Ø

Un giro inesperado

Ø

— Mi horquilla, Kuno — reclamo moviendo el pie con impaciencia — No puedo casarme sin mi horquilla y tú y tus rufianes son los únicos culpables de todo. Solo a un tarado se le ocurre cambiar de residencia a deshoras…

— Diosa de mi alma — me canturrea intentando acercarse a mí, mientras le esquivo con facilidad. Una mirada fría, unida a mi actitud desafiante, son todo lo que necesita para aponerse nervioso.

— Mi horquilla — repito con terquedad haciendo el papel de niña caprichosa, y sin siquiera elevar ni un ápice mi tono de voz le dejo saber que no se trata de una petición sino de una amenaza.

De reojo puedo observar a ambos lados de la habitación, si es que se le puede llamar habitación a una prisión, y me percato de que Ninomiya no se ha tragado del todo mi cambio de opinión. Si tan solo se alejara por un momento de Kuno y dejara de fungir como su guardián, estoy segura que podríamos hacernos cargo de Hapossai, pero juntos esos dos son un gran problema.

— La tendrás, preciosa — me dice haciendo un ademán. Mikado se ha acercado a él y le ha murmurado algo que lo ha hecho sonreír — Y muy pronto.

Yo solamente asiento con la cabeza, no tengo otra opción que mostrarme conforme aunque la tentación de arrancarle la cabeza me quema las manos.

— ¿Qué hacer nosotras, Akane? — Me pregunta Shampoo en cuanto el odioso grupo abandona la estancia — No oler nada bien.

— El plan sigue — le respondo, siendo consciente de lo que me está diciendo. Kuno puede ser un idiota, pero no afirmaría cumplirme un capricho si no estuviera seguro que lo va a conseguir.

— ¿Tu creer…?

— Puede ser, Shampoo, puede ser.

¸.•´¸.•*

Observo con particular interés la horquilla que encontramos en la mansión y no puedo evitar sentir que hay algo más detrás de todo esto, un secreto que estoy seguro muy pronto descubriré y, en cierto modo, me incube personalmente. Apenas he podido comer y eso sí que es raro en mí, pero la curiosidad me está matando y una pregunta baila en mis labios a cada momento: ¿Quién es ella y que tiene que ver con mi madre?

— ¿Porqué tengo la sensación de que debo conocer la respuesta? — me pregunto con impaciencia, buscando en lo más profundo de mi mente, tratando de recordar algo que se que está ahí e instintivamente me llevo una mano hacia mi cabellera y palpo una pequeña cicatriz, apenas visible si estuviese en alguna parte diferente de mi cuerpo. — Esto es ridículo — farfullo al mismo tiempo que la puerta se abre tras de mí.

—¡Vaya, vaya, vaya, mira nada más! — la burlona voz de Ryoga, llena de sarcasmo, llega hasta mis oídos y tan solo puedo observarle ocupar su lugar detrás de su escritorio del color más espantoso que hay. ¿A quién en su sano juicio se le ocurriría adquirir algo color haya para un sitio como este? — Saotome puntual por primera vez en su vida. ¿A qué debemos este honor?

—Déjate de estupideces, Ryoga — una sonrisa arrogante asoma en mis labios, dejando muy en claro quién es el dueño de la situación — sabes bien a que se debe este inhumano esfuerzo.

Lo veo fruncir el ceño; mientras me advierte que baje los pies de su escritorio, advertencia que por supuesto me veo inclinado a ignorar.

—¿Acaso te presionan, Ryoga? — le preguntó con malicia — tal vez deberíamos dejar este caso, estoy seguro que es tiempo perdido. Después de todo, ¿a quién le interesa la suerte de una chica procedente del barrio de Nerima?

Se ha tensado y eso no ha hecho más que confirmar mis sospechas y, desde luego, la información que he recibido esta mañana: los superiores están molestos por el poco avance del caso.

—Vayamos al grano, Saotome — dice tensando la mandíbula. El tono de su voz demuestra su claro afecto hacia mi persona— ¿Qué quieres?

Como respuesta a la interesante pregunta, para mí por supuesto, muevo con diversión frente a él el plástico que contiene la horquilla y, exasperado, se deja caer sobre la mullida silla, reclinándose.

— ¡Es evidencia!

—Pertenece a mi madre — digo como si él no hubiera hablado —A mí no me interesan los tecnicismos y lo sabes.

— ¿Y podrías decirme como está tu madre implicada en este caso? — me pregunta replanteándome la misma pregunta que yo mismo me he estado haciendo. Lo miro con indolencia, ignorando por completo la pregunta — ¿Ya lo analizaron? — es obvio que se da cuenta de que no tengo intenciones de contestar y que no hay nada él que pueda hacer al respecto. Al final he de salirme con la mía y eso lo he demostrado en nuestra larga experiencia mutua.

—Ryoga, Ryoga, Ryoga — le digo meneando la cabeza mientras me dirijo hacia la puerta, como única respuesta a su última pregunta— hay que encontrar a la chica, ¿o no?

Una carcajada sale de mí al ver su expresión llena de furia, algo que me divierte en demasía. Sinceramente, si no le fuera tan imprescindible en estos momentos estaría yo buscando otro empleo. De eso no me cabe la menor duda.

¸.•´¸.•*

Mis pasos me han llevado hasta Dotombori, sin aun yo entenderlo, a aquel ridículo club de hostess en Osaka. El lugar luce tan vulgar como siempre, un marco adecuado para aquella mujer que lo atiende con una sonrisa del todo exagerada.

—Hola, Kodachi — saludo con renuencia. Debo recurrir al uso de todo mi encanto y fuerza de voluntad para obtener lo que quiero, y no salir huyendo. Esa mujer me eriza hasta los nervios.

—¡Ranma, querido, sabía que no te habías olvidado de mí! — el exceso de injustificada alegría de aquella chica no tiene precedente. Una sonrisa ensancha mis labios, estoy coqueteándole, de eso no hay duda.

—No es una visita cordial — le recalco antes de que se haga ideas equivocadas. Verla no es algo que me entusiasma de modo alguno, pero siento que lo que busco ronda en torno a ella y su hermano. ¡Ah, el poder de la intuición!

—Oh, mi amado, mi querido Ranma. No debes ser tan tímido — me dice colgándose de mi cuello. Es evidente lo que esta buscando y no tengo la mínima intención de seguirle el juego.

—Kodachi — le digo suavemente, apartándola de mí con el mayor tacto posible. Lo repito: las mujeres constituyen un gran problema. Son tan entrometidas y se pegan como lapa, de eso no me cabe la menor duda — necesito información. Información que solo tú puedes darme.

La veo esbozar una triunfal sonrisa, sintiéndose halagada de poseer mi atención nuevamente y suponerme en sus manos. Eso es justo lo que yo quería.

Me dejo guiar por ella al interior de aquel austero lugar y ante la mirada curiosa de sus ocupantes, nos dirigimos a un pequeño salón donde sospecho que estaremos solos. Aun no sé cómo saldré del predicamento en que me he metido, pero ya me las arreglare a su debido tiempo.

—¡Me alegra tanto que hayas venido! — me expresa con entusiasmo, pero con una nota de reproche —, y que recordaras lo importante e imprescindible que soy para ti.

Una carcajada que me crispa hasta el último vello de mi cuerpo, inunda la habitación. Paseo mi mirada, analizando todo, cada detalle. No puedo darme el lujo de caer en una trampa en estos momentos. Por experiencias pasadas, me ha quedado claro que Kodachi no está nada cuerda. Mis ojos se posan deliberadamente sobre la copa de licor que descansa en la mesilla, no me caería nada mal ingerir su contenido para darme un poco más de valor, pero hasta ese pensamiento resulta terriblemente peligroso cuando de la rosa negra se trata.

—Maldición — mascullo con molestia. Un listón se ha enredado en torno a mi cuerpo y Kodachi se ha acercado a mí con un peculiar frasquito que, si no me equivoco, va a terminar en una experiencia desagradable si consumo el contenido.

—Nos vamos a divertir mucho, querido — me dice soltando una carcajada, mientras ha comenzado a despojarse de la ropa. Sabía que debí haber tenido más cuidado. Me pregunto cómo saldré de esta. La última vez lo logré con un golpe de suerte y dudo que esta me sonría nuevamente.

—Por supuesto, Kodachi. Estoy impaciente por eso — le digo con tono seductor, haciendo que su actitud cambie un poco — pero antes, sabes que me gustaría beber algo y platicar un poco. No hay nada más excitante que un ambiente más…romántico.

Es evidente que está sorprendida por mi cambio de actitud y, aunque duda un poco, parece que me ha creído porque me ha liberado y se ha acercado en espera de que la tome entre mis brazos y la bese. Un suspiro acompaña mi pesar y mi resignación, no me queda otra cosa por hacer.

Dicen que al mal tiempo buena cara, pero no creo que eso se aplique a Kodachi Kuno, así que me inclino con lentitud dispuesto a cubrir su exigente demanda; pero un leve toque en la puerta interrumpe el momento, para mi buena suerte.

— ¡Vete! — grita exasperada sin desistir de su intención e intentando desatarme la corbata. Es evidente que no piensa ceder en su tarea.

El golpecito se repite nuevamente y una voz femenina llama su atención, y la mía: Azusa Shiratori, es imposible no reconocer a esa chica tan loca o más que Kodachi. Me pregunto qué hará en este lugar, pero no puedo evitar sonreír con satisfacción.

— Deberías atender, Kodachi — animo a la rosa negra ante su reticencia, fingiendo pesar ante la interrupción — puede ser importante y esto lo podemos continuar luego.

Kodachi suspira, evidentemente molesta. Una vez más he tenido un golpe de suerte, me digo internamente en cuanto la joven abandona la habitación y me propongo escuchar detrás de la puerta. De algo me ha de servir todo mi entrenamiento con el viejo.

— ¿Qué diablos te propones viniendo aquí? — la escucho preguntar con brusquedad a Shiratori.

— La chica ha estado trayendo más problemas de lo esperado. Mikado y Hapossai se están haciendo cargo de ello, pero, Kodachi…tenemos un problema mayor — la voz de Shiratori se ha tornado dudosa, evidentemente ante la reticencia de darle malas noticias a la rosa negra —…tenemos un traidor.

— ¡Quién?!

— Creemos que se trata de Tsubasa Kurenai, su lealtad se ha puesto en duda dentro de la organización.

— Bien, me haré cargo — la escucho decir con frialdad y no puedo evitar maldecir por lo bajo. Kodachi es bien conocida por su sadismo aunque hasta el momento no se le ha podido probar nada. En seguida poso mi mirada en la rejilla de ventilación, mientras mi mente ha comenzado a trabajar en una manera de sacar a mi colega de este predicamento. Akane tendrá que esperar, me digo a mi mismo priorizando situaciones.

¸.•´¸.•*

— ¡Maldición, Ukyo, ¿cómo que no lo encuentran?! — pregunto pasándome la mano toscamente por la cabeza. Es imposible, hemos movilizados a todos los agentes disponibles para la extracción de Tsubasa, pero nada ha resultado de ello, parece habérselo tragado la tierra.

— Precisamente eso, no aparece. Hemos intentado contactar con él, incluso el guía se encuentra en alerta y lo está buscando — me responde entregándome los informes.

— Ukyo — me inclino hacia ella sobre el escritorio, haciendo a un lado los estúpidos papeles que pretende que yo lea — han pasado quince horas.

— Ya lo sé, ¿quieres calmarte un poco? — me advierte tratando de hacerme entrar en razón. Estoy alterado y eso nubla mi juicio, pero no me gusta perder a mis informantes y un detective en manos de los Kuno y al descubierto es una situación que difícilmente puede mantener calmado al más experimentado artista marcial — Ryoga ha movilizado toda la división e incluso ha recurrido a los superiores.

— Eso no basta y lo sabes — le reprocho — deberíamos estar ahí, en vez de estar…

Mi diatriba ha sido interrumpida por Sayuri que nos ha traído un nuevo informe. Rápidamente se lo arrebato antes de que Ukyo se haga con él y leo entre líneas frunciendo el ceño antes de dirigirme hacia la puerta.

Mi compañera me sigue muy de cerca, sin ceder un solo momento en su interrogatorio. No la he dejado leer el informe y tampoco lo he soltado mientras me dirijo con rapidez hacia el ascensor.

— ¡Para de una vez! — me dice exasperada, poniendo el pie en la puerta del ascensor antes de que este se cierre. La observo impaciente, cruzando los brazos mientras coloca una de sus manos en la cadera y extiende la otra hacia mí — Dame de una vez ese maldito informe, Saotome…¡ahora! — resoplo con impaciencia, esta chica es una molestia. El perfecto castigo que al idiota de Ryoga se le pudo ocurrir, me digo internamente con fastidio.

— ¿Nos vamos? — le digo burlonamente haciendo un ademan con las manos después de tenderle el folder, de mala gana.

— Soy tu compañera, no lo olvides y tienes que dejar de lado tus niñerías — me dice, mientras su mirada se posa en el informe y su ceño se frunce profundamente — Vamos, ya. ¡¿A qué esperas?! — me apremia quitando el pie y permitiendo que el ascensor se cierre.

— No va ir más rápido, ¿sabes? — le digo burlándome de ella al ver su impaciencia — Una tortura al tablero no es la mejor de las soluciones.

— ¡Ya lo sé! — me espeta furiosa, presionando una vez más los botones. No es un buen momento para molestarla, puesto que parece estar al límite de su autocontrol, pero al menos eso me evita hacer pedazos el maldito ascensor y salir de ahí de una buena vez.

— ¿Cómo ha sucedido esto? — me pregunta sin esperar que yo le responda e inmediatamente avanza a toda prisa por el pasillo en cuanto el ascensor se abre.

¸.•´¸.•*

El panorama es desolador. Un desastre.

Me inclino sobre los restos de lo que hasta esta mañana era el laboratorio y mi ira se acrecienta. Un sostén y restos de una bomba me dan la respuesta.

— Happosai — murmuro entre dientes, apretando los puños. Ukyo asiente con la cabeza, observando como trasladan el cuerpo sin vida de Ryu y los paramédicos se ocupan de Ranko y los heridos.

La evidencia de todo el laboratorio ha sido destruida y, según lo poco que Ranko ha dicho antes de desmayarse, buscaban la maldita horquilla.

Es inaudito ver cómo han penetrado nuestras instalaciones. ¡Esto ha sido el colmo!

Mi puño se ha enterrado en lo que quedaba de una pared, y aunque Ukyo me ha dedicado una mirada reprobatoria no ha protestado. Solo se limita a mirar nuevamente la escena antes de seguirme, en silencio. En estos momentos nuestra prioridad es encontrar a Tsubasa.

¸.•´¸.•*