole una gran sonrisa como muestra de lo fascinado que estaba con ese lugar tan imponente y majestuoso.

La castaña continuaba levitando el equipaje al subir por unas escaleras que a lo lejos Damon consideraba interminables. Daba gracias a su condición vampirica el no tener que cansarse en el intento y exhalar grandes cantidades de aire debido a la agitación que una escalinata de esa magnitud traería consigo. Ambos contemplaban cuidadosamente los bosques, las montañas que se alcanzaban a apreciar a lo lejos cubiertas de un intenso y espeso verde vivo junto a un gran espejo oscuro que aunque tranquilo; su interior albergaba a todo un reino de sirenas que Hermione Granger conocía a la perfección.

-Ese es el lago negro—La castaña se detenía en un rellano para apuntar directamente a ese lugar para contarle un poco de su historia. Damon se detenía junto a ella sintiendo el viento fresco acariciar su rostro; no cabía duda que aquel sitio resultaba tan apacible y parecido al de su natal Mystic Falls.

-El lago negro…-Replicaba Damon- ¿Está hecho de petróleo?

-No—Respondía ella al instante. –Se le llama así por que a simple vista no puedes distinguir el centenar de crituras mágicas que habitan en él.

-Entonces quiere decir que son moluscos que se transforman en cualquier cosa—El vampiro sonreía con descaro observando que su acompañante fijaba su mirada en esa masa gigante de agua. – No me sorprendería que Bob Esponja y Patricio Estrella salieran a darnos la bienvenida como Pie Grande.

-¿Cómo llamaste a Hagrid?—Ella lo fulminaba con la mirada. –Rubeus Hagrid no solo es el guardabosques del colegio sino uno de los más grandes conocedores en cuanto a criaturas mágicas.—Ella suspiraba. –Incluso los conoce mejor que yo.

-¡Pues cásate con el!, despues no te quejes si tus hijos te suben al armario o arriba de ese maldito árbol.

Hermione lo contemplaba soltando una risotada por aquel comentario, jamás se hubiera imaginado que precisamente el semi gigante fuera causante de una discordia. Observaba que el pelinegro apuntaba a un árbol especial, aquel que servía como protector de los alrededores de la escuela; tan imponente y receloso de su propio territorio que ninguna persona se atrevía ni de broma a cruzarse en su camino.

-Ese árbol al que mis "hijos gigantes" me subirán es el sauce boxeador.

-¡Si Claro!, y ese de allá baila break dance ¿Cierto?

El vampiro fijaba sus ojos aguamarina molestándose un poco por la evidente burla de la que era objeto por el solo hecho de desconocer cada parte de ese imponente castillo como si se tratara de una misteriosa disneylandia. Hermione por su parte contenía a toda costa las ganas de reir a carcajadas por observar su mirada desconcertada acompañada de comentarios desesperados para salir del paso.

-El sauce boxeador ha existido mucho antes de la fundación de Hogwarts. –La castaña se acuclillaba tomando una roca que estaba a centímetros de ella. –Wingardium leviosa—La hacía levitar sin dejar su mirada triunfante. –Repulso—Aquella roca salió disparada teniendo como blanco ese árbol irregular al que se estaba refiriendo, mientras tanto el pelinegro se giraba observando que era lo similar a un proyectil que se estamparía con el tronco.

En ese instante, el árbol reaccionó de forma automática moviendo una de sus gruesas y pesadas ramas para desviarlo sacudiéndose al mismo tiempo. Damon abría sus ojos al observar con toda seguridad que aquel mismo se había protegido de un ataque que bien no podía ser severo; sin embargo de algo estaba completamente seguro. No se cruzaría por su camino aunque le ofrecieran diez millones de dólares por hacerlo.

-Joder… Joder…la piedra… el árbol… la golpeó

-Si—La castaña lo tomaba del hombro acercándose a su oído. – Madera pura Damon, creo que te has topado con tu Némesis, así que si no conoces algo no está de más preguntar y respecto a Hagrid, espero que sea la última vez que lo llamas "Pie Grande" en mi presencia ¿Quedó Claro?

Damon se daba cuenta que había cometido una imprudencia de dimensiones colosales al mostrarse como un completo tonto al catalogar a ese hombre de manera simple y neófita. Desvió la mirada frunciendo un poco sus ojos como si de un niño regañado se tratara, en cambio la castaña no pudo evitar sentir ternura ante tal muestra no verbal de arrepentimiento.

-Perdon…-El vampiro rodaba los ojos juntando sus labios haciendo lo más parecido a un puchero infantil. – Te recuerdo que soy … bueno… un vampiro, pero debes reconocer que no hay arboles vivientes en cada esquina de Nueva York. ¿Te imaginas uno en Central Park?

-Mejor hay que avanzar—Hermione soltaba una risotada continuando con la escalinata respectiva a la entrada del colegio. Damon le seguía el paso deteniéndose en cada detalle arquitectónico que contemplaba, no despegaba su vista del imponente lago negro que debía contener un millar de especies tan increíbles como la castaña se lo había descrito.

Sintió la necesidad de abrazarla, tomarla de la cintura y subir con ella hasta esa entrada para demostrar aunque fuera una mentira que era su dueño absoluto, su hombre, su macho. El único que estaba a la altura de una chica tan inteligente y hermosa como lo era esa singular castaña. Sin quedarse con las ganas deslizó levemente la mano por su cintura acercándose galantemente a su oído y susurrar unas palabras. Hermione al sentir su contacto solo se mordió el labio inferior cediendo ante tal muestra de afecto, de arrebato cursi y meloso que no creyó jamás volver a obtener por parte de ningun hombre.

-¿Podría secuestrarte y hacerte el amor en la orilla de ese maravilloso lago?—Damon paseaba sus labios carnosos olisqueando el exquisito cuello de su acompañante. Hermione sintió que su piel ardía, sus instintos despertaban al compas de esas caricias estratégicas que el pelinegro le brindaba mordiendo su labio con mas intensidad casi hasta sangrar.

-Suena tentador Damon—Hablaba despacio, pues aquellas manos caucásicas estaban ganando terreno deslizándose por su diminuta cintura. –Pero hay algo más que debo mostrarte, y creo que hará su aparición en… -La chica alzaba su muñeca para verificar su reloj. Damon entre tanto la miraba ceñudo esperando que no hubiese mas sorpresas inesperadas.

-¡Ahí está!—Señalaba de nueva cuenta el lago y por inercia el vampiro pelinegro volteaba.

En ese instante el gran espejo oscuro que al principio observó tranquilo y apacible comenzaba turbarse en ondas que se expandían a causa de algo que intentaba emerger de el. Los ojos aguamarina, grandes, expresivos y desconcertados de Damon se abrían como platos al observar con toda claridad que una figura gigantesca salía desde adentro como si de un submarino del ejercito se tratara. Un par de tentáculos chapoteaban el lago como si fuese un bebe disfrutando su baño en una tina inflable, un extraño y estruendoso sonido salía desde el fondo de esa criatura parecido a un reptil que deseaba alimentarse.

El vampiro pelinegro se quedaba petrificado al escucharlo, sus manos se relajaron un poco abriendo la boca como si estuviese ante la presencia de un mamífero prehistórico que habitaba en las profundidades. En cambio Hermione no se inmutaba, aunque recordó la primera vez que lo había visto salir al exterior cuando tenía solo doce años. Se acercó con lentitud tomando con suavidad las manos caucásicas de su acompañante para susurrar a su oído.

-Te presento al calamar gigante, ha habitado el lago negro desde el paleolítico superior, es generalmente inofensivo si no te le acercas demasiado—Suspiraba. –La única criatura que respetan las sirenas.

-Si.. si… sirenas…

-En efecto, sirenas—Besaba con suavidad la mejilla de su ahora atemorizado acompañante. –Creo que Frank Christian Andersen nunca se dio un recorrido turístico por este lago, sencillamente las sirenas distan mucho de tener figura humana.

-Entonces… también son…

-Son grotescas—Hermione lo abrazaba con suavidad por la espalda. –Guerreras por naturaleza y en extremo recelosas y territoriales, sin embargo su voz es maravillosa, incluso muchos dicen que su canto es parecido al de los ángeles.

-Cómo… -Damon tenía cierto falsete en su voz que al momento corregía con un carraspeo.

-¿Cómo pueden dejar… a una criatura como esa habitar aquí?, hay niños ¿Qué nó?—Hacía una pausa -¿No sería más sencillo tener un conejillo de indias o un pony?

Hermione soltaba una risotada recargando su mentón en el hombro de aquel vampiro que continuaba impresionado por el gran tamaño de esa criatura. Para ella era inevitable contemplar su hermosura, pues no cabía duda que Damon Salvatore se veía tan atractivo, tan gallardo aún con su semblante temeroso y asustado.

-Este es su hábitat natural Damon, él no esta invadiendo ningun lugar—Echaba un vistazo al lago donde el calamar gigante daba algunas vueltas disfrutando de algunos rayos de sol antes de volver a introducirse a las profundidades. –En todo caso nosotros seríamos intrusos para él

Damon agrandaba sus ojos, a pesar de estar impresionado disfrutaba la forma en que su acompañante lo abrazaba, lo tocaba, lo cuidaba e instruía sobre ese mundo tan fascinante y hermoso que jamás en su vida pensó que existía. Entrelazó sus dedos a los contrarios esbozando una sonrisa.

-No saldrá de ahí, es decir… No tiene pies ¿Verdad?—Preguntaba fingiendo seguridad en sus palabras, y por consiguiente volteaba de reojo con la castaña para confirmarlo. Hermione se quedaba en silencio con actitud dubitativa haciendo que el vampiro tuviera un ligero temor que recorría su cuerpo. -¿Tiene pies?

-No, no los tiene descuida—Suspiraba de nuevo. –No saldrá de las profundidades con el firme propósito de comerte, a menos que tengas sabor a salmón.

-Agradezco no ser Aquaman—Respondía el vampiro.

La castaña decidió intentar algo diferente, le encantaba la manera en que su acompañante contemplaba cada una de las cosas que ese misterioso colegio de magia albergaba. Tomó su varita con la mano libre apuntándolo a la sien sin dejar su sonrisa apacible. El vampiro pelinegro se quedó pasmado y levemente alarmado de tal acción que deseaba apartarse un poco, no obstante observaba la expresión de Hermione tan tranquila que decidió no moverse.

-¿Confías en mí?—Ella preguntaba con suavidad.

-Ciegamente Hermione—Le acarició la tersa mejilla con su dedo índice junto a una cálida y galante sonrisa.

-Cierra tus ojos, abre tu mente y concentrate en solo el sonido, ¿Podrías hacerlo?

Damon asentía lentamente cerrando sus ojos como tal y como la castaña le había instruido. Relajó sus músculos colocando sus brazos al costado sintiendo a su vez el viento fresco del atardecer acariciar su rostro, aspiraba el aroma a bosque y coníferas acompañado de un toque húmedo proveniente de ese lago oscuro donde el calamar continuaba disfrutando de su salida corta a la superficie. Hermione apunto le apuntó a la sien cerrando también sus ojos.

-Sonorus Climata—Con un suave susurro un hilo rosado salía de la punta del madero extendiéndose por la cabeza de Damon envolviéndolo con lentitud hasta apoderarse de sus sentidos por completo.

El vampiro al principio se sintió extraño, como si parte suya se desprendiera de su cuerpo transportándose a un lugar desconocido. Al principio tuvo un poco de miedo pero recordaba las cálidas y tranquilas palabras de su castaña implorándole confianza, así que decidió serenarse dejándose llevar por el conjuro hasta descubrir lo que tanto ansiaba mostrarle. Fue en ese momento que sintió más humedad que de costumbre, un extraño aroma tierra mojada comenzaba a penetrar en sus fosas nasales pareciéndose al ya conocido en su natal Mystic Falls.

Recordó las majestuosas cascadas cerca de Fells Church, los acantilados acorazando el lago de ese pueblo de donde era oriundo, el sonido de las mismas al caer en abundante espuma. No obstante este era diferente, incluso el sonido del calamar comenzaba sentirse mas cercano, mas imponente, incluso más siniestro a tal grado de infundirle un poco de temor. Al adentrarse más al encantamiento escuchaba otros sonidos diferentes, esos mismos debían ser las otras criaturas de las que tanto le había hablado Hermione.

A lo lejos podía distinguir una serie de cantos, distintas voces conjuntadas en armonía para armar lo más parecido a un concierto que no en todos los lugres se escuchaba. Aquellos sonidos tan bellos eran provenientes del lago negro, desde las profundidades oscuras para ser exactos. Pudo sentir que el sonido amortiguado del agua era opacado por los hermosos acordes vocales que se producían.

Disfrutó el concierto, se enamoró completamente de aquellas figuras que a pesar de no verlas se podían escuchar rondando por su cabeza como si le dedicaran ese espectáculo. Ese tipo de cantos eran los mismos que los coros de las iglesias trataban de imitar con arduas sesiones de estudio, sin embargo notaba que esas voces eran completamente naturales, nacidas y producidas por gargantas prodigiosas que sin esperar fama o reconocimiento alguno emergían desde las profundidades de ese misterioso lago.

-Finite…

Damon regresó con suavidad a la tierra, no se había movido ni un centímetro del rellano donde se detuvieron a contemplar sin desearlo al calamar gigante que ya se había introducido de nuevo a las profundidades. Observó con claridad que el lago recuperaba su tranquilidad como si ninguna criatura hubiese salido a tomar un poco de sol, los arboles se mostraban más quietos, el viento continuaba con suavidad acariciando su rostro. Cuando por fin abrió los ojos, una chica con rostro de niña lo continuaba esperando.

-Hermione…- El vampiro habló con suavidad. –Ese es el canto de las sirenas ¿Cierto?

La castaña asentía con la cabeza volviendo a tomar la mano de su acompañante para seguir con su camino. Damon en cambio continuaba maravillado con ese concierto profundo que le había mostrado, como si la paz se albergara en su corazón después de tantos años, pues esas voces lograron tranquilizar cualquier mal sentimiento o preocupación que hubiera sentido antes de escucharlo.

-Deben esperarnos en el patio principal—Indicaba la castaña subiendo las escaleras.

Pudo haber realizado una desaparición hasta ese sitio, sin embargo decidió disfrutar centímetro a centímetro el olor de su alma matter, su segunda casa, el lugar que la mantenía tan viva y a la vez al filo de la muerte. Un sitio que llegó a convertirse en su más grande pasión en sus días de infancia, el lugar donde conoció a sus inseparables amigos afianzando una relación duradera así como también sus amoríos, sus decepciones y sus lágrimas.

Las escaleras por fin se habían termindo para dar lugar a un grande y extenso patio cubierto por algunas hojas de color marrón secas que se esparcían por algunas partes del grueso adoquín. Hermione reconoció inmediatamente las columnas que formaban arcos enmarcando ese territorio, las bancas de cantera distribuidas a lo largo que servía como descanso y lugar de estudio para todos los estudiantes del colegio. Damon se quedaba pasmado al encontrar ese sitio como lo más parecido a un castillo encantado donde todas las criaturas; incluso las no descubiertas podrían salir en cualquier momento para darle un susto de muerte.

Ambos se encontraron con otra figura que los recibía, una mujer delgada ataviada con una túnica de color azul turquesa. El vampiro pelinegro abría sus ojos como platos al poner atención en su sombrero puntiagudo volviendo a recrear los cuentos que su madre le contaba sobre el Mago de Oz; y en específico a la bruja del oeste. Pues aquella esbelta figura era la viva imagen que su mente recreaba cada que Madelaine Salvatore le relataba sobre su maldad tratando de frustrar el camino a casa de Dorothy Gale, solo que esa mujer carecía de color verde en la totalidad de su piel como aquel personaje fantástico.

-Una bruja…- Damon decía en susurro.

-¡Que observador!, te recuerdo que yo también soy una—Hermione rodaba los ojos mientras se encaminaban a paso lento a la presencia de la mujer que los esperaba. El vampiro en cambio solo sonreía con cordialidad para evitar mostrarse asustado.

-Pero tu te ves absolutamente normal

-¿Entonces todos aquí son anormales?

-No es eso—Respondía Damon al instante. –Tu eres un bomboncito, me bañaría en tu sudor si pudiera.

-¡Damon! Eso es asqueroso.

-Prefiero que sea tu sudor al de Hanging

-¡Damon!- En ese instante Hermione sintió una pequeña arcada debido a la leve nausea que le producía el solo imaginar los fluidos de su amigo semi gigante.

-Sabia que harías eso…

En ese instante la castaña deseaba espetarle cualquier cosa, comenzando por corregir el nombre de su amigo guardabosques, sin embargo se encontraban ahora a unos pasos de la bruja que los esperaba con una sonrisa en los labios. Ella tuvo que mostrarse tranquila borrando a toda costa la imagen grotesca y poco agradable que se le vino a la mente sobre Hagrid y el sudor. Aún sus ojos estaban cristalizados debido al asco, pero al contemplar la imagen de la ahora directora del colegio no tuvo mas remedio que mostrar su mejor cara.

-¡Hermione Granger!—La voz de la mujer anciana sonaba emocionada. Miró el leve enrojecimiento en sus mejillas arqueando una ceja. -¿Te encuentras bién?

La castaña deseaba asesinar a Damon a causa de su comentario asqueroso y poco fino. Sonrió como nunca estirando la mano para saludar a su antigua jefa de casa quien los había esperado al saber que arribaron en tiempo y forma. El pelinegro vampiro solo sostenía su sonrisa esperando su turno para decir palabra mientras que por dentro moría de ganas de soltar carcajadas sonoras apuntándose un rotundo triunfo ante la chica.

-Directora McGonagall, es como siempre un placer Sudarla… ¡Saludarla!— Corregía al instante, y entre tanto al profesora solo se sobresaltaba un poco al creer no escuchar adecuadamente.

-Ha pasado mucho tiempo despues de que egresaste del colegio—La profesora tomaba la mano de su antigua estudiante predilecta entre las suyas ofreciéndole una cálida sonrisa de bienvendia, sin embargo la castaña aún no se quitaba de la cabeza la desagradable imagen que se le vino a la cabeza con Hagrid y Damon.

-Bastante profesora, es verdad—Suspiraba hondo. –Es un placer regresar a mi sudada escuela..quiero decir… a mi querida y amada escuela—Hermione se mostraba ruborizada al saber que cometió una imprudencia delante de un personaje tan importante como la profesora Minerva McGonagall. Damon en cambio deseaba darse un banquete de risas.

-Creo que vienes un poco cansada… del viaje.. ¿Cierto?

-Si profesora, eso debe ser—Suspiraba aliviada. Entre tanto el vampiro carraspeaba un poco en la espera de ser presentado como se debía. -¡Oh que tonta soy!, Profesora McGonagall, él es el señor Damon Salvatore mi…

-Su novio—Se adelantaba el pelinegro ofreciendo su mano de manera cortés y respetuosa ante aquella mujer que debía ser la máxima autoridad. – Un placer madame McGonagall

Estiraba la mano engalanada con el anillo de lapislasuli mientras que la anciana directora lo observaba con suma atención. Lo estudiaba, lo analizaba poco a poco sintiendo algo diferente en aquel hombre que acompañaba a su mejor estudiante en aquellos años. En cambio el pelinegro evitaba a toda costa delatar aunque fuera un poco su condición vampirica para continuar con su camino y no despertar sospechas. Aunque dudaba que aquel camuflaje le sirviera, puesto que la figura que tenía en frente debía ser mucho mas poderosa que la misma Hermione.

-El placer es todo mio Señor Salvatore, además debo decir que se ha llevado a una de las mejores estudiantes de su generación, además de ser una heroína de renombre, inteligente, astuta y noble—Declaraba la profesora con tanto ahínco que hacía ruborizar levemente a la chica de ojos miel.

-Profesora McGonagall no es para tanto…

-Honor a quien honor merece preciosa—Respondía el pelinegro entrelazando las manos a las suyas levantándolas depositando un beso devoto en ellas. –Aun si no fueras una gran heroína… Estaría tan enamorado de ti como el primer día.

Aquella última frase le llegaba directamente al corazón. Damon la observaba detenidamente penetrando sus acaramelados ojos hasta llegar al fondo de su subconciente, desnudando su alma, desarmando cualquier coraza que con los años y a raíz de la traición cometida por Draco Malfoy se había formado. Tan solo un suspiro se arrancaba de su interior, lo exhalaba con lentitud como si todo el tiempo y el espacio se congelaran para atesorar ese preciso momento. Sus miradas se intercambiaban, se mezclaban, se volvían una con el solo contacto de sus manos entrelazadas, sus corazones se compaginaron a tal extremo de no saber de quien provenían.

La profesora que los miraba se quedaba encantada con esa muestra de afecto. Sabía perfectamente que Hermione Granger además de tener la dedicación y un coeficiente intelectual más arriba que otros, tenía una belleza singular que la misma castaña ignoraba por el solo hecho de tener que cumplir al pie de la letra sus obligaciones y lealtades. No pudo evitar sonreir juntando sus manos produciendo una palmada de gusto.

-¡Hacen una grandiosa pareja!—La directora se mostraba emocionada. –Quiza los próximos en casarse sean ustedes… pero no queremos ir a prisa ¿Cierto?, bien decía Albus.. La vereda de la felicidad no se construye con piedras de azúcar.

Damon y Hermione no dejaban de mirarse, consideraban que aquella farsa resultaba creíble ante otros que los contemplaban, comenzaban a admirar la forma en que sincronizados convivían como un par de almas gemelas que por fin se habían encontrado para quedarse. Sin embargo, la realidad era otra; pues tan solo faltaba un día para que ambos se despidieran. Después de todo aquello, Damon Salvatore o mejor dicho "BloodyLover" recibiría el pago de sus servicios prestados, y Hermione Granger regresaría a Nueva York demostrando a sus padres que por fin había logrado ser feliz aún a costa del sentimiento por Draco Malfoy volviéndose más obsesiva con el trabajo que de costumbre.

Aquella puesta en escena estaba a punto de morir cerrando con broche de oro toda una semana de emociones, pasiones y sentimientos encontrados.

-Vamos adentro—La directora rompía por completo aquella atmósfera regresando a la pareja ficticia a la tierra de un leve sobresalto. –He acondicionado una torre para todos los invitados a la boda, solo espero que Peeves no haga de las suyas o lo meteré en una caja contra fantasmas.

Minerva McGonagall se adelantaba a paso grácil y elegante como toda una gran mandataria, mientras tanto Hermione le ofrecía a Damon una sonrisa tímida como señal que debían seguirla. El pelinegro vampiro rodaba los ojos curvando levemente sus labios adelantándose un poco a sus pasos, a decir verdad deseaba romper la tensión y el hielo.

Entraron por fin al imponente castillo haciendo justicia a todas las suposiciones que Damon Salvatore se había creado antes de su llegada. Observaba el gran portón que se abría para darles total acceso. Abrió los ojos inesperadamente al fijar su mirada en los caballeros de piedra que debían medir lo mismo que el semi gigante llamado Hagrid; aquellos mismos portaban grandes armas, mazos, escudos finamente esculpidos a gran detalle mostrando un emblema central constituido por cuatro animales distintos.

La profesora se dio vuelta al lado izquierdo donde una inmensa galería de retratos los recibía con curiosidad. Damon se daba cuenta que todas y cada una de las pinturas se movían por si solas como si cobraran vida, pues por doquier podrían apreciarse hombres y mujeres plasmados en tela que cuchicheaban sobre la gran llegada de Hermione Granger.

-Bienvenida seas Hermione Granger—Saludaba con emoción una mujer sentada en un comedor junto a un tazón de frutas. La castaña pudo reconocer su peinado alto, rizado y engalanado con piedras preciosas.

-Muchas gracias Duquesa Farworth

Damon observaba que su chica se dirigía a los retratos como si se trataran de personas comunes y corrientes que pasaban por su lado. Los murmullos de los demás estaban haciéndose presentes creando un poco de eco en el lugar donde se podían apreciar unas escaleras hechas de cantera resistente que se conectaban a lo que debían ser los demás niveles. Levantó su mano considerando normal saludar de la misma manera observando que los otros le respondían con naturalidad, aunque en su interior consideraba inaudito encontrar retratos con imágenes vivas y parlantes.

En ese instante escuchó el arrastrar de piedra de unas escaleras que se movían de su lugar original conectándose a otra de las puertas en el lado contrario. El pelinegro vampiro abría sus ojos azul aguamarina al observar que las otras hacían exactamente lo mismo en otros niveles respectivos. Deseaba tocarle el hombro a Hermione para que le explicara el extraño mecanismo; no obstante ella continuaba ocupada regresando saludos a los demás retratos.

Subieron lentamente para evitar regresar a otro sitio que no deseaban. A decir verdad la profesora McGonagall encontraba un poco frustrante tener que esperar el momento preciso del cambio de lugar en las escaleras, y que esto le recordaba las infinitas red flu que servían de ingreso a las instalaciones del ministerio de magia.

-Estas escaleras tienen vida propia—El pelinegro le susurraba de lado. –Esto parece estar construido con piezas de "Lego"

-¿Alguna vez te dije que este castillo tiene vida propia?

-¡No me digas que podría tragarnos vivos si se lo propusiera!

-No—interrumpía ella. –Este es un castillo encantado que ha albergado magia desde su fundación.

Damon seguía sin entender aquel extraño lugar que por primera y quizá última vez pisaría. Jamás pensó encontrarse a una clienta que le mostrara esas maravillas. Muchas de sus anteriores mujeres intentaban cautivarlo con objetos costosos, perfumes caros, ropa de marca, cosas que el dinero podría comprar en un mundo tan materialista y superficial. Sin embargo ahora esa castaña le había mostrado algo que sus ojos difícilmente podrían encontrar otra vez incluso por mas que las intentara volver a buscar por su cuenta.

Aquel castillo, aquel universo, ese mundo que sus ojos contemplaban eran fascinantes y únicos.

Continuaron con su andar hasta que la profesora se detenía en el cuarto nivel esperando el momento en que las escaleras se conectaran con el rellano, mientras que Damon se sentía tranquilo al pisar algo firme. Entraron por la puerta de madera para encontrarse con un largo pasillo siniestro y oscuro hecho del mismo adoquin grueso que el resto del castillo. La profesora McGonagall levantaba su varita para encender las antorchas que los iluminarían hasta el otro extremo dejando de nueva cuenta al vampiro fascinado y sin habla alguna.

-¿Lograste graduarte en Leyes Mágicas como era tu deseo?—Preguntaba la profesora sonriéndole a ambos suponiendo que su acompañante supiera de su profesión. Damon en cambio arqueaba una ceja no creyendo posible que su clienta fuese lo más parecida a una abogada.

-No profesora—Respondía ella al instante. –Me fui de Europa y he estado radicando en Norteamérica, terminé una carrera muggle en Mercadotecnia y Publicidad.

-¿Mercadotecnia?—Se sorprendía la directora. -¿Te dedicas al comercio ambulante?

-Claro que no Profesora—La castaña soltaba una risita considerando normal que su antigua jefa de casa desconociera en su totalidad esa carrera. – Me dedico a dirigir cuentas empresarias para lanzamiento de nuevos productos a la sociedad.

-Pues no te veo relacionada con esa carrera, no me mal entiendas Hermione, tu fuiste mi mejor alumna y esperaba que continuaras en pie de lucha favoreciendo los derechos de los débiles y de las criaturas mágicas.

Hermione desviaba su mirada, bien era cierto que en el pasado deseo terminar su formación mágica y servir a su comunidad que era explotada, sobre todo a los hijos de no magos. Mientras caminaban, Damon descubría mucho mas de aquella chica que lo había rentado, pues lejos de esa imagen tan estricta y financieramente depredadora se escondía una mujer que deseaba la equidad social entre los que no podían defenderse. Daba un largo suspiro al darse cuenta que poco a poco lograba desnudarla del alma misma, como si esa serie de corazas cayeran una despues de haber pisado ese recinto educativo.

-Un cambio de vida profesora—Suspiraba ella. –Necesitaba desconectarme un poco y supongo que lo hice radicalmente.

La anciana profesora los conducía a unas escaleras de caracol para llegar a otro de los niveles donde las cambiantes nos alcanzaban. Damon contemplaba fascinado los vitrales que en cierta distancia se alzaban hasta el otro nivel como si éstos le mostraran el camino a seguir, y cuando por fin llegaron observaron que otra puerta de madera los esperaba. En ese momento la anciana directora se detenía como clara señal de dejarlos solos hasta sus aposentos. Observó comprensivamente a la castaña sonriendo con naturalidad.

-Eres la mejor Hermione Granger, así que cualquier cosa que hagas será tan llena de sorpresas como todo lo que has hecho por nosotros—Se silenciaba por un momento observando que su anterior alumna asentía en agradecimiento. –Sus habitaciones están a dos puertas, como comprenderán es un sitio retirado de las torres respectivas de las casas, tú conoces las reglas Hermione.

-Lo se—Respondía ella al instante. –Aunque me gustaría darme una vuelta por el retrato de la señora gorda… ¿Sigue siendo la misma contraseña?

-Tontos brutos barbajanes—Indicaba la Directora.

-¿Cómo nos acaba de llamar?-Damon se quedaba pasmado ante tal grosería por parte de la directora que no le quedaba más remedio que espetar a ese comentario. Sin embargo evitaría responderle de manera ruda ya que a simple vista se notaba que podía convertirlo en sapo con tan solo proponérselo.

-No nos llamó de ningun modo Damon.

-Pero… Tu la escuchaste.

-Si la escuche—Hacía una pausa. –Tontos brutos barbajanes, es la contraseña que la señora Gorda te pide para entrar a la torre de Gryffindor, creo que te hablé de eso Damon.

Damon se avergonzó al quedar nuevamente como un reverendo ignorante, de no ser por su piel caucásica estuviera con el rubor en las mejillas esparciéndose por el resto de su rostro. Decidió sonreir como señal de derrota y asintió despacio para demostrar una serenidad que no tenía. Hermione deseaba volver a reir considerando aquello como parte de la justicia divina al concedérsele la venganza por el comentario del sudor.

La anciana directora solo negaba lentamente con la cabeza juntando de nuevo sus manos dispuesta a retirarse y dejarlos solos. Les indicó el lugar donde se encontrarían sus habitaciones para despues caminar a paso elegante por las escaleras.

El vampiro pelinegro no tuvo mas remedio que agachar la mirada ante tal muestra de ignorancia de su parte, sin embargo la castaña comprendía que muchos conceptos de aquel castillo debían ser tan complejos y misteriosos para todos aquellos que tan solo habían escuchado relatos fantásticos del mismo.

Habían llegado por fin a una habitación amplia, el adoquindo grueso se acorazaba el lugar junto a una serie de retratos que esta vez no se movían; después de todo la profesora había acondicionado esas habitaciones para que resultaran con la privacidad que una pareja necesitaba. No sería correcto encontrarse con algun personje husmeando en la intimidad de las personas y por ende todas aquellas debían aguantar las ganas de hablar sobre las conversaciones que se tuvieran en dichos lugares.

A unos metros yacía una cama matrimonial perfectamente tendida y almidonada; las sabanas de color rojo cubrían sin arruga alguna cada centímetro de la misma junto un par de almohadones acolchados tan blancos como la nieve. Un poco mas a la derecha se encontraba un tocador de caoba claro enmarcando un espejo amplio con los motivos del colegio; la leyenda de las cuatro casas fundadoras habían sido grabadas en la madera como parte de la ornamentación de las habitaciones. Tambien había una chimenea que Hermione reconocía como una de las transportadoras de la red Flu; salvo que ésta también fungía como calefactor en las noches frías.

El aposento era acogedor a su propio estilo, la ventana estaba constituida por un vitral en la que podía apreciarse la figura de un pegaso visto de frente. La ojimiel reconoció que aquel lugar se parecía solo un poco a la que tenía durante su estadía en la torre especial de premios anuales, salvo que esta era totalmente independiente al resto de los dormitorios.

Pudieron desempacar con cuidado, no hablaron mucho mientras lo hacían, sin embargo el intercambio de miradas no faltaba entre aquellos dos. Damon se encontraba doblando sus camisas colocándolas debidamente en el gran armario de madera que le recordaba a ese que miró una vez en la película de la bella y la bestia, mientras que la castaña se quedaba frente a la ventana todavía observando el horizonte, los bosques, las demás torres del inmenso castillo que ahora los envolvía.

-Harry debió pagar una fortuna por rentar este lugar—Mencionaba Damon para abrir conversación.

-La escuela le debe mucho, supongo que fue cortesía del ministerio de magia e incluso de la misma profesora—Hermione no despegaba su mirada de aquella preciosa vista.

El vampiro pelinegro se dio cuenta que aquella chica se quedaba tan quieta como ese armario en el que acomodaba su equipaje, tan apacible como el viento que acariciaba su rostro y tan pensativa como solía ser cuando creía pasar inadvertida. Se acercó a paso lento rodeando suavemente su cintura con sus manos, acercó su rostro a su lóbulo izquierdo mirando junto a ella ese paisaje que la tenía distraída.

-No me aísles—Susurraba él.

-No es eso… es solo que…-Se quedaba en silencio, sumida y atrapada entre sus propios pensamientos y viejos recuerdos, transportada a esos años donde compartió un sinnúmero de aventuras peligrosas y súbitas. –No me hagas caso—Puntualizó. –Además debemos ver si Harry y Ginny llegaron antes que nosotros.

-Si lo hicieron supongo que deben estar en su habitación ¿No crees?

-Eso sería de mala suerte.

-¡Oh Vamos Hermione! ¿Crees que Harry y Ginny no han tenido relaciones antes?, de hacer caso a las supersticiones su relación estaría condenada a la mala suerte.

-No creo que Molly Weasley vea con buenos ojos que Ginny salga a hurtadillas de la habitación de Harry—Soltaba una risita. - Vamos a descansar un poco y a bajar ¿Te parece?

Damon asintió con la cabeza soltando con suavidad a su clienta, le encantaba verla reir, distraerse, ser una chica diferente a la comparada en Nueva York que contrató sus servicios. Deseaba conocer un poco mas de los misterios que envolvían al castillo Hogwarts, ser guiado por la castaña y poder llevarse la mejor impresión para si mismo un vez terminado el contrato. Sin embargo, la sola idea del final lo abatía sobremanera, tendría que hacerse a la idea que en tan solo un dia tomarían caminos distintos para quizá jamás cruzarse o procurarse.

Hermione se introdujo en el baño que por extraño que pareciera, era independiente a comparación con el resto del colegio agradeciendo infinitamente no tener que ir al del tercer piso donde habitaba Myrtle La Llorona. El pelinegro vampiro se sentaba en la cama abrazando su almohada esperando su turno de entrar y disponerse por fin a bajar para saludar al resto de los invitados que seguramente conversarían de lo mucho que esperaban el enlace matrimonial del tan afamado héroe del mundo mágico.

La castaña se había mudado de ropa aprovechando su leve estadía en el tocador. Se colocó un vaquero ligeramente acampanado, unas botas negras de tacon mediano y una blusa de color magenta. Tomó un cinturón de vaqueta con algunos tirantes enredándolo en su cintura para despues retocar sus labios con un poco de tono rosa intenso; a decir verdad le gustaba demasiado ese color. Damon se habia vestido un pantalón de mezclilla oscuro junto a una camiseta de color azul rey debidamente fajada a su cintura, llevaba el cabello negro alborotado y se ungió con dos disparos de perfume en el cuello.

Bajaron por las escaleras mientras que el vampiro escuchaba de su acompañante la historia de los cuatro fundadores. Damon aún consideraba inaudito que existiese un mago tan elitista como lo era Salazar Slytherin, aunque reconocía que de haber nacido con el gen de la magia estaría seleccionado para dicha casa. Salieron de nueva cuenta por el extenso pasillo oscuro iluminado con las antorchas para desembocar en la puerta que conectaba a la galería de retratos parlantes y las escaleras cambiantes que se movían de un lugar a otro.

Se condujeron inmediatamente al gran comedor donde todos los invitados habían bajado a congregarse. Harry y Ginny se encontraban saludando a viejos familiares junto a los otros miembros de la familia Weasley. Charlie y su esposa convivían con Bill y Fleur recibiendo la noticia del bebé que venía en camino. Ronald y Lavender hablaban amenamente con quienes debían ser Seamus y Dean Tomas compartiendo avances de sus actuales vidas. Todos se encontraban riendo, recordando, volviendo a vivir sus experiencias del castillo como si tan solo hubiese sido ayer que egresaron de ese lugar que se convirtió en su segunda casa.

Damon se quedaba atónito con el techo, pues éste contenía un centenar de velas encendidas flotando en el aire. Por un instante temía que una de ellas se viniera abajo por equivocación y terminara ardiendo todos los grandes y extensos tablones de madera, no obstante mientras caminaba se daba cuenta que todas y cada una se encontraban en su sitio. Hermione lo observó de reojo explicándole por lo bajo que el techo estaba encantado; una manera para indicar los cambios de estación sin necesidad de salir del campus para comprobarlo. A lo lejos se podían apreciar cinco contenedores diferentes que contenían piedras brillantes de distintos colores. Verde, rojo, azul y amarillo para ser exactos.

-Se usan para medir los puntos de las casas.

-¿Puntos? ¿Qué hay olimpiadas en esta escuela?

-No precisamente—Respondía ella entrelazando sus manos. –El contenedor rojo pertenece a Gryffindor, el verde es de Slytherin, el azul de Ravenclaw y el amarillo de Hufflepuff. Al iniciar el año escolar los profesores te otorgan puntos ya sea por preguntas contestadas correctamente, buena conducta, aseo, y en otros casos servicios extra.

-Si que estoy impresionado.

-Lo sé, parece que jamás has estado en una escuela de magia.

-No hay escuelas de magia en Nueva York Hermione.

La castaña soltaba una risita contemplando que la feliz pareja por fin se acercaba a ellos para darles la bienvenida. Harry estaba vestido con unos vaqueros deslavados y una camisa a cuadros tan característicos de su personalidad, entre tanto la pelirroja llevaba un vestido veraniego estampado con unas cuantas flores en color rosado. Hermione siempre consideró que su amiga era mucho más guapa que ella, recordó que en sus años escolares tuvo comiendo de la mano a mas de un chico que incluso no pertenecían a la casa de los leones.

-Por fin llegaron, pensé que lo harían mas tarde—Indicaba Harry.

-Nos encontramos con McGonagall en la entrada y Damon quiso conocer un poco mas de Hogwarts—Repondía la castaña con una sonrisa.

-Este castillo es inmenso debo decir—Respondía el vampiro saludando correctamente a la pareja prometida en matrimonio. –Tan solo con verla me dan ganas de tener un palito mágico y hacer Avrakada…

No terminó la frase cuando los otros dos fijaron su mirada en él como si hubiese cometido la peor de las imprudencias. Con un carraspeo recordó que la castaña le había comentado que la palabra Avrakadabra tenía un significado diferente para los magos y brujas legítimos; en especifico habló de una maldición imperdonable, o eso le escuchó decir a ella.

-¡Oh!, lo siento, no era mi intención… en Norteamérica..

-Damon—Interrumpía la castaña. -¿Por qué no vamos a saludar a los demás y dejamos a Harry y a Ginny para que puedan atender a los demás invitados?

-Claro que si hermosa.

Hermione tomaba la mano de su acompañante para disponerse a convivir con los demás que los esperaban, se acercaron con un par de chicas que reconoció de inmediato como las hermanas Patil; y aunque no hubiese tenido en el pasado una amistad cercana con ellas por lo menos se miraban con buenos ojos. Aquellas dos observaban al acompañante de la castaña abriendo los parpados un poco mas al contemplar a ese hombre alto de orbes aguamarina, sin querer echaron un vistazo a la camisa azul rey untada a su pecho junto a una piel caucásica que contrastaba perfectamente.

-Hermione—Indicaba una de ellas. -¡Que alegría verte despues de tanto tiempo!

La castaña sonrió como nunca extendiendo su mano para saludarlas. Parvati tenía las mismas facciones que en aquellos años; ojos almendrados y piel morena distribuida de manera uniforme. Llevaba puesto un pantalón de satin negro junto a una camisa en color beige asi como también una chalina del mismo color enredada en la cintura como parte de sus costumbres del oriente. El vampiro pelinegro curvaba su característica media sonrisa mirando de arriba abajo la constitución de las ex compañeras de su clienta.

-Igual para mi Parvati, les presento a Damon Salvatore, es mi…

-Su novio—Damon se adelantaba saludando a las chicas quienes por un periodo corto de tiempo sostenían la respiración a causa de la gallardía de ese hombre. –Hermione ya me habló de ustedes.

-¿Lo hice?—Se sorprendía la castaña mirándolo de reojo. - ¡Oh!, Quiero decir.. sí, lo hice- Corregía al instante. –Le he contado que juntas hemos estado en clases de encantamientos, y que incluso pudieron bailar con Harry y Ron en el baile de Navidad.

Parvati no tenía malos recuerdos de aquella noche, tan solo rodaba los ojos al tener esa remembranza de ser la afortunada acompañante del que consideraban "el elegido" aunque la realidad era distinta, pues la había invitado como último recurso al no tener la fortuna de hacerlo con Cho Chang, quien en ese entonces había sido acaparada por el finado Cedric Diggory. No obstante su hermana opinaba lo contrario, ya que en aquel tiempo tuvo que soportar no solo el humor de perros de Ron Weasley, sino el hedor de su apolillado traje de gala que bien podía confundirse con las túnicas utilizadas en los años 1800.

-¡Que afortunada eres Hermione!—Respondía Patil mirando encantada al acompañante de la castaña. –El es tan… guapo…

-Y caro

-¿Disculpa Hermione?—Preguntaba Parvati sin despegar su evidente fascinación por aquel hombre.

-Quiero decir… Gallardo— Corregía la castaña sintiendo la mirada acusadora de Damon.

Las dos chicas se encontraban observando atónitamente al pelinegro como si en la vida hubiesen visto nada parecido, en cambio la castaña consideraban normal que causara furor entre las mujeres debido a su atractiva apariencia. Sintió un poco de celos, a decir verdad trataba de aminorar la incomodidad que experimentaba a causa de esas miradas que aquellas dos le dirigían no importando que estuviese acompañado.

-Hola chicas, ¿Hablando de quién recibirá el ramo durante la fiesta?—Hermione reconoció la agridulce voz de una recién llegada que anteriormente acostumbraba molestarla durante su estadía en el colegio, no obstante no deseaba darle el gusto de su incomodidad debido a su presencia. Damon en cambio echó un vistazo a los cabellos lacios y oscuros de una mujer con la que se toparon en cierta boutique al comprar un vestido.

-Parkinson…-Patil hacía una pausa. -¿Tu también fuiste invitada?—Finalizó con un deje de sarcasmo en sus palabras.

-¡Claro linda! ¿Crees que me perdería la diversión?—La morena Slytherin respondía al instante uniéndose al festin de miradas hacia el pelinegro y atractivo vampiro. –Como buen miembro de la sociedad de clase alta, mi deber es estar en el acontecimiento más importante del mundo mágico.

Parvati fulminaba con la mirada a la chica serpiente, sin embargo Hermione Granger no hacía nada para impedirlo. Por un momento sintió que el aguijón de los celos se enterraba cada centímetro más en su carne, en sus entrañas, intentando destruir cualquier resquicio de cordura que pudiese habitar en su interior, pero decidió serenarse y distraerse para saludar a otro de los invitados que debía ser Luna, quien por extraño que parezca iba de la mano con uno de la casa Slytherin. Theodore Nott.

-Lo se Granger— La morena respondía. –Yo tampoco me explico lo que hace con la lunática, pero ¡Así es la vida!, parece ser que tengo que perder clase y estilo para obtener… a un hombre de verdad

La mirada iba dirigida al pelinegro, quien comenzaba a sentirse incomodo por la forma en que iban las cosas. Deseaba que Hermione decidiera retirarse para saludar a otros invitados, pero en cambio observó que le sostenía la mirada a esa recién llegada con la firme esperanza de molestarla sobremanera por aquel comentario. No conocía mucho a Luna Lovegood, pero debía reconocer que aquella chica era tan transparente como el agua caída de las cascadas de Mystic Falls.

-Bien dicen que el que persevera alcanza Parkinson, no todo esta perdido—Acotaba la castaña con extrema tranquilidad en sus palabras. –Por cierto, debo saludar a los demás invitados, quizá querrán saber el motivo de mi ausencia y no deseo hacerlos esperar.

Damon la escuchó detenidamente sonriendo a las demás como era su costumbre, pero en ese instante sintió una mano ajena a la suya tomando su muñeca; aquella misma no era de la castaña, sino de la pelinegra que lo devoraba con los ojos como si de un manjar suculento se tratara. Sintió deseos de tomarla del cuello y beber de ella hasta saciarse, sin embargo sabía que sería una pésima idea debido al lugar donde se encontraba. Respiró profundo sosteniendo su llamativa sonrisa.

-Queremos conocer mas de ti… Damon—La morena arrastraba sus palabras como si fuesen cadenas pesadas, seguido a esto su mirada se condujo a Hermione. -¿No te molesta que te lo robemos un momento? Tengo ganas de presentar al hombre… que obtuvo por fin tu corazón Granger.

-Sería un placer seguir conociendo a las amigas de mi novia pero…

-Quedate Damon—Indicaba la castaña con suavidad. –No quiero que piensen que soy una loca celosa que mantiene a su novio a raya, además quizá les puedas contar la forma tan peculiar en que nos conocimos y… nos enamoramos

-Hermione yo..

-Insisto Damon—Interrumpía ella. – Quizá les des algun consejo de cómo encontrar un … amor a la medida como yo lo hice.—Dirigía su mirada a las presentes. –Con permiso chicas, un gusto saber de ustedes.

Pansy Parkinson observaba con claridad los celos que sus ojos proyectaban apuntándose un claro triunfo. Consideraba injusto que una simplona como Hermione Granger pudiese obtener a un hombre tan bien parecido como aquel pelinegro, asi que con toda intención de molestarla aún más deslizó su mano por el antebrazo del chico pegándose un poco a su cuerpo como buena serpiente sin demostrar descaro o falta de recato.

Damon se sintió extraño, como si esas palabras tuviesen doble significado y lo regresaran completamente a la tierra. Pensaba en su interior que el mejor camino era terminar el contrato de compra venta a como diera lugar y retirarse a otro lugar que no fuera la gran manzana. No con aquel intenso amor que le profesaba a esa clienta tan singular, tan testruda y terca que bien podría cabrearlo por toda una eternidad. Esta vez, no le daría el gusto de verlo suplicar, era Damon Salvatore, el conquistador de mujeres, y despues de ella habría otro centenar esperando que estuviese disponible.

Hermione le dio la espalda deseando llorar de la impotencia, intentaba no apretar sus puños y forzar una sonrisa tan vacía como su bolso extensible, pero no. Hermione Granger no era la misma niña introvertida y reservada que años atrás, no le daría el gusto de ver lagrimas derramadas de sus ojos, ya que después de todo tan solo era parte de una farsa que ella misma había inventado y por el cual pagaría siete mil dólares antes de lo pensado. Lo que le recordaba hacer una transferencia a su cuenta pues no dispondría de cajeros automáticos en Hogwarts. Sacó su teléfono celular verificando que tuviera la conexión adecuada que aunque difícil que pareciera la tenía. Suspiró aliviada dejando a todos los invitados ofreciendo saludos a diestra y siniestra.

Se detuvo en la entrada del gran comedor para hacer adecuadamente la transferencia cuando en ese instante un par de personas llegaban al lugar. Pudo escuchar el sonido de unos tacones sobre el adoquín; aquellos eran lentos, los pasos eran de una mujer que venía acompañada de otros que por el rabillo del ojo pudo distinguir el charol que los conformaba. Aquel recién llegado era Draco Malfoy.

Volteó de un sobresalto mirándolos a la cara. Draco estaba vestido con un pantalón negro y una camisa de manga larga en color gris, debía admitir que no perdía la galanura, el porte, el estilo que lo caracterizaba, pues su cabello alborotado y platinado podía hacer suspirar a muchas de las ahí presentes. Por otro lado su acompañante se encontraba debidamente untada en un conjunto color beige de falda a medio muslo, sus pantorrillas se estilizaban desembocando en un par de tacones altos del mismo color. Miró una vez más y recordó que precisamente ella fue la causante de la anterior captura de su acompañante.

-Como siempre puntual, ¿No es cierto Hermione?—Preguntaba el platinado afianzando su mano en la de aquella seductora morena.

-Ya me conoces, nunca suelo llegar tarde. Deberías hacer lo mismo alguna vez—Fingía una risita guardando su teléfono en su bolsillo para extender su mano y saludar a ambos.

-Así que ella es la chica que te enseñó a besar tan delicioso ¿He?—La morena caminaba a ella esbozando una leve sonrisa tratando de estudiarla, en cambio la castaña deseaba conservar la cordura y evitar lanzarle una maldición imperdonable por todo el daño que había causado, las muertes en los diarios y el extenuante investigar de los aurores. –Tuvimos el gusto de conocernos en el campo de golf pero creeme… Draco no te hizo justicia linda.

-Ya lo creo, descuida—Hermione acotaba. –Nunca suele hacer justicia a nadie que no sea él.. ¿Cierto Draco?

-Es cuestión de enfoques—El platinado miraba a lo lejos sorprendido de que su ex novia se encontrara sola en la entrada del comedor mientras que su acompañante charlaba amenamente con su amiga Parkinson y otras mujeres que por lo que notaba, se lo comían y desnudaban con la mirada. –Veo que Damon te dejó sola, pensé que no acostumbrabas compartir.

-No soy posesiva Draco, deberías conocerme a estas alturas, solo salí a atender unas cosas de trabajo y lo dejé muy bien acompañado… No se perderá—Alzaba un dedo. –Si eso es lo que te preocupa.

El platinado la miraba con intensidad, de esa misma forma en que acostumbraba retarla durante sus años escolares, fijaba su vista en ese mirar terco, testarudo y valiente de esa chica que aún tenía su corazón muy a costa de su voluntad. En cambio la morena que lo acompañaba se adelantó un paso para tomarlo del rostro y mirarlo a los ojos.

-Draco querido, necesito hablar a solas con Hermione, así que ve con tus amigos y por favor trata de que no nos interrumpan.

Hermione arqueó una ceja, miraba con claridad la forma en la que el platinado se sentía relajado, como si estuviese en otro mundo diferente al suyo con tan solo contemplar los almendrados ojos de aquella chica. Lo observó sonreir despacio, parecido a un estado de ensueño cuando el cuerpo es despertado por las mañanas a causa del ruidoso y chillante despertador.

-Claro Katherine… ¿Te espero adentro?

-Claro imbecil ¿En donde más?—Sonreía la morena. – Debo platicar con tu amiga de ciertos temas que los hombres no deben escuchar.

La castaña contemplo el andar pausado del platinado en dirección al gran comedor donde algunos de sus amigos lo esperaban. En cambio la morena sacaba de su bolso un lápiz labial color carmín para retocarse; lo hacía tan despacio y despreocupadamente que a Hermione le dio la impresión de no importarle la forma en la que controlaba a su exnovio.

Aquel acto la hizo hervir su sangre, ésta vez apretaba sus puños deseando fervientemente conectarle un golpe por la forma tan baja en que lo estaba utilizando. Probablemente aquella terrible vampira llevaba bebiendo su sangre por mucho tiempo, dejando marcas dentales por su blanquecina piel mancillando completamente lo que alguna vez ella se empeñaba en cuidar más que su vida. Katherine Pierce la observó con una sonrisa descarada y a la vez condescendiente.

-Draco es tan… manejable…-Se encaminaba a ella para observarla. –Así que tu eres aquella chica que tiene a muchos hombres intrigados.

-¿Qué le hiciste a Draco?—Espetaba ella con un toque de furia en el susurro.

-Compulsión querida, la forma en que nos adentramos a la mente de nuestra presa para lograr que ceda ante nuestros deseos—Katherine sonreía con descaro sin abrir sus labios. – Deberías saberlo, Draco me ha contado que eras un cerebrito en este… ¿Castillo de cenicienta? ¡Que cosas me faltan por ver!

-Tu fuiste la causante de la muerte en el bosque ¿Cierto?

Katherine estaba a punto de soltar una carcajada sonora, sin embargo no era prudente debido al lugar donde se encontraba. Tan solo asintió lentamente con la cabeza regresando su mirada altiva y despreocupada.

-Fue mi cena de esa noche, pero ¡Vamos!, tu ya lo sabías ¿Cierto?—Se acercaba un poco mas observando su cuello poniendo especial atención en las venas que saltaban levemente de aquella parte blanda de la que se sorprendía que Damon no hubiese puesto sus colmillos. Hermione respiraba profundo tratando de serenar su rabia y su impotencia, sin embargo no debía actuar con las entrañas encendidas, debía esperar al momento adecuado para hacerla tragar sus palabras.

-Sabías de nosotros, aunque me sorprende que Damon se hubiese reprimido contigo—Suspiraba en fingido dolo. –Puede ser tan sentimental y cursi una vez que se lo propone, y vaya que lo conozco de mucho tiempo.

-Katherine—Respondía la castaña. -¿Qué es lo que pretendes con esto?

-Simple querida, lo que deseo es que no interfieran en mis planes.

-Y tus planes incluyen a Draco.. ¿Cierto?—La castaña sentía el punto de ebullición por cada centímetro de sus venas, pues el solo hecho de saber que su ex novio sería el juguete momentáneo de esa despiadada vampira la hacía cabrearse sobremanera.

-¡Hiciste tu tarea!, no cabe duda que mi pequeño Albino se quedó corto con tu descripción.

-Sabrás que no permitiré que lo utilices… ¿Estas consciente de ello Katherine?

-Lo sé—Respondía la morena. –Es por eso que siempre tengo un plan de reserva en caso de ser necesario.

-¿A qué te refieres?

Katherine se acercaba en sigilo tocando con sus labios mortíferos el lóbulo de la castaña, quien por alguna razón no se movía esperando el momento exacto de retirarse y buscar el plan ideal para frustrar cualquiera de sus cometidos.

-Si yo muero, le ordené a Draco suicidarse… no sin antes exponer a tu querido prostituto ante los policías magos o como quiera que les llamen aquí.

-¡Que demonios…

-Yo que tu—Interrumpía la chica apretando levemente el cuello de la castaña teniendo la debida precaución de no ser observada por ningun curioso en el castillo. – Yo que tu tendría mucho cuidado con lo que pienso, porque si esto se sale de control también tu querido Damon será encerrado, quizá asesinado… no lo sé.

La soltaba con suavidad volviendo a esbozar su sonrisa para despistar a cualquier que intentara echar un vistazo a las dos mujeres. Hermione se acariciaba el cuello pasando saliva con dificultad comprendiendo que sería arriesgado exponer a esa mujer ante los aurores no sin antes recibir las peores noticias. Decidió serenarse y sonreir esperando que en tan solo un dia pudiese resolver el misterio y evitar que aquellas desgracias ocurrieran. La morena la observaba triunfante para colocarse en el marco de la puerta para observar a un Damon quien asediado por las otras chicas no dejaba de voltear en dirección a ambas. Katherine levantaba su mano ondeando sus dedos para saludarlo desde lo lejos.

-Yo que tu no me encariñaba con él—Proseguía sin desprenderse de su sonrisa. –Damon es inestable.

-Eso lo sé bien—Interrumpía ella. –Creo que está de más decirte que esto no durará, pero no quiero que salga lastimado por los aurores.

-¿Por qué te empeñas en protegerlo?—La morena adoptaba otra posición para mirarla de frente. -¿Acaso no te ha contado nada de su pasado? ¿Quién lo convirtió en vampiro? o creo que la pregunta adecuada sería… ¿Por quién se convirtió?

Hermione se quedaba pensativa, observaba a su acompañante sosteniendo una conversación amena donde otro par de chicas se unían para admirarlo. Contemplaba con claridad la soltura y la facilidad en que las envolvía con tan solo una mirada, una palabra suya salida de su boca, sin embargo no conocía más que lo que a grandes rasgos le había contado. Suspiró hondo volviendo a la tierra para tener otro punto de vista diferente, pues si bien aquel hombre no se atrevía a tener una apertura total, buscaría las respuestas de alguien quien lo conociera y al parecer aquella morena lo había hecho.

-Quien es… Damon…

Katherine se volvió a ella acercándose levemente para juntas observarlo.

-Damon es el hermano que siempre ama de más.

-No comprendo—Respondía la castaña.

-Los conocí en 1864—Proseguía. –Mystic Falls Virginia, un pueblo que queda muy lejos de Nueva York. Yo fui quien convirtió a ambos.

-Pero…

-Lo hice para divertirme, sin embargo y debo admitir que no tuve que obligar a Damon para que lo hiciera.

-¿Qué quieres decir con eso?—Volteaba la castaña observando a la vampira.

-El bebió mi sangre por voluntad propia, en cambio tuve que obligar a su hermano Stefan para que hiciera lo mismo. ¡Como extraño esos días!—Hacia una pausa para fijar su vista en la castaña quien se quedaba atónita con aquella declaración, pues jamás pensó que Damon estuviese deacuerdo con dicha conversión.

-Creo que debes preguntarle sobre Elena.. sobre Stefan.. sobre Mystic Falls y sobre todo.. Sobre mí.

-¿Elena?—Hermione se quedaba más sorpendida. -¿Quién es Elena?

Katherine sonrió de satisfacción, se encaminaba un poco mas al comedor para tomar una copa de champan de una de las charolas flotantes llevándola inmediatamente a sus labios. Observó a la ahora contrariada Hermione Granger apuntándola con su dedo índice.

-Creo que el resto de la historia la debes escuchar por sus propios labios, pero algo puedo decirte querida heroína. –Se acercaba tomando otra copa para ofrecérsela.

-No debes confiar en Damon Salvatore y sobre todo… debes saber que está prohibido enamorarte de él, ya que suele lastimar y hacer mierda todo lo que toca.—Suspiraba. –Con permiso, Draco me esta esperando.

Observó a la morena retirarse con paso sensual, contoneaba sus caderas obteniendo las miradas de varios caballeros que sigilosamente posaban sus ojos en espera de no ser descubiertos por sus parejas. Contempló que Damon estaba platicando amenamente con otro grupo de chicas como si de una celebridad recién llegada se tratara. Sacó de nuevo su teléfono celular recibiendo la notificación sobre la transferencia exitosa.

Damon pretendía estar conviviendo divertidamente con las chicas que tanto lo asediaban, no obstante su pensamiento y toda su atención se concentraban en aquella conversación que la castaña había sostenido con Katherine. En ese instante su teléfono vibró recibiendo un mensaje de notificación.

"Deposito realizado con éxito a su cuenta de cheques"

Seleccionó la opción para verificar su estado financiero llevándose la sorpresa que se había incrementado. Los siete mil dólares estaban correctamente depositados.

-Hermione…

Sintió sus dedos temblar, sus sentidos descolocarse, el miedo invadir cada fibra de todo su ser al darse cuenta que tan solo faltaba un día, veinticuatro horas para que todo se terminara y que ambos tomaran caminos distintos. Dio un largo suspiro no importando dejar con la palabra en la boca al resto de las chicas que lo atosigaban con un mar de preguntas sobre su procedencia. Caminó a zancadas para encontrarse con la castaña quien volvía a sonreír al resto de los invitados como parte de la actuación.

Damon le tomó ambas manos deseando estar a solas para explicarle muchas cosas, pues era evidente que Katherine acababa de envenenarla con las dudas y quizá con algo relevante de su pasado. La castaña desviaba la mirada deseando fingir estar enamorada, locamente perdida por ese hombre que había rentado, sin embargo estaba desmoronándose por dentro deseando no haberlo contratado, anhelando estar en su departamento y preocuparse de la campaña que tenía que sacar a flote.

-Hermione… cualquier cosa que Katherine te haya dicho…

-No importa Damon—Hermione se acercaba a su oído sintiendo el aroma de su piel, derritiéndose por completo al tenerlo tan cerca, sintiendo la aflicción que ocasiona la soledad cuando esta se aproxima. –Tengo que salvar a Draco, y te prometo mantenerte a salvo.

-Linda…

-Después de mañana, no habrá otro Damon, así las cosas deben ser.

Damon deseaba responder, replicar cualquier cosa que estuviese al alcance de sus subconciente, y que ese algo fuese lo suficientemente inteligente para luchar con lo que ahora sentía. Tan solo se limitó a mirarla, a observarla con una sonrisa al notar claramente que varios ojos se posaban en ellos dos, por otro lado Hermione tomaba sus manos concluyendo que debía terminar esa semana, irse de ese sitio y correr a cualquier lado para rehacer su vida, lejos de él, lejos de Draco e incluso de si misma.

Todos los ahí presentes jamás habían visto a una pareja más enamorada, mas unida y sincronizada como lo eran Damon y Hermione. En ese instante la castaña comprendió muy a su pesar ahora que su misión había concluido, por fin había engañado a todo el mundo con la farsa de su noviazgo, con ese amor que les presumía a todos.

Su amor de alquiler había valido la pena.