Después de haber estado en el bosque prohibido, ambos decidieron que era momento de recorrer el lugar sin decir palabra alguna de lo que el centauro les había mencionado. No obstante las ideas todavía rondaban en su cabeza preguntándose una y otra vez la razón por la que ninguno se atrevía a declarar lo que en verdad sus corazones sentían. Hermione colocaba sus manos en las bolsas mientras que el vampiro tronaba sus dedos con un tanto de nerviosismo.
Hermione decidió mostrarle el sitio que tanto le gustaba, y para eso se condujeron por el extenso puente de madera para llegar al patio principal del gran reloj. Atravesaron el hall que conectaba al gran comedor y del lado izquierdo a las tan extrañas escaleras cambiantes. Damon estaba fascinado con el millar de pinturas que parecían tener vida propia. Uno de ellos; el conde Ferdinand quien contaba la leyenda, había conquistado gran parte de Europa en la guerra civil, utilizó magia sin autorización del ministerio; no obstante libertó a varios prisioneros gracias a ella. Hermione le saludaba efusiva y el retrato le correspondía de la misma manera.
Le contó que aquel hombre fue quemado en la hoguera por Muggles y el ministerio no había hecho nada para evitarlo.
La castaña le indicó detenerse para llegar al cuarto piso que conectaba a otro extenso pasillo. Caminaron todavía sin tocar el tema ocurrido en el bosque prohibido hablando sobre la boda, sobre la manera en que ella les salvó la vida a sus amigos durante la guerra. Damon cada vez más se extasiaba con los relatos que parecían ser sacados de una magnifica novela de ciencia ficción.
-Ok, me queda claro que fuiste petrificada por un novelisco, aturdida para que el fortachón gay te rescatara del lago donde habita el pulpo gigante y las sirenas, pero lo que no me queda claro es porqué te enamoraste del pelirrojo que bien te pudo haber cambiado por un par de pavos al horno y unas cuantas palomitas de maíz—Damon alzó un dedo mientras doblaban por la izquierda. –No me lo tomes a mal pero no es muy tu tipo… Incluso me atrevo a decir que te van más los hombres peligrosos.
-En primer lugar Damon, no es un Novelisco… Es un basilisco, y aquel fortachón gay como tu lo llamas se atrevió a ver en mi algo más que una extensa enciclopedia y una cuerda para salvar personas de los aterradores exámenes finales.—Proseguía. – Y segundo, Ronald significó lo que el primer amor para toda chica—Dio un suspiro. –La ilusión de la adolescencia, aunque debo admitir que tienes razón.
-¿En qué?—Preguntó el vampiro.
-Me cambiaría por un par de pavos y palomitas de maíz si se lo hubieran ofrecido—La chica soltó una risotada antes de doblar de nuevo a la derecha.
Damon no sonrió por el comentario, lo hizo porque el solo hecho de verla de aquella forma tan vivaz y animosa le provocaba una emoción interna que le agradaba. Llegaron por fin al único lugar donde Hermione Granger podía ser ella misma, aquel sitio que la conocía tan bien que de hablar las paredes podían relatar toda su historia sin omitir un detalle. Los estantes llenos de tomos grandiosos que la castaña degustaba como si se tratara de una catadora de manuscritos parecían darle ahora la bienvenida.
Damon encontró un tanto extraña la fijación por una biblioteca, sin embargo ella recorría con lentitud cada centímetro de lugar acariciando el dorso de todos y cada uno de sus viejos amigos. Los libros.
-Asi que fuiste una chica nerd.—Aseguraba el pelinegro subiendo por uno de los bancos hasta sentarse sobre la cubierta de una de las grandes mesas entrelazando sus dedos para apreciarla mejor. Pues parecía que por fin el baúl de los recuerdos de Hermione Granger se abría en gran extensión mostrando cada una de sus detalladas líneas.
-Era dedicada, prefiero llamarlo así—Tomaba uno de los manuscritos soplando la pasta principal para limpiarlo un poco. –Solo en este lugar podía asilarme del mundo e imaginar que era una persona distinta a la que soy.
-¿Escapar de ti misma?
-Quizá—Aseguraba la castaña mirándolo de soslayo. Caminó un par de metros hasta llegar a otro de los estantes observando que casi todo seguía en su lugar a pesar de los años. Los tinteros limpios y colocados, los plumeros esparcidos por cada una de las mesitas laterales parecían ser las que dejó de ver cuando cursó su último año en aquel colegio. –Este era mi mundo Damon, mi santuario, al cual ni siquiera mis amigos se atrevían a entrar.
El pelinegro notaba que una lagrima se resbalaba por su mejilla, tal vez debido al polvo de ese libro que acababa de limpiar, no obstante era algo más que solo la nostalgia podría traer consigo los recuerdos. Se acercó lentamente quedando al frente mirándola a los ojos, pues con su dedo índice levantaba su barbilla despacio.
-¿Qué sucede Hermione?—Preguntaba él, mientras que la chica desviaba su mirada apretando levemente sus labios.
-Este lugar pudo sobrevivir a la guerra, incluso cuando el ministerio realizó el inventario del inmueble encontró que este lugar fue el único que quedó intacto después de eso—Suspiro.—Lo extraño es que a nadie se le ocurrió esconderse en la biblioteca, aún en en tiempos desesperados nadie piensa en el estudio.
Hermione se alejó un poco dejando el manuscrito en su lugar dándole completamente la espalda intentando siquiera soltar una risita por aquel comentario. El pelinegro la tomaba de la mano notando que la chica seguía llorando en silencio.
-No hubo cuerpos aquí, ni siquiera rastros de que una guerra despiadada hubiera ocurrido, todos se congregaron en el gran comedor, en las mazmorras, incluso el salón de herbología les pareció un buen sitio para esconderse.
-Hermione…
-Hagrid llegó encadenado por esos malditos desgraciados como si fuera un animal peligroso… Varias chicas de Ravenclaw murieron despiadadamente a manos del idiota de Grayback, y ni decir quienes sufrieron torturas como yo lo hice a manos de Bellatrix.
Damon solo la escuchaba, aquella chica intentaba mostrarse entera ante aquellos recuerdos tortuosos de la guerra, sin embargo sabía que no era correcto que continuara con aquella autoflagelación. Tan solo la abrazó con fuerza como si de una muñeca se tratara, la acercó a su pecho mostrando su anillo de lapislázuli susurrando a su oído.
-Tranquila, todo está bien… Todo está bien y tú también lo estas preciosa, no te obligues a recordar.
-Es imposible Damon, pensé que lo había superado después de todos estos años, pero al volver al colegio, al recorrer estos pasillos, al sentir el aire mágico todo vuelve como si hubiese sido ayer.—Declaraba ella en susurro.
Continuaron abrazándose, disfrutando uno del otro de la calidez de sus cuerpos, de la cercanía que los recuerdos y la tristeza llevaban consigo. Quien diría que la biblioteca también fuese testigo del nuevo amor de alquiler de Hermione Granger, pues también lo fue de su crecimiento intelectual, personal, como aquel confidente silencioso que solo observa y jamás opina. Ahora Damon la abrazaba con ternura, mientras ella se perdía en esos hermosos ojos azules tan claros como el agua, tan intensos como la furia del océano y tan apacibles como el viento.
Cuando decidieron separarse lo hicieron de forma lenta, aún con sus miradas conectadas. Aquel vampiro sonrió mostrándole que todo iría bien a partir de ese punto. Hermione lo volvió a tomar de la mano secándose las lágrimas que la nostalgia le había llevado.
-Hora de que te muestre más cosas—
-Entonces vámonos a un lugar mas privado linda—Damon alzó las cejas junto a una pícara sonrisa, mientras que Hermione le daba un golpecito simulando que estaba molesta.
-Hablo de la escuela—
-Está bien mi bella guía de turistas.—El volvió a tomarla de la mano dirigiéndose a la salida y en ese instante algo extraño ocurría.
Ambos sintieron un par de bolas de papel pegándoles en la cabeza a lo que Damon intentaba responder lanzando la misma. Hermione no reaccionaba, pues aquella broma se la habían hecho hacía muchos años cuando varios incautos salían de la biblioteca a sus salas comunes. Ella se giró cruzando los brazos mirando al causante de todo aquello.
-¿Nunca te cansas de lo mismo Peeves?
Damon observó que un espectro blanco flotaba por los aires en cada esquina de la biblioteca, consideró que no era medianamente ofensivo por tan solo arrojar un par de bolas de papel, así que esperó a identificarlo completamente. Aquel fantasma diminuto le parecía a uno de los muñecos de su hermano Stefan cuando niño, portaba un sombrerito puntiagudo y al mismo tiempo vestía un traje de satín con unas cuantas bolitas de algodón que en su momento debieron tener sus colores originales.
Aquel espectro inofensivo volaba intentando recolectar mas bolas de papel, pero la castaña había encantado con la varita todos los manuscritos utilizando un hechizo inmovilizador infalible. Si alguien conocía de hechizos, era precisamente ella. Peeves lo sabía a la perfección.
-Granger, Granger, ¡Sabelotodo Granger!—El espectro seguía revoloteando.
-A mí también me da gusto verte Peeves, pero creo que deberías renovar tus bromas o alguien más ocupará tu lugar como el molesto fantasma del colegio—La castaña reía un poco y al mismo tiempo Peeves se les acercaba.
-El está muerto… ¡Muerto, Muerto!—Chillaba graciosamente.
-Pues claro, es un vampiro, ahora si nos disculpas nos falta mucho por recorrer—Ella volvía a tomar de la mano a Damon quien seguía estupefacto por lo que acababa de mirar.
-Hermione y un vampiro están juntos… Granger y el vampiro están juntos.—Mientras se retiraban el fantasma continuaba canturreando, lanzando bolas de papel a diestra y siniestra sin blanco definido.
Al instante de encontrarse lo bastante alejados del molesto espectro Damon reaccionaba por fin dirigiéndole una mirada a Hermione llena de desconcierto. Mientras tanto habían tomado otro camino diferente subiendo por unas estrechas escaleras de piedra para llegar al siguiente piso.
-¿Hay más fantasmas como Casper?, ¿Aquí todos se convierten en eso?, Si aquella cosa es de aquella forma no me quiero imaginar a los otros tres que tiene como tíos.
-No se llama Casper, aunque la alusión le podría quedar como anillo al dedo si en verdad fuera amistoso, pero no lo es. –Proseguía. – Mientras muchos estudiábamos o teníamos clase, tenía la costumbre de lanzarnos cosas haciéndonos molestar considerablemente, en verdad es irritante. Pero quiero que una cosa te quede clara Damon, si un mago o bruja muere, lo hace como una persona normal.
-¿Entonces por qué carajos se vuelven fantasmas?
-Porque se niegan a irse, sienten miedo de cruzar y encontrar su propia paz.
-¿Cómo es que sabes…
-Damon—Lo detuvo un momento subiendo un par de escalones quedando al frente. – Fui la mejor estudiante de mi generación, también no debo recordarte que la habitación que compartimos era parte de la torre de premios anuales a la cual yo pertenecí. Así que prácticamente conozco la historia de Hogwarts de cabo a rabo.
El vampiro miraba de nuevo sus ojos caramelo llenos de seguridad, no se podía imaginar a una Hermione Granger convertida en nerd, no la visualizaba con un par de aumentados lentes ni con frenillos, mucho menos con zapatos ortopédicos vistiendo lo más mojigata posible. La chica que tenía al frente tenía una sonrisa dulce, ojos preciosos, un cuerpo aunque no voluptuoso era delineado, estilizado; pero lo que más llamaba su atención era aquel rostro tan limpio, como si la niñez se negara a abandonarla.
-¿Me estas poniendo atención?
-Tu… sigue hablando, yo te admiro—Se acercó un poco a ella tomándola por la cintura. –Me pones duro cuando hablas de historia, ¿Podrías mostrarme cómo resolver ecuaciones diferenciales?
Hermione no pudo evitar soltar una risita, deseaba sentirse molesta por aquel comentario que en algún momento de su vida pudo considerar sexista; no obstante ahora alguien la miraba por la mujer que era, no por lo que sabía, sus proezas, su intelecto. Había un hombre que podía admirar en ella todas y cada una de esas cualidades y colocar el deseo como primer escalón.
-Pues no creo que tengamos mucho tiempo de hacer algo aquí Damon, aunque te confieso que cuando rompo las reglas...—Se acercaba a su oído. -Puedo ser una chica verdaderamente mala.
Ella mordía su labio inferior volviendo a tomando su mano para continuar el camino, sin embargo Damon tenía casi una erección del tamaño y la rigidez de una varita mágica.
La castaña le mostro el salón de herbología, le comentó la importancia que tuvieron las mandrágoras que se encontraban recién plantadas esperando su maduración en despetrificar a las víctimas del basilisco. Cuando Damon intentó sacar una de ellas, la castaña realizó un hechizo silenciador de ambiente para amortiguar el chillante sonido. Ella lo miraba con reprimenda mientras que el vampiro solo fruncía el ceño como si se tratara de un niño pequeño siendo regañado; a lo que Hermione no tuvo mas remedio que ceder.
Caminaron después por los diferentes patios, pasillos, mostrándole toda la arquitectura del colegio y a su vez relatándole historias que tuvieron lugar en esos sitios específicos. Sencillamente Damon no imaginaba una vida normal de un dia en esa extraña escuela, mucho menos un año completo.
Pasaron también por el patio de los Thestrals, unas criaturas que al principio Damon encontraba grotescas. Aquellos cuadrúpedos oscuros y alados tenían un poco de temor de acercarse, sin embargo lo hacían con cierto recelo hasta quedar al frente.
-Parecen… caballos demonio… Son como los que aparecen en el señor de los anillos.
-No, de hecho estas especies son únicas, y solamente las pueden ver aquellos que han presenciado una muerte—Ella suspiraba. –Yo los vi a partir del quinto curso cuando el padrino de Harry perdió la vida a manos de mortífagos.
Hermione le explicaba esa aventura ocurrida algunos años cuando intentaron rescatar a Sirius Black en el ministerio, le relató con detalle la forma en que Voldemort se metía en la cabeza de su amigo para hacerle creer que en verdad estaba en peligro. Damon constantemente tenía preguntas al respecto y la castaña las contestaba sin titubear, pues consideraba esas historias parecidas a las que vivió en Mystic Falls con el brujo Silas. Simplemente no deseaba tocar el tema y mucho menos revivirlo.
Mientras que Hermione acariciaba a uno de los caballos oscuros, pasaba saliva con dificultad ya que durante todo aquel día tenía una duda que rondaba en su cabeza. Se giraba completamente despacio para apreciar que Damon estaba acariciando a uno de los Thestrals recién nacidos.
Aquello, le parecía de lo más tierno.
Se adelantó un par de pasos mirando todavía al vampiro tener un momento de ternura, algo que no dejaba ver de si mismo y mucho menos a una de sus clientas. Frotó sus manos en señal de nerviosismo pasando saliva para comenzar, pues en realidad aquellas preguntas eran tan difíciles de emerger como la lava en un volcán inactivo.
-Damon…- No sabía cómo comenzar.
-¿Qué ocurre?
-¿Quién es en realidad Katherine?—La mirada de Hermione era contundente, y en ese instante el vampiro le daba una última caricia al Thestral para levantarse.
Desvió la mirada por unos instantes concluyendo que aquella vampira le había envenenado la cabeza con ideas ponzoñosas contándole algunas cosas oscuras de su pasado. Era normal tratándose de Katherine Pierce. Miró a la castaña con determinación y se adelantó unos pasos a su presencia.
-Es una perra vampira que vive solo para joderme, ¿Contestada tu pregunta?
-No.
-¿Por qué no?
-Por que siento que me ocultas muchas cosas referentes a ella Damon, tu viste que ahora tiene interés en Draco y…
-Así que es eso—La interrumpió. – Todavía sientes algo por tu noviecito rubio y temes que otra que no seas tu te lo arrebate ¿Es eso?
-Tu sabes que no es así—Ella lo miraba con determinación, esta vez con cierto deje de reproche en sus palabras. –De otra manera ¿Por qué crees que te salvé de Draco la noche en que te encontramos? ¿Por qué crees que decidí borrar momentáneamente sus recuerdos sobre tu naturaleza?- Se acercaba un poco mas a el sosteniendo su mirada. –El hecho que ya no sienta nada por el no significa que quiero verlo muerto o torturado a manos de una vampiresa que te conoce demasiado bien Damon.
El vampiro intentaba refutar cualquier argumento, cualquier pregunta, pero simplemente se silenciaba esperando que aquella chica desistiera del interrogatorio. Su boca intentaba soltar cualquier palabra que pudiese satisfacer la nueva curiosidad de Hermione, sin embargo aquellas mismas se detenían por el solo hecho de no causarle una mala impresión sobre su pasado. Deseaba contarle la verdad, y con eso quizá las cosas fueran diferentes, ya sea para bien o para mal pero distintas.
Solo se escuchaba el relinchar de los Thestrals, el sonido del viento golpeando las hojas de los árboles, los pajarillos revoloteando sobre ellos y un inmenso abismo entre los dos que comenzaba de nuevo a crearse. Ambos continuaban mirándose esperando alguna respuesta, alguna interrupción les caería de maravilla, pero se encontraban solos, los demás invitados no apetecían dar un recorrido por el colegio habiendo algunos otros lugares en qué entretenerse.
-Katherine…- Damon todavía dudaba.
-¿Ella te convirtió no es así?—Preguntaba ella como si se tratara de un examen oral al que estuvo acostumbrada. –Mencionó a tu hermano, Stefan… si no me equivoco.- Ella se alejaba un poco colocándose de su lado. –Y lo más importante ¿Quién es Elena?
Aquellas preguntas comenzaron a bombardear el cerebro del vampiro, parecía que de nuevo el remordimiento se esparcía por cada fibra de su ser deseando retirarse de ese lugar huyendo de todo aquello que lo lastimaba. Pensaba otra vez apagar su humanidad, pero aquello lo había hecho tantas veces que otra resultaría inofensiva, ésta vez estaba acostumbrado a cargar con la culpa a cualquier sitio que llegara.
-El pasado es eso Hermione, ahora si no te molesta me gustaría ver otras cosas de este castillo mágico—Intentaba dar la evasiva pero la castaña era insistente.
-No hasta que me respondas Damon—Se colocaba frente a el para hacerlo hablar.
-No comprendo por qué quieres saber cosas de mi pasado Hermione, pensé que no importaba
-Pues me importa Damon—Ella aseguraba con determinación y al escuchar esas palabras el pelinegro vampiro se acercaba a ella mirándola a los ojos con intensidad.
-¿Por qué Hermione? ¿Por qué te importa?
Deseaba que le diera aquella respuesta que había esperado durante siete días, esa misma que podría cambiar muchas cosas a partir de ese punto. Pasaba saliva con dificultad, los nervios de esa declaración podrían desencadenar muchas cosas, las palabras mas peligrosas, precisas y a la vez tan determinantes eran lo que Damon esperaba…Un "Te amo".
"Me importa porque te amo Damon"
"Me importa porque estoy perdidamente enamorada de ti"
Sin embargo la realidad era otra. Hermione Granger lo miraba con intensidad deseando soltar esas palabras, anhelaba volver a confiar en otra persona distinta a si misma. Deseaba aferrarse a la idea de que en verdad podía existir aquel amor a la medida, no deseaba dudar de otra persona como lo había hecho con Draco. No quería sentirse traicionada y lastimada de nuevo, pues aquella coraza que se forjó para olvidar la afrenta cometida hacia su persona hace años era tan difícil de crear que le sería complicado levantarla de nuevo.
Desvió su mirada, algo en su interior le impedía considerablemente abrirse. Su corazón estaba destruido en mil pedazos pero armado completamente como una especie de rompecabezas, tan remendado por los años que parecía un collage con piezas diferentes una de la otra. Su confianza, su lealtad ahora las reservaba para ella misma decidiendo solo tener el momento rehusándose a pensar en el futuro.
-Me importa… por que no puedo permitir que Katherine Pierce le haga daño Damon— Aquel vampiro se retiraba de su presencia.
Sintió ganas de llorar, incluso de asesinar si era preciso. Podía fingir estar cansado para después recorrer las calles de Londres y encontrarse no a una, sino a varias presas que servirían para recordarse que era un solitario vampiro con necesidades primarias. Un ser sin corazón que estaba dispuesto a ganar enormes sumas de dinero con tal de no tener a nadie fijo en su vida, a pesar de engañarse a si mismo constantemente.
Estaba a punto de retirarse, pero su orgullo se lo impedía. Tomó a Hermione por la cintura obligándola a mirarlo, sus ojos de intenso azul podían atravesar dicha coraza remendada en tan solo segundos, y eso ella lo sabía a la perfección. La castaña por su parte se quedaba petrificada ante tal arrebato, aquel hombre comenzaba a ser lo que tanto había decidido esconder por mucho tiempo. Su debilidad.
-¡Eres una mentirosa Hermione!—Le espetaba. -¿Cómo haces para fingir que no te importa?
-Damon…
-¡Te mientes a ti misma una y otra puñetera vez!—Intentaba tranquilizarse, pero la ira en su interior comenzaba a emerger a través de sus ojos, pues el hermoso azul comenzaba a desaparecer dando lugar a unos demasiado oscuros. Su bestialidad salía a la luz. -¡Por qué no lo admites carajo!
-Admitir… Qué—Ella lo miraba, y en otras circunstancias estaría muerta de miedo con la varita preparada para atacar en cualquier instante; sin embargo por algún motivo no le temía.
-Sólo quiero saber quién fue Elena, nunca me cuentas nada de ti y has sabido todo respecto a mi desde el primer momento Damon.
-Elena…- Damon se silenciaba, aquella declaración le había relajado un poco y al mismo tiempo su agarre perdía fuerza. –No estoy listo para contarlo, además… ¿De qué serviría?—Hacía una pausa alejándose lo suficiente de ella. –Nosotros dejaremos de vernos después de mañana.
Esas palabras atravesaron su corazón como una daga sigilosa que llega dispuesta a dar muerte en una sola estocada. Desvió la mirada apretando sus puños al recordarse a si misma que todo aquello solo era parte de una comedia, un amor o mejor dicho; una compañía que había alquilado para demostrar que había continuado con su vida. La única realidad que existía en ellos era una demasiado absoluta, no podían ser felices de cualquier manera.
Hermione también deseaba llorar, nunca pensó enamorarse perdidamente de un escort. Siempre consideró en algun momento que las personas que necesitaban a otras por conveniencia tenían siempre un final desastroso en caso de involucrarse. La compra-venta de un producto o servicio tenía siempre su propósito y su culminación, lo tenía en mente debido a su profesión. Sin embargo ahora las cosas se habían salido de proporción considerablemente al sentirlas en carne viva.
-Perdón por preguntar, no debí involucrar intereses así que pido disculpas por ello Damon—Su semblante cambiaba, su mirada se mostraba mas fría y resignada. Se ladeó el cabello castaño sin mirar a su acompañante.
-Hermione…
-Debemos irnos, se acerca la hora de comer y debo conseguirte sangre—
-No soy ningún inválido—El también refutaba con seriedad.
-Te recuerdo que no hay ningún hospital cerca y aquí todos los magos sospechan de cualquiera que intente conseguirla, así que debo ingeniármelas para no despertarlas—Bufó un tanto exasperada. – Es mejor que nos retiremos.
Aquel vampiro sabía que el bello momento de la biblioteca se había arruinado, ese de la noche anterior donde se abrazaron dulcemente hasta esa mañana; todo lo que había sembrado lo había segado hasta convertirlo en añicos. Volvían al mismo punto de partida cuando se trataba de dos desconocidos cerrando un trato, ahora todo regresaba a su cauce. Uno tan frío y escueto como el alma de un dementor.
Comenzaron a emprender la marcha hacia las habitaciones, pero alguien mas estaba acercándose al lugar, una chica morena que Hermione conocía perfectamente. Así que decidió cambiar su cara esforzándose por sonreír ampliamente. El vampiro pelinegro volvía a tomarla de la mano, ésta vez la sentía tan fría como hielo, sin embargo era hora de mostrar su mejor actuación tomándola también de la cintura.
-Hola Parkinson—Iniciaba la castaña.
-Hola a ti también Granger—La otra ni siquiera la miraba, pues toda su atención estaba colocada en el pelinegro.
Se acercó lentamente extendiendo su mano saludándolo primero a él ignorando a la castaña olímpicamente. Aquel acto no la sorprendía, pues estaba acostumbrada a sus desplantes desde sus épocas colegiales; mientras tanto el pelinegro por compromiso le correspondía, y a decir verdad le parecía un tanto irritante la arrogante actitud de la chica insistiendo como si su dinero y su poder pudiesen brindarle su atención.
-¿También recordando tus días de estudiante?—Preguntaba la ex Slytherin. –Aunque siempre era seguro encontrarte en la biblioteca que yo tenga entendido.
-Conocí la escuela tan bien como tú Parkinson, mi mundo no eran solo los libros—
-Si, claro—Respondía sarcástica y mordazmente la morena. –No deberían apartarse tanto de los demás invitados Granger, muchos esperan que les sigas contando sobre este maravilloso hombre que ahora se encuentra a tu lado.
Damon no respondía todavía, detestaba las peleas de chicas considerablemente. Sin embargo temía arruinar aún mas la relación que tenía con su clienta, así que se limitó a sonreir mirando a Hermione para que ella dirigiera la conversación y en algun momento corto la terminara.
-Decidí mostrarle los alrededores a Damon, y hasta el momento todo le ha encantado—Por fin lo miraba con determinación sin perder la sonrisa. -¿No es así?
-Efectivamente—Respondía de inmediato el pelinegro. –Todo me ha parecido encantador, mágico y ¡Que decir del pulpo gigante! Pero lo que mas me ha fascinado… es nuestro dormitorio.
Hermione estaba a punto de reir, no cabía duda que Damon Salvatore tenía también la capacidad de tener un sentido del humor incomparable. Sin embargo aún estaba molesta por su negativa a la honestidad. Se limitó a sonreír intentando mostrarse feliz con su nuevo amor.
-Por cierto, Draco preguntó por ti la otra noche en la recepción Granger- Parkinson lanzaba otro de sus venenosos aguijones.
-Seguramente lo hizo porque nos cruzamos, y debo decir que se le ve muy feliz—Ella respondía al instante como un mecanismo de defensa. –Mientras tu y las demás conversaban con Damon me lo encontré.
La morena decidía enterrar mas su ponzoña caminando un poco más a ellos, incluso se podía notar que relamía sus labios por el solo hecho de saborear la posible reacción de la castaña. Sonrió con lentitud encendiendo a su vez un cigarrillo colocándolo a la altura de la comisura de ellos. Hermione sabía la dirección que tomaría todo aquello, así que decidió extremar precauciones aferrándose más a la mano de su acompañante. Aquel acto provocó que Damon también lo hiciera.
-Dicen que donde hubo fuego cenizas quedan querida—Miraba al pelinegro. –Deberías saber que fueron novios después de la escuela y aunque no estuvimos de acuerdo con aquella relación simplemente nos ignoraron… aunque debo admitir—Hacía una pausa dando la primer calada.
-Su relación me inspiró-
Damon comenzaba a molestarse, conocía perfectamente aquella actitud petulante en una persona; en Katherine. Y sencillamente era como apreciar una versión más egoísta y destructiva en otra persona.
-Draco nunca nos confesó que estaba enamorado en secreto de Granger hasta que yo casi se lo saqué con Veritaserum. –Declaraba la morena. –Debo contarte querido Damon que si yo conocí a una pareja más peligrosa, controversial, polémica y descabellada era esa- Miraba otra vez a Hermione.
-Draco Malfoy el sangre pura, y Hermione Granger la sangre sucia—Suspiraba con evidente hipocresía. – Un amor que llegó a considerarse épico a tal grado de ser de las primeras planas en las revistas de corazón de bruja. Incluso, hay muchas historias sobre ellos…
-Muchos los llamaron… "Dramione: Una historia de amor tan peligrosa y prohibida que debió ser contada".
Hermione recordaba aquel pasaje de su vida donde por primera vez sin intención alguna, era parte de los encabezados en los periódicos. Recordó que más de alguna ocasión le llegaban historias impresas sobre aquel épico amor que se había formado entre ellos, y al mostrárselas a Draco reían como locos sobre los posibles métodos por los que se habían enamorado. No pudo evitar sonreír al recordar aquella parte de su vida.
Damon no pudo evitar sentirse relegado haciendo memoria del verdadero motivo por el cual decidió dejar Mystic Falls y seguir su propio camino. Era el hermano rechazado, siempre la segunda opción incluso por la misma Katherine Pierce quien le confesó que su predilecto era su hermano Stefan. Con el paso del tiempo al conocer a Elena Gilbert su doppelganger despertó de nuevo la intensidad del amor, sin embargo también ella prefirió a su hermano. Todos argumentaban que aquellos dos eran un amor épico, aquel que estaba predestinado a encontrarse.
-El pasado es pasado Parkinson—Hermione le interrumpía el relato. –Draco y yo hemos tomado caminos diferentes y por consiguiente nuestros intereses, incluso nuestras parejas han cambiado—Afirmaba. –Ahora Damon forma parte de mi vida y debo decirte que lo que nosotros tenemos también es épico.
-Así es—Agregaba el vampiro acercándose a la morena mirándola con intensidad tomándola de sus hombros. –Mira niña rica hechicera, no me interesa tener ningún polvazo contigo ni por todo el jodido oro del mundo, no me interesa que tu papi tenga cuentas en Graysgold o que se haya sacado el Lotto Millonario como un cabrón golpe de suerte.
Hermione lo miraba desconcertada, pues concluía que estaba utilizando alguna especie de hipnosis para hacer olvidar a Parkinson ese encuentro. Notaba que aquel vampiro, aquel escort que había rentado para simular un romance en verdad estaba celoso, furioso, incómodo por escuchar un relato relacionado a ella sobre su relación pasada. Por algún momento aquello le hacía sonreír sobremanera.
-Draco la dejó ir por pendejo, por que le resultó más fácil mojar otras cabronas bragas que las que tenía en su casa ¿Comprendes?—Proseguía. –Así que aquel amor "Epico" como tu lo llamas ha valido madres por su culpa, por que no sabe guardarse el pene permitiéndole tomar todas sus decisiones por él, entonces no quiero que vuelvas a torturar a Hermione con esas estupideces por que ahora me tiene a mí.
La morena lo miraba con fascinación, su estado adormecido la hacía asentir en señal de acuerdo. Aquella mujer había sido hipnotizada en su totalidad.
-Ahora te largaras a buscarte a otro a quien mostrarle los pasillos de la escuela y olvidarás que tuvimos esta conversación- En ese instante la morena Slytherin volvía a asentir dándose media vuelta para retirarse.
Hermione estaba contrariada, pues sus principios le imperaban reprender a Damon por aquel impulsivo acto arrebatado; pero por otro lado sentía que era correcto que aquella chica imprudente recibiera su merecido. Después de soportar mucho tiempo de humillaciones de su parte se sentía capaz de ponerla en su lugar en cualquier instante, pero aquella hipnosis había hecho más que suficiente por lo pronto. Así dejaría en paz el tema relacionado a Draco.
-No debiste hacerlo—Acusaba ella conteniendo sus ganas de reir. –Además es Gringotts, no Geysgold.
-Te dije que no me interesaba, y siendo honesto su historia sobre tu épico romance con el oxigenado infiel comenzaba a cansarme.—Curvaba media sonrisa acercándose a ella. -Mis clientas son lo primero pero detesto que otras me recuerden a los ex novios.
-Eres un escort que se toma atribuciones que no le corresponden.—Ella lo retaba con la mirada sonriendo a su vez conteniendo las ganas de reir. -Estoy a punto de despedirte ¿Sabes eso?
-No encontrarás a nadie con mi rostro, mi estilo, y mis habilidades en … bueno, creo que en el motel lo demostré.—Guiñaba el ojo con cierta picardía.
-Pues te sorprenderías lo que una se encuentra en la red si se lo propone—
-Intentalo y mataré a cualquiera que contrates Hermione- Volvía a acercarse a ella tomándola de la cintura.
-Eres malo.
-Soy un vampiro malote, una vez que pruebas… jamás dejas—Comenzaba a subir sus manos por las caderas de la chica hasta su espalda aspirando su cuello. La castaña mordía su labio inferior cerrando sus ojos disfrutando aquel eufórico y arrebatado momento, su sangre comenzaba a hacer ebullición como en una olla de presión y sus sentidos se adormecían con el simple toque de sus caucásicas y fuertes manos.
-Eres un loco Damon… aveces… haces que me pierda a mi misma—
-¿Y no te encanta?
-Engreído—Respondía ella entre jadeos, pues a esas alturas notaba que la comenzaba a despojar de su blusa dejándola solo en el sostén de seda púrpura que se vistió aquella mañana. Mientras tanto las manos del vampiro recorrían deliberadamente su cintura, su espalda, la pegaba mas a su cuerpo besándola con premura en el cuello, lamiéndolo a su vez hasta llegar a la altura de la barbilla.
-Esto es cortesía de la casa, así que aprovéchame—Declaraba él y en ese instante la chica decidió seguir sus impulsos sacándole la camisa de una manera demasiado primitiva y demandante.
Hermione pudo sentir el cuerpo pálido de su acompañante pegarse al suyo notando a su vez en su vientre una erección que le friccionaba. Sin detenerse, sus manos bajaban por aquella fuerte y musculada espalda hasta llegar al firme trasero de Damon apretándolo como si se tratara de una almohada resistente. Mientras tanto aquel pelinegro se daba un banquete besando, acariciando, mordiendo cariñosa y pasionalmente los senos de la chica como si se tratara de un par de pastelillos cremosos.
Ese arrebato los condujo a una de las paredes del exterior donde continuaban mostrando su lado mas bestial y demandante. Hermione desabrochó su pantalón para poder tocar ese miembro rígido como roca, tan poderoso como la misma espada escalibur y tan grande como el cuerpo de una serpiente. Sin importarle los ojos curiosos lo besaba hundiendo su lengua hasta el interior de su garganta, enredaba sus dedos en el cabello azabache de Damon apretándolo con extrema necesidad de su cercanía.
Ahora la razón o siquiera el entendimiento mismo del lugar inapropiado poco le importaba.
-Eres tan sexy cuando te enojas, eres… tan sexy cuando me miras… Carajo… me tienes loco Hermione Granger.
-¡Callate y continua!—Ordenaba ella mordiendo la barbilla de aquel suculento hombre.
Al instante de estarse explorando al aire libre, a plena luz del dia con esos Thestrals como testigos alguien mas resultaba inoportuno. Una persona se acercaba a ellos abriendo sus ojos como platos al observar a una pareja demostrando su amor sin una muestra de pudor, pues no se trataba de sorprender a cualquier persona; sino de la misma Hermione Granger, un ejemplo de recato y buenas costumbres. O al menos, eso le parecía durante su estancia en el colegio.
Carraspeó para darse a notar ante ellos y en ese momento los eufóricos besos, los arrebatados toques y las miradas intensas por fin cesaron. Damon se encontraba mostrando su caucásica y fuerte espalda y parte de su ropa interior ante aquella persona que los había sorprendido, mientras que la castaña mostraba una cabellera enmarañada parecida a sus primero años en el colegio de magia.
-¡Hermione Granger!
La castaña la reconoció al instante como la directora de todo el campus. Pensaba en separarse inmediatamente pero las circunstancias no eran del todo favorables. Se aseguró de tener todavía el sostén en su lugar aunque poco podía hacer por su blusa tirada en el suelo. Bajó un poco la mirada con la cara llena de vergüenza, pues jamás pensó que precisamente la profesora Minerva McGonagall fuera testigo de un lado que desconocía de ella.
-Profesora… No la vimos….
-Es evidente que no me vieron, y de no aparecer no quiero imaginar en lo que esto se hubiera convertido.
Damon sonrió con travesura, se sintió como un colegial siendo sorprendido por una profesora mientras tenía cariñosos momentos con una de las alumnas. Se giró sin importarle su torso desnudo o siquiera su cabello despeinado. Ofreció una leve reverencia como disculpa tomando la mano de la castaña esperando a que alguien dijera algun comentario.
-Es mi culpa Profesora… yo…
-¡Ya, ya!—Interrumpía la directora. –Es mejor que vayan a continuar con lo que hacían a otra parte o de lo contrario serían la comidilla de toda la boda, así que den gracias a que los reporteros de los periódicos están ahora en Hogsmeade y no merodeando por el colegio o esas ropas son lo único que lucirían en la portada de la primera plana en El profeta.
-¡Que vergüenza!—La castaña decidía emprender retirada, le indicaba a Damon adelantarse pero antes la profesora la detenía mirándola con determinación y algo de reproche.
-Hermione—Empezaba. –Sabes que de ser todavía mi estudiante no dudaría ni un segundo en otorgarte un castigo ejemplar y en el peor de los casos expulsarte del colegio. Siempre fuiste mi alumna predilecta por tus conocimientos, tu astucia y tu buen corazón.
La chica agachaba la mirada recibiendo toda la reprimenda que jamás espero durante su estadía en la escuela de magia. Jamás pensó estar en circunstancias iguales o siquiera parecidas a las presentes. Mientras tanto el vampiro se había adelantado un poco colocándose maltrechamente la camisa subiendo las escaleras para de nuevo acceder al interior del colegio. En ese momento la profesora McGonagall esperaba a que el hombre estuviera lo suficientemente lejos para continuar con su cátedra.
-Profesora McGonagall, se que esto estuvo mal y créame que asumiré las consecuen…
-Hermione—Interrumpía la directora. –Esta mucho mejor de lo que imaginaba.
-¿Profesora?
-¡Ese hombre es un manjar!—Aquella mujer de edad avanzada levantaba por un instante los jos al cielo. –Si yo tuviera unos ciento cincuenta años menos haría lo mismo que tú.
Hermione por poco se echaba a reir por aquella declaración, pues comparando las edades podría jurar que Damon sería tan solo un poco mas joven que ella si no fuese por su vampirismo. Decidió tomar su blusa colcandola en su lugar encontrando que aquella mujer intachable también tenía un lado hilarante y divertido. Entre tanto Damon; quien había escuchado aquella ultima conversación tan solo curvaba una sonrisa de satisfacción.
Ahora regresarían de nuevo a la habitación para esperar la noche y acudir a Hogsmeade, pues se había organizado una lunada movida para todos aquellos quienes fueron estudiantes. Las tres escobas se había acondicionado para tener todo lo necesario y brindarles una velada llena de música, bebidas, recuerdos y sobre todo el mismo ambiente estudiantil al que alguna vez estuvieron acostumbrados. Esa noche, sería la última que pasarían juntos de acuerdo al contrato de compra-venta.
Después de eso sus caminos se separarían.
