Importante: ni naruto ni sus personajes me pertenecen...
pero la historia es totalmente MIA...
Este es mi primer fic.
Por favor dejen sus comentarios, ya sea una crítica o algo a favor, espero que les guste y si tienen alguna idea haganmela saber.
Sin más aquí está el tercer capítulo de esta historia, ahora el día contado desde la perspectiva de Gaara
CAPÍTULO III
"Fantasías y obsesiones"
Luego de que la chica, Hinata, desapareciera de su vista, Gaara bajó del árbol, pues se había dado por vencido con su lectura, no lograba concentrarse. Extrañamente la imagen de la ojiperla se le había quedado grabada en la retina.
Era muy bella, de eso no cabía duda, pero no era esa la razón por la que no la quitaba de su mente, era algo más profundo, sus ojos, quizás, que eran puros, no sólo por el color, sino que además parecía que ella era incapaz de ocultar algo, como un libro abierto.
Gaara sonrió irónico al pensar en esto, ya que a pesar de tener uno abierto en la mano era incapaz de leerlo.
Pero en sus ojos también se veía algo de soledad, la misma que experimentaba él día a día.
Era extraño volver a hablar con alguien que no fuesen sus hermanos. En Sunagakure, su aldea natal, todos le rehuían. Cuando cumplió los diez años se dio cuenta de que no tenía amigos, a pesar de que muchos se acercaban a él, era sólo interés.
Fue doloroso darse cuenta de que él como persona no tenía valor para el resto, que sólo se le buscaba por el posible estatus que se les pudiera dar al ser amigos de Sabaku no Gaara, hijo de uno de los hombres más poderosos y ricos del país.
La primera vez que se percató de que algo raro pasaba con sus "amigos", fue el día de su cumpleaños número diez. Ahí fue cuando escuchó a dos de sus supuestos amigos hablando sobre las cosas que ganaban siendo sus amigos, como cierta distinción entre sus compañeros de clase, e incluso entre los profesores.
Aunque en aquel momento no le dio demasiada importancia, seis meses después ocurrió un accidente que lo hizo rechazar a todo aquel que se le acercara, incluso, durante algunos años, a su propia familia.
Y apenas cumplió los trece, se hizo el tatuaje en la frente, para demostrarle a todo aquel que se le acercara que él no confiaba en nadie, que no quería a nadie, que no le importaba nadie, solo si mismo, y nadie más. Se volvió violento y se vio envuelto en varias peleas con delincuentes, en las cuales siempre salía victorioso.
Era implacable y despiadado, o al menos lo fue hasta hace tres meses, cuando conoció a un chico que estaba de paso por Suna, Uzumaki Naruto, un rubio que, había sufrido las mismas penas que él, los mismos engaños y los mismos rechazos, pero que aun así seguía sonriendo, y más aún, tenía amigos, verdaderos amigos.
Por esta razón Gaara no tuvo problemas para mudarse a Kanoha, después de la muerte de su padre, él y sus hermanos eran los herederos de la gran fortuna de su padre, pero como aún eran menores de edad, esta estaba bajo la custodia de su tutor, Baki, quien, por razones de trabajo debía mudarse y no quería dejar solos a los hijos de su mejor amigo.
Todo era diferente en este lugar, de partida había árboles. Suna, al estar en medio del desierto era un lugar seco, caluroso y extremadamente falto de vegetación, totalmente lo opuesto a Kanoha, aquí todo era verde y el agua abundaba.
Habían llegado el día anterior a instalarse en su nueva casa, era una hermosa casa de estilo japonés, a poco menos de tres kilómetros de donde él se encontraba en aquel momento. Había salido a explorar la zona escapando de las ruidosas discusiones de sus hermanos, podían ser realmente molestos cuando se lo proponían, y sin darse cuenta fue a parar a la orilla del río, lo que más le llamo la atención, antes de la llegada de la Hyuga, fue el árbol de sakura, en el cual el viento jugaba con las hojas. Le justó la cadencia con la que se mecían las ramas, por lo que no dudó en subirse a una de ellas, para ver si él podía sentirse parte de aquel vaivén. Y lo que encontró fue algo más extraño, se sintió entre ambos, entre el viento y las hojas, sin ser parte de ninguno de ellos, pero no por eso rechazado, simplemente se sintió como un tercer componente del paisaje.
"Hyuga Hinata, ¿quién eres?, ¿eres tan angelical como luces?
El pelirrojo no pudo evitar hacerse estas preguntas mientras regresaba a paso pausado a su casa, la muchacha era muy linda, y era la primera vez que alguien atrapaba su atención de esta manera. Conocía a otras jóvenes muy hermosas en su aldea natal, y otras con una personalidad que era aún más atrayente que su aspecto físico, pero ninguna de ella había llamado su atención de forma especial. Apreciaba la belleza de ellas como lo haría con un cuadro o un paisaje como el que acababa de abandonar, pero la mujer que había aparecido trotando frente a él y que había bailado con el agua…
Se paró en seco al percatarse de su último pensamiento. "Eso es, ella no bailaba en el agua, bailaba con ella, el agua era su pareja en aquel baile, o lucha, aun no sé lo que era". Retomó su camino aun dándole vueltas a su reciente descubrimiento, lo que había hecho esa chica no lo había visto nunca.
Y fue entonces cuando se le ocurrió a Gaara. Esa era la razón por la que no se podía sacar a la peliazul de la cabeza, porque esa chica había hecho algo extraño, fuera de lo común, algo q no conocía, así que su obsesión con ella se debía seguramente a la curiosidad.
Más tranquilo al creer que ya sabía la razón de que Hinata no saliera de su mente continuó su recorrido hacia su nuevo hogar. Al llegar a la puerta, no alcanzó a abrir la puerta, pues su hermana mayor, Temari, ya la había abierto y lo miraba con cara seria.
— ¿Dónde estabas?, ¿Sabes lo preocupada que estaba?, ¿Cómo se te ocurre salir sin avisar? Al menos deja una nota para la próxima.
Gaara suspiró cansinamente. Una de las secuelas que había dejado su etapa de delincuente escolar había sido la preocupación de Temari, que se había agudizado tras la muerte de su padre. Y aunque jamás lo admitiría, Gaara agradecía esas muestras de cariño, eran una de las cosas que lo ayudaba a dejar de odiar al mundo.
hizo a un lado para permitirle la entrada, se quitaron los zapatos y entraron a la estancia donde se encontraba Kankuro viendo televisión.
—Está bien, pero para la próxima avisa, aún no conocemos bien la zona y no es recomendable perderse si todavía ni siquiera conocemos el nuevo número de teléfono.
—Déjalo en paz, Temari — intervino el hermano del medio —, sabes que Gaara tiene mejor sentido de la orientación que nosotros dos juntos — y luego se giró para dirigirse a Gaara que se había sentado en uno de los sillones que estaban en la estancia, el living fue una de las primeras habitaciones en ser amuebladas, junto con el comedor y la cocina, pues la mayor parte del día estaban en una de esas tres habitaciones—. ¿Viste algo interesante?
Por alguna razón Gaara no quería compartir su encuentro con la ojiperla con sus hermanos, sentía que eso pertenecía sólo a él y a Hinata.
—Algunos lugares bastante agradables —contestó escuetamente Gaara.
Y para evitar más preguntas se dirigió a la cocina para ayudar a su hermana con la preparación de la cena, aunque en realidad no cocinaba, se limitaba a lavar, picar o aliñar alguna verdura o legumbre, según las indicaciones de Temari.
Cuando ya no tenía nada que hacer en la cocina, se quedó observando a la mujer moverse por la cocina, e inconscientemente comenzó a compararla con la chica del río, Hinata.
Su hermana era alta, de pechos de tamaño considerable, pero no tan grandes como Hyuga, ojos verdes, cabello rubio, recogido en cuatro coletas, mientras que Hinata tenía unos raros y hermosos ojos perlas y el cabezo azulado y largo.
Gruño un poco al caer en la cuenta de todo lo encontraba mejor en la Hyuga. El gruñido no pasó desapercibido para la rubia, que también se había percatado de que su pequeño hermano la observaba, aunque de eso no quiso hacer comentarios.
—¿Pasa algo? Te noto un poco distraído desde que llegaste.
—No es nada, no te preocupes— respondió Gaara.
Cuando la cena estuvo lista sirvieron los platos, aquel día Baki no los acompañaba, pues debía hacerse cargo de algunos asuntos en Suna antes de mudarse definitivamente.
Todavía le parecía raro que las comidas del día fueran tan relajadas, al menos teniendo en cuenta que no hacía seis meses que el padre de los hermanos Sabaku no había muerto, aunque debía reconocer que a veces creía que era precisamente porque estaba muerto que sus hermanos y él vivían tan relajados, su padre fue siempre más un maestro en el área de los negocios que un padre.
Una vez terminada la cena, lavaron los platos, pues aún no contrataban a alguien que hiciera el aseo, cada uno se dirigió a su cuarto. Una vez en el propio, Gaara se quitó la camiseta negra con el estampado de Linkin Park en su espalda y se dirigió a la ducha. Sentir como el agua fría corría por su cuerpo siempre le relajaba, y ahora que no tenía que preocuparse tanto por el consumo de agua, lo disfrutaba aún más. De todas maneras, nunca se daba duchas de más de diez minutos, los viejos hábitos eran difíciles de erradicar, quizás lo mismo le pasaba a Hinata con su tartamudeo.
Sonrió al pensar en ella y luego gruñó frustrado. Cerró la llave del agua y salió de la ducha, pues ya había terminado su baño, se envolvió con una toalla verde la cintura, y otra azul más pequeña la puso sobre su cabello para que absorbiera un poco de agua.
Mientras se ponía el piyama, su mente volvió a enfocarse en Hinata, en sus ojos, su cabello, su tenue sonrisa al saber su nombre, la cara casi de pánico que puso antes de salir corriendo del lugar en el que estaban.
Volvió a sonreír, esta vez con más ganas, y luego se dejó caer de espaldas en su cama un tanto ofuscado. Recordó el momento en que le ofreció la mano para ponerla de pie, y las extrañas ganas que lo invadieron de besarla, fue un impulso repentino e inesperado, Gaara no se creía el tipo de hombre que besa a cualquier chica que se le pase por delante, pero al ver aquellos ojos perlados mirándolo con timidez, una parte de su cerebro, y también de su cuerpo, que estaba dormida y aletargada, despertó de pronto. Sólo el hecho de saber que la chica saldría huyendo de su presencia despavorida si él hubiese osado besarla, le había impedido hacerlo.
Y una pequeña parte de su alma se arrepentía de no haberla besado, haber probado aquellos labios que se veían tan suaves, y comprobar si lo eran en realidad, sentir su cuerpo pegado al suyo, aquellos generosos pechos apretándose contra su pecho…
"¡Mierda! ¿Qué demonios estoy pensando?"
Se recriminó a si misma al sentir un leve tirón en la parte baja de su cuerpo. Él no era hombre de jugar con mujeres, ni de excitarse al imaginar un simple beso con una desconocida. Lo mejor era que se fuera dormir.
Lo más probable es que al día siguiente su mente volviera a la normalidad y que su obsesión, no tenía otra forma de describirlo, con aquella chica del río, se desvaneciera, que fuera simplemente porque era la primera persona con la que hablaba hace mucho, fuera de su familia, y que además fuera tan hermosa y tan…
"¡YA BASTA!". Se gritó mentalmente, se tapó hasta la cintura, se puso boca abajo y se dispuso a dormir.
Generalmente tardaba horas en dormirse, y nunca dormía más de dos o tres horas diarias, pero aquel día estaba psicológicamente agotado, por lo que pronto cayó en un profundo sueno. Pero antes de perder totalmente la conciencia, un último pensamiento pasó por su mente.
"Hinata, ¿cuándo volveré a verte?"
Espero que les haya gustado... ¿qué pasará ahora? ¿cuando se encontrarán de nuevo? ¿dónde. cómo, por qué?
La verdad ni yo misma lo sé, pero espero saberlo pronto... una y cuarto de la madrugada... raro pero siempre me viene la inspiración en la noche...
