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Esa chica

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— ...¿por qué estás tan callado? — El sonido de su suave voz me ha hecho levantar la mirada, enfocando su rostro. Me mira regalándome una cautivadora sonrisa. De aquellas a las que ya me he hecho adicto.

—Akane...yo...esto — apenas y he podido balbucear unas cuantas palabras, y ni una sola, ha expresado lo que pienso. —Ella debe saberlo— me digo internamente. Debo decirle lo que realmente quiero.

— Esta no es la forma...yo prefiero... — sus ojos castaños se han posado sobre los míos, desarmándome por completo, anulando cada palabra que tenía pensado decir. Me ha acorralado en la profundidad de su mirada, esperando con curiosidad el movimiento de mis labios. Pero hay algo más que curiosidad, sus ojos se han tornado tristes y ha roto esa conexión, que se había instaurado entre los dos.

— ¿Tan importante es? — Ha preguntado repentinamente, sin dejarme continuar. Sus ojos se han posado sobre sus manos en su regazo, las cuales juegan con aquel ramito de flores de ciruelo que le he obsequiado minutos antes. Aun sin decirle nada, creo que ha entendido a lo que me refiero— yo lo prefiero así —me dice con un tono triste y melancólico, que me duele.

— No lo entiendes — le digo levantando mis ojos hacia el resto de las flores, que aun posan majestuosas sobre aquel árbol que nos cobija bajo la fresca tarde, en algún lugar de Nerima—no es suficiente, y de algún modo, quiero que sea real...

— ¡Pero es real...! — dice inquieta, e intento comprender su pensar y su sentir — más real de lo que pudiera ser —la miró interrogante y lleno de curiosidad, y ella parece percatarse de ello, porque ha formado en sus labios una sonrisa forzada y triste, tal y pareciera una mueca de desilusión —Tienes que dejarlo...

— ¡No!— declaro firmemente —dime, Akane, ¿a qué le temes?

—A mí —Me dice con dolor, pero con una profunda serenidad, que me ha sorprendido. Sin embargo, aun a pesar de todo, una sonrisa sincera se ha formado en su rostro — Esto, nosotros, aquí —me dice mirándome fijamente y colocando mi mano sobre su pecho, donde claramente, puedo sentir sus latidos —...es real. No lo dudes.

Puedo entender perfectamente lo que me ha querido decir con ese gesto, yo lo siento de la misma manera.

En un autoreflejo, me he dejado envolver por ese cúmulo de emociones, y he llevado mi mano a su rostro, acariciándolo con ternura. La veo cerrar los ojos, dejándose mimar, y no puedo dejar de pensar en ser egoísta, deseando tenerla a mi lado, en mi mundo.

El viento ha soplado con fuerza sobre nosotros, revolviéndole el cabello y dejando caer un mechón rebelde sobre su rostro, el cual acomodo con delicadeza detrás de su oreja, colocando aquel ramito, en ese mismo lugar.

Es increíblemente hermosa, y esas pequeñas flores blancas detrás de su oreja, han contrastado a la perfección con el color de sus mechones.

—No puedo dejarlo— le aseguro más decidido que nunca, y sin dejar de acariciar el contorno de su barbilla, se la he tomado entre mis dedos, acercándola a mí; a mis labios. Estoy más que dispuesto a probar los suyos.

El sonido insistente del timbre, me ha sacado de mi profundo trance, haciéndome enfadar. Al abrir mis ojos, solamente me he dado cuenta de una cosa: una vez más, todo ha sido un sueño, nada más que un sueño. Aquel maravilloso momento y ese punto culmine; en el casi he podido probar esos labios, no han sido más que una ilusión.

Vuelvo a escuchar ese horrible sonido, al que en estos momentos, le he agarrado un terrible recelo, y no puedo hacer más que maldecir mi suerte. Es increíble, pero parece que estoy destinado a ser interrumpido siempre… en ese preciso momento.

Me muevo con parsimonia, casi trastabillando en el proceso, dirigiéndome hacía la puerta. Mi mal humor es más que evidente, por lo que ni siquiera me molesto en hacerle saber a ese impertinente, que estoy en camino. En lo único que puedo pensar, es en la forma que le haré pagar tal interrupción.

— ¡Ranma!

— ¿Mamá?

Estoy anonadado al ver a mi madre aquí, en mi departamento. Esta visita, es totalmente inesperada, y nada buena para mi peculiar estado.

— ¡Lo que me faltaba! — resoplo inaudible, mientras observo con desanimo, como se adentra y se pierde con rumbo a la cocina. Veo a mi padre pasar frente a mí, y acomodarse en el mullido sofá, apoderándose del control remoto.

—¿Qué hacen aquí? — le pregunto a mi padre, arrebatándole el control de las manos, y con una molestia realmente evidente. No es que me moleste la presencia de mi madre, mi mal humor no es con ella, sino contra ese maravilloso anhelo que no he logrado alcanzar. Mi propio cerebro se ha vuelto en mi contra; creando estas alucinaciones que me están haciendo perder la cordura, y transportándome cada noche, a este mundo paralelo del que a cada minuto que pasa, ya no quiero salir.

—Tu madre estaba preocupada — me dice sin importancia, arrebatándome de vuelta el control.

— ¡Oh, pero que linda chica! Querido es bellísima — escucho la emocionada voz de mi madre desde la cocina. Solo puedo fruncir el ceño somnoliento y confundido, sin saber quién está más dormido. Al parecer ella, puesto que no se de lo que está hablando. En lo que a mi concierne, no hay ninguna chica en la cocina — ¡quiero conocerla! — declara con la emoción desbordando en cada palabra.

Apenas segundos después de que lo ha dicho, mi cerebro parece juntar las pequeñas piezas. Casi sin pensarlo, corro hacia la cocina, recordando la única chica de la que se podría estar refiriendo. Mi madre me mira con los ojos brillantes y húmedos, llenos de emoción y esperanza.

— N-no…no es lo que crees — digo casi suplicante. Estoy plenamente seguro, que ha sacado sus propias y siempre apresuradas conclusiones — Ella no…

—Ya te habías tardado — me reprocha con una sonrisa — pero bien ha valido la pena.

Sus pequeñas manos delinean el rostro de aquella chica, impresa en aquella fotografía. La veo colocarla en su lugar, tarareando aquella hermosa melodía infantil que tanto me gusta. Ahora que lo pienso, hace mucho que no la escuchaba. —Esto no puede ser bueno— me digo agarrándome el rostro con una mano.

— Estoy ansiosa. Pronto estaré rodeada de nietos — ¡lo sabía! Nada bueno.

—Mamá — intento vanamente llamar su atención. No puedo permitirle dejarle hacerse ilusiones — No es lo que crees. Solo es trabajo — le digo, percatándome de que me ha ignorado.

—¿Ya fijaron la fecha? ¿De dónde es? Quiero conocer a sus padres…

Un resoplido escapa de mis labios, mientras me acerco a la mesa y me dejo caer sobre la silla. Es imposible intentar hacer que me escuche. Estoy más que seguro que en su imaginación, ya ha planeado mi vida por los próximos cincuenta años.

El sonido de la puerta y unos pasos acercándose, llaman mi atención. Conozco perfectamente esas pisadas. Un suspiro de alivio, escapa de mis labios. Cualquier cosa en estos momentos, es mejor que escuchar la interminable charla de mi madre, acercan de la procreación y el matrimonio, o de lo mucho que ha esperado este momento desde que nací.

Sinceramente ¿quién puede pensar en ese tipo de cosas, apenas nace un hijo? ¡Es ridículo!

— Esta es una mejor elección que aquella otra chica…— me dice pensativa, prestándome atención por primera vez.

—¡Mamá! — me quejo impaciente.

—Así que una chica — se escucha la voz burlona de Kuonji —¡Te lo tenías bien guardadito, Saotome! — me dice con diversión. Al parecer, le ha hecho gracia la escena que ha encontrado.

— Solo era una amiga del instituto, no tenía intenciones de nada con ella — explico cruzándome de brazos, visiblemente molesto por la algarabía.

—¡Genma querido! — Llama a mi padre, y para mi mala suerte, le enseña la fotografía. Pero algo ha llamado mi curiosidad; mi padre se ha tensado. Su nerviosismo es evidente.

Lo miro con seriedad, mientras el intenta evadirme a toda costa. Se ha dado cuenta que he notado su reacción. En un rápido movimiento abandona la cocina, apresurando a mi madre; la cual por supuesto, le ha ignorados rotundamente. Antes de seguirlo, me acerco a aquellas dos mujeres que parecen divertirse a mis costillas, y les arrebato la fotografía que nuevamente han tomado entre sus manos.

—Ha sido secuestrada — le informo a mi madre, dirigiéndome tras mi padre.

La escucho hablarme pidiendo explicaciones, pero no le hago caso. Estoy seguro que Kuonji se hará cargo de esa situación. Enseguida diviso a mi padre devorándose todos los aperitivos que mi madre ha servido. Está cómodamente sentado sobre el mullido sofá, sin que aparentemente, nada le preocupe.

—¿Qué es lo que sabes viejo? —le pregunto impaciente.

—No sé de qué hablas muchacho.

—Te has turbado cuando le has visto — le digo sentándome frente a él y acomodándome el blazer, en una actitud imponente. Lo miro fijamente a los ojos, retándolo.

—No todo el que la mire, es un sospechoso — me declara, señalándome la foto.

—¿De dónde la conoces? — claramente mi sospecha sigue en pie, y estoy dispuesto a seguir mi interrogatorio, aunque se trate de mi propio padre.

—Es muy linda — me dice con una sonrisa confiada —pero no perece ser de tu tipo.

He fruncido el ceño entre molesto y dolido con aquellas palabras. Lo veo ponerse de pie y acercarse a la puerta, seguido de mi madre y Kuonji. Me ha molestado lo que ha dicho, pero eso no elimina la sospecha que ha despertado en mí. Estoy seguro que algo oculta, y lo voy a averiguar.

Kuonji me señala el reloj, haciéndome notar lo tarde que se ha hecho, para nuestra pequeña "entrevista". No me queda de otra que dejar de lado el asunto, por el momento. Pero ya arreglare cuentas con el viejo, que de eso no quepa la menor duda.

Apoyado del automóvil, y con las manos en los bolsillos, observo la escena que se está llevando a cabo, a unos pocos metros de nosotros. Mi compañera parece leer los labios de aquella pareja que discute libremente en la entrada de aquel elegante club; pero, no hay que ser un genio para adivinar lo que está sucediendo: un disgusto entre aquella chica de la vida galante y su proxeneta. Es sin duda alguna inconformidad de favoritismo.

Después de unos minutos de discusión y una escena un tanto indecente, el proxeneta se pierde por la entrada, dejando atrás a aquella chica. Momento que nosotros hemos aprovechado para acercarnos con libertad, dispuestos a aprovechar esta oportunidad.

—Mariko Konjo— la llamo por su nombre con una sonrisa galante, en cuanto la tengo a frente.

—¡Detectives!¿Que les trae por aquí? — pregunta seductoramente, dirigiéndose hacia mí. Ha pegado su cuerpo al mío, buscando hacerme caer en su juego.

—Tengo una "cita" con tu jefe— le respondo tomándola de las muñecas, en el preciso instante en que sus manos se dirigieron a la cinturilla de mi pantalón — …y tú eres mi pase de "prioridad" — la empujo levemente, incitándola a llevarnos al interior del club.

El guardia nos detiene, pero ella le coquetea con descaro, obligándolo a desistir.

El lugar es en realidad mucho más elegante que la fachada. Queda claro que los Kuno, no se limitan en cuestiones de gastos, y que para nada son modestos. Solo hay que ver a la clientela. Un par de chicas se acercan con intenciones de "jugar", y no puedo evitar reírme. Han confundido a Kuonji con un "chico lindo". Un codazo es lo que recibo por parte de ella, mientras Mariko nos conduce a la parte de arriba, a la zona de exclusividad.

Un par de guardias nos retienen, y sin que podamos hacer nada por seguirla, la chica ha ingresado a una de las pequeñas salas. En tan solo un par de minutos, la joven ha vuelto a salir sonriente.

—Mi querido Kuno, está encantado de recibirlos — nos dice invitándonos a pasar.

—Detectives, ¿a qué debo el honor de su visita? —pregunta Tatewaki, recostado en un sillón tantra, color plata. Mariko se dirige a él, pero este se incorpora, haciéndola a un lado. Sinceramente, la visión no es nada agradable, pero debo investigar.

—Akane Tendo —le menciono enseñándole la foto, yendo directamente al meollo del asunto.

— Siempre tan directo, detective— me dice, dejando en claro, que no es la primera vez que nos vemos —, pero que debería saber yo — lo veo estirar la mano para tomar la fotografía, pero en un autorreflejo, la he metido de nuevo en el bolsillo de mi blazer. Claramente, esta acción no ha sido más que un producto de mis celos. Me ha dado cierta repulsión, al saber si quiera, que ha intentado tocar su retrato.

—El vocero de la familia Tendo, ha sido asesinado — Kuonji le ha entregado la foto de Hikaru Gosunkugi, en lugar de la de Akane —, estamos seguros que el caso está relacionado con la desaparición de la señorita Tendo — ninguno de los dos, hemos dejado de observar con atención, la reacción del Tatewaki. Tanto mi compañera como yo, estamos en busca de algún indicio que lo delate como sospechoso.

—Es bien conocida la identidad de los trabajadores de los Tendo — dice llevándose una copa a los labios —, pero no comprendo, que tengo ver con eso.

—Sé que has estado acosando a la chica, los últimos meses — le digo analizándolo, buscando algún punto de quiebre en su actitud.

—Es una mujer hermosa, digna de formar parte de la familia Kuno— dice sin reserva, con sus claras intenciones pasmadas en sus palabras. Sus ojos muestran una claro deseo de posarse sobre ella, de manera impúdica.

En un acto imprudente, me he movido de mi lugar y lo he tomado de la vestimenta, haciéndolo doblarse por la fuerza ejercida. Aunque es mucho más alto que yo, la fuerza y rapidez con la que me he movido, lo han puesto de rodillas frente a mí, haciendo que sus guardaespaldas me rodeen. Una sonrisa arrogante se ha formado en mis labios, al notar que no son oponentes para mí. Él los ha detenido con un leve movimiento de su cabeza, quitándole la diversión al asunto.

Kuonji se acercado a mí y me ha tomado del brazo, en un intento de tranquilizarme. Sin muchas ganas, lo he liberado de mi agarre, recordando nuestra posición y nuestra prioridad. En estos momentos, cualquier acto que desencadene un problema entre el departamento de justicia y un grupo criminal, podría costarnos la veracidad y solidez del caso; colocando a la chica en un grave peligro.

Lo veo ponerse de pie y acomodarse la ropa, con una sonrisa burlona y autosuficiente en los labios. Es una clara muestra de quien tiene el control en esos momentos, y de quien va ganando la contienda. Los guardias nos han rodeado, señalándonos la puerta. Obviamente, ya no nos quieres ahí.

—Si se algo, no dudare en informarles — dice con hipocresía, y una sonrisa triunfal, mientras los guardias nos escoltan a la salida.

—No dudes que yo me hare cargo de todo — le llevo la contraria — y me ocupare del responsable en su momento— le digo con arrogancia, antes de abandonar el lugar.

—¡¿Qué es lo que te pasa?! — me reclama mi compañera. Ha sido evidente que he perdido el control, dejándome llevar por un impulso. Al final, no hemos obtenido nada, solo he arruinado la "entrevista"

— No iba a decirnos nada de todos modos — contesto evadiendo el tema. Puedo sentir su mirada fija sobre mí. Estoy seguro, que ya no parezco el mismo de siempre. He dejado que mi pequeño problema personal, interfiera en el caso.

—¿Qué ha sido eso de todos modos? — vuelve a preguntar, llena de curiosidad. Me regaño mentalmente por mi descuido, por dejarme a mí mismo en evidencia ante ella. Por no ser más cuidadoso y controlarme. Me doy cuenta que esto me está rebasando, esa chica Tendo; se está convirtiendo en un gran problema para mí. Me está comenzando a enloquecer.

—Nada — respondo secamente. Lo que menos quiero, es que siga indagando.

—A mí me parece fueron celos — dice con una risita y un tono melódico, burlándose de mí.

La observo fijamente, con el ceño fruncido y una seriedad aplastante; comienza a incomodarme su interrogatorio. Tal parece que sospecha algo, y no se equivoca, sus sospechas no son para nada erradas. ¡¿Desde cuándo las mujeres se convirtieron en un problema?!, me cuestiono mentalmente, ante lo que esta sucediendo. Me parece inaudito que de la noche a la mañana, me estén volviendo loco.

—Te ha pillado la chica — me dice con diversión. Me ha quedado claro, que la situación para ella, es del todo divertida.

Una sisa burlona escapa de sus labios; mientras me pica con el dedo en el brazo, en espera de mi respuesta afirmativa. Solo puedo mirarla molesto y fatigado, estoy consciente que esto solo es el inicio de todo. Ahora, mi vida se está convirtiendo en un circo para locos.

—Nada que ver, solo es trabajo — le digo impaciente y con fingida ofensa, hacia mi persona.

—Ajá — como era de esperarse, en su tono me doy cuenta que no me ha creído ni media palabra — eso ni tú te lo crees.

Se ha subido al auto, y no me queda más que imitarla, con el claro desanimo transpirando por cada uno de mis poros. Si el jefe se entera, es cien por ciento seguro que estoy fuera del caso.

—Él la tiene — me dice repentinamente, mientras me ajusto el cinturón, y pongo en marcha el automóvil. La miro sin entender y solamente sonríe divertida — Mariko, esta celosa. Kuno la ha estado evitando, por otra chica. De eso discutían.

—Ya veo — murmuro pensativo. Me doy cuenta de que se refiere a la discusión entre Konjo y su proxeneta — esto va a ser divertido.