MIS HERMOOOOOOOSOS ADMIRADORES *-* ¡HE VUELTO! Y para ya no irme :3 Todos los problemas se solucionaron y un nuevo año inicia. Nuevas cosas y personas me rodean y toman nuevos papeles en mi vida :D Ya estoy MUCHO MEJOR y gran parte de esa mejoría se la debo a esa preciosa señorita que ahora ocupa mi corazón, este capítulo es para ella. Gracias también a ustedes por esperarme este laaaaargo tiempo :) ¡MUCHAS GRACIAS POR LOS REVIEWS! Y estos 2 capítulos que publicaré hoy y mañana se los dedico también a Manu, mi amiga que estuvo insistiendo y ayudándome para volver con ustedes:3 ¡LOS ADORO! Aquí los capítulos ;)


¿Recuerdan cuando Finn le contó a Rachel que los besos de la rubia lo hacían ver fuegos artificiales? Y Rachel mentiría si diría que no lo había imaginado antes (y varias veces). Pero NADA, créanme, NADA de lo que dijo Finn se comparaba a lo que la morena sentía y veía en ese lento y delicado que compartía con Quinn. La morena estaba en el cielo, sentía que ambas pisaban nubes y que ahora no le sería necesario el oxígeno para vivir, como cualquier ser humano, si no los besos de la rubia. Ninguna de las sensaciones que había experimentado antes le llegaba si quiera a 1/24 de lo que disfrutaba en estos momentos. Entonces, la morena estuvo segura: ella gustaba de Quinn. En cierto punto, ambas necesitaban aire pues el beso era lento pero apasionado a la vez. La primera en sonreír después del beso fue la rubia, pues Rachel parecía estar muy concentrada y no abría aun los ojos.

— ¿Rach? Preciosa, abre los ojos —su sonrisa era muy amplia

— No no, se que si los abro notaré que es un sueño y no podré besa...

La morena terminó ni la oración porque Quinn ya la estaba besando de nuevo. No crean que la rubia no disfrutaba del beso. Si hablamos de quien disfrutó más llegaríamos a un empate porque los últimos 3 meses, Quinn se la había pasado imaginando como sería besarla. En sus sueños aparecía la judía en sus típicos suéteres de renos y sus mini-faldas de colegiala. Se le acercaba y la besaba sin más ni más, la sensación en los sueños era buena, pero en vivo y en directo era aún más placentera. Sus suaves y rosados y labios se movían al mismo ritmo de los de ella y este acto tan íntimo como insignificante (para algunos) había hecho cumplir dos cosas:

*Sus más recientes sueños.

*Confirmar lo que ella creyó era una pequeña posibilidad: Que Rachel también gustaba de ella.

Se separaron luego de un par de minutos, ambas tenían los ojos cerrados y Quinn acariciaba todo lo que podía del moreno rostro con la nariz.

— ¿Si-sigue siendo un sueño? —repitió la morena y Quinn negaba con la cabeza, acariciando su rostro aún con su nariz.

— No no. No es un sueño. Es la realidad, morena preciosa. Mírame, por favor mírame con esos hermosos ojos que tienes —al terminar esta frase la rubia abrió los ojos al mismo tiempo que la morena.

Ambas volvieron a sonreír y rieron un poco, pegando sus frentes y acariciando las mejillas de la otra.

— Eres tu... en verdad eres tu —susurró Rachel y suspiró en la sonrisa.

— Y eres tu... la morena de mis sueños ¡Me has correspondido al beso! —exclamó Quinn en un pequeño grito que las hizo reír a ambas.

— Entonces... ¿Tu sientes...

— ...lo mismo que tu? Si —murmuró terminando su oración y le dio otro pequeño beso.

Entonces el conserje tocó la puerta del auditorio.

— Eh, Quinn. Disculpen pero ya tienen que salir del recinto. No pueden seguir aquí —dijo el señor y Rachel se sobresaltó al revisar la hora en su reloj de muñeca.

— Si, ya nos vamos. Muchas gracias Bob —contestó y tomó el bolso de la morena con una mano y le ofreció la otra— ¿Te llevo a casa? Mamá y papá no están en la mía.

— Puedes quedarte en casa entonces. Claro, si quieres. Mis papás no tendrán ningún problema —contestó la morena, tomando la mano de la rubia y caminando con ella hacia la salida— ¿En serio llevarás mis cosas? Puedo llevarlas yo —Dijo riendo un poco.

— Quiero llevarlas. Tu eres una princesa, no deberías llevar nada en las manos. Y también quiero que tomes la mia —sonrió y la morena le dio un pequeño beso— ¿Y eso?

—Mmm, te lo ganaste. Sabes que me gusta cuando las personas son cursis conmigo.

Quinn, frente a eso, besó la mano de la morena y atravesaron el estacionamiento. Al llegar al auto de Quinn, le quitó la seguridad con un botón en el llavero y abrió la puerta del copiloto. Hizo un ademán con la mano.

—Usted primero, bella dama —la morena soltó una risita y volvió a darle un pequeño beso antes de subir al auto y ponerse el cinturón de seguridad.

Después, Quinn dio la vuelta al automóvil y abrió una de las puertas posteriores, dejando en el asiento su bolso y el de Rachel. Se dirigió a la puerta del piloto y la abrió, sentándose en el asiento. Se puso el cinturón y tomó a Rachel de las mejillas, dándole un beso sorpresa pero lento y posteriormente, encendió el auto, emprendiendo la marcha a casa de Rachel.

La morena había estado sonriendo desde el beso sorpresivo de de la rubia y en cierto punto de la ciudad, uno de los semáforos les dio el rojo. Rachel miró por la ventana y una duda se empezó a introducir en su mente, trató de disiparla pero no lo logró. Entonces, cuando casi llegaban a su casa, habló.

— ¿Quinn?

— Dime

— Nosotras... Eh... ¿Nosotras somos... novias o algo asi? —Susurró con algo de temor y notó como Quinn se detuvo algo brusca frente a su casa.

— Disculpa. Me tomaste por sorpresa —puso la mano sobre la de la morena y la apretó un poco— Mira, mentiría si sigo que no me gustas mucho. ¡Me encantas! De verdad, no te engaño al decir esto. Pero, aun no me creo que tu también gustas de mi —Ambas sonrieron ampliamente

— Lo hago, me gustas también. Créelo rubia tonta —Dijo la morena y le dio otro beso a Quinn. Ella sonrió como tonta ante él y se quedó en silencio— Emm ¿Quinn?

— ¿Qué pasó? —Dijo la rubia reaccionando— Lo siento, es que tus besos me ponen tonta.

— Ternura —respondió Rachel y acaricio su mejilla

— Bueno, como decía. Me es difícil creer que me correspondes, pero para poder terminar de creer que no es un sueño... Quiero invitarte a una cita

La sonrisa de la morena tranquilamente podría haber cubierto todo el continente americano. Al reaccionar se lanzó a los brazos de la rubia y empezó a besar sus mejillas

— SI.. SI! Es un cita —exclamó riendo y Quinn la envolvió entre sus brazos.

— ¿Te parece ahora? —murmuró la rubia y Rachel sonrió más. Sería un buen Viernes.