¡Holaa de nuevoo! Aquí dejo el nuevo capítulo del fanfic basado en Cómo entrenar a tu dragón. Espero que os guste :3
Éste capítulo es algo más largo que los anteriores... no sé si se os hará pesado leerlo. De ser así, agradecería comentarios; no sé si hay preferencias por los capítulos largos o los cortos.
Diario de una jinete, capítulo 5.
Llamé a la puerta para toparme con Adán, sonriente como de costumbre. Mientras voy a mi habitación me pregunta:
-¿Cómo ha ido?
-¿Eh? Ah… bien…
-No te veo muy convencida.
-Nono, estoy bien, ¡perfectamente! –y sonreí de oreja a oreja. No quería preocuparle.
Me fui a mi dormitorio y me tumbé en la cama, boca arriba. De repente, alguien golpeó la ventana. Me asomé y vi una chica rubia, de espaldas al cristal, intentando disimular. Y sonreí.
-Deberías aprender a disimular, Sarah.
-Ya, jeje… -se dio la vuelta. –Sabes… he hablado con Víctor… -y la sonrisa de mis labios se borró en un instante.
-No quiero hablar del tema.
-Está bien, está bien… me ha dicho que te dé esto… -Me entregó un papel rectangular doblado.
-¿Qué es?
-No lo sé. Bueno, me voy. Mañana hablamos. ¡Adiós!
-Hasta mañana.
Cerré la ventana y me senté en la cama. Iba a desdoblar el papel cuando Sparky saltó a mi lado y me lo quitó de las manos.
-¡Eh, vuelve aquí!
El dragón corrió hasta llegar a la entrada de casa y salió por la gatera de la puerta; yo lo seguí y me condujo al campo de entrenamiento: una especie de cúpula de rejas de metal que cubre una arena d combate.
-Devuélveme eso, ¡vamos! –ignoró mi orden y saltó a la estructura metálica, mirando hacia abajo. Miré hacia la arena y vi a Nico acorralado por un Mortífero Nader*.
-¡Ayuda! –pedía, pero ninguno de los chicos que había allí tenía ni la más remota idea sobre cómo parar al dragón descontrolado.
Bajé corriendo las gradas de alrededor de la cúpula, después las escaleras que llevan a la puerta principal: una inmensa puerta de madera por donde acceden a la arena jinetes y dragones. Y allí estaba mi hermano pequeño.
Los jóvenes se alejaban a toda prisa del dragón.
-¡Leo! ¡Ayúdame! –gritaba mi hermano, viéndose inminentemente rodeado por llamas.
Corrí hacia él y me coloqué delante de él, con los brazos extendidos, tratando de protegerle. Poco a poco bajé los brazos y me acerqué al hocico del Nader.
-Ssht… -extendí una mano hacia él. Al principio desconfió, pero después bajó la cabeza para dejar que acariciara el cuerno que resalta sobre su morro. –Bien… ya está, tranquilo… -caminé al lado del animal, conduciéndolo hacia una de las puertas que hay en la arena, algo más pequeñas que la principal y de acero, dónde descansan los dragones antes o después de salir a entrenar. Nico se dirigió a toda prisa hacia mí y me abrazó.
-¡Gracias!
-¿Qué ha pasado?
-Eric me ha dicho que el dragón me haría caso en todo lo que yo le… -no escucho el final de la frase y camino deprisa hacia el grupo de chicos que han observado el "espectáculo", entre los cuales se encuentra el causante de todo.
Intenté abalanzarme contra él cuando dos de sus amigos me sujetaron.
-¿¡Y a ti que te pasa!? –grito. –Y vosotros, ¡dejadme en paz!
-Oye, relájate, ¿quieres?
-Ni se te ocurra decirme lo que tengo que hacer, pedazo de imbécil. ¿En qué pensabas? ¡¿En matarle?!
-Estaba todo bajo control.
-¡Sí, ya lo veo!
-Vete de aquí.
-¡Porque tu lo digas!
-No, por qué aquí solo venimos los jinetes, y tú ya no lo eres.
-Soy mejor jinete que tú.
-Sí, ¡con un dragón muerto! Jajajaja. –entonces apareció Sparky detrás de mí y, arañándoles las piernas, me libró de los chicos que estaban sujetándome. Un par de segundos fueron suficientes para que yo pudiera asestarle una patada en las costillas a Eric y dejarlo tumbado. Cogí al pequeño dragón en brazos mientras los amigos de aquel indeseable lo ayudaban a levantarse.
-Nico, vámonos. –le agarré la mano y nos fuimos.
Una vez en casa le dejé a Sparky entre los brazos.
-¿Qué llevas en la boca? –le preguntó al animal.
-Eso es mío, pequeño ladrón… -Soltó el papel sin oponer resistencia alguna.
-¿Qué es?
-No lo sé. –empiezo a desplegarlo hasta que dejo al descubierto una fotografía… una fotografía mía con Víctor y… con un Furia nocturna.
-¿Ese es…?
-Sirius. Sí. –doy la vuelta al papel y veo un texto escrito. Es la letra de Víctor: una letra bonita y fina, al contrario que la del resto de chicos u hombres de la aldea.
No fue culpa tuya, Leonora… Lo siento.
-¿Por qué dice que lo siente?
-Ah, no, por nada… cosas nuestras. –pliego de nuevo la foto y la meto en mi bolsillo.
-¡No os he oído llegar!
-¡Adán! –Nico aún no le ha visto desde que se marchó, de modo que se lanza a sus brazos. –No salgáis más por hoy. Ya está anocheciendo.
-Está bien.
-Vale.
Me fui al dormitorio y, tumbada boca arriba de nuevo, observé la foto una vez más.
Cinco años… culpándome por algo que no tuvo nada que ver conmigo ni con nada que yo hubiera hecho… aunque no sé que es peor, culparme a mí o saber que parte de culpa la tuvo mi mejor amigo.
-¡Leo, a cenar!
-¡Voy! –contesté a Nico mientras dejaba la fotografía sobre la cama y me dirigía al comedor.
Tras la cena todos nos quedamos en nuestras respectivas habitaciones y en poco tiempo la casa quedó en silencio.
Me quité la ropa y me metí en la cama. No hacía nada más que revolverme en las sábanas una vez, y otra… sin lograr conciliar el sueño… solo pensaba en Víctor, y en Sirius; en todo.
Mañana iré a hablar con Víctor. Sí, eso mismo…
Podría volver a montar algún dragón… ¿no? Hoy en la arena no he estado tan mal con aquel Nader… pero ¿qué digo? Sería como traicionar a Sirius… no puedo… ¡¿Qué es eso?!
Vi a través de la ventana unas luces tintineantes color violeta. Me puse una camisa blanca de mangas anchas y un corsé de cuero no muy ajustado; además de los pantalones cortos que había llevado aquel día y las botas, por supuesto.
Salí de casa en silencio, sin despertar a nadie. Salí a la calle. Todas las luces de la aldea estaban apagadas, pero aquellos destellos… brillaban como si nada. Guiada por la curiosidad me metí en el bosque, siguiendo las intermitentes luces.
Llegué hasta un lugar extraño. Nunca había visto aquel sitio: en medio del bosque un agujero inmenso se abría paso entre la tierra, y al fondo se encontraba un precioso lago, lleno de tintineantes motas plateadas en el agua.
Me sobresalté al ver que una pequeña bola de energía púrpura salía de un agujero en la pared de la depresión e impactaba sobre el agua.
No entiendo nada…
Intenté bajar allí a ver qué era lo que estaba sucediendo. Hice uso de las muecas en la roca y las raíces que sobresalían de ella para bajar con cuidado. Pronto pisé el suelo con el máximo sigilo. Corrí hacia un tronco muy grueso tumbado al lado del lago. Una vez allí me agaché e intenté descubrir que estaba pasando.
Coloqué ambas manos sobre el tronco y, poco a poco, levanté la cabeza. Miré hacia la cueva y en un instante se abrieron unos grandes ojos amarillos; parpadearon una vez y se desvanecieron en la oscuridad del agujero.
-… -Cogí una bocanada de aire y me agaché de nuevo.
No, no, no, no… que no sea un dragón, que no sea un dragón… Estoy perdida…
Tras apoyarme en el tronco para sentarme, esté rodó un poco. Intenté pararlo, pero la madera solo crujía y lo solté para no hacer más ruido; pero todo fue en vano… éste acabó cayendo al lago. No había mucha profundidad, no se hundió del todo, pero había sido igual de ruidoso.
Desprotegida, miré de nuevo hacia la cueva. Y allí estaban aquellos ojos incisivos, mirándome. El miedo había paralizado todos y cada uno de mis músculos, por lo que permanecía de rodillas en el suelo, esperando lo peor.
Pronto un hocico oscuro se asomó desde la cueva… unos dientes no demasiado grandes, y después toda una cabeza, un corto cuello y al final, el resto del cuerpo de un Furia nocturna.
Joder, no…
El animal se acercó desconfiadamente y mostrándome sus dientes. Me levanté y retrocedí unos pasos. Él lanzó una bola de plasma al suelo, a dos metros de mí; la onda expansiva logró desequilibrarme y hacerme caer al suelo, casi al agua. Miré y en ella nadaban varios peces.
A Sirius le encantaban…
*Mortífero Nader: Recuerda a un ave; se posa en sus patas traseras y sus alas están en sus brazos. Posee unos ojos pequeños pero una aguda vista de halcón, herramienta que usa para acechar a sus presas. Su cuerpo es de un vivo color azul con la panza color crema; sus alas y las franjas en su cola son de color amarillo. En frente de sus ojos, sobre la nariz, tiene un cuerno curvo y sobre su cabeza, una corona de cuernos rectos. Cubriendo su cola, se despliegan hileras de espinas venenosas que puede lanzar a su objetivo; cuando está en calma, éstas se mantienen planas, pero en cuanto el dragón se ve amenazado o alarmado, se abren para ser disparadas contra el enemigo. El Nader también es capaz de escupir llamas de magnesio y posee un punto ciego justo en frente de la nariz.
Pd. ¡GRACIAS A LOS LECTORES! Espero que os haya gustado el capítulo (y que dejéis alguna review ;))
Nos vemos pronto (o, al menos, eso espero)
~Tamashi neko
