Ø

Alma perversa

Ø

Con agilidad he impactado aquel golpe mortal contra su pecho, sin siquiera darle tiempo de reaccionar. Lentamente se desploma ante mí, cediendo ante el infortunio de haberme conocido, manteniendo la mirada fija y sosteniendo el filo del arma entres sus manos.

—A-a-kane — ha susurrado mi nombre con dificultad. Puedo claramente sentir sobre mí, su mirada confundida, implorando una explicación; sin embargo, no entiendo, no comprendo lo que ha sucedido. Estábamos bien hace unos momentos, y ni yo misma alcanzo a comprender el motivo de tal atrocidad — ¿P-p-por qué? — su voz, más que un reclamo, denota una gran desilusión, mientras su agonía se extiende a un punto desconcertante. Claramente me doy cuenta de su resistencia, aún ante lo inevitable.

—Lo…lo siento…esta soy yo — le respondo con dolor, pero con una seguridad implacable. Mi rostro serio e impasible, dejan clara muestra de mi decisión. Para mí, ya no hay marcha atrás. Era inevitable mi acción, debo proteger mi legado aún a costa de mi propio corazón.

Aquellos ojos que durante todo este tiempo me han mirado con ternura y amor, me miran con perdón, sin ápice de resentimiento en mi contra; mientras lentamente se van apagando, y el brillo de la vida va desapareciendo de ellos, abandonándolos. Un líquido caliente corre por mis mejillas, sorprendiéndome. Ya no recuerdo cuando fue la última vez que derrame una de ellas por alguien, y aquí están, traicionándome. Lágrimas inesperadas corriendo por mi rostro, en pos de aquel extraño que se ha clavado en lo más profundo de mi ser, y que se lleva consigo, una parte de mi existencia.

Ha extendido su brazo hacia mí, acariciando mi rostro y secando en el proceso, a aquellas traidoras que han osado desafiarme. Sin pensarlo un segundo, afianzo con más fuerza la empuñadura de la Katana, dispuesta a terminar con la aflicción de ambos.

—Cuanto más rápido, mejor— me digo a mi misma, en un intento de convencerme de lo razonable de tan bestial acto.

En un acto instintivo de protección a mi siniestra alma, cierro los ojos; mientras doy vuelta el filo de la hoja, cortando y arrancando el último suspiró de ambas almas.

El dolor me ha invadido reforzando mis barreras, las cuales se han vuelto indestructibles; dispuestas a no dejarse doblegar una vez más. Esta atrocidad, ha cumplido su objetivo: arrancar de mí cualquier pensamiento dubitativo, que pueda destruir mi cruel imperio.

Una guerrera no debe tener debilidades, y yo, he acabado con la única que pertenecía a mi alma.

Un sollozo escapa de forma inevitable, ahogándome, traicionándome. La contracción de mi diafragma es inminente, dejando salir una tras otra, aquella emisión ruidosa de aire que demuestra el dolor del que me he vuelto presa. Sin poder evitarlo, muevo mi mano retirando la filosa arma del inerte cuerpo, fijando mis irises castaños en la profundidad de aquel vacío azul.

Un hilillo carmesí corre por la comisura de sus labios, aquellos que no tuve la oportunidad de explorar. Su rostro se muestra apacible, ocultando el cruel deceso, demostrando una aceptación de mí como su cruel verdugo.

Aquel vestido blanco que poseo, se ha impregnado del cálido líquido color granate, haciéndome consciente de mi atrocidad, y por primera vez, el miedo me invade. Miedo, un aliado que se ha vuelto en mi contra, en el momento en que he decidido arrancar la vida de aquel joven de cabellos azabaches.

¸.•´¸.•*

Me he incorporado con brusquedad sobre aquel extraño lecho. Mis manos afianzan con fuerza aquellas desconocidas sabanas de seda blanca, mientras el sudor frío recorre mi rostro. Esa sensación de vacío inunda mi alma, obligándome a fijar mis ojos en aquella blanca pared, perteneciente a mi prisión, y no puedo hacer más que perderme en ella, con la confusión latente en mis pupilas.

Todo ha sido un sueño, un muy cruel y doloroso sueño que ha turbado la tranquilidad de mi alma. ¿Acaso no era suficiente con perturbarme cada noche? No, claro que no. Ese ridículo sueño que me ha doblegado como heredera del clan Tendo, no ha sido suficiente. Ahora, se ha ocupado de turbarme, calando en lo más hondo de mi ser, de mis sentimientos.

— Haber tenido pesadilla — escucho la voz de Shampoo, cargada de seriedad y preocupación.

No ha sido la primera noche y mucho menos creo que sea la última; pero sin duda, un conflicto interno se ha desatado dentro de mí y ella lo sabe.

— No es nada — le digo intentando inútilmente forjar una sonrisa.

—Los anhelos de tu corazón, haberse vuelto en tu contra — me dice ignorando mis palabras, mientras me ofrece una taza de té — Tener que ser muy guapo…y fuerte, o estar segura que no tenerte así —una sonrisa burlona se ha formado en sus labios.

— ¡Debes estar de broma, Shampoo!, sabes muy bien que yo no…

—Ya, ya, yo saber que tu odiar a los hombres — me dice moviendo la mano, restándole importancia a mi queja— Shinnosuke ser un hombre.

—No es lo mismo, él es diferente— le digo entendiendo su punto. Ella tiene razón al intentar hacerme ver lo contradictorio de mi propia opinión. Me mira con el ceño fruncido, demostrando su total desacuerdo conmigo.

—Akane, hasta donde saber, ser tu novio — me dice con fastidio e impaciencia, y un resoplido cargado de frustración escapa de mis labios.

Sin siquiera pensarlo se ha alejado de mí, dándome la espalda. Esta molesta, puedo sentirlo. Una mueca divertida se forma en mi rostro, se lo mucho que le hace rabiar mi actitud.

— No está mal — digo dándole un sorbo a mi té, despertando la curiosidad de la amazona, quien de un ágil movimiento se ha situado frente a mí.

—¡¿Haberlo visto!?, ¡ser increíble! Después de tantos meses, tú al fin conocerle — me dice con emoción, tal y si fuera una colegiala de instituto.

—¿Quién te dijo que yo…? No recuerdo haber mencionado que… — no tiene caso, Shampoo siempre parece ir un paso adelante. Inhalo todo el aire que mis pulmones me permiten, tratando de olvidar el asunto y buscando un poco de tranquilidad.

— Comenzaba a creer que tan solo ser un tonto sueño — me dice con picardía. Es evidente que le fascina verme en esta situación, y no piensa perder la oportunidad de molestarme un poco.

—¡Es solo un sueño, Shampoo!

El estruendoso y molesto ruido de la puerta, ha interrumpido nuestra conversación. Un muy conocido y desagradable aroma, ha impregnado toda la habitación.

—Kodachi — murmuró con desgana, ante la presencia de la rosa negra. Esa mujer, es realmente insoportable y molesta.

—No tienes opción, Akane Tendo — me dice arrojándome un objeto que me resulta de lo más familiar. Haciendo uso de mi fuerza de voluntad, logro ocultar mi sorpresa e incertidumbre, haciéndole frente con la mirada fija; sin embargo, Shampoo ha intentado ir contra ella, cegada por la ira.

—¡No! — ha sido lo único que le he dicho, tomándola del brazo para evitar el enfrentamiento. La china me mira con seriedad y sorpresa, desafiándome con la mirada. Un leve asentimiento es la muda comunicación entre las dos, suficiente para aplacar la furia amazona que se está desatando en ella e inmediatamente retomo mi posición firme y retadora frente a la rosa negra.

—¿Qué es lo que quieres, Kodachi?

— No sé lo que mi hermano ha visto en una plebeya como tú, pero te has convertido en un molesto capricho. La ceremonia será por la mañana, prepárate — dice abandonando la habitación, y al igual que siempre, esa molesta risa no ha faltado.

Sin bajar la guardia, nos quedamos con la mirada fija en la puerta por donde se ha ido, hasta que transcurre el tiempo necesario para poder respirar con tranquilidad.

— Ha llegado la hora de divertirse — le digo a mi amiga, con una sonrisa ladina y colocando entre sus manos, aquellas destrozadas gafas.

— Ese tonto Mouse, solo sabe ocasionar problemas — me dice en un suspiro, correspondiéndome con la misma sonrisa que adorna mi rostro.

Ambas sabemos que no hay de que preocuparse, no es tan fácil deshacerse de Mouse; pero eso no quita la posibilidad de tener que luchar solas. Ya no podemos confiar en nadie más para sacarnos de este aprieto.