Con todo mi cariño para Aomine Daiki


ESFERA

Kise/Murasakibara


24 de Diciembre. Tokio.

14:00 P.M.

Corría de tienda en tienda. ¡No lo encontraba! Pudo haber pedido el favor a alguna de sus asistentes, pero no hubiera significado lo mismo.

Maldijo al simple hecho de haber tenido que viajar al extranjero por trabajo. No obstante, no pudo oponerse. Menos tratándose de una marca de ropa tan… internacional. ¡Como fuera! Ni tiempo le había dado de pasearse por Roma para buscar un obsequió para él.

Se detuvo al llegar a la doceava dulcería. Preguntó de nuevo, recibiendo una negativa. Otra vez.

Las gafas oscuras y la pañoleta de seda que portaba ya comenzaban a caerse. Prefirió descansar un momento, en la fuente de sodas de la acera contigua. Tomó el asiento más recóndito, colocando su estorbosa maleta a un lado.

Y exhaló sonoramente.

No podía buscar más y menos cargando su equipaje. Pero tampoco podía llegar a casa con las manos vacías. Aunque eso le angustiara terriblemente. Finalmente optó por llamar a uno de sus amigos.

— ¿Kurokocchi?

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24 de Diciembre. Tokio.

15:00 P.M.

— Que inesperado, Kise-kun. ¿Cómo te fue en Roma?— preguntó el de ojos azulinos, sentándose frente a él.

— Bastante bien. Aunque fue más agotador de lo normal— suspiró— ¡Hola Shi-chan!—dijo el rubio, tomando la manita del bebé que traía su amigo en los brazos. El sonrosado bultito chilló contento.

Kuroko sonrió ante la escena. El pequeño Shigeru adoraba al Tío Ryota.

— ¿Y Aominecchi?— preguntó para enseguida sorber de su bebida.

— Tuvo que ir a la estación por una emergencia. — explicó el más bajo— Se tardará así que descuida. ¿En qué necesitas que te ayude, Kise-kun?

— ¡No puedo encontrar el regalo de At-cchi!— sollozó con su característico dramatismo. A pesar de los años es algo que en él no cambiaba.

— ¿El chocolate extraño que me mencionabas aquella vez?

— El mismo. Llevo buscando horas y nada. — dejó caer la frente sobre la diminuta mesa. La regordeta palma del bebé llegó hasta las doradas hebras y se movió despacito, como consolándolo.

— Gracias Shi-chan. — susurró y le regaló una sonrisa. — Por cierto, ¿cómo van con el proceso de adopción? Me voy casi dos semanas y siento que me pierdo años de anécdotas y noticias. — rezongó.

Tetsuya soltó una leve carcajada y Shigeru le secundó — Ya está prácticamente arreglado, muy pronto Shige-chan será parte de la familia.

El rubio pudo percibir la felicidad que ello le provocaba a su amigo peli celeste. Sintiéndose feliz por él y por Daiki. Era obvio que los dos deseaban más que nada poder formar una familia, especialmente después de su matrimonio.

¡Bendita la legalización de las nupcias entre hombres! Muchas cosas en el país habían ido cambiando con el paso del tiempo.

— Y ustedes serán sus padrinos. ¡A que sí, Shige-chan!— exclamó Tetsuya, besando la frente del pequeño con infinito amor. Kise se enterneció. Él comprendía totalmente la razón por la que el ojiazul trabajaba como educador en un jardín de niños.

— Encantado. — curvó los labios con dulzura— At-cchi aceptará maravillado. Entonces… ¿Me ayudan?

— Claro.

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24 de Diciembre. Tokio.

17:30 P.M

— ¡¿Qué tanto más tendremos que recorrer?!

— ¿Y si probamos en una repostería?— sugirió el de pelo azulado, frenando el coche en un alto.

— Puede funcionar. — musitó el rubio— ¿Qué dices Shi-chan?— preguntó, dirigiéndose a la personita que jugaba en la parte trasera del auto, en su silla de seguridad.

Los enormes ojos le miraron con profundidad. Agitó la cabeza en la que ya se asomaban unos mechones azules muy oscuros. Otorgando a su tío una respuesta afirmativa.

— Si ese es el caso. Dobla en el siguiente retorno, Kurokocchi. —informó al hombre al mando del volante. — Es abrumador el parecido que tiene Shi-chan con ustedes dos. El cabello y ojos del mismo tono que los de Aominecchi y el color de tu piel. ¡Puedo casi jurar que incluso tiene tu nariz! — bromeó el más alto— La gente llegará a pensar que incluso es vuestro hijo biológico.

— Eso es imposible Kise-kun. Por favor no digas tonterías. — dijo con su antes típica expresión seria, pero con la voz divertida.

— ¡Moh! ¡Ah, ya casi llegamos! En el siguiente semáforo a la derecha.

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24 de Diciembre. Tokio

18:00 P.M

— No puedo creer que te hayas resfriado y no lo hayas llamado. — le regañó Tatsuya, poniendo una nueva compresa fría sobre su frente.

— Pero Ryo-chin está trabajando. — contestó también haciendo un puchero.

— Ya lo sé, pero él vendría sin dudarlo. — repuso, golpeándole gentilmente la frente— Sabes lo histérico que se pondrá cuando llegue, Atsushi.

— No quería interrumpirlo— recalcó el pelilila que permanecía tumbado en la cama.

— Déjalo Tatsuya. Son un par de tercos. Una vez que llegue Kise, que ellos mismos se arreglen. — alegó Kagami, entrando a la habitación. Dejó una bandeja de comida en el buró.

— ¿No necesitas nada más?

— Estoy bien. Lo siento Muro-chin. — dijo, acongojado— Gracias, Kagami-chin.

— Descuida. Es hora de irnos, Alex nos espera en el aeropuerto. — recordó el pelirrojo.

— Sí. — el pelinegro se puso de pie y se despidió de su gigante amigo, no muy convencido de dejarlo solo. — Feliz Navidad, Atsushi.

Murasakibara tosió y les despidió con la mano.

— Feliz Navidad.

Kagami y Himuro salieron del apartamento. Pero la inquietud de Tatsuya era demasiado grande, por lo que el pelirrojo tuvo que avisar a alguien más.

— Sirve que te despides de él. — dijo el pelinegro. Taiga bufó— Es tu culpa por no armarte de valor e ir a verlo en persona. — le recordó.

— Sí, sí. Ya calla que está marcando.

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24 de Diciembre. Tokio.

18:20 P.M.

¡Estaba atiborrado de gente allí adentro! Sin embargo sus encantos habían surtido efecto sin siquiera proponérselo. Una de las chicas que estaban ayudando le había reconocido, accediendo a atenderle de inmediato y con toda la discreción del mundo.

Ya comenzaba a oscurecer y no se había atrevido a llamar a casa. El frío ya calaba hasta los huesos. Y por supuesto no podía retener por más tiempo a su amigo.

Avanzó hasta el coche donde Kuroko lo esperaba. Se aferró con uñas y dientes al paquete que llevaba en los brazos y se sentó donde el copiloto, de nuevo.

— ¿Qué quería, Kagamicchi?— preguntó intrigado.

— Despedirse, volverá a Estados Unidos por unas semanas. — expuso el peli celeste, con serenidad, colocándose el cinturón de seguridad— Eso y pedirme un favor.

— ¿Un favor?

— No es nada grave. Pero me pidió que fuera a echarle un vistazo a Murasakibara-kun. — agregó, con cautela.

El bonito rostro del rubio se transfiguró en una expresión de terror.

— ¿Qu-qué le pasó? ¿Puedes llevarme a casa? ¡Por favor!— soltó alterado.

— Primero tranquilízate, Kise-kun. Es sólo un resfriado, tos y un poquito de fiebre, ¿vale?

— Pero…

— Nada. Vamos a tu apartamento. Y cuida bien esa cosa que no fue nada fácil encontrarla.

Ryota hizo un gigantesco puchero. Pero obedeció. Tetsuya inició marcha hacia su destino, viendo por el retrovisor de en vez en vez a su hijo.

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24 de Diciembre. Tokio.

19:30 P.M

Salió disparado hacia el elevador, con el obsequio bien pegado a su cuerpo. El de ojos azules le dijo que en seguida lo alcanzaba. Pulsó torpemente el botón del quinto piso. Moviendo las rodillas con inquietud.

Se le había formado un agobiante nudo en la garganta. ¡Debió haberle llamado! El timbre retumbó y las puertas se abrieron. Corrió a todo lo largo del pasillo hasta llegar a la puerta del fondo. Sacó las llaves, tirándolas dos veces en el proceso.

Cuando finalmente pudo ponerla en la clavija, abrió de trancazo la entrada, ahora corriendo hacia la habitación que compartían.

Saltó sobre la cama, abrazándose al enorme cuerpo de su pareja.

— ¡Eres un tonto, At-cchi! ¿Por qué no me llamaste? ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes? ¡Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento! ¡No te vuelvo a dejar solo!— lloriqueó sin respirar entre palabra y palabra.

— Bienvenido, Ryo-chin. — contestó el más alto, con la respiración levemente pesada. Y abrazó también al rubio.

Kise se incorporó, sin salir de la cama. Le miró fijamente, y los ambarinos ojos se le anegaron en lágrimas. Tomó al menor de las mejillas y le plantó un demandante y necesitado beso. Importándole muy poco si terminaba también con un gripón.

— No te vuelvo a dejar. — se reprochó.

— Estoy bien, Ryo-chin. Fue por hacer muchísimos pasteles para un solo día. — explicó, con el rubor de su rostro incrementado a causa del cariño del modelo.

— No importa, no me voy. — dibujó un mohín.

— Kise-kun, dejo tu maleta en la sala. — se escuchó allí mismo— ¿Cómo te sientes, Murasakibara-kun?

— Hola Kuro-chin~, hola Geru-chin. —ambos le saludaron a una distancia prudente. Al bebé no le convenía enfermar— Mareado~ Pero no es nada.

El peli celeste sonrió.

— Entonces nos retiramos. Daiki nos está esperando. Feliz Navidad, chicos. — anunció, agitó la mano, siendo imitado por Shigeru y se marcharon.

— ¡Gracias, Kurokocchi!— alcanzó a escuchar antes de cerrar la puerta principal.

Murasakibara metió la mano bajo la cama y sacó una enorme caja, envuelta en vistosos colores y un bonito moño dorado.

— Toma Ryo-chin. ~ — susurró el peli lila, muy risueño.

— ¿Para mí?— el otro asintió. Él destapó la caja, encontrándose con unos nuevos tenis de básquet. Ambos seguían practicando su deporte, como un hobby más que nada. — ¡Gracias, At-cchi!

Recordó que él también había comprado algo. Algo que había largado cuidadosamente en la mesa al entrar.

— Espera. — salió y volvió segundos después con una caja roja de lunares plateados. — Ten.

Atsushi lo recibió contento. En sus ojos casi siempre aburridos, se apreciaba la curiosidad infantil que siempre le había pertenecido. Kise rió.

— Es…

— Sí

— Pero, ¿cómo?

— Con magia.

Abrazó a Ryota, fuertemente y le agradeció mil veces.

— Pero… el mejor regalo de Navidad, es tener a Ryo-chin conmigo— admitió el de pelo violeta, avergonzado y feliz.

Kise sintió el corazón encendérsele.

— Te amo, Atsushi. Sé siempre mío, ¿vale?— canturreó, arrojándosele al rostro, para llenarlo de besos y caricias.

Se acurrucaron bajo las cobijas. El rubio lo hizo suyo, con cariño y cuidado. El árbol navideño con sus luces, los bañó. Y el dulce reflejo de su unión se proyectó en cada preciosa esfera.

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¡Lo logré! :D

Por un momento creí que no se me ocurriría nada sobre ellos. Estoy muy contenta porque las dos historias anteriores te han gustado. No exagero, me siento honrada de que así sea. Por lo que, espero ésta también sea de tu agrado. Estaré ansiosa por saber tu opinión.

¡Sé que querías que fuera en la época de Teikou y espero me disculpes por hacer todo lo contrario! ¡No me llegaban ideas! *corre en círculos*

¡Feliz Año Nuevo, Daiki-san!

Besotes.

Rizel Holmes~