Con todo mi cariño para Aomine Daiki
Srta. Claus
Aomine/Kuroko
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Aomine caminó atravesando la entrada principal de la Preparatoria Seirin. Algunas miradas femeninas se clavaron en él con sorpresa y admiración. Sin embargo, él siguió su ruta sin prestarles atención.
Al ingresar al edificio, pudo distinguir todo un enjambre de personas arremolinadas por doquier. Caminó por todo el pasillo de la primera planta, leyendo con cuidado los letreros que correspondían a cada puesto.
Al estar a escasos tres pasos del último salón, escuchó una voz por demás familiar.
— Está bien, entrenadora. —pronunció un timbre calmo y dulce.
— ¡Kuroko, espera!
Y los vio salir. Topándose de frente con ambos. No obstante, ellos no habían reparado en su presencia. Kagami cubría el menudo cuerpo de su sombra con un grueso y enorme abrigo.
— Si sales vestido así empeorarás, idiota. — le regañó. A Daiki se le crisparon los nervios.
— Gracias, Kagami-kun. — dijo, regalándole una sonrisa al pelirrojo.
Aomine tuvo que contener sus puños de combate y prefirió aclararse la garganta, evidenciando su molestia, para interrumpirles. Kuroko y Kagami voltearon.
— Aomine-kun. — susurró con casi imperceptible sorpresa. Caminó hacia él, aferrando con fuerza, el abrigo que traía encima.
Entonces el moreno de ojos azules le miró con detenimiento.
— ¿Por qué estas…?
Taiga se acercó al peli celeste, halando del gorro del abrigo para cubrirle la cabeza.
— Tenías que taparte todo. Mira cómo has dejado a éste idiota pervertido. — resopló, frunciendo el ceño.
— Pero si a Kagami-kun también le gusta como luzco. — repuso el más bajo. Observando divertido cómo el rubor invadía la cara del tigre.
— ¡No seas estúpido! — gruñó— Toma— le tendió la mochila— Lárgate de una vez a la enfermería. Después me devuelves eso. — señaló la prenda sobre Tetsuya. — Por cierto, llévatelo. Estorba y está mojando el piso con su baba. — agregó, para después volver al salón, no sin antes sonreír con afecto.
Kuroko se puso correctamente la chamarra y el gorro. Le quedaba grande, sin duda, por lo que tapaba perfectamente su vestuario. Su vergonzoso vestuario. Daiki seguía balbuceando incoherencias.
Lo tomó de la mano y lo arrastró consigo hasta la enfermería, donde para variar, no se encontraba el doctor. Cerró la puerta tras de sí y sentó al moreno en una de las camas mientras él buscaba los antigripales.
Daiki reaccionó de pronto. Apreciando el cuerpo de Tetsu, aún envuelto en esa prenda bermeja que despedía el espantoso aroma de su estúpido rival. En seguida oyó un estornudo, muy quedito. Y se dio cuenta de dónde estaban.
— ¿Enfermaste?— preguntó poniéndose de pie.
— Algo así. — dijo— Ayer moría de ganas de practicar tiros y me quedé en el parque hasta tarde. Aun cuando cayó una ligera nevada. — explicó.
Tomó el frasco que buscaba y se dirigió hacia él. Daiki extendió la mano y bajó la capucha, dejando al descubierto unas largas y rizadas coletas celestes. Sujetó una con delicadeza, dejándola reposar sobre su palma y depositando un beso en ella.
— Eres bonita. — dijo con un timbre divertido, curvando los labios.
En seguida recibió a cambio un golpe directo a las costillas. Doblándose del dolor.
— Maldito Tetsu.
— Es lo que mereces por intentar coquetear conmigo, Aomine-kun. — musitó, dejando ver su pálido rostro una enorme sonrisa.
Tragó dos comprimidos y bebió de la botella de agua que guardaba en su mochila.
— ¿No piensas cambiarte? — preguntó el más alto — Venga, quítate esa cosa— dijo, acercándose a él para bajar el cierre, revelando un vestido rojo, por encima de las rodillas, con orillas blancas muy afelpadas. Las calcetas blancas y las botas negras: Señorita Claus. Pensó.
La sangre se le agolpó en las mejillas. Eso era demasiado para su persona. Tetsu lucía tan… adorable, más que eso. Y sólo pudo articular un ¿por qué?
— Es mi castigo. Hice caso omiso en dos ocasiones a las indicaciones de la entrenadora. — respondió sin más. Suspiró. — Y más que sólo el bochorno de vestirlo, fue el hecho de llamar tanto la atención. No estoy muy acostumbrado, ya sabes.
— ¿Quieres que te ayude?
— Si fueras tan amable.
Retiró la peluca, despacio. Inclinándose a continuación para alcanzar sus labios.
— Pudo contagiarte. — susurró el peli celeste.
— ¿Eso importa?— dijo restándole importancia a la preocupación de su novio. Porque ahora eso era Kuroko Tetsuya para él.
Un nuevo beso los unió. Tranquilo, dulce, largo. El frío tacto que producía la nariz del Tetsuya le provocó el más agradable de los escalofríos. Pero algo en sus fosas nasales le molestó.
— ¡Agh! Apestas a Kagami.
— ¿No te agrada? A mí me gusta su perfume. — comentó, acercando una de las mangas a su nariz y aspirar. Daiki sabía que hacía y decía aquello sólo para picarlo.
— Lo odio.
Reiteró. Quitó la prenda rápidamente, sin lastimarlo. Y la echó lejos. Rodeó con sus fortalecidos brazos toda su figura y alcanzó el cierre del vestido, tumbándolo. La nívea piel quedó completamente expuesta y Kuroko tuvo que abrazarse así mismo para brindarse algo de calor.
Las mangas independientes y acampanadas del vestuario continuaban en su sitio. Por lo que eso, las botas y el ajustado bóxer negro eran lo único que Tetsuya vestía ahora.
— Así me gustas más. — dijo Daiki, con sorna y coquetería.
— Aomine-kun es un tonto aprovechado. — musitó con la vergüenza reflejada en las mejillas enrojecidas. Estornudó.
— Sí, sí.
Abrió la mochila del chico y sacó la playera de rayas blancas y azules, para ponerla no sin sacar provecho, acariciándole con mortal lentitud. Tetsuya se mordió los labios. El pantalón caqui ascendió produciéndole cosquillas. El más bajo lo empujó, derribándolo en la cama donde antes estaba.
— Con eso basta. Gracias, Aomine-kun. — exhaló, con el nerviosismo atorado en la garganta. Se puso la camisa de un azul tan claro que casi rayaba en el blanco y los tenis.
Le ofreció la mano a su acompañante para salir de allí e iniciar la marcha hacia su verdadero destino. No sin antes guardar lo que su mejor amigo le había hecho el favor de prestarle. Aunque cuando llegaron a la puerta de la salida estuvo tentado a volver a usarla. Se moría de frío.
— Ni se te ocurra. Toma. — adelantó el moreno, quitándose su propio abrigo y proteger con él al de ojos claros.
— ¿Está bien que pase Navidad contigo y tus padres?— preguntaba Tetsu abandonando ya los terrenos de su escuela.
— ¿Bromeas? Cuando les dije se pusieron tan molestamente contentos. — le expuso, con la expresión más relajada y alegre. Entrelazando sus manos y caminando así hacia la casa Aomine.
El peli celeste sonrió. Daiki volvía a ser el de antes, sin dejar de ser el de ahora. Estrechó más el agarre entre sus dedos y le escuchó parlotear sobre los planes para esa noche.
Al momento siguiente su teléfono vibró.
No seas tan amable con el lobo y recupérate pronto, tonto.
Feliz Navidad, Kuroko.
Una risita indiscreta se escapó de su boca, llamando la atención de su novio.
— ¿Pasa algo?
— Nada
Enarcó una ceja no muy conforme, pero el ruido de su móvil le obligó a dejarlo pasar. Fue raro recibir un mensaje de ese sujeto. El asunto decía: Disfrútalo, bastardo.
Al desplegarlo, una foto adjunta se apreció. Tetsu, tomando el pedido de una de las mesas de la cafetería navideña que el Club de Básquet había montado. Luciendo apenado el vestido rojo que le quitara él en la enfermería. Los colores le azotaron por sepa Michael Jordan qué vez en el día. Y un cosquilleo se alojó insistente en su vientre.
¡Mierda!
Ahora en cada ocasión que pusiera sus ojos sobre su pequeña pareja, no podría evitar evocar esa imagen. El recuerdo de la Srta. Claus.
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¡Wahoo! Y con ésto doy por concluido tu regalo Daiki-san.
¡Quise rematar con el AoKuro! :3 Espero de todo corazón hayas disfrutado de ésta última historia. Y perdona por incluir a Kagami, pero el muy babas tenía que ponerle un poquito de condimento a ésto.
En fin. Mis mejores deseos para ti. Sigue llenándonos de sonrisas con tus fics. :3
Un abrazo y miles de besos. (Una disculpota si hay errores ortográficos)
Rizel Holmes~
