Capítulo 2

El edificio se alzaba monumental, con el nombre "People" resaltando. Recordé lo fascinada que me había sentido la primera vez que lo había visitado, jamás había estado tan nerviosa como en mi primer día de trabajo, pero todo al final, había resultado bien. Entré apresurada y llegué puntual a la oficina de Margaret quien al verme, colgó el teléfono y me invitó a sentarme frente a ella. Tenía el escritorio repleto de imágenes y de papeles, pero aun así, ella se veía muy relajada.

— Esa puntualidad me encanta, Ada, siempre tan profesional — Confesó mientras me miraba sonriente — ¿Sabías que fue tu dedicación y tú actitud tan profesional lo que te llevó a ser considerada para esto? —

— No lo imaginé, pero agradezco que me hayan considerado y elegido —

— No agradezcas, querida, siempre has sido eficiente y tus fotografías nos encantan sin duda. Eras perfecta para esto —

— No los defraudaré — Le aseguré. No podía evitar que una gran sonrisa se formara en mi rostro.

— Estoy segura de eso — Asintió — Bien, hemos decidido que te irás mañana a primera hora, queremos tener esta edición lista lo más pronto posible y queremos que sea perfecta —

— De acuerdo, lo será —

Margaret buscó entre el montón imágenes que tenía sobre su escritorio y al cabo de un minuto, encontró la que buscaba, poniéndola en frente de mí. No pude apartar la vista de la imagen, ni siquiera comprendí por qué no me lo imaginé, si yo misma había pensado que aquel hombre sin duda, era el más sexy sobre el planeta. Mis labios se entreabrieron un poco, embelesada por lo atractivo del rostro masculino con rasgos faciales un poco duros, finos y varoniles que se mostraba en la foto. Aquel hombre tenía el rostro que solo un Dios mitológico podía poseer; la mirada penetrante, los ojos grises y brillantes; el cabello tan negro como el ébano, lacio y con un corte que lo hacía ver abundante, algo despeinado pero tan masculino como su misma cara. Lo conocía, sin duda, no personalmente, sino porque en mi adolescencia, aquel había sido mi más grande amor platónico. Sexy desde que se le veía joven en las series televisivas para adolescentes, y en ese momento, sexy y maduro, con una barba bien cuidada y rebajada, parecía un hombre duro, sensual, rústico e imponente.

— Alexander Grayson — Murmuré. Margaret me despertó de mis pensamientos, demostrándome que había escuchado mi murmullo.

— Así es. El actor Alexander Grayson, el más importante en estos momentos, el más famoso y el más codiciado — Ella miró la foto con tanto deseo que aquello me incomodó — Este hombre tiene… algo que atrae de manera sorprendente, es imposible no mirarlo por mucho rato, es simplemente el hombre vivo más sexy del mundo —

No podía asimilarlo muy bien. Yo, fotografiando a Alexander Grayson, el hombre que había sido protagonista de mis fantasías juveniles, el hombre cuyo poster había estado colgado sobre mi cama cuando aún era víctima del acné, y sobre todo, el hombre que siempre había visto como imposible de conocer. Si pensaba que lo superficial para mí no importaba, con Alexander Grayson de frente, eso quedaba atrás, su atractivo físico hacía que uno se olvidara de la moral y dejara volar la imaginación. Pero no podía demostrar que su atractivo tenía algún efecto en mí, no delante de mis jefes, eso podría hacerme perder el trabajo, y mi profesionalidad me lo había concedido, no perdería aquella oportunidad solo por la atracción que un actor producía, cosa que era muy normal puesto que las celebridades siempre habían estado para ser admiradas y deseadas.

— Te alojarás en el Omni Los Angeles Hotel durante esas cuatro semanas, todo estará pagado cuando llegue el momento en que tengas que regresar y tenemos reservado un estudio para ti, para que puedas realizar las sesiones — Me informó. Segundos después, extendió hacia mí, un sobre amarillo — Aquí está la dirección del estudio y toda la información que necesitas, además del carnet que indica que perteneces a People y puedes alojarte en el hotel, de todas maneras, ya arreglé todo para que sepan que llegarás hasta allá mañana —

Tomé el sobre fascinada. No sabía realmente como lucía aquel hotel, pero no debía de ser menos de lo que me esperaba, al menos algo cuatro estrellas, no es que fuera exigente, pero estaba trabajando para la revista más importante del país y merecía recibir un muy buen hospedaje.

— ¿Tengo que contactar yo misma a Alexander Grayson? — Inquirí. Margaret negó rápidamente con la cabeza.

— Ada, por favor, pareces una fotógrafa primeriza. Las citas están acordadas, en el sobre se encuentran las fechas y las horas y ya el agente de Grayson sabe cuándo tienen que reunirse en el estudio. Grayson está informado, está de acuerdo con las sesiones y su agente también —

— Entiendo todo muy bien — Dije. Ella asintió sonriendo, demostrándome que estaba satisfecha con esas palabras, pero luego se inclinó un poco hacia adelante y me obligó a mí también a hacerlo.

— Necesitamos la foto perfecta para la portada, Ada, y confío en que la conseguirás. Queremos que captes del todo la sensualidad de Grayson, queremos que las mujeres vayan caminando por la calle y que al pasar frente a un puesto de revistas, se detengan a mirar a ese hombre tan sexy, que sientan emoción, que fantaseen y que al mismo tiempo sepan que él es más que imposible para ellas, pero que aun así, imaginen que tienen alguna posibilidad. Queremos que compren la revista, que las adolescentes coloquen la imagen en sus paredes. Alexander Grayson atrae, hipnotiza, y al estar en nuestra portada, la revista tendrá el mismo efecto en las personas —

— Les daré lo que quieren, se los aseguro —

Cancelé la sesión con Rihanna, sabía que luego lo iba a lamentar, pero al salir de la oficina de Margaret, mi mente estaba un poco revuelta. Sí, revuelta, es decir, aún no asimilaba bien aquella oportunidad y aún no procesaba que tendría a Alexander Grayson frente a mí. Me sentí como una idiota cuando llegué a mi apartamento y me dejé caer sobre sobre el sofá de cuero blanco. Estaba pensando como una adolescente y me parecía estúpido, ya había crecido, ya tenía 22 años y ya era madura, ya no fantaseaba con amores imposibles, estaba acostumbrada a ver personas atractivas todos los días y sabía que solo eran eso, personas que físicamente se veían bien, pero al final solo eran personas. Pensé en dedicarme un buen rato en la bañera, para poder relajarme, pero de inmediato sonó el timbre y tuve que ir a ver quién era. Audrey entró rápidamente en cuanto abrí, estaba repleta de bolsas de ropa, y una sonrisa muy amplia se mostraba en su rostro. Dejó las bolsas sobre el sofá y sus ojos color ámbar brillaron por su emoción.

— ¿Saliste temprano del trabajo? — pregunté con el ceño fruncido.

— Ser la jefa tiene algunos beneficios. ¡Te he traído algunas cosas! —

Ambas miramos las bolsas, eran de diferentes colores y tenían distintos nombres que yo no alcanzaba a reconocer, sinceramente porque nunca había sido amante de la moda y prefería usar uno que otros vestidos normales y a veces algunos jeans. Al estar detrás de la cámara, a nadie le importaba como te vestías, solo el trabajo que hacías.

— ¿Qué es todo eso? —

— ¡Ropa nueva! — exclamó y tomó una de las bolsas para abrirla.

— Tengo mucha ropa, Drey, no tenías que hacerlo —

— No es cualquier ropa, Ei, es ropa nueva, de diseñador, y no solo eso, es la ropa que usarás durante tus cuatro semanas en LA, porque no dejaré que te vayas a esa increíble ciudad, a fotografiar al hombre más sexy, vistiendo unos jeans y un simple suéter —

— No pensaba vestir así — Confesé. Su rostro se tornó serio.

— ¿No? De todas maneras, cualquier cosa que tuvieras en tu armario, no se compara con esto —

De una de las bolsas sacó un vestido negro que por lo que se veía, llegaba hasta por encima de las rodillas pero tenía una abertura de lado que permitía mostrar un poco de la piel del muslo. Era cerrado arriba y pequeño, por lo que seguramente era muy ajustado. Después de observar el vestido, la observé a ella, su sonrisa no podía ser más amplia porque su boca no se lo permitía y sus blancos y perfectos dientes se mostraban deslumbrantes.

— Es sexy sin ser vulgar — Comentó.

— Es muy hermoso — Admití. Pocas veces me había puesto vestidos así, no me sentía insegura con mi cuerpo, pero no eran muchas las situaciones que ameritaban esa vestimenta. Ella dejó el vestido a un lado y de otra bolsa, sacó otro, esa vez era un conjunto de falda de tubo, se veía muy ajustado también.

— Esto, es lo que usarás cuando tengas que ir a las sesiones. Es sexy, no es vulgar, se ve muy profesional y te dará un buen toque de elegancia —

— Está hermoso, Drey, muchas gracias, pero no debiste—

— Si debí y te traje muchos más, además, agregué cinco pares de zapatos, todos de Jimmy Choo —

Se acercó a mí, con una mirada tan dulce que me hacía recordar que aquella siempre iba a ser mi verdadera amiga, colocó sus dos manos sobre mis hombros y yo le regalé una sonrisa de agradecimiento.

— No tienes que agradecerme nada, solo usa la ropa — Susurró.

— La usaré, Drey, te lo prometo —

— Ahora dime quien es el hombre — Exigió.

Di varios pasos hacia atrás, con la cabeza baja y la mirada fija en el suelo.

— Alexander Grayson — Solté.

Subí la mirada para observar a Audrey y la expresión de su rostro era de sorpresa. No sonreía, tenía la boca entre abierta y la mirada fija en el vacío, y de inmediato pensé que esa misma expresión se había formado en mi rostro cuando Margaret me había mostrado la foto de Grayson.

— ¿QUÉ? — Gritó de repente. Me sobresalté ante su grito y di un paso hacia atrás con los ojos bien abiertos. Fue entonces cuando vi como la sonrisa se iba formando en su rostro— ¡Alexander Grayson! — Exclamó — Dios santo, Ada, ¿Recuerdas cuando tu habitación estaba repleta de sus posters? —

— Lo recuerdo muy bien — Murmuré mientras avanzaba hacia el sofá para sentarme en él. Fijé la mirada en el arreglo floral que se ubicaba en la pequeña mesa que tenía en frente y me llevé el pulgar a la boca para mordisquear la punta de mi uña.

— ¿Cómo no lo imaginamos? — Preguntó — Hace poco vi su última película, se veía tan… divino, Ei, maduró bastante físicamente, se ve atlético, sin parecer un musculoso traga esteroides andante, digamos que está en el punto perfecto. ¡No puedo creer que vayas a fotografiar a semejante tipo, qué envidia! —

— Yo tampoco lo podía creer — Confesé y volví la mirada hacia ella. Sabía que mi rostro demostraba algo de preocupación y ella lo había notado.

— ¿Qué pasa? — Preguntó, caminó hasta donde yo estaba y apartó algunas bolsas para poder sentarse a mi lado.

— Nada, solo… Dime como tengo que ponerme ese vestido —

Ella de inmediato se levantó sonriente y yo decidí que le daría una oportunidad a la moda, aunque sea por esas cuatro semanas, ya que toda la ropa era realmente hermosa y no iba a desperdiciar todo el dinero que ella había gastado solo para mí. No estaba segura de que la ropa cambiara algo en mí, pero de lo que si estaba segura, era que iría a Los Ángeles, sacaría las fotos perfectas para la edición y Alexander Grayson sería para mí, un modelo más, sin afectar mi profesionalidad y mi dedicación.