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En mis sueños

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Parte II

El insistente sonido del móvil me ha sacado de mis sueños, haciéndome abandonar mi lecho con impaciencia. Froto mis ojos un par de veces antes de tomarlo entre mis manos, descubriendo que he perdido la llamada. Con fastidio vuelvo a colocarlo sobre el buró, sin prestarle la menor importancia. Da igual, de todos modos han de volver a llamar. Y como no saberlo, si siempre se trata de trabajo.

Lentamente me meto a la ducha, obligándome a tomar un relajante baño de agua caliente. Todo en espera de despejar mi mente ,y obligar a mis neuronas a reformularme la causa de mi existencia; y así poder traer a mí, esos recuerdos de mis sueños nocturnos.

Cierro los ojos disfrutando de la sensación de paz y tranquilidad, mientras las imágenes se pasean una a una, frescas en mi memoria. Puedo ver con claridad cada evento, cada recuerdo, y me lleva a preguntarme de donde he sacado tanta imaginación, para crear ese espacio, ese mundo mientras duermo.

Casi puedo acariciarla, tocar su rostro, posar mi mano sobre su larga cabellera y, nuevamente esas ansias de apoderarme de sus labios me ha invadido. ¿Cómo puede ser esto posible, si tan solo ha sido un sueño, un producto de mi imaginación? ¿Acaso puedo enamorarme de una ilusión? ¡No, claro que no! Tendría que estarme volviendo loco para hacer algo como eso.

Ante mi propia conclusión, nuevamente me cae como un balde de agua fría mi cruel realidad, mi soledad. Todo esto es inaudito, si alguien en la oficina se enterase de todo, seguro terminaría recluido detrás de un frío escritorio, lejos de toda la diversión y la adrenalina.

Muevo la cabeza negando con determinación, no quiero eso. No estoy dispuesto a perder mi motor de vida; después de todo, es lo único real en mi extraño mundo.

Apenas he comenzado a engullir mi primera ración de arroz, cuando el condenado móvil ha vuelto a ser su escandaloso anuncio. Me pregunto porque no he cambiado aún, esa odiosa melodía que me desquicia. Es ridículo encapricharse por algo que tan solo he escuchado en un sueño, pero a estas alturas, parece ser que me muevo hacia eso precisamente, lo ridículo.

Me llevo la mano a la cabeza y me rasco con impaciencia, frustrado. Tres meses soñando lo mismo, a la misma joven, y ni una sola vez he logrado probar esos imaginarios labios. Nunca me había sentido así, con esa inusual ansia de tenerla como partícipe de mi vida, de mi existencia. Tantas jóvenes que he conocido estos casi veintiséis años de mi vida, y ninguna me había causado tanta atracción como esa inexistente chica.

Pensándolo bien, no recuerdo que alguna vez, haya yo tenido algún mínimo interés por alguna de ellas. Levanto los hombros ante lo obvio, soy un inadaptado social.

— ¿Qué es lo quieres, Ryoga? — pregunto con fastidio a mi interlocutor. Tenía la esperanza que se cansara y dejara de molestar un instante, pero es obvio que he tenido que contestarle —. Estoy en camino — le digo como respuesta a su energúmeno argumento y, dolorosamente, me veo en la necesidad de posponer mi desayuno. Ya después me pasaré a comer algo por ahí me digo, antes de abandonar mi departamento, calculando el tiempo que me tomará llegar a mi destino.

Trece minutos, ese el cálculo que hago. Suficiente para no llegar muy tarde y el jefe no reviente.

¡Oohh, bien! Me ha llevado más tiempo de lo normal, llegar a la estación. Pero no se podría esperar otra cosa, cuando persigues una ilusión. Debí suponer que perseguir a una chica porque se parecía a la de mis sueños, no era una buena idea; pero en ese momento, ni siquiera lo pensé. ¡Ya ni que! Me digo levantando los hombros. Al final da lo mismo, después de todo, iba a llegar tarde de todas maneras.

Observo a mí alrededor y todos me miran disimuladamente, solo puede significar que el jefe está molesto. ¡Ahh!, ¿a quién rayos le importa?, a mí no. Levanto los hombros y coloco mis manos dentro de mis bolsillos, dejando al descubierto la camisa china de color rojo que tanto me gusta, dirigiéndome despreocupadamente a la oficina de mi superior. No puedo evitar silbar en un claro vestigio, de que no es la primera vez que me encuentro en esta situación. ¡Ya hasta me sé el protocolo de memoria!

— ¿Qué sucede? — pregunto despreocupadamente, mientras el hombre detrás del escritorio, me fulmina con la mirada.

— ¡¿Qué es lo que pasa contigo, Saotome?! — Me increpa a gritos — ¡siete de la mañana! — me dice señalándome el reloj — ¡esa es la hora en que todos deben presentarse a este lugar!

—¡Bah! Como si algo interesante fuera a suceder en mi ausencia. De todos modos, si ese fuera el caso, me llamarían en menos de un pestañeo y yo estaría aquí en menos que eso, y tú no estarías gritándome de esa manera — le respondo despreocupadamente, sentándome de manera relajada, en una de las cómodas sillas frente a él —. Así que dime, ¿de qué se trata esta vez?

El hombre me mira conteniendo su enojo, casi a un punto de estallar. Es evidente que le ha molestado mi falta de respeto y mi descaro.

— Vamos, Ryoga, solo han sido veinte minutos — le digo con un tono amistoso y relajado, incorporándome con una sonrisa arrogante, lo cual parece irritarlo aún más.

— Tienes trabajo, no lo arruines… — declara arrojando sobre el escritorio un folder en color rojo oscuro — y ten un poco de respeto, soy el jefe —. Me declara golpeando ambas palmas en el escritorio, intentando vanamente, recordarme aquel pequeño detalle de la jerarquía.

No puedo evitar reír de medio lado, esto es tonto. Cuando va a entender este idiota, que no importa cuánto me lo repita, seguiré sin llamarlo jefe.

— ¿No te cansas? — le pregunto burlonamente, mientras me dirijo hacia la puerta — ya ha pasado un año y para mi sigues siendo simplemente Ryoga — Le digo girando levemente la cabeza por sobre mi hombro, en espera de un contraataque a mi arrogancia.

— Trabajaras con Kuonji — me dice con una sonrisa maliciosa. ¡Maldición! ¡Ahora sí que la he hecho buena! Con lo que odio trabajar con chicas. Solamente puedo resoplar frustrado y abandonar la oficina, dejando atrás a un muy complacido Ryoga.

— ¡Bien hecho, Saotome! — me reprocho por mi inteligencia. Esto es peor que una suspensión.

Daisuke se acerca a mí, y coloca una mano sobre mi hombro en señal de compasión. Al parecer, Hibiki ya lo tenía todo previsto. Ni modo, no me queda de otra que aguantarme. Aún no sé cuánto tiempo he de tolerar esto. No va a ser nada divertido. Las chicas suelen quitarle toda la diversión al trabajo.

Me dejo caer frente al escritorio, y abro la carpeta. Necesito informarme de que se trata esta vez. Una taza de café se postra frente a mí, obligándome a levantar la mirada, para observar su portadora.

— ¡Kuonji!

— Despierta, Saotome, tenemos trabajo — declara con una sonrisa, empujando levemente la taza frente a mí.

— Gracias — no puedo evitar sonreírle ampliamente, ante su gesto. Pero eso no significa, que me agrade la idea de que sea mi compañera.

La observo tomar asiento a mi lado, acomodándose el blazer. Para ser bonita, parece un chico enfundado en ese traje. No puedo evitar sonreír ante mi pensamiento, levantando la taza de café, para poder sorber el vital líquido con alto contenido en cafeína, que me ayudara a comenzar mi día.

— ¿Qué tenemos? — le pregunto impaciente, ella ya debe estar tanto del caso y me ahorraría la aburrida lectura.

— Dos chicas de posición social, un aparente secuestro express. Al salir de un bar, noquean a una abandonándola y se llevan a la otra. Dos días después, la incauta amiga; una chica de procedencia china, reconoce a uno de los tipos en un antro, lo sigue y se enfrenta a él. El resultado… otro secuestro en tan solo cuatro días. El jefe ya no cree que se trate de un secuestro xpress. Al parecer, ella era blanco — me dice al momento que paso la página del expediente, y no puedo evitar escupir mi café. Apenas y alcancé a ladear la cabeza para no mojar los documentos.

No puedo evitar abrir los ojos enormemente, producto de la sorpresa; mientras sostengo aquella fotografía entre mis manos. La observo firmemente, estupefacto, casi al borde del colapso. Esto es simplemente imposible.

Mi compañera me mira extrañada, enarcando las cejas, con expresión de asco ante lo que acabo de hacer.

— ¿Sucede algo? — me pregunta incorporándose, para arrebatarme el expediente con brusquedad y cerciorarse de que no lo he arruinado.

— Na-nada — respondo negando con la cabeza. Me mira incrédula, no conforme con mi respuesta, y no la culpo— Necesito aire — le digo dispuesto a incorporarme, y dejarla con la duda. Pero no logro completar mi objetivo, porque una joven se planta frente a los dos.

— No hay tiempo para descansos — dice mirándome con una seriedad aplastante — la seguridad de mi cliente, está en sus manos.

— ¿Quién es usted? — interrogo a la castaña, enfundada en un elegante y femenino traje sastre.

— Nabiki Tendo, mucho gusto — se presenta con una sonrisa, y sin que nadie se lo ofrezca, toma asiento cruzando las piernas, con gracia y elegancia. Indiscutiblemente, esta chica es linda. Lástima por ella, no me agradan los abogados.

— Bien, señorita Tendo — le digo con sorna— ¿Por qué no deja que los profesionales, se encarguen del trabajo sucio?

Ella tan solo sonríe con picardía, mientras se incorpora, poniéndose de pie. Ni una sola muestra de turbación hay en sus facciones. Otra en su lugar, se habría ofendido ante mi comentario. No es que quiera menospreciarla, pero nadie hace tan bien su trabajo, como yo.

— Esto, detectives — dice mirándome fijamente, retándome, sin disolver su sonrisa un solo instante — es algo personal — se aleja de nosotros con parsimonia, ha dejado en claro, su posición dentro del caso.

Esta chica me sorprende, debo reconocer que es realmente sagaz. Demasiado para mi gusto. No puedo evitar resoplar contrariado, ya tengo suficiente de chicas por el día de hoy.

— Fiuu, esta abogada, es todo un caso — le declaró a mi compañera, de forma entusiasta. Para mí, esto es la guerra. Ningún abogado que se haga respetar, se ha metido alguna vez con Ranma Saotome. Una sonrisa maliciosa adorna mi rostro, y mi compañera me observa negando con la cabeza. Mi fama de hacer rabiar a los defensores privados, es bien conocida en la oficina — Vamos, Kuonji, hora de la diversión — le digo dejándola atrás.

Después de pasar por lo más importante para mí: un desayuno y unos bocadillos de reserva, nos dirigimos a la escena del crimen, en busca de pistas. Hemos interrogado a los testigos, y es muy extraño. Nadie parece saber nada, pero mi experiencia, me dice que algo ocultan. No sé lo que es, pero lo voy a averiguar.

Decidimos recurrir a la familia de la chica, para recabar mayores datos. Saber más acerca de ella y su rutina, nos ayudará. Pero curiosamente, me encuentro más que sorprendido. Estoy anonadado. La residencia de la joven, es en el barrio de Nerima, al sur de donde vivo. Su familia, según nuestras investigaciones, es dueña del dojo Tendo; uno de los mejores de la ciudad.

No sé porque, pero ese nombre me suena de algo.

Decido no tomarle la mayor importancia, eso, es irrelevante en estos momentos. Tengo un caso que resolver y, hasta ahora, no ha habido uno que me lleve más de una semana. Este, no será la diferencia me digo orgulloso.

— ¿Me vas a decir que sucede? — me pregunta mi compañera. Al parecer, no quedo conforme con lo sucedido en la mañana. Me maldigo interiormente, por haberme dejado turbar de esa manera, no puedo decirle nada, eso es meramente personal — ¿conoces a la chica? — vuelve a preguntar ante mi silencio.

— Tranquila, Kuonji, no es nada irrelevante con el caso. Y no la conozco — le respondo, con una sonrisa confiada — Es solo que la chica, es linda.

Enarca las cejas, desconfiando de mi palabra; mientras me estudia meticulosamente. No tengo fama de andar tras las mujeres, soy un alma solitaria y libre, y eso, no hace muy creíble lo que digo de ella. Segundos después, la veo relajarse. Indudablemente, he sido convincente y me ha creído. Aún no he perdido mi toque, eso queda más que claro.

— Algo pasa contigo, no sé qué es, pero te sugiero que lo mantengas al margen — me amenaza. Al parecer, no está totalmente convencida, y teme que comprometa nuestro caso.

Una hermosa joven de aspecto dulce abre la puerta de la residencia, dando por zanjada la conversación. No puedo evitar suspirar aliviado, es mi día de suerte. Lo que menos quiero, es que mi compañera me descubra. Sería el hazme reír de los compañeros. Ya casi puedo imaginar a Daisuke y Hiroshi burlándose ¡Diablos! como si no tuviera mayores problemas, para estar pensando en chicas. Esos dos, son unos casanovas sin remedio, no entienden lo problemáticas que son las mujeres. No es que yo haya tenido una alguna vez, pero tampoco, tengo intenciones de tener una.

La joven ha resultado ser la hermana de la víctima, y después de presentarse, nos ha conducido al interior de la residencia. La casa es increíblemente amplia, con una decoración muy tradicional y elegante. No es algo que una familia común costearía. Ahora, creo comprender el motivo del secuestro. Recompensa, nada más que recompensa. Casi siempre es así: detrás de un secuestro, hay un motivo económico. Y al parecer, esta vez no es la excepción.

Un hombre de cabello largo en color negro, ingresa a la pequeña, pero elegante sala. Esta enfundado en un gi color negro, que por muy sencillo que parece, realmente es muy caro, de buena calidad. Se ve a simple vista, que no se trata de un hombre común y corriente, debe ser alguien dedicado a los negocios.

— Buenas tardes, detectives ¿En qué puedo servirles?— nos saluda cortésmente, dándonos la bienvenida con una reverencia. La chica de momentos antes, ha vuelto con una bandeja de té. Es muy simpática y amable, en apariencia, opuesta a la chica de la fotografía. Hay varias fotografías de ella en aquella sala, y en todas, siempre tiene la misma expresión: fría, calculadora, ruda, parece enojada; pero en sus ojos, hay algo que no me puedo explicar.

— Muy buenas tardes, señor Tendo — esa ha sido mi compañera. Yo, prefiero analizar la situación, no estoy dispuesto a dejar, que nada se me escape de las manos — Somos los detectives Kuonji y Saotome, encargados del caso de su hija. Quisiéramos hacerle unas preguntas.

El hombre parece turbarse al principio, pero inmediatamente se relaja. Parece muy tranquilo, demasiado como para estar preocupado por su hija. En definitiva, algo raro está sucediendo, en torno a este caso. La familia de aquella joven, está demasiado tranquila. La reacción del señor Tendo, no es algo normal en un caso de secuestro.

— Dígame, señor Tendo, ¿han intentado contactarle después del secuestro? — lo interrogo, mirándolo fijamente a los ojos, en busca de cualquier indicio que nos pueda servir. Para mí, en estos momentos, la familia de la víctima, ha pasado a ser la principal sospechosa.

— No — contesta el hombre con firmeza, llevando la taza de té a su boca. Al parecer, está acostumbrado a enfrentar interrogantes sin turbarse o ponerse nervioso — mi hija suele salir sin avisar, y desaparecer durante días. Es una chica activa y muy fuerte. Un alma libre — me declara con orgullo, anulando mi siguiente pregunta. Es como si advirtiera, mi siguiente movimiento.

¡Lo que me faltaba, otro astuto más con quien lidiar!

Mi compañera comienza a hacer preguntas de rutina, como: ¿Dónde estaba? ¿Cuándo fue la última vez que la vio? Los lugares que la joven solía frecuentar, amistades, novio…

¿Novio? ¡Rayos, eso no me lo esperaba! Esa simple palabra, me ha turbado. Los celos me han invadido, y estoy seguro, que se puede apreciar en la rigidez de mis facciones. Intento relajarme para no parecer obvio. No sé porque debo sentir celos, ni siquiera conozco a la chica. ¿Qué me puede importar a mí, si tiene novio? Es algo por demás ilógico.

Carraspeo un par de veces e intento continuar con el interrogatorio. Le hago preguntas un poco personales a su hermana, y no puedo evitar entusiasmarme al escuchar acerca de ella. Este caso me está afectando. Si no fuera tan orgulloso, declinaría a resolverlo de una buena vez.

Al salir de la residencia, no puedo evitar sentir un alivio, pero me ha quedado una extraña sensación. Estoy seguro que el padre de la chica, me estuvo observando más de lo esperado. Hay algo que no nos está diciendo.

Me dejo caer en mi cómodo sofá, cerrando los ojos. Estoy agotado y agobiado. Han sido demasiadas emociones para un día. Ese maldito sueño, se ha convertido en una real y autentica molestia. Comienzo a sospechar, que este trabajo no será como los otros.

Me llevo una mano al interior del blazer, y extraigo la fotografía de aquella hermosa chica. No parece tener nada especial, por lo que no entiendo por qué me siento así cuando la miro. Me incorporo, apoyando mis antebrazos sobre mis rodillas, sosteniendo la foto delante de mí. No entiendo como aquella chica que tan solo solía ver en mis sueños, ha resultado ser la víctima de un secuestro, que yo debo resolver.

Debo reconocer que esta situación, me tiene inquieto. Nadie parece saber nada, y quien sí, ha decido callar. El novio de ella, un tal Shinnosuke, es un idiota. Ni siquiera recuerda la última vez que la vio. Sin embargo, esos hombres que lo acompañaban, se me han hecho de lo más extraños. Este caso, se me está complicando.

¡Rayos! Esto va a ser más difícil de lo que pensé. Es la primera vez, que no obtengo nada en un día de investigación.

¡Oh bien!, lo que me temía. Me he quedado dormido y he vuelto a caer en ese extraño sueño. Me pregunto si tendrá algo que ver con el caso de secuestro. No importa, estoy dispuesto a averiguarlo, dejándome conducir a ese mundo fantástico.

Aquella hermosa chica, me espera como siempre, con una hermosa sonrisa en los labios. Me cautiva cada vez que me sonríe de esa forma, tan ampliamente, tan hipnótica. Me acerco a ella sonriéndole seductoramente y un extraño sonrojo, ha acudido a mi rostro.

— ¡Has venido! — susurra emocionada, correspondiendo al mismo sentimiento albergado en mi corazón.

Su voz es tan dulce que parece un ángel cargado de inocencia, hecha para mí. Acaricio su rostro con el dorso de mi mano y coloco un mechón detrás de su oreja, pasando mis dedos por sus finos labios. La miro a los ojos, esos hermosos ojos chocolate que me invitan a perderme en ellos, a descubrir lo que ocultan, y que parecen llamarme con desesperación.

Ella misma, parece comprender lo que yo: somos almas gemelas, dispuestas a encontrarse. Pero yo quiero descubrir más allá, quiero saber sus secretos, quiero dejarme llevar por esa extraña sensación de inquietud que me invade cada que la veo.

— Debes tener cuidado… — murmura con suavidad y preocupación, por lo que la miro extrañado. En respuesta, me regala una sonrisa y una mirada inocente, antes de terminar de hablar — de mí.

— Porqué habría de tenerlo — le digo con una sonrisa cómplice, no como pregunta, sino como una aclaración de que no estoy dispuesto a dejar, que nada me aleje de ella.

Ella me sonríe complacida y sin pensarlo ni un segundo más, me inclino hacía ella, dispuesto a probar esos suaves labios que he ansiado durante estos tres meses, desde que ha comenzado mi tortura. Pero una vez más, se ha desvanecido y he despertado bruscamente.

Me estoy volviendo loco, pero esto solo ha logrado atraer más mi atención y entusiasmo.

¡Al fin un reto! Debo encontrarla.