Naruto no me pertenece a mí, sino a Masashi Kishimoto. Esta historia la hice como un fin de demostrar mi completo apoyo al pairing y conseguir más lectores devotos. Naah.. ¡No se crean!

¡Un favor! (nuevamente) Seguramente como buen NejiHina haz leído "Aunque sea un poco" de Moonmaster, ¡bueno, pues mi compu ya no abre la página en la que está escrito! ¡Estoy desesperada…!

Si pudieran dejarme un link de donde leerlo (que no sea en fanfic .es) o aquellos afortunados que sí pueden leerlo en la página, copiarlo a un documento de Word y mandármelo (¡Sólo díganme y yo dejo mi correo a la vista!) De lo contrario no dejaré de poner este mensaje antes de todos mis capítulos… ¡No me rendiré! :D

¡Este cap especialmente dedicado a todos los que no saben qué regalarle a su mamá en su cumpleaños!

Ya, ya…


.

Todavía no había cumplido su primera semana de servicio en el templo como Miko y una jaqueca la tenía metida en el futón con vendas por todas partes. Había decenas de personas entrando y saliendo de su habitación desde hacía ya tres días, pero ninguna visita por parte de sus familiares o de alguien que pudiera decirle cómo había vuelto a la fortaleza. Kazu, su doncella, era la única que hablaba con ella, pero sólo lo hacía para reprenderla cada vez que trataba de recordar lo que había pasado esa noche porque le provocaba una fiebre espantosa.

Sin embargo, Kazu no estaba presente en ese momento… Y aunque lo tenía prohibido, Hinata se levantó en busca de un pedazo de pergamino, pincel y tintero para poder anotar los lapsos de recuerdos que la acechaban y con la misma rapidez la abandonaban. Lo primero que escribió fue el destello que creía haber visto en donde los gitanos estaban; los gritos, las personas corriendo… Ahora que caía, cuando había sido levantada en brazos, había mucho silencio…

–¿Una katana? ¿Una masacre?

"Fue la primera arma que tomó en sus manos y la que mejor maneja. En cada combate que tiene no puede elegir un arma que no sea esa; aún cuando yo creo que tiene más talento en el Naginata…"

"Recuerdo que de niños prometimos protegernos…"

–¡Neji…!

Guardó las cosas y conforme iba descubriendo vendajes y parches en su intento de cambiar su yukata por su uniforme rojo y blanco, los retiraba y curaba las heridas con el chakra verde que salía de sus manos; todos excepto el que rodeaba su frente, pues la contusión era muy grave.

Ató su cabello en una coleta y salió corriendo de la habitación dispuesta a volver después de agradecerle a Neji y ofrecerle su eterno respeto. Preguntó por él a varios sirvientes y ninguno supo contestarle con certeza, así que tuvo que buscarlo ella misma en cada habitación de la fortaleza, mismas que no eran pocas.

Su búsqueda no dio frutos hasta tres cuartos de hora después, cuando encontró al ojiblanco leyendo un pergamino en la biblioteca de su padre. La joven entró con una sonrisa en el rostro y se plantó frente a él.

–¿Son los pergaminos que me pediste? –Preguntó.

Neji alzó la mirada sorprendido, pero al segundo recuperó la inexpresividad de su rostro y se concentró de nuevo en su lectura, ignorando a su prima.

–Etto… Yo… Quiero agradecerte por lo de hace unos días. De no ser porque tú llegaste, no sé que habría sido de mí. Muchas gracias, Neji. Estaré en deuda contigo de por vida… Y es que nunca…

El muchacho se llevó la mano a la sien derecha y la talló con insistencia conforme Hinata hablaba, y cuando terminó, enrolló el pergamino y se marchó. Hinata no entendió la naturaleza de su reacción y lo siguió por varios pasillos.

–¿Qué pasa, Neji? ¿Acaso me estás ignorando? –él siguió caminando-. ¿Saliste malherido por mi culpa? ¿Mi padre te gritó por haber interferido en mi misión? –no respondió-. ¡Por todos los Kamis, Neji! ¡No te comportes como un niño!

–¡Mira quién habla de comportarse inmadura! ¡¿Recuerdas lo de "remover tierra"? –le gritó encarándola por fin.

–¡Sólo trataba de ser amable contigo, Neji!

–¡No necesito de tu amabilidad, Hinata! ¡Es más, estoy seguro de que no tienes ni un solo gramo de amabilidad en tu cuerpo que sea desinteresado!

–Neji… ¿De qué hablas?

–¡Deja ya tu falsa ingenuidad! –Dijo con una voz cargada de desdén-. ¡Compórtate como la mujer que eres!

–Neji, ¿por qué peleamos? –Dijo ella negando con la cabeza-. Yo sólo quería agradecerte por haberme salvado de una muerte segura.

Neji bufó y retomó su andar.

–No fui yo –zanjó.


.

Llevaba bastante tiempo sentada en la banca del jardín que estaba a la sombra del árbol Sakura y muchas personas la habían visto, pero por suerte ninguna de ellas había sido Kazu dispuesta a llevarla a rastras hasta su habitación y colocarle de vuelta todos sus vendajes.

Sus manos reposaban en su regazo y en toda su estancia ahí no las había movido. Estaba confundida. No conocía a nadie más que a Neji que manejara la katana y estuviera dispuesto a salvarla en una situación de tanto peligro y no la secuestrara. Tal vez su padre… No, el jamás hubiera interferido así cuando el pergamino decía que ella debía hacerlo sola. ¿Y si había sido una mujer? No, una mujer no tendría el temple como para matar decenas personas ni las manos fuertes que Hinata había sentido en sus mejillas. Quizá debió haber considerado que nunca había tenido las manos de Neji entre las suyas…

–No es justo que me quites el crédito de una de las cosas más importantes que he hecho en mi vida, Hinata.

–Esa voz… –pensó mientras trasladaba su vista de su regazo a la persona que le hablaba-. ¡Uchiha-san! –Exclamó asustada mientras se levantaba de su asiento, quedando frente a frente-. ¡¿Qué hace aquí?

–Parece que no te da gusto verme.

–N-no es eso… Es sólo que… Pensé que mi padre le había prohibido verme desde… –desvió la mirada- eso.

–No precisamente… –murmuró mientras tomaba asiento en la banca.

–Y… ¿cuándo llegó? –preguntó imitándolo.

–Hace tres días.

–Por todos los Kamis… Debió ver el pésimo estado en el que me trajeron… –dijo apenada.

–Lo vi de primera mano –Hinata lo miró confundida-. Estabas sangrando y te veías muy débil, pero eso no evitó que me hicieras esto.

Giró un poco su cabeza, mostrándole a la Hyuuga un gran rasguño en la base de su cuello que aún seguía rojo. Hinata se llevó una mano a la boca.

–¿Yo le hice eso?

–En uno de tus intentos por que te soltara.

–¡Enserio lo lamento! No fue mi intención… –Mordió su labio inferior sin saber qué hacer-. Es más, déjeme curarle –Acercó dos de sus dedos al rasguño y lo expuso unos segundos al aura verde que salió de ellos-. Ya está.

Sin embargo, antes de que pudiera retirar su mano Sasuke la atrapó en el aire y cerró el pulgar sobre los dedos de ella.

–Etto… Gracias por haberme ayudado, Uchiha-san –susurró asustada: No era correcto que el ojinegro la estuviera tocando, aún cuando sólo fuera la mano, y menos aún si le dedicaba esa mirada tan intensa-. Estoy en de-deuda con usted. No sé como pueda pagarle –añadió tratando de zafarse del agarre.

–Tranquila…

Todavía no liberaba su mano cuando él hizo amago de acercársela a la boca. La ojiblanca se puso en tensión temiendo que se la mordiera. De pronto, la joven notó la humedad y la suavidad de sus labios sobre el dorso de su mano. Se quedaron quietos un momento y entonces ella se soltó, conmocionada y horrorizada con su atrevimiento.

El ojinegro sonrió con arrogancia.

–Ya se me ocurrirá algo.

Se levantó aún con su sonrisa y ahí la dejó sentada, confundida por el calor que ascendía desde su cuello hasta sus mejillas y el acelerado latir de su corazón cuando no había hecho ninguna clase de entrenamiento.


.

Ya era de noche y su padre le había pedido explícitamente que para la cena llevara el más bello de sus kimonos, pero al estar ausente Kazu y no haber nadie más en la fortaleza que pudiera recogerle el cabello; no tuvo de otra más que dejarse su uniforme de Miko, atarse de nuevo su coleta baja y alborotarse el flequillo en un intento de disimular el vendaje de su frente que tan mal se veía.

Bajó en cuanto estuvo lista, y memorizó accidentalmente la forma en la que sus conocidos estaban sentados: En la cabecera estaba su padre, a la derecha su tío Hizashi y Sasuke y a la izquierda el padre de éste último, el emperador del Norte, Fugaku Uchiha, a quien tuvo que saludar con especial cortesía, y su primo Neji. Los saludó a todos con una reverencia y al ser el lugar más cercano, pasó a tomar asiento a un lado de Sasuke, sin saber la relevancia que esa sencilla decisión tendría en el comportamiento de Neji para con ella.

La velada transcurrió sin incidentes, sólo con tres adultos hablando de viejas memorias, tratados mercantiles y estrategias de guerra; un Hyuuga con ceño fruncido y puños apretados que no despegó los labios más que para agradecer la comida; un ojinegro haciendo esfuerzos sobre humanos para robarle una sonrisa a la única mujer presente, o al menos entablar con ella una conversación, y una joven heredera que se sentía preocupada por el comportamiento de su primo y también incapaz de serle de alguna ayuda para desahogarse.

Hiashi se levantó y todos lo imitaron. Los parientes del Oeste se retiraron a sus habitaciones de inmediato y Hinata se vio incapaz de irse a la propia en cuanto sintió una mano que apresaba su brazo y la condujo varios pasillos más adelante.

–¡Uchiha-san! ¡Suélteme! –Murmuró zafándose del agarre-. ¡¿Qué pretende?

–No es necesario que me hables tan formal –ella sólo continuó mirándolo-. A mi llegada aquí encontré algo asombroso y quiero compartirlo contigo, y de paso, enseñarte algo.

–¿El qué?

–Es una sorpresa. Nos veremos en las caballerizas a la hora en la que cierran la puerta principal.

–Imposible. Es demasiado tarde; será peligroso.

–Estarás conmigo. Yo te protegeré.

–Soy una Miko, Uchiha-san, no necesito que nadie me proteja –suspiró-. Además, ¿cómo iré a las caballerizas si la puerta estará cerrada?

–Tú lo haz dicho, eres una Miko. Ingéniatelas –zanjó el Uchiha alejándose.

–Sigo creyendo que es una mala idea.

Él se volvió.

–Créeme, valdrá la pena.

La imponente figura se perdió entre los pasillos y Hinata sólo pudo frotarse los brazos: Desde que había regresado, cada vez que estaba con el Uchiha sentía un miedo que le impedía moverse y un implacable deseo de huir y ponerse a salvo. Sasuke había vuelto a ella con el semblante de un joven de bien, pero seguramente no se había burlado de ella sólo porque todavía no se le presentaba la oportunidad. La Hyuuga no le guardaba rencor por lo que le había hecho en el pasado, pero no se fiaba de ir a un lugar tan solitario y oscuro como las caballerizas, con alguien que alguna vez la agredió.

Mientras, un ojiblanco maldecía su inoportuna idea de explorar un poco la fortaleza, misma que lo había llevado al doblez de ese pasillo en el momento en que su prima había concedido un encuentro al Uchiha. Ahora no podría sacarse de la cabeza la idea de que el ojinegro intentaría algo malintencionado. Se alejó de ahí antes de que su prima lo viera y resolvió salir a dar una vuelta a la aldea con el fin de distraerse y olvidarse de lo que pasaría en cuanto cerraran la puerta principal.

No avisó a nadie y mucho menos pidió permiso, sólo alistó su caballo y partió rumbo al considerable grupo de luces que se extendían a las faldas de la fortaleza. No supo si cabalgó en círculos o si había llegado a lo más recóndito de la aldea, pero cuando su potro comenzó a negarse a sus órdenes desmontó y dejó al pobre caballo tomarse un respiro mientras que él buscaba un lugar donde atar las riendas, mismo que encontró fuera de un restaurante. Ahí dejó al caballo y él fue a sentarse bastante lejos de ahí, exactamente, en la banca mal pintada de una plaza donde los niños aún correteaban y los adultos conversaban bajo el abrigo de la noche y los candiles.

Nunca lo hubiera aceptado, pero esos minutos que miró con atención al firmamento, fue la primera vez en años que dejó de pensar en Hinata durante un tiempo considerable. Sin embargo, un par de jóvenes escandalosos ocuparon una banca cercana a él, interrumpiendo así su concentración en el tintineo de los puntos blancos del cielo. Intentó recuperarla varias veces, pero siempre había una risotada que lo devolvía de bruces a la tierra. Ya harto, estaba a punto de ponerse en pie e irse, cuando la conversación del par captó su atención:

Oye… ¡Oye! –gritaba uno de ellos al otro, que por estarse riendo no le hacía caso-. Deja de reírte. No fue tan gracioso –el sujeto pareció calmarse y el otro continuó-: No sabes cuánto envidio a mi hermano.

¿Por qué?

Es mejor que yo en todo, mis padres lo prefieren siempre, dicen que él es un ejemplo a seguir mientras que yo soy un vago bueno para nada.

¿Y no es así? –los dos se echaron a reír.

Pues sí… pero él no es un ejemplo a seguir tampoco. Él es un corrompedor de los peor, ¿conoces a Himawari?

Tu hermana, ¿no?

No. Mi hermana es Aya, Himawari es su amiga y las dos son aprendizas de Miko.

¿Y?

Aya y Himawari tienen dieciséis años, es decir que son dos años menores que Ryouma, mi hermano. Tú sabes que en las casas no se habla de… ¡bueno! De lo que pasa entre un hombre y una mujer. Ahora imagínate en los templos shinto. Ahí si se enteran de que no son vírgenes o incluso de que tienen novio… Ya te imaginarás lo que les hacen.

Al punto por favor…

Resulta que hace unos días fue el examen para las aprendizas de sacerdotisas o no se qué, y hubo un filtro que las que ya habían mantenido relaciones con un hombre, no pasaron. Himawari no pasó, y eso que ella era una de las cuatro guardianas.

¿Y eso qué es?

¡Yo qué voy a saber! El caso es que hace unos días Ryouma me contó que él había sido el que mancilló a la ingenua de Himawari.

¿Eran pareja?

¡Ni siquiera amigos! Lo que pasó es que un día la besó y no se detuvo, así que cuando la pobre se dio cuenta, mi hermano ya se vestía y la dejaba acostada sobre lo que una vez fue su hakama. Ella ni siquiera supo que eso que habían hecho estaba mal.

¿Osea que cualquiera se tira a una Miko con sólo besarla?

¡Pues sí, casi!

Los dos rompieron en risas estrepitosas y Neji se incorporó con sobresalto temiendo por Hinata. Montó su caballo y partió rumbo a la fortaleza a todo galope: Hinata no era tonta, pero Sasuke lo era aún menos, y eso era lo que le preocupaba.


.

Pronto la puerta fue sellada y Hinata se acercó a su ventana para abrirla: Realmente no quería acudir a su compromiso con Sasuke, pero él era su invitado y no había encontrado los suficientes "peros" como para persuadirlo de desistir de su idea. Se aferró a la enredadera que crecía junto a su ventana y descendió con lentitud hasta el suelo con sus sandalias en manos, luego recorrió por fuera la fortaleza hasta que llegó a las caballerizas, y tras saltar la pared que se interponía, aterrizó en su interior sin inmutar a los caballos. Apenas se aventuraba en la oscuridad cuando alguien la llamó.

–¡¿Quién es?

–La única persona a la que estás esperando.

–¿Uchiha-san?

–Ven, dame tu mano.

–No, gracias. Sólo dígame hacia donde ir.

–Necesitamos buscar juntos la salida.

Hinata concentró suficiente energía en sus palmas como para crear un pequeño haz de luz que alumbró al menos dos metros a su alrededor.

–Hinata.

De la penumbra salió Sasuke con una media sonrisa en su rostro, y antes de que dijera algo más, ella activó su Byakugan.

–Es por aquí.

No tardaron más de un minuto en escalar una pared rojiza y hallarse en campo abierto, ya fuera de los territorios de la fortaleza. Sasuke tomó de la mano a la Miko y avanzó algunos pasos, pero aún no avanzaban ni un metro cuando ella se soltó.

–Hay que apresurarnos. Tengo un mal presentimiento.

–Nada malo te pasará a mi lado.

Ella negó en silencio y lo siguió a campo traviesa viendo cientos y cientos de flores ya cerradas.

–No recordaba esta parte de la fortaleza; por eso a mi arribo me llevé una grata sorpresa.

–No lo dudo. Esta es una de las cosas más hermosas que he visto en toda mi vida. No creo que haya algo en el mundo que se le compare.

–Claro que lo hay –se detuvo y Hinata lo imitó-. Lo estoy viendo ahora mismo.

El par de ojos negros estaban fijos en el par blanco de ella, así que no había lugar para interpretaciones erróneas. Hinata sintió un calor abrasante que le subía por el cuello y se asentaba en sus mejillas.

–¿Qué pasa? –Preguntó con inocencia fingida-. Te sonrojaste.

–N-no lo sé… pero es que… jamás me habían comparado con algo tan precioso como un campo de flores.

Él la tomó de la mano y con una mirada la invitó a sentarse sobre la hierba, ella accedió y después él se le unió.

–Yo diría que a las flores jamás las habían comparado con algo tan hermoso como tú.

Hinata sintió que su sonrojo duplicaba su potencia y volvió a girar el rostro y a esconder su mirada entre las flores. Sasuke sabía que llevaba bastante terreno ganado con la Hyuuga, pero justo cuando iba a hablarle, recayó en que lo que quería mostrarle estaba comenzando ya.

–Pensé que la espera sería más larga, pero ya están aquí –dijo poniéndose en pie y ofreciéndole la mano a la Hyuuga para que lo imitara.

–¿Cómo…?

Lo que fuera que iba a preguntar, quedó olvidado en cuanto un espectáculo de esferas amarillas, verdes y rojas aparecieron frente a sus blancos ojos.

–¿Qué es esto…? –murmuró irguiéndose.

–Se llaman luciérnagas, ¿no las conocías?

Ella negó.

–Son hermosas… Tintinean como las estrellas –Hinata estaba realmente encantada y por un momento olvidó que tenía compañía-. Me alegro de que haya querido enseñármelo, gracias Uchiha-san.

Hinata estaba tan embelesada con las luciérnagas que no vio la expresión contrariada que mostró el ojinegro.

–¿Cómo?

Hinata se volvió a verlo y creyó comprenderlo todo.

–¿Esto no es lo que quería enseñarme?

–No.

–¿Entonces…? –preguntó más que confundida.

–Quiero enseñarte… –acarició su brazo-. A ser mujer.

Hinata se asustó por el extraño brillo de los oscuros ojos, pero trató de disimularlo.

–¿D-de qué habla? Yo ya soy una mujer.

El ojinegro negó con la cabeza.

–Sigues siendo una niña Hinata, porque la mujer que tienes dentro quiere salir, pero tú no la dejas.

–¿Y usted qué sabe sobre cómo dejarla salir, Uchiha-san?

–Mucho. He enseñado a varias niñas como tú a convertirse en mujeres.

–¿Ah, sí? ¿Y... cómo les ha enseñado?

–¿Realmente quieres saber cómo?

Hinata agachó la cabeza mientras un rápido recuerdo de Neji abordaba su mente.

¿"Remover tierra…"? Hinata, compórtate como la mujer que ya eres, ¿o cuántos años tienes? ¿Seis?

¡Deja ya tu falsa ingenuidad! ¡Compórtate como la mujer que eres!

Siempre con lo mismo, tachándola de inmadura, de actuar como niña pequeña, demandándole que actuara como una mujer…

…¿pero cómo iba ella a saber cómo era eso si nunca se tomaba la molestia de explicarle?

Depositó su mirada blancamente decidida en la oscura de él antes de contestar.

–Más que nada.

El Uchiha necesitó sólo una pequeña fracción de segundo para poner sus manos en los delicados hombros femeninos y acercar así a la confundida Hyuuga hacia él.

–¿Uchiha-san? ¿Qué hace? –Preguntó ella sin alejarse.

–Sólo… déjame enseñarte... –decía mientras transfería sus manos a las ya pálidas mejillas-. A sentirte mujer...

Hinata no comprendía nada de lo acontecía, de hecho, se le antojaba ridículo cómo el Uchiha acortaba la distancia entre ellos mientras miraba sus labios. Tampoco se sentía de alguna manera especial, en todo caso se sentía incómoda de estar quieta, casi como una estatua, y de no saber qué hacer.

Estaba a punto de moverse y pedirle una explicación al ojinegro, cuando escuchó el sonido de un caballo galopando hacia su dirección. Se apartó de inmediato de Sasuke y adoptó su posición de ataque, pero cuál fue su sorpresa al ver que el jinete del oscuro caballo que se acercaba no era otro que su propio primo.

Hinata no supo qué hacer: Desde la extraña discusión que tuvieron, Neji ni siquiera la había mirado, así que en ese momento no se atrevía a alzar la mano para saludarlo a la distancia. Se mordió los labios pensando que talvez se detendría y ella no sabría qué decirle y mucho menos cómo explicarle lo que estaba haciendo ahí con Sasuke en medio de la noche.

Neji detuvo el caballo a un metro de ellos, pero no desmontó.

–Hinata, sube –ella lo miró contrariada-. ¡Hazlo!

No pudo ni titubear, algo en el tono de su primo le hizo temer las consecuencias de no obedecerle.

–¡Está conmigo, Hyuuga! –replicó de inmediato el ojinegro.

–¿Crees que es correcto sacar a la heredera a tan altas horas de la noche para tenerla en campo abierto, habiendo cantidad de ladrones y gente perversa que sólo espera a que el imperio se distraiga para robar su joya más preciada?

–No te atrevas a llevártela –advirtió.

–Obsérvame.

Un golpe con las riendas y el caballo partió a toda velocidad. Hinata se sintió tan culpable que no se atrevió a voltear a ver a quien se había ofrecido a hacerla mujer. Al escaso minuto de cabalgar Hinata vio próxima la fortaleza, pero en vez de acercarse, Neji guió al caballo por un camino distinto y que terminaba en la aldea. Pensó en preguntarle si era intencional, pero pensó que tal vez su primo no estaría de humor, como siempre.

No supo qué tanto habían avanzado, pero cuando se encontraron frente a un camino empedrado se detuvieron y Neji desmontó para llevar al caballo hasta unos troncos cercanos y luego ayudar a Hinata a bajar. La ojiblanca tomó asiento de inmediato en el tronco menos húmedo alisando su rojo hakama, mientras que Neji se encargaba de dejar al caballo atado a un árbol cercano. No pasó mucho antes de que él caminara en su dirección.

Hinata levantó la mirada y Neji paró en seco. Miró a Hinata con fijeza, recorriendo su cara y su pelo con la mirada, deteniéndose en cada una de sus facciones: la pequeña nariz, los rosados labios, el blanco cutis, los blancos ojos. Hinata inclinó la cabeza: Comenzaba a sentirse incómoda otra vez.

–¿Y? –Dijo antes de sentarse frente a ella-. ¿Te besó?

Hinata parpadeó varias veces.

–¿Qué es eso?

Neji frunció el entre cejo.

–No te hagas la tonta; sí o no. Responde.

–Temo que no puedo contestarte.

–¿Acaso él te pidió que no hablaras? –insinuó notablemente irritado.

–Nii-san…

–No me llames así, no soy tu hermano.

Hinata se inclinó hacia atrás y contrajo su rostro en una mueca de enojo, la conducta de Neji ya comenzaba a enfermarla.

–Neji, hablo en serio cuando te digo que no sé qué es un… ¿cómo dijiste? ¡Ah! Un "biso".

–Beso.

Ella asintió.

–No tengo nada claro lo que acaba de pasar… Y tampoco comprendo por qué estás tan enfadado. No he hecho nada malo, y Uchiha-san tampoco.

Neji sintió cómo las venas del cuello comenzaban a saltársele conforme el recuerdo del par de pueblerinos terminaba de surgir en su mente:

"…Ella ni siquiera supo que eso que habían hecho estaba mal."

–De hecho, creo que no debiste haber irrumpido así. Tú siempre te quejas de que no me comporto como una mujer, y él se ofreció amablemente a mostrarme cómo hacerlo.

Neji bufó.

–¿Ah, sí? ¿Y de qué manera pretendía hacerlo? –preguntó con burla.

–Pues… él puso sus manos en mis mejillas… justo así –murmuró arrodillándose frente al castaño y tomándole del rostro-. Luego sólo… acortó la distancia…

Neji se quedó petrificado; su razón le ordenaba apartar a esa mujer que sólo sabía enredar a los hombres, pero por otra parte ¿cuántas veces no había soñado con besar los labios de la joven que había tenido cautivo su corazón desde la más tierna infancia? Hinata había cerrado sus ojos y no faltaban más de tres centímetros para que Neji terminara de caer a sus pies, cuando se alejó y tomó asiento a su lado. Neji la siguió con la mirada, pero por varios instantes no pudo recuperar la compostura y mucho menos su frío semblante.

–No sé qué se proponía –susurró-, pero fuera lo que fuera, no me agradó.

El ojiblanco bajó la mirada tratando de que su sonrojo no se notara, pero a través de sus mechones no podía desviar la mirada de los tentativos labios de la heredera Hyuuga. Sin desviar la vista se aclaró la garganta e intentó sonar lo más normal posible.

–¿Entonces no te besó?

–¡Por todos los Kamis, Neji! ¿Cómo te explico que no sé qué es eso? –dijo sonriente-. Es más, ¿por qué no me lo explicas?

Neji suspiró; si no accedía a la petición de su prima era bastante posible que Sasuke intentara propasarse con ella de nuevo; ahora bien, si Hinata no sabía qué era un beso, ¿sabría lo que era la intimidad? Él no podía estar cuidándola todo el tiempo de Sasuke.

–Mira… Un beso es… es la expresión más pura del amor, siempre y cuando sea con la persona correcta; sin embargo antes de que alguien pueda dar o recibir un beso debe haber una serie de sentimientos involucrados y que de preferencia sean correspondidos –titubeó-. Es… una acción de dos que no debe tomarse a ligera, y al parecer Sasuke no comprende eso –ella asintió-. Imagina esto: cuando una persona regala algo, puede hacerlo de manera genuina, de buena fe y porque le nace del alma hacerlo, o puede hacerlo a regañadientes y porque no le queda de otra. De esa misma forma se entienden los besos. Los que están cargados de cariño y te hacen olvidar todo por unos segundos, y los vacíos y carentes de cualquier sentimiento. Sasuke intentó besarte de la manera vacía. Él entiende perfectamente lo que es un beso y aún cuando tú no estás enamorada de él, intentó besarte, ¿no es cierto?

Hinata asintió en silencio, contrariada por la última parte. ¿Acaso su primo había dicho "enamorada"? ¿Qué podía significar eso?

–Entonces… ¿es una acción? –preguntó girándose hacia él.

Él asintió.

–Sólo con la persona correcta… –susurró mirando al cielo nocturno atiborrado de puntos brillantes-. Pero Neji… –lo miró a los ojos-, ¿cómo sabes quién es esa persona?

Neji le correspondió la mirada; ya no se apreciaba el bochorno en su rostro, sólo la sorpresa. Talvez el par de jóvenes no lo supiera entonces, pero el fulgor con el que sus blancos iris brillaban, era un millón de veces más hermoso que todas las estrellas del firmamento juntas. Sus corazones comenzaron a latir al unísono, y Neji, aún conociendo lo que pasaría si no se ponía en pie, sabía que no había fuerza humana que pudiera evitar lo que se cernía sobre ellos.

–Tú… –susurró acercándose cada vez más a la joven heredera-. Sólo lo sabes.


.

–Neji… yo… –comenzó Hinata-. Temo volver a incurrir en la falta de esta noche a causa de mi inexperiencia. No quiero volver a provocar tu enfado sin sospecharlo.

–Mientras mantengas tu promesa todo estará bien, pero no estaría mal que alguien te hablara de los hechos de la vida.

–¿Tú lo harás?

–No soy el indicado. De eso debe encargarse una mujer de tu confianza.

Hinata asintió con lentitud antes de entrar a su habitación.

–Buenas noches, Neji.

–Buenas noches –contestó él antes de verla sonreír por última vez antes de que deslizara su puerta corrediza.

El ojiblanco se llevó una mano a la frente, aún sin creer que, precisamente queriendo prevenir a su prima sobre los acechos de ese despreciable de Sasuke, él mismo, su eterno protector, había sido quien le había faltado al respeto sin que ella misma lo sospechara.

Avanzó hacia su habitación a través de la densa oscuridad que las muchas velas a los costados de los pasillos no lograban vencer. No había hecho ni la mitad del camino cuando algo lo empujó contra la pared aferrándolo de la camisa.

Instintivamente activó su Byakugan y no fue otro más que Sasuke Uchiha el que apareció en su campo de visión.

–¿Qué quieres ahora, Uchiha? ¿Acaso planeas cobrar venganza por el plan que te estropee con Hinata? –preguntó con sorna.

–¡Cállate y escúchame bien! –Ordenó Sasuke-. Tú fuiste el único culpable de que hace siete años por poco no volviera a ver a Hinata –Neji sintió otro jalón a su ropa y no le costaba nada escuchar la iracunda respiración del ojinegro-. Sigues perdidamente enamorado de ella ¿verdad? –Sonrió-, pero te advierto que estoy muy interesado en ella, así que te aconsejo que no te entrometas.

Neji también tomó de la camisa al Uchiha.

–¿Y si lo hago? ¿Qué?

Sasuke acercó su rostro al de Neji aún sin soltarlo.

–Me aseguraré de que esta vez, el que no vuelva a verla seas tú.

Con un violento movimiento Sasuke lo dejó libre. Neji no cambió su semblante desafiante aún después de que el heredero de los territorios del Norte le dedicara una larga y pesada mirada de odio antes de darse la vuelta y sumergirse en lo más profundo de la oscuridad de los corredores.

Neji apretó sus puños y asestó un golpe a la pared;

Después de tantos años, la rivalidad por el corazón de Hinata seguía latente.

.