Resultaba hilarante la idea de una fiesta previa antes del gran día, todos los invitados no hablaban de otra cosa que no fuese el acontecimiento tan esperado sobre el enlace matrimonial de Harry Potter y Ginevra Weasley. Aquellos quienes los conocían de toda la vida sabían que después de haber tenido un contacto mas cercano en la cámara de los secretos estarían destinados a unir sus vidas para siempre. Otros en cambio solo opinaban lo inesperado de su relación suscitada el ultimo año que Albus Dumbledore estuvo con vida. Aquellos comentarios, opiniones , buenos deseos eran grabados en una recordadora que George Weasley portaba consigo para después compartirla con la familia o en el mejor de los casos vender la exclusividad quizá por el morbo de un posible acceso de sus cámaras en su noche de bodas.

La directora actual había apartado las tres escobas como sitio idóneo para lo que ella conocía como "noche de recatada frivolidad"; no obstante sabía a la perfección que aquellas palabras solo significarían maquillar la cantidad de licor, música y movimientos quizá desenfrenados que gozarían los ex alumnos
del colegio Hogwarts con el pretexto perfecto de celebrar el matrimonio de nada mas y nada menos que del héroe del mundo mágico.

La amarillista Rita Skeeter no debía faltar en el considerado evento del año, pues con antelación se dedicaba a hacer entrevistas a los conocidos, amigos y cercanos de la pareja para obtener más información al respecto y transformarla a su muy particular, siniestro y morboso estilo. Acompañada de su equipo de camarógrafos, su asistente personal y su inseparable "vuela-pluma" llegaba al colegio como si se tratara de la misma reina Isabel primera.

Damon y Hermione habían bajado después de refrescarse para tomar algo de comer y esperar a la noche. Ambos se notaban tan enamorados y dedicados el uno al otro causando la envida de mas de una mujer o incluso pareja que distaba mucho de tener una relación medianamente llevadera. Aquella tarde, esa última noche la vivirían como si fuese el ultimo de sus vidas, como si una enfermedad mortal y fulminante los sentenciara hasta que se ocultara el sol para no volverse a ver nunca. La castaña no deseaba pensar, no quería por primera vez analizar o comparar su situación con la que tendría al dia siguiente. Solo deseaba vivir aquel amor a la medida que tanto anhelaba.

Decidieron no arreglarse demasiado, solo portaban ropa casual para pasar la media tarde antes de regresar a la habitación y en verdad prepararse para la noche. Damon llevaba puestos sus tan clásicos jeans azul petróleo, una camisa negra que contrastaba a la perfección con su cabellera azabache y piel caucásica. Su anillo de lapislázuli brillaba ante la luz con la misma intensidad que sus ojos expresivos y claros lo hacían. Sin duda alguna aquel apuesto hombre robaba la respiración de cualquiera que lo mirase caminar.

Rita Skeeter no dejó pasar esta gran oportunidad, se acercó presurosa, frívola y elegante irrumpiendo en una conversación que la castaña hubiera considerado relevante antes de saludar por un segundo a tan desagradable mujer. Inmediatamente la ojimiel sintió el pestilente aroma a perfume de azaleas proveniente de la periodista, su gesto de repulsión y asco se vió claramente reflejado en el fruncir de labios que intentaba disfrazar a toda costa con una sonrisa.

-¡Miren nada mas!- Comenzó la mujer rizos rubios mostrando una sonrisa extensa cubierta por el intenso lápiz labial rojo carmín tan vivo como la sangre. -¡Hermione Granger!, la alumna prodigio que ha regresado al rebaño de los suyos.—Observaba a la chica escaneando cada detalle seguramente para comenzar con su listado de criticas que sin duda alguna enumeraría en su próxima columna periodística.

-Después de tu rompimiento con… - Se excusó falsamente colocando su mano sobre su pecho. – Una disculpa linda, es que todo fue tan repentino que…

-Me ha ido excelente Rita—Interrumpió finalmente la castaña evitando emitir cualquier trémulo en su voz como clara señal de un ataque de descontrol debido a la rabia que aún le tenía. Decidió serenarse, obtener el dominio absoluto sobre sus emociones y no permitir que una mujer altanera pseudo-periodista la intimidara. Ahora era una mujer profesionista que había adquirido carácter, don de mando, liderazgo ante campañas y clientes difíciles, por consiguiente una mujer adicta al amarillismo no significaría una amenaza, sino un reto bastante atractivo para dejarlo pasar.

-Draco Malfoy y yo no congeniamos del todo, así que decidí—Suspiró—Bueno, no se lo que exactamente te haya contado pero en mi versión de la historia fue constructivo, por cierto –Se acercaba un poco a ella ladeando su cabeza. –Tengo todavía la fotografía de la edición de hace cuatro años… simplemente mi mejor ángulo.

Damon observaba a esas dos tener una batalla de sarcasmos a diestra y siniestra, quizá no sería conveniente tomar partido para evitar tener algun otro roce con ella. Esta vez, permitiría que por sus propios medios pudiera salir avante. Lo único que pudo notar, era que el joven asistente apuesto de anchos hombros colocaba la mirada en el block de notas que debería servir para su cometido.

No obstante miraba unas líneas desiguales similares a los garabatos de un niño de seis años, una que otra leyenda similar a un grafitti y una evidente falta de atención a quien debería prestarla. Arqueó las cejas dándose cuenta que ese individuo de buenas proporciones no era un asistente común y corriente; ya que en caso de tener algun gramo de inteligencia o astucia bien podría hacerle competencia en la "compra-venta de compañía". Sin embargo, tan solo dedujo que se trataba de un tipo con suerte a quien se le dio una linda cara y quizá un cuerpo envidiable.

Rita Skeeter, quien todavía seguía interrogando a Hermione sobre su vida profesional no perdía oportunidad en observar a Damon; contempló con claridad su altura, su gallardía embelesándose con su atractivo. Miraba después a la castaña deseando preguntar muchas cosas sobre su ahora nuevo acompañante. Sin embargo ella se adelantaba colocando su mano para silenciarla… Por primera vez, aquella amarillista mujer bajó su guardia.

-Estudié Mercadotecnia y publicidad, así que no creo decirte mucho sobre mis expectativas en la medicina mágica—Indicaba relajándose un poco más. – Pero veo que tu aún sigues vigente cual guerrera de la segunda batalla Rita.

-Se hace lo que se puede querida—Aquella mujer comenzaba a fastidiarle un poco la forma claridosa y tranquila con que la castaña se dirigía.

-Debes sentirte orgullosa de ti misma después de que "Vida y mentiras de Albus Dumbledore" no fue el best seller que esperabas—Hermione la miraba depositando por primera vez algo de veneno que experimento hace años cuando inundó con sus tabloides las calumnias respecto a su relación con Harry y Viktor Krum. En ese instante, poco a poco comenzaba a tomarle sabor a eso tan exquisito y dulce que no se permitía con regularidad; aquella que se degustaba fría, lenta y tranquila.

La venganza.

-Vendió lo suficiente , al menos el volumen de copias que siempre esperé, además… -Proseguía la periodista. –Mi interés en la escritura no es la venta, sino mantener enterados siempre a mis lectores con la información más verás que incluso la noticia misma trata de ocultar a toda costa.

-No digo que eso sea mentira—Acotaba la castaña tomando un canapé de la charola con demasiada tranquilidad esbozando una sonrisa en sus labios. –Pero he manejado campañas publicitarias donde los escritores más escuetos pueden vender muchas más copias como pan caliente que lo que tu editorial hizo en todo un año transcurrido—Suspiraba. –Perdón si antepongo mi carrera ante esta clara sorpresa de volver a verte Rita, pero es… preocupante que el único impedimento para poder escalar al siguiente nivel sea… Tu editorial o en todo caso tu representante de publicidad, o quizá ¿La falta de presupuesto?

Rita se quedó callada por primera vez, su semblante cambiaba drásticamente al contemplar con claridad el triunfo absoluto de Hermione Granger ante sus ojos. Por un segundo, uno de sus impecables rizos rubios estaba a punto de colapsar de no ser por los pasadores que sostenían el sombrero cónico que llevaba puesto. Apretó sus labios tratando de disimular la molestia e incomodidad que se reflejaban en sus temblorosos dedos, trataba de mirar a otro lado distrayéndose a si misma saludando falsamente a otros de los invitados. La castaña… le sostuvo la mirada anotándose una contundente victoria.

-Estábamos en tiempos de guerra Hermione Granger, comprenderás que la editorial solo se dedicaba a imprimir volantes y panfletos sobre lo… desagradables que eran los sangre sucias, ¿Acaso no lo recuerdas?

Y ahí estaba. La mordida desesperada de Rita Skeeter como si se tratara de un animal carroñero que había sido herido de gravedad buscando por todos los medios sobrevivir a su propia cacería, esta vez convertida en la presa.

-Lo recuerdo perfectamente, pero tenía entendido que la editorial tenía carta abierta para publicar un best seller de nada mas y nada menos que de la gran Rita "Sangre Pura" Skeeter—Suspiró por un instante. – Comprendo que te sientas mal al saber que tu trabajo ha sido infra valorado, así que te ofrezco mis servicios, con nosotros invertirás bien tu dinero, asi puedes darte la vida que siempre quisiste—Observaba lascivamente al acompañante corpulento y apuesto que miraba a todos lados distraído de cualquier cosa que sonara como una campanilla.

La escritora amarillista deseaba lanzar cualquier cosa que pudiera servirle como venganza de ese comentario, no obstante debía admitir muy a su pesar que no tenía fundamento alguno para sembrar un chisme sobre su persona que no fuese el ya escrito de su rompimiento con Malfoy. Buscaba con la mirada al platinado esperando le contara lo que sabía sobre su llegada, no obstante tenía en consideración que a ese hijo de magnate le gustaba como siempre ser el centro de atención a pesar de no ser su propia celebración.

Fastidiada, decidió encaminarse a saludar al resto de los invitados quienes debían tener alguna primicia para después transformarla en su ya tan mórbida prosa.

-La odias—Damon se adelantó un poco acercándose con suavidad a su oído.

-Tenemos nuestro pasado, eso es todo—

-Pero estas sonriendo como una geniecilla malvada mi brujita—

-Me extraña que siendo un experto en mujeres te sorprenda—Lo miraba. – Entre mujeres podremos despedazarnos, pero jamás nos haremos daño… aunque eso deseemos con todas nuestras fuerzas.

Hermione guiñaba el ojo encaminándose a saludar a los demás quienes ahora departían abiertamente junto a la pareja que estaba a punto de contraer nupcias. Damon en cambio detuvo su característica sonrisa al observar claramente la llegada de Draco Malfoy sosteniendo la mano de Katherine, quien sin perder oportunidad alguna se contoneaba restregándose como si de una gata mimosa se tratara contra el cuerpo de su acompañante demostrando su territorio.

Rodando los ojos como señal de fastidio decidió no prestar más atención de la necesaria, ahora se concentraría en disfrutar al máximo el poco tiempo que le quedaba junto a Hermione. Si bien era necesario clavarle una estaca a quien fuese su "creadora", lo haría sin titubear si con eso garantizaba la tranquilidad ante las pocas horas que le restaban de compañía.

Hermione saludo cordialmente a sus ex compañeros, entre ellos Seamus Finnegan contaba historias sobre la forma en que llegó a colocar bombas explosivas alrededor del puente de madera para hacerlo añicos. Comentó que aquella faena había sido elogiada por la misma Minerva McGonagall quien le entregó un reconocimiento a dicha labor a pesar de romper un millar de reglas.

-Me lo dio en el pasillo de transformaciones donde nadie pudiera vernos—Aquel hombre soltaba una carcajada seguido por sus compañeros de casa mientras bebían algo de hidromiel que se encontraba en las extensas y largas mesas del gran comedor.

Damon solo arqueaba una ceja sintiéndose un tanto asilado de aquellas conversaciones, mientras tanto la castaña soltaba una risita al recordar la facilidad que Finnegan tenía para hacer estallar las cosas a la menor oportunidad.

-¿Ese chico típico payaso de la clase?—Preguntó el vampiro en voz baja.

-Uno de tantos—Respondió ella tomándolo de la mano para separarse de aquel grupo de amigos.

Todos comprendían que la nueva relación de Hermione necesitaba espacio, asi que aprovechaban cuando se retiraban lo suficiente para especular sobre la forma en que Draco saldría herido al ver con sus propios ojos que su ex novia tenía a otro hombre en su vidas. Algunos especulaban que ella lo había engañado; y al no soportar la nueva etiqueta de "Mujer Fatal" decidió vivir en otro continente evitando cargar con la mala reputación que aquel titulo llevaba consigo.

-Creo que somos mas populares que los novios—

-Somos la comidilla de la reunión que es diferente-

-¿Te molesta serlo?—Preguntaba él deteniéndose un poco para tomar un par de copas de hidromiel de la mesa ofreciéndole una a su clienta.

-He estado acostumbrada a estar en la mira—

-¿A sí?—Damon arqueaba una ceja tomándola de la cintura acercándose a pocos milímetros de sus labios sin tocarlos. -¿Chicos apuestos con las hormonas alborotadas como ese tal McCormick?

-En su momento lo fue pero… Era más bien en la mira de un séquito de serpientes esperando cualquier error de mi parte para hacer un tabloide amarillista como el de Skeeter—Soltaba una risita sin dejar de mirar sus bellos y expresivos ojos aguamarina. - ¿No te conté que una vez la transformé en un escarabajo y la encerré en un tarro de mayonesa?

-¡Hiciste qué!—

Ella le colocaba un dedo en los labios sosteniendo esa sonrisa tan maquiavélica y traviesa como aquella que le brindó a la periodista cuando charlaron. Damon estaba contrariado, pues a sabiendas de conocer brujas en Mystic Falls nunca presenció una transformación corpórea que hubiese hecho Bonnie o Shelya Bennet ante sus ojos.

-Nada del otro mundo, solo ponerla en el lugar que merecía para hacer unos cuantos favores a nuestra causa cuando el ministerio creía que Voldemort no había regresado—Suspiró una vez. –Otra historia que algun día te contaré.

Damon no prestaba atención a los hechos hilarantes y descabellados sobre ese mago tenebroso, pues las ultimas palabras de la castaña parecían mostrarle un camino más allá de la inminente despedida. "Historia que algun día te contaré" significaba la esperanza de seguirla viendo, de continuar con aquel idilio aunque fuese en diferentes términos. Eso sin pensarlo lo hizo sonreír sobremanera.

El momento en la reunión fue breve, todos tenían que lucir una de sus mejores galas casuales para poder soportar el desenfreno que contraería una noche de baile, bebidas, recuerdos, anécdotas y otras cosas como parte de una alocada despedida de solteros. Las hermanas Patil se quedaron un rato mas junto a los otros leones cantando el himno de su casa, mientras que las serpientes se burlaban disimuladamente no perdiendo tan arraigada costumbre.

Damon y Hermione estuvieron a punto de retirarse cuando una voz les llamó antes de que pudiesen cruzar la puerta principal del gran comedor. La castaña volteaba casi apretando sus dientes deseando no tener que cruzar palabra con ese hombre, no obstante la cortesía en su interior dominaba más todos sus sentidos y como respuesta su sonrisa notaba el agrado de verlo en ese sitio.

-¿Acaso no cantarás el himno de Gryffindor junto a tus amigos Granger?

Granger. Volvía a tener aquel apellido que durante años de manera despectiva Draco Malfoy utilizaba para molestarla, para hacerla desatinar en cada paso de su vida intentando colocarla en el lugar que de acuerdo a la sociedad mágica se merecía.

-Me gustaría hacerlo pero tengo algo que mostrarle a Damon antes de alistarnos para la fiesta, pero agradezco tu preocupación ante mi unidad con mis amigos Draco—Sin quitar la sonrisa de sus labios lo miraba abrazar de manera descarada a su nueva adquisición. Esa morena sensual de caderas delineadas y tacon resonante.

-Tuve una entrevista con Rita—Acotaba Draco. –Creo que volverás a encabezar sus tabloides o quizá decida escribir una columna completa sobre tu regreso a Londres.

Oficial. Draco Malfoy volvía a ser el mismo antipático, ególatra y fanfarrón que conoció en sus primeros años.

-No sería la primera vez Draco, aunque me extraña que aún creas todas las calumnias que publica, pero por otro lado no me sorprendería que le contaras lo relacionado a nosotros.

-No tuve que hacerlo—Interrumpía el platinado. –Todos conocieron nuestro romance en aquel entonces, ¿Recuerdas eso?

Damon comenzaba a fastidiarse de la manera tan clara y poco táctil de dirigirse a su clienta. Entrelazó sus manos a las de ella sonriendo como nunca mientras que su otra mano se deslizaba por la cintura de la castaña. Katherine no apartaba la vista de ambos conociendo con antelación el pasado del vampiro, concluía que aquello terminaría mal dados los antecedentes con Elena Gilbert. Solo se aferraba un poco mas al antebrazo de su acompañante rubio esperando que ambos hombres hicieran cualquier movimiento en falso para comenzar a atacarse. Dicho espectáculo sería para ella como una entretención de grandes dimensiones ante una reunión de lo más aburrida y rara. Al menos, así la consideraba.

-Cómo no hacerlo—Respondía la castaña. –Pero el pasado prefiero enterrarlo a donde pertenece y avanzar.

-Me pregunto lo que pensarán todos, si supieran que tu nuevo novio… Es un vampiro.

Aquellas palabras helaron los nervios de la castaña, tan solo lo miraba expresivamente intentando saber la manera en que había recuperado los recuerdos de aquel hechizo que alguna vez le resultó infalible con sus padres. No obstante, sabía que Draco Malfoy conocía a la perfección la magia oscura como consecuencia de su antigua iniciación a Mortífago. Apretaba la mano que tenía entrelazada con Damon sintiendo el latir de su corazón acelerado. Damon en cambio presionaba las mandíbulas deseando fervientemente ahorcar al platinado por intentar amedrantar a su acompañante. Se adelantó un par de pasos de manera brusca pero se vió detenido por Hermione.

Katherine sonreía fascinada por todo aquello, se limitó a mirar la reacción de Damon quien por por casi una milésima de segundo estaba a punto de mostrar sus ennegrecidos ojos acompañados de unas venas que ansiaban por aniquilar, drenar y acabar con su nuevo enemigo.

-Hijo de…

-¡Calma sanguijuela!—Draco alzaba las manos de manera descarada esbozando una triunfal sonrisa. –No le he contado nada a Rita si a eso te refieres, pero puedo llegar a hacerlo si llegas a fastidiarme.—Amenazó.

-Y aunque eso pase tampoco lo harías Malfoy—Replicaba Hermione.

-¿Volví a ser Malfoy?—El platinado curvaba media sonrisa.

-Siempre lo has sido hasta la médula, pero solo faltaba un empujón para que lo demostraras.

La castaña se adelantaba ahora notando que las miradas de todos los ahí presentes se dirigían completamente a ellos. El famoso reencuentro entre aquella pareja que en su momento se consideraba prohibida se mostraba con claridad frente a toda la escuela discutiendo para darles un espectáculo que disfrutarían en días posteriores a la boda.

-Es mejor que no te metas donde no te llaman Malfoy o también se enterarán que tu hermosa acompañante también lo es.

-Eso no es cierto—Replicaba el rubio.

-¿Estas seguro albino?—Damon espetaba sonriendo como nunca mientras que Katherine le lanzaba una mirada asesina. – Esta mujer es toda una caja de sorpresas, pero creo que ya te lo ha demostrado, hasta acá puedo oler las perforaciones cicatrizantes que te ha dejado en ese insípido y pálido cuerpo.

Draco comenzaba a palidecer un poco más de la cuenta, miraba a su acompañante con la esperanza que interviniera en su defensa. Hermione notaba que la mirada de su ex novio no era la misma petulante que conocía, pues por su aspecto se notaba asustado, intimidado, como si algo o alguien lo hubiese amenazado para decir todas y cada una de esas cosas.

-¡Vaya!—Interrumpía el vampiro pelinegro. –Como siempre usas a otros para hacer tus trabajos sucios, ¿No es verdad Kitty Kat? Es el misma sucia táctica que usaste con Stefan en 1864—Damon la miraba sin sorprenderse, entre tanto la castaña arqueaba una ceja, pues no le había contado la forma en que su hermano y él mismo habían sido persuadidos por aquella vampira.

-Hago lo que tengo que hacer mi querido Damon, ahora sabes de lo que yo puedo ser capaz para que no interfieras en los planes que tengo con este hermoso rubio.—Ella le acariciaba la cabellera al platinado como si se tratara de un niño pequeño. – Si intentas algo estúpido, recurriré a la rubia de mediana edad con vestimenta ridícula para exponerte.

-¡Déjalo en paz Katherine!—interrumpía Hermione esperando que alguien se diera cuenta de lo que ocurría, no obstante era poco conveniente armar un escandalo y asi también exponer a Damon. – No te atrevas a hacerle daño.

-Pensé que ya no te interesaba linda—La vampira se adelantaba un poco mirando con desafío a la castaña. –No te basta con tener comiendo de tu mano a uno sino que también deseas que el otro te siga adorando… Me recuerdas a mí en muchos aspectos ¿Sabes?

-Discrepo en eso Katherine—Ella la miraba con decisión. –Yo jamás usaré a nadie en mi beneficio como tu lo haces, asi que te aconsejo que te largues de Londres o no me importará clavarte una estaca yo misma maldita perra.

-¡Ya comenzaron las agresiones!—Por poco la vampira alzaba la voz, sin embargo se mantuvo al margen considerando la distancia entre los invitados. –No serías la primera que lo deseara, muchos lo han intentado incluyendo tu adorado novio pero heme aquí… Conquistando nuevos territorios.

-Pues no en el mio mujerzuela—La castaña estaba a punto de sacar su varita pero se vio interrumpida por el pelinegro.

-No lo vale Hermione—Susurraba despacio. –Ya encontraremos la forma de sacar a este cabrón de su compulsión, ahora no es correcto con toda esta gente mirando.

La castaña respiraba entrecortado, su corazón palpitaba mas de lo normal debido a la impotencia. A pesar de no haber nada entre ellos no quería que esa mujer lo controlara como si fuese una marioneta; así que decidió seguir el consejo del pelinegro y guardar compostura para no dar espacio a Rita Skeeter de escribir una amarillista y jugosa columna sobre el "Reencuentro de la pareja prohibida". Desviaba la mirada esperando con eso tener la absoluta serenidad para poder pensar con claridad y tomar la mejor decisión al respecto. El vampiro solo la seguía sin mostrarse un gramo sorprendido de las mañas de Katherine.

Hermione se dirigió a zancadas a otro lugar no importando el destino, conocía a la perfección la escuela, los pasadizos, los atajos necesarios para llegar de un lugar a otro sin contratiempos. Cuando necesitaba calmarse hacía lo mismo acompañada de unas cuantas avecillas de papel revoloteando en su cabeza, sin embargo esas mismas eran imaginarias y difíciles de atrapar.

-Hermione…- Hablaba el vampiro por detrás caminando al mismo ritmo que ella. –Hermione, detente..

La castaña parecía hecha una furia, un mar de sentimientos encontrados a punto de hacer colisión con el muro que separaba el patio de transformaciones de las bancas. El viento soplaba levemente a tal grado de interrumpir su mirada con unos cuantos mechones que caían sobre su frente, y a la vez tenía la sonrisa triunfal grabada en su memoria de aquella vampira que se había mofado en su cara. Damon no pudo contenerse mas y se movió con rapidez quedando frente a ella, la tomaba de los hombros agrandando sus azules ojos.

-¿Por qué eres tan terca?

-Siempre he sido así Damon—Ella no lo miraba. – Solo quiero matar a esa desgraciada con mis propias manos.

-¿Acaso te importa lo que le pase a Draco todavía?—

-Damon por favor no es momento de…

-Siempre es momento para decir la verdad Hermione—El interrumpía. –Yo te dije una vez, que aquel imbécil se arrepentiría de haberte dejado ir tan fácil—Suspiraba.

La castaña bajo un poco su guardia al sentirse con los pies en la tierra de nuevo, alzó su cabeza observando aquellos ojos aguamarina expresivos, sin embargo ahora serios debido a la declaración, y cuando por fin pudo obtener la atención deseada, el vampiro bajaba su tono de voz.

-Draco aún te ama Hermione, aquel rubio insípido pariente de Ricky Ricón está sufriendo tu ausencia.

-¿Por qué me estas diciendo esto Damon?

-Se le nota en su mirar, cuando te observa, cuando te ve caminar, cuando respiras siento que su corazón se acelera—Esta ocasión el vampiro desviaba su rostro. –Pensé que se trataba del caso de un chico fanfarrón enamorando a una nerd.

-¿Cómo me llamaste?

-Concéntrate Hermione—Le imperaba con suavidad. –Estas muy atrapada en tu propia decepción que no ves más allá de tus celos, tu inseguridad, no quieres que se destruya la maldita coraza que te has formado para que nadie te lastime, pero te tengo noticias—Esta ocasión la miraba con determinación.

–El albino Malfoy te ama como no tienes una puta idea.

Hermione dio un suspiro hondo, relajó sus músculos y sin querer una lagrima se escapaba de sus ojos caramelo apretando levemente sus labios. El viento todavía se escuchaba, pues ese acompañamiento marcaba un tenebroso silencio que se cernía entre ambos, una realidad que estaba a punto de salir como un diamante envuelto en fango.

-Eso lo sé.

-¿Entonces?—Hacía una pausa esperando una pronta respuesta, no obstante aquella chica se había silenciado acomodando sus ideas y formarlas de manera adecuada. –Si todavía te importa Draco yo mismo le clavaré una estaca a Katherine para que lo deje tranquilo… No quiero verte sufrir.

-Draco todavía me importa Damon.

Aquellas palabras lo hirieron de manera letal, hubiese preferido que un objeto puntiagudo de madera atravesara su corazón para ponerle fin a su efímera y desorientada vida. De nuevo se anotaba otra derrota donde el destino mismo le demostraba que jamás podría ser feliz con nadie. Se apartó de ella un poco tratando de mostrar compostura, de deseaba demostrar que por dentro todo su ser se desmoronaba.

-Quiero que sean felices Hermione, y no te preocupes, haré todo lo posible por recuperarlo para ti—Damon intentó sonreir con sorna, se ordenaba a si mismo a mostrar una felicidad que distaba mucho de sentir en aquel momento tan cruel. – Iré a caminar un rato, te daré tiempo para que te prepares para la noche.

-Damon yo…

Estaba a punto de detenerlo, pedirle que no se fuera y explicarle la verdadera razón por la que había cambiado de opinión. Sus ojos caramelos se intensificaban mirando de frente a ese hombre que en tan solo una semana removió su mundo, sus ideales, cambiando cada esquema establecido sobre si misma, redefiniendo sus propios conceptos. Ese individuo que rentó en un anuncio de clasificados ahora significaba algo más que un simple y urgente contrato, la contra parte que necesitaba para volver a sentirse viva, con sangre ardiendo en las venas, pues cada caricia ahora se había tatuado en ella quitando no solo aquella coraza, sino ese amor arraigado del pasado.

El vampiro aún le daba la espalda, no se atrevía a mirarla para no mostrar sus acuosos ojos azules, esas lágrimas que se negaba a exponerle, tan solo su cabello removiéndose al viento era lo único que la castaña miraba desde aquella distancia. Giró su cabeza un poco para responder a su llamado.

-¿Quieres que me ponga algo especial para la noche?

Hermione sabía que no era buena idea expresar lo que sentía, se negaba a si misma a volver a exponer su corazón mostrando su lado más vulnerable, renunciaba a cualquier posibilidad de sentir, de volver a ser lastimada. Sabía en el fondo que aún diciendo a viva voz lo que su ser albergaba durante esa semana era lo equivalente a marcarse una derrota.

¿Qué le esperaba con Damon?

¿Cuál sería su futuro?

¿Había uno para ellos?

Ella envejecería, mientras el conservaría su porte, su galanura, su juventud eterna. Aquello sería una idea descabellada, fuera de lo común e impensable. Simplemente algo mucho mas prohibido comparado con lo que en algun momento tuvo con Draco, así que decidió reprimirse, obligándose a creer que superaría esta etapa enamoradiza y fantasiosa para enfrentarse de nuevo a su realidad. Era una mujer exitosa que no tenía la necesidad de estar con ningún hombre.

-Puedes vestir lo que quieras Damon, y gracias por lo de hoy…

Hermione se dio la media vuelta con el corazón derrotado, pues aquella barrera que se había contraído solo un poco a causa del impulso sentimental se volvía a levantar aún mas fuerte. Alisó su cabello castaño acomodándose la blusa también dándole la espalda, ahora lo importante no eran sus nuevos sentimientos, sino la forma de sacar a Draco de la hipnosis sin exponer a Damon ante los otros.

El vampiro emprendió marcha sonriendo un poco comprendiendo que esa sería la historia de toda su vida, estaba condenado al desamor por el resto de su eternidad. Había pensado que al convertirse en escort le evitaría la molestia de volver a remover sus sentimientos y mostrar su humanidad. A grandes zancadas se dirigía a otro sitio, deseaba estar lejos de ella, tocar tierra para darse cuenta que la realidad era una sola y debía aceptarla. Su amor jamás se realizaría, aquello que comenzó siendo un contrato de compraventa debía terminar de la misma manera.

Cuando la castaña dobló por uno de los pasillos y lo perdió de vista se recargó en la pared desmoronándose poco a poco, se cubría la cara con ambas manos pasando levemente sus dedos por su cabello. Se arrepentía de no confesar lo que en verdad sentía, su destino había cambiado sin darse cuenta y ahora se enfrentaba a aquello que trató de evitar durante cuatro años. El amor.

-Draco me importa…- Suspiraba. –Pero ya no lo amo.

Parte de la respuesta logró salir a la luz, sin embargo deseaba volverlo a guardar hasta recomenzar de cero. Tendría una buena vida en Norteamérica, trataría de concentrarse en el trabajo sin detenerse a observar su entorno, pero aquel enemigo peligroso estaba tan prohibido como el nombre del mago tenebroso que había combatido.

La luz de la luna era el mejor escenario que engalanaría esa noche de alcohol, recuerdos, música, baile y anécdotas. En punto de las diez todos comenzaban a dirigirse a Hogsmeade para congregarse en las tres escobas, por lo tanto los vestidos vaporosos, los escotes y la joyería resaltaba a la perfección en distintos tonos de piel seguramente perfumadas para ambientar lo que sería una velada inolvidable. Como siempre los anteriores Slytherins llevaban ropas de diseñador, zapatos elaborados con piel de ternera que fabricaban los duendes para tan exigentes personalidades. Otros como los Hufflepuff vestían mas relajados llevando vaqueros perfectamente combinados con pedrería o sacos para no desentonar con la hermosa lunada previniendo todo tipo de accidentes como los derrames.

Ginny Weasley junto a su cuñada Fleur los recibían en la entrada asignando las mesas para evitar amontonamientos o malos entendidos entre los invitados; a pesar que la esposa de Bill era la encargada de coordinar lo relacionado con el evento, la pelirroja deseaba participar en su propia víspera de boda. Aquella noche la futura señora Potter vestía un conjunto color violeta con escote de tirantes cruzados, un busto prominente que resaltaba su piel lechosa tan suave como la seda, su cabello caía en rulos como si fueran borbotones de mermelada de fresa sobre sus hombros, sus labios abrillantados y delineados con el tono rosa chicle le daban el toque de sensualidad e inocencia que a su prometido enloquecía cada vez que la miraba.

Fleur decidió llevar un conjunto color lima resaltando el tenue azul de sus ojos, peinó su cabello en cola de caballo cayendo a su vez en rizos, portaba sobre su esbelto cuello una joyería de plata ya que anteriormente le comentó a su suegra el no tolerar nada relacionado de oro debido a su alérgica piel. Los ronchones en su busto no se verían nada estéticos tratándose de la noche más importante del mundo mágico afectando así mismo su extrema vanidad afrancesada.

Aquel enlace matrimonial no solo significaba un motivo para recordar o hacer una fiesta, sino una columna de sociales donde se hablaría de todos y cada uno de los invitados. Como parte del evento del siglo hasta los Slytherin que en algun momento hicieron burla de los novios, ahora se congregaban como sanguijuelas en espera de ser reconocidos por algun logro vanal o estúpido expresando hipócritamente sus buenos deseos a la feliz pareja.

Madame Rosmerta se encontraba ocupada asistiendo cada detalle de la celebración, pues aquel sitio que en algun momento estaba repleto de mesas rectangulares ahora se engalanaba y se ambientaba con unas circulares, los asientos de madera habían sido alargados gracias a los potentes encantamientos utilizados. La iluminación era tenue, los colores rojo y violeta predominaban en el lugar enfocándose a una gran pista de baile donde una esfera de espejos giraba lentamente para refractarlas. Coronándola se encontraban algunas cortinillas de seda esparcidas a lo largo del lugar que cualquiera que mirara arriba se encontraría con lo más parecido a una flor extendida.

Las brujas de Macbeth aceptaron ambientar aquella noche y parte de la celebración, se encontraban afinando sus instrumentos no importando sus desgarradas y rudimentarias vestiduras. A fin de cuentas ese era su estilo particular mismo que las había llevado a la fama.

Conforme iban llegando los invitados el ruido y cuchicheo se intensificaba progresivamente, las risas, las críticas sobre los atuendos estaban a la orden del día más aún tratándose de quienes en su momento conformaron la casa de las serpientes. Pansy Parkinson encabezaba a un grupo de mujeres que se identificaron como las hermanas Greengrass; y entre ellas Astoria iba de la mano con quien fuese sucesor de Draco Malfoy en las épocas escolares, un rubio cenizo de anchos hombros que no perdió la oportunidad de codearse con el príncipe como si se tratara de un aprendíz de éste para ascender al trono. Después del declive de la familia aristócrata, otros quienes no tomaron partido durante la guerra mágica salieron abantes con sus fortunas y apellidos. Ese fue el caso de Allan Melarkey, el nuevo prometido de la menor de las rubias.

La pelirroja tenía que atender a los demás invitados e incluso hacer migas con las serpientes para su desagrado, no obstante como parte de la etiqueta prenupcial, su deber era tratar a todos por igual. En su lugar quedó Fleur quien dirigía a los recién llegados una cálida sonrisa de bienvenida indicándoles los lugares disponibles como toda buena anfitriona. Al cabo de unos minutos recibió al rubio platinado tomado del brazo por su nueva y exótica acompañante.

Le brindó una sonrisa junto a una reverencia disponiéndose a entrar y ocupar su sitio junto a Katherine. Draco Malfoy acaparaba siempre las miradas, un hombre tan popular y asediado jamás pasaba desapercibido por nadie, en especial por las mujeres quienes en el fondo morían por un miligramo de atención de su parte aunque afirmaran bajo juramento inquebrantable odiarlo como nunca por su arrogancia.

Draco Malfoy llevaba puesta una camisa color verde esmeralda junto a un pantalón de gabardina negra, su peinado un tanto alborotado le daba el aspecto juvenil y provocativo que hasta la misma Astoria hacía suspirar a pesar de no ser nada mas que un recuerdo escolar. Su acompañante portaba un conjunto color marrón con estampados ligeros café oscuro con un escote hasta el derrier. Caminaba con tal gracilidad, altanería y estilo provocando la envidia de todas las ahí presentes mientras que ella les devolvía una media sonrisa de satisfacción.

A lo lejos se podía escuchar el murmullo de Pansy junto a las demás especulando sobre la pareja allegada a la fiesta. La morena conservaba su cabello lacio vistiendo un atuendo color chocolate resaltando un escote que indicaba su disponibilidad en cualquier momento. Encendió un cigarrillo dirigiéndose a Astoria por lo bajo sonriendo.

-Definitivamente Granger es una tonta por dejarlo ir, yo sabía que de estar mucho tiempo libre más de alguna zorra llegaría a ocupar su lugar—Iniciaba Pansy.

-A decir verdad no me interesa—Aseguraba la rubia manteniendo sus rulos perfectamente definidos junto a una sonrisa condescendiente para su acompañante. – Draco ha decaído demasiado en los últimos años, sus gustos han ido de mal en peor –Rodaba los ojos con un tanto de fastidio.

Ambas finalizaban su comentario con una risita frívola mientras que el rubio solo sonreía con cordialidad a sus compañeras de casa. Decidió no acercarse a ellas para evitar un roce con Katherine; conocía muy bien a todo su séquito para exponer carne fresca a sus dominios de manera libre. No obstante, volteaba algunas veces a la puerta de entrada esperando ver a la única mujer que le interesaba, a pesar de tener a una exuberante chica sentada a su lado su corazón se encontraba en otro sitio diferente. Esperaba a su amada Hermione.

Hermione Granger se encontraba frente al espejo dándose los últimos toques para la noche, se miraba fijamente comparándose a si misma en épocas adolescentes llegando a la cuenta que no había cambiado mucho después de todo. Siempre pensó que la edad le propiciaría las armas para enfrentar cualquier cosa que la vida le antepusiera, y ahora concluía que la inmadurez y las decisiones equivocadas la acompañarían por el resto de sus días. Con una sonrisa terminó de darse los últimos toques de maquillaje, delineaba sus labios con el tono rojo sangre que ahora le gustaba. Cerró la tapa de la polvera apretándola levemente conteniendo la nostalgia contenida durante muchos años de ausencia de la que consideraba su casa.

Evito ver a Damon previamente para no continuar el tema incomodo suscitado en el patio de transformaciones, pues cuando escuchó el sonido del picaporte en la habitación, se había apresurado al cuarto de baño con el pretexto perfecto de ducharse. Cerró adecuadamente la puerta conjurando un hechizo que evitaba cualquier sonido salido al exterior, no deseaba que la escuchara sollozar todavía por su mente hecha pedazos, tan confundida como el laberinto que tuvo que cruzar Harry para ganar la copa de los tres magos. No era conveniente confrontarlo, si deseaba olvidar aquella hermosa semana con él debía comenzar desde ese momento.

Se levantó apreciándose por última vez, aquel no era el atuendo que llevaría a la boda, sin embargo lo había adquirido en Londres durante una de las compras que tuvo junto a Damon. Aún recordaba la cantidad de bromas que les gastaba a las clientas respecto a otros vestidos para distraerlas del que le interesaba. Sonrió un poco al recordarlo frotando sus labios uno contra otro para igualar el color entre ambos.

El vampiro pelinegro estaba listo desde hacía una hora. Llevaba puesto una camisa de tres cuartos en color borgoña junto a un pantalón negro de gabardina. Sus zapatos de gamuza iban a juego con el resto del atuendo y su cabello rebelde, tan oscuro como la noche solo hacía resaltar sus bellos ojos aguamarina. Esperaba en el último rellano de las escaleras por su acompañante teniendo que soportar las habladurías de los retratos parlantes.

"El no estudió en el colegio"

"Puedo compartir mi retrato con tigo guapo"

Eran una de las cuantas frases que escuchaba de aquellos haciendo de su espera una verdadera eternidad. Sin embargo se vió recompensado al escuchar en lo alto unos tacones que resonaban ligeros, menuditos, tan exquisitos como un picotear de pájaros. Alzó su mirada apreciando la belleza hecha mujer, la magnificencia en su máximo esplendor en una castaña imponente y decidida que bajaba las escaleras de manera sensual y sofisticada.

Hermione vestía un conjunto único que comenzaba en color negro desde el busto y se difuminaba en borgoña hasta su muslo. Su cabello levemente ondulado distaba mucho de la maraña que tenía en sus primeros años escolares, ahora conservaba una caída hasta su media espalda, algunos mechones se matizaban con la luz acentuando su sonrisa, su piel, todo su porte convirtiendo a esa chica en un hermoso cisne. Sostenía un bolso de mano sin correas y calzaba unos zapatos de tacón plateado altos. Damon se deslumbró un poco con la joyería que engarzaba su cuello, pues aquella gargantilla de oro blanco desembocaba en un dije que tenía la forma de una gota de sangre. Definitivamente los duendes joyeros eran unos maestros para moldear los rubíes.

Bajaba mirándolo de frente junto a una bella sonrisa sangrienta, una boca que reclamaba a gritos ser besada y devorada al mismo tiempo exponiendo su perfecta dentadura. Todos los retratos parlantes se silenciaron al observar con ojos incrédulos el cambio de Hermione Granger, la que siempre pasaba todo su tiempo sosteniendo un libro o preparándose arduamente para un examen semestral. Sin embargo ahora era sin duda alguna la mujer mas bella que alguna vez pudieron contemplar.

El vampiro se acercaba desando no tropezar de la impresión hasta el rellano donde por fin se encontraron a un escalon de diferencia. Ambos se contemplaron por un instante sin decir nada, como si ese momento que la vida les otorgaba fuera el regalo más hermoso, mas sublime, y sin lugar a dudas el mejor de todos. Pudo percibir el olor de un exquisito perfume Paloma Picasso emanando de su suave piel haciendo un esfuerzo exremo para no despertar sus instintos primarios y sucumbir a la que debía ser la mejor sangre.

-Parece que viste a un fantasma, bueno… Me acabo de encontrar a Nick casi decapitado por los pasillos preguntándome si podía ir a la fiesta—

Damon aún no hablaba, tan solo contemplaba la gracilidad en que sus labios se movían, la manera tan suave en que articulaba las palabras aún perdiéndose en el Paloma Picasso de su piel y endiosándose con el hermoso atuendo que llevaría a la fiesta.

-¿Es demasiado?

-Eh—El vampiro por fin reaccionaba. –Te ves… Te ves…- La observaba tratando de ordenar sus ideas y elegir el mejor cumplido, sin embargo se había quedado sin habla. Mientras tanto la castaña sintió que todos sus esfuerzos por verse bella habían dado resultados; no comprendía mucho sobre los hombres, sin embargo cuando uno enmudecía podía significar el extremo agrado sobre lo que apreciaban.

-Vamos a la fiesta, Harry me va a matar si no llegamos- Rodaba un poco los ojos ofreciéndole la mano que sin dudarlo un segundo aquel vampiro atrapaba con la suya.

La nueva pareja sensación después de los novios, iba en camino a lo que sería un nido de todo tipo de serpientes, leones, tejones y águilas. Una combinación de la cual resultaría un mar de especulaciones y chismes que se ascimilarían con el paso de los días.

Por fin todos estaban reunidos en lo de manera diurna era Las Tres Escobas, madame Rosmerta se paseaba por todos los lugares indicando a los meseros dejar lo necesario para que ningún invitado se quejara de un mal servicio. Las risas, los murmullos, las bromas resaltaban por todo el lugar mientras que las brujas de MacBeth comenzaban a tocar uno de los temas mas estridentes y populares dentro de su repertorio. Definitivamente "Bewitched Love" se había convertido en uno de los favoritos en aquella generación de estudiantes.

Los Hufflepuff fueron los primeros en abrir la pista, siempre se caracterizaron por ser mas relajados, imparciales y divertidos que otras casas. Nunca les importaban las apariencias, la manera en que los demás los apreciaban, para ellos la vida significaba la intensidad misma y algo que no tendría repetición. Mientras que los demás dudaban en siquiera bailar con el temor de ser observados por otros quienes aprovechaban cualquier cosa para hacer críticas.

Luna Lovegood vestía un conjunto ceñido a su cuerpo, el estampado era colorido como si se tratara de varios arcoíris chocando entre si hasta disolverse. Le gustaban los atuendos encantados, los consideraba hilarantes y fuera de lo convencional, tan originales que no había necesidad de seguir una moda que ella catalogaba como escueta. Nunca le importó la opinión de los demás sobre su persona, abanderaba el lema mas importante de su madre… Vive y deja vivir.

Aquella rubia bailaba sola acompañada de un hombre bastante atractivo, un moreno claro con los ojos tan verdes como los de Harry y con hombros tan anchos como los de Victor Krum, no obstante todos ignoraban que aquel apetecible espécimen estaba hecho de barro hechizado con los mejores encantamientos.

Pasaron los minutos hasta que por fin Hermione y Damon hicieron acto de presencia en ese sitio observando ahora que la fiesta por fin daba comienzo. Al pisar la entrada la mayoría de los invitados se giraron al mismo tiempo contemplando no solo a la pareja que se había convertido en una de las más populares de la boda, sino en aquella tan perfecta y sincronizada que causaba envidias al por mayor entre los ahí presentes.

Draco fue el primero en observarla agrandando sus ojos grises teniendo el mismo efecto que Damon en las escaleras cambiantes. Se quedaba boquiabierto al apreciar el conjunto exquisito y de buen gusto que la ex Griffindor había seleccionado para la noche. Puso atención en la gargantilla con dije de rubí que se refractaba a la luz del reflector y sobre todo en el peinado levemente ondulado que caía sobre su espalda. Se preguntaba una y otra vez la razón de la abrupta separación que tuvieron, no obstante tenía la firme convicción de hacerla volver y reconquistarla de ser necesario.

Las Slytherins no dejaron pasar aquella oportunidad escaneando detenidamente a la castaña, odiaban rotundamente la idea de reconocer lo bien que se había arreglado para el evento no omitiendo ningún detalle a tal grado de causarles envidia. Tan solo soltaron un suspiro hondo para contener las ganas de hablar sobre la posible columna de Skeeter que catalogaría a la heroína del mundo mágico como una de las peores vestidas. Dicho encabezado no aparecería, pues Hermione Granger se había convertido casi en la reina de la noche con ese atuendo.

Por otro lado, las miradas de todas las mujeres también escaneaban a Damon quien tan solo sonreía en forma condescendiente entrelazando su mano con la de su "prometida". Miraban con un tanto de tristeza y envidia la manera en que se dedicaba completamente a su chica sin detenerse a observar a otra para siquiera echar un vistazo a otro platillo del extenso menú de carnes. Muchas de ellas habían dejado al descubierto algo de piel para despertar aunque fuese un poco la curiosidad del misterioso novio de Granger; no obstante aquel hombre era tan perfecto que ni siquiera las miraba por equivocación.

Harry fue quien los recibió en esta ocasión, aquel hombre vestía una camisa de color verde agua que la misma Ginny le había seleccionado para la ocasión, un pantalón de vestir oscuro y unos zapatos de charol que Hermione reconoció como aquellos elaborados por duendes zapateros. Se acercó a la pareja con una sonrisa besando la mejilla de su casi hermana y palmeando el hombro de su acompañante.

-Pensé que estarías en la biblioteca, de hecho pensaba irte a buscar ahí.

La castaña sintió un poco de rubor al recordar que en aquellas épocas era el único sitio donde era seguro encontrarla.

-Estaba ahí—

-¡Damon!—Ella reprendía aún ruborizada.

-Pasen y siéntense junto a nosotros, Ron también nos está esperando—Harry animosamente les indicaba el sitio donde el pelirrojo se encontraba engullendo un canapé saludándolos desde su sitio. Hermione solo negaba levemente con la cabeza conociendo los hábitos arraigados de uno de sus mejores amigos.

Mientras tanto, Draco no le apartaba la vista ni un instante provocando que Katherine se sintiera en segundo plano, por lo que inmediatamente le tomaba de la mano mirándolo a los ojos para impedir más descaro y falta de respeto. Mientras tanto las serpientes esperaban cualquier error de su parte para hacer de todo aquello un musical de Broadway, sin embargo perdían su tiempo al comprobar que hasta en la forma en que tomaba asiento era refinada y sofisticada.

Cuando por fin llegaron a la mesa Ron los recibía con mucha cordialidad y alegría, estaba acompañado de su inseparable Lavender quejándose a causa de sus deseos reprimidos de ir a la pista de baile. Ron no era animado, al menos no en ese aspecto y siempre se quedaba sentado mirando a otros comiendo cualquier cosa para distraerse.

-Te ves bien Hermione, creo que ese es un atuendo de Oscar de la Menta.

La castaña y Damon casi soltaban una carcajada, nunca consideraron que aquel nombre fuera tan parecido al del diseñador estrella de los Muggles.

-Es Oscar de la Renta, y no… Este no lo diseñó él—Ladeaba su cabello mientras que Ginny llegaba algo cansada de sonreir a todo el mundo a tal grado de sentir un entumecimiento en su quijada. Harry la tomó de la cintura casi obligándola a sentarse para recomponerse, sabía perfectamente que Fleur desempeñaría un buen papel como anfitriona y no haría falta que la novia estuviese todo el tiempo al pendiente de las necesidades de todos.

-Creo que están siendo muy populares desde que llegaron chicos—Comenzaba Lavender a hacer conversación para entretenerse aunque fuese un poco.

-Si me he dado cuenta—Respondía la castaña tomando una bebida preparada mejor conocida como Pantera Rosa. –Aunque ambas sabemos que a quien observan es a Damon. –Sonreía a su vez que la otra chica también lo hacía.

-Es verdad, si no estuviera tan enamorada de este glotón te aseguro que también sería una de mis opciones.

-Y si no estuviera yo enamorado de este bombón también lo haría, aunque Ron desee matarme por eso—Damon guiñaba el ojo mientras que Ron tan solo casi soltaba una carcajada.

Habían comentado de todo un poco, Ron le contaba a Damon sobre la forma en que su varita se había roto en segundo año provocando que cualquier encantamiento emitido rebotara al instante. No obstante la castaña tenía esa regresión donde por primera vez Draco la llamó "Sangre sucia inmunda" por primera vez. Volteó de soslayo con el platinado quien le brindaba una tímida sonrisa, y por un instante el corazón de la castaña se acogió sobremanera.

Ya no lo amaba, eso era cierto… Pero en su momento lo hizo con toda la entrega, y era por eso que deseaba liberarlo de la hipnosis de Katherine. Sabía que a pesar del engaño aquel platinado no era un villano, tan solo un hombre solitario que carecía del sentido de la humildad a causa de su alcurnia y buen nombre. Le devolvió otra sonrisa demostrando que jamás le guardaría rencor por el pasado regresando su atención a los integrantes de su mesa.

Comenzaban ahora los temas más ruidosos y bailables, por lo que al cabo de mas de tres o cuatro copas todos se dirigían a la pista de baile sin el pudor de sentirse observados por los otros. Asotria, Daphne, Millicent y Pansy reían como unas locas platicando seguramente de algunos hombres desnudos que en su vida conocieron. Eso había significado que las serpientes habían bajado su guardia.

Damon tomó la mano de su chica y con la mirada le indicaba que era el momento de divertirse, aunque la castaña tenía sus reservas en cuanto al baile en el fondo no podía negarle nada a esos ojos tan azules, hermosos y suplicantes. Se levantó con extremo cuidado dirigiéndose al centro de la pista donde los demás animosamente los recibían comenzando con los temas apropiados para agitar el cuerpo y sacar a relucir los mejores pasos.

El impacto de la castaña fue mayor cuando la canción "Cherry Lips" del grupo "Garbage", pues jamás pensó que un grupo como las brujas de MacBeth conocieran algo relacionado con los muggles en cuanto a música. Al instante su cuerpo comenzaba a moverse, sus caderas se apropiaban de ella misma balanceándose levemente emergiendo por si solo un lado sensual que no ignoraba poseer.

Draco volteaba apreciando a la hermosa chica con quien pudiera estar bailando, tocando, disfrutando de su aroma al hacer tan eróticos movimientos, no obstante solo le quedaba permanecer como espectador a metros de distancia. Se arrepentía aún más de muchas cosas, pues su ego le demandaba ser quien disfrutara de la ahora mejorada y hermosa Hermione Granger, el príncipe de Slytherin debía tener lo que deseaba, ser el acreedor absoluto de solo lo mejor y selecto. Sin emabrgo la castaña no era un trofeo, una cosa, un capricho o cualquier anhelo superfluo que podía tener con tan solo un chasquido de sus dedos. Hermione era diferente y lo sabía con antelación.

Damon ahora tomaba su cintura, recorría con sus dedos habilidosamente su escote moviéndose a la par sincronizándose en un solo y sensual movimiento. El platinado se excitaba tan solo leyendo de sus sangrientos labios "Go baby, Go, Go" acompañado de una linda y provocativa sonrisa que en esta ocasión… No la dedicaría a él sino a ese oportunista pelinegro a quien consideraba un aprovechado.

Observaba la forma en que sus delicados brazos rodeaban el cuello de aquel individuo, su sangre hervía de rabia al verlos tan unidos, tan juntos, tan sincronizados como si se tratara de un solo cuerpo en armonía. Apretaba con severidad sus puños sintiéndose impotente, sin embargo tan solo le restó tomar a Katherine de la mano para conducirse de la misma forma a la pista de baile y demostrarle a esa castaña que también podía ser un sobreviviente.

"Go baby, Go, Go"… Era una invitación, aquella frase que incitaba a los hombres a realizar cosas hilarantes provocadas por aquellas ahora liberadas mujeres. Un estandarte de control, de feminismo, y sobre todo de una generación que disfrutaron en sus épocas en Hogwarts.

El vampiro pelinegro tomaba de la cintura a su chica sintiendo una leve erección entre sus piernas que inmediatamente la castaña notaba con el roce, sin embargo trataba de separarse para evitar dar un espectáculo casi pornográfico a los espectadores y evitar que hablaran de más en sus días posteriores. No obstante aquel hombre habilidoso se las ingeniaba para colocar su cuerpo junto al suyo con el pretexto de seguir el ritmo de la música.

Todos se encontraban bailando, disfrutando, ahora nadie tendría criticas, tan solo era una noche para recordar y agitarse al compás de los ritmos divertidos,eléctricos y acústicos que las brujas de MacBeth ingeniosamente emanaban de sus instrumentos. El licor se había elevando un poco, los peinados elaborados poco a poco se desvanecían para dar lugar a la comodidad y poder envolverse más a los sonidos que acaparaban la atención de los invitados.

A lo lejos se podía notar a un Harry moviéndose algo estático junto a su prometida pelirroja, siendo guiado adecuadamente para evitar algun pisotón. Lavender desistió de hacer que Ron bailara, por lo que se acompañó de las hermanas Patil para compartir al hombre suculento hecho de barro que Luna había llevado para su entretención.

-El Tal McCormick y Draco te quieren desnudar con la mirada linda—Hablaba Damon por lo bajo mientras bailaba.

-Pansy ya te desnudó, créeme que hay hechizos para eso aunque no lo creas.

-Al menos dormirá feliz esta noche—Sonreía él. –Pero si me enteró que esos dos idiotas hicieron lo mismo con tigo… les arrancaré la cabeza.

-Deja de decir esas cosas Damon—Ella lo seguía contemplando, pues no perdía oportunidad de tatuar en su memoria aquellos ojos aguamarina tan hermosos.

-Pues eres mia, sólo mia. –

Hermione se acercó con sensualidad a su oído sonriendo como una chiquilla astuta.

-Lo dices como vampiro o como humano.

-Ambos- Aseguraba Damon tomando sus manos colocándolas junto a las suyas de espaldas al compás siempre de la música.

Todo marchaba a la perfección, todos se estaban divirtiendo perdiendo las poses como si todos hubiesen pertenecido a una misma casa. Los bocadillos estaban tan deliciosos que Ron no perdió oportunidad de probarlos todos y cada uno. En ese instante los efectos especiales llegaban al escenario, las chispas de colores, las avecillas luminosas se dejaban apreciar por todo el lugar ambientándolo en armonía. Las snitch doradas eran en honor a los novios quienes en su momento pertenecieron al equipo de los leones en el deporte de escobas. Muchas de ellas revoloteaban junto a la esfera luminosa mientras que los otros se paseaban a diferentes sitios espabilando a quienes permanecían todavía sentados.

Otro de los efectos en el escenario eran las corrientes de aire que estratégicamente llegaban para refrescar a quienes habían bebido en demasía, también se aprovechaban para tener el efecto que alguna vez sufrió la tan afamada Marilyn Monroe con el tan típico atuendo blanco y vaporoso. Tal fue el caso de Parvati que portaba un conjunto ligero que se pegó a su cuerpo al momento de transitar por aquellos puntos. Las risas por parte de las Gryffindor no faltaban mientras que los otros hombres también tenían su buena apreciación de dicha broma creada por George Weasley.

Por fin era el momento de comenzar con la música aun mas poderosa y movida, los peinados perdían su completo volumen y las camisas comenzaban a desfajarse. Damon tenía la mayoría de sus botones separados mostrando su torax marcado, caucásico y atractivo que muchas mujeres miraban de reojo deseando tenerlo un poco más cerca.

-Eres mio Damon… Solo mio.

-¿En serio?—El vampiro curvaba media sonrisa. –Demuestralo..

La castaña acariciaba su cabello oscuro, se perdía en ese mar azul intenso que contemplaba con fervor mientras su corazón latía no solo al ritmo de los sonidos, aquel ambiente comenzaba a evaporarse para dar lugar única y exclusivamente a sus deseos más oníricos con ese hombre que rentó por una semana. No le importaba su pasado, pues no tendría futuro, no le interesaba su identidad puesto que al cabo de algunas horas la olvidaría completamente. Solo le interesaba vivir… vivir intensamente.

Observaba de reojo a los demás, le restaba importancia a los comentarios mal o bien habidos del resto de sus compañeros, aquella era su vida y de nadie más, si alguien era responsable de los actos cometidos por Hermione Granger era a ella misma. Se aferraba a su vampiro como si fuera un tesoro preciado, y él la sostenía por la cintura deseando aletargar ese momento tan hermoso y hetereo. Miró que ahora Ginny conversaba con Katherine dejando solo a Draco en su mesa dándose cuenta del dolor que le provocaba estar con otra persona distinta.

Se sintió mal por un instante, sin embargo las cosas habían cambiado como su vida misma fuera de Hogwarts. No pudo evitar casi derramar una lágrima al contemplar el triste gris acuoso de sus ojos. Aquella noche Draco se veía atractivo, tan guapo e imponente que le darían ganas de besar sus labios aún sin su consentimiento, pues eso lo hubiese hecho sin dudar si aún permanecieran juntos. Entre ellos solo existía un pasado hermoso, un capitulo cerrado de una historia que considerarían inmortal, pero lastimada y lacerada como ninguna otra.

Mientras bailaba con Damon, miró que la morena exótica regresaba a su asiento devolviéndola al mismo tiempo a su realidad, bajó la mirada de soslayo concentrándose en disfrutar el poco tiempo que le quedaba con su vampiro. Draco era su pasado hermoso, y ahí debía quedarse.

En ese instante Ginny subía sola a la pista de baile, Hermione pensaba que se dirigía a ellos para mencionarles que había más licor en la mesa por si deseaban descansar un rato. Miraba el vestido ligero de la pelirroja que bien podía peligrar en uno de los efectos especiales colocados en la tarima elevada. Sonrió para si misma considerando rescatarla en caso de ser necesario y evitar que la novia se convirtiera en uno de las comidillas suculentas de las serpientes. Aunque por otro lado trataría de tomar fotos a las Greengrass en severo estado de ebriedad para utilizarlas en su contra si trataban de propasarse con su amiga.

La castaña fue una completa adivina, pues al colocarse unos metros por encima de la misma el efecto de la corriente de aire emergió para elevarle el vestido por completo. Volteó para indicarle que debía retirarse del lugar cuando en ese momento contempló algo heló cada una de sus terminaciones nerviosas. Se quedó estatica observando aquello singular que atrapó su atención en tan solo unos segundos.

La falda de la plirroja se elevó casi hasta su cintura, sin embargo lo curioso era que no trataba de impedir el paso del aire. Se quedó de pie observando hacia a la nada, como si alguien le hubiese ordenado permanecer en ese sitio hasta nueva orden. Mientras tanto Hermione se separaba un poco de Damon observando eso en particular que le hizo temblar de pies a cabeza; si antes había pensado rescatarla de un evento desafortunado tan embarazoso, ahora no sabía que pensar.

Ginny Weasley afortunadamente llevaba unas bragas para evitar mostrar mas de lo debido, una ligera pieza en color rosa que se ajustaba a su piel de manera comoda. Muchos se quedaron mirando sus largas y torneadas piernas, no obstante la castaña puso su completa atención en esa prenda leyendo la misma palabra que hace algunos años logró destruirla por completo.

"Viernes"

Su mente se convirtió en una revolución completa, las regresiones llegaron hasta esa noche cuando sin intención alguna abrió el picaporte de su antigua recamara hace cuatro años. No alcanzó a distinguir el rostro, no supo de quien se trataba pues su necesidad de retirarse predominaba ante cualquier emoción más fuerte. El cuerpo de aquella chica tan solo vestía unas bragas que tenían esa misma leyenda, y supo inmediatamente su identidad. Ahora la otra mujer tenía rostro, tenía un nombre, tenía una relación directa con ella misma.

Se quedó petrificada, como si un hechizo paralizante hubiese sido aplicado eficazmente sobre su cuerpo. Observó ahora con rabia contenida a Draco quien captó la indirecta, ahora Hermione se había enterado de todo sin intención alguna o una investigación previa. El platinado se levantó de su sitio tratando de darle una explicación a su exnovia, y por otro lado la pelirroja volvía a tomar conciencia mirando de la misma forma a su amiga.

-Hermione… yo…- Alcanzó a decir Ginny siendo las palabras que posicionaron nuevamente a la castaña en tierra firme.

Desvió la mirada, apretaba sus puños con furia, decepción, tristeza, todas las emociones mezcladas en una sola que le resultaría difícil separarlas en una sola noche y toda la madrugada que le predecía. Damon la observó contrariado, tomaba su rostro con ambas manos comprendiendo de lo que se trataba… Había sido traicionada por su ex novio y su mejor amiga.

-Hermione… Pideme lo que desees, lo haré con gusto y sin parpadear.

El vampiro podría referirse a asesinar a ese par que la habían hecho sufrir en cantidades colosales, desangrarlos hasta el punto más devastador de muerte. Ese siempre había sido su forma más eficaz de resolver los problemas en su vida, sin embargo ahora se sentía con la responsabilidad de consultarlo con ella en primera insancia, consideraba aberrante demostrar su bestialidad ante la mujer que amaba. En cambio la castaña le devolvía la mirada junto a una sonrisa emitiendo débilmente unas palabras.

-Sácame de aquí… Llevame a otro lado, donde nadie pueda encontrarme.

-Tus deseos son ordenes brujita.—

Selló aquella promesa con un beso, uno tan apasionado y entregado provocando que poco a poco aquella ira que Hermione experimentaba en carne viva se fuera disipando poco a poco con el paso de los segundos y en menos de un minuto desapareció junto a ella a gran velocidad abandonando las tres escobas. Ahora no le importaba si era perseguido, su identidad como vampiro ahora era revelada y probablemente Rita Skeeter se saldría con la suya para encabezar un tabloide tan amarillista sobre la nueva relación de Hermione Granger con un chupa sangre.