Capítulo 3 - Edward POV
El sonido de las teclas se oía, pequeños dedos manoteaban por todos los pianos, no había ritmo pero ellos reían, su cara demostraba alegría y era una de mis maneras que aprendieran a amar el piano. No debes forzar a un niño hacer algo que no quiere, por eso era mejor que tocaran el piano como quisieran, así lo conocerían y él los conocería a ellos.
El reloj dio las 7 en punto, -Chicos, silencio- dije fuerte, por encima de todo ruido -la clase a terminado, pueden alinear sus butacas y tomar sus cosas- sus pequeñas caras se pusieron tristes y algunos abucheos se escucharon -nos vemos el lunes, no se pongan tristes- y sonreí hacia ellos, todos hicieron lo que pedí y a medida que el tiempo transcurría las voces de las personas que venían a recoger a los niños se escucharon. -Adiós profesor Edward- me dijo una pequeña niña rubia, no recordaba su nombre pero me agaché para que pudiera darme un corto beso en la mejilla. La mayoría de niñas que asistía a clases hacía lo mismo y por supuesto, sus mamás lo hacían también, no tenía idea porque coqueteaban, eran personas adultas y "casadas".
Recogí mis cosas, era viernes por la noche y no tenía guardia en el hospital, mi papá había cambiado los turnos y ahora tenía unos más accesibles. Salí de mi pequeño salón y bajé por las escaleras para el estacionamiento. Sí, era profesor de piano para niños, mi pasión era colocar mis dedos en las finas teclas y hacerlos volar, como muchas veces me lo decía mi mamá Esme y...ella.
Daba clases cuatro días a la semana en una escuela de música *Voice and Smile, yo era co-propietario, mi amigo y mano derecha Seth Clearwater era mi socio y juntos formamos la escuela porque lo que más nos gustaba y unía era la música. También era doctor, otra de las pasiones y motores para seguir vivo, era ayudar a la gente, me gradué hace un año en la carrera de Medicina con la especialidad de Médico Cirujano. Mi vida era la escuela, el hospital y mi apartamento.
Abrí mi coche, un Honda CR-Z color azul turquesa, como todos los días no tenía ganas de ir a mi apartamento pero tampoco quería quedarme toda la tarde en la escuela. Conduje por algunas calles ajetreadas y luego entré al fraccionamiento donde se encontraba el apartamento que mis padres me habían regalado, después de lo sucedido. Mi piso era el último, el más grande. -Buenas tardes Sr. Cullen- me saludo el portero, -Buenas tardes Harry- le dije, pasando hasta el elevador. Era grande, antes tenía una decoración alegre, mi mamá se había encargado de adaptarlo a mis gustos pero ahora era sobrio, el blanco y el negro predominaban, no se escuchaba nada, seguro las personas del aseo ya se había marchado a descansar. Aventé mi chamarra al perchero, mi portafolio y mi celular al recibidor y entré a la cocina por una botella de agua. Me dejé caer en una de los taburetes, con la cara entre las manos cuando sonó el teléfono, lo dejé sonar hasta que la contestadora hizo acto de presencia "Edward contéstame, te extraño mucho, recuerda que mañana es la fiesta, ¿podemos tomar un café hoy?" sí, era la voz de Alice Cullen, mi hermana. Le marqué porque sabía que ella iba marcar unas cuantas veces más y me iba a fastidiar. A los tres tonos se escuchó un grito -¡Edwaaaaaaaaaaaard!- me alejé un poco del oído el teléfono -¡Hey! Aly puedo quedarme sordo- le contesté, -Me emociono Ed, que me marques es increíble, ¿cómo estás?- dijo ya muy emocionada -Estoy vivo Alice- contesté sin ganas, Vayas pregunta que hace la duende -No empieces Edward Cullen, ¿ya estás listo para mañana? ¿te pondrás traje o casual?- empezaría a molestar, quería acabar la llamada, -Alice si iré mañana, no lo sé Alice pero ahorita estoy estudiando unos apuntes para la conferencia del hospital- mentí -Oh, si quieres compañía puedes marcarme Edward, acaba pronto y nos vemos mañana- dijo triste -Adiós Alice, gracias-. Colgué, no es que no quisiera hablar o estar con mi hermana pero ella y yo sabíamos perfectamente que desde lo sucedido la relación no fue la misma, ya nada sería lo mismo, yo estaba echo pedazos.
La mañana del sábado fue normal: sola y fría. Salí a correr un rato, regresé a desayunar cualquier cosa y volví a tirarme a la cama, en realidad, si tenía que repasar un poco los temas de la conferencia anual de médicos en NYC pero no tenía la menor idea de por donde empezar y seguro podría decir cualquier cosa y los doctores no dirían nada. Tenía que ir a la fiesta de Beneficencia en casa de mis padres, le había prometido a mis padres ir, yo había conseguido que la compañía que elabora los mejores instrumentos musicales donará algunos para poder venderlos entre los amigos y conocidos de la familia y así donar el dinero a una de las fundaciones que apoyábamos, Seth era el encargado de amenizar la ceremonia y yo sólo tenía que hacer acto de presencia. Me levanté a bañar, me puse el primer traje que agarré y decidí esperar sentado en la cama hasta que dieran las 2 de la tarde pero mi memoria me jugó y mal, los recuerdos empezaron a llegar:
Flash back.
-Edward, tienes que aceptar que soy mejor- me dijo, arrodillándose y recogiendo las piezas de ajedrez del tablero -mueves mal tus peones, dejas descubierto todo- yo reí sonoramente y sus ojos azules, esos inmensos mares me vieron y se abalanzó contra mi, sentándose en mis piernas -dime que no me estás dejando ganar- abrí mi boca para empezar a defenderme pero me calló -Edward no seas así, tienes que jugar bien aunque me hagas pedazos- la acomodé bien en mis piernas, una a cada lado de las mías y le besé los hombros -Mi amor, odio ver tu cara cuando pierdes y amor ver tu cara cuando ganas, así que prefiero amarte mil veces- y me dirigí a su cuello mientras ella revolvía más mi cabello rebelde, -Además cada que ganas tu ego sube y te vuelves locamente sensual- le dije ya muy afectado por la posición en la que estábamos -Tranquilo bebé, bajemos un rato a pasear en lancha- me tomó de la mano y bajamos hasta el lago privado que tenía su casa.
Fin de flash back.
Tuve que parar el recuerdo, seguir con ese momento iba ser peor, más de lo que era, mi pecho no pudo más y lanzó un aullido, ¿Por qué me habían dejado, cuando la vida no podía ser más perfecta? me paré de mi cama y salí para meterme a la habitación de a lado. Busqué como loco las cajas de mi antigua casa en Londres, "nuestra casa" y encontré la que quería, no había que buscar mucho dentro de ella porque hasta arriba estaba lo que buscaba. La foto más bonita del mundo, yo estaba sentado en un sillón, ella en mi regazo, la tenía sujeta por la cintura y ella tomaba mi cara mientras su hermosa cara mostraba una sonrisa natural y sencilla. Con la foto en mi mano arrodillé al pie de una mesita de centro y grité como todas las noches del mes de diciembre lo hacía.-Elizabeth, ¿por qué me dejaste?, ¿qué te hizo falta?- grité como mis pulmones me permitieron. No supe cuanto tiempo estuve ahí, sólo mantuve la foto en mi mano y me aferré a ella.
Un leve movimiento en mi hombro me despertó, otro lo siguió hasta que fueron subiendo de fuerza, -Edward, tranquilo, vamos al baño- y dos fuertes manos me sostuvieron, no podía abrir los ojos, los tenía demasiado hinchados, -La foto, la foto, ella- musité -Si, aquí está, todo está bien Edward, no pasó nada-. Cuando pude abrí los ojos, me encontré sentado en la tina del baño y Emmet sosteniendo mi brazo. En su cara estaba todo: preocupación, tristeza, consuelo, amor, culpabilidad. Me removí en el agua tibia -¿Quieres salir o prefieres quedarte un rato más?- dijo mi hermano -Quiero salir ahora- le dije aún desorientado, tomó una de las toallas del estante y me paró de un tirón. No tenía fuerzas, no quería saber nada pero las preguntas de Emmet saldrían en cualquier momento. Me sentó en mi cama y salió disparado al closet, regresó con un *pants y una playera -Toma, póntelos y ahorita regreso- lo vi salir, cerrando la puerta de mi habitación.
-Edward quiero proponerte algo- dijo sentándose en la esquina de la cama mientras me ofrecía dos pastillas para el dolor de cabeza. -Mmmm, ¿qué vas a proponer?- no lo miré sino que mantuve la vista fija en el vaso con agua, -Quiero vivir contigo- levanté mis ojos y miré los suyos -¿Qué estas diciendo? Es una locura- no podía decirlo en serio -Si es una locura pero quiero vivir aquí- lo dijo firme -Emmet, tú tienes tu casa y tu vida, no puedes vivir conmigo o ¿tienes problemas económicos?- pensé en las razones por las cuáles quisiera vivir aquí -Si así lo dices, sí tengo problemas con un tipo que no entiende- bueno, eran problemas con alguien -Ahh y ¿qué tipo de problemas?- pregunté -Existenciales, ya sabes, la gente no acepta las cosas que pasan en la vida- lo miré confundido pero mi mente estaba empezando a cobrar factura por las horas anteriores -Emmet no sé si quieras vivir aquí, nunca estoy pero hay habitaciones de sobra, si quieres mañana hablamos mejor- quería acostarme y dormir sin que los recuerdos aparecieran -¿Te duele la cabeza?- me dijo, parándose de mi cama -Sí, muchísimo- me acomodé entre las colchas y almohadas -Duérmete, estaré afuera por si me...necesitas- lo vi conteniendo las lágrimas y dirigiéndose a la puerta -Emmet espera, ¿qué pasó en la fiesta?- la recordé de pronto y me regañé mentalmente La olvidaste, Alice te va matar, o ¿aún puede matarte más? -No te preocupes por eso, estuvo bien- y cerró la puerta, dejándome en total oscuridad.
*Voice and smile: Yo inventé el nombre de la escuela
*pants: no sé si sepan que son pero son cómo pantalones de algodón o licra que son cómodos, holgados.
Para escribir este capítulo tuve que escuchar música, mi intención era hacerlo triste y no sé si lo logré, a mi me costó hacerlo porque en verdad si quería expresar la parte en que Edward ve la foto con Elizabeth(aún no sabemos quién es) y el momento cuando Emmet llega.
¿Les gusta? Gracias a quién los lee, gracias!
Volví a subirlo porque no chequé las faltas de ortografía que tenía.
