Por fin puedo volver a publicar un nuevo capítulo... TTuTT los estudios ocupan una grandisima parte de mi tiempo (;-;) pero hago lo que puedo para seguir escribiendo.

Bueno pues... ¡aquí está! espero que os guste lo suficiente como para seguir leyendo la historia ;)

Como siempre, agradezco cometarios, críticas, opiniones, sugerencias y demás en las reviews :D

Gracias a los lectores :*


Diario de una jinete, capítulo 6

Dirigí una mano al agua y saqué deprisa un pez plateado. Se lo lancé al dragón y éste, tras olisquearlo, lo engulló. Entonces retractiló sus dientes, demostrando que no se sentía amenazado ante mi presencia. Eso me tranquilizó bastante.

Me acerqué un poco a él y aquellas pupilas negras no dejaban de seguir mis movimientos. Cuando estuve delante de su hocico, acaricié la parte inferior de la mandíbula; el dragón entrecerró los ojos y ronroneó mientras dejaba caer el peso de su cabeza sobre mi mano.

De pronto, un calambrazo me recorrió el cuerpo, empezando por la mano con la que estaba acariciando al animal.

No puede ser…

Me alejé de él mientras me miraba extrañado.

Pero… ¿Y si lo es…?

Me alejé un poco más mientras el animal permanecía de pie, mirándome.

-Bien… -Adelanté mi brazo derecho y después lo dirigí a la derecha. El dragón desplegó su ala izquierda, a modo de espejo, imitando parcialmente el movimiento. –Dios… no, no puede estar pasando. –Repetí la acción con el brazo izquierdo y el dragón me imitó de nuevo. Estaba casi segura de que aquel dragón era Sirius, pero necesitaba ponerlo a prueba una vez más; manteniendo esa posición, silbé cuatro notas: sol sib la re.

Entonces el furia nocturna se tumbó en el suelo, manteniendo las alas abiertas hasta que yo bajé mis brazos y él repitió la acción.

-¿Sirius…? –Por fin reaccionó. Primero abrió de golpe sus ojos y sus oscuras pupilas se dilataban a la vez que iba acercándose dando dos brincos hacia mí; cuando lo tuve delante me dio un lametón de arriba abajo.

-No me lo creo… -las lágrimas que mi felicidad derramaba me empapaban el rostro y ahora no había nadie ni nada más en el mundo que él y yo.

Pasé la noche en la cueva con Sirius, acurrucada bajo una de sus alas. Cuando abrí los ojos de nuevo el alba empezaba a despuntar tras las montañas. Miré al dragón y su mirada me preguntaba qué haría.

La mía fue una decisión muy rápida y precipitada; me atrevo incluso a decir que fue temeraria.

-Sirius, nos vamos a casa.

Me subí a su lomo y me sacó de aquella depresión del terreno. Me llevó a cuestas hasta la salida del bosque; allí bajé.

Caminé a su lado hasta llegar a la parte trasera de mi casa (que quedaba en la zona contraria al centro de la aldea), y una vez allí entré por la ventana a mí habitación, situada en la primera planta. Allí me encontré con la incisiva mirada de Adán, quien exigía claramente una explicación sobre lo que acababa de suceder.

-Adán, no vas a creértelo…

-No, no me creo que vuelvas ahora a casa y con la ropa tan sucia.

-Pero…

-No hay pero que valga.

-Escucha, yo… -intenté explicarle, sin embargo él ya salía de la habitación. Silbé y llamé su atención de nuevo. – ¡Te estoy hablando!

-De acuerdo… ¿qué? –Me retiré de la ventana para mostrarle al dragón.

-¿Dónde lo has encontrado?

-En el bosque.

-Tienes que acompañarlo de vuelta a su casa.

-Adán, ESTA es su casa.

-Leonora…

-ES SIRIUS.

-Sirius está…

-No lo digas. Mira. –salí de nuevo por la ventana y, mientras mi hermano miraba a través de ella, realicé los trucos que había ejecutado antes en el bosque. -¿Lo ves? Es él.

-Dios mío… ¿Pero… pero cómo?

-No lo sé, pero aquí está. –Adán por fin entró en razón y pude ver reflejada inmensa felicidad y esperanza en sus ojos. Segundos después apareció mi hermano detrás de mí y con Sparky en sus brazos.

-¿Y ese dragón?

-Nico, te presento a Sirius.

-Es… ¿es él?

-Sí. –y yo no podía dejar de sonreír.

El pequeño Terrible Terror se acercó a Sirius y tras un instante de desconfianza, ambos congeniaron estupendamente.

-Es increíble… -recalcó Adán. –Y bien… ¿Te traigo tu silla?

-¿Aún la tienes?

-Claro que sí. –Se adentró en la casa, alejándose de la ventana. Oí como sus pasos subían las escaleras y llegaban a su dormitorio, al lado del de Nico. En un par de minutos regresó con nosotros llevando una pesada silla de cuero en sus brazos. La colocó entre el lomo y el cuello de Sirius y yo la sujeté a su cuerpo haciendo uso de las gruesas correas de cuero que había cosidas a la montura. –ya está.

-Muchas gracias. –estaba impaciente por volver a volar.

-Ten cuidado. –se preocupó Adán, mientras yo subía a la silla.

-Lo tendré. –me agarré a la montura a la vez que me acercaba al borde del acantilado que había unos pocos metros al oeste de la aldea. Mis hermanos me acompañaron hasta allí. Les dediqué una mirada que preguntaba "¿podré hacerlo?" y ambos asintieron mientras sonreían.

Lancé la vista al agua que había a los pies del precipicio.

-¿Listo? –Sirius giró la cabeza y afirmó con la cabeza. –Está bien. Vamos allá.

El dragón dio un salto y se precipitó al agua. Y tuve miedo. Fue de los peores ratos que he pasado en mi vida. Pero todo se calmó cuando empezamos a sobrevolar las olas con suavidad. Cuanto echaba de menos aquella sensación…

Pronto volvimos a subir y nos dedicamos a realizar acrobacias aéreas sobre la arena dónde entrenaban los jóvenes. Era gracioso ver como todos miraban estupefactos a un furia nocturna sobrevolando sus cabezas.

-¡Leo! –una voz aguda me llamaba. Eché la vista abajo y vi a Sarah, quién parecía tener el tamaño de una hormiga.

Le pedí a Sirius que bajáramos y en menos de un minuto habíamos vuelto a aterrizar.

-No me lo puedo creer… ¡Eres tú! Y… ¡y él! –hablaba sorprendida mientras yo desmontaba.

-Sí… aquí estamos otra vez.

-¿Pero cómo ha…?

-No lo sé. Solo sé que sobrevivió.

-Pero ¿Y estos cinco años? ¿Dónde ha estado?

-Sarah, sé lo mismo que tú.

-¿Estás segura de que es él?

-Sí. No tengo la menor duda.

-Dios mío… es increíble.

-Sí, sin embargo, aquí estamos. –ella permanecía perpleja. –Oye, ¿por qué no vas a buscar a Quimera y volamos las dos un rato?

-¿Me acompañas? Es que duerme en una de las mazmorras de la arena…

-¿Dejas que practiquen con ella?

-No, no, no. Ni hablar. Es tan solo que… ya sabes los riesgos de tenerla en casa…

-Ah, claro… pues sí, vamos. –me giré hacia Sirius. –Tú también. –me golpeó suavemente el cuerpo con la cabeza mientras yo le acariciaba los laterales de ésta.

Los tres caminamos hasta llegar a la gran entrada de la arena. Empujé la puerta para abrirla y me topé con el grupo de amigos de Eric (incluyéndole a él) completamente desorientados en medio de una nube de humo, producida por unos dragones llamados Extinguehumos*.

-Madre mía…

-Jajajaj, vaya guerreros están hechos. –se mofaba Sarah, sin poder contener una carcajada.

-Sirius, ¿te importaría…?

El dragón comprendió mi petición. Se puso en pie sobre sus patas traseras y aleteó despacio pero con fuerza para dispersar el humo que se había juntado allí para dejar al descubierto a un montón de jóvenes desorientados y a seis pequeños dragones de cuerpo rollizo correteando juntos hacía la puerta de la mazmorra donde residían.

-Gracias.

El dragón volvió a dejar caer su peso sobre las cuatro patas mientras alzaba la cabeza, orgulloso de su éxito.

-Esperad aquí. Iré a por Quimera y aprovecharé para dejar que los Extinguehumo puedan volver dónde quieren ir.

-De acuerdo. –Me quedé en pie, frente a Sirius, mientras el apoyaba la cabeza sobre mí pecho.


*Extinguehumos: se trata de una especie de dragón pequeña; de un tamaño aproximado al del Terrible Terror. Igual que a ellos, les gusta viajar en grupos y recolectar objetos brillantes (por los que sienten gran debilidad). Son de colores grisáceos con la panza negra. Poseen un cuerno nasal largo sobre su hocico y púas gruesas bastante separadas entre sí que les recorren el espinazo: des del cuello hasta en final de la espalda. En su cola, dichas espinas adoptan un color negro y resultan más finas y grandes.

Tiene deben destacarse sus amplias fauces y sus ojos amarillos con un pequeño arco negro debajo de ellos. Por su peculiar habilidad de exhalar humo, las personas siempre los han confundido con algún dragón de mayor tamaño o un "monstruo de la niebla". Además pueden escupir fuego, el cual usan a menudo para derretir los objetos metálicos que recolectan para proteger sus nidos de otros dragones. Cuando se sienten amenazados emiten sonidos metálicos para alejar a sus enemigos.


¡GRACIAS A LOS LECTORES, una vez más! :3 *besos*

~Tamashi neko