Waaaaah! Aquí estoy yo de nuevo, después de un año… Es que se bloqueaba el programa con el que escribo! Y aún se bloquea (menos, pero se bloquea).

Puff, intenté seguir un poco la historia ya que me perdí. Pero ya, creo que este es el número 7.

ADVERTENCIA: POSIBLE SPOILER. En todo mi fic desde el principio hasta aquí puse que Tobi era Madara. Estuve mirando un poco y descubrí que no lo es. En realidad es Obito quien se esconde tras la máscara y que por alguna razón se quiere hacer pasar por Madara. Bueno, era eso.

Que lo disfruten!

Seguía parado frente a él, en completo silencio. Un silencio que se le hacía insoportable. Al no recibir respuesta por parte del Uchiha, lo consideró un sí.

-Vamos, hum.-dio la vuelta y caminó por el oscuro pasillo.

-¡Pero…! Al menos encienda las luces, a Tobi le da miedo la oscuridad…-titubeó estando unos pasos atrás.

-Si encendiera las luces se darían cuenta de que salimos, hum.

-Yo quería seguir durmiendo…-susurró.

-¿Dijiste algo, hum?-se volteó.

-¡No!-reaccionó al momento y se paró como soldado.

-Bien, hum. Idiota…

Mientras atravesaban la sala, Tobi soltó un largo suspiro. El rubio lo ignoró completamente como siempre acostumbraba a hacer.

Salieron de la guarida observando detenidamente los alrededores. La copa de los árboles bañada en la luz azulada de la Luna hacía que parecieran nevados, lo que tampoco era lógico debido a que no hacía demasiado frío.

Se introdujeron en el bosque. Deidara sabía bien adónde debía dirigirse para encontrar lo que buscaba. Tobi lo seguía en silencio, raro en él no estar parloteando cualquier cosa sin sentido. Hasta que…

-Sempai…-susurró.

-¿Qué, hum?-gruñó. En verdad estaba comenzando a sentirse a gusto con el silencio.

-Hidan-san dice que Sasori-san y usted están juntos.-se rio. El artista explosivo se mantuvo callado pero avergonzado (y rojo!)-Sería una lástima… que alguien… los separara.-comenzó a reír con más fuerza, hasta que sintió un puño sobre su máscara.

-¡Por encima de mi cadáver! ¡¿Entendiste, hum?!-fue a lanzarse sobre él, cuando el enmascarado hizo una seña de silencio. Pasaron unos segundos.-Sí, yo también escuché eso, hum.-susurró a la vez que investigaba el lugar con la vista. En un rápido movimiento Tobi lanzó un kunai a unos arbustos, y de estos pareció salir una sombra, la cual volvió a esconderse.

Deidara dejó escapar un gruñido bastante notable y envió una serpiente de arcilla en la dirección donde lo vio desaparecer.

Los segundos pasaban y no había ocurrido nada. Al instante de creer que ya no había nada, la creación de arcilla estalló. El rubio corrió al origen de la explosión, seguido por su yokai.

El artista se abalanzó sobre la figura, colocando el kunai donde supuestamente debía estar el cuello.

-¡Vale! ¡Está bien! ¡Lo siento! ¡No quería espiarles!

-¿Qué, hum?-Deidara pudo observar ahora que estaba sobre un ninja desconocido.

-Pensé que ustedes también iban tras la criatura.-alegó nervioso.

-Sempai, suéltelo. No ha intentado atacarnos.

-¡Cállate!-dijo mirando a Tobi con un semblante diabólico, lo que provocó en este un escalofrío, y volvió a dirigir su vista al shinobi.- ¿Cómo puedo confiar en que si te dejo suelto no nos atacarás por la espalda, hum?

-¡Lo juro! Si hay algo que no soy es traicionero.

-¡¿A dónde te diriges, hum?!

-¡Al claro!-dijo alterado, la mirada fija del rubio empezaba a infundirle miedo. Deidara cambió su semblante a uno más tranquilo y se levantó, dejándolo libre.-Por cierto,-habló el ninja.- ¿a dónde os dirigís vosotros?-el que el artista lo hubiera soltado le había provocado una leve calma.

-Al mismo lugar, hum.-dijo dando media vuelta.

Tobi miró con desconcierto a su superior.- ¡¿Qué?! ¿Pero no dijo usted que íbamos a buscar algunas cosas?

-Por supuesto que sí, y lo que buscó se encuentra allí. Así que deja de quejarte y ven, hum.

-Podemos ir juntos, para más precaución por un posible ataque.-comento el desconocido. Al parecer, la aldea de la que provenía no estaba muy enterada de la organización Akatsuki, eso o el hombre era igual de ignorante que Tobi. Estiró la mano hacia el rubio en señal de saludo.-Mi nombre es Kazuo.

El artista se quedó mirando la mano estirada del ninja. ¿Se supone que tengo que estrecharla? –Bah.-siguió su camino.

Los otros dos lo siguieron unos pasos atrás.

-Oye, tu novia es un poco terca, ¿no crees?-terrible error.

-¿Qué…? ¡Ah, no! Deidara-sempai no es una…-tarde, Deidara ya lo había agarrado del chaleco.

-¡¿A quién llamas mujer, hum?!

-¡Lo siento! ¡Es que… soy muy despistado y… no me fijé…!

-¡Ya, sempai, suéltelo! Lo dijo sin querer.-lloriqueó. El rubio emitió un gruñido a la vez que lo soltaba y se encaminaba de nuevo. Los otros dos suspiraron con cansancio. Tobi miró a Kazuo.-No se preocupe, él siempre es así con todos.

-¿Eso debe calmarme?-sonrió nervioso.

-En realidad… No. Se lo digo para que sepa que no tiene nada en contra de usted, Kazuo-san.-pausó.-Y… ¿por qué se dirige hacia el claro?

Su semblante cambió a ser serio.-Porque… voy a destruir a esa bestia.

-¡Ja! Como si pudieras, hum.-comentó Deidara sin voltearse.

-Sempai tiene razón, Kazuo-san. Esa cosa es muy mala.-tembló.- ¡Si la miras a los ojos te mueres… y… y luego te come! ¡Ay, sempai no quiero que me coma!-corrió a amarrarse al rubio con fuerza, mientras este forcejeaba tratando de quitárselo de encima.- ¡No quiero ir, de seguro me comerá!-lloriqueó bajo la extrañada mirada de Kazuo.

-¡Ya, aléjate! ¡Nadie va a comerte, hum!-Tobi levanto la cabeza y miró a su superior con un brillo de esperanza.

-¿De verdad? ¿Usted me protegerá para que no me coma?

-No. Dije que no te comerá porque de seguro tienes un sabor horrendo, hum.-ese comentario hizo que el enmascarado se quebrara.- ¡Así que apártate, descerebrado, hum!-lo empujó.

-Jo, sempai es muy malo conmigo.-Kazuo miraba la escena con una sonrisa nerviosa.

El tiempo pasaba y ellos siguieron caminando. El ambiente no era demasiado oscuro pero tampoco acogedor. Habiendo llegado a su destino, Kazuo y Tobi se quedaron observando en lago junto con los alrededores. Había una enorme piedra en el centro del agua, la cual parecía ser resbaladiza. Mientras, Deidara ignoraba lo que estuviera a su alrededor, únicamente concentrado en encontrar las plantas que buscaba.

-Sempai no se aleje tanto, ¿y si aparece el monstruo y se lo come?-gritó, ya que la distancia entre ellos podía considerarse algo grande.

-¡No digas estupideces y cállate, hum!

Al contrario que el artista, Kazuo parecía decepcionado.

-Mph, esperaba encontrarme con esa criatura. Aquí es donde dicen que mata a sus víctimas.

Ese comentario no hizo que Tobi se relajara.

-¡Sí, al fin las encontré, hum!-el rubio tomo varias hojas de una planta y las guardó. Ahí concluyó su misión. Volvió con los otros dos.-Tobi, vámonos. Ya no tenemos nada que hacer aquí, hum.

-Pe-pero… ¿Y Kazuo-san?

Deidara se volteó al nombrado, que seguía inspeccionando con la mirada en solitario lugar.

-Eso no depende de nosotros. Él decide si se queda o no, pero nosotros nos marchamos ya, hum.

-Está bien.-dijo decaído.

No alcanzaron a dar más de dos pasos cuando un fuerte viento se levantó, provocando que cerraran sus ojos se taparan el rostro con los brazos, evitando cegarse por el polvo que se levantaba. Las ramas de los árboles se movían con fiereza y sus hojas se desprendían violentamente.

-¡¿Sempai, qué está pasando?!

-¡¿Acaso me ves cara de saberlo, hum?!

Kazuo alcanzó a abrir uno de sus ojos, divisando una figura femenina en lo alto de la roca del lago.

El viento dejó de soplar, dejando únicamente la calma.

Dejaron de cubrirse para admirar en centro de aquel claro, en donde justamente se encontraba ahora la tan temida criatura. Era una mujer. Una mujer sumamente bella, de cabellos rizados y negros. Sus ojos carecían de iris y pupila, únicamente eran de un color verde esmeralda. Poseía unos labios totalmente rojos. Vestía solamente una extraña tela negra que hacía resaltar su blanquecina piel.

Los tres ninjas se quedaron estáticos, hasta que Kazuo habló.

-¡Ya eres mío, monstruo!-sacó un kunai y se dispuso a correr hacia ella. Una fuerte mano lo agarró del hombro y tiró de él hacia atrás. Tobi intentó mantener a los otros dos cercanos a él, y así poder teletransportarlos usando el Kamui. Su chakra se bloqueó, impidiéndole usar la técnica.

Kazuo le lanzó una mirada cómplice al rubio y volvió a correr hacia ella. Cosa que Deidara aprovechó para comenzar a moldear figuritas explosivas y en su momento usarlas contra ella.

-¡No, espera!-Obito intentó que Kazuo no avanzara más, pues ya estaba prácticamente bajo ella, y esta no dejaba de observarlo. Kazuo se dio cuenta de que su verde mirada únicamente estaba fijada en él.

Perfecto.- ¡Ahora!-gritó.

Deidara saltó por sorpresa tras el shinobi y lanzó varias de sus creaciones hacia el ser. Kazuo retrocedió de ella con paso rápido, mientras que el enmascarado corría hacia ellos.

Al momento de poner un pie sobre el agua, el artista juntó sus manos.- ¡Katsu!

Obito, quien ya estaba cerca de ellos, alzó sus brazos para protegerse de la explosión. Pero…

Nada. No ocurrió nada.

-¡¿Qué?!-se preguntó a sí mismo.- ¡No puede ser, hum!

Pero Kazuo no iba a rendirse tan fácilmente. Sacó una lanza, corrió y sin dar tiempo a nada, la introdujo en el abdomen de la mujer, atravesándole. Ella alcanzó a realizar una mueca de sorpresa y después de desesperación antes de desvanecerse.

El silencio reinó por unos segundos.

De las profundidades del lago, salió lo que parecía ser un hombre, y rodeó el cuello de Kazuo con un brazo mientras que con el otro le apuntaba un kunai.

-Te has divertido mucho, ¿no es así?-pronunció, con una voz grave a la vez que clara.

-¿Y quién se supone que eres, hum?-preguntó el rubio, ya cansado de todo aquel embrollo.

-¡Mph! Está bien, os lo diré, solo porque de aquí no saldréis con vida. Mi nombre es Yuro, y vosotros moriréis aquí y ahora.-soltó bruscamente a Kazuo y provocó un fuerte viento que los mandó a tierra firme.-Así me evitaré complicaciones.

Al verse casi en tierra firme Obito colocó ambas manos en el suelo, quedando de pie tras una media voltereta. Deidara hizo lo mismo, solo que impulsando con una mano y quedando en cuclillas. Kazuo directamente volteó en el aire y quedó de pie.

-Este será fácil.-comentó Obito dando una palmada. Se lanzó a él y realizó innumerable combos de patadas y puñetazos, ya que siendo consciente sabía que los jutsus en ese lugar eran imposibles de realizar. Pero Yuro los evitaba todos sin ningún esfuerzo.

En un diminuto fallo de Obito, Yuro vio un hueco por el que atacar, y así lo hizo, asestó un violento puñetazo al estómago del enmascarado, para después patearlo en el pecho, lanzándolo hacia atrás.

Tras eso, Kazuo corrió hacia él y lo inmovilizo.

-¡La lanza!-gritó.

Obito reaccionó y tomó el objeto.

-Oh, vamos. ¿Serás capaz de asesinar a tu compinche con tal de matarme?-sonrió de manera endemoniada.

Apretó la lanza con fuerza.

-¡Hazlo ya, maldita sea!-se impacientaba Yuro. No esperó ninguna palabra más, con fuerza lanzó el objeto.

Yuro observaba como el arma se aproximaba a una velocidad vertiginosa.

-¡No! ¡Esto no debía ser así…!-no pronunció nada más. Ambos habían sido atravesados. Pero eso no le quitó fuerzas para su último movimiento: sacar la lanza.

Al ser extraída, ambos cayeron al suelo.

Obito se llevó una mano a la cabeza. Uff… esto fue demasiado. Y pensar que vinimos solo a por unas simples plantas. Miró un momento a Deidara quién aún observaba la escena sin sentimiento alguno. Pero así era él. Le traía sin cuidado lo que le pasara a los demás. Se dio media vuelta.-Tengo frío, sempai. Vayámonos a…

-¿Adónde pensáis ir?-Obito volvió a voltearse. Y ahí estaba de nuevo, de pie como si no le hubiera pasado nada. En un movimiento rápido, el enemigo terminó a un metro de Obito, con su mano alzada apunto de realizar el ataque que acabaría con él.

Deidara golpeó su brazo con el dorso de la mano sin ponerse entre ellos, desviándolo.

-¡Ya basta!-en ningún momento dejó de mirar al adversario.

-No intentes pararme, niño. Después de él serás el siguiente.

-¡Yuro! ¡Dije que ya basta!-Obito escuchaba de hablar a su compañero, y su tono de voz no encajaba con su expresión, pues su rostro emanaba serenidad. El enmascarado se dio cuenta de una cosa, ¿dónde había quedado ese "hum" que tanto caracterizaba al artista? El hombre seguía mirando con algo de desconcierto al rubio.- ¡Yuro!

Esa expresión… Ese tono de voz tan soberbio y supremo… Esa seguridad al mandar una orden deben ser de… Yuro apoyó una de sus rodillas en el suelo e inclinó la cabeza hacia delante.-Perdóneme, mi Señor. Pensé que aquel ninja había acabado con usted.

Deidara pasó por su lado hacia la roca del lago sin darle importancia.

Obito no creía lo que veía.- ¡Un momento! ¡Sempai! ¡¿Qué está haciendo?!-fue a correr tras él. Yuro le bloqueó el paso, aun sin atacar. El enmascarado observaba detenidamente al rubio, pensando que pudiera ser algún tipo de plan para acabar con el enemigo por la espalda.- ¡Espere!

Deidara se paró y dio media vuelta.-Yuro.

-¿Sí, mi Señor?

-Deshazte de él.

-Sí, Señor.

-Pero déjalo con vida, solo lo quiero lejos.

-¡¿Qué?!-mencionó Obito con una notable alteración antes de que recibiera un golpe en su nuca, el cual lo dejó tirado en el suelo. Observaba con dificultad el rostro de su compañero, y vio algo que no encajaba antes de que todo se volviera negro.

Esos ojos no eran azules.

Puff! Siento que algo le falta pero… nhaaaaaaaaaaaaaa que pereeeezaa…

Eso si me volvi más vaga que antes -.-