Aquí os dejo el siguiente capítulo de la historia :D
Espero que lo disfrutéis :P
¡Se agradecen comentarios, críticas (mejor si son constructivas ;)), sugerencias y de más en las reviews!
Hasta la próxima :3
Diario de una jinete, capítulo 4.
-Pero… ¿Qué estás diciendo? –contesté ingenua, intentando soportar la ansiedad que me provocaban todos aquellos recuerdos. –No tuviste la culpa de nada.
-Sí. Sí la tuve.
Viví otro flashback:
Adán cogía a Nico, dos años menor que yo, de la mano; y ambos miraban a la pequeña de once años montada sobre una silla de cuero en su furia nocturna*, llamado Sirius, a punto de alzar el vuelo.
-¿Estás listo? –Él giraba su cabeza hacia ella y asentía. -¡Vamos!
El animal daba un salto des del acantilado y cuando estaba a punto de caer al agua, agitaba sus grandes alas y avanzaba en posición horizontal, rozando el agua y cortando el viento.
-¡Bien hecho, Leo! –la animaban sus hermanos desde tierra mientras Sirius y ella se perdían entre las nubes y volvían a bajar, sobrevolando la aldea.
Y eran libres, eran fuertes, eran uno.
Volaron hasta las montañas, esquivando las rocas y los muros de piedra hasta llegar a la cima de un montículo de enormes rocas, dónde pararon para descansar. Ella bajaba de la silla mientras el dragón plegaba sus alas.
La niña se sentaba en el borde de las rocas mientras su dragón vigilaba sentado mirando en dirección contraria.
Entonces sucedió lo peor: se oyó un ruido dirigiéndose a ellos y una cuerda, con dos piedras redondas y pesadas atadas a cada extremo, rodeó el cuello de Sirius, tumbándolo.
La pequeña intentó levantarse, pero entonces un fuerte golpe resonó entre las montañas y las piedras empezaron a desprenderse bajo ella. En unos segundos tan solo se sujetaba al borde del abismo con sus manos.
-¡Sirius! –gritó, pidiendo ayuda, mientras sollozaba.
El dragón se libró de la cuerda y se acercó a ella. Cogió su camiseta con los dientes mientras la subía con cuidado, agitando las alas para impulsarse hacia atrás.
Pero cuando ya casi estaban seguros, una nueva cuerda envolvió las alas del animal y lo desequilibró. En un último intento por salvar a la pequeña, Sirius la lanzó sobre la superficie dónde se encontraba mientras él caía irremediablemente hacia el abismo.
De nuevo volví a la conversación con Víctor.
-Mírame. –dirigí mi mano libre a su barbilla y levanté su cabeza con suavidad. Mantuvo sus ojos cerrados. –Víctor, mírame… por favor… -fue entonces cuando mi voz empezó a temblar y él fijó su mirada en la mía.
-Lo siento.
-Me cuesta tanto creerte... Necesito… saber qué tuviste que ver con lo que pasó. –un solo parpadeo fue suficiente para que dos lágrimas resbalaran por mis mejillas hasta dejarse caer.
-Lo sé. –cogió aire y secó sus lágrimas. Justo después, con su mano fría, secó las mías. Le solté la otra mano, desconfiada.
-¿Y bien?
-Yo le conté a mi padre cómo podía matar a Sirius.
No podía creerlo. Víctor siempre se había interesado mucho por entender los comportamientos de los distintos dragones, pero nunca hubiera imaginado que lo hacía con propósitos así.
-¿Q-que…?
-Le dije que tú le habías enseñado a Sirius a maniobrar entre los muros de piedra de la cordillera, y que acostumbraba a volar por ahí… y allí fue donde os tendió una emboscada. –Iba a interrumpirlo pero él continuó hablando. –P-Pero creíamos que el dragón estaría solo en aquellas rocas, a tanta altura. No queríamos ponerte en peligro a ti.
-Preferiría haber muerto yo… y no perder a mi dragón.
-Mira, lo siento.
-¿Y de qué sirve que lo sientas? –los nervios se apoderaron de mí y acabé gritando. -¿O que te arrepientas? ¿O que te disculpes mil veces? ¡Nada de eso cambiará el hecho de que Sirius está muerto!
-Lo sé. –bajó la mirada.
Me levanté de golpe.
-Eres como tu padre: un asesino de dragones sin corazón.
-Mi padre no es un asesino.
-No, usted perdone, él "sacrifica" dragones…
Dicho esto salí del bosque.
Justo cuando dejé los árboles atrás me crucé con Sarah.
-Anda… ¿ya vuelves?
-S-sí… -bajé la cabeza. Nunca me ha gustado que la gente me vea llorar.
-¿Y Víctor?
-En el bosque.
-Leo… -me miró a la cara, disimulada tras algunos mechones de pelo. -¿Se puede saber que ha pasado?
Y entonces volví a sentir aquel nudo en la garganta que tanto detesto. Aquel nudo dónde quedan enlazadas las palabras y no pueden salir. Decidí marcharme corriendo. Eché la vista atrás y Sarah caminaba hacia el bosque; supongo que a buscar a Víctor y a pedirle explicaciones.
*Furia nocturna: Se asemeja a un gato negro en su aspecto general y tiene un par de alas, dos apéndices en forma de lóbulo en la parte posterior de la cabeza para mostrar su estado de ánimo (igual que hacen los gatos con sus orejas), un par de ojos verdes y amarillentos o completamente amarillos y dos hileras (una a cada mandíbula) de afilados dientes retráctiles. A diferencia de la mayoría de especies de dragones, el furia nocturna tiene un cuello corto y carece de cualquier tipo de cuernos. En pleno vuelo, la envergadura de sus alas puede llegar a los 12m. Esto le permite volar más rápido (puede llegar a velocidades supersónicas), por más tiempo y más lejos que otras especies de dragones. Utiliza las alas en forma de solapa que tiene en la cola para dirigir y maniobrar, cómo si se trataran del timón de un avión. Los furias nocturnas no solo son rápidos volando, también corriendo en tierra e incluso saltando de árbol en árbol. Además puede camuflarse en la noche, escupir bolas de plasma violeta que causan grandes explosiones y posee visión de radar, cualidad que lo convierte en un gran cazador.
¡GRACIAS A LOS LECTORES!
Pd. ya se me han acabado las vacaciones ;_; me temo que pasará una temporada importante hasta que vuelva a publicar algún capítulo... aunque intentaré hacerlo lo antes posible :D En el tiempo que no publique agradecería comentarios; básicamente por qué a veces me ayudan a continuar con la história, a veces saber lo que piensan los lectores resulta útil para sorprenderlos en los siguientes capítulos.
[¡Hasta pronto!]
~Tamashi neko
