Disclaimer: De ser mío, NO hubiesen camisas floreadas.
A/N: Hola a todos, aquí vengo con el penúltimo capítulo; ayer ya no tuve energía para publicarlo; fue un día largo y agotador, así que llegué a casa a "no hacer nada" xD
Una pequeña aclaración sobre capítulo anterior; cuando se revela que no era la primera vez en que Lisbon fantaseaba tener sexo con Jane; me refería a que en sus 12 años de conocerlo, esa idea ha pasado por su mente en muchas ocasiones. Pero en esta historia, desde que está con Pike, en realidad si fue su primera vez con esos pensamientos; recuerden que Lisbon en el capítulo 01 le dice a Jane "que está feliz con Pike", o al menos eso pensaba ella; hasta que vino el bendito consultor a revolverle nuevamente la vida, y en consecuencia, Lisbon redescubre sus verdaderos sentimientos.
Venga, que me pareció importante aclararlo; porque yo creo que Lisbon decide estar en una relación con Marcus, porque realmente le gusta el hombre, pero sobre todo porque quiere avanzar en su vida.
¿Ya ven por qué me gustan tanto los reviews? Porque me dan la oportunidad de seguir platicando sobre estas ideas frikis xD
Muy bien; aclarado ese asunto, ahora es el turno del nuevo capítulo; espero lo disfruten.
04. Confesiones
Una agónica rutina se había apoderado de ellos desde aquella conversación en el auto. El trabajo los había mantenido absortos; en las últimas 6 semanas habían estado en 8 estados diferentes; Jane agradecía que los casos llegaran uno detrás del otro, era lo único que lo mantenía concentrado en algo productivo; por ello, él se dedicaba a hacer lo que mejor se le daba; resolver "creativamente" los misterios que envuelven los asesinatos; mientras que ella, ella hacía una vida sin él. Aún así, su relación se mantenía como siempre: cordiales, cómplices, comprensivos, en pocas palabras, "buenos amigos"; aunque eso para Jane le resultaba insuficiente; sin embargo lo aceptaba; él había pasado más de una década conformándose con solo tenerla cerca, por lo que además de resolver casos, hacía aquella otra cosa que se le daba magistralmente, fingir estar bien.
Era un sábado por la noche; y mientras la mayoría de la gente que conoce, se divertía haciendo vida social, él disfrutaba de la tranquilidad de su casa rodante, acompañado de una cerveza fría y un libro. Su lectura se vio interrumpida por el llamado a su puerta. Una emoción infantil se apoderó de él cuando vio a Lisbon en el portal.
- Espero no interrumpir –le dijo ella sonriendo-.
- No, claro que no; qué agradable sorpresa, adelante –Jane se apartó para darle paso a su visita-.
La casa rodante, estaba estacionada en un lugar tranquilo, autorizado para la estadía en caravanas; a esas horas había 03 casas más; no eran vecinos fijos, casi siempre eran personas en tránsito que se quedaban por pocas noches.
Al entrar al vehículo, Lisbon vio un normal desorden; una caja de pizza a medio terminar, un par de botellas de cervezas vacías, otra casi por acabar, un saco tirado en uno de los sofás, los eternos zapatos de Jane mal puestos en el piso y un libro sobre la mesa. Él llevaba su camisa desfajada y un tanto desabotonada.
- Perdona el desorden y mi facha –le dijo mientras pasaba su mano por su cabello, intentando arreglar un poco sus rizos-, no esperaba visitas.
- No importa, debí avisar; la verdad es que no estaba muy segura de venir; de pronto me vi conduciendo hasta aquí –terminó ella encogiendo un poco sus hombros-.
- Siéntate, hay algo de pizza, puedo calentarla si quieres.
- No gracias -dijo mientras se sentaba-.
- ¿Cerveza?
- Eso sí que me caería bien.
Jane destapó una botella, se la entregó y se sentó a su lado, a la expectativa por su repentina llegada. Luego de tomar varios sorbos y no decirse nada; ella tomó la palabra.
- Sabes, aún le estoy dando vueltas a lo que ocurrió en la gala de beneficencia.
- Oh –respondió Jane sorprendido-, pensé que ya había sido perdonado por mis pecados.
Lisbon sonrió.
- No es eso; es que… siento que aún me faltan cosas por decir. Yo realmente me enojé esa noche; y luego cuando hablamos en el coche, simplemente preferí procesar tus palabras.
- Ok.
Lisbon tomó otro trago de su cerveza y luego colocó la botella sobre la mesa que tenía en frente.
- Siempre me has dicho que soy totalmente transparente para ti
- Lo eres –él agregó-.
- En todos estos años conociéndome, sé que te has dado cuenta de que tú eres más que un amigo para mí. Claro que era evidente que por las circunstancias, específicamente todo ese asunto de John el Rojo, era impensable que pasara algo entre nosotros. Todo eso hubiese quedado fuera de lugar.
Jane la miraba de vez en cuando, mientras le escuchaba con atención.
- Y luego te fuiste a aquella isla perdida, dos años. Fue muy difícil. Me decía que necesitabas ese tiempo para superar todo lo que había ocurrido; pero en realidad el hecho de no saber si te volvería a ver me estaba matando. De alguna forma tus cartas me dieron esperanza y me hicieron sobrellevar mejor la situación. Cuando regresaste a Estados Unidos, no sabía realmente qué esperar; luego de asimilar que volveríamos a trabajar juntos, llegué a pensar que era un buen momento para, no sé, para que algo cambiara entre nosotros. Pero de pronto parecías más interesado en tus estúpidas camisas floreadas que en cualquier otra cosa.
Jane no pudo evitar sonreír.
- ¿Cuál es el problema con mis camisas?
- En serio, alguien tiene que decirte que son horribles.
Jane abrió su boca sorprendido.
- ¡Pensé que te gustaban!
- Luego hablaremos de tus camisas, no me interrumpas.
- Ok.
- En fin, regresaste y las cosas seguían como siempre. Todo seguía endemoniadamente igual. Entonces me dije, que si no había pasado nada en 12 años, probablemente no pasaría nada nunca; de pronto me sentí cansada de esperar; en eso llegó Marcus –ella hizo una pequeña pausa antes de continuar-, fue lindo no estar sola, sentirse querida, sentirse deseada…
- He intentado hacértelo saber Lisbon –en ese instante él se levantó, pestañó varias veces y añadió con nerviosismo-, que te quiero y te deseo, y muchas otras cosas más.
Lisbon se levantó también para quedar frente a él.
- ¿Y cómo demonios voy yo a saberlo? Es decir, ¿Cómo rayos voy a tener seguridad de ello? Discúlpame pero no eres el hombre más transparente del mundo; mucho menos en esas cosas, no pretendas que te lea la mente.
- Volví Lisbon; volví por ti.
Lisbon guardó silencio con el ceño fruncido, esperando más de él.
- El lugar donde estaba, era un paraíso; la gente, el ambiente, la paz…, todo lo hacía especial. Pero ese pedazo de cielo se volvió en una especie de limbo porque tú no estabas allí. Cada evento que me rodeaba, por muy insignificante, quería compartirlo contigo; de pronto me vi hablándote a solas, contándote de mis cosas, no sólo en las cartas, en cada momento, en mis días, en mis noches… te extrañaba tanto; me sentí vacío.
Y entonces Lisbon comprendió que aquella separación, fue en realidad un pequeño infierno compartido.
- No me esperaba un buen escenario con mi regreso a Estados Unidos, era muy probable que me metieran a la cárcel; pero regresé porque necesitaba estar a tu lado, es lo único que realmente le da un sentido verdadero a mi vida. Estar contigo Lisbon.
Ella lo miró sin saber muy bien qué decirle.
- Lo sé, no soy el hombre más transparente, sobre todo en cuanto a mis emociones se tratan; pero pensé que mi regreso reflejaba algo respecto a mis sentimientos…, pensé que te estaba gritando desesperadamente algo significativo sobre mí, sobre nosotros.
Próximo: …ella lo sabía, aunque entrara en negación una y mil veces, aunque reprimiera en el fondo de sus pensamientos su gran verdad, lo cierto es que ella quería estar en otro lado, en otros brazos.
