¡Aquí estoy otra vez, como una plaga! xD
En primer lugar, agradezco que respondáis a esta historia, enserio, eso me hace animarme a seguir adelante.
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me perteneces (no creo que poner esto en todas partes sea necesario mientras aparezca lo primero).
Bueno, pues este es el tercer capi. ¡Disfruten!
Comenzó a abrir sus ojos por segunda vez en el día, en su sueño nocturno no había dormido tranquilo, tampoco es que lo hubiera hecho ahora, pero podía asegurar que se sentía descansado y más tranquilo.
Recordó haberse quedado dormido en la cama de su danna después de que le hubiera ofrecido un poco de tranquilidad. Al recordar también a esa persona, las náuseas causadas por los repentinos nervios amenazaban con subir por su garganta. Se sentó y respiró profundo, él sabía que desde hace un tiempo atrás se había enamorado de su maestro, y aunque le había costado aceptarlo, ahora lo que más soñaba era ser correspondido. Porque era por él. Él era la razón de que Deidara no había puesto mucha resistencia cuando llegó junto con Kisame e Itachi a reclutarlo en Akatsuki. Si no hubiera sido por el marionetista, Deidara habría matado (o intentado matar) a todos los integrantes de esa organización, excepto a Hidan, sabía que era inútil intentar algo contra ese sujeto debido a su inmortalidad, y aunque no lo reconociera en público, ese albino le había caído mejor de lo que esperaba.
Se levantó y estiró sus brazos echando la cabeza hacia atrás. Sintió una pequeña corriente de aire recorrer su abdomen. No llevaba su ropa, puesto que momentos antes Sasori se la había pedido para seguramente lavarla. Justo como hizo al entrar, volvió a recorrer la habitación con la mirada, todo estaba igual, aunque no le gustara demasiado que tantos ojos de madera le vigilaran, o eso era lo que sentía. Encima de la silla del escritorio pudo divisar su ropa, bien doblada y limpia. Seguramente su danna se la habría dejado ahí, y luego irse para o molestar su sueño. Esbozó una leve sonrisa. Se quitó la capa de Akatsuki, cogió la ropa, se vistió, y volvió a colocarse la capa. Echó un último vistazo al cuarto, un escalofrió le recorrió la columna. Sin detenerse más tiempo en aquella lúgubre habitación, salió por la puerta (no, salió por la ventana ¬¬) y avanzó por el pasillo. Pasó a su cuarto, cogió sus bolsas de arcilla explosiva, y las colocó a ambos lados de su cadera. En cuanto salió, sintió una voz llamarle con mucha energía por detrás.
-¡Rubia! ¡Rubia! ¡Rubia! ¡Rubia! ¡Rubia!
-¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¡¿QUÉ, HUM?! -se volteó.
-¿Por qué siempre haces ese jodido "hum"?
-¿Qué te importa? Es una manía, nada más, hum.-retiró su expresión molesta.- ¿Para qué me buscabas, hum?
Pues…-Hidan se rascó la cabeza. Deidara lo miró interrogante.- ¡No me mires así, joder! Me hace sentir raro.-ante esa respuesta, el rubio levantó una ceja.- ¡¿Qué pasa?! ¿Es que no puedo saber en dónde está mi amigo cuando no está conmigo?-desvió su mirada a un lado.
En parte, Deidara se alegró al escuchar lo que nunca creyó que el albino diría alguna vez en su infinita vida inmortal.
-Claro que sí, hum.-sonrió.
-¡Bien! Pues como me aburro mucho, tú vendrás conmigo a planear una venganza.-sonrió satisfecho apretando el puño.
-¿Venganza, hum?-se cruzó de brazos.- Tiene algo que ver con Kakuzu, ¿cierto, hum?
-¡Sí! ¡¿Cómo coño lo supiste?! ¡¿Eres adivino o lees la mente?!-se sorprendió, agachándose un poco para quedar a la altura del otro.
-¡Je! No, pero eres muy predecible, hum.-ambos se callaron por un momento.-Y… ¿no pudiste pedirle a otro que te ayudara? No es que me moleste, pero… ¿por qué yo, hum?
-Porque Kisame es muy respetuoso, Itachi es demasiado serio, Sasori es aburrido, Konan no es de las que gastan bromas, Tobi solo lo estropearía todo, Zetsu está de misión, pero aunque estuviera aquí no accedería, y el líder dice que nada de venganzas. Además, también porque tú eres el único que corresponde a la diversión, aparte de mí, claro.
-Suficiente, hum.-sonrió de manera cómplice.-Vamos a por esa venganza.
-¡Sí!-presenció victorioso.-Se va a enterar ese Kakuzu de qué es capaz un jashinista.
-¡Ejem! Yo también estoy en esto, hum.
-¡Oh! Sí. Va a enterarse de lo que son capaces un jashinista y…-miró a Deidara.-y… un… ¡Artista! Eso.-el rubio se llevó una mano a la cara, en señal de decepción.
-Vámonos antes de que me arrepienta y te haga explotar, hum.
Ambos se dirigieron a la salida, pero para poder llegar, tenían que atravesar la sala. Ya estaban cerca de la salida cuando…
-¡Ey! ¿Adónde vais con tanta prisa?-Pain estaba justo detrás de ellos, con un semblante no muy amigable.
-Eeeeh… Pues…-Deidara no sabía que responder, en su cabeza no había pasado la idea de que fueran a preguntarles.
-¡A dar un paseo! ¡Íbamos a… pasear, sí, eso!
-Pero, Hidan… No dijiste que íbamos a… ¡Hum!-el jashinista no tardó en taparle la boca con la mano, mientras lo rodeaba con su otro brazo.
-Dije que íbamos a pasear, Dei-chan. ¿Es que nunca me prestas ni la más puta atención?-le sonrió nervioso.
-¿Pasear a dónde?-al lado de Pain apareció Sasori, quien desde el primer momento estuvo escuchando desde el sofá.
-¡A donde se nos de la maldita gana!-contestó el albino, ya cansado de tanto interrogatorio.
-¡Oh! ¡Oh! ¡Tobi también quiere ir de paseo con Hidan-san y Deidara-sempai!-chilló el enmascarado entrando de golpe en la sala.
-¡No!-gritaron ambos compinches al unísono.
-¿Y por qué no puede ir Tobi?-preguntó esta vez el líder.
-Porque es muy pesado.-habló Deidara, quien gracias a Hidan ya podía seguir hablando debido a que destapó su boca, pero sin soltarlo aún por precaución.
-Y porque lo estropearía todo.-terminó el albino sin darse cuenta de lo que había dicho.
-¡Hidan!-le regañó el rubio.
-¿Estropear qué?-interrogó Sasori, ya de muy mal humor. Si no soportaba ver a nadie cerca de su alumno, ver a Hidan tan pegado e él y hablando en clave no le hacía ni la más mínima gracia. Lo primero; temía por la seguridad de su pupilo si aparecieran enemigos. Segundo; no soportaría saber que Hidan le hizo algo no muy sano. Y tercero; tenía miedo de perderlo para siempre.
-Estropear… La salida. Dei-chan y yo teníamos pensado ir solos por unos asuntos personales a tratar, y Tobi solo molestaría.
-¡Jo! Pero Tobi quiere ir.-lloriqueó el buen chico.
Salida… solos… asuntos personales… -Hidan, suéltalo.-el albino acató la orden, maldiciendo por lo bajo. Sasori tomó el brazo del rubio y lo llevó un poco más lejos, pero sin salir de la sala.
-¿Qué salida, y qué asuntos personales?-recriminó.
-Eeeeh… Yo… Hum…-se llevó un dedo a la boca inconscientemente.
-¿Acaso están saliendo juntos?-en este pregunta utilizó un tono melancólico.
-¡¿QUÉ?! ¡No! ¡¿Cómo iba a salir yo con eso, hum?!-señaló al albino, quien ya estaba perdiendo el control de su carácter ante el líder y Tobi.
-Entonces, explícame por qué tanto secretito.-se cruzó de brazos, esperando una respuesta convincente.
El artista explosivo se rindió y suspiró.-Hidan quiere vengarse de Kakuzu por alguna de sus tonterías, y me ha pedido que le ayude. Y como sabemos que a ustedes no les gustan las bromas pues… pensamos que a lo mejor no nos dejarían, hum.
-Ajá.-el pelirrojo levantó una ceja.
-¡Danna, por favor, no diga nada de esto! ¡No queremos que los demás se enteren, hum!-suplicó mientras se aferraba a la capa de su maestro.
-¡Je! Está bien.-cogió a Deidara por los hombros. Los acarició, bajando por los brazos hasta llegar a sus manos y tomarlas entre las suyas. Ante este gesto, Deidara se ruborizó, notando como el calor inundaba su cara.-Ten cuidado.-y dicho esto, besó su frente. El artista más joven lo miraba con sorpresa, intentando
-¡EH, DEI-CHAN, APURATE, NO TENGO TODO EL PUTO DÍA!-gritó el religioso desde la salida con una sonrisa triunfante.
-Hasta luego… danna, hum.-se soltó despacio de las manos frías del pelirrojo y corrió con Hidan, no sin antes sonreírle a su maestro con una increíble dulzura. A cambio, este le hizo un gesto con la mano, en señal de despedida.
Una vez estando fuera de la guarida, caminaron a un lugar apartado.
-¿Y bien? ¿Qué te dijo tu novio?-sonrió burlón. Deidara se enrojeció al límite.
-¡No es mi novio, hum!-dijo, frunciendo el ceño.
-Pues lo parece… Oye, ¿no le habrás contado nada sobre el plan?
-N-no, por supuesto que no, hum.
-Bien, no me gustaría que se lo dijera a alguien, sabes perfectamente cómo se ponen con estas bromas.
-Cállate, no soy estúpido, hum.-se paró enfrente de un manzano y subió a una de las ramas.
-¿Q-qué estás haciendo?-preguntó Hidan, no muy convencido.
-Tengo hambre, por si no lo recuerdas, no he desayunado, hum.-dijo mientras rebuscaba entre las hojas.- ¿Quieres una, hum?
-No.-contestó.
-Entonces cuéntame cuál es tu plan, hum.-se sentó en la misma rama para empezar a comer una manzana roja.
Sin perder tiempo, Hidan subió y se apoyó en el tronco.
-Presta atención, porque no pienso repetirlo más de una vez.-carraspeó.-Kakuzu siempre viene por aquí a inspeccionar por si los ninjas de las aldeas estuvieran cerca.-Deidara asintió.-Bien, yo estaré al lado de él detrás de los arbustos para vigilar sus movimientos, y tú arrastrarás el billete con un hilo.
-Hidan, esa broma es demasiado simple, por no mencionar que es de las más clásicas. Kakuzu no es tonto, nos pillará, hum.
-Puede que sea simple, pero si hay dinero te aseguro que Kakuzu caerá como idiota.
-Está bien, ¿y de dónde se supone que sacarás un billete, hum?
-¡Ja! Mira que eres despistada, rubia. Ya le cogí uno en la mañana.-del interior de su capa sacó un billete que ondulaba con el aire.
Deidara alzó una ceja.- ¿Y el hilo, hum?
-Eso se consigue fácil.-tomó el borde de su capa y le dio un tirón, haciendo que se rasgara, y de ahí fue sacando un hilo negro casi invisible, y lo cortó. En el billete hizo un pequeño orificio y ató el hilo.-Ya está. Tú cogerás el extremo del hilo y lo arrastrarás por el suelo. Es largo, así que puedes alejarte lo suficiente.-guardó el "cebo".-Bien, ahora tenemos que buscar un charco de lodo.
-¿Lodo, hum?
-Sí. Tú atraerás a Kakuzu con el billete hasta un charco de lodo y cuando este cerca… ¡Zas! ¡Yo lo empujaré y caerá al charco! ¡Ja ja! ¡Mi plan es endemoniadamente genial!-gritó eufórico. Al artista explosivo le bajo una gota de sudor frío. De verdad que Hidan a veces llegaba a ser muy (muy) ignorante, pero tan bien organizado que hasta a lo mejor funcionaba.-Yo voy por aquí,-señaló el camino.-y tú irás por allí.-miró en dirección contraria.
-Me parece bien, hum.-dicho eso, tiró los restos de la manzana al suelo y partió en busca de su charco de lodo perdido. Pero antes, Hidan le avisó.
-Si encuentras uno, mándame uno de esos pájaros tuyos, pero no lo explotes.-acusó.-Si lo encuentro antes, te grito.
-¡Je! De acuerdo, hum.-camino en su dirección, mirando a ambos lados del suelo, buscando algún charco que sirviera, puesto que no había llovido, no abundaban muchos y eso le hacía más difícil su búsqueda.
Llevaba ya un buen rato buscando, y al parecer, Hidan tampoco había tenido suerte, y para completar la mala racha, se estaba alejando de lugar por donde Kakuzu solía pasar.
Se paró en seco, divisó detrás de los arbustos que tenía enfrente, había uno. ¡Al fin, lo conseguí, hum! Se acercó corriendo, y justo cuando estaba por alcanzarlo, tropezó con algo no muy duro, pero tampoco blando, y cayó al suelo. Rápidamente se dio la vuelta. La cosa con la que había tropezado era un ninja. En unos milisegundos recorrió el lugar con la mirada, y pudo ver que no estaba solo él, había más. ¡Una trampa! Sin pensárselo dos veces, lanzó un pájaro al aire que causó una fuerte explosión como una señal de ayuda hacia su compañero albino.
En otro lugar del bosque…
-¡Mierda! ¡Es imposible! ¿Cómo coño se me ocurrió lo del charco sabiendo que no había llovido? ¡Mira que soy gilipollas!-se acusaba a sí mismo el jashinista.
Una tremenda explosión lo sacó de su ensimismamiento, se giró al origen de esta. Pudo ver a lo lejos una gran nube de polvo sobre los árboles.- ¡¿Pero qué…?! Le dije que si encontraba uno que no explotara nada.-una enorme preocupación comenzó a inundar su cuerpo.-Será que… ¡No puede ser! ¡DEIDARA!-corrió como el ninja que era sobre las ramas de los árboles para ganar velocidad.
El polvo causado por la explosión se empezaba a disipar, dejándole más visible la zona. Al estar casi sobre la zona, se bajó de las ramas y siguió el corto trayecto que le quedaba.
Al llegar allí, vio a cinco ninjas.
-¿Qué es esto, Deidara?-preguntó al rubio quien estaba agachado, inspeccionando a uno de ellos. Todos aquellos hombres estaban tendidos en el suelo.
-Están muertos, hum.-respondió sin apartar la vista del cuerpo.
-Vale, ¿y qué?
-Que no hay sangre, hum.
-¿Qué demonios dices? Eso no puede ser.
-¡Acércate y lo miras tú mismo, imbécil, hum!
Hidan hizo caso a regañadientes. Curioseó todos los cadáveres, estaban completamente tiesos, pero no había rastro de sangre.
-¡Por Jashin…! ¿Quién ha hecho esto? Ningún tipo de ninja existente sobre la Tierra puede hacer algo así.
-¿Es posible que sea veneno, hum?-se dio la vuelta para mirar la espalda de Hidan. Este sacó una pequeña navaja de su capa e hizo un corte limpio en el brazo de un ninja. De este comenzó a brotar sangre, la cual salía completamente roja.
-No, la sangre está limpia.-limpió la hoja y se la volvió a guardar, para luego levantarse. El rubio hizo lo mismo.
-Debemos informar al líder, hum.
-¡Pero…! ¡¿Y mi venganza?!-replicó.
-Hidan, esto es más importante que tu venganza, así que mueve tu deforme trasero hacia la guarida si no quieres que te haga estallar, hum.
-¡Aaaaaah! Con que te fijas en mi trasero, ¿eeeh?-dijo burlón.
-Sabes perfectamente que no, hum. Y deja ya tus estupideces, tenemos que darnos prisa, hum.
-¡Agh! Está bien.
¡Hasta aquí! Uuufff
La verdad, tuve bastante tiempo para hacerlo pero me quede enganchada al anime Saint Seiya y como que se me fue difícil despegarme de él jejeje.
Bueno, espero que les haya gradado un poco, ya que en el anterior capitulo lo hice muy a prisa y me salte sin querer varias cosas xP
Aquí me despido, y esperaría con mucho gusto algún review.
Gracias por leer ^^
Sayoo!
