¿Hola? ¿Alguien que haya seguido esta historia desde el principio?... Creo que no... Y no los juzgo, porque me he tardado en actualizar :c
Bueno, pues llegamos (¿llegué?) al final de esta historia. "Ajena" es por mucho la historia que más he gozado de escribir y de la que estoy más orgullosa.
Tal vez terminé por aburrir a sus "seguidores" a lo largo de la trama, y lo siento... y me extraña, porque según yo es mi mejor historia!
Total, a los que lleguen a leer esto por favor disfruten; sueño con que en algún tiempo haya un comentario que diga que gracias a esta historia se volvieron NejiHina's o que es su historia favorita.
Gracias a todos los comentarios y favoritos, me hicieron sentir muy especial. Esta es la penúltima historia que he de escribir, pero valió la pena. MUCHAS MUCHAS gracias a los lectores; creo que saben mejor que nadie lo bonito que se siente tener un review!
Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
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Hinata sintió una punzada de dolor desgarrador en la naciente de su espalda y soltó un grito, y Neji, sintiendo cómo por un segundo ella se había presionado con más fuerza contra él, detuvo el caballo.
–¿Hinata? Neji sintió cómo el agarre de Hinata entorno a él se aflojaba y su cabeza chocó contra su hombro. El Hyuuga descendió con dificultad del caballo sin dejar de sostener a Hinata para mantenerla erguida-. Hinata… Hinata… -repetía él al ver que la mujer no se movía.
De pronto, vio una flecha hundida en la parte baja de su espalda, y abriendo los ojos a más no poder, la tomó en sus brazos y la puso en el suelo con él acuclillado a su lado. Tras golpearle suavemente en el rostro, la peliazul entreabrió los ojos.
–Hinata, estás herida –exclamó él-. Haz algo, por favor. Usa tu chakra curativo.
Ella negó con la cabeza.
–No puedo curar algo así –susurró-. Es una flecha, ¿verdad? –él asintió-. Está muy profunda… Yo… Me siento muy débil... –Neji la acomodó mejor en su brazo y exploró con la mirada en busca de ayuda, pero era inútil, estaban solos en la nada-. Neji… ¿por qué palideces? –preguntó ella en voz baja.
–¿Vas a morir? –inquirió él con la voz rota y los ojos enrojecidos.
Ella asintió con pesadez y sonrió tristemente: había estado tan cerca de ser feliz al lado de Neji…
–Pero volveremos a vernos –repuso.
–¿Cuándo? –se apresuró él, confundido.
–En… -una gota de sangre tiñó sus labios-. En la siguiente vida –completó.
–Nada de eso –dijo el muchacho desenvainando su katana.
–¿Qué haces? –Murmuró la ojiblanca viendo a su razón de ser colocarse la espada en el cuello-. ¿Neji? –preguntó, pero él se limitó a tomarla de la mano.
–Te seguiré más allá de la vida, Hinata. En el momento en que tú partas, yo lo haré contigo. Ella sonrió con ternura mientras se incorporaba con ayuda de sus codos.
–No digas eso… -se acomodó en el regazo de su amado, y con una tímida y blanca mano, alejó el arma amenazante de su cuello-. Mejor abrázame. Neji no opuso resistencia y la capturó entre sus brazos al tiempo que fruncía el ceño. –Neji… no tan fuerte –pidió ella, sonriendo.
–Lo lamento –el Hyuuga aflojó el agarre, pero sólo un poco. Se resistía a creer que el amor de su vida se le escapaba entre los dedos-. Es sólo que tengo miedo.
–¿De qué?
–De perderte. De que me dejes solo.
–Eso jamás –respondió ella en un hilillo de voz. Se removió un poco en los brazos de Neji, que para cuando se dio cuenta, tenía puesta la cadena con el dije de sol, collar propiedad de Hinata. –Nunca me creerás si te digo que cuidaré de ti desde el cielo –rió-, o de donde quiera que esté –se incorporó para mirarlo a los ojos-. Por eso te obsequio mi collar; yo estaré contigo siempre que te sientas solo en la vida que te espera, lo prometo.
–¿Vida? ¡¿Qué vida me esperará sin ti, Hinata? –Silencio –pidió callándole con los dedos-. Ahora quiero que tú me prometas algo a mí.
–Lo que quieras –murmuró atrayéndola más hacia sí.
–Promete que cada vez que la desesperación te embargue, mirarás al sol que te acabo de dar y buscarás una salida más razonable que la muerte.
–Hinata… No puedo…
–Promételo, Neji. Por favor. El ojiblanco desvió la mirada.
–Tus manos se enfrían –murmuró.
–Neji –reclamó ella-. Hazlo, por mí. Hubo un silencio largo y doloroso.
–Está bien. Tú serás mi Sol, por ti viviré.
–Gracias… -sonrió-. Te amo.
–Yo también te amo –respondió él con la voz rota-. No quiero despedirme… Ya siento suficiente dolor.
Hinata se separó un poco y besó con devoción y cariño al castaño, acariciándole luego los mechones que escondían sus escasas pero significativas lágrimas. Buscó con vehemencia sus ojos.
–Neji –lo llamó-, una vez vacío este cuerpo –Neji tuvo un escalofrío y Hinata tomó sus manos-, incinéralo y esparce las cenizas en el viento.
–No, no –musitó hundiendo el rostro en su cabello índigo-. No te vayas, te lo suplico. Quédate conmigo.
–Lo siento… sabes que no puedo –respondió ella con los ojos vidriosos-. Pero me voy sin miedo. De este mundo sólo me llevo tu amor, y eso es más de lo que podría pedir.
Se besaron una vez más y Hinata se acomodó en los brazos de Neji como si se dispusiera a dormir.
–En la siguiente vida te buscaré, Hinata –exclamó el castaño-. Y no descansaré hasta que podamos estar juntos.
Ella esbozó una sonrisa cálida, aunque cansada, y asintió. Las horas pasaron, y sin darse cuenta los dos se quedaron dormidos después de llorar y sufrir la agonía de una separación inevitable en completo silencio. A la mañana siguiente, cuando Neji abrió los ojos, se dio cuenta que ya no había despertado con Hinata entre sus brazos, sólo con su cuerpo sin vida. Con toda las fuerzas que pudo reunir, juntó la leña y cumplió la última voluntad de Hinata sin derramar una sola lágrima, aunque sí sintiéndose irremediablemente solo y a la deriva. Con el atardecer a sus espaldas, subió a una montaña y se dispuso a dejar irse con el viento lo que quedaba de su amada. Sintió ganas de llorar y de no volver a saber nada del mundo, pero se aferró al dije que Hinata le había regalado y sonrió con melancolía mientras veía el fino polvo desaparecer frente a él; Hinata había cumplido su promesa, porque pese a todo, la sentía a su lado en el recuerdo de todas las cosas vividas y de sus hermosas sonrisas.
Mirando cómo algunas estrellas comenzaban a aparecer en el firmamento anaranjado, creyó saber el porqué de la última voluntad de Hinata: Ahora ella estaba en el viento... En el eternamente libre viento.
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¿Están todos bien?... Espero que sí! Y además, que hayan notado las lindas palabras en itálicas, porque Neji sí volvió a buscarla (en mi otro fanfic, "vidas pasadas")
