Confundida, hastiada de aquellos acontecimientos turbios decidió que era el momento preciso de Retomar su libertad y su camino. Por mas que trataba de pensar, razonar o incluso comprender lo sucedido en ese bar improvisado de Hogsmeade aún no daba crédito a lo que sus ojos contemplaron atónitos. La sola idea le provocaba unas imperiosas ganas de vomitar mientras con fuerza corría por los campos en dirección al colegio de magia.
Ginny Weasley no solo significaba para ella una mejor amiga, una aliada e incluso cómplice en cualquiera de sus confidencias y aventuras, sino aquella hermana que la vida le negó al declararse como hija única de la familia Granger. Su mente le jugaba una pésima y lastimera pasada al volver a sentir el sabor amargo de la traición pudiendo incluso escuchar los gemidos que aquella infame pelirroja exhalaba de su boca al sentir el desgarrador miembro de su ex novio. Sus lagrimas nublaban el camino por donde transitaba y que milagrosamente no tenía obstáculo alguno que pudiera provocarle un accidente.
Por fin pudo recomponerse, paso sus dedos por su rostro removiendo el exceso de tierra y de odio contenido; por primera vez, Hermione odiaba con todo su ser, cada fibra y poro de su piel reclamaban despellejar vivos a esos dos que se habían burlado de su ingenuidad, de su ridícula y patética lealtad que alguna vez juraron tenerle. Sin embargo, sabía que por mas deseos retorcidos y oscuros a los que la venganza arrastraba consigo, jamás se atrevería a mover un solo dedo contra ambos.
Caminó con toda calma por el castillo del colegio evitando las miradas cuirosas de las escaleras cambiantes, el revoloteo de Peeves intentando lanzarle una bola de papel que para su buena suerte no dio en su blanco esperado. Su mirada era taciturna como si fuese conducida por un infalible y bien aplicado hechizo locomotor.
Al llegar a la habitación cerraba sus ojos; y esta vez no tenía lágrimas para llorar, y en caso de tenerlas no le apetecía derramarlas, no ahora que debía conservarse entera hasta el momento de regresar a su nuevo mundo, encarar su nueva realidad de la cual debía colgarse hasta de nueva cuenta superar el hecho de sucumbir al malicioso vicio del amor. Deseaba aminorar sus recuerdos teniendo la descabellada idea de aplicarse a si misma un "obliviate" frente a su espejo y despertar siendo otra mujer diferente, una distinta a ese mundo que siempre la consideró intachable, una heroína y a su vez la mayor de las tontas al ser parte del harem personal del magnate Draco Malfoy.
Ilusa, Idiota, Imbécil
Las tres " I" conjuntadas en una sola persona que se decía ser la más inteligente y astuta de su generación, la más cautelosa y por consiguiente aquella que siempre podría tener asegurados el éxito y la gloria la definían mucho mejor que otros calificativos –Pensaba para si misma- Se levantó de la cama secando con furia sus lágrimas intentando separar sus sentimientos nuevos por Damon Salvatore y aquellos encontrados con Draco Malfoy.
Definía que el amor siempre había sido para ella como esas enfermedades oportunistas que solo logran debilitar cualquier posibilidad de defensa, destruir palmo a palmo su integridad con la finalidad de distraerla de la que se había adjudicado como nueva vida, tan lejos de la magia y la exigencia constante de todos aquellos quienes tenían expectativas demasiado altas sobre la considerada "el cerebro del trio de oro"
Hermione Granger… ¿Quién carajos era Hermione Granger?
¿Una reservada chica dedicada a sus estudios?
¿La segunda opción de cualquier hombre como aquella ocasión del baile de navidad?
¿Una mujer desesperada por compañía?
¿Una esclava del trabajo para huir de sus problemas emocionales?
Aquellas respuestas no llegarían de inmediato, y en caso de hacerlo formarían un crucigrama tan abstracto que ni una eternidad bastaría para aclarar y resolver todos los cuestionamientos. Bufó exasperada e iracunda consigo misma, bruscamente se dirigía al armario donde sacó
maltrechamente sus prendas disponiéndose de la manera mas humana posible acomodarlas dentro de su maleta. No deseaba utilizar su varita, aquello que tanto le enorgullecía en su momento ahora le asqueaba sobre manera sin entender la razón exacta.
-¡Idiota!- Interrumpía sus propios pensamientos. -¡Soy una reverenda idiota con todas sus letras!
Esta vez no se aguaron sus ojos, la fuerza interna, el coraje y la impotencia generaban en ella un motor que le impulsaron rotundamente a recobrar la cordura para tomar de la mejor manera su decisión. Decidió no perder mas tiempo, aunque eso significara todavía conservar el frenesí de la noche anterior en su cuerpo, probablemente el aroma a madera y uva predominaría en su propio aire hasta llegar a su destino y deshacerse dolorosamente de esas intensas vivencias hasta evaporarse junto con el agua de su regadera.
Sin encontrar algun otro consuelo, cerraba sus ojos tratando de borrar de su mente aquella imagen tan aberrante, pero aquello era tan reciente que difícilmente podía distraerse. Por otro lado le había costado trabajo enviar a Damon al único lugar donde estaría seguro, lejos de los aurores que probablemente lo buscarían hasta encerrarlo en la prisión de Azkaban. Un cabreo más llegaba al tener que enfrentar el sinnúmero de averiguaciones por parte del ministerio, quizá también tendría que lidiar con un investigador que profundizara sobre su relación con aquel vampiro.
Golpeaba la cantera con su puño, se sentía cansada de tanta farsa, engañada al máximo nivel que un ser humano común y corriente puede soportar. Al terminar su ducha se enredó una toalla, se miraba a sí misma en el espejo intentando sonreír ante la adversidad; si bien no se consideraba a una gran guerrera, trataría por todos los medios de mostrar su mejor cara. Dio un largo suspiro recargando la palma de sus manos en el lavabo de porcelana, no era tiempo de llorar, ya no.
Se vistió unas pantaletas color azul cielo, por alguna razón sintió que aquel tono formaría parte de ella y sus nuevos gustos. Se restregó levemente el cabello contra la toalla y al final su rostro limpio reflejaría una nueva mujer, una diferente y totalmente acorazada Hermione Granger.
Sin evitarlo, aún sentía impregnadas en sus fosas nasales el aroma a bosque y uva de Damon Salvatore, el ardor en su cuello se avivaba al recordar las perforaciones que aquel vampiro le había provocado ante el éxtasis de la casa de los gritos. Su voz, sus manos, sus penetrantes ojos al embestirla, una y otra vez su vientre hormigueaba al recrear ese erótico y efusivo hecho. Sus manos volvían a tener la necesidad imperiosa de volverlo a tocar, volverlo a sentir. Su pensamiento ahora pecaminoso divagó a la noche anterior donde el candor de los besos, las caricias, el coito, las mordidas sangrientas evaporaron poco a poco el mal sabor de boca que se llevó en las tres escobas.
Por un momento, la traición de Draco se esfumaba.
Volvió a sonreír, pasaba saliva con dificultad como si intentara digerir arena pura. Sin pensarlo su mano temblorosa comenzó a recorrer su muslo hasta llegar de nuevo a su vientre, ahora su intimidad se humedecía con aquel recuerdo tan hermoso. Relamía sus labios levemente al compás de la autoexploración. No quería pensar, no deseaba analizar las cosas, pues cuando era adolescente consideraba que el tocarse a si misma era un pase directo al más tortuoso de los infiernos.
Ahora no le importaba, el infierno, el paraíso eran la misma cosa cuando se trataba de saciar sus propios pensamientos y obligar a su alma a olvidar a Draco. Tenía justificación, una gran y hermosa justificación para olvidarlo.
-Damon…- Declaraba en susurro. –Damon…- Inundaba su cabeza con su nombre.
Lo extrañaba, lo hacía como una loca, como una mujer necesitaba a un hombre, como una hembra reclamando a su macho alfa para caminar y trotar juntos por las praderas.
En aquel preciso momento fue bruscamente interrumpida, estaba a punto de tocar el cielo cuando alguien más se adelantaba y llamaba a la puerta. Sintió algo parecido a un baldazo de agua fría regresando a la habitación donde algunas fotografías la miraban atónitas. Por unos instantes olvidaba que en el castillo Hogwarts difícilmente alguien podía estar a solas.
De manera abrupta apartó su mano de su intimidad dando un largo suspiro deseando matar a aquel inoportuno que se atrevía a quebrantar ese momento de volátil felicidad. Se levantó para colocarse un pantaloncillo de algodón ligero y una blusa de algodón pegada al cuerpo , aquel día no tenía que impresionar a nadie y bien podía permanecer vestida más cómodamente.
Alisó su cabello castaño acercándose a atender el llamado esperando que no fuese Draco Malfoy con un millar de explicaciones previamente ensayadas y estudiadas, con frases hechas que seguramente sacaría de su repertorio de conquistas para hacer que se tragara el cuento de no haber tenido nada que ver con su mejor amiga. La sola idea de imaginarlo la enfermaba sobremanera.
Aunque se dio por bien salvada de no recibir a su antiguo novio, no significaba que su visita le agradara un poco. Una pelirroja se encontraba al otro lado del umbral con sus manos entrelazadas y unos ojos verdes hinchados de haber llorado por lo menos en unas horas anteriores a esa visita.
Por primera vez ambas se quedaron calladas, en cualquier otra circunstancia aquella menor de los Weasley llegaría para compartir la emoción de estar a unas horas en el altar con el hombre que amaba más que otra cosa en el mundo. Hermione había sido testigo del silencio que había profesado durante siete años con las ganas urgentes de confesar su amor por el "niño que vivió", aquel niño que la había rescatado de las manos del horrocrux de Voldemort en tercer grado.
Si la situación fuese otra quizá la misma Hermione se ofrecería a ayudarla con su vestido, contar anécdotas, incluso se sentiría un poco curiosa de la forma en que Harry Potter pudiera ser un poco romántico o de sangre caliente al momento de hacer el amor. Ginny Weasley le contaría sobre los planes en la luna de miel, la nueva casa que seguramente se encontraría en el valle de Godric, la planificación de la familia, y junto a gritos ensordecedores compartirían la emoción de estar a un paso de convertirse en una mujer casada. En la señora Ginevra Potter.
Pero no, ahora las cosas habían dado un giro de ciento ochenta grados colocándolas a ambas en un límite donde un profundo abismo se abría entre ellas. Su amistad estaba acabada, arruinada y pulverizada.
-Hermione—Con hilo de voz la pelirroja comenzaba. –Necesitamos hablar.
La castaña aún seguía debatiéndose entre golpearla o despellejarla, no obstante debía tener un poco de cordura y no demostrar la devastación que se encontraba detrás de ese rostro sonriente que se había cincelado. Intentó mirar para otro lado y disimular la molestia, la rabia y el coraje que le había provocado descubrirla aquella noche, sin embargo decidió dominarse a si misma para entablar una conversación medianamente civilizada; aunque eso significara enterrar las uñas en la palma de sus manos para serenarse.
-¿Nerviosa Ginny?—Preguntaba con calma. –Es normal al estar a unas horas del gran momento.
-Si, un poco pero…
-Me imagino que lo mismo le pasa a Harry—Hermione interrumpía. – Te brindaré un dato para que te sea de utilidad en un futuro y no te sorprenda—Con amplia sonrisa la apuntaba con el dedo índice. -Harry le tiene miedo a los relámpagos—Se sentaba en el borde de la cama contemplando que Ginny no le sostenía la mirada.
-Difícilmente habla de lo que siente, incluso cuando se enferma de gripa es complicado detectarle cualquier síntoma hasta que de la cama no puede moverse.
-Hermione yo…
-Además le gustan los pasteles de calabaza, así que espero que te sepas la receta pero no olvides utilizar glucosa natural para evitar que su presión cardiaca se eleve—Interrumpía Hermione levantando la voz solo un poco. -¿No sabías que James Potter tenía el problema de la hipertensión?
-Hermione…
-¡Pon atención con un carajo Ginny!—Finalizaba contundente.
En aquel momento por fin la pelirroja se atrevió a mirarla, pudo observar que los puños de su amiga se encontraban cerrados, sus ojos acaramelados se esforzaban para no aguarse y por el tono de sus palabras distinguió que deseaba a toda costa evitar el tema del engaño. Hermione Granger no se levantó de la cama pero la furia era la misma en cualquier postura que se encontrara.
-El punto es… Ginny, que necesito tengas en mente aquellas cosas para que puedas ser una buena esposa para él.
-Hermione… No me casaré con Harry.
-¿Es por que estas enamorada de Draco?
-¡No!—Refutaba la pelirroja. –No estoy enamorada de él si eso te preocupa, de eso he venido a hablarte Hermione.
La castaña por fin se levantaba caminando a zancadas hacia donde su antigua amiga se encontraba. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, aspiraba una cantidad excesiva de aire para continuar con sus palabras.
-No me interesa si estas o no enamorada de Malfoy—La pelirroja agrandaba los ojos como platos al escucharla. –Lo que me importa es que mi mejor amigo, o mejor dicho, mi hermano sea feliz, que lo hagas feliz. —Aquella última frase fue pronunciada con un leve rechinar de dientes.
-Hermione, le contaré todo a Harry, no puedo casarme con él si le sigo mintiendo.
-¡Ah no! ¡Claro que te vas a casar con Harry "Amiga"!—Acotaba con firmeza cada palabra. –No me interesa que te hayas revolcado con otro antes de tu matrimonio pero a mi mejor amigo lo harás feliz a partir de este día, no se merece algo igual a lo que acabas de hacerme.
Ginny comprendía que se merecía todas y cada una de aquellas palabras tan hirientes, pues de tratarse de otra mujer bien podría defenderse, pero ésta vez no haría el menor intento. Quizá una penitencia que ella misma se había adjudicado después de razonarlo toda una noche antes de la boda.
-Pensaba en irme de Londres—Proseguía la castaña serenándose poco a poco. –Pero Harry merece que sus amigos estemos presentes en este día tan especial. Tienes que hacerlo feliz de ahora en adelante, necesita la familia que no tuvo cuando era niño—Hermione se sentaba de nuevo en la cama deseando tener el vicio del cigarrillo para calmarse, al menos con eso tendría un pretexto perfecto para no mirarla a los ojos.
-Yo amo a Harry más de lo que te imaginas Hermione.
-No te atrevas a hablar de amor en mi presencia—Se volvió a levantar al observar el descaro de aquella mujer por escudarse. –Si tanto lo hubieras amado no pasara esto.
-¿Tú qué sabes de lo ocurrió en realidad Hermione?, tú te fuiste a Norteamérica ignorando todo para alejarte de lo que te aquejaba. Para Harry siempre ha sido más importante su trabajo, el maldito ministerio, y cada noche que llegaba a necesitarlo siempre tenía el pretexto perfecto para dejarme sola—Refutaba la pelirroja sosteniendo la mirada a la mujer a quien traicionó su confianza. –Lo mismo pasaba con Draco Hermione…- Declaró en susurro.
-¿Qué dices?—La contempló levemente sorprendida.
-Lo que escuchaste—Afirmaba Ginny ganando un poco de terreno. –Para ti era más importante tu carrera en leyes mágicas en aquel entonces que te matabas horas y horas estudiando para la facultad—La castaña tan solo la escuchaba. –Draco te buscaba siempre, y tú decías que te encontrabas cansada o indispuesta. ¿Me equivoco Hermione?
La castaña no supo qué responder en ese momento, hizo por un instante un recuento de aquellos días donde formal y públicamente era conocida como la novia controversial del magnate heredero Draco Malfoy. No vivían con sus padres, decidieron en su momento vivir juntos y acostumbrarse a sí mismos antes de dar el gran paso a la gran leyenda "hasta que la muerte nos separe"
Hermione se dio cuenta que en cierta medida era ambiciosa, quizá no de bienes materiales, dinero, propiedades o cualquier lujo que bien podía ser sustentado y cubierto por Draco en determinado caso de haber contraído nupcias. Hermione Granger siempre se sintió orgullosa de su dedicación, de su esfuerzo, de matarse estudiando para obtener no solo una de las mejores notas en las clases, mención honorífica o reconocimientos especiales. Sin pretenderlo y sin darse cuenta consideraba que su ambición estaba relacionada siempre con el conocimiento mismo, en ser no solo una de las más destacadas, sino… La única destacada.
Era cierto que hace cuatro años Draco Malfoy trataba de ponerse a su altura, pues aunque al principio pensara que la integrante femenina del trío de oro sería de igual manera impresionable que sus demás conquistas, muy en el fondo deseaba que aquella relación le implicara reto. No obstante era imposible competir contra sus propias ambiciones y deseos; poco a poco Hermione Granger se había obsesionado con entrar a la facultad de leyes que olvidó por completo sus relaciones interpersonales.
Por muy descabellado que pareciera, Ginny Weasley tenía razón.
-Y eso te dio el derecho supongo de intervenir en mi… "Descuidada" relación de pareja ¿Cierto?—Se acercó frente a frente. –Por mi obsesión con la escuela de leyes Draco se buscó a otra para enredarse en sus piernas, pero ¿Sabes?, me hubiese dado gusto que se tratara de otra persona, pero tú eras una de mis mejores amigas, simplemente no tenías el derecho…
-¡Yo no lo busqué Hermione!—Interrumpió la pelirroja elevando la voz para después de un par de minutos serenarse. –Draco y yo teníamos el mismo problema de soledad, y al principio no pretendimos nada más allá que charlas, compartir experiencias—Suspiro por un momento recargándose en la pared y comenzar con aquella explicación que se había guardado desde entonces.
-Draco buscaba en ese momento a Harry, recuerda que después de su relación contigo llegó a quedarse sin amigos—Prosiguió. –Para variar mi novio no estaba, de hecho tampoco para mí, así que yo fui quien lo escuchó, sin pretenderlo llegamos a tener una relación de amistad muy fuerte.
-¿Así que también eso hiciste a mis costillas Ginny?—Indicaba con suavidad la castaña. –Me ocultaste la forma en que se acercaron en lugar de hablar con migo en primera instancia. ¡Oh pobre de ti!
-Dejame terminar Hermione…
Suplicaba la pelirroja con serenidad haciendo que su amiga castaña decidiera silenciarse, pues deseaba escuchar la verdad por más cruda, cruel y aberrante que le resultara. Sin despegar la mirada se sentó en uno de los taburetes cercano al tocador para hacerlo.
-¿Tú crees que es fácil para nosotros ser las parejas, los acompañantes de los héroes de guerra?, ¿Crees por un minuto que me ha resultado sencillo lidiar con la cantidad de personas con las que día a día tengo que compartir la atención de Harry? ¿Ser la novia del niño que vivió?—La miraba por fin. –No, no lo entiendes porque tú has estado más tiempo a su lado de lo que yo, y también te ha tocado recibir la fama y la gloria, la atención.
-¿Entonces todo esto fue por la fama que hemos llevado? ¿Por eso traicionaste a tu novio y a tu mejor amiga?—Refutaba Hermione.
-No buscamos traicionar a nadie—La miraba Ginny. –Draco necesitaba ser escuchado y yo necesitaba alguien que también lo hiciera, fue por eso que encontramos refugio mutuamente—Se silenciaba un minuto. –Pero no estamos enamorados Hermione, jamás lo estuvimos… A pesar de la falta de atención, la falta de sexo amo a Harry Potter como el primer dia, y Draco nunca ha dejado de amarte por las mismas razones.
Hermione no sabía que contestar, era increíble la cantidad de dudas que tenía al respecto sobre sí misma. Probablemente resultaría completa y absolutamente responsable por la falta de atención, quizá por desentenderse de sus compromisos como pareja, como novia, pero sencillamente había un abismo considerable entre la indiferencia y la traición. Volteaba a todos lados esperando que ningún retrato la mirara pero sobre todo, no deseaba darse cuenta que también tenía errores.
Se levantó del taburete observando a Ginny pidiendo un par de explicaciones más.
-¿Lo sigues viendo?
-No
-¿Hace cuánto dejaron de verse?
-Hace un… par de semanas cuando necesitábamos acabar con todo. —Respondía la pelirroja.
-¿Quiere decir que mientras estabas eligiendo tu estúpido ajuar de novia también follabas con Malfoy?
-Si—Interrumpía Ginny de inmediato. –No nos veíamos todos los días, pero si las necesarias cuando necesitábamos uno del otro. Yo deseaba terminar con todo, he deseado acabar con esta farsa y no hay un solo jodido día en que no desee que Harry me preste un gramo de atención como lo hace él.
-Harry…-La castaña pensaba en su amigo, se imaginaba a un hombre feliz vistiéndose para su boda, los nervios que podían llegar a sus húmedas manos esperando el momento para jurar amor eterno a Ginny Weasley, le provocaba un vuelco en el corazón el solo hecho de pensar que tendría una felicidad basada en el engaño. Una parte de su conciencia le imperaba correr de esa habitación y desenmascarar a la pelirroja, ponerla en evidencia y evitarle un matrimonio que podría irse al caño al cabo de algunos meses. Por otro lado también anhelaba para él un lugar lleno de amor donde al llegar a cierta edad avanzada tuviera quien lo cuidara, quien lo alimentara, quien estuviera para él en momentos complicados. Ser la mejor amiga de una pareja no resultaba fácil; más aun encontrándose en el punto medio donde hasta cierto punto era lastimada por acciones colaterales.
-No lo buscamos, no lo pretendimos, no queríamos lastimarlos, nuestra intención jamás fue llegar a nada juntos. —Suspiraba mirando con sumo trabajo a su amiga. – Lo que he tenido con Malfoy dista mucho de ser amor, y él me ha confesado que aún te ama Hermione.
-¡Estaba a punto de casarme con Draco maldita sea!—Por fin lo soltaba. Aquel monstro de la verdad emergía desde lo más profundo de sus entrañas después de algunos minutos de encierro sofocante, y aquel mismo comenzaba a salir en forma de cristal líquido sobre sus ojos acaramelados.
-Te revolcaste… con el hombre que amaba más que a nada en este mundo—Apretó solo un poco los dientes, mientras tanto la pelirroja no podía abogar por sí misma, no le quedaría argumento válido para protegerse o justificarse, tan solo se quedó recibiendo el reproche afrontando la consecuencia inevitable de sus actos. –Y como maldita justicia divina… Tus bragas peculiares te delataron.
-Hermione yo…
En aquel instante no había cordura, la cerebral, ecuánime y centralizada Hermione Granger no se encontraba en aquella habitación confrontando a la mujer que sin tentarse las entrañas la había traicionado. La pelirroja solo sintió la palma de su amiga golpear brusca y rápidamente su mejilla, pues ahora el orgullo de mujer predominaba más que la razón de ella misma. La castaña le soltó una bofetada no importando arruinar el rostro de la novia a unas cuantas horas de la ceremonia.
-Lo vas a hacer feliz Ginevra Weasley, y lo harás… dejando de tener tus citas con aquel imbécil, así tenga que colocarte un maldito rastreador en las bragas comenzando con las del lunes hasta la del viernes lo haré—Imperaba la castaña sintiendo la furia en la punta de sus dedos. –Te vestirás con el ajuar de novia, te colocaras los azares que tu ingenua madre con lágrimas en los ojos te pondrá en la cabeza y yo prestaré algo azul para no perder la maldita tradición de las bodas. Irás con la frente en alto después de haberte retocado el maquillaje y le sonreirás como nunca—Proseguía bufando como una leona endemoniada. –Lo mirarás a los ojos, le responderás al juez "Sí, acepto" y después de eso… Te largarás con él para que cada noche lo abraces, lo llenes del mejor sexo que haya tenido y le des hijos.
Ginny aun tocándose la mejilla la miraba de reojo, sabía que Hermione no revelaría la verdad, pero ella lo haría en determinado momento. Cargaría con su conciencia todos los días de su vida y reviviría cada noche la forma en que había traicionado la confianza de una de sus mejores amigas. No le quedaba más remedio que acatar lo acordado, alinearse a las exigencias de Hermione y hacer lo único que le correspondía hacer como tributo. Ser una destacada y flamante esposa para Harry Potter.
-No tienes que pedirlo Hermione, lo haré- La pelirroja se dio la media vuelta saliendo de la habitación dejando a una derrumbada y contrariada castaña.
Evitaría a toda costa las lágrimas, no saldría de aquel lugar hasta que la ceremonia comenzara, no deseaba lidiar con las miles de preguntas de Rita Skeeter sobre su acompañante vampiro, no quería mirar a los ojos a Harry y contenerse las ganas de ser honesta. Deseaba para él la felicidad comprendiendo que un corazón perfectamente engañado, era uno feliz mientras no se enterara de la terrible y desgarradora verdad.
A las cinco treinta de la tarde la decoración del castillo Hogwarts cambiaba de manera drástica, adornos dedicados a las cuatro casas distintivas daban lugar a una sola que contenía los colores rojo y dorado. En todos y cada uno de los patios principales se hacía presente un banderín largo con estampado de león extendido a lo largo de las fuertes columnas que sostenían los arcos. En el acueducto principal una fotografía animada reflejaba a un Harry Potter abrazando cariñosamente a su futura esposa Ginny vistiendo sus uniformes del equipo de Quidditch.
Millones de Snitch doradas fueron soltadas por todo el campus mismas que revoloteaban con rapidez por todo el lugar, así mismo varios carruajes arribaban por la entrada principal donde varios maestros, aurores, personal del ministerio, antiguos compañeros y ex alumnos del colegio llegaban vistiendo sus mejores túnicas de gala para la celebración. Más a lo lejos un baile náutico sincronizado era liderado por las sirenas quienes emitían hermosas melodías bajo el lago, así mismo un ejército de centauros acorazaba el perímetro del colegio como muestra de su respeto y gratitud al héroe que derrotó a Voldemort liberándolos del yugo.
La ceremonia se llevaría a cabo dentro del gran comedor donde el ministro mismo oficiaría el casamiento, de la igual forma el campo de Quidditch sería la cede del banquete donde varios elfos domésticos se mostrarían espléndidos en cuanto a entradas, canapés, barra de postres especiales, bebidas y demás guarniciones que se servirían calientes en los tiempos adecuados. El coro de niños del actual segundo grado se encontraba debidamente acomodado del lado izquierdo donde el reloj de puntos estaba colocado.
La supervisión de todo el evento estaría coordinada por Fleur De La Cour, quien obsesivamente verificaba su reloj deseando puntualidad en las llegadas, toma de asientos, inicio de la ceremonia y sobre todo esperaba la confirmación de la banda que tocaría para esa velada. No le resultaba fácil, sin embargo le apasionaban ese tipo de cosas.
Dentro de aquel amplio lugar el ministro de magia encabezaba la congregación y así mismo los invitados se incorporaban de acuerdo al lado que les correspondía; aunque a estas alturas todos eran perfectamente conocidos de la pareja. Poco a poco se fueron distribuyendo por ambos sitios cubriendo los lugares sin dejar espacios; de eso se había encargado Fleur un par de meses antes para evitar una pésima estética. Además no deseaba ser la comidilla de Rita Skeeter en su columna más esperada "La boda del siglo".
Hermione no deseó sonreír antes de tiempo, evitaba a toda costa la posibilidad de encontrarse con una lasciva Pansy Parkinson o una venenosa Rita en espera de endulzar su columna periodística. Afortunadamente no se quedaría en Londres para ser testigo de lo que haría con la noticia, una vez cumplido el compromiso partiría a Canadá donde tendría su nueva residencia. Aquella tarde pudo confirmar vía telefónica la decisión de mudarse lo más cercano al lugar donde se llevaría a cabo la campaña para la que trabajaría.
Nueva vida, nueva casa, nuevos problemas. De regreso a su vida.
Cuando consideró prudente salir se abrochaba los pendientes mirándose al espejo, retocaba su maquillaje marcando el contorno de sus labios rojos frotándolos uno contra el otro para el acabado uniforme. Su cabello castaño caía a ondulado sobre sus hombros cubriendo un lado del escote de su vestido, aquel mismo que Damon eligió para ella los primeros días de conocerse. Dando un largo suspiro sonrió para si misma al imaginarse en la puerta a ese pelinegro vestido con un smoking de gala, sus bellos ojos azul aguamarina contemplando todo el lugar con las manos entrelazadas al frente. Todo un caballero galante y gallardo esperándola para comenzar la celebración.
Pero no estaba, terminó con su amor de alquiler antes de comenzar uno diferente.
Se levantó caminando despacio por el pasillo hasta llegar a las escaleras procurando no toparse con nadie que pudiera hacerle preguntas, pues en determinado caso de que alguna persona le cuestionara sobre el paradero de Damon, argumentaría no saber nada. Por fortuna casi todos estaban congregados en el gran comedor y difícilmente podían articular palabras sin que el eco mismo los delatara. Se sintió aliviada de ser casi la última en hacer acto de presencia.
Pudo observar a su amigo Harry balancearse ligeramente sin mover los pies en señal de nerviosismo, aquella tarde había usado algo que en su vida se imaginó, el peine. Hermione contuvo las ganas de soltar una risotada al recordar la aversión que su amigo tenía por la estética.
Con el debido sigilo se dirigió a un sitio que podría considerar seguro y lejos de habladurías o especulaciones. Luna Lovegood se encontraba sonriendo de manera inocente vestida con un atuendo color rosa pálido que acentuaba bien la hermosa caída de su cabello ondulado rubio, un par de mariposas aladas se posaban sobre su cabello seguramente movidas por un encantamiento que las había llevado por algunos momentos a esa mata dorada.
-Hola Hermione—Indicaba Luna con aire inocente y despreocupado.
-Hola Luna, te ves hermosa—La castaña se incorporaba.
-Gracias, este vestido lo usó mi madre cuando fue madrina de mi tía primera—Aclaraba la rubia mirando a ambos lados del gran comedor.
En otro momento consideraría incómodo que alguien le preguntara por Damon, al menos creía que algo importante había pasado para que ignoraran un hecho tan relevante como el vampirismo. Cualquier cosa ocurrida después de abandonar abruptamente Las Tres escobas, lo averiguaría después. Por otro lado le extrañaba que la rubia no le preguntase por su acompañante, así que alguien debió utilizar un hechizo desmemorizante.
Se asustó por instante, consideraba que su intento de engaño resultaba ahora una gran pérdida de dinero y un desperdicio de tiempo. Si alguien ya no recordaba a Damon Salvatore, probablemente todo su esfuerzo por aparentar tener a alguien más en su vida se había ido a la basura. Aunque lo extraño de la situación era que horas antes Ginny tampoco le hubiese preguntado por él.
-Espero… que Damon haya llegado bien.—Hermione le comentaba a Luna con toda intención de obtener alguna respuesta.
-No comprendo por qué tuvo que irse—
La castaña suspiró aliviada de comprobar que sus especulaciones habían resultado erróneas. Todavía recordaban a Damon salvo que alguien había intervenido para suprimir lo relacionado con su condición vampírica. No había nadie más que supiera sobre eso; al menos no se lo contó a nadie salvo a Draco quien lo comprobó con sus propios ojos, y aquel rubio no haría nada por beneficiar a quien consideraba un fuerte rival de amores.
-Tuvo una emergencia y…
-Sé que se verán de nuevo Hermione—La rubia la miraba de manera tan natural que por un instante se creía esa mentira piadosa.
-Me gusta pensar que es así—Susurraba la castaña.
Uno a uno se incorporaban para tomar sus lugares respectivos y entre ellos un rubio se acercaba para tomar asiento acompañado de una despampanante morena vestida con motivos café claro. Katherine Pierce contoneaba levemente sus caderas ataviada de joyas que seguramente el platinado le había comprado para ser su accesorio perfecto. Aquel acto no le extraño en lo más mínimo a Hermione, consideraba que aquellas cualidades que Draco Malfoy no alcanzaba a cubrir como ser humano, las satisfacía con bienes materiales. Bien dicen que el mejor amigo de la mujer es "el diamante".
Los observó acercarse a la cuarta fila de la principal con la mirada altiva, y por un instante la castaña deseo sacar la varita para lanzar un millar de maldiciones imperdonables que le impactaran directamente al pecho. Pero no, jamás le daría el gusto de verla derrotada y herida, así que decidió serenarse dominando cada uno de sus sentimientos adversos con los que ahora lidiaba.
En ese instante las damas de honor se incorporaban una a una en sus respectivos sitios y detrás de ellos Arthur Weasley llevaba del brazo a su única hija. El ajuar de Ginny había sido confeccionado por las hadas de la región y constantemente deslumbraba algunos brillos mientras caminaba. Cada paso que daba era uno más a compartir el resto de su vida con el hombre que amaba; aunque para Hermione el velo que le cubría el rostro significaba aquella máscara que ocultaba sus mentiras, por lo que decidió desviar su atención a otra parte para no avivar el fuego de la ira contra ella.
El coro comenzaba a emitir el canto de entrada tan melodioso y coordinado ambientando perfectamente todo el gran comedor hasta convertirlo casi en la capilla Sixtina. Ginny era entregada debidamente a su futuro esposo y ambos se giraron al frente cara a cara con el ministro de magia quien los esperaba con sus votos preparados.
-Estamos aquí reunidos para celebrar la unión de nuestros amigos Harry James Potter y Ginevra Molly Weasley—El hombre hizo una pausa. –Quienes desde pequeños albergaron uno por el otro un cariño que ha sido cultivado hasta formar un lazo indestructible, la única magia contra la que ni el mago más tenebroso y oscuro puede luchar. El amor mismo.
-Este día es memorable, por que marca el inicio de dos personas que no solo han sido destacadas por sus acciones, sino para formar el núcleo más importante de todo ser humano. La familia.
Hermione escuchaba la introducción del ministro palabra por palabra intentando creerse toda aquella mentira elaborada, deseaba con todo su corazón que aquella mujer que se decía su amiga lo hiciera feliz para toda la vida y con eso se daría por bien servida. Había sido invitada de honor a la boda de su mejor amigo comportándose a la altura de la circunstancias no permitiendo que sus propios intereses y sentimientos intervinieran. Tomó asiento al instante que el ministro lo indicaba.
-Nosotros hemos sido testigos del crecimiento de esta pareja, desde sus primeros años, los primeros días en que se conocieron dentro de estas sagradas aulas, incluso hemos comprobado el lazo que el señor Harry Potter ha sostenido con la familia de su futura esposa. Los Weasley han sido la familia… que también ha velado por su bienestar…
Continuaba escuchando todas y cada una de esas cosas, tal vez recordaba la primera vez que conoció a sus dos amigos en el vagón nueve y tres cuartos, la forma en que trataba de enseñarle a Ronald el correcto uso de la magia para evitarle accidentes. Hizo memoria recapitulando el instante en que ambos habían luchado contra un troll para rescatarla considerando aquel acto, como su primer travesura quebrantando las reglas.
Sonrió para si misma, había muchos factores por los que Harry Potter no debía enterarse de la infidelidad de Ginny, y una de ellas era por salud física, mental y emocional. Su casi hermano era casi como un hijo para los señores Weasley, por lo que no era prudente revelar cualquier cosa que pudiese quebrantar ese "lazo indestructible" del que el ministro estaba hablando. Pensaba también en la reacción de Ron al enterarse; podía incluso sentir la confusión que experimentaría al no saber de que lado colocarse, su mejor amigo o su hermana.
No era sencillo revelar la verdad, o incluso había verdades que era mejor no revelarse, quizá lamentablemente el mundo necesitaba ciertas mentiras para mantenerse a raya conservando un equilibrio. Probablemente la verdad sería como un monstruo o una pandemia que al esparcirse dejaría un sinnúmero de daños.
Había tomado la decisión correcta, por mucho que le pesara cargaría con eso en su conciencia tratando con el paso del tiempo de olvidar y superarlo. No le contaría nada a Harry, no se merecía descubrir esa terrible verdad, tal vez era mejor de esa manera. Se sentía como el mismo Albus Dumbledore al ocultarle la verdadera razón de ser "el elegido", el motivo por el que debía morir a manos de aquel mago tenebroso para acabar con la parte horrocrux de su alma. Ni más ni menos, ahora comprendía llevar a cuestas esa responsabilidad.
-Todos de pie.
No supo en qué momento el ministro había avanzado con su discurso. Hermione Granger se caracterizó siempre por prestar atención cuando alguien mas estaba hablando, no obstante su mente confundida la orillaba a sacar un millar de conjeturas sobre lo correcto y lo fácil –Frase también del director finado-. Fue en ese momento que las madrinas iban colocando los elementos necesarios de toda boda, las arras llevadas por una de las primas segundas de Ginny llamada Imohen, el lazo llevado por Bill y Fleur y finalmente los anillos que sus padres les otorgaban de manera solemne y emotiva.
-Harry Potter… -El ministro continuaba. –¿Aceptas a Ginevra Molly Weasley como tu legitima esposa, para amarla, respetarla, venerarla todos los días de tu vida?
-Acepto—Concluía el hombre de la cicatriz en forma de rayo.
-¿Aceptas a esta mujer en la pobreza, en la riqueza, en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separe?
-Acepto—Respondía con una sonrisa en los labios.
Harry estaba feliz, ilusionado, tan lleno de vida como nunca antes. Hermione pudo deducir que era quizá por el parecido que Ginny tenía con su madre, bien dicen que la historia tiende a repetirse y esta no sería la excepción a la regla. Desviaba la mirada tratando de anteponerse la idea de la felicidad de su mejor amigo, y de ahora en adelante solo esperaba que aquella pareja pudiera durar y prosperar. Tal como lo deseaba, o quizá tal como lo deseaban ambos.
En ese instante el ministro se dirigió a la novia quien no dejaba de mirar a su futuro esposo. Ella en verdad se mostraba ilusionada, después de tantos años tratando que siquiera la mirara, que la tomara en cuenta y la observara como mujer por fin pudo sentirse escuchada. La castaña deseaba pensar que lo relacionado a Draco era una tonta etapa deseando creer en sus palabras, si bien había estado convencida de casarse con Harry por ende haría a un lado lo que tuvo en su momento con aquel magnate.
-Ginevra Molly Weasley—Inició el ministro. -¿Aceptas por esposo a Harry James Potter para amarlo, respetarlo, venerarlo todos los días de tu vida?
Ella estaba a punto de abrir los labios, de gritar quizá a los cuatro vientos las palabras más contundentes que podían marcar el inicio del resto de sus vidas. Emitir cada una de ellas con la devoción y el fervor que solo una pareja de ahora recién casados podrían jurarse para toda la eternidad. Sin embargo algo había pasado, pues aquella pelirroja había perdido el habla, ningún sonido pudo emitirse de sus labios, ninguna oración.
Harry, quien le sostenía las manos se mostró contrariado arqueando una ceja, pensaba que aquel silencio incómodo podía deberse a los nervios de la boda, a toda la congregación de personas que no paraban de murmurar cosas; quizá unos adivinando la cantidad de hijos que tendrían, otros el lugar donde vivirían, algunas mentes morbosas se preguntarían si todavía Ginny Weasley era virgen, y en caso de no serlo, también especulaban sobre la reacción de Potter al enterarse. Muchas ojos puestos en el altar, toda la atención colocada ante dos personas que deseaban iniciar sus votos. Harry pensó que su futura esposa se encontraba privada debido a lo anterior.
-Harry…
-Ginny, nena, sé que estas nerviosa pero todo estará bien.—Respondía él
-No Harry, nada está bien—Indicaba Ginny comenzando a mostrar sus ojos verdes cristalizados, pues poco a poco negaba con la cabeza. –Tu no quieres casarte conmigo.
-¿Qué estás diciendo?—Aquella más bien parecía una exclamación por parte del pelinegro.
-Estoy diciendo que no quieres casarte con la mujer que te ha traicionado.
Harry se quedó estático, mientras que Hermione salía de su lugar para acercarse al altar a distancia prudente. Deseaba que aquella declaración solamente fuera producto de los nervios o cualquier cosa relacionada con la conciencia. Se notaba alterada, poco a poco sus manos comenzaron a temblar diciendo "No lo hagas", pues no era lo que habían acordado la noche anterior a la celebración.
Por otro lado Draco Malfoy también se tensaba, si bien aquel hombre se caracterizaba por tener la piel mucho más clara que el resto, ahora parecía que todo el pigmento se evaporaba palmo a palmo hasta dejarlo por completo pálido. Katherine Pierce quien estaba a su lado lo miraba con ceño fruncido.
-¿Estás bien bombon?—
-No.. No te atrevas Ginny..—Susurraba el platinado para sí mismo.
-¿Algo que quieras compartirme Draco?—La morena curvaba media sonrisa.
Aquel rubio no le respondió. Por otro lado la castaña también recitaba el mismo pensamiento fijando su mirada en la pareja que estaba a punto de casarse, pudo observar a su mejor amigo temblar un poco, quizá también experimentaba como él un miedo terrible a la respuesta. En aquel instante todos se quedaron callados, el resto de los invitados acrecentaba sus murmullos y una lasciva y venenosa Rita Skeeter se adelantaba unas cuantas bancas para escuchar y echar a su vez a volar la imaginación de su vuela pluma.
-Ginny… no lo hagas—Hermione esperaba que la mirara, no obstante aquella pelirroja estaba con toda su atención y quizá su vergüenza colocadas en su novio.
-Te he traicionado Harry, he estado con otro hombre durante nuestra relación, y también… he traicionado a Hermione—En aquel momento por fin le devolvía la mirada a la castaña.
No supo cómo definir lo que sentía en aquel momento, pues no solo los ojos verdes de su amiga se posaban en ella, sino todos los invitados concentraban sus miradas curiosas en Hermione Granger. Sintió que sus piernas se convertían en gelatina pura, por un instante un váguido comenzaba a hacerse presente en su cerebro como una clara señal de desmayo; sin embargo decidió sacar fuerzas para no derrumbarse y enfrentar lo que estaba por venir.
-¿Qué… esta sucediendo Ginny?
-Lo que escuchas Harry—Dio un respiro desviando la mirada. –La razón por la que Hermione terminó con Draco fue porque lo pilló con otra mujer… y esa mujer era yo.
-Ginny… esto, esto no es cierto, ¿Estas de broma verdad?—Harry se mostraba tembloroso, poco a poco el color en sus mejillas se hacía presente para dar lugar a un rojo tenue.
-He estado sosteniendo relaciones con Draco cuando tú no estabas… por que no has estado en mucho tiempo y sé que esto no me justifica, pero tenía que decirlo antes de que todo esto terminara jodiéndome más de lo que ya lo hace.
Harry miró a Hermione quien al parecer ya había estado enterada de los acontecimientos, o probablemente esa misma tarde terminó por hacerlo. Por otro lado sus ojos verdes iracundos se posaban en Draco Malfoy quien ahora más pálido de costumbre deseaba salir avante de todo aquello como fuera posible.
-¡Hijo de Puta desgraciado!—Harry tomaba su varita dispuesto a aniquilar a ese hombre que había jugado con su mejor amiga y enredado con su futura esposa. Caminaba a zancadas a su presencia pero antes de cualquier movimiento aquel platinado se acercaba tratando de redimirse o por lo menos dar una explicación de lo sucedido.
-Potter, te aseguro que no fue nada serio—El platinado trataba de escudarse, alzaba las manos como un hombre que se rendía ante lo evidente. –Ginny te ama, créeme que te ama, además yo sigo amando a Hermione.
-¡No te atrevas a mencionarla hijo de mierda!—En aquel instante el platinado recibió un fuerte puñetazo en la cara que lo hizo tocar el suelo. La furia del "Niño que vivió" se hacía presente segundo a segundo mientras una preocupada Hermione se acercaba a él para tomarlo de los hombros.
-¡Harry Por favor!—
-¡Sueltame Hermione!—Bufaba Harry. -¡Este cabrón te engañó todo este tiempo y por su culpa tuviste que mudarte a Norteamérica! – Miraba de soslayo a Ginny quien no se atrevía a hacerlo también. – No solo él fue responsable, también esta mujer con quien por idiota estaba a punto de cometer un grave error en mi vida.
Harry se lanzó contra Draco dispuesto a casi matarlo, fue en ese momento que Ron, Neville y la misma Hermione intervinieron para que no cometiera una locura. En aquel instante lo que parecía ser la boda del siglo, se convirtió en casi la tercera guerra mágica, entre tanto Rita Skeeter sonreía de oreja a oreja sintiéndose fascinada de descubrir sin planearlo una columna que seguramente le remuneraría bastantes regalías a tal grado de casi escribir otro "Best seller". Sin embargo cuando la vuela pluma estuvo a punto de darle rienda suelta a la imaginación una Hermione Granger apuntó su varita contra ella.
-Avitors—Un rayo color violeta salía disparado de la punta de su varita impactando contra el artefacto periodístico, mismo que fue convertido en un murciélago.
-¿Qué estas haciendo Granger?—Replicaba la rubia amarillista.
-Lo que he tenido ganas de hacer desde que te conocí maldita bruja—
La rubia se tensó un poco al observar de la misma manera que la castaña llegaba a ella hecha una furia, pudo observar los puños que con fuerza apretaba junto a un sonar de tacones presuroso. La castaña llegaba a su presencia para darle un puñetazo en la cara como el que le había propinado a Draco en su tercer curso de magia. Sin cuartel a defenderse, la rubia de rulos exagerados cayó de espaldas al piso temerosa de otro arrebato.
-Te denunciaré y te encerrarán en Azkaban maldita Sangre sucia.—Amenazaba Skeeter.
-¡Oh si! ¡Adelante!—Interrumpía. –Yo puedo también hacer lo mismo en una contrademanda como muestra de mi molestia ante tu evidente racismo, así que te sugiero que abandones este lugar y pobre de ti si llegas a escribir aunque sea una letra en el profeta de lo que acabas de presenciar o créeme… ¿Te gustaría ser otra vez escarabajo?, yo creo que no.
Sin más que refutar, aquella periodista burda se incorporaba como podía trastabillando por las butacas del sitio; así mismo obligaba a su "asistente" a acompañarla a la salida. Bien parecía que todo aquello tendría por lo menos un deje de calma ante la ausencia de tal mujer tan entrometida, no obstante aun observaba a Harry forcejear con sus amigos para evitar que golpeara a Draco.
Ahora todo se había venido abajo, la boda, los preparativos, el acontecimiento más esperado a causa de una traición. Todos los invitados comenzaron a mirarse unos a otros pensando y especulando como sabían hacerlo, por un lado los padres de Ginny no encontraban las palabras, la forma de comprender los motivos por los que su hija había optado por tener una relación a escondidas con Malfoy, observaban a Harry sufrir, desmoronarse poco a poco como si de nuevo sufriera los estragos de la guerra. Hubiera preferido enfrentar otra vez al señor tenebroso, quizá eso sería más sencillo y predecible ante esto tan aberrante, no obstante tan solo agachaba la mirada sintiéndose traicionado, burlado y tonto.
Hermione lo miraba comprendiendo el mismo dolor que ahora sentía, pues fue exactamente el mismo que experimentó al salir de aquel apartamento donde un Draco Malfoy la había hecho pedazos.
