Basado en la serie Sherlock BBC
Del sentido de lo inmaterial
Por DarkCryonic
"Es como si fueras a inflamarte en cualquier momento, como si sólo estuvieras esperando la ocasión adecuada y precisa para ser el héroe que todo el mundo espera, pero que nadie reconoce antes de tiempo. Estás allí, en una esquina, esperando el minuto y la chispa para desaparecer sin que pueda evitarlo. Y te volverás cenizas frente a mis ojos. Y no podré encontrar la misma chispa, porque sólo tú eres merecedor de toda ella y del espacio infinito en que se pierde y se genera.
Como puedo vivir así. Sabiendo que volveré a quedarme solo. Que me dejarás atrás como lo haces cada vez que ves aquello que nadie más ve. Qué haré cuando esta pierna vuelva a molestarme y se vuelva inútil porque ya no tendré que correr tras nadie. Yo, el traductor universal de tus sentimientos opacados, de qué serviré cuando no estés. Tú, el único que puede ver en mí todo aquello que mi garganta no puede emitir, porque me caería en pedazos antes de siquiera formular la primera sílaba. De qué serviré, si lo que me hace ser yo es esta unión, este puente con tu alma. Esta dualidad que le da sentido e importancia. Me has vuelto importante, necesario. Y espero haberme vuelto para ti, algo más que una especia de enciclopedia del sentido común y de los gestos del corazón."
John cierra los ojos un minuto antes de mirar por sobre a su laptop a Sherlock tirado en el sofá bajo una manta durmiendo. El último caso les había llevado demasiado tiempo y por fin había caído rendido y dormía después de haber sido obligado a comer un sándwich y un té, eso después de vendarle una de sus manos que había terminado con algunos cortecitos.
Rascó su nuca con cansancio. También debería subir a su cuarto, pero se había quedado allí tratando de relajar sus pensamientos y vencer a su insomnio, pero eran pasadas las nueve de la mañana y no parecía ser buena idea tratar de dormir. Por lo menos tenía dos días libres. Era suficiente para hacerlo recuperar energías luego, cuando pudiera ordenar un poco sus pensamientos y sus emociones.
Nunca había sentido el paso de los años tan marcadamente como en los últimos días. Su cuerpo parecía estarle diciendo que se frenara y se enfocara en lo que iba a hacer con el resto de su vida.
¿En dónde había dejado sus planes de una buscarse una esposa? ¿En qué momento esas ideas que medio había tenido en la guerra se habían esfumado para volverse lo que eran ahora? Un amasijo irreconocible de sensaciones fugaces.
No estaba más que viviendo el día como lo hacía en la guerra. Estaba sólo concentrándose en mantenerse con vida lo suficiente como para llegar a casa, dormir y enfrentarse a otro día más, en el que volvería a centrarse a seguir vivo 24 horas más. Y no sólo él, sino que se aseguraba que su compañero de piso, su amigo del alma, le siguiera el paso y se mantuviera tan vivo como él al terminar el día.
Sin querer se había dado cuenta que en esa ecuación no había cabida para otra persona. Suspiró antes de entender lo que "la mujer" le había querido hacer entender ese día en que había resucitado frente a sus ojos. Eran una pareja. No romántica, claro está. Pero actuaban como una unidad. Eran complementarios. Se necesitaban.
Volvió a mirar a Sherlock por sobre su computadora. ¿Qué pasaría si le preguntara a Sherlock sobre eso? ¿Qué cosas podría pensar el detective sobre sus pensamientos? ¿Saldría con alguna cosa extraña que terminara lastimándole? Volvió a poner sus ojos en las palabras que había escrito y sintiendo una angustia fría en el pecho, las borró. Cerró la laptop dejándola a un lado en la mesita.
Refregó sus manos contra el rostro. Se puso de pie y caminó hasta el sofá. Está vez no sintió culpa cuando empujó al detective para hacerse un espacio junto a él bajo la manta. Que pensaran lo que quisieran. Quería estar allí pegado a él para poder dormir en paz. Porque cuando lo hacia dejaba de pensar. Sus neuronas se detenían y le dejaban tranquilo.
Sherlock se removió, lo que aprovechó para pegarse a su pecho y pasar una mano por su cintura para sostenerse y no caer al suelo. No era una posición muy cómoda, pero le bastaba. Cerró los ojos y hundió el rostro en el cuello del detective.
Eran las tres de la tarde cuando Sherlock despertó. No recordó que estaba en el sillón hasta que sintió su brazo izquierdo dormido por la mala postura. Abrió los ojos y notó la mata de cabello rubio bajo su nariz. Llevó su mano izquierda desde la espalda de John, desde donde había estado por lo que notaba hasta su cara para refregar sus ojos. La venda de su mano estaba un poco deshecha. Miró al sillón de John y fue que entendió porque se había despertado. Su hermano mirándole tranquilo, con el paraguas entre las manos.
Se acomodó mejor en el sofá acercando al médico para poder liberar su brazo izquierdo por bajo de él. John terminó por estar recostado sobre él, sin despertar.
Sherlock volvió la mirada a su hermano esperando la conversación que esperaba no fuera a despertar a John.
-Lamento despertarte, pero tengo un asunto en que necesito que trabajes. —Dijo el mayor con un tono de voz bajo. —Aunque no es un caso de vida o muerte, pero sería bueno tenerlo resuelto dentro de los próximos días. —Dijo sacando unas carpetas de un maletín, para luego dejarlas en la mesa de centro.
Sherlock luchó contra las ganas de estirar las manos y cogerlas. Mycroft se puso de pie para irse. Sherlock esperó el comentario mordaz, pero sólo hubo una mirada que no entendió del todo.
-Dale mis saludos a John cuando despierte. —Dijo saliendo del salón. Sherlock sonrió. Ya quería ver la cara que pondría el médico cuando le dijera que Mycroft había estaba allí para verlos dormir apretados en el sofá.
Cuando escuchó la puerta de calle cerrarse, volvió su atención al rubio que se sostenía a él como si fuera un madero en medio del mar.
Había entendido hace mucho tiempo que las relaciones humanas no eran lo suyo, no porque no supiera valorarlas, sino porque se sentía incómodo al no saber como devolver los gestos de forma adecuada. Ser mal interpretado le había ganado muchos malos momentos, y después de un tiempo había terminado por evitarlos a toda costa. Había sido preferible evitarse todas aquellas cosas que sólo le dejaban más confundido de lo que ya estaba siempre. Ese tipo de cosas eran complejas de una manera que su método lógico de enfrentarlas no era para nada eficiente a la hora de descifrarlas y catalogarlas. Si no podía explicarse racionalmente era mejor dejarlas a un lado. Hacer como si no existieran.
Pero aquello no evitaba que a veces se colaran en sus pensamientos y en sus investigaciones, porque muchas veces por no decir siempre, eran los sentimientos los que explicaban las acciones que desentrañaba en las muestras bajo su microscopio. La violencia, las muertes y la sangre, todo aparecía porque las emociones se habían expuesto por sobre los pensamientos y habían drenado con todo el sentido racional.
John Watson se había vuelto la excepción. El hombre parecía reaccionar de una forma diferente. No se asustaba con su sinceridad. Al contrario, hasta parecía apreciarla de maneras que habían sorprendido hasta a Mycroft en más de una oportunidad.
El médico le permitía ser él mismo, con toda su locura, genialidad y mal humor. A cambio, él dejaba que John fuera todo lo que encerraba bajo su coraza de hombre fuerte, le permitía ser vulnerable, ser impaciente, le permitía necesitarle y últimamente, le permitía compartir su preciado espacio personal. Lo que parecía ser un asunto que beneficiaba a los dos de una manera que no había llegado a entender. John no tenía pesadillas, y él no tenía frío.
John se removió y medio se incorporó un poco.
-Tranquilo. —Dijo poniéndole las manos en la espalda e instándole a volver a relajarse. —Aún es temprano.
-Soñé con Mycroft. —Murmuró el médico antes de volver a su posición y dormirse de nuevo.
Sherlock rió suavemente antes de cerrar los ojos y hundirse un poco bajo la manta para seguir durmiendo un rato más. Ya después le dedicaría toda la atención del mundo al caso que le esperaba a solo un metro.
DarkCryonic
Chile, 24-07-2013 18:15:07
