Capítulo II

La universidad

— ¿Te encuentras bien?

— Sí.

— Ayer en la fiesta, te busque pero nadie supo darme razón de ti. — dijo Alice con una nota de resentimiento en su voz.

— No me sentía bien, me fui temprano — replique automáticamente.

— Pero, ¿ya te sientes mejor?

— Te dije que sí.

Llevábamos dos horas y media de viaje y era la primera vez que hablábamos desde que se había subido al carro.

— Pero… ¿porque te fuiste así de repente?

— Dime si ves una gasolinera cerca porque estamos rodando con el depósito casi vacío.

— ¿No lo llenaste ayer?

— Obviamente no, o no tuviéramos que parar. ¿No crees tú?

— Lo siento — se disculpó bajando la mirada.

— Tranquila.

— Me refiero anoche… me di cuenta... debí buscarte pero… no quería saberlo. Sé que piensas que no te creo, pero no es así. Todo lo que dices sucede.

— ¡Mierda! Me pase el cruce. Revisa el mapa a ver cómo podemos devolvernos.

— Te estoy hablando Bella...

— Y yo no pienso volver hablar de eso de nuevo. Ayer me di cuenta de algo…

Quería decirle, quería poder desahogarme en voz alta pero no podía hacerlo, así que decidí poner mis pensamientos en una cajita y guardarla en el rincón más oscuro de mi mente donde no tendría que salir de nuevo.

— ¡Allí! — dije en voz alta, asustando a Alice que esperaba aun que termina de forma la oración.

Di la vuelta en U y volví a la autopista. Asegurándome esta vez de agarrar el desvío. Haciendo una breve parada en una gasolinera un poco desierta y luego de cuarenta y cinco minutos de silencio más, llegamos al campus universitario.

Tendría que ser el día más feliz, tanto tiempo esperando estar en la universidad y ahora no sentía nada. Me detuve, pues el pensamiento que seguía al porqué de mi falta de entusiasmo lo había guardado en una cajita que se suponía que no debía abrir ni tocar.

— Es genial Bella. — los ojos de Alice brillaban de emoción y una enorme sonrisa cruzaba por su rostro.

Y los era. El exceso de carros entrando en el campus en ese momento ponía lenta la circulación, pero ayudaba a detallar la universidad. Variedad de personas caminaban por las calles, de vez en cuando unas que otras se saludaban con entusiasmo. Otras por el contrario se veían completamente perdidas y miraban en todas las direcciones.

— Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarles? — pregunto la recepcionista. Nos encontrábamos en la dirección, un pequeño edificio situado al norte de la universidad.

— Acabamos de llegar y queríamos saber cómo es el procedimiento. Hacia donde debemos dirigirnos primero, también ayuda para las residencias...

— Deben registrarse en el piso 1 y luego con la ayuda de este pequeño mapa — dijo sacándonos un pequeño papel, donde se podían apreciar las instalaciones de la universidad — diríjanse al edificio donde se lleva la administración de las residencias, allí les explicaran como y donde se pueden instalar y como es el pago.

— Gracias

Fue un poco complicado subir las escaleras con un montón de universitarios que seguían las misma instrucciones que nos había dado la recepcionista, ya que las escaleras eran estrechas y fue un alivio cuando llegamos al final de ellas. Alice me seguía de cerca irritada por el gentío y calor que hacía.

— Por favor una fila. Los nuevos ingresos hacia la derecha por favor y los que vienen a buscar los horarios de clases hacia el piso dos — decía con una voz un poco alterada ya por la falta de atención que ponían los jóvenes.

Nos colocamos detrás de un chico de cabellos negros. Me costó un poco darme cuenta porque me llamaba la atención.

— ¿Jacob?

— ¡Isabella! ¡Alice! pensé que ya estarían instaladas. Llame a tu casa antes de salir y tu madre me dijo que ya se había ido… — paro de hablar en cuanto vio la sorpresa en mi rostro.

— Jake… acabamos de llegar — dijo Alice con entusiasmo — el campus es hermoso… ¿no es cierto? No puedo esperar para instalarme y poder caminar por el…

— Tendrás todo un año para caminar por el campus Alice… así que no te preocupes por eso… ahora lo importante es encontrar una residencia, no quiero tener que conducir dos horas todos los días para ir a clases…

Estuvimos una hora de pie en una cola que se movía a paso de tortuga, el calor y el bullicio de los demás chicos a nuestro alrededor me tenían sofocada. Además Jacob no me quitaba ojo de encima. Tenía la impresión de que quería decirme algo importante, pero no era el momento o el lugar para hacerlo así que se reprimía, y las conversaciones entre los tres siempre fueron banales.

Cuando por fin llegamos y pudimos registrarnos ya pasaba de medio día, y el estómago me rugía por el hambre.

— El único documento que si debes retirar mañana es el horario, aun no nos han hecho llegar el de los nuevos ingresos. Lo siento. Deberás venir mañana antes de que empiecen las clases — dijo la rubia recepcionista con cara de pena, mientras me daba todos mis documentos, incluyendo mi nuevo carnet universitario.

— Esta bien, muchas gracias. — estaba a punto de retirarme cuando recordé una última cosa — Me dijo que la administración de residencias era por…? — pregunte con una sonrisa de disculpa.

— Yo te puedo acompañar hasta las oficinas si quieres… — una voz sumamente masculina y sensual interrumpió a la recepcionista cuando iba a contestar.

No tenía que voltear para saber de quién era esa voz. Tampoco era que la hubiera escuchado múltiples veces. La opresión en el pecho y el pitido en los oídos habían vuelto. Estaba segura que el chico que se encontraba detrás de mí era Edward. Solté un suspiro y me gire confirmando lo que mi don ya me había dicho.

— Oh… Edward… hola… como… ¿cómo estás? — la voz de Alice sonaba asombrada y encantada a la vez.

— Alice, preciosa. No te había visto — dijo Edward acercándose a Alice con soltura y dándole un suave beso en la comisura de los labios. Ese pequeño gesto me causó molestia aunque no estaba segura del porqué. Antes de que tuviera tiempo para analizarlo Jacob hablo.

— Deberíamos ir a la registrarnos en las residencias. Hemos perdido mucho tiempo ya. — dijo mientras cargaba sus dos maletas escaleras abajo. Lo seguí sin mucha prisa.

En cuanto el aire fresco del campus toco mi rostro sentí alivio. Saque el mapa de mi bolsillo ya que me negaba a pedirle ayuda a Edward. Estuve unos minutos girándolo de un lado hacia otro. Por Dios… no es posible que no pueda leer un mapa. Jacob se colocó detrás de mí para poder ver el mapa también. Después de un par de minutos lo encontramos.

— ¡Allí esta! — dijo con una sonrisa de triunfo — y aquí estamos nosotros… solo un par de calles. Vamos, sigue mi carro Bella. — dijo rápidamente mientras subía al puesto del piloto de su Sedan h530 negro, obsequio de su generoso padre por su cumpleaños.

Me apresure a mi carro. Mientras más rápido nos registráramos, más rápido podría ir a comer. En cuanto estuve dentro del carro, me gire buscando a Alice. La vi aun frente a la puerta del edificio hablando con Edward animadamente. Él estaba inclinado ligeramente hacia ella, totalmente interesado en lo que estaba diciéndole en ese momento. De pronto la mano de Edward coloco un mechón de cabello suelto de Alice detrás de su oreja haciendo que ella se sonrojara. Ese simple gesto me molesto, mucho más que el anterior. Toque la corneta como posesa para que Alice me prestara atención y se subiera al puto carro o juro que la dejaría.

Ella se sobresaltó y miro alrededor buscando la fuente del sonido. Hasta que sus ojos dieron conmigo. Le hice señas con la mano para que viniera. Ella frunció el ceño por un momento de giro hacia Edward y después de unos segundos camino hacia el carro.

— ¿Que pasa contigo? — pregunto irritada.

— Muero hambre, quiero registrarme, dejar mis maletas e ir algún sitio a comer. — respondí en el mismo tono irritable.

Estuvimos en silencio unos minutos mientras seguía de cerca el auto de Jacob. Después de un par de cuadras nos detuvimos frente un edificio pequeño de aspecto descuidado que decía en letras enormes "Departamento de Residencias". Baje seguida de una Alice aun molesta.

La atención de la recepcionista fue un poco más rápida que la anterior y me hubiera caído mejor si no hubiera pasado los treinta minutos que pasamos allí comiéndose a Jacob con los ojos y haciéndole insinuaciones sobre visitas guiadas por el campus. Zorra. Nos explicó cómo era el procedimiento para el pago mensual, las normas de convivencia y donde estaban las instalaciones. Y en cuanto nos entregó el ultimo papel me di media vuelta sin siquiera darle las gracias.

— Increíble, no se permite el insumo de alcohol en las instalaciones, no se permite escuchar música después de las diez de la noche, no se permite el acceso de personas del sexo opuesto… — la voz de Jacob se convirtió en un susurro y no pude evitar soltar un risita por la cara de horror que tenía — ¿que se supone que debemos hacer? ¿estudiar?...

— Eso es solo una referencia, la mayoría de esas normas seguro que no se llevan a cabo. Aunque no está demás saber cuáles son.

No me importaban demasiado las reglas en esos momentos, lo único que pedía mi cuerpo era comida y descanso. Gracias a los cielos los chicos también querían comer o los hubiera abandonado allí mismo. Estuvimos caminando unas cuadras en modo exploración ya que todo era completamente nuevo para nosotros. Pasamos frente a una par de fraternidades unas más arregladas que otras, una llamo particularmente mi atención ya que su insignia colgada en todo el frente, estaba bordada en puro dorado, "Kappa Alpha". Un grupo de chicos se reunían en el pórtico de la casa y no dejaban de bromear y reír. Nunca había pensado en unirme a una fraternidad cuando pensaba en la universidad. Siempre imaginaba las residencias y lo genial que era estar fuera de casa y ser totalmente independiente. De alguna forma también intentaba huir de lo que no podía, de mi don. Frene de pronto mis pensamientos ya que no quería dejarme llevar ya que seguro terminaría deprimida. Al final de la calle se podía vislumbrar una pequeña pizzería. Así que acelere el paso seguida de Jacob y Alice que no dejaban de mirar alrededor y disfrutar del ambiente. Caminaba con la vista fija en la pizzería y metida de lleno en pensamientos por lo que no me di cuenta del grupo de chicas que salían de una de las hermandades, hasta que termine llevándome por el medio a una rubia alta de ojos claros y derramando la bebida que llevaba en su mano sobre ella.

— ¿Se te es muy difícil mirar por dónde caminas? ¡Idiota! — dijo fulminándome con la mirada

— Lo siento. No te he visto… venia totalmente distraída… yo… lo siento mucho… — musite mientras con movimientos torpes intentaba de algún modo limpiar la bebida en su minúscula blusa.

— No me toques. No harás más que empeorarlo.

— Oye tranquila — Alice se había puesto a mi lado derecho y miraba a la chica fijamente. Ella sí que no se dejaba intimidar por nadie. — ha sido un accidente, seguro que podemos llevar tu blusa a lavar y la dejaran como nueva…

— Si, de verdad lo siento mucho…

— Tranquila Tanya. Ha dicho que lo siente. — intervino una hermosa rubia alta de ojos azules que me miro con pena.

— Rose, ha dañado mi Dolce & Gabbana, el vino tinto mancha la ropa — dijo con furia contenida — ¿Que pensara Edward de mi cuando me vea mojada de esta forma?

Mis ojos se abrieron con sorpresa y pude escuchar la nota de sorpresa de Alice. Claro que podría no sea el mismo Edward. Tampoco es que fuera un nombre muy exclusivo… mis pensamiento se vieron interrumpidos cuando una opresión en mi pecho me bloqueo un poco el acceso del aire a mis pulmones, el pitido en mis oídos lo siguió de manera inmediata y la sensación de vértigo termino de completar el triángulo angustioso como lo había bautizamos un par de meses antes. Intente con mucho esfuerzo concentrarme en cuál de las chicas detrás de Tanya era la que me causaba la conmoción y entonces la vi. Una chica morena de cabellos castaños me miraba con cara apenada detrás de Tanya.

— Debo cambiarme no puedo salir a ningún sitio así… — Tanya se dirigió hacia la entrada de su hermandad y tropezando mi hombro en el camino, seguida de casi todas las chicas.

— Ey no te preocupes… puedes pasarle a cualquiera. Tanya siempre tiende a hacer un drama de todo cuanto pasa a su alrededor. — dijo la rubia de ojos azules — Por cierto soy Rosalie Hale. ¿Y ustedes son…?

— Jacob Black... un placer — intervino Jake hablando por primera vez desde que comenzó el incidente. La rubia sonrió ligeramente y dirigió su mirada de nuevo a mí.

— Isabella Swan, acabamos de llegar y estábamos yendo a almorzar… — dije ya que mi la sensación de malestar aun no sea había ido, más que todo porque la chica todavía seguía detrás de Rosalie mirándonos fijamente a los tres.

— Alice Brandon… ¿Y tú eres…? — pregunto dirigiéndose a la chica causante de mi sufrimiento.

— Ángela… Ángela Webber — dijo tartamudeando un poco al hablar y sin ofrecer su mano a diferencia de como lo había hecho Rosalie. Aunque le agradecí el gesto ya que no podía imaginar la sensación que tendría de tocarla, seguramente terminaría desmayándome. Ese si sería un final dramático.

— Bueno ha sido un placer… supongo que nos estaremos viendo por el campus… — dije vagamente concentrada en jalar por las mangas disimuladamente a la los chicos para alejarme lo más posible de la Ángela a la que por alguna razón me parecía incluso familiar.

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Después de comer hasta saciarnos, decidimos ir a las residencias e instalarnos. Luego volveríamos a pasear por el campus para tener una mínima idea de donde estaban las facultades, la biblioteca y cada una de las instalaciones del campus. No quería empezar mis clases perdiéndome cada vez que salía de un edificio, aunque seguramente pasaría más de una vez.

No seguimos el mismo camino de regreso ya que me negaba a volver a toparme con Tanya, incluso pensaba resaltar con rojo esa calle en el mapa que tenia del campus. Estaba vetada para mí. No solo por Tanya, sino también por la chica. Aun no entendía porque me parecía familiar… estaba segura de haberla visto antes. Pero sin preguntarle de donde era, tenía aún menos posibilidades de saber dónde la había visto.

Las residencias constaban de cinco pisos cada edificio y cada uno estaba identificado con una letra del alfabeto. Alice y yo compartíamos habitación y estábamos designadas en el edificio E cerca de una pequeña cafetería. Estacione el carro lejos del edificio ya que no había muchos puestos disponibles y entramos. El edificio tenía un aspecto agradable y acogedor tanto por fuera como por dentro. No había ascensor así que tendríamos que subir caminando. Suerte que estábamos en el 101. Las habitaciones también eran espaciosas.

— Esta será mi cama — dijo Alice lanzando su bolso encima de la cama que estaba a la derecha de la habitación.

Mire la mía, estaba justo pegada de la ventana. Tendría que mantenerla cerrada si no quería vivir con una eterna gripe. Pasamos las siguientes dos horas desempacando un poco y ambientando el cuarto, hasta que mi celular vibro al recibir un mensaje de texto.

Chicas no me abandonen. Estoy listo para dar una vuelta por el campus. Y no pienso ir sin ustedes. Quiero empezar este año de universidad caminando con dos hermosas mujeres, una a cada lado de mi brazo. Así que bajen. Estoy frente a su edificio.

Sonreí mientras leía el mensaje. Pensé que Jake nunca volvería a hacer el mismo conmigo. Pero al parecer algo había cambiado luego de la breve conversación que habíamos tenido en su fiesta. Aunque sabía que quería decirme algo, era evidente que esa distancia que había hecho el mismo una vez, la estaba borrando. Como si nada hubiera pasado, me preguntaba si era así de fácil. Si yo también podría abrirme completamente a él de nuevo como si no hubieran trascurrido meses.

— Jake nos espera. ¿Estas lista? — Alice estaba frente al espejo del guardarropa girándose una y otra vez. Asegurándose verse bien desde todos los ángulos.

— Sí. — sonrió con picardía. Mientras tomaba su bolso y abría la puerta de la habitación.

Al salir de las habitaciones había más revuelo que antes. Alice detuvo a una chica pelirroja que bajaba las escaleras algo entusiasmada para preguntarle porque tanto alboroto.

— Está por comenzar la fogata de bienvenida. — la miramos sin entender. La chica suspiro — Todos los años, el domingo antes del inicio de clases hacen una fogata al sur del campus. Hay un pequeño bosque espeso que permite que el ambiente sea privado. Y así la universidad no se da cuenta. — explico mientras un grupo de chicas bajaban rápidamente las escaleras. — claro la universidad deben tener una idea... sucede todos los años y desde hace mucho. Supongo que hacen la vista gorda ¿vendrán?

— Claro… ¿nos guiarías? — Alice sonrió a la chica con complicidad.

Jacob se nos unió enseguida en cuanto le dijimos a donde queríamos ir. La chica se presentó a Jake ante mi asombro, sin pena alguna y poniendo la misma sonrisa coqueta de "estoy disponible" en el rostro, como la recepcionista rubia de la mañana, estaba empezando a odiar eso.

Me mordí el labio con rabia sacando un poco de sangre en el proceso. Mierda. No podía hacer ni decir nada, ya que Jake en realidad no era nada mío. Pero joder como daba rabia. Estúpida pelirroja. Alice y yo la seguimos mientras la muy zorra le sacaba conversación a Jake que no se lo ponía nada difícil y coqueteaba con ella. Cabron. Empecé a preguntarme si ahorcar pelirrojas saldría en las normas de la residencia que nos habían entregado.

Luego de treinta minutos de caminata ininterrumpida llegamos a la orilla de un bosque espeso. Leah la pelirroja zorrona como la había bautizado, siguió caminando con paso firme, hasta que después de escasos minutos comenzamos a escuchar la música, después de un pequeño encontronazo con unas ramas que se negaban a dejarme pasar llegamos a un amplio lindero. Había bastante gente en él, en pequeños grupos. Pude reconocer a Tanya con su grupo de amigas cerca de un árbol con vasos de que lo parecía cerveza y riendo entre ellas. Leah se despidió de Jake guiñándole un ojo y diciéndole que tendría que darle un baile, y nos abandonó para dirigirse a un grupo de personas.

Jake, Alice y yo caminamos hasta el otro extremo del lindero sin separarnos, pasando por un montón de grandes troncos cortados unos encima de otros, donde supuse prenderían la hoguera. Era tan amplio que dudaba que la universidad no supiera nada de ella, claro que se hacían la vista gorda, tal vez permitiendo que los alumnos tuvieran sus propias tradiciones siempre y cuando no hubiera incidentes graves.

El bullicio de las personas ceso de pronto con una señal que yo no había visto ni oído, las personas miraban en una misma dirección, cuando seguí sus miradas, pude ver a un chico montado en una gruesa rama de un alto roble, se giró para quedar frente al grupo de estudiantes reunidos.

Cuenta una vieja historia, que hace muchos años en estos mismos terrenos, llegaron un grupo de demonios, monstruos crueles bebedores de sangres y asesinos. Que exterminaron con gran parte de los estudiantes que residían aquí. Un grupo de valientes jóvenes decidieron unir fuerzas y luchar contra ellos… algunos cayeron en el intento, mientras otros no desistieron en su afán por alejar de aquí a los monstruos que le robaban la vida a sus hermosas mujeres. Cuando por fin vencieron, decidieron hacer una fogata con los cuerpos y de esa forma abolir para siempre la oscuridad que una vez reino en estos terrenos. Kappa Alpha se une a la tradición y como todos los años, encendemos una fogata desde la puesta del sol — dijo señalando con un dedo al sol ya casi oculto — hasta su nueva salida. Con la finalidad de expiar al demonio, las brujas y ahuyentar a los malos espíritus, y de esta manera conmemorar los acontecimientos sagrados aquí ocurridos… — encendió con la antorcha una gran esfera que descendió por una cuerda invisible para mis ojos debido a la oscuridad, hasta llegar al montón de leña. Y encendiendo la fogata, el fuego creció rápido y crepito con fuerza cuando estallaron en aplausos y vítores.

Vi al chico descender sin problemas y en cuanto empezó a caminar supe que se trata de Edward, el sentimiento en mi pecho volvía, cada vez era menos fuerte y no sabía si era que me estaba acostumbrando o era que el futuro de ese chico de cabellos cobrizos iba a cambiar. Por el bien de él y para mi paz interna esperaba que fuera lo segundo. Debió sentír mi mirada sobre el porqué se giró y sus ojos encontraron los míos. Vi la intención de dirigirse hacia donde estaba, pero una mano en su brazo lo distrajo. Pude ver la melena de Tanya ondear y como su mano bajaba y subía por el brazo de Edward. Maldito pica flor. Primero Alice y ahora Tanya. ¿Cuantas más? Me gire indignada para encontrarme con la mirada de Jacob que me veía con curiosidad. Levanto una ceja hacia mí y respondí dándole un manotón en el brazo.

— La historia estuvo alucinante — dijo Alice con sus ojitos brillando de emoción. — ¿creen que sea verdad todo eso que conto?

— Nah… seguro es puro cuento… solo para entretener y tener una excusa para una última fiesta hasta del inicio de clases… — respondí aunque ninguno de los dos me prestaban atención. En el fondo desee que la hoguera pudiera alejar todos esos espíritus visibles para mí y así poder tener un gran año de universidad.

— Iré por algo de beber — murmuro Alice dando un respingo como si le hubieran dado un pellizco en el trasero.

— Yo prometí un baile, y no pienso romper promesas… — dijo Jake dejándome completamente.

Comencé a pasear por entre la gente sin rumbo fijo por un par de minutos. La fiesta estaba en su apogeo y no había vuelto a ver ni a Jake ni Alice desde que me había dejado sola. Vi a Ángela en un grupo de chicas y la mire fijamente intentando encontrar la conexión. Sabía que la había visto en algún sitio. Su rostro, me parecía tan familiar pero no daba con el motivo. Estaba tan ensimismada que cuando sentí la opresión en mi pecho ya era tarde, Edward estaba frente a mi ofreciéndome un vaso, con una sonrisa torcida que hubiera hecho que el corazón de cualquier chica se detuviera, haciendo a su vez que las pantys se humedecieran irremediablemente.