Al fin logre subir esto. Perdon por la tardanza . Han pasado muchas cosas y ha habido algunos problemillas diversos pero ya está todo arreglado. Aquí tenéis al fin la continuación tada~~ Disfrutadla.
Francis no había podido dormir, las últimas palabras del castaño resonaban en su cabeza. C' est pas possible? Se preguntó contrariado ¡Le había besado Arthur! Aquel gruñón amargado había probado los labios del moreno antes que él. No le dejaría esa ventaja, non.
Hizo su equipaje dispuesto a devolvérsela ¿Por qué intentaba poner las manos en las cosas que a él le gustaban? El amaba la belleza y no dejaría que la arruinase aquel desquiciado mago.
Ya con las provisiones y el albino despierto partieron de nuevo hacia el castillo de Arthur. Antonio iba sujetando un poco a Gilbert puesto que sufría ciertos efectos de resaca.
-Mon ami, ¿hay que cruzar ese cochambroso bosque? -Preguntó el bardo mirando al frente.- ¿O nos esperara fuera?
-La verdad es que no dijo nada. No sé si habrá salido, aunque en su estado supongo que estará dentro descansando. -explicó el moreno mientras se cargaba al albino a la espalda, para mayor comodidad.
Francis miró de reojo y grito.
-¡Pierreeeee!-una palomita blanca se posó en su hombro haciéndole arrumacos y arrullando melosa como su dueño.-Ve delante pequeña y avísanos si ves algo extraño.-el pajarito se adentró veloz en el bosque. Francis se llevó la mano a la frente lánguidamente-Pobre palomita. Continuemos, estamos cubiertos por aire.
Se adentraron en el bosque con cautela cuando al poco rato el albino se despertó.
-Ugh... mein gott. ¿Dónde estamos? -preguntaba resacoso
-Volviendo a buscar a Arthur. -explicaba el moreno. -Por cierto Gil dijiste que no te pasarías con la cerveza.-le miraba con expresión incriminante.
-Bueno pero si fueron dos jarritas de nada... -trataba de quitarle importancia el albino.
-¿Dos jarritas? ¡Te bebiste media docena! -contestó de inmediato el moreno algo molesto. -Vaya clérigo, es que eres adicto al alcohol.
Se escuchó un tímido arrullo y un pájaro voló raudo para marcharse de aquel bosque inmerso en niebla y un silencio perturbador.
-Pierre me ha dejado a mi suerte-Dijo Francis dramáticamente. Después toco la aldaba de la puerta. El aprendiz los invito a pasar sin atreverse a hablar.- ¿Se te ha comido la lengua Arthur?-pregunto con descaro Francis añadiendo-Últimamente parece usarla mucho y no para hablar sino para probar las ajenas. ¿Quién lo diría, hasta en eso me quiere imitar?
El aprendiz se secó el sudor frío y se escabulló visiblemente aterrorizado. Si Arthur interpretaba que la entrada del francés era su responsabilidad podría darse por muerto y su maestro nunca olvidaba un error. El trío se posicionó frente al aprendiz que sujetaba al maltrecho mago y cargaba con una maleta y una bolsa de lazadas para el cinturón.
Antonio le pasó al de cabellos largos el albino (que al menos ya se tenía en pie) y se acercó a Arthur, echándoselo a la espalda.
-¿Qué es lo que hay en esa maleta? -pregunto curioso escudriñando dicho objeto con la mirada
-Mi ropa y enseres-Dijo entre toses satisfecho por no tener que explicar que había en el saco.
Francis frustro su felicidad
-No me has visto amigo, tanta lluvia cae ante tus ojos por la soledad que te ciega.
Arthur frunció el ceño.
-El vino te ha fermentado el cerebro.
Después tosió y mostro disimuladamente de forma intencionada el pañuelo manchado con sangre, haciendo patente su debilidad. Su cuerpo tembló de rabia. Bloody hell! Que hacia allí el francés, por suerte su temblor le hacía verse más débil, pero la mirada del francés le frustraba. Por todos los demonios del abismo, ¿por qué entré todos los pueblerinos tenía que ser él? Si las miradas matasen a Francis lo habría fulminado como un rayo.
Antonio al ver la sangre del pañuelo se hundía en su propia impotencia. Tenía que encontrar la cura fuera como fuera. No podía dejar morir al rubio.
-Bueno, entonces hemos de partir.
El albino metomentodo se puso a escudriñar aquel saco. Parecía que su resaca se había esfumado de repente.
-¿Oye rubito qué llevas ahí? No será cerveza por casualidad...
El saco se cerró sólo haciendo retroceder el albino que se retorció de dolor que como un calambre eléctrico recorrió su cuerpo. Entonces el siseo intimidante del mago se escuchó.
-Suerte que llevaba un hechizo débil contra hurtos, de lo contrario tu cuerpo hubiese caído sin vida al suelo. Son mis medicinas para subsistir y mis ingredientes mágicos.-Hizo un gesto con la mano y el saco se materializó en esta que lo aferró con los nudillos blancos por la fuerza empleada.-Hay caballos disponibles fuera del bosque y está todo listo para partir.
Francis intervino
-¿Preparado como tú para besar a Antonio? ¿También has echado la varita tiesa para echar polvos mágicos en ese saco oscuro que ocultas?
Arthur se sonrojó con fuerza y respiro antes de contestar con voz entrecortada de bochorno y rabia.
-No fue un beso, era un hechizo, necesario para que surcase el bosque de noche sin ser atacado por los espectros.
Francis respondió con ironía
-Si eso decía yo un hechizo, y a Antonio lo atacó el fantasmón cejón.
Arthur funció el ceño y sus nudillos crujieron.
-No tenemos tiempo que perder en escuchar a este lengua pegajosa de rana, un día podría servirme de ingrediente... Pero ahora mi vida pende de encontrar ese remedio-Siseo con voz corrosiva- Si vas a venir no nos retrases.
Francis respondió
-Nunca te abandonaría a tu suerte, "tendré que cuidarte especialmente"-Replicó con expresión morbosa y tono amenazante.
Arthur crujió los dientes. Siempre tenía que tener la última palabra aquella rana.
El moreno se había quedado de piedra al ver aquello. Realmente la magia era un peligro potencial mucho más poderoso de lo que él creía. Con voz algo temblorosa de solo pensar que el hechizo había sido débil y lo que hubiera pasado si en su lugar se hubiese tratado de un hechizo mucho más potente agregó.
-Bueno, será mejor que nos vayamos ya.
El albino miraba al mago con expresión amenazante. Esa "bromita" no le había gustado un pelo. Aunque seguramente la acabaría olvidando en cuanto volviera a reencontrarse con su dorado, espumoso y amargo amor.
Arthur se dejo caer contra el cuello del castaño respirando sobre este entrecortadamente y jadeando de forma sugerente. Le susurro al oído.
-No me dejes, dependo de ti desde que salga de aquí.-Se subió en el caballo con Antonio mirando sombríamente y bajo la capucha amenazante al francés que cabalgaba a su vera con el albino en otro caballo.
-No te preocupes. Te pondrás bien, encontraremos esa cura. -afirmó el guerrero convencido y seguro mirando al mago. -Pero necesito que me expliques muchas cosas.
-Todo lo que quieras Antonio, sólo pregúntame.-se aferró más a su cintura mientras el paisaje se difuminaba por la velocidad como un boceto en las hábiles manos de un pintor.
-¿Por qué destruiste el pueblo? -dijo firme y serio mirando al frente.
-Fue una necesidad, el mundo de los magos es destruyes o te destruyen y o ganaba poder a tiempo o algunos enemigos me habrían intentado atacar ya. ¿Por qué crees que me aislé y maldije el bosque? Para protegerme. La gente del pueblo podría rehacer su vida mientras que la mía estaría acabada de no defenderme y no quería implicar a nadie en algo tan arriesgado. -Dijo con seguridad
-No sé si debería creerte... –mascullo Antonio con algo de desconfianza y tristeza. -Era necesario marcharte. ¿Po-por qué? Te fuiste sin decir nada, sin siquiera despedirte. Creía que éramos amigos. -se mordía el labio con rabia.
-Tuve que dejarlo todo la magia exige sacrificios. Pero nunca te olvide la misiva era para ti right?
-Pero... -suspiró. Mejor no remover más el asunto. -No tenías que cambiar. A mí me gustabas tal y como eras. -bajaba la mirada, algo triste, así como estaba cada vez que lo recordaba.
-Antonio cada uno escoge su destino y mi senda es oscura y sacrificada. No quiere decir que deba cambiar nada y en cualquier caso estas aquí ¿no? Me has dado una oportunidad que no desaprovechare.-"que fácil era convencerle" pensó, pero la voz del francés interrumpió su línea de pensamiento. Le inquietaba que fuese con ellos, le gustaba controlar la situación.
-Deberíamos descansar en el siguiente pueblo anochecerá pronto y quizás llueva.
-Entonces apresurémonos. -dijo el moreno acelerando la marcha.
El albino lo seguía de cerca y con entusiasmo agregó:
-¡Y bebamos hasta reventar! kesesese~
-Francis mira a ver si tú le convences anda
-Gilbert sabes lo fogoso que eran esos ojos rojos anoche en mi cama.-Le tiró un beso con gesto divertido.- ¿Dónde amaneciste hoy teutón de azúcar?
-Eh? -se quedó pensativo. -Espera que me acuerde... -en cuanto le vino a la mente se quedo blanco. -Agh! No, mein gott, no. El gran yo no puede haber caído tan bajo.
-Gilbert Mon ami te recuerdo que te gustan los rubios fresquitos o ¿qué es la cerveza? Y yo no soy tan diferente.-Marcó un beso sonoramente.
Mientras el albino se comía la cabeza tratando de recordar llegaron al pueblo más cercano y se hospedaron en una posada. Justo al poco rato comenzó a llover con fuerza.
-Menos mal que no nos ha pillado cabalgando. -decía el moreno mirando por la ventana mientras de fondo sonaban los fuertes truenos de la fiera tempestad.
-Si nos pilla nos convertimos en un cuarteto de sopas kesesese~
-Tomemos algo, invita el Tito Francis.
Los dejó sentados y se alejó a seducir un grupo de damas con melosas canciones romá lugareños le miraban recelosos, no gustaban de los extranjeros.
Arthur se sentó en una silla con gesto cansado y pidió agua caliente para su infusión curativa.
El albino hábilmente y gracias a su "sagrada" condición logró que le invitaran a unas cervezas a cambio de su bendición por lo que al rato ya estaba con su preciado líquido dorado.
Antonio se acercó curioso al ver que el rubio sacaba algo de una bolsita.
-¿Y eso qué es?
-Medicación-Tosió respondiendo escuetamente.- ¿Qué pedirás tú? Pide algo de cena –le recomendó.
-¿Qué? Oh no, ya pedí para todos. Al poco el tabernero apareció con un suculento asado que dejó en la mesa. -Dios mío qué pinta tiene. ¡Eh chicos! -alzó un poco la voz para que tanto el de ojos azules como el albino le oyeran. -¡Ya han traído la cena!
Francis continuo a lo suyo estaba sacando tajada y algunas monedas.
Arthur tras tomar la infusión tomo un poco de la guarnición y dijo -que aproveche
El albino seguía a lo suyo por lo que Antonio y Arthur cenaban solos.
-¿Y qué has hecho todos estos años aparte de destruir, robar y saquear? -decía con algo de sarcasmo el moreno.
-Aprender artes arcanas y estudiar. Yo pagaba para que me consiguiesen ingredientes, no preguntaba como.
El moreno suspiró y recordó algo al llevarse la mano al cuello.
-De pequeño decías que querías un cristal de luna. Ya sabes, esos que si estás en peligro pueden avisar a quien necesites que te ayude... Sé que hay pocos y son difíciles de conseguir pero ¿Sigues queriendo uno... o fue un capricho pasajero? Lo digo porque encontré uno hace algún tiempo. -se quitó una cadena del cuello y se la mostró. En ella un hermoso cristal puro y brillante como el diamante pero de un azul cielo refulgía. -Quería que te lo quedases. Así si te pasase algo pues... podría saberlo. -se notaba la voz nerviosa del moreno. Había esperado mucho parara que eso ocurriese. En realidad era extraño pensar que lo había guardado tanto tiempo para dárselo pese a guardarle rencor. Quizás la verdad fuera que nunca lo hubiera odiado en realidad.
-Gracias Antonio pero por el momento estaré suficientemente cerca de ti para que sepas como estoy.-"Seré tu sombra" pensó, aunque ese cristal toco una fibra sensible en el.-No lo rechazaré si nos tenemos que distanciar.-Horas más tarde en su habitación miró la luna viéndola vidriosa por sus ojos tristes por recordar aquel cristal. El era tan frío como el cristal aunque su cuerpo le traicionase con aquellas muestras de debilidad, pero el calor del cuerpo de Antonio impregnado en el colgante le hacía estremecer. Su corazón y su mente libraron una batalla en la que decidió no perder su plan por la tentación y una lágrima resbalo solitaria por su mejilla. Su cuerpo seguía oponiéndose...
Sin que se diera cuenta Antonio había metido el cristal en la bolsa de hierbas tras haberlo rechazado el rubio, pero como quería que lo tuviera eso fue lo que hizo.
Ya cayendo la noche la tormenta seguía, repiqueteando con fuerza las gotas de lluvia en la ventana. Antonio intentaba quedarse dormido pero por más vueltas que daba no lo lograba. Una y otra vez pensaba en el pasado, y el presente. Algo le reconcomía por dentro pero no sabía lo que era. Aquellos ojos verdes del joven mago los llevaba grabados a fuego desde el día en que le conoció. Siempre supo solo con esa mirada que estaba destinado a hacer grandes cosas. Sin embargo la inocencia que los poblaba tiempo atrás parecía haber desaparecido por completo. Añoraba aquella inocencia, añoraba aquellos días felices. Pero las cosas eran como eran y por desgracia parecía que no podía hacer nada...
Arthur había abierto su bolsa para revisar los ingredientes y ver si tenía suficiente para hacer más poción de aparente enfermedad. Al ver el cristal lo tocó embelesado viéndose reflejado en la superficie cristalina y al tacto frío sintió una punzada en su corazón. Vio dos sendas lágrimas rodar por sus mejillas reflejadas en las facetas el fino cristal y le recordó la lluvia del exterior, sólo que no era el cristal el que se empañaba sino sus ojos.
El moreno al ver que no lograba dormir se levantó y sentó en la repisa de la ventana. No podía contarle a Francis lo que le pasaba, y tampoco al albino porque con el alcohol seguro acababa yéndose de la lengua. No tendría más remedio que ocultarlo, como siempre había hecho. Solo que esta vez el sentimiento era mucho más fuerte. ¿Acaso habría crecido con el paso de los años? Sin darse cuenta acabó por quedarse dormido sentado frente a aquella ventana, apoyado en la pared.
El ruido fue ensordecedor, los golpes retumbaban. Era la una y media de la madrugada. Francis golpeo la ventana del castaño sujeto al alféizar con expresión de urgencia. -toc toc
Antonio se despertó al oír los fuertes golpes y abrió la ventana.
-Qué pasa Francis? -decía desperezándose, interrumpiéndose con algún bostezo de vez en cuando
Le tapó la boca susurrándole al oído.
-Baja, tengo los caballos listos. Hay que partir, no hagas preguntas. Confía en mí, a prisa. Arthur ya está abajo, se teleportó maldiciendo. Gilbert está muy golpeado y borracho y yo...-Se sonrojó -Ya te explicare. Tienes que salir por la ventana tras de mí. No hagas ruido y coge lo imprescindible, esquivaremos a los guardias de la muralla en el turno.-Sonrió con casi inocencia-¡sígueme!
Vio que le llevaba atropelladamente sin apenas darle tiempo a coger nada y no pudo evitar preguntar. -¿Pero se puede saber qué pasa?
Le cubrió la boca haciéndole gestos para que le siguiese, se pegó a la pared y saltó al árbol de abajo magullándose por su falta de habilidad.
El moreno lo siguió y evitó preguntar. Ya abajo montó en el caballo y miró al albino y a Arthur con expresión interrogante.
Los caballos partieron raudos. Con la precipitación no habían calculado correctamente el cambio de guardia por lo que cuando bajo la lluvia torrencial los detuvieron dos soldados.
-Alto, no podéis pasar en la noche por la muralla sin identificaros.
Francis se apresuró a replicar.
-Señores guardias venimos como mercaderes ambulantes y nos ha surgido una urgencia. Dicen que tenemos un objeto maldito, ¿no has visto lo sucedido en la taberna?-Arthur gruñó encolerizado y metió la mano en la bolsa sacando los ingredientes de un hechizo que murmuraba apresuradamente para detonarlo si el bocazas de la rana los metía en más líos de los ya causados. Era arriesgado jugar con los pueblerinos y las artes arcanas, el miedo a lo desconocido los volvía grotescos u violentos. ¿Quizás pretendía que le quemasen vivo en venganza? Negó con la cabeza, no podía creerlo.
Francis habló de nuevo
-Si no nos dejan salir se lo entregaré. Como guardias deben ocuparse del objeto que causo el revuelo.-los supersticiosos guardias los miraron aterrados como Francis había intuido y los dejaron salir casi empujándoles a irse. Francis soltó una risita aguda una vez fuera de las murallas.
-Vale, ¿ahora alguien me puede explicar qué demonios está pasando? -saltó Antonio algo molesto en cuanto estaban fuera de peligro, mirando al francés de reojo.
Francis se meso el cabello con aire lánguido y suspiró.
-Ahhhhhhhhh mi preciosa melena tan encrespada bajo esta lluvia... Supongo que no les gustan los magos, son los que más dañó hacen a los pueblos y despiertan recelos.-miró a Arthur significativamente y este sólo tiritó bajo la lluvia sosteniéndose en el caballo con dificultad. -Pongámonos a cubierto mientras cabalguemos.
Arthur siseo con voz envenenada
-No he tenido nada que ver ladrón fracasado
Gilbert reía despreocupado, seguro bajo los efectos del alcohol mientras el español se llevaba la mano a la cara viendo el ambiente.
-Bueno, emprendamos la marcha. Hay que encontrar donde resguardarnos. -y emprendieron el galope inmediatamente
Se acomodaron en una choza de labranza cerca de un huerto de la propiedad de un terrateniente que Francis conocía por haber pernoctado de incógnito en ese lugar más veces de las que admitiría y algunas con chicas en el pajar. Una vez dentro este confesó.
-Antonio verás… tenía a todas las chicas a mi alrededor y eso no gustó al dueño de estas, ya sabes mujeres de compañía. Que me llevase una no parecía darle motivos para pelear con Gilbert y sus cinco metros a mi lado, pero pensé en un menagê a trois y si le molestó. Se acercó para advertirme y pensé en pagarle, por lo que le cogí un poco prestado de lo recaudado esa noche y le di una parte, pero en lugar de guardarlo satisfecho recontó todo su monedero y ¡ay! se percató de que le faltaba dinero y se puso violento... Gilbert se defendió cogiendo a los pueblerinos atacantes de dos en dos y tirándolos contra la pared.- puso gesto de repulsión- Algunos perdieron dientes antes de caer inconscientes pero uno le pegó con una silla por la espalda y otro se acercó con una daga. Ahí intervine. Estaba escondido tras la barra. Cogí una botella, la rompí en la cabeza del de la daga y saqué a Gilbert atontado mientras todos se pegaban y una prostituta pateaba con odio a los caídos- se llevó la mano a la frente con aire dramático. El despecho de una mujer es terrible.
Antonio se le quedó mirando arqueando las cejas, tratando de asimilar toda la información.
-O sea, que le provocaste... -decía incriminador clavándole la mirada con los ojos cruzados.
-¡Que no! ¡Si fue muy divertido! -reía el albino.
-¿Divertido? ¿A eso lo llamáis diversión?
Arthur miró contrariado al francés.
-Pasaremos por tierras peligrosas y con tu actitud nos jugamos la vida.
Francis se apresuró a responder.
-No soy yo el que va con atuendo de mago levantando recelos y desconfianzas.-quiño un ojo-¡Yo levanto lívidos!
Arthur bufó acercó a Antonio y le susurró.
-Gracias al cristal sabía que estabas bien, siempre lo guardaré.
El guerrero le dedicó una suave sonrisa, mientras los observaban…
-Huy... aquí ha pasado algo. -le dio en albino un codazo al francés disimuladamente. -Nosotros nos vamos a dormir. ¿Verdad Francis?
-Non, yo lo único que veo en el ambiente es afrodisíaco de bote y no pienso dejar que droguen a Antonio. -palmeó para llamar la atención. -Hay que establecer los turnos de guardia y no tengo sueño. Seré el primero en permanecer despierto y atento.
Arthur refunfuñó arrastrando a Antonio a la paja junto a él y siseó.
-Ojalá se te sequen los ojos de no cerrarlos, como el cerebro.
Antonio tras haber sido tumbado por Arthur se quedó mirando a Francis y al albino, que acababa de caer dormido.
-Solo hay algo que quiero saber. ¿Cómo es que vosotros dos os conocéis? -pregunto con algo de desconfianza
-Mon ami, viajé por el ancho mundo...-Su voz se quebró- tras aquello. Juana el pueblo y mi vida desolada. En mis viajes conocí a nuestro amigo Gilbert.-Se cubrió la boca riendo.-No es alguien que pase desapercibido precisamente con tanto carácter. Estarás de acuerdo conmigo. -guiño un ojo con complicidad
El moreno suspiró.
-Tú no has visto cómo se pone en una batalla pero yo he estado con el y... -resopló. -Es un bruto redomado. No tiene miedo de absolutamente nada. Si no le detienes se lanza a por el enemigo aunque sea con las manos desnudas.
-Si, le he visto. Sus cinco metros también intimidan-Guiño un ojo pícaramente. -Hoy casi tuve un menage a trois. Si vieses como peleaba contra los soldados borrachos y pueblerinos de la taberna. ¡El destrozo de mobiliario que hizo! Es muy intrépido.-Sus ojos se iluminaron y suspiro mirando a sus amigos tumbados en el pajar.-Aún podría tener mi menagê a trois después de todo.
Arthur le chisto a su oído al moreno
-Antonio no permitas que se acerque, no tiene freno.
-No no Francis, que has dicho que ibas a hacer la guardia. Nosotros nos vamos a dormir
-C' es la vie-Dijo encogiéndose de hombros resignado
Arthur lo agarro posesivamente por la cintura atrayéndolo hacia él
Antonio notó las temblorosas manos de Arthur agarrándole y se dio media vuelta para mirarle.
-Vamos a dormir anda. -dijo apartándole el rebelde flequillo para darle un tierno beso en la frente.
Arthur no pudo contenerse los cubrió a ambos con su capa y bajo esta acarició la espalda del castaño susurrándole al oído.
-Te tengo cerca con el regalo del cristal de luna, gracias.
Le contesto con una de sus sonrisas.
-No hace falta que las des. -y le abrazó un poco. -Te quiero mucho. -agregó en un susurro cuando ya cerraba los ojos para dormir
Arthur sonrió. Parecía que no se tenía que preocupar de momento por el fracaso de su plan, pero al entrecerrarse sus párpados su inconsciente actuó por su cuenta, haciendo que su cuerpo se aferrase al cálido del castaño.
El moreno en sueños lo abrazó un poco más sonriendo al recordar cuando eran pequeños. Se le veía feliz de tenerlo a su lado.
Pasado un rato Gilbert despertó y se acercó a contemplar la escena, y de paso, si podía, tocarle un poco las narices al francés además.
-Francis, ¿les has visto?
-Oui, trama algo, no me fío.-Su tono era inusualmente serio-Tu no has visto de lo que es capaz y Gilbert ¿no te parece extraño? Hemos estado bajo la lluvia cabalgando y el desvalido enfermo a resultado de lo más hábil. Lo ves dormir plácidamente... ¿Le oyes toser? Es cosa de la medicina o...-negó con la cabeza-No me confio en él.
-¿Y por qué no se lo dices a Antonio? Si tan seguro estás habla con él y trata de convencerlo.
-No gano nada sin pruebas.-bajo la voz a un susurro.-Antonio es muy confiado no lee el ambiente, dudo que me creyese o tuviese cuidado sólo por advertirle.-Entrecerró los ojos con malicia-¿Has visto lo poderoso que es ese mago? De creerme una amenaza podría eliminarme o desintegrarme sin un atisbo de duda en sus frías esmeraldas. -Negó con la cabeza agitando su suelta y rubia melena.-No puedo dar un paso en falso...
-La verdad he visto lo que puede hacer la magia y... -le daban escalofríos solo de pensarlo. Se sentó a su lado y le dio unos golpecitos en la espalda. -Venga, te relevo. Puedes irte a dormir un rato. -señaló el montón de paja en el que había dormido él.
-Tu tienes hechizos protectores, sanadores y cuando te lanzas a la batalla...-Su voz sonó picara-Subes la moral del grupo, me gustaría subir a mi las cosas así sin tocarlas solo con un grito mal articulado-sonrió a modo de disculpas-no te ofensas es sólo que eres bueno y estas bendecido eres único casi, no todos son elegidos de sus dioses, Fritz te bendice.-Se estremeció-se lo que puede hacer la magia-Su mirada se quedo perdida y sin brillo y entre escalofríos dejo caer su cabeza exhausto en el hombro del albino. Lejos del mago se sentía ilusamente más seguro, pues sabía el alcance de la magia a largas distancias. Prefirió no pensar en ello y reconfortado en el fuerte hombro parpadeó somnoliento.
El albino resopló resignado.
-Vale, puedes dormir ahí si quieres pero no hagas nada raro. - advirtió haciendo énfasis en cada palabra. -Yo haré la guardia.
Francis no dijo nada más sólo respiró calmado.
Bueno y este es el capítulo. Espero que os haya gustado. Yo es que me parto de risa con el loquillo de Francis xD
Bueno hasta el próximo capítulo. Gracias por leer y dejad reviews si quieréis que la historia continúe ;)
