¡No pude dejar un final como aquél! Aunque creo que es el más adecuado para la historia, porque empezó como una tragedia... ¡PERO NI MODO!
¡Escojan el que mejor les parezca, pequeños míos!
Disclaimer: Naruto y sus personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.
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Avanzando en completo silencio y a paso lento, los dos Hyuugas se crisparon cuando vieron una flecha pasarles demasiado cerca de su costado.
Hinata se volvió y vio el momento en que Sasuke caía al suelo tras haber utilizado sus últimas fuerzas para intentar hacerles daño, y negando por lo bajo, elevó una plegaria por su alma antes de reincorporar su mirada al frente y depositar un casto beso en el hombro de Neji: él era su vida y no podría imaginarse lo que sería de ella sin él. Cabalgaron durante tres días, deteniéndose a descansar y recuperar fuerzas de vez en cuando; y después llegaron a los territorios del Sur, que no era un imperio, sino una tierra fragmentada en algo llamado "comunidades". El par de ojiblancos se detuvo en la aldea más formidable que encontraron, y aunque todos los residentes se extrañaron por el color tan extraño de sus iris, los aceptaron gustosos en su comunidad al ver que eran personas trabajadoras y decentes.
Neji aprendió los oficios de cultivar la tierra y Hinata empezó a ejercer como Miko en el pequeño templo Shinto de la aldea. Vivían sin lujos, pero al vender las joyas que en algún momento Hinata había lucido en banquetes y fiestas de la nobleza, pudieron vivir sin apuros y construir una casa que los enorgullecía a ambos. Hinata no pudo sentirse más dichosa el día en que el monje a cargo del templo aceptó unirlos en matrimonio después de que ella le dijera que era viuda y él insistiera en el amor tan grande que le profesaba a la bella mujer de cabello índigo. No hubo invitados ni banquete, fue un momento totalmente íntimo que parecía darles la pauta para ser felices de ahí en adelante… y en efecto, porque desde ese día, Hinata esperaba a su esposo en la entrada de la casa, recibiéndolo con besos y sonrisas después de un día largo de trabajo, y él la conducía invariablemente al dormitorio para demostrarle lo mucho que había extrañado a su esposa.
En cuanto a lo que habían dejado atrás, nunca más volvieron a saber de sus padres ni de sus imperios, pero poco les pudo haber importado, ya que los hijos llegaron más pronto de lo esperado, y los dos niños y la bella niña que tuvieron, los hicieron infinitamente felices y los mantenían demasiado ocupados como para pensar en cualquier asunto ajeno a su pequeña y nueva familia juntos. Pero eso sí, algo curioso de su matrimonio, era que todas las noches Neji solía quedarse hasta tarde observando a su esposa dormir: le costaba creer que hasta los sueños más locos e imposibles pudieran hacerse realidad...
Pero ella estaba ahí como prueba viviente, diciéndole día a día lo mucho que lo amaba y prometiéndole estar con él hasta que su amor terminara consumiéndolos a ambos.
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N/A:
Y fueron indudablemente felices...
