¡Personas del mundo! Ay, sé que actualicé por última vez hace como... ¿un año, dos años? Lo siento... Es sólo que la escuela se puso pesadísima, y sólo ahora que estoy de vacaciones pude encontrar tiempo para mis amados Neji y Hinata. Y bueno, a decir verdad tuve un momento largo de duelo por la muerte en el anime de mi hermoso Neji (Masashi... cuánto te odio!) Total, odio dejar las historias inconclusas, y heme aquí! Espero que no me guarden rencor, porque me encantaría ver un review de algún usuario (o no usuario :P) que haya leído esta historia desde el principio!
Y bueno, los personajes y sus contextos y tooodo pertenece a Masashi Kishimoto (cuánto lo odio...)
Bueno, los dejo y espero no haber perdido ese "toque" para escribir!
Neji no podía evitar sentirse invadido por la imagen de Hanabi a unos cuantos pasos de él, recogiendo flores con la misma avidez con la que Hinata solía hacerlo cuando tenía su edad. Habían pasado varios años, y cada día de cada uno de esos años, Neji soñaba con recibir noticias de Hinata, de su Hinata, la niña que había conocido un verano y cuyo recuerdo le perseguía constantemente; y el día que su padre le anunció que viajarían de nuevo a los territorios del Este para ver a Hiashi y a su heredera, el corazón del ojiblanco latió con fuerza y a poco estuvo de brincarle del pecho… Tal vez esa fue la razón por la que la puñalada que significó la explicación de su padre para la visita, le hirió tan profundamente.
-¡Neji-nii-san!
El joven se giró al instante, temiendo que su prima menor estuviera en peligro, pero fue grande su alivio cuando la vio acercarse con los brazos atiborrados de flores y las mejillas sucias de polen.
-¡Ahí viene Onee-san! –Anunció, mientras señalaba la figura que se aproximaba a caballo-. Por favor no la reprendas por haber tardado tanto –pidió, pero él sólo bufó como respuesta.
El caballo se detuvo junto a ellos y el ágil jinete descendió de inmediato de él. Neji no la miró de inmediato, queriendo transmitirle su latente enojo por lo acontecido días atrás, pero no pudo evitar espiarla de soslayo, aturdiéndose así al ver un deje de tristeza reflejándose en los ojos de la peliazul, mismo que se borró casi de inmediato.
-Onee-san –se apresuró Hanabi-, ¿todo bien? ¿Para qué te ha llamado Otou-san?
Hinata titubeó un poco. Ella hubiera preferido evadir el tema, pero sabía que no podía ganar nada intentando ocultar la noticia, ya que al parecer todos en los territorios del Este, excepto ella misma, sabían lo que acontecería entre los territorios del Este y los del Norte, entre los Hyuuga y los Uchiha.
La heredera suspiró con pesar y sonrió lo mejor que pudo, pero en su interior sus sentimientos eran un nudo que raspaba y lastimaba su pecho.
-Hanabi, Otou-san me ha llamado p-porque… -dijo en un hilo de voz, pero de inmediato se aclaró la garganta-. Otou-san me ha puesto al tanto de mi compromiso con Uchiha Sasuke –sentenció-. Nos uniremos en matrimonio dentro de… de unas semanas.
Las palabras de la mujer tensaron el ambiente y los presentes quedaron atónitos. Neji torció las riendas de su caballo y sonrió con amargura. La niña no dijo nada, sólo abrió sus brazos y dejó caer el espeso racimo de flores al suelo.
–¡¿M-matrimonio?! –Repuso Hanabi-. ¡¿Tú?! Y… ¡¿Y con el hombre de ojos malvados?!
-¡Hanabi! No hables así de Uchiha-san –la reprendió su hermana-. Le debes respeto.
-¿Por qué? ¿Porque va a ser tu esposo? –replicó la niña, dolida.
Hinata ensanchó los ojos, molesta por el atrevimiento, pero no supo qué hacer o qué responder, por lo que se limitó a guardar silencio y asentir pesadamente con su cabeza
-Hablas como si ya hubieras digerido el asunto.
La heredera sintió erizársele la piel al escuchar la grave voz de su primo; él era la persona que menos esperaba le dirigiera la palabra en tal situación. Sus manos temblaron ligeramente, pero recuperó su carácter decidido rápidamente.
-¿De qué hablas? No hay nada que pensar al respecto. Fue una decisión tomada por mi padre y yo sólo la estoy acatando –respondió sin siquiera dudar.
-Tú… -murmuró Neji, y en un pestañeo tomó a Hinata de los hombros y la sacudió-. ¿Cómo te atreves a hablar así? –Hinata lo miró asustada-. Es como si fueras un títere… "Él manda, yo obedezco" ¿Es en serio? ¡¿No te das cuenta de lo que implica el matrimonio?! –La agitó de nuevo y ella no contestó-. ¡Significa entregar tu vida! ¡Es dedicarte a una persona, pasar el resto de tus días con ella! ¡¿Y acaso no sabes quién es Sasuke Uchiha?! –La mujer se soltó de un empujón y retrocedió, pero Neji la siguió-. Para él no vales nada… Eres un capricho que ha tenido toda su vida. Pero por fin lo logró, eres de su pertenencia ahora… ¡Tu vida a su lado será un infierno! Te humillará, te maltratará… ¡Ni siquiera te tomará en cuenta, porque sólo serás muestra de los alcances de su poder! ¡Imagínate tener como adorno a la heredera de los territorios del Este…! –los ojos de Hinata comenzaban a humedecerse y Neji sentía que cada palabra era ácido en su boca, pero no podía parar, tenía que hacerla saber lo que la esperaba-. ¡Él es un monstruo, y lo sabes! ¡Él te golpeó de pequeña, y cuando seas oficialmente propiedad suya no dudes que lo hará de nuevo!
-¡Te equivocas! –Gritó ella, desesperada por interrumpirlo-. ¡El padre de Sasuke lo enlistó en los servicios militares después de… eso! ¡Y ahora está completamente reformado!
-¡No te engañes, Hinata! –Respondió Neji con sorna-. Desde que lo viste supiste qué clase de persona era. Es un ególatra empedernido, ama la violencia, cree que las sacerdotisas son estúpidas, goza de humillar a las mujeres y de ir por ahí seduciéndolas. Piensa lo que pasará cuando seas su esposa… Sólo te encargarás de darle hijos tan monstruosos como él mismo.
Entonces el sonido de un golpe seco cortó el aire. El ojiblanco todavía tenía más que decir, pero la heredera no pudo soportarlo más y lo abofeteó. Neji se tocó la zona herida mientras veía a una Hinata jadeante y con los ojos llorosos frente a él.
-No te atrevas a decir más –advirtió Hinata, herida, furiosa… y triste.
Neji guardó silencio, y después de un breve silencio, esbozó una sonrisa amarga y subió a su caballo para decir:
-Todo lo que dije es cierto. Debías saberlo -y partió de ahí a todo galope, dejando a la sacerdotisa y a la aprendiz solas en el prado de flores.
Hanabi miró a su hermana mayor: los labios le temblaban, sus ojos estaban nebulosos y no dejaba de ver la dirección en la que Neji había desaparecido. Temiendo lo peor, la niña se acercó lentamente a su hermana para hablarle, pero ni eso pudo hacer, porque en cuanto Hinata perdió de vista al heredero de los territorios del Oeste, se arrepintió por un momento de lo que había hecho y rompió en llanto. Hanabi se le acercó rápidamente y la abrazó lo mejor que pudo, pero la heredera la rechazó y cayó de rodillas lamentándose.
-Onee-san… -la llamó la niña, y la volvió a abrazar-. No le hagas caso, no estaba pensando las cosas que decía…
-¡¿Cómo no las iba a pensar Hanabi?! –Exclamó su hermana con el rostro escondido en sus manos-. ¡Hasta parecía que gozaba con gritarme!
-No… No es eso… Es sólo que… -titubeó-. ¿Cómo esperabas que reaccionara ante una noticia así?
Hinata la miró entre las abundantes lágrimas, confundida por la pregunta.
-No lo sé… De cualquier manera –respondió-. Es decir, esta decisión es mía, a él no le afecta en nada.
-Ajá –repuso la niña-. ¿Acaso no sabes que Neji te ama?
La peliazul la miró largamente, se limpió las lágrimas y exclamó:
-¡"Amar, amar"! ¿De qué hablas? ¡¿De qué hablan todos?! –bufó-. Todos hablan de amor, pero nadie se toma la molestia de explicarme –la castaña la interrogó con la mirada-. Sí, Hanabi, nuestro padre me ha dicho que el amor es el cariño, pero con otro nombre –explicó-. ¡Por eso no entiendo por qué hacen tanto alboroto por un poco de cariño! Entiendo que Neji me tenga cariño porque soy su prima… ¡Pero actuar así…! ¡Es una locura!
Poco después rompió en renovados sollozos y su hermana menor alejó la mirada, más confundida que antes: "¿Cariño y amor es lo mismo?" Pensó. Y tras cavilar mucho, se puso de pie y confrontó a su hermana.
-Onee-san, estás mal –Hinata la miró-. El amor no es lo mismo que cariño.
-Pero Otou-san…
-¡No Hinata! –Vociferó, consiguiendo la total atención de la heredera-. Yo trato de hablarte del amor que sólo un hombre y una mujer pueden sentir, ¿entiendes? Tú y yo sentimos cariño por nuestro padre, Neji siente cariño por su padre, pero él te ama a ti.
-Hanabi, ¿qué cosas estás diciendo?...
-¡La verdad!... ¡Por todos los Kamis, Onee-san! ¡Neji ha estado enamorado de ti desde que eran niños! ¡Incluso yo, que era pequeñísima, lo sabía!
Hinata negó con su cabeza.
-Basta ya, Hanabi, sólo me estas confundiendo –e hizo amago de levantarse, pero la niña la detuvo.
-¡Onee-san! Amar… Amar es la cosa más maravillosa de este mundo. Yo misma no lo he sentido, pero varias compañeras del templo sí, y me contaban –dijo emocionada-. Se siente como si… ¡Como si quisieras demasiado a una persona! Tu corazón late con fuerza cuando ves a esa persona, un relámpago se crea cuando te toca, cuando te mira te sonrojas y te pones nerviosa sin saber por qué… Te arreglas inconscientemente para él, siempre intentas estar bien con él, estar el máximo tiempo a su lado… Cuando te abraza te sientes en casa, ¡y cuando te besa…! ¡Sientes que tu alma se eleva hasta los confines del cielo!... Y preferirías morir cien veces antes que hacerle daño.
Hinata la miró y sonrió tristemente.
-Dices que Neji me ama –suspiró-, pero él acaba de hacerme mucho daño… ¡Mira este suelo, está húmedo por mis lágrimas!
Hanabi se revolvió el cabello.
-Onee-san, el matrimonio es el resultado del amor de dos personas… Y créeme, si tú amaras al Uchiha, Neji en persona te entregaría a él, aun cuando tuviera que dar la media vuelta y no volver a verte nunca más –Hinata negó lentamente-. Onee-san, Neji sólo quiere tu felicidad, por eso está tan molesto de que sigas a ciegas las órdenes de Otou-san sin importarte como repercuta en tu vida… Ahora te convirtió en un simple bien con el cual negociar, y a ti no te importa.
Hinata sintió las lágrimas formarse en sus ojos: quería gritarle a Hanabi como le había gritado a todas las personas que le habían dicho alguna vez que ella parecía no tener alma ni voluntad, que parecía no tener sueños ni aspiraciones en la vida mas que complacer a su padre… Que era como si ella fuera ajena a sí misma, porque siempre era propiedad de alguien más, primero de su padre, y en unos cuantos días… de Sasuke. Pero no pudo; sabía que lo que Hanabi decía no era con intención de lastimarla, sino para quitarle la venda de los ojos.
Estaba exhausto. Habían sido tres días de entrenar como loco, de pensar día y noche en ella y también de hacer todo lo humanamente posible por evadirla, pero desafortunadamente se topaba con ella en el comedor tres, o cuando podía, dos veces al día. Golpeó por última vez el aire, se quitó la parte superior de su vestimenta y se secó el sudor.
"Si sigues así te desmayarás" le había dicho su padre, pero Neji no podía evitarlo; tan sólo ver la sombra de Hinata le provocaba remordimiento y tenía que correr al árbol más cercano para descargar su impotencia a golpes. No se arrepentía de lo que le había dicho días atrás, sino de cómo se lo había dicho: con odio, como si le escupiera las palabras.
Subió rápidamente a su aposento. Aunque sus piernas lo mataban y hubiera preferido subir a paso lento, el menos tiempo que estuviera fuera de su cuarto significaba una menor probabilidad de encontrarla en los pasillos. No se molestó en descansar, se dirigió directamente al baño, se duchó, vistió y recostó en la cama, con su largo cabello esparciéndose por la almohada. Inevitablemente pensó en ella, en Hinata. Ella era la única mujer que podía ocupar sus pensamientos. Recordó su cabello color de noche, su piel blanca y sus labios dulces, esos que había hecho suyos más de una vez.
Un golpe en la puerta lo hizo salir de su estupor.
-Neji –era su padre-. Saldremos de la fortaleza, ¿quieres venir?
-¿Salir? –Repitió, y sin pensarlo, abrió la puerta y se presentó ante su padre-. Vamos.
Hizashi parpadeó sorprendido por tanta disposición de su hijo, pero decidió no preguntar nada y caminó con él hasta la entrada de la fortaleza: Neji nunca le hubiera confesado que esa salida le caía perfecto para no tener que ver a su prima.
Llegaron a la entrada, pero tan pronto el ojiblanco vio al par de ojos negros y supo que los acompañaría en "el paseo", quiso dar media vuelta, pero Hizashi lo tomó del brazo y lo guió hasta el carruaje. En total eran cinco dentro del carro jalado por los caballos, todos hombres, tres Hyuuga y tres Uchiha. Neji se arrepintió de haber tomado parte en el viaje, porque no confiaba en poder controlarse ante la menor provocación del Uchiha, mismo que no tardó en romper el silencio que los rodeaba:
-Disculpe, Hiashi-sama –dijo el ojos de azabache dedicando una mirada fugaz al joven Hyuuga-, ¿por qué mi prometida no nos acompañó esta vez?
Neji se mordió la lengua y su padre le sujetó el hombro. "Mi prometida" repitió Neji en sus pensamientos. Entre más lo pensaba, más asco le daba.
-Hinata está preparándose para un festival que habrá hoy en la noche, el Gran Fuego de Lluvia de Luna –respondió el monarca.
-Perdón, ¿el qué? –inquirió Fugaku.
-El Gran Fuego de Lluvia de Luna –repitió Hiashi-. Es una fogata de tamaño considerable alrededor de la cual se baila y se canta para implorar al Kami del agua que nos beneficie con lluvia abundante. Se realiza año con año hasta que cae la primera lluvia.
-¡Suena bien! ¿Por qué no nos avisaste antes, hermano? Ahora tendremos que arreglarnos de improviso –comentó Hizashi sonriente.
-Bueno, eso es porque al Gran Fuego sólo asisten las mujeres –respondió el monarca, y los tres adultos soltaron una risotada.
Neji podía sentir la mirada del Uchiha menor sobre él, pero no era una mirada molesta o recelosa, como las que le dedicaba antes, sino que ésta era de superioridad, como si tras años de lucha hubiera logrado ganarle "Y lo hizo, de alguna manera" pensó el Hyuuga.
Pronto el carro se detuvo y las dos nobles familias descendieron, siendo Neji el único sorprendido al ver frente a él el templo Shinto en que Hinata ejercía. Comenzaba a sentirse nervioso, cuando la Gran Miko apareció frente a ellos.
-¡Bienvenidos sean! –saludó reverenciándolos-. ¿Y bien? ¿Cuál de estos jóvenes será el que despose a la hermosa heredera?
Neji bufó y Sasuke dio un paso al frente, sonriendo con sorna. La mujer lo examinó con seriedad y después lo felicitó dándole toda clase de bendiciones para su unión.
-Entonces los invito a ver el lugar donde se realizará la unión –dijo sonriente, y todos la siguieron, excepto Neji, que quedó atónito.
¿Era posible? ¡Su propio padre lo había llevado al lugar donde perdería a la mujer que amaba!...
-Pero… -interrumpió la anciana-. Me temo que ninguno de los jóvenes puede venir con nosotros; mis aprendices están en su hora de descanso, y no piensen que dejaré que un montón de niñas ingenuas vean a estos apuestos muchachos... -Los tres adultos rieron-. Descuiden, los encargaré a una de mis sacerdotisas –entonces llamó a una joven de hakama rojo que barría cerca de ahí-. Misao-san, por favor encárgate de servir a estos dos jóvenes, se trata de los herederos de los territorios del Norte y del Oeste.
La muchacha asintió y los adultos partieron, dejando a los tres jóvenes solos. La Miko sentía sus manos temblar: ¡Jamás había estado frente a hombres tan importantes y… apuestos! Neji suspiró con pesadez al sentir su nerviosismo, y temiendo que se fuera a desmayar, le indicó una pequeña casita de madera cercana y le preguntó qué había ahí. La joven los invitó a entrar y tan pronto abrió la puerta vieron una habitación exquisitamente decorada con objetos valiosos enfocados a un altar magnífico donde se alzaba la figura del Kami del bosque.
-Aquí se realiza la oración de la mañana, y de vez en cuando hay ofrendas que darle al Kami –explicó mientras tomaba una bandeja con pequeños círculos anaranjados-. Por ejemplo, hoy nos trajeron esta charola con dulces de azahar. Todavía no están consagrados, así que por favor tomen uno.
Neji tomó uno y lo probó tras dedicarle una mirada desconfiada, Sasuke también tomó uno y se lo llevó a la boca sin más, mientras se aproximaba al hermoso vitral que había en una de las paredes.
-¿Dulces de azahar? –inquirió Neji y la mujer asintió.
-Es lo más dulce que usted encontrará en todo el Imperio del Este –completó ella.
La súbita tos del Uchiha al fondo de la habitación llamó la atención de los otros dos: se estaba ahogando. Pero tan pronto se recuperó, se soltó a reír.
-¿Lo más dulce en el imperio, dices? –preguntó-. Te equivocas, hay algo mil veces más dulce y apetecible en el Imperio del Este.
Neji tuvo un mal presentimiento.
-¿Y qué es, Sasuke-sama? –preguntó la Miko.
Sasuke miró a Neji y esbozó una media sonrisa.
-Los labios de la joven heredera, claro está –contestó.
La sacerdotisa dejó caer la bandeja y se cubrió la boca con sus manos; ¿la joya del imperio… ultrajada?... Las manos de Neji se transformaron en puños, y sin esperar más, fue hasta Sasuke, lo tomó de la camisa y lo puso contra la pared.
-¡¿Qué rayos dijiste, imbécil?! –gritó, y el ojinegro sonrió.
-Lo que oíste, Hyuuga –repuso-. Besé a tu muñequita de porcelana.
Neji se quedó inmóvil, y entonces Sasuke se deshizo de su agarre y caminó tranquilamente hacia la salida. Neji no cabía en sí: ¿Hinata y Sasuke? No, debía ser mentira. Ella le había prometido que no dejaría que se le acercara… Sus nudillos se apretaron con fuerza hasta que se volvieron blancos; podía sentir cómo le hervía la sangre. El Uchiha sólo intentaba difamar a Hinata, y él no se lo permitiría.
Sin saber cómo, Neji interceptó a Sasuke en su camino a la puerta, y frente a la mirada atónita de la Miko, lo tomó del cuello y le asestó un puñetazo que lo derribó. Sasuke sonrió para sí: cuando eran niños habían estado en una situación parecida, pero en ese entonces Neji lo había derrotado. Esta vez no sería así, el rencor entre ambos se había estado cosiendo desde hacía años.
Sasuke se puso de pie y escupió la sangre que se acumulaba en su boca: en verdad el Hyuuga era fuerte. Arremetió él también, y aunque Neji esquivó su golpe, no vio la patada que lo mandó casi hasta el otro lado de la habitación. La sacerdotisa rogaba que se detuvieran en vano; ninguno de los dos pensaba, veía ni escuchaba nada. Se habían convertido en animales heridos, lo único que sabían era que pelearían hasta que se les acabaran las fuerzas.
Furioso, Neji corrió en dirección al Uchiha, pero en vez de asestarle un golpe, lo empujó hasta el vitral del cuarto y ambos aterrizaron en el rellano del templo Shinto, con los vidrios de colores hechos trizas alrededor suyo. La sacerdotisa, ya entrada en pánico, comenzó a vociferar, pidiendo ayuda, pero lo único que consiguió fue interrumpir las clases y provocar que todas las aprendices salieran a ver el espectáculo.
Las jovencitas se reunieron de inmediato en torno al par de apuestos y nobles jóvenes peleando, todas ellas gritando y soltando risitas nerviosas, pues estaban seguras de que nunca volverían a ver algo por el estilo. Mientras, con Sasuke bajo él, Neji comenzó a golpearle en el rostro. La sangre empezó a brotar de la nariz del ojinegro, que se quejaba por los vidrios sobre los que había caído. Mientras, forcejeaba por tirar al Hyuuga, y aprovechando un desbalance de fuerzas, el Uchiha hizo al ojiblanco rodar sobre sus espaldas, tomando él la posición dominante. Las jovencitas gritaron emocionadas al ver la ancha espalda del Uchiha a través de los jirones en los que había quedado hecha su camisa por los vidrios. Neji gruñó por el vidrio roto que se le encajaba a lo largo de la espalda, al tiempo que el Uchiha dejó caer sobre él una ráfaga de puñetazos.
-¡Acéptalo, Hyuuga! ¡Tu muñequita de porcelana es mía! –gritó.
Neji soltó un sonido gutural, y dándole un rodillazo en el estómago al azabache, cambió de posiciones.
-¡Ella no te ama, idiota! ¡Nunca te pertenecerá por completo!
Y empezó a golpearle en la boca del estómago, al tiempo que las aprendices de Miko admiraban su espalda, que estaba igual o más ensangrentada que la del Uchiha, y también comentaban la extraña conversación que habían sostenido, ¿quién era la muñeca de porcelana?
-¡¿Qué está pasando a aquí?! –rugió la Gran Sacerdotisa haciéndose paso entre la multitud-. ¡Deténganse!
De inmediato los padres de los jóvenes los separaron, pero ambos luchaban por deshacerse del agarre y seguir haciendo manar la sangre del otro. El cuerpo de ambos temblaba de furia; los ojos negros se habían tornado rojos y los ojos blancos despedían ráfagas de fuego. Los dos necesitan hacerse daño, destruirse.
-¡¿Qué demonios les pasa?! ¡¿Qué no son ya grandes como para estar haciendo estas demostraciones?! –reclamó Hiashi, pero se dio cuenta que ninguno le prestaba atención-. ¡¿Acaso son animales?!
-¡No toleraré este comportamiento en este templo! -gritó la Gran Miko.
Y acercándose la mujer al joven Uchiha, lo tocó el cuello y éste cayó inconsciente; la mujer se dirigió entonces a Neji, y aunque él intentó alejarse, la mujer alcanzó a tocarlo y lo sumergió en la tinieblas del sueño abducido.
Horas después, ya entrada la tarde de ese mismo día, Neji abrió los ojos, encontrándose de vuelta en sus aposentos de la fortaleza del Este. Sin abrir los ojos fue recuperando sus sentidos poco a poco, dándose cuenta hasta el último de que había manos laborando en su rostro y torso. Asustado, abrió los ojos y enfocó a cada una de las mujeres que se encontraban atendiéndolo, curando y vendando sus heridas.
Tardó un poco en recordar, pero cuando vio de nuevo la imagen de Sasuke y él golpeándose en medio del templo Shinto, se exasperó y les pidió a las mujeres que se retiraran y lo dejaran descansar. Entonces él se puso boca bajo en su cama, sintiendo las mil y un punzadas de dolor que su cuerpo le reclamaba por su falta de juicio y de control.
Agudizó el oído y creyó escuchar a alguien en el corredor de al lado, y arriesgándose tras un breve silencio, dijo:
-Sé que estás ahí, Hinata. Entra o márchate.
La mujer dio un salto del otro lado de la puerta corrediza, pero llenándose de valor entró y cerró la puerta detrás de ella. Se quedó en silencio al lado de la puerta, sonrojada por la visión del torso descubierto de su primo, pero en cuanto reparó en los vendajes y en las heridas que aparecían aquí y allá, se sentó en el futón y colocó su mano sobre su hombro.
-¿Qué haces? –preguntó el Hyuuga, deteniendo su mano con las suyas.
-Estás herido… Quiero ayudar –contestó ella.
-Déjame en paz. Mejor ve a atender a tu prometido.
Neji volvió a recostarse y Hinata bajó la cabeza.
-No quiero –sentenció.
Neji se giró a verla aún recostado.
-¿Qué?
-Me importas más tú, Neji –exclamó-. Y no me importa si incluso mi padre me ordena ir con él; yo quiero estar aquí contigo.
Se levantó del futón acto seguido y se acercó a la ventana, reclamándose mentalmente por haber hablado de más. Sin hacer ruido, Neji se incorporó también, aunque al moverse casi podía sentir cómo sus heridas se abrían. Se acercó a ella, pero ni siquiera osó tocarla, sino que la miró atentamente: no llevaba puesto su tradicional hakama de sacerdotisa, sino que iba vestida con una yukata amarilla muy sencilla para su rango, y llevaba el cabello suelto y no en su eterna coleta baja. Al parecer la habían estado arreglando, porque había pintura vegetal fresca en su cabello índigo, dibujando formas y relieves referentes al agua.
-¿Supiste lo que pasó hoy? –murmuró él al fin.
-Te peleaste con Sasuke en el templo –contestó ella.
-Él dijo que te había besado –hizo una pausa-. ¿Es cierto?
Hinata guardó silencio.
-Yo no sabía lo que hacía… él sólo se me acercó y cuando me di cuenta… -suspiró.
Neji negó por lo bajo y ella sonrió con amargura.
-¿Sabías que yo estaba comprometida?
-Tú lo sabías también –contestó él con rencor.
Hinata se giró y lo miró extrañada.
-¿De qué hablas? ¡Hasta hace unos días yo no sabía nada!
Neji la miró también, pero aún más confundido que ella.
-Pero… Tu padre nos mandó a llamar a mi padre y a mí. Por eso vinimos, para presenciar tu matrimonio –explicó-. Yo creí… Creí que desde pequeña lo sabías.
Hinata negó por lo bajo.
-Fui la última en enterarme. Yo… creo que mi padre en vez de prepararme para verme como la esposa de Sasuke, sólo decidió que nadie nunca me dijera lo que era el amor –murmuró-. Así yo me lanzaría al precipicio, sin saber el golpe que me esperaba –Neji no habló-. Pero, ¿sabes? Ha sido Hanabi la que me ha dicho lo que es.
Neji sintió un cosquilleo subirle por la espalda.
-Y me ha dicho que tú me amas –El ojiblanco tensó la mandíbula-. Pero lo que no sé… Es si yo te amo a ti.
Sin poder resistirse más, el Hyuuga la tomó de los hombros y la giró hasta que se vio reflejado en sus blancos iris.
-¿Qué sientes? –preguntó.
-¿Qu-qué?
Él la acercó a su cuerpo.
-¿Qué sientes? –repitió, y ella seguía sin poder responder.
Entonces con un brazo la sujetó por la cintura y con la otra la tomó de la nuca.
-¿Qué-sientes?
Hinata sentía que su corazón se aceleraba y se detenía al mismo tiempo. Sentía que cada centímetro de su piel se erizaba ante el calor del ojiblanco. Sentía que un relámpago la partía en dos cuando sintió su brazo de acero cerrarse en torno a ella; sentía que quería estar con él… siempre.
Neji sujetaba su rostro a pocos centímetros del suyo, pero no la besaba, y eso empezaba a volverla loca; sólo la tenía ahí, a nada de tocar sus labios pero prefiriendo escrutándola con un extraño brillo en la mirada. La heredera lo miraba confundida, no sabía qué quería que ella le contestara o hiciera. Y como si fuera un reflejo, ella tan sólo elevó sus brazos y atrajo a Neji hacia ella, para sellar el beso al que él le había estado tentando.
Tan pronto como sus bocas se unieron, Hinata sintió que las rodillas se le doblaban y Neji se encargó de mantenerla de pie. Se separaron unos segundos para recuperar la respiración, pero se miraron con tanta intensidad que fue él quien renovó el contacto. Las manos de ella comenzaron a bajar de su cuello, tocó sus hombros fornidos y las deslizó lentamente por el fuerte y trabajado torso.
Sus respiraciones comenzaban a ser demasiado audibles, y sus juicios estaban a nada de nublarse, cuando unos repentinos golpes en la puerta hicieron a Neji alejarse. Hinata gimió inconscientemente por el repentino abandono de los labios del ojiblanco, pero supo mantener la compostura cuando su doncella, Kazu, le preguntó si estaba lista para que la siguiera arreglando para el festival de esa noche. Hinata se sonrojó, miró a Neji de soslayo y se apresuró a salir de ahí.
Neji se recargó contra la ventana para recuperar el aliento;
"¿Qué clase de respuesta había sido esa?"
Cuando las hijas del emperador Hiashi llegaron al Gran Fuego de Lluvia de Luna, parecía que eran las únicas que faltaban, porque el festival estaba repleto, y tan pronto ellas entraron, los guardias cerraron las puertas de la muralla que protegía a las mujeres de cualquier amenaza. Hinata estaba encantada de compartir el festival anual con Hanabi: los kimonos ululaban, las mujeres cantaban y bailaban, el perfume alegraba la atmósfera; y tras haber declarado la ceremonia como iniciada, Hinata llevó a Hanabi hasta la enorme fogata que era el centro del festejo, enseñándole cómo bajo el montón de madera ardiente había un plato gigantesco lleno de aceite, todo esto para prevenir a la niña de no acercarse demasiado, ya que el aceite estaba hirviendo y el acero del plato estaba igual o más caliente.
Hanabi bailó con su hermana alrededor de las primeras dos horas, y después tuvo que ir a conseguir un asiento. La peliazul siguió bailando las danzas ritual: esa era la única fecha en todo el año en que Hinata parecía una persona normal y no la futura emperatriz de los territorios del Este. Estaba muy ocupada en su dicha, cuando alguien le tocó el hombro a la mitad del baile, y fue grande su alegría cuando vio detrás de ella a Ino. Ambas se unieron en un abrazo y la rubia la arrastró lejos de la fogata para llevarla a los puestos de comida, donde podrían hablar con más tranquilidad.
-¡Sólo los Kamis saben cuánto he esperado este día para verte!
Ino rió.
-¿Por qué, Hina-chan? ¿Pasa algo? –Hinata le dedicó una larga mirada y la Yamanaka calló-. Ah… Tu matrimonio… Sí, me enteré –dijo con tristeza-. ¡Hey! ¡Pero piénsalo! Ese matrimonio no suena tan mal; Sasuke es con suerte el hombre más guapo del mundo.
-Ino… Sabes que eso no me importa nada –dijo-. Y sabes cómo es Sasuke conmigo; soy un capricho. Una cosa.
Ino guardó silencio un momento.
-¿Entonces de qué querías hablar?
Hinata sonrió con un deje de tristeza.
-De Neji.
-¡¿Neji?! –Y la Yamanaka explotó en risas-. ¡A ver, a ver, esto suena bien!
Hinata se sonrojó intensamente.
-Ino… Yo… Creo que estoy enamorada de él –murmuró-. Lo amo. Lo he amado siempre… Y él me ama a mí.
La rubia abrazó con entusiasmo a la que era su única amiga y la colmó de besos.
-Mujer… Perdóname, pero eso sí que es tener mala suerte –exclamó-. Tu corazón tiene dueño, pero tu cuerpo tiene otro.
Hinata ni siquiera intentó sonreír: le dolió profundamente que el dilema que había estado rondando su cabeza fuera puesto en términos tan simples y correctos como los que había usado su amiga.
-A propósito –continuó la rubia-, Hina, ¡tienes que decirme la verdad!
-¿Cuál verdad?
-Dime… ¿Tienes miedo de lo que va a pasar en tu noche de bodas? –Hinata la miró, confundida-. Hinata… No me digas que no sabes… -la Hyuuga guardó silencio y entonces Ino rompió en risotadas-. Ya sabes, cuando dos personas se quieren mucho mucho y se meten a la camita…
Entonces Hinata palideció y se sonrojó como tres veces seguidas.
-¡Ino! ¡N-no discutiré eso contigo! –suspiró-. Además, todavía no he formado mi propia opinión en lo referente a ese tema…
Ino sonrió con malicia.
-¿Quieres que te diga lo que me han dicho…? –la Hyuuga alejó la mirada tímidamente-. Pues todo depende del punto de vista; por ejemplo, hay mujeres que dicen que es muy divertido, en especial si es con un extraño, y ya, pero hay otras que piensan todo lo contrario. Y no es que digan que es horriblemente doloroso, no, pero pues dicen que es un acto sagrado, y que sólo te debes entregar al hombre que te ame y te respete… -sonrió conmovida.
Hinata asintió pensativa. "Al hombre que te ame y te respete…" La Yamanaka pareció leer su pensamiento, porque salió de su ensimismamiento y la miró con seriedad.
-Hinata –la llamó-, pero tú sabes que nada de lo que he dicho se aplica en tu caso. Sabes muy bien que hay una ley que ordena la muerte de la heredera si no llega virgen al matrimonio, así que no pienses locuras, ¿de acuerdo?
Tras un silencio eterno, Hinata asintió con un movimiento de cabeza y suspiró con pesadez. Ino cubrió sus hombros con un brazo, intentando reconfortarla, y sin más la llevó por una copa de sake.
-Dos de lo más fuerte que tengas, mujer –pidió Ino a la dependienta, pero la peliazul le rechazó el vaso-. ¡Hinata! No seas así, créeme, con todo lo que estás pasando, un vaso de esto te tranquilizará –La heredera la miró con desconfianza-. Anda, confía en mí.
Tomó el vaso entre sus manos, e imitando a su amiga, lo apuró de un solo golpe. El contenido le raspó la garganta y la hizo toser frente a Ino, que se rió de su fragilidad y le empezó a relatar la vez que ella tomó sake por primera vez; pero Hinata no escuchó, empezaba a sentirse mareada y sentía ganas de llorar por su desgraciada vida. Ino le pasó la mano por los ojos para tener su atención, pero la heredera se la alejó de un golpe: se sentía molesta, frustrada, y las lágrimas ya habían empezado a brotar sin razón. Se odiaba a sí misma cuando lloraba.
Comenzó a caminar e Ino la siguió, procurando no dejarla caer, porque más que avanzar, se iba tropezando con todo. Lo siguiente que supo, fue que Hinata estaba recargada en la parte trasera de uno de los puestos de comida, y cuando la rubia se acercó, supo que Hinata estaba escuchando la conversación que mantenían las dos mujeres del puesto.
-… ¡Y la pelea de hoy en el templo! –Decía una aguantando la risa-. Mi hija me contó que hablaban de una "muñeca de porcelana". Sasuke-sama decía que ya la había besado, y Neji-sama le contestó que ella nunca lo amaría.
-¡Anda! –rió la otra-. ¿Estarían hablando de Hinata-hime?
-¡Obviamente! Y no sabes, todas las mujeres del imperio le tienen celos a Hinata-hime ahora mismo, ¡imagínate! Tener a dos herederos importantes y apuestos peleando por tu amor… ¡de sólo pensarlo se me eriza la piel!
-Ya cálmate –bufó una de las mujeres-. Que la pelea ya acabó, Neji-sama la había perdido desde el principio y eso todos lo sabíamos. No olvides que Hinata-hime y Sasuke-sama ya habían estado comprometidos de pequeños, pero Hiashi-sama anuló el trato.
-Sinceramente yo había pensado que lo había anulado porque iba a casar a nuestra Hinata-hime con su primo, que sin duda es mucho mejor que Sasuke-sama, y yo creo que hasta nuestra princesa lo preferiría a él mil veces.
-¡Claro que no! –peleó la otra-. ¡Hinata-hime quiere a Sasuke-sama! ¡Es tan guapo y valiente!
Ambas comenzaron a reír estrepitosamente y después cambiaron el tema de conversación. Ino levantó la mirada y vio a su amiga hecha pedazos, recargada contra la tela del puesto y con las manos cubriendo su boca para silenciar sus sollozos.
-Hinata… -intentó tocarla, pero la heredera la rechazó de nuevo y corrió de ella.
La Yamanaka no quería que su amiga apareciera con el rostro tan desencajado frente a toda la población femenina que se encontraba concentrada en la fogata, porque hacia allá se dirigía la peliazul; pero por más rápido que intentaba correr, no conseguía alcanzarla.
"…Tener a dos herederos importantes y apuestos peleando por tu amor…"
La heredera irrumpió en donde estaban las mujeres bailando: necesitaba a su hermana.
"…Sasuke-sama decía que ya la había besado, y Neji-sama le contestó que ella nunca lo amaría."
A lo lejos Hanabi la vio y sintió que algo no estaba bien con ella, así que la llamó moviendo la mano en el aire. Llorando desconsoladamente, pero agachando el rostro para que nadie lo advirtiera, corrió hacia su hermana bordeando la fogata y su plato de aceite caliente, pero por el mareo del que aún era víctima y su enredado pensamiento, sus pies se hicieron un nudo con la falda de su kimono y cayó al suelo.
Todas las mujeres gritaron horrorizadas, pero ninguna se movió, sólo Hanabi, que corrió desde su lugar a auxiliar a su hermana: había tropezado y parte de ella había caído en el plato con aceite hirviendo.
"…Hinata-hime y Sasuke-sama ya habían estado comprometidos de pequeños, pero Hiashi-sama anuló el trato."
La peliazul gruñó por el dolor de la caída, y al abrir los ojos vio a pocos centímetros de su rostro un metal amarillo y no pudo reconocer qué era ni dónde estaba: el mareo había empeorado y ni siquiera sabía cómo había llegado a estar tendida en el piso.
-¡Hinata no te muevas! –gritó Hanabi ya a poca distancia.
La ojiblanca suspiró, sólo había sido una caída estúpida, nada del otro mundo. Entonces buscó algo en qué recargarse para ponerse en pie y lo encontró dispuesto a un lado, en lo que pensaba era un tubo de acero roto.
"…la pelea ya acabó, Neji-sama la había perdido desde el principio y eso todos lo sabíamos."
Lejos de ahí, en la fortaleza de la familia Hyuuga, un joven de mirada oscura recuperó la consciencia de súbito, y sintiendo manos ajenas tocándolo, giró sobre su espalda, encontrándose con varias sirvientas, mismas que retiraron sus manos de él de inmediato. El Uchiha se movió para hablarles, pero se dobló se dolor.
-Te duele, ¿verdad? –Dijo una voz conocida-. Te mereces eso y más por tu estupidez sin remedio.
Sasuke bufó.
-¿Dónde está Hinata? –preguntó, las mujeres se miraron entre sí y callaron-. ¿Dónde está? –Repitió él, pero no recibió respuesta-. Salgan.
Las jóvenes obedecieron y Sasuke intentó acomodarse en su cama, gruñendo y bufando a causa del dolor que le causaban sus heridas en la espalda.
-Estúpidos vidrios –pensó.
-¡¿Acaso eres idiota, niño?! –preguntó quién hasta entonces se había mantenido oculto en las sombras.
-No estoy de humor para soportar tus regaños, padre. Así que ahórratelos –contestó, hundiendo el rostro en la almohada.
-¡Sasuke, sabes perfectamente que Hiashi ya suspendió tu compromiso con Hinata una vez! ¡Y fue precisamente por un comportamiento parecido al que tuviste hoy! –el hombre se revolvió el cabello, exasperado-. ¡Necesitamos esta unión! ¡¿Cómo te atreviste a ponerlo todo en riesgo?!
-Yo no hice nada –contestó el ojinegro-. Fue ese imbécil de Neji el que me atacó.
-A mí no me engañas, Sasuke –dijo Fugaku con sorna mientras se acercaba a él-. Estoy seguro de que fuiste tú el que lo provocó.
-Ya. No hables más. Estoy muy adolorido y ni siquiera puedo entender bien lo que dices –zanjó el joven-. Ahora tráeme a Hinata; si va a ser mi futura esposa, es hora de que empiece a comportarse como tal y venga a cuidarme.
Fugaku sonrió con amargura.
-Hinata está en su festival ese –contestó-, pero te interesará saber que antes de irse se encargó de ir a aliviar los dolores de Neji, mientras que a ti… bueno, ni siquiera preguntó cómo estabas.
El heredero de los territorios del Norte apretó sus puños conforme su padre hablaba, y aunque casi no podía moverse sin sentir que se desgarraban sus músculos, logró tomar su almohada y arrojársela a su padre, quien salió de la habitación riéndose de él.
Su espalda le reclamó el salvaje movimiento con mil punzadas de dolor, por lo que el Uchiha emitió un sonido gutural que traspasó las paredes. Poco a poco se incorporó en su cama. Sonrió con amargura y entrelazó sus manos frente a su rostro. Mechones de cabello azabache le cubrían la mayoría de los ojos, pero incluso así cualquiera habría sabido que de sus ojos negros salía fuego y resentimiento.
-Ya me harté de tus humillaciones, Hinata… -murmuró-. Y esta vez no se va a quedar así.
El agudo grito de dolor cortó el aire e hizo encogerse a todas las mujeres en sus kimonos: todas estaban petrificadas. Hanabi estaba al pie de su hermana mayor, que seguía tendida en el suelo, pero ahora boca arriba y con ambas manos elevadas al cielo. Hanabi se cubrió la boca por el miedo que sintió cuando notó las dos franjas rojas que cruzaban de lado a lado las manos de la heredera: era su carne al rojo vivo. Hinata lloraba en silencio y se retorcía de dolor por las quemaduras.
Cinco de los guardias que estaban dispuestos alrededor del recinto abrieron las puertas y entraron para auxiliar a la heredera, por lo que uno de ellos la tomó en sus brazos y sintió el momento exacto en que al cuerpo de la peliazul lo abandonaron las fuerzas y cayó inconsciente, víctima del intenso dolor.
Lo último en lo que Hinata había pensado antes de desmayarse había sido en la posibilidad de perder para siempre las habilidades curativas que la distinguían entre muchas sacerdotisas, ya que la quemadura había sido severa y no curaría de prisa…
…Pero nunca se le hubiera ocurrido pensar que al no poder utilizar sus manos, había quedado indefensa y a merced de cualquier peligro.
En especial de aquél que vivía con ella bajo el mismo techo y había sido traído por los áridos vientos del Norte.
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¿Y bien? ¿Reviews para esta descuidada escritora? ¿Sí? :D
