Le resultaba increíble tener visitas, pues a nadie le había mencionado sobre su nueva dirección salvo a sus padres; pero conociendo a su hija era imposible que ellos accedieran a proporcionar tal información confidencial. Pensó que no vería a nadie hasta el próximo día hábil así que no se preocupaba en lo absoluto por tener su espacio tan ordenado como de costumbre.

El joven se quedaba esperando en la puerta deseando una invitación para entrar, después de todo su educación le impedía invadir sitios privados como si fueran su casa propia. La castaña continuaba mirándolo extrañada, se sentía un poco incómoda por la facha que vestía o al menos la que ella consideraba de tal manera. La música en el ordenador continuaba corriendo, las cajas esparcidas por la entrada eran la clara muestra de una reciente mudanza.

-¿No me invitas a entrar?- Preguntaba él.

-Tengo un verdadero desorden- Bufaba algo molesta. -Pero da lo mismo, adelante. -Abrió la puerta lo razonable para que pudiese ingresar.

-¿Canadá? Nunca llegaste a mencionar nada al respecto.

-Soy una caja de sorpresas Draco, ya deberías saberlo- Se dirigía a lo que debía ser la cocina. -¿Quieres un poco de café?

-¿A esta hora?- El platinado rubio alzaba una ceja. - Está bien, todo sea por tener un pretexto para quedarme.

Hermione conocía a la perfección a su ex novio, aunque debía admitir que su cabello más relajado, su pantalón oscuro y su camisa negra lo hacían lucir endemoniadamente sexy. Observó de reojo una arracada de plata en su lóbulo izquierdo, el perfume a encino dulce que debía reconocer...Aún le enloquecía. Si había alguien que derrochara testosterona, sensualidad, hermosura era precisamente el tan codiciado Draco Lucius Malfoy.

-Admito que me hubiera gustado que me recibieras así todas las tardes después del trabajo- Se sentaba sobre una de las cajas admirando con descaro las piernas desnudas de Hermione contemplando la manera en que caminaba hasta a la cocina para calentar la bebida.

-¿No te parece que es un comentario de lo más misógino?- Proseguía. -No entiendo la razón por la que todavía los hombres piensan que las mujeres solo servimos para cocinar. Yo en lo particular soy pésima.

-Nunca cocinaste para mí- Acotó el rubio. -Si me conoces tan bien te darás cuenta que suelo ser muy honesto y te hubiera dicho lo que no me gustaba en cuanto a los platillos.

-Draco- Interrumpió la castaña sirviendo una taza humeante de café- A estas alturas, tu honestidad me es poco creíble .- Bufaba despacio, no deseaba demostrar abiertamente su molestia. - ¿Crema y azúcar?

-Por favor- Suspiraba. - ¿Ves lo mucho que has influido en mí? Jamás había pronunciado esa palabra hasta que te conocí, y respecto a la honestidad supongo que me lo gané.

Hermione prefirió no contestar a la pregunta, pues de hacerlo tendría que soportar las millones de explicaciones que tendría que darle y no le apetecía perder más tiempo del necesario. Terminó de servir las tazas sentándose en otra de las cajas frente a él mirándolo con seriedad.

-Dime ¿Cómo es que diste con mi dirección Draco?.

-Tengo mis contactos

-Estoy hablando en serio.- Respondía la castaña. - La última vez creo haberte dejado en claro que no te quería volver a ver y ahora estamos tomando café como un par de amigos de antaño.- Dió un sorbo de café teniendo por fin contacto visual con su ex novio. Por extraño que pareciera ahora le importaba poco; quizá en otro momento se sentiría molesta e incluso nerviosa por su llegada, probablemente hace nueve días su reacción hubiese sido distinta, pero ahora le sorprendía el grado de indiferencia que le causaba su presencia.

-Necesito explicarte lo que pasó Hermione…

-Draco, no me interesa- le interrumpió.- El Pasado se quedó en su lugar y como verás yo he continuado con mi vida- Dió un largo suspiro. -Lo que no te perdonaré es creer que no me daría cuenta- Lo miraba con intensidad. -Tampoco alcanzaré a comprender tu falta de comunicación, de honestidad y franqueza ante nuestra evidente falta de emociones fuertes ¿Acaso no fue por eso que me engañaste con Ginny?

-¡No!

-¡Entonces por qué con ella!- Hablaba con firmeza sin llegar a gritar, sus ojos se clavaron en los del platinado presionando contra sus palmas la taza ardiendo. -Partiste mi corazón en mil pedazos, durante nuestra niñez tus insultos y humillaciones no llegaron a afectar en lo más mínimo, pero esto… Con esto terminaste de destruirme.

-Hermione yo no quería hacerlo- Él la miraba- No me justifico, y se que de ahora en adelante solo podrás tener odio hacia a mí, rabia igual que Potter, pero tu siempre estabas cansada, todo en tu vida era la escuela, los libros, la maldita superación que llegaste a olvidar que tenías novio.

-Entonces ¿Por qué nunca me lo hiciste saber si tanto te perturbaba?

-Por que no quería distraerte.

-¡Que considerado!- Se mofaba la castaña cruzando una de sus piernas con la otra. - Y para no distraerte te revolcaste con una de mis mejores amigas, solo … por que no me querías distraer. ¡Por favor Draco reinventa tus excusas o mejora eso!-

El rubio platinado la miraba, consideraba imposible que llegara a perdonarlo y mucho menos a darle otra oportunidad, parecía que cualquier cosa que hiciera o dijera sería absolutamente utilizado en su contra. Hermione fijó su vista en el gris hermoso de su ex novio, se cruzaba también de brazos dejando su taza de café en el suelo. Deseaba que por primera vez fuese honesto, así que tuvo una idea algo inverosímil.

-Yo también tengo algo que confesarte.

-¿Que cosa?- Draco se inclinó un poco al frente sosteniendo la taza con algo de fuerza mostrándose interesado. -No me digas que también me engañaste en ese tiempo por que…

-No lo hice.- Le interrumpió. - Y de haber sido el caso no tendrías el derecho a reclamarme ni yo hacer lo mismo, estaríamos en iguales condiciones buscando quizá terapia de pareja en determinado caso de desear seguir con nuestra relación.

-¿De que se trata entonces? - Volvió a preguntar.

-Te lo diré si me cuentas lo que en verdad pasó Draco, no lo que deberías decirme, no quiero escuchar una verdad que tu creas que me haría sentir mejor o utilizar mi falta de atención en aquellos días- Dió un largo suspiro mirando a la nada, aquellos ojos color caramelo se transportaban a tiempo atrás cuando se consideraba tan feliz de tener al amor de su vida; sin embargo ahora su mundo sufrió una enorme sacudida dándose cuenta que amaba a un vampiro sanguinario.

Draco intentó serenarse, si deseaba la verdad tenía que hablarle con el corazón y no con la razón misma. Bien decían que las verdades más puras y reales son aquellas que los seres humanos no deseamos escuchar, así que el platinado pasaba saliva con dificultad para comenzar a abrirse como era debido. Por algún extraño motivo Hermione se sentía en paz consigo misma, ahora que la transparencia se haría presente entre ambos quizá le serviría para cerrar el ciclo de manera correcta.

-Admito que me gusta el peligro- Inició él. - No se si esto le pase a Potter, a Weasley o a cualquier hombre pero el solo hecho de tener a una mujer en secreto sin que te descubran te hace sentir vivo- La miraba con aquellos ojos tan grises y ahora tan sinceros. -Yo te amaba Hermione, y aún te amo, eres y serás siempre la mujer de mi vida y…

-No sigas Draco- Lo interrumpió con suavidad. - Eso está de más ahora.

-Lo sé pero es necesario que lo tengas en mente aún si no somos nada.- Declaró el rubio de manera contundente.

-Amor y sexo son dos cosas totalmente opuestas aunque vayan de la mano- Bebía otro sorbo. -Pero lo tuyo con Ginny no… Por más que trato de entenderlo o siquiera asimilarlo un poco sencillamente llegó al mismo punto de partida.

Draco se frotaba las manos, no podía concebir que aquella declaración tan directa le provocara un nerviosismo difícil de controlar; no obstante ella deseaba la verdad. Además necesitaba desahogarse, hablar con alguien de lo sucedido y ese momento había llegado. Se incorporó irguiéndose sobre el asiento dejando en el piso la taza de café todavía caliente, entrelazaba sus dedos sosteniendo el contacto visual con la que fuese su ex novia.

-Cualquier hombre Hermione, cualquier cabrón hombre con sangre en las venas y necesidad de follar estaría de acuerdo que cuando no se encuentra lo que se busca en la persona amada se busca por otro lado. -Hacía una pausa antes de continuar. - Combina esto con la adrenalina y el filo del peligro y tienes un engaño casi perfecto.

Hermione solo le prestaba atención, consideraba que era relevante saber en lo que también había fallado. Buscaba retroalimentación, respuestas y un camino para buscar soluciones futuras. Comprendía que como parte de la verdad era necesaria la admisión total de sus errores.

-La sola idea de tocar lo prohibido, el morbo de poseer a alguien ajeno en un hombre puede significar la locura misma, pues entre mas se te prohíbe más lo deseas.

-¿Como en mi caso cuando nos conocimos?

-Eso fué diferente. -Respondió él al instante.

-Claro que no lo fué, pues te recuerdo que nuestra relación ¿Como la llamaban? ¡A si! Dramione… Se llegó a considerar casi una maldita extensión de Sheakspeare como los nuevos Romeo y Julieta- Bufaba, pues ahora comenzaba a temblar al recibir el terrible baldazo de franqueza que le lanzaba. -No me hables de relaciones prohibidas si yo tuve una contigo por casi tres años Draco Malfoy.

-Lo sé- Interrumpió él. -Pero si deseas la verdad, debes dejarme terminar.

-Adelante-Daba un largo respiro para calmar sus nervios, ahora comenzaba a preocuparse por su consumo excesivo de cafeína en lugar de un buen té para los nervios.

-Todo comenzó con simples charlas, comentarios cómicos que le hacía Potter y algunas anécdotas de nuestra adolescencia en Hogwarts- Suspiró. -Incluso me contó sobre tus relaciones con Viktor Krum o el idiota de McLaggen, pero nunca con intención de intervenir… Pero con el paso del tiempo, te mantenías ocupada deseando entrar a la escuela de medimagia, estudiabas horas y horas, tu espacio conmigo se redujo al mínimo y no comenzaré a contar las veces que me rechazaste en la cama.

-¡Claro que no!

-¡Claro que sí Hermione Perfecta Granger!- La miró con intensidad. - Si no era la puta escuela, era una entrevista para el profeta, una maldita conferencia por los derechos de los elfos, tus responsabilidades como heroína, así que adivina… Yo simplemente deseaba a mi novia, la quería para mí, ¿Pero tú que hacías? "Ahora no Draco mañana te compenso" pero ese mañana se pasaba a otro y así sucesivamente- Tomaba de nuevo aire sintiendo un par de gotas de agua correr por sus mejillas. Hermione por primera vez se silenciaba.

-Yo era el desgraciado, el maldito villano que había sido reivindicado por un ángel como Hermione Granger. Me convertí en tu sombra, en aquel hombre que tenías como accesorio mientras que los otros solo me miraban con asco.

-Draco… Yo nunca te miré así.

-No hablo de ti- Interrumpió. -Pero todos te acaparaban, y todo era más importante para tí que terminaste relegándome.

Hermione guardó un sepulcral silencio cambiando de manera radical su expresión, tan solo miraba al hombre de quien en su momento estuvo enamorada contemplando la forma en que poco a poco se quebraba al recordar ese hecho. Hizo una pausa considerable pensando en aquellos sucesos cayendo a la cuenta de la verdad contundente que decían aquellas palabras. Desvió su mirada reviviendo poco a poco aquellos hechos.

-Cada noche esperaba tu regreso, cada maldita noche me ponía la ropa interior que tanto te gustaba.

-La verde lima- Ella susurraba.

-Cada noche llevaba algo de cenar al departamento deseando estar contigo- La miraba. -Deseaba follar con mi novia y hacerle el amor toda la puta noche-Apretaba sus puños.- Pero llegabas cansada, tan agotada que no podías ni cargar tu propio cuerpo, así que terminaba desistiendo o … dándome placer a mi mismo.

-Draco yo..

-¡Si! ¡Te engañe! Pero me orillaste a eso Hermione- Se levantaba por fin acercándose a ella para tomarla de los hombros con suavidad. - Ginny también llegó sentir lo mismo que yo. Me lo contaba muchas veces, tambien Potter jamás se preocupaba de dejar a una mujer sola en su casa, alguien que tambien lo esperaba y nunca llegaba.

Hermione no se atrevió a mirarlo, era como si alguien estuviese recalcando todos sus errores como mujer. Jamás pensó que el platinado terminaría siendo el amante secreto de su mejor amiga pues detestaba la sola idea de recordarlo. Sin embargo había una verdad que por mucho que le doliera, le lastimara y carcomiera debía reconocer… Ella también le había fallado. Apretó con fuerza los labios, ¿Cuantas veces Draco abandonó el departamento para irse con Ginny? ¿Por qué nunca se dió cuenta de lo que sucedía? ¿Su trabajo la consumía a tal grado de quitarle lo más preciado en esta vida?

Sintió un escalofrío de perros, como una corriente eléctrica que se esparcía por cada uno de sus nervios al imaginarse a si misma en aquel entonces. Era cierto, aquel platinado siempre la besaba después del trabajo, de la escuela, de cada reunión a la que se le invitaba pero ella lo rechazaba debido al cansancio. Se sentía culpable, más culpable que Ginny, más responsable de provocar el aislamiento de la persona que amaba.

Volvía a mirarlo, quizá lo correcto era perdonarlo y recomenzar una nueva vida ahora aprendiendo de sus errores, probablemente sería mucho más fácil envejecer con una persona después de haber superado esos tragos amargos con la relación más fortalecida. Miraba sus ojos, aquellos de los que se enamoró como una loca. Recordó al mismo tiempo que su madre siempre le reportaba cada llamada que hacía desde su partida, la manera en que con terquedad deseaba saber su paradero quizá para contarle todo eso.

¿Qué hubiera pasado si Draco la buscaba en aquel entonces? Quizá no habría tenido necesidad de fingir una comedia, una pantomima ni gastar seis mil dólares para rentar compañía por siete días. Probablemente si aquel platinado hubiese llegado a Nueva York después de lo sucedido todavía seguirían juntos, Harry estaría ahora casado con la mujer que amaba y seguramente ellos serían los padrinos de la boda.

-Ginny me contó lo mismo- Alcanzó a decir.

-Ginny y yo no teníamos nada formal, nosotros los amábamos a ustedes.- Draco la miró con intensidad.-Aún lo hacemos, simplemente Ginny se siente horrible con lo que pasó, ni siquiera su madre la quiere cerca, sus hermanos, la tratan como una verdadera apestada.

-¿Entonces por que le reveló la verdad a Harry frente a todos?

-No lo sé, tan solo la escuché como tu lo hiciste.

Hermione se levantó por un momento sosteniendo entre sus manos la taza de café y recapitulando las acciones de su antigua mejor amiga. Recordó que en la noche de la fiesta se acercó voluntariamente al hechizo que levantaba la falda; justamente, cuando ella se encontraba a unos pasos y poder apreciar la ropa interior con la leyenda del tan fatídico viernes. Ahora que lo pensaba le había sugerido no contarle a Harry lo relacionado al engaño; mucho menos frente a todos los invitados a punto de casarse.

Algo estaba mal, simplemente algo no cuadraba en todo aquello.

Miró de nuevo a Draco con un rostro afligido, sus ojos denotaban una falta de sueño, noches en vela siendo víctima de sus propios demonios y consecuencias, probablemente el cargo de conciencia era tan cruel como el tatuaje que portaba en el lado izquierdo del brazo. Sentía su mirada gris tan suplicante, como un niño pequeño que añora otra oportunidad para portarse bien y corregir lo malamente hecho. Lo miró caminar hasta ponerse frente a ella con lágrimas en los ojos.

-Te amo Hermione, solo quiero… -De manera desesperada se pasaba los dedos temblorosos por su platinado cabello. -¡Haré lo que sea, lo que sea Hermione! Tan solo dame otra oportunidad- Sintió que le tomaba de las manos haciendo que temblara levemente a causa de la urgencia. -Si me logras perdonar nos mudaremos aquí, compraremos una casa pequeña como a ti te gusta, trasladaré los negocios a esta ciudad y me humillaré si es necesario para obtener el perdón de Potter.

La castaña sentía que su corazón se achicaba, sus nervios se contraían al estar tan cerca de su presencia. Probablemente para ella era mejor darle aquella oportunidad tan esperada, todo sería mucho más sencillo, más llevadero. Recordaba que ambos eran mundos distintos; no obstante habían aprendido a compaginarse en el tiempo que vivieron juntos, a entenderse y encontrar coincidencias en lugar de diferencias.

Fijó su mirada en aquel rubio, observaba cuidadosamente sus facciones sintiéndose orgullosa de ser quien provocara el cambio; pues una personalidad tan reacia al sentimentalismo como lo era la de Draco se consideraba imposible de moldear o modificar. Llevó la mano a su mejilla ofreciéndole una caricia haciendo que el platinado pudiera respirar tranquilo.

-Draco…

-No me digas nada Hermione, solo quiero escuchar que me darás esa oportunidad.

-Tengo que hablarte respecto a Damon.

El platinado por fin abría los ojos, tan solo escuchar ese desagradable nombre le provocaba un malestar estomacal impresionante. Sin embargo por mucho que le costara, prefería doblegar al máximo el orgullo y los celos si deseaba recuperar al amor de su vida. Se volvió a sentar sobre la caja con una sonrisa.

-Adelante- Indicó mirando que Hermione daba un gran suspiro antes de recargarse en la pared para comenzar a relatar su historia.

-Damon y yo no eramos nada

-¿Qué?- Draco la miró con sorpresa y a decir verdad, algo de felicidad.

-Como lo escuchas- Prosiguió después de beber otro sorbo de café. -Damon y yo solo eramos una especie de… Contrato de compra venta.

-¿Qué quieres decir?

-Quiero que sepas una cosa- Lo miró. -Yo no iba a ir a la boda de Harry para no tener que verte. -Aquella respuesta sorprendía al platinado. -Antes de siquiera pensar en llevar un ragalito y ser parte del cuerpo de damas de honor debía idear un plan para que tu no lograras de nuevo a acercarte.

-Hermione…

-Draco- Interrumpió. - Damon Salvatore fué un escort que contraté durante una semana para demostrarles a todos que podía vivir sin ti, no quería que me hicieran preguntas sobre lo que pasó entre ambos, no deseaba sus típicas miradas de lástima especulando mentiras, formulando estúpidas teorías de mi vida.- Dió un largo suspiro. - Contraté a Damon Salvatore para fingir tener una vida feliz.

El platinado miraba absorto la expresión tan segura de su ex novia; jamás hubiera pensado que precisamente ella pudiera recurrir a esas alternativas solo para montar una comedia. Deseaba levantarse y reir por haberse creído todo aquello como un idiota. Ahora se debatía entre la felicidad y la incertidumbre.

-Entonces contrataste a un… Prostituto

-Escort- Le interrumpió Hermione con seriedad

-Bueno, lo que sea- Corregía restándole importancia. - ¿Lo contrataste sólo para darme celos?.

Aquel rubio sonreía como si hubiese descubierto el secreto de la eterna juventud o algún tipo de mina de oro bastante escondida. Hermione rodó los ojos dándose cuenta que aquel hombre no cambiaría del todo a pesar de los años transcurridos y las vivencias; seguiría siendo el mismo petulante y orgulloso que conoció en sus días de estudiante.

-¿Qué parte de la conversación fué la que no ha quedado clara? - Bebió otro sorbo de café ahora fijando su mirada. -No lo contraté para darte celos, sino para hacerte entender que puedo continuar con mi vida y encontrar a otra persona que me haga feliz.

-Deseabas darme celos Hermione no mientas.

-No

-Sí.

-¡Que no!- De manera un tanto irritada lo miraba. -Bueno, quizá al principio lo pretendía, pero algo pasó.- Clavó su mirada en el piso. -No buscaba enamorarme de él, pero poco a poco… lentamente algo que no supe definir también comenzaba a adentrarse en mis venas.

-Hermione, no me digas que te enamoraste de un prostituto.

-¡Escort!

-Prostituto y Vampiro Hermione.- Draco levantaba la voz un poco.

Hermione se silenció en aquel momento maldiciendo no tener algún argumento válido para refutar el de Draco; tan solo se recargaba en la pared apretando con ambas manos la taza de café que ahora se encontraba tibia.

-No era un prostituto- Suspiraba. - Solo vendía su compañía

junto a un eslogan que debo reconocer tenía el gancho que atraía a cualquiera.

Comenzó a relatarle exactamente el día en que lo había conocido, la forma en que descabelladamente buscaba en un sitio de clasificados de internet a posibles candidatos para simular una relación intensa. Aquel platinado solo la escuchaba deseando pensar que todo aquello se debía a los sentimientos encontrados que aún ella le albergaba. No le contó lo relacionado al vampirismo, pero sí lo suficiente para hacerle saber que su vida había cambiado de manera contundente y radical a partir de haber adquirido sus servicios.

-Seis mil dolares- Draco curvaba media sonrisa. -Yo pude haberme vendido por más dinero.

-Ese es el punto Draco- Espetó la castaña. -Tu piensas que por ser quien eres puedes vender, comprar o alquilar cualquier cosa y considerarte invaluable para todo el mundo, aún te rigen los bienes materiales y con Damon…. el lo ha tenido todo y a la vez nada, es como si… -Soltaba un gran suspiro. - Como si lo mundano poco le interesara.

El brillo de Hermione Granger era tan poético como sublime, pues sus ojos color caramelo se fijaban fervientemente en la ventana donde recreaba el rostro de quien fuese su amor de alquiler, el amor a la medida por el que había pagado cierta suma monetaria. Consideraba trivial perder otros seis mil dólares o diez mil, quizá un millón con tal de ver de nuevo sus bellos ojos, sus hermosos e intensos ojos aguamarina.

-Te enamoraste de él ¿No es así?- Preguntó Draco al percatarse de aquella ensoñación donde era evidente no pertenecía.

-Sin pretenderlo lo hice, pero eso ya no importa, yo tomé mi desición. - Declaró con resignación colocando su taza vacía en el fregador para después lavarlo.

El platinado no solía tener competencia, siempre se consideró un rotundo vencedor tratándose del amor, todo un hombre que tenía lo que a la mayoría de las chicas les causaba atracción y admiración. No obstante solo una mujer tenía su corazón declarandose dueña absoluta dudando que en algun momento de su vida fuera a devolverlo. Se levantó de la caja dejando la taza vacía en el mismo sitio de la castaña atrapando su mirada con su cercanía.

-Hiciste bien Hermione, yo no creo que te guste estar con un vampiro.

-Debería no gustarme, pero sin embargo te seré honesta- Lo miraba. -Siento que por segunda vez sentí sangre en las venas después de mucho tiempo, no lo tomes personal pero… Tengo que ser honesta.

-¿No crees que esa sangre que sientes terminará siendo succionada por aquel cabrón?

-No entraré en detalles- Colocaba un dedo a la altura de su nariz. -Pero eso no tiene importancia ahora.

Caminó lo suficiente para alejarse de su exnovio hasta llegar a la misma caja donde estuvo sentado. Lo miró fijamente deseando decirle bastantes cosas, quizá disculparse y aceptar la oferta de reanudar su relación desde el punto de partida; pensaba para sí misma le resultaría más sencillo olvidar el rollo de una semana intensa con una persona que tuviese vida propia con las comunes y corrientes necesidades humanas. ¿Quién diría que su antiguo amor prohibido ahora resultaría el más apropiado o el idóneo para pasar el resto de su vida?

-Draco… -Pasaba saliva recargándose en la pared. -Yo ya no te amo, supongo que esa es la verdad que no quieres escuchar o te rehusas a creer.

El platinado pretendía fingir que todo en su interior permanecía intacto, sin embargo palmo a palmo comenzó a derrumbarse después de escuchar tan hirientes, lastimeras y contundentes palabras salidas de su boca. Sin experiencia manejando el rechazo, lo único que podía rescatar en aquel momento era su orgullo; aunque herido, no permitiría que nadie lo viera rebajarse o humillarse. Era un Malfoy después de todo, y no estaría acostumbrado a rogar o mendigar cariño de absolutamente nadie.

-Se que me dices todo eso para continuar con tu vida, quizá jugar a la chica independiente pero te conozco mucho más de lo que imaginas Hermione Granger - El rubio se recargaba en la cocina integral cerca de la tarja cruzando los brazos con un tanto de presunción y socarronería. Aquel hombre siempre había sido petulante, tan presuntuoso con su apellido y extremadamente egocéntrico como para recibir una negativa en respuesta.

-Has pasado quizá cuatro años pensando en la forma de darme celos, llamar mi atención al grado de contratar a un escort para engañarme- Hacía una pausa. -Si eso es no amarme creo que tenemos conceptos distintos.

-No puede ser que después de tanto tiempo aún sigas creyendo que el mundo debería rendirte tributo Draco Malfoy- La castaña negó con la cabeza cruzando las piernas. Conocía a la perfección el modus operandi de su ex novio cayendo a la cuenta de lo pésimo perdedor que era en realidad.

-Te amé Draco- Le indicó con seguridad. -Pero por un malentendido se terminó, se acabó, fueron cuatro años donde la única imágen que tuve de tí fue en la recamara donde te revolcaste con Ginny Weasley, y hasta ahora estoy escuchando tus motivos. Y aunque probablemente yo haya tenido parte de la culpa sencillamente no justifica que me hayas sido infiel con otra mujer y mucho menos con mi mejor amiga.

Se levantó por fin encarando a su antiguo amor como alguna vez lo hizo durante su noviazgo; siempre le gustaba mirarlo a los ojos para que se diera cuenta que no mentía, que todo iba tan en serio como sus negocios en las finanzas y tan certero como un recetario de pociones.

-No busqué enamorarme de Damon, simplemente llegó con el paso de los días, así que sería absurdo hacer un comparativo de ambos porque sencillamente no lo hay. -Indicó de manera tajante. -El tiempo cambia a las personas, el espacio, la tierra de por medio termina por hacer que demos giros inesperados, nuevas personas, nuevas vidas, incluso te aseguro que parte de tu personalidad ha evolucionado desde entonces.

Se atrevió a acercarse lo suficiente para tomar el rostro de su ex novio con ambas manos fijándose en sus ojos; uno de los rasgos físicos que la hacían caer a sus pies con tan solo una mirada. Puso atención en sus labios, en la cantidad de veces que los había besado con tanta hambre, necesidad y premura; el sabor mentolado de su aliento acompañando cada embeleso. Llevó sus dedos al cabello rubio platinado, ¡Cómo le encantaba tocarlo! y ahora no podía creer que todo eso se hubiese esfumado.

La emoción, la pasión, la ilusión y el interés se habían convertido en humo regresando a su lugar de origen.

-¿Por qué tiene que ser así Hermione?- Por primera vez las lágrimas brotaban del plateado de sus ojos alcanzando a mojar sus dedos con el contacto. Ella en cambio le sonrió intentando por todos los medios no romper en llanto.

-Porque la maldita vida no es y nunca será justa con nadie Draco.

Sin pensarlo dos veces lo abrazó con tanta ternura, cerraba sus ojos deseando de nuevo entregarle su corazón, sus sentimientos, su devoción misma para de esa forma solucionar su vida. Apretó con fuerza sus hombros, sintió los cabellos platinados pegarse a sus mejillas mientras lo escuchaba llorar, desahogarse, pues ahora estaba siendo testigo de lo único que no verían los demás en aquel magnate y gallardo hombre. La derrota.

Con dificultad secó sus lágrimas, Hermione Granger era y sería siempre aquello que deseaba pero jamás tendría. Ese tesoro invaluable que su dinero jamás compraría, una pieza irremplazable de la que sólo albergaría un bello recuerdo junto a un mundo de alternativas soñadoras y efímeras.

-Siempre estaré esperándote Hermione, ¡Siempre te esperaré!- Se alejó despacio tomando sus hombros.

-No lo hagas Draco, no detengas tu vida por mí, yo no soy el fin del mundo ni el final de tu existencia.

-Lo es, sin ti yo...

-Seguirás siendo Draco Malfoy, el guapo y ardiente rubio del que alguna vez me enamore y que no dudo enamore a otra chica que vea más en ti que cuantiosos galeones. - Prosiguió. -El hombre al que he contribuido cambiar para bien y que ahora me enorgullece haya rectificado el camino para ser una mejor persona… Seguirás siendo él después de mí.

Ambos se miraron por última vez anhelando sentir la chispa que en algún tiempo los caracterizó y denominó como el "Dramione" de toda la historia; la pareja perfecta tan prohibida ahora se convertiría en nada gracias al tiempo mismo. En aquel momento ella no pudo evitar besar sus labios, necesitaba comprobar por sí misma que la decisión tomada fuese la correcta, no quería equivocarse para continuar con su vida o tomar la oportunidad que el platinado le ofrecía con vehemencia.

Al tocar sus labios era el mismo sabor, la textura, la suavidad y humedad de su lengua; aspiró el aroma a encino dulce de su cuerpo, sin embargo, no sintió la emoción.

-Buena suerte Draco Malfoy- Le brindó la última caricia desviando su mirada, pues pensaba que resultaría más fácil si no la veía hecha polvo.

El estaba decidido a esperarla, pues conociéndose determinaría que únicamente Hermione Granger sería siempre el amor de su vida y lucharía hasta la muerte para recuperarla no importando el tiempo que invirtiera en ello. Por otro lado la castaña no deseaba lastimarlo más de lo normal evitando darle algún tipo de esperanza en el futuro.

Sin decir nada más, aquel rubio platinado se retiraba del apartamento con su gallardo porte y el corazón destrozado al haber fallado en el intento de recuperar lo que tanto amaba. Ella cerraba la puerta detrás suyo colocandose de espaldas recapitulando aquella complicada determinación a la que había llegado. Se dirigió al provisional colchon inflable para recostarse un rato y tratar de dormir, olvidar la culpa y a su vez el deseo por una persona que en esencia no existía.

A la mañana siguiente se despertó temprano; demasiado para ser domingo aprovechándolo para recibir a la mudanza y desempacar lo más posible evitando en un futuro acumular sus cosas complicando instalarse. Realizó los pocos deberes que tenía pendientes como enviar correos electrónicos, presupuestos de la nueva campaña y hacer un par de llamadas telefónicas a sus clientes para acordar la siguiente minuta. Nunca le gustó retrasarse, como parte estricta de su personalidad el orden no era una opción en su vida sino una prioridad; al menos de manera laboral lo era.

Tomó una ducha rápida agradeciendo tener agua caliente para hacerlo, acomodaba su ropa sucia para enviarla después a la tintorería sintiéndose totalmente autosuficiente en su propio espacio. Se vistió con unos jeans deslavados, una blusa color violeta algo ajustada llevando el cabello suelto con los rizos ahora definidos e hidratados. Se miraba al espejo maquillando su rostro con lo esencial de una chica; un rubor ligero y un labial color rosa que jamás debían faltar en su bolso para casos emergentes.

Dió un largo suspiro abriendo las ventanas para recibir lo que sería uno de sus primeros días en Vancouver. Aspiraba una gran cantidad de aire comprobando que por fortuna la contaminación no estaba haciendo estragos como en la Gran Manzana. El cielo era claro, tan azul como el mar, tan profundo como los ojos de Damon Salvatore; y de nueva cuenta la nostalgia llegaba a ella como un piquete de abeja que sin duda le dejaría un ronchon del tamaño de un cráter.

-Parque Stanley- Dijo en voz alta tomando las llaves del perchero para conducirse a ese sitio.

Necesitaba un tiempo con sigo misma, discernir demasiadas cosas y acostumbrarse a su nueva vida alejada de sus padres, sus amigos, cualquier cosa que la conectara con la magia. Mientras conducía por las tranquilas calles de Vancouver para llegar a la reserva forestal pensaba que renovar su piel llevaría cosas buenas, quizá conocería a otro hombre, saldrían, tendrían incontables orgasmos deliciosos y posteriormente vendría la petición de matrimonio.

Un matrimonio que a estas alturas estaría dudosa en aceptar.

Al llegar al estacionamiento que solo se encontraba a unos metros de la "Tercera Playa" pudo encontrar una pintoresca cafetería donde seguramente un capuchino sabor caramelo y un brownie de chocolate la esperaban ansiosos. Sonrió con amplitud considerando que el consumo de carbohidratos era lo ideal para sentirse mejor y adaptarse de la mejor manera a la vida de oficina que le esperaba.

Encontró una banca para admirar tanto la vegetación, los árboles frondosos y verdes que acorazaban toda la reserva junto al mar azul de la Bahía Inglesa. Aquel aire tan puro, la tranquilidad del sonido del agua, el chirrido de insectos, el trinar de algunos pajarillos aclaraban sus ideas lo suficiente. Pero sin intención alguna se visualizaba caminando por ese hermoso parque de la mano de Damon, parecía que volvía a escucharlo gastando bromas a diestra y siniestra, se imaginó estar sostenida de sus brazos mientras reían, charlaban, compartían tantas cosas como una pareja normal.

Dió otro sorbo a su bebida considerando que lo único más cercano a esa pequeña gran felicidad constaría de las tardes en que se diera espacio para acudir de nuevo a esa pequeña cafetería en compañía de un latte y un pay de manzana con canela.

"El bocadillo perfecto para una publicista ocupada" Pensó para ella misma.

Sintió de pronto una corriente de aire que movía con cierta brusquedad su cabello; frunció el ceño verificando que no había nubes acumuladas en el cielo que pudieran provocarlo. Al intentar levantarse de la banca un papelito llegaba a su regazo de manera inesperada, y por algún motivo la curiosidad le impulsó a leerlo.

Aquel mismo era un mensaje enviado desde Londres.

**ooOOoo**

La iluminación de la casa de huéspedes era la misma que en años anteriores; las paredes rústicas absorbiendo cualquier luz que pudiera colarse por las hendiduras de los ventanales como siempre despedían el aroma a madera encerada tan característico de la vivienda. Pero aquel día el aroma a licor penetraba todo el ambiente junto a un tufillo molesto que Stefan Salvatore conocía más que ninguno.

El castaño vampiro había llegado después de haber dejado a Elena en su respectiva casa terminando un día rutinario de escuela; sólo faltaban un par de meses para la graduación y tenía pensado comprar un apartamento en Georgia para que ambos vivieran mientras cursaban la universidad.

Cuando abrió la puerta no pudo evitar sentirse molesto por ser quien soportara el humor de perros de su hermano mayor. Conocía sus estados de ánimo, la manera en que al no saber manejar cada una de sus emociones estaba dispuesto a cometer un sinnúmero de locuras que alcanzaba a distinguir en algún momento como suyas propias. Caminó a zancadas mirando las botellas de licor consumidas y esparcidas en el piso alfombrado soltando el aroma rancio del licor al evaporarse.

Subió las escaleras para dirigirse a la habitación de Damon encontrándolo a los pocos segundos prendado de otra botella de Bourbon junto a un par de chicas que seguramente pertenecían a una fraternidad universitaria cercana. Rodó los ojos con cierto fastidio recargándose en el marco de la puerta con los brazos cruzados mirando la forma en que su hermano sonreía aún mostrando los colmillos ensangrentados.

-Buenos días Damon, sabes que no puedes hacer eso dentro de la casa- Comenzó. -Además no me gusta el tiradero que has dejado en la sala, así que te sugiero que…

Sin darle cuartel a terminar la frase, aquel vampiro se lanzó a gran velocidad para tomar a su hermano menor del cuello contra la pared fuera de la habitación. Sin embargo Stefan no se inmutaba, su rostro estaba tan relajado que no era necesario mostrar su bestialidad y sostener una de sus incontables peleas filiales. Observó a su hermano mayor poniendo atención en la sangre esparcida por su boca, en sus ojos negros unidos por unas venas latentes, pero sobretodo en aquella depresión y tristeza que negaría hasta el dia de su muerte verdadera.

-Te sugiero que… primero me sueltes, y después envíes a esas chicas a su casa -Hizo una pausa tratando de pasar saliva. - Con su respectiva ropa… Por supuesto.

-El desayuno es el alimento más importante del día hermano, ¿No te lo han dicho?, es mejor que hacerlo con Bambi y los amiguitos de Blanca Nieves- Se atrevió a sonreír con socarronería.

Stefan le permitió hacer su berrinche por unos segundos que le sirvieron para que su hermano poco a poco recobrara la compostura. Cuando por fin lo soltó volvió a cruzarse de brazos caminando lentamente al interior de la habitación donde las chicas solo bailaban suavemente en un completo estado de ensoñación. Semidesnudas, con las hormonas alborotadas a causa de tan suculento depredador y demasiado ingenuas para ser universitarias miraban de reojo al par de hermanos sonriendo como un par de chiquillas.

-Ve a tu casa, dirás que fuiste con una amiga a pasar la noche, te atacó un animal cruzando el bosque pero logró huir-

Utilizaba la compulsión para moldear la mente de las jovencitas quienes de inmediato obedecían tomando con rapidez las ropas que dejaron esparcidas en el piso. Damon tan solo curvaba su sonrisa despidiéndose con un bailotear de dedos. Entre tanto el castaño se acuclillaba para juntar las botellas que podía con sus manos negando constantemente con la cabeza.

-Esto no puede seguir así Damon, necesitas ayuda y lo sabes-

-No seas paranoico Stefy, tu sabes que no las habría matado-

-No hablo de lo que acaba de pasar aquí- Espetó con severidad su hermano considerándose esta vez más cerebral y centrado. - Hablo de manejar tu depresión de la mejor manera posible. -Colocaba las botellas en uno de los cubos de basura para posteriormente tirarlas. -Te sugiero que lo hagas cuanto antes o será mejor que tú mismo te claves una estaca, recuerda que la eternidad suele ser mucho, mucho… pero mucho tiempo para alguien como nosotros.

No era necesario que se explicara, después de todo había sido testigo de las depresiones de su hermano Stefan en el pasado; aquella misma cuando el remordimiento y la culpa a causa del genocidio masivo en la ciudad de Monterrey lo atormentaba cada noche regresando a su lugar de origen deseando acabar lenta y dolorosamente con su vida propia. El menor de los Salvatore tenía serios problemas con el hambre, sus desenfrenados apetitos, aquellos incontrolables impulsos asesinos cada que se veía a sí mismo al límite de la cordura respecto a la sangre humana.

Damon no sufría de esa condición sociópata, pues le daba lo mismo matar a una persona que hacerlo con cien de ellas a pesar de considerar a la sangre una de sus mayores adicciones; pero comprendía lo que su hermano menor le quería decir. Tendría que superar la tristeza o de lo contrario viviría con ella por toda la eternidad.

-No te preocupes Stef- Interrumpía ayudándolo a pesar de su evidente estado de ebriedad a colocar las botellas en el cubo de basura. - Me iré en unos días.

-De hecho te tengo noticias- Lo miró. -Ayer que olvidaste tu celular para ir a esa fraternidad a conseguir tu par de desayunos te llegó un mensaje de texto.

-¿Un mensaje?

-Comprueba por ti mismo- Le indicaba con la mano derecha. -Apuesto que estas tan ebrio que ni cuenta te diste.

Stefan curvó media sonrisa antes de retirarse junto al cubo lleno de botellas que su hermano mayor esparció en el piso como parte de su fiesta privada. El pelinegro vampiro solo vestía un pantalón oscuro, su tórax aún tenía manchas de sangre a causa de haberse alimentado de aquellas tontas jovencitas, su cabello revuelto era la señal de una batalla entre sus sábanas con las antes mencionadas.

"Señor Bloody Lover me han otorgado buenas referencias suyas, necesito contactarlo y concretar con usted una cita.

Me interesan sus servicios"

El pelinegro levantó las cejas con cierto fastidio, ahora menos que nunca deseaba retomar el negocio después de una semana llena de emociones desconocidas. Por otro lado no debía detener su existencia eterna pensando en una chica que lo había rechazado, además tenía en consideración que en todos los aspectos aquella decisión era la mejor a la larga. Se sentó un rato en su cama vistiendo su pantalón; recargaba su cabeza sobre el brazo mirando a todos los sitios y a la vez a ninguno.

-A ella le hubiera agradado Stefy- Suspiraba. - Ambos son obsesivos por la jodida limpieza.

Volvió a mirar el celular reconsiderando regresar la llamada al prospecto de clienta que lo requería. Torció un poco sus labios pensando que era conveniente retirarse a tiempo de una profesión que no garantizaba una salvaguarda emocional para sí mismo. En algún otro momento hubiese ensayado el tan esperado y sensual timbre de voz, se imaginaría a una chica perfecta mientras le llamaba para venderle la idea de un amor a la medida… una compañía, y quizá el servicio extra a cambio de alimentarlo junto a unos cuantiosos dólares en su bolsillo.

Pero esta vez no le apetecía, le asqueaba…

"Se que es tu profesión Damon, pero nadie merece ser utilizado por nadie aún si te pagan por hacerlo".

Hermione Granger de nuevo en su cabeza.

Ladeaba su mirada, se levantaba de la cama dando zancadas por su habitación pasando sus dedos por su negro cabello desalineado. Sus ojos azules comenzaron a cristalizarse al recrear la voz de aquella castaña que lo dejó tan enganchado como si hubiese utilizado compulsión en sí mismo. Bufó exasperado, se sentía como un idiota al sonreír de manera espontánea cuando la recordaba, aún temblaba con la sola idea de imaginarla entrar por aquella puerta de su habitación con su cálida sonrisa y sus ojos firmes.

-Volveré a venderme- Curvó levemente los labios levantándose de la cama para enviar un mensaje de texto.

"Estoy interesado preciosa, dime a donde debo acudir y lo haré enseguida, pero te advierto que los gastos de traslado siempre corren por la cuenta de mi clienta.

BloodyLover"

Dejó el teléfono en la cama decidiendo ir a la bañera para ducharse cuando a los pocos segundos el mensaje en respuesta había llegado.

"Tu agente me brindó los datos de tu ubicación, acordé con el señor Stefan una cita para nuestra primera entrevista en el pueblo llamado Mystic FallsVirginia.

Penelope Clearwater"

Al menos su clienta tenía un nombre, sin embargo le restó importancia al considerarla un activo circulante más de su extensa lista. No obstante tendría que ajustar cuentas con su hermano menor por entrometerse en asuntos que no le interesaban. Se había desnudado completamente enredándose una toalla diminuta en la cintura, caminó descalzo hasta la bañera donde el agua comenzaba a correr dentro de la tina de porcelana que consideraba una de sus adquisiciones predilectas.

Se hundió en el agua cerrando los ojos, y por extraño que pareciera comenzó a recordar el canto de sirenas que Hermione le hizo escuchar como parte del recorrido en Hogwarts. Hizo memoria del animal prehistórico que habitaba las calmadas aguas del lago negro, se preguntaba si el sauce boxeador tuvo alguna vez un campeonato con otros de su especie, soltaba una risita al imaginarse a sí mismo montando a un centauro considerándolo como un caballo con el cual entablar una amena conversación.

Comenzó a recordar a esa chica alocada llamada Luna, se preguntaba si esos vestidos con mariposas vivientes se venderían como pan caliente en las calles de Nueva York o Milán como parte de una nueva colección otoño invierno.

Lentamente se quedó dormido transportándose a ese mundo que Hermione Granger le había mostrado, aquel tan mágico parecido a los que su madre le contaba cuando era niño. Sintió nostalgia, tristeza, desolación al saber que jamás volvería a pisar un lugar como ese.

**ooO*Ooo**

No podía creer que volvería a las andadas prestando su compañía para otra clienta; sin embargo consideró que era momento de recuperar un poco su propia esencia siguiendo el lineamiento para combatir y superar cualquier adicción en la vida: "Los Pasos pequeños" pensaba para sí mismo mientras que sentado en el sillón mirando el fuego de la chimenea bebía un poco de Bourbon para calmarse un poco y no mostrarse nervioso.

Sintió los pasos conocidos de su hermano Stefan acercándose hasta el sillón contemplando que no llegaba sólo; Elena Gilbert lo acompañaba con una sonrisa en los labios. Aún recordaba su lapso momentáneo en el que creyó estar enamorado de la novia de su hermano debido a su parecido con Katherine, aquel amor frustrado por el que decidió convertirse en vampiro. La miraba feliz con el hombre que amaba preguntándose si aquel sentimiento le duraría para siempre; probablemente la vejez los separaría, quizá a la larga no funicionarían.

Diferencia radical entre vampiros y humanos.

-¿Estás listo para tu cita de hoy? ¿Cómo está mi Gigoló favorito?- Sin terminar de formular la pregunta escuchó de Elena Gilbert una risotada que abarcó la amplitud de la sala. Stefan tan solo hacía un gran esfuerzo para no unirse a la diversión por mucho que las ganas de hacerlo brotaran desde el interior.

-¿Tenías que contarle hermanito?- Damon torcía sus labios bebiendo otro poco del Bourbon.

-No tengo secretos para Elena- Respondió con suavidad.

-Por cierto, no creas que se me ha olvidado lo de "No Damon, no leí el mensaje"- El pelinegro vampiro simulaba unas comillas aéreas sin soltar el vaso de licor que disfrutaba. -Y no eres mi agente, yo soy un espiritu libre.

Intentaba sacarle el mejor lado posible a su profesión de acompañante, jamás pensó en volver a las andadas después de lo ocurrido con Hermione Granger. Se recargaba en el respaldo del sofá mirando el rostro enrojecido de Elena conteniendo la risa causada por la descabellada situación y ahora nueva ocupación del hermano de su novio.

-Damon en serio que no sabía que tu... ¿Vendes tu compañía?- Incrédula lo miraba a los ojos con una gran sonrisa en los labios.

-Si, la vende, aunque creo que podríamos sacarle provecho a mi hermano emprendedor- Mencionaba Stefan cediendo de manera inminente a la risa. -Necesitamos muebles nuevos y quiza podamos habilitar una piscina.

El pelinegro vampiro se sentía por primera vez avergonzado; no por la profesión, sino por la forma en que aquellos dos se daban un festín con cualquier idea o comentario relacionado con la misma. Continuó bebiendo de su licor observando el reloj de pared que marcaban las cuatro veintinueve de la tarde. Se levantó con cuidado dejando el vaso en el centro de mesa devolviendo una sonrisa.

-Pues lo siento hermanito, tendrás que buscar otra fuente de ingresos porque después de esta clienta llamada Penélope, pienso comprar un penthouse cerca de la mansión de las conejitas de Play boy.

-Damon- Sintió la mano de Elena tocarle el hombro, pues muy en el fondo se sentía responsable de aquel cambio que aquel vampiro dio en algún

momento de su vida. -Probablemente sea mi culpa, pero no me gusta que te utilicen, aunque no lo creas te quiero mucho y quiero verte feliz.

-Elena- El pelinegro torcía los labios un poco. -Si de felicidad estamos hablando, creo que lo seré cuando todas esas conejitas vengan a mi como postrecitos dispuestos- Suspiró. -La vida es un bufete y no hablo de sangre- Le guiñó el ojo retirando lentamente la mano de la chica.

Recordó aquel momento en que estuvo enamorado de Elena Gilbert, el instante justo en que ella claramente eligió a uno de los dos hermanos Salvatore considerándose la peor opción para ella. En parte, aceptaba el juicio de la morena al elegir a su hermano, pues era apropiado a lo que necesitaba. Stefan sería un hombre protector, consciente, entregado y devoto que la protegería hasta su muerte mientras que él era impredecible, cambiante, arrebatado y bastante aguerrido.

-Gracias por elegir a Stefan- Finalmente tomó su rostro con ambas manos colocando sus labios en la frente de la chica.

Stefan lo miraba, podía imaginarse la cantidad de situaciones que pudo haber pasado su hermano mayor para decidir vender su compañía. Tenia en consideración que no necesitaba dinero, tenía una cuantiosa fortuna amasada a lo largo de ciento cuarenta y cinco años que le permitiría vivir bastante desahogado hasta que decidiera terminar con su existencia; sin embargo, podía jurar que aquel hombre que en algun momento llegó a considerar tan frío como el hielo y tan sangriento como un depredador ahora estaba enamorado.

No podía definirlo como obsesión, mucho menos como la pasión de una noche, había algo más en su mirada que resaltaba en un brillo especial que desconocía.

-Llegarás tarde a tu cita, espero que aquella Penélope Clearwater no termine desangrada como las otras.

-Hombre de poca fé- Acusaba con una sonrisa. -Bien tortolitos, les dejo la casa para ustedes solos pero no quiero que dejen condones esparcidos en toda la casa.

-Es mejor que dejar botellas.- Respondía Stefan. -Ve que se te hará tarde.

Damon tomaba su chaqueta de cuero al conducirse a la entrada dirigiendo a ellos una sonrisa, observaba la sonrisa de Elena Gilbert junto a un pulgar al aire deseandole la mejor de las suertes. Al cerrar la puerta observaba el amplio jardin mucho más cuidado que de costumbre a pesar de no contar con la asistencia de Zach para tan complicada y ardua tarea. Emprendió marcha a las afueras del bosque donde se marcaba la ubicación de aquella mujer que deseaba contratarlo.

-Hubiera sido más fácil que me citara en el Mystic Grill- Rodaba los ojos. -¿Acaso no sabe que los bosques son peligrosos?

Tomaba su automóvil emprendiendo marcha hacia ese bosque donde según el GPS, debía encontrarse su prospecto a clienta, lo estacionó en un lugar prudente para adentrarse al lugar donde un centenar de árboles frondosos lo recibían; aquellos mismos que incluso vió desde su nacimiento hasta convertirse en la más grande reserva ecológica de todo el pueblo. Caminó un poco más verificando la ubicación que no figuraba en los mapas.

Aprovechó sus sentidos agudos para poder oler su perfume y seguir su rastro, poco a poco mientras caminaba se daba cuenta que el aroma se volvía un poco más penetrante; abría los ojos como platos al darse cuenta de algo importante. Aquel mismo era idéntico al de Hermione, no podía equivocarse, consideraba que sus años como vampiro le habían servido para perfeccionar sus habilidades en la cacería y una intuición infalible.

Hermione estaba en el bosque… Tenía que ser ella, deseaba que fuera ella.

Corría como loco, aparecía y desaparecía en lugares diferentes sintiendo que su corazón estallaba, sus emociones al máximo provocaban que su bestialidad emanara como parte de un instinto primario. Una necesidad imperiosa de volver a ver a la castaña, a su niña.

-Hermione- Decía con suavidad.

Se acercaba más y más a su objetivo, se desplazó por los interiores del bosque rodeando las espesas cascadas ruidosas, contemplaba solo un poco el horizonte agradeciendo al temporal climático mostrarse favorable; pues un sol brillante parecía sonreír por aquel encuentro. Con el paso de los segundos notaba que el aroma se volvía más penetrante hacia el rumbo demasiado conocido; aquel mismo donde había nacido y crecido. Las ruinas de su antigua casa no quedaban muy lejos de aquel sitio junto a lo que en años dorados fuese el "Aserradero Salvatore".

Sonrió como un loco, no tenía idea de la presencia de la castaña en ese pueblo tan apartado de la civilización; sin embargo poco le importaba ahora y le preguntaría después. Cuando llegaba las ruinas observaba a una mujer de espaldas; aquella misteriosa figura femenina tenía el cabello levemente rizado, una cintura menudita mostrando algo de su piel morena.

En aquel instante ella se giraba decepcionando rotundamente al pelinegro… Aquella mujer no era Hermione sino Katherine Pierce.

-Si yo fuera a contratarte creo que tendría que pensarlo antes, no me gusta la impuntualidad Damon.

-¿Que rayos haces aqui Katherine?- Damon respondía con otra pregunta empuñando un poco sus manos, detestaba haber sido engañado; seguramente esa mujer robó el perfume de la castaña para gastarle una última, pesada y cruel broma.

-Fué fácil entablar una cita contigo- Ella se giraba de lugar colocándose al frente.

Damon pudo observar la frialdad hecha mujer, toda una serpiente venenosa sentada en aquellas ruinas donde alguna vez pasó una temporada. El mismo sitio donde dejó su humanidad para vivir en las sombras gracias a ella, a su devoción por ella, a su estupidez de querer dejarlo todo por ella. Esa misma despectiva y elegante mujer que alguna vez conoció se levantaba para mirarlo con una sonrisa descarada.

-No es un buen momento para burlarse de mi Kitty Katt- A gran velocidad se dirigió hasta su presencia tomándola del cuello con fuerza, sus ojos se mostraban tan negros, tan oscuros y llenos de odio hacia esa vampira que le había arrebatado su felicidad, su corazón y su cordura.

La vampiresa morena mostraba de igual manera su lado oscuro, con ojos ennegrecidos lo miraba sosteniendo el brazo fuerte del pelinegro con sus manos para contrarrestar la fuerza aplicada.

-Te arrancaré la cabeza y la usaré como un bonito tarro para cerveza- Declaraba el vampiro ahorcando a Katherine hasta casi el punto de arrancar su cabeza.

-¡Damon Basta!-

Aquel timbre de voz logró hacer que sus ojos volvieran a su profundo azul aguamarina, esa misma que tenía la fuerza y el poder absoluto de desarmarlo, apaciguar cualquier tormenta por más impetuosa y devastadora que fuera. Se giró lentamente ignorando olímpicamente la presencia de Katherine llevándose una sorpresa inesperada.

-Hermione-

La castaña tan solo lo miraba negando con lentitud, se cruzaba de brazos caminando un par de pasos a su presencia haciendo crujir las pocas hojas secas esparcidas por las antiguas ruinas de la familia Salvatore. El vampiro pelinegro se comenzaba a sentir de nuevo extraño, una mezcla de felicidad, enojo, ira y sorpresa indundaban todo su ser con tan solo contemplar a esa persona que se había convertido en alguien especial.

-Creo que deberías escuchar lo que tiene que decir antes de lo del tarro.

-¿Qué?- Se sorprendía Damon. -¿Quieres que escuche a esta maldita que se ha dedicado a joderme la vida por más de un siglo?

-Damon, si yo te digo que la escuches, es porque yo estoy enterada de muchas cosas.

El vampiro desviaba la mirada, empuñaba sus manos deseando con fervor cobrarse de una vez por todas la cantidad de humillaciones, engaños y mentiras ocasionadas por quien lo hubiese creado. Se colocaba de lado para mirar a ambas mujeres como si se tratara de un triángulo simétrico dentro de la zona de escombros de su antigua casa. Tomó una gran cantidad de aire tratando de contener cualquier sentimiento adverso que pudiera provocar solo el hecho de escuchar su voz.

Katherine solo curvaba media sonrisa caminando de manera coqueta, sutil, como toda una jovencita criada en la cuna antigua; enredaba sus dedos en el cabello achocolatado definiendo un poco más los rizos que le caían como borbotones de aquel dulce exquisito. Sus ojos almendrados miraban a ambos, se sentó en una pronunciada roca cruzando una pierna.

-Soy culpable Damon- Suspiraba. -Soy culpable de lo que ocurrió con Ginny Weasley y Draco Malfoy.

-¿A qué te refieres?- Respondía en forma de pregunta aún con la reserva en sus palabras.

-Yo la "obligué" a delatarse- Hizo una pausa. -El día de la fiesta en ese lugar de las escobas me acerqué a ella fingiendo que me gustaba su ridículo atuendo y bueno… ¿No se miró linda imitando a Marilyn Monroe?

Damon tan solo miraba a Hermione esperando su reacción, sin embargo al parecer la vampira la había visitado previamente para contarle todo aquello. Por algun motivo se encontraba en Mystic Falls junto a ella como si se trataran de un par de amigas de antaño. Sencillamente, el mundo debía estar de cabeza.

-¿Por qué harías eso Katherine? ¿No se supone que deseabas quedarte con el dinero de Ricky Ricón el maguito?- El vampiro pelinegro recargaba el antebrazo sobre una de las columnas que en sus épocas doradas sostuvo alguna vez lo que debía ser el porche de la casa Salvatore. -¿Eres de las mujeres que siempre quiere algo a cambio Kitty Kat?

Hermione no decía gran cosa, tan solo contenía las ganas de reirse por la forma tan testaruda en que aquel hombre se comportaba. No le sorprendía; sin embargo tendría que ser paciente con aquel vampiro si deseaba que entrara en razón respecto a los acontecimientos.

-También debo confesarte que a pesar de que tu ex clienta aquí presente le insistió a Ginny que se quedara callada el dia de su boda, no pude contener las ganas y de nuevo la obligue a decirle a su futuro marido acerca de su infidelidad con el rubio, ¡Hubieras visto la reacción de Draco! en verdad que su rostro era poético.

-¿Hiciste qué? ¿Por qué lo hiciste?- Damon desconocía por primera vez a esa vampira que solo jugaba con las cartas para su propio beneficio, observaba constantemente cualquier cosa que pudiera delatarla; sin embargo la modulación de voz era distinta.

-Antes de darte mis razones querido Damon- Lo apuntaba con el dedo índice junto a una descarada y fresca sonrisa. -Necesito confesar todas mis travesuras, tu sabes que siempre acostumbro dejar lo mejor para el final.

-No me gustan los culebrones Kath debería saberlo- Damon rodó los ojos con cierto fastidio, no obstante la castaña parecía estar calmada con todo aquello, así que por ese motivo decidió esperar a que la morena terminara su declaración.

-Yo fuí quien desangró a la chica del club de golf, también deberías agradecerme quitarte de encima el crimen que casi cometías con la chica del club nocturno.- Dió un largo suspiro regresando la mirada a ambos. -Yo la hice olvidar para que se fuera del lugar y Harry no pudiera descubrir tu condición de vampiro.

La castaña los miraba a ambos, mientras que Damon se encontraba petrificado con todo aquello que anteriormente había sospechado; no obstante deseaba conocer los verdaderos motivos que existían detrás de las intenciones de esa vampira búlgara. Curvó media sonrisa intentando mostrarse calmado y no desesperarse, aunque le resultaba imposible al ser consumido poco a poco por la curiosidad.

-Te dije que yo tenía mis razones Damon- Se levantaba con elegancia. Aquella mujer llevaba una blusa de color azul turquesa junto a un pantalón ajustado que ceñía sus caderas torneadas y cintura menudita. Caminó con gracilidad a pesar de usar tacones altos en un terreno rocoso. Se giró a ambos recargando su espalda sobre otra de las columnas.

-Jamás le dirías tu condición Damon, te conozco y sueles ser una maldita caja de sorpresas- Miró de soslayo al cielo. -Cuando te secuestré mi intención era drenarte hasta casi disecarte, hacer que tus instintos de vampiro salieran a la luz para que ella misma los viera con sus propios ojos.

-Entonces- Interrumpió Damon. -Deseabas que Hermione me clavara una estaca al saberlo.

-¡Damon!- Hermione por fin mediaba la conversación, miraba al pelinegro con severidad reforzando el punto de Katherine. - He dicho que la escuches.

Como un crío regañado, aquel hombre pelinegro apretaba sus labios intentando silenciar todo el millar de sarcasmos que tenía preparados; pero sabía que cualquier cosa sería equivalente a obtener la desaprobación de la castaña. Katherine le guiñó el ojo a Hermione agradeciendo su intervención.

-He dicho que mi intención era descubrirte ante ella, no clavarte una estaca- Hizo una pausa. -Se que ella tenía sentimientos profundos por ti pero debía asegurarme que no la drenaras o engañaras como a otras mujeres que si te portas mal… le puedo dar la lista de todas esas mujeres para que se de cuenta por sí misma.

Damon tan solo carraspeó. - Creo que te dejaré proseguir, además, no debemos desviarnos del tema ¿Cierto?

-Te seguí hasta Londres para…- Hacía otra larga pausa dejando a los otros dos un poco expectantes.

-Al grano Katty-

-¡Para asegurarme que esta vez fueras feliz! ¿Contento?-

El pelinegro arqueaba una ceja no esperando recibir esas palabras precisamente de la mujer que se había dedicado a arruinar su vida durante más de un siglo. Consideraba una comedia colosal que el ser que ahora consideraba más repugnante y despreciable sobre la faz de la tierra estuviese albergando un sentimiento de culpa intentando retribuir de alguna forma el sufrimiento infringido a su persona.

-No te entiendo, y a decir verdad no te creo.

-Sólo escúchame Damon.

-¡No!- De nuevo intentaba tomarla del cuello pero esta vez la castaña interponía una barrera de magia entre ambos para evitar una catástrofe. Aquel vampiro solo empuñaba sus manos mostrando la negrura de sus ojos causados por el odio, el resentimiento, todas aquellas emociones adversas que le guardaba a su antiguo amor. -¡Dejame Hermione! ¡Déjame por fin cobrar todo eso!

-Damon… -Hermione se acercaba hablando con suavidad, se acercó lo suficiente para observar la bestialidad de aquel vampiro enojado. -Gracias a ella, estoy aquí.

Poco a poco el semblante del vampiro volvió a su normalidad al escuchar esas palabras, sus sentidos regresaban a su estado original sintiendo aquella caricia que la castaña le otorgaba tan cariñosa y comprensivamente. Con una seña le indicaba a la morena vampira que continuara con la declaración.

-Se que me odias, pero alguna vez me amaste, hubo un momento en que eras mi dulce y tierno Damon-

-Eso es pasado Kath, al grano- Imperaba el vampiro.

-Fué mi culpa el utilizarte, y aunque no lo creas estoy cansada de albergar enemigos, tener gente buscando mi cabeza para entregarla a otros a quienes hice daño. - Suspiró la morena. - Alguna vez fuí humana, y alguna vez me enamoré como una loca.

-Te enamoraste de Stefan.

-Pero Stefan solo tiene ojos para la dulce Elena, la ama como alguna vez desee que lo hiciera conmigo- Aquella mujer tan sensual mordía un poco su labio recordando aquellos días en que la familia Salvatore la acogió de un supuesto incendio en Atlanta. En aquel entonces Stefan Salvatore había sido la única persona en el mundo con unas limpias y claras intenciones; no obstante su vanidad, su ambición y su constante lucha por salvar su pellejo la alejaron lentamente de los sentimientos humanos. - Pero no estamos hablando de mi ahora.- Finalizaba.

-No te creo tu nueva conducta de Madre Teresa

-Comprende que si no le mostrabas lo que eras, no lo descubriría jamás- Elevó un poco la voz. -Necesitaba probarte, saber si eras capaz de contener el hambre, el deseo de sangre cuando estas a su lado. Quise saber el grado de autocontrol que tendrías al mirarla indefensa.

-¿Con qué finalidad Katherine Sádica Pierce?- Damon volvió a preguntar mostrándose renuente a cualquier argumento recibido.

-Para verificar que no echaras a perder una nueva oportunidad de algo que nosotros los vampiros se nos ha negado durante mucho tiempo.-Proseguía. -El amor.

Damon tan solo desviaba la mirada y de reojo se dirigía a Hermione quien hasta el momento se comportaba tranquila, apacible, tan serena que le podía causar cierta envidia. Aún se cuestionaba su estancia en el pueblo, no deseaba llegar a pensar que la vampira morena la hubiese obligado a acudir solo para burlarse una vez más de su desgracia teniendo a la testigo principal como la cereza que decora el pastel.

Katherine Pierce se acercaba al vampiro fijando sus ojos en los contrarios, aquel rostro que siempre se mostró altivo, petulante, presumido, ególatra y vanidoso ahora enseñaba una pureza que aquel pelinegro no había llegado a conocer nunca. Ahora quien estaba haciendo esa reveladora y sorpresiva declaración no era la chupasangre de más de quinientos años; sino aquella hija de familia que estuvo destinada a ser perseguida. Katerina Petrova.

-Es mi forma, un poco torcida de pedirte perdón por todo… Lo creas o no, también tengo mi lado humano- Alzaba los hombros. -Creo que lo que sentiste por mi no se compara con lo que ahora sientes por ella.

El vampiro pelinegro solo la miraba, aún no daba crédito a lo que escuchaba a pesar de verlo con sus propios ojos. De soslayo observaba a Hermione quien le sonreía como muestra de haber estado enterada de todo aquello.

-Yo recibí la carta donde confiesa toda la verdad, y vaya que te lo puede comprobar una bruja- Suspiró. -Utilicé una poción de la verdad para revelar cualquier engaño oculto en ella y no encontré nada.

Katherine sonreía un poco, tomaba el rostro del vampiro pelinegro con ambas manos depositando en su frente un beso cerrando sus ojos. Aquel hombre estaba conmocionado por lo que acababa de escuchar, no podía creer que aquella mujer a quien hasta ese momento consideraba una arpía lo hubiera puesto a prueba para ganarse el verdadero amor que tanto merecía. Esa calculadora dama había fingido desear una fortuna que bien podía conseguir por sus propios medios, tener a cualquier hombre a sus pies, sin embargo optó por otorgarle a quien la había esperado por más de un siglo toda esa felicidad que se le había negado.

-Ahora te toca a tí- Con una sonrisa le brindaba una caricia. - Si vivirás una eternidad, asegurate de tener algo de felicidad para ti mismo.

Damon solo curvaba media sonrisa concluyendo que jamás terminaría de conocer todas las facetas misteriosas de esa mujer de quien estuvo enamorado. Comprendió entonces que sus palabras eran ciertas, comenzaba a hacer memoria de su cautiverio, recordó que con claridad le había especificado enterarse de sus planes a su debido momento. Y ese era su objetivo… Ponerlo a prueba para ser realmente feliz sin sarcasmos, sin engaños, sin trucos.

-Gracias Kath…-

-Ahora me despido, creo que comenzaré un negocio como dama de compañía y quizá me vaya de maravilla.

La morena por fin se retiraba lentamente de la casa convertida en ruinas, ambos la miraron alejarse con la incógnita todavía de su destino. Mientras tanto ambos se quedaron solos en ese sitio, en la casa que alguna vez formó parte de la niñez, adolescencia y juventud humanas del pelinegro. Un sitio que muy en el fondo de su corazón consideraba especial.

-Hermione…

Ella lo interrumpió con una seña.

-Creo que me gustaron demasiado tus servicios… BloodyLover. -Mencionó con ternura y sutileza en sus palabras. Se acercó lentamente recargando su espalda en otra de las columnas cercanas cruzando sus brazos aún sosteniendo la mirada. -Tuviste razón en aquello que me dijiste hace siete días.

Damon solo agrandaba sus ojos, los fruncía, sonreía como un chiquillo ingenuo, como un colegial estúpidamente enamorado fingiendo absoluta amnesia.

-¿En qué cosa si puedo saber?

-Cuando alguien te prueba, jamás te deja.

-Hermione eso solo era publici... -No le permitió terminar la frase cuando se acercó para posicionar el dedo índice en sus labios.

-Damon- Acotó al instante. -Toda mi vida creí que el trabajo, las ocupaciones, el estudio y los cafés del Starbucks serían lo único que necesitaba para completar mi vida- Hizo una pausa volviendo a apreciar esos ojos aguamarina que tanto le gustaban, que tanto había extrañado desde su partida. -No puedo creer que solo haya bastado con haberte conocido para saber que todo eso no significaba nada si no tenía con quien compartirlo.

-Hermione no es necesario que…

-¡Déjame terminar Damon!

-Ok, ok, ok- El vampiro alzaba sus brazos, aunque a decir verdad le volvía loco aquella forma de controlar y retar tan contundentes. Admitía que Hermione Granger lucía absolutamente adorable y sensual cuando se enojaba.

-Yo a su tiempo llegué a fallarle a Draco, y no quiero cometer el mismo error dos veces Damon así que me basare en el único método que me hizo funcionar con alguien.- Dió un largo suspiro sonriendo de manera coqueta. Caminaba despacio tocando levemente los pilares destruídos de la vieja casona hasta colocarse a su frente y ladear su cabeza.

-Te propongo un nuevo contrato.

-¿Quieres contratarme otra vez?- El pelinegro curvaba media sonrisa.

-Sólo si estás disponible-

-Digamos que… Puedo hacerme un espacio en la agenda- El vampiro alzaba un dedo en un tono sarcástico. - Dejaré a muchas clientas decepcionadas pero, nadie viajó hasta mi pueblo para contratarme, hay un dicho muy famoso sobre el que se va a la villa y pierde su silla.

Hermione negó con la cabeza, debía reconocer que extrañaba demasiado los chascarrillos hilarantes de ese hombre tan descarado, fresco y sobre todo sarcástico. Aquel vampiro se acercaba lentamente hasta llegar a la misma columna donde se encontraba la castaña mirándola fijamente a los ojos.

-Creo que ya conocemos el protocolo Damon- Ella sonreía de la misma forma. -Debes decirme tu precio.

-Eso depende del tiempo del contrato linda- Habló con voz seductora y tranquila, tan grave como un canto de cuna que podía escucharse en aquel silencioso bosque; aquella acción provocó una descarga eléctrica que la castaña podía recibir comenzando desde sus manos hasta su cerebro.

-Indefinido- Respondió ella más despacio.

Ambos sentían el corazón a punto de estallar, el ritmo cardiaco se acercentaba a medida de sus emociones, el tamborileo de sus dedos era la clara muestra no solo del nerviosismo sino de la emoción que provocaba de nuevo otro encuentro fortuito. Ella le sonreía tratando de ocultar todas esas sensaciones mientras que él intentaba a toda costa dominar sus instintos primarios.

-Pero debo dejar en claras algunas cláusulas- Indicó el vampiro, y ella tan solo arqueaba una ceja.

-¿Cláusulas?

-Efectivamente- Acotó. -Dicen que las cuentas claras brindan amistades largas, y en este caso vamos mucho más allá de jueguitos de mesa y partidos de futbol americano los domingos.

-Tu dirás- Ella acariciaba su rostro con suavidad.

-Como clienta se te prohíbe tener novio, amante u otro escort- Se acercó a milimetros de su boca mirándola directamente con aquellos orbes intensos aguamarina. -Esta vez quiero y exijo la exclusividad, no quiero ser el que provoque los celos de otro noviecito de secundaria.

En aquel instante la castaña tuvo el impulso de soltar una carcajada lo bastante sonora para que todos los habitantes de Mystic Falls escucharan los suficiente; no obstante aquel apartado inesperado en su "contrato" le resultaba una idea tan descabellada como placentera. Si bien no deseaban manejar algún tipo de ataduras o compromisos, sencillamente una fidelidad disfrazada sería lo más ideal o viable.

-Y a ti se te prohíbe tener otras clientas Damon- Le señalaba con el dedo índice. -No suelo ser compartida y por primera vez estoy en todo mi derecho de reclamar lo que es mío.

-¿Entonces soy tuyo Señorita Granger?

-No tienes idea de cuánto- Aseguró de manera tan asertiva como cerrar un negocio, y para sellarlo con broche de oro se lanzó de manera hambrienta y necesitada a sus labios.

De nuevo ella sintió ese beso que había extrañado, el calor de un cuerpo que sin intencion alguna llegó a su vida de la manera más descabellada, bizarra e ilógica. Quién diría que la ecuánime y recta Hermione Jean Granger terminaría locamente enamorada de un ser tan enigmatico, rebelde y cabezota como Damon Salvatore. Al mismo tiempo aquel vampiro había concluído que el huir de lo inevitable no había resultado más que una completa pérdida de tiempo; aunque por otro lado le daba gracias a la vida el conocer a una chica tan terca, inteligente, sexy y dominante.

La decisión era suya, de nadie más. El destino mismo determinaría las cosas de ahora en adelante, ellos marcarían su propia pauta, crearían y construirían su camino al andar, pues el destino mismo jamás estaría escrito. El muy trillado cliché del "Felices por siempre" tan solo significaba una idea utópica que todo ser humano o vampiro consideraba tan absurdo como todas las películas famosas de cierta casa con logotipo de ratón y un sinnúmero de parques temáticos. La felicidad misma existía siempre y cuando ambos lo desearan, y el día en que decidieran terminar por alguna situación, acontecimiento o adversidad dependía absolutamente de ellos.

Hermione Granger estaba cansada de fracasar, de planear, de edificar un castillo de ilusiones que podría desmoronarse en un abrir y cerrar de ojos con una infidelidad, una inseguridad o diferencia abismal de gustos, hábitos y opiniones. Deseaba vivir, sentir, ser amada, satisfacer sus necesidades como mujer, consentirse como ser humano y Damon lo comprendía, no la obligaría a pasar toda la eternidad a su lado. Si la castaña tomaba la decisión de convertirse en vampiro, él mismo lo haría en su momento y estaría a su lado para orientarla.

Damon estaba feliz, completo, pues su reciente e hilarante profesión lejos de brindarle la protección contra el amor que necesitaba, fue quien lo acercó a todo eso de lo que venía huyendo desde sus fracasos amorosos. Hermione recordaba aquellas palabras que Fierence le había declarado de manera contundente concediéndole la razón absoluta. El destino no se vende, y como tal aquello maravilloso podía pasarle con un vampiro. El pelinegro comprendío que lo mejor que en la vida pudo pasarle, sucederle y sorprenderle fue haberse convertido primero en un … Amor de alquiler, ante de ser el Amor a la medida de Hermione Granger.

No había compromisos, ataduras, condiciones, pepeles oficiales… Solo un amor libre por elección y no por necesidad de compañía. El tiempo juntos… tan solo ellos lo decidirían, y eso significaba su FELICES POR SIEMPRE.

Damon se mudó de Mystic Falls a Vancouver Canadá indicando a Stefan que ni en broma le construiría una piscina. Como sugerencia de Hermione trata de encontrar diez donadores de sangre antes de surtirse de blíster. Damon dejó el negocio de los escorts aunque en su bandeja de entrada tiene 3200 inbox.

Hermione Granger fue promovida a la vicepresidencia de la compañía, puesto que rechazó para abrir su propia agencia de publicidad donde Damon Salvatore debido a su poder de convencimiento los invita a pertenecer al "Negocio a su medida" como su ejecutivo de cuenta más aclamado.

Hermione aún es adicta al café y de vez en cuando recibe postales de Katherine quien se ha convertido en una de sus mejores amigas por correspondencia.

Draco Malfoy se dedica a viajar por el mundo en busca del amor verdadero, y esta vez lo hace en "Clase turista". No volvió a hablar con Ginny Weasley ni Harry Potter desde entonces.

Ginny Weasley aún intenta conquistar a Harry.

Harry le dio una segunda oportunidad a Ginny esperando que ella logre re-conquistarlo.

Hermione y Ginny no volvieron a ser amigas.

Luna Lovegood encontró rentable el negocio de los muñecos masa, y actualmente es muy solicitada en despedidas de soltera. Su vestido de mariposas vivientes ha sido el último grito de la moda por diseñadores mágicos.

Pansy Parkinson paga la compañía de un escort vampiro de nombre Dimitri, lo que ignora es que éste es la pareja oculta de Viktor Krum.